• #ElClubDeLosCinco FEBRERO

    Nueva entrega de #ElClubDeLosCinco. Iniciativa creada por El Papá Cavernícola en la que hacemos cinco recomendaciones cada mes.

    1. SERIE

    La serie que recomendé en Noviembre fue The Good Wife. Pues bien, para este Febrero, recomiendo su spin off, The Good Fight. Yo siempre pensé que si alguien se merecía una serie propia sería Kalinda la investigadora del bufete, pero tuvo algún problema con Julianna Margulies la protagonista y productora que hizo que saliera de la serie (acabaron tan mal que en los últimos planos que compartían no los grabaron juntas).

    Pero no, la serie se la han dado a los personajes Diane Lockhart y Lucca Quinn. La crítica de los primeros episodios está siendo muy buena. A mí sé que me va a gustar porque los dramas judiciales desde La Ley de Los Ángeles, pasando por Ally McBeal o la genial Boston Legal me encantan. En España se puede ver a través de Movistar+.

    2. LECTURA

    Uno de mis libros favoritos de toda la life (como dicen mis peques) es El Silencio de los Corderos. Así que cualquier libro en el que un policía persigue a un asesino en serie me interesa. También en el repaso de Noviembre os recomendé una trilogía española de un asesino en serie y ahora os recomiendo otra, se trata de la Trilogía del Baztán de la ganadora del Planeta 2016, Dolores Redondo. Supongo que la mayoría ya se lo ha leído, pero para los que no, os lo recomiendo.

    3. DESCUBRIMIENTO

    En la recomendación de Enero os hablé de Amazon Prime Video, el servicio VOD (vídeo bajo demanda) de Amazon. Pues bien, viendo sus series y películas he descubierto que no solo ofrecen un catálogo más que aceptable si no que incorporan la opción X Ray, mediante la cual, mientras estás viendo un capítulo o película, te va dando información de los actores que van saliendo en las escenas, la música que suena, etc.

    Es decir, da un valor añadido a la experiencia de ver una serie y que, a los que somos expertos en datos absurdos, nos viene genial para llenar nuestra cabeza de información curiosa.

    4. TRAILER

    Abundando en el punto 2, traigo el tráiler de la película que se basa en el primer libro de la Trilogía del Baztán.



    5. FRASE

    A veces pienso que en el mundo real, hay tres bandos, los unos que viven y otros que lo intentan. Los terceros…solo sueñan.

  • El veranito de San Nil…

    Todos y todas sabéis que cuando Nil se pone a hacer algo…se pone a tope. Nil tiene una extraña relación amor-odio con la fiebre. Tiene mucha. Muchas veces. Pero anteayer batió todos los récords de temperatura en nuestra casa. Como él no tiene veranito, como Martí, se lo crea a su medida.

  • L’estiuet de Sant Nil…

    Tots i totes sabeu que quan el Nil s’hi posa…s’hi posa. El Nil té una extranya relació amor-odi amb la febre. En té molta. Moltes vegades. Però abans d’ahir va batre tots els rècords de temperatura a casa nostra. Com que ell no té estiuet, com el Martí, se’l fa a la seva mida.

