La agotadora tarea de conocer al hijo – @acordellat

Cartelería de dóndeestánlospadres

Desde hace meses, en cada conversación y en cada pensamiento se me escapa un «qué cansado estoy». Agotamiento como forma de vida.

La frase anterior la escribí en Twitter el 24 de febrero a las 21:02 horas.

Sobra decir que estaba cansado. Un día después, el amigo Joaquim Montaner me pidió que me sumara al carnaval de posts #DondeEstánLosPadres, organizado por Papás Blogueros. Recuerdo haberle puesto alguna excusa: Tengo mucho trabajo y no sé si voy a tener tiempo. No doy para más. No me da la vida. Ya se sabe…

Todo eso era cierto, vaya por delante, pero además estaba cansado.

“Venga, dale una vuelta, puedes escribir sobre lo del cansancio que comentaste ayer en Twitter”. Joaquim nunca da una guerra por perdida. Tiene alma de comercial, el instinto que atribuyo a quienes cobran por objetivos. Me convenció. Escribiría del cansancio desde mi cansancio.

En una conversación reciente que mantuve con Ritxar Bacete para De mamás & de papás / El País, el autor entre otros de Papá (Baobab) me dijo que en estos meses había empezado a establecer conversaciones intensas y expresivas sobre paternidad con padres que en un principio uno no diría que son el modelo de paternidad al que él aspira.

Todos llegan con la misma narrativa, con el estrés, con síntomas de aquello que Betty Friedan bautizó como el malestar de las mujeres. Una prueba de que algo está cambiando son esos malestares de los hombres, cómo empezamos a sentirnos mal porque no llegamos a todo, porque lo hacemos todo a medias. Como dice mi pareja: bienvenidos al mundo de la maternidad”.

Mi agotamiento no viene de la pandemia. Lleva sedimentando siete años, desde que nació mi hija mayor, pero con la pandemia se ha manifestado de forma mucho más evidente, como si en mi interior se hubiese desplomado un castillo de naipes de agotamiento que hasta entonces aguantaba milagrosamente en equilibrio.

Aun así, reconozco, mis malestares no alcanzan a los de mi mujer.

Puestos a hacer un trabajo de introspección y un ejercicio de sinceridad, diré que no siento que haya llegado a la línea imaginaria que marca el 50%, eso que llaman corresponsabilidad. Puede que de forma ilusoria a veces lo crea. Es más, a veces, incluso, hasta ella lo cree. Pero lo cierto es que no. La carga mental (que es la carga de las cargas) es un lastre con el que, mayoritariamente, sigue cargando ella.

Por eso sus malestares son mayores y más profundos.

Aclarado esto, voy a repetirlo: estoy cansado. Agotado.

Y si pienso detenidamente en los motivos de ese agotamiento, detrás de cada uno de ellos siempre aparecen mis hijos. David Trueba me dijo un día en una entrevista (creo que también lo dejó por escrito en Tierra de campos -Anagrama-) que “ser padre no te hace padre, te hace hijo” porque la experiencia de la paternidad te hace entender a tus padres y reconocerte a ti como hijo. Creo que esta reflexión tiene mucha relación con otra que el filósofo italiano Luigi Zoja expone en El gesto de Héctor: Prehistoria, historia y actualidad de la figura del padre (Taurus) cuando dice que “para ser padre no basta con saber qué es el padre: se necesita conocer al hijo y la relación con él”.

Puede que en ese argumento de Zoja esté la clave de mi cansancio y de los malestares que muchos han empezado a sentir: para ser padre se necesita conocer al hijo. Y conocer al hijo implica atención y presencia permanentes, una tarea hercúlea y agotadora.

Las madres lo sabían.

Ahora lo estamos aprendiendo nosotros, los padres.


Adrían Cordellat se describe como

Adrián Cordellat

 Papá en prácticas de Mara y Leo. Periodista freelance, cocreador de Tacatá Comunicación, lector con ojeras, enamorado de la literatura infantil.

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