  • Copiando comportamientos

    Hace algunas semanas (meses, creo) que os hablaba de predicar con el ejemplo porque al final los padres somos la referencia para nuestros hijos… Hoy os voy a hablar de algo que vengo observando hace algún tiempo y que va bastante relacionado con esto: Copiar comportamientos.
    A veces es como verse reflejado…
    No falla, cuando la HermanaMayor le suelta la bronca a su hermano suena irremediablemente familiar a cuando ella las recibe. Lo mismo pasa cuando intenta negociar con él y lo hace de la misma forma que nosotros aplicamos con ella (Si a nosotros no nos funciona siempre a ella menos porque es un cabezón muy pequeño).
    Por su parte, el pequeñajo tiene como principal referente a su hermana para lo bueno y para lo malo. No sé por qué, pero tenemos la sensación de que las cosas no-tan-buenas son aquellas que más impacto tienen en él. Será porque son más atractivas, porque llaman más la atención o es todo una cuestión de poca objetividad por nuestra parte? Es igual, sea lo que sea, repite ab-so-lu-ta-men-te todo lo que hace su hermana.
    Está claro que es algo inevitable y que hay que pasarlo, pero qué chungo es en determinadas situaciones… Esos momentos en la cena cuando el HermanoMenor está devorando comiendo tan tranquilamente y de repente su hermana dice: ‘No me gusta la lechuga’ (que sí que le gusta, es una manipulación que nos intenta hacer a menudo). Si el pequeñajo se entera, no es raro que él diga exactamente lo mismo, y ya la tenemos liada… Como es un cabezón muy persistente, no hay manera de hacerlo cambiar de opinión y lo más probable es que no se coma la lechuga (muchas veces incluso aunque su hermana se la acabe comiendo!).
    En determinadas situaciones nos da igual que el HermanoMenor haga exactamente lo mismo que su hermana, como por ejemplo cuando la grande nos está explicando qué ha hecho en el colegio o en la piscina y él, como no iba a ser menos, también lo hace… a su manera y con sus simpáticos recursos parlantes.
    Como en todo, hay momentos muy divertidos en esto de ver reflejados los comportamientos de uno en uno de esos pequeños individuos pero hay otros (como esos que pasan durante la cena o cuando hay prisa) que hacen que tengas que lidiar solventar dos problemas en lugar de uno…
    En fin, cosas buenas y otras no tanto de que sean dos (no quiero ni pensar si fueran más!).
  • FEMINISMO EMANCIPADOR VERSUS MULTICULTURALISMO ACRÍTICO

    En los últimos años no han dejado de aparecer en los medios noticias que han tenido como protagonistas a mujeres a las que hemos visto en encrucijadas derivadas de su identidad cultural o religiosa. Hace apenas unas semanas leíamos cómo un juzgado de Palma, apoyándose en la libertad religiosa de la demandante, respaldaba el uso del velo islámico de una azafata de tierra a la que la empresa Acciona se lo había prohibido (http://politica.elpais.com/politica/2017/02/13/actualidad/1486988386_177187.html). A principios de año, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos fallaba en contra de un matrimonio musulmán que se negó a que sus hijas fueran a clases mixtas de natación en Suiza (http://internacional.elpais.com/internacional/2017/01/10/actualidad/1484050734_880287.html).  Han sido innumerables los casos en los que el conflicto se ha planteado con respecto al uso por parte de menores de símbolos religiosos en la escuela (http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/09/19/valencia/1474289825_103412.html), por no hablar de polémicas convertidas en espectáculo mediático como la prohibición del burkini el pasado verano(http://internacional.elpais.com/internacional/2016/08/26/actualidad/1472217871_554853.html). Todas estas noticias tienen en común dos elementos: 1º) los sujetos que portan un determinado símbolo o que tratan de cumplir con un determinado código de conducta son mujeres; 2º) con diferente intensidad, en todos los casos asistimos a un posible conflicto entre las normas propias de una cultura, en la mayoría de los casos vinculada directa o indirectamente a creencias religiosas, y los valores que hemos asumido como comunes en ese imperfecto pero admirable pacto social que hemos denominado “constitucionalismo”. Estas dos referencias nos ponen sobre la pista de las dos cuestiones que interseccionan entre sí y que constituyen uno de los grandes retos de nuestros sistemas democráticos. De una parte, la garantía de unas sociedades interculturales en las que hagamos posible un más que aceptable equilibrio entre igualdad y pluralismo. De otra, la protección de los derechos de las mujeres y de las niñas como presupuesto ineludible de una democracia que para ser tal necesita considerarlas sujetos autónomos y con voz propia. El hecho de que sean precisamente ellas, las mujeres de determinadas culturas, las que se vean sometidas a presiones y se conviertan en foco de conflictos, mientras que sus compañeros varones carecen de las mismas ataduras, obliga a que enfoquemos todas estas cuestiones desde una perspectiva de género, es decir, teniendo en cuenta que las relaciones de poder sobre las que se construyen las culturas y en las que tradicionalmente las mujeres están en posiciones de subordiscriminación.  Unas posiciones que alimentan en general todas las religiones, muy especialmente las monoteístas, las cuales se apoyan en dogmas creados o interpretados por jerarcas masculinos que, a su vez, se traducen en normas y reglas que perpetúan la desigualdad de género. Todo ello nos obliga, de entrada, a asumir que la mayoría de los conflictos que se plantean no son tanto de tipo religioso o cultural sino político – hablamos de poder, de estatus, de ciudadanía – y de que sólo aplicando el principio de igualdad, en cuanto fundamento de nuestro pacto social, podremos gestionarlos adecuadamente. Esta perspectiva nos obliga a tener presente la dimensión interseccional de la discriminación que sufren las mujeres, al tiempo que no perdemos de vista que, como bien nos advierte Nancy Fraser, identidad, participación y distribución de bienes y recursos van de la mano.

    Por lo tanto, frente a un multiculturalismo “acrítico”, que de manera ciertamente paradójica ha sido el más extendido en cierta izquierda europea, la creciente diversidad cultural y religiosa de nuestras sociedades debería obligarnos a replantear los fundamentos del “pacto social” – poder, ciudadanía, igualdad, derechos humanos – con el objetivo último de que el sistema permita garantizar el libre desarrollo de la personalidad de todos y de todas. Un objetivo que exige por poner las bases sociales, políticas, culturales y económicas para que las mujeres dejen de ser heterodesignadas. Ello implica situar el concepto de autonomíaen el foco de atención principal en los debates que hoy tenemos abiertos en torno a los derechos humanos de las mujeres. Este concepto, que nada tiene que ver con la “libre elección” mitificado por el neoliberalismo, y que ha de situarse siempre en un contexto relacional, obliga entre otras cosas a la liberación de adscripciones coercitivas y a la participación pública en condiciones de igualdad. Algo que sigue siendo todavía hoy un reto para las mujeres en muchos contextos culturales en los que continúan estando condenadas a ser las “guardianas de las tradiciones”,  mientras que sus compañeros varones ejercen poder en lo público y en lo privado sin sentirse maniatados ni por dioses ni por costumbres.

    Este proceso no debería olvidar que la teoría de los derechos es necesariamente una teoría de límites – por lo tanto, los derechos humanos de las mujeres y niñas deberían ser un barrera incuestionable frente a cualquier práctica religiosa o cultural que pretenda ampararse en libertades como la de conciencia o religiosa – y que al tiempo que plantamos cara al patriarca que identificamos con claridad en otros contextos deberíamos someter a crítica el jerarca que habita en la nuestra. De ahí mi convencimiento de que el feminismo, entendido como pensamiento radicalmente humanista y como propuesta de acción política que pretende darle la vuelta a un orden político y cultura hecho a imagen y semejanza de los privilegios masculinos, constituye la mejor herramienta para revisar los derechos humanos desde una lógica de emancipación y autonomía. Solo desde esa mirada será posible ir encontrando respuestas a los inevitables conflictos de unas sociedades cada vez más diversas en las que las mujeres continúan siendo las más vulnerables. En este sentido, es urgente no perder de vista la dimensión transnacional del feminismo, en lucha siempre contra las injusticias globales, y la necesidad de fomentar diálogos entre eso que Celia Amorós denominó hace tiempo las “vetas de ilustración” presentes en todas las culturas. Por eso no estaría mal despojarnos del peso etnocéntrico que a veces nos ciega desde nuestra posición global dominante así como de la creencia de que solo las mujeres blancas y occidentales son capaces de articular un discurso feminista. Unos diálogos que, por cierto, solo serán posibles en un marco laico y en el que desde lo público se garanticen los derechos sociales como fundamentales.

    A estos retos, que en la práctica plantean muchos dilemas éticos, políticos y jurídicos, constituyen, he dedicado mi último trabajo de investigación en el que planteo cuáles serían, a mi parecer, los itinerarios feministas para una democracia intercultural (https://issuu.com/tirantloblanch/docs/99d98bb05d558b696e8d14e0e7f9cdfb?e=1601165/44625800#search). O, lo que es lo mismo, para empezar a rebelarnos contra las injusticias que provocan la suma de tres dominaciones – la neoliberal, la etnocéntrica y la patriarcal – y que tiene como principales víctimas a las niñas y a las mujeres del planeta. Les invito a seguir el mapa y a asumir el reto: nos va la democracia,  y las vidas de muchas niñas y mujeres, en ello.

    Autonomía, género y diversidad: itinerarios feministas para una democracia intercultural, Tirant lo Blanch, Valencia, 2017.

    Fotografía: Caperucita Roja, de Fernando Bayona (cedida por el autor para la portada del libro).
  • CPSN: IMPRESORA A COLOR

    CPSN: IMPRESORA A COLOR

    Catacombs es un juego de mesa difícil de encontrar en tiendas, pero si sois astutos encontraréis online una versión imprimible y traducida fácilmente. Por cierto, no os perdáis esta ÉPICA VIDEORESEÑA del juego del gran Chemapamundi, junto al Warhammer Quest.

  • Que tu correo no sea la amenaza de tu ordenador

    El correo electrónico es, en la actualidad, uno de las principales focos de entrada de basura (malware) en el ordenador. Por él puede entrar la porquería e infectar y contaminar nuestra máquina o comprometer nuestros datos personales. Para evitarlo, como siempre, el sentido común es nuestro mejor aliado. Por poner un ejemplo, no se debe … Seguir leyendo Que tu correo no sea la amenaza de tu ordenador

  • Taller de relajación para cinco

      Papá y mamá últimamente no paran. Todo el día con prisas, y las noches son bastante malas y no consiguen descansar. Necesitan relajación. Y conseguirla con tres hijos es un poco complicado (imposible). Los fines de semana, al menos, están los dos en casa y se pueden repartir algo más. Pero también tienen un…

  • Cartas Pokemon Sol y Luna

    Después del parón en el canal de YouTube de Cangrejito (CangreUniverse) desde que llegaron las navidades, retomamos la actividad con bastantes ganas.

    Si bien es cierto que mientras he estado trabajando no hemos podido grabar vídeos, ahora que vuelvo a tener más tiempo, es lo primero que hemos hecho. Lo cierto es que lo hago con ganas porque se hace mayor y cada vez tendrá menos tiempo para mi.

    Así que, estoy sembrando, haber si cuando sea adolescente me deja seguir grabando sus vídeos y tengo tiempo para pasar con él. Y como siempre, gracias por verlos, los likes, etc.

  • SIN MAGISTRADAS NO ES CONSTITUCIONAL

    El concepto de democracia paritaria ha dado lugar en las últimas décadas a un permanente debate en torno a su significado y, sobre todo, en torno a las consecuencias en que ha de proyectarse en nuestros sistemas constitucionales. Aunque han predominando las discusiones centradas en su dimensión más cuantitativa —la presencia de las mujeres en posiciones de poder y los instrumentos para hacerla efectiva—, no deberíamos olvidar que la paridad tiene también una dimensión cualitativa que nos remite a las raíces mismas de la democracia.
    Si efectivamente la igualdad es el principio jurídico y el valor ético que sustenta el sistema que, pese a sus miserias, es el que mejor garantiza los derechos y libertades de los individuos, difícilmente el mismo merecerá el calificativo de democrático si la mitad femenina no goza de un estatuto de ciudadanía igual al de los hombres. Es decir, si no participan en las mismas condiciones y con las mismas oportunidades en el ejercicio del poder y si el sexo continúa siendo determinante de discriminaciones. Por lo tanto, no es osada sino por el contrario obligada consecuencia afirmar que la democracia o es paritaria o no es.
    A la espera de que el principio de paridad se incorpore de manera expresa en una urgente y necesaria reforma constitucional, no podemos negar a estas alturas que el mismo forma parte de las esencias del sistema y que, por lo tanto, ha de proyectarse en cualquier actuación de los poderes públicos y ha de presidir cualquier interpretación que hagamos de nuestro ordenamiento jurídico. Porque, insisto, estamos hablando nada más y nada menos que del derecho fundamental de las mujeres a acceder al espacio público, a participar en el ejercicio del poder y a formar parte de la definición de las políticas que nos afectan a todas y a todos.

    El denominado mainstreaming de género nos obliga, y así se subrayó hace años en el Derecho Comunitario, a que la igualdad de mujeres y hombres no solo sea un principio transversal a cualquier política, sino que ha de ser el principal, en cuanto que nos remite a la condición esencial que como individuos nos sitúa en el espacio democrático. De ahí, por tanto, que las mujeres, en cuanto ciudadanas, tengan el mismo derecho que nosotros a estar en las instituciones, sin que en su caso, como suele ser habitual, se les exija un plus de méritos o capacidades. Tienen el mismo derecho que nosotros a estar y, por lo tanto, como diría Amelia Valcárcel, a ser tan malas como nosotros podemos serlo en el ejercicio del poder.
    Estas lecciones básicas de democracia —porque no se trata de otra cuestión aunque algunos interesadamente, supongo que para mantener sus dividendos, las identifiquen como una reivindicación feminista y , por tanto, según ellos, parcial— deberían tenerlas presentes los partidos políticos que en fechas próximas tendrán que participar en la selección y nombramiento de las personas que integran el Tribunal Constitucional.
    No creo que haga falta recordar el evidente desequilibrio que ha existido y que existe en su composición, como tampoco creo necesario recordar que el importantísimo papel que dicho órgano juega en la garantía de nuestro sistema. Simplemente teniendo en cuenta que el Tribunal Constitucional tiene entre sus funciones decidir cuando una ley es o no constitucional, además de que actúa como último garante de nuestros derechos fundamentales a través del recurso de amparo, bastaría para que fuese más que evidente la necesidad de su composición equilibrada. Y no solo porque se trate de un mandato establecido expresamente en el art. 16 de la LO 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, sino porque por exigencia democrática las ciudadanas deben estar presentes en un órgano que permanentemente está interpretando, acomodando y en ocasiones (no siempre) dándole vitalidad a nuestro ordenamiento. De ahí que, por ejemplo, no se entienda que hayamos puesto correctivos para que el Parlamento tenga una composición equilibrada de mujeres y hombres, mientras que dejamos que el Tribunal Constitucional —que con frecuencia actúa como un “legislador negativo”— siga ocupado mayoritariamente por varones.
    Insisto: se trata de una reivindicación que deriva del mismo derecho de ciudadanía que tienen las mujeres pero también de la necesidad de que todas las instancias públicas reflejen las múltiples miradas que pueden hacerse sobre la sociedad que vivimos. De ahí que la paridad, también en el Tribunal Constitucional, acabe siendo garantía de mayor justicia social y de respuestas más ajustadas a una realidad marcada por las relaciones de género.
    Y, por supuesto, frente a estas exigencias radicales, porque de hecho se nutren de los raíces del constitucionalismo, no vale esgrimir el argumento facilón, y perversamente machista, de que no hay suficientes mujeres juristas para optar a los sillones del Constitucional. Habría que recordarle al ministro de Justicia, que por cierto forma parte de un gobierno en el que la paridad brilla por su ausencia, (no sé si porque en el PP carecen de afiliadas o simpatizantes con el mismo nivel de competencia que los hombres), que las mujeres llevan ya décadas demostrando, también en el ámbito del Derecho, que son tan o más brillantes que nosotros, o como mínimo, igual de mediocres o malas que sus colegas varones. Escudarse en ese tipo de argumentos es la prueba más evidente de que la política y su principal instrumento, el Derecho, siguen en manos de los jerarcas patriarcales que se resisten a abandonar sus posiciones de privilegio. Porque, claro, para que entren ellas, algunos de ellos deberán hacerse a un lado.

    Las mujeres tienen el mismo derecho que nosotros a estar en las instituciones, sin que, como suele ser habitual, se les exija un plus de méritos o capacidades
    Esperemos pues que próximamente el Tribunal Constitucional, que por cierto no goza de la buena salud que debiera, responda al fin a un equilibrio desde el punto de vista de género, tal y como por cierto responde a otro tipo de equilibrios —territoriales, partidistas— que nadie parece discutir. Así lo reclama la Asociación Española de Mujeres Juezas y con ella todas las personas que hemos firmado un manifiesto llamando la atención de quienes en próximas fechas tendrán en sus manos la posibilidad de hacer un órgano paritario, es decir, democrático, o si por el contrario deciden que siga obedeciendo a los dictados de eso que Clara Campoamor denominó “república aristocrática de privilegio masculino”. Es la salud de nuestro sistema democrático, recordemos, la que está en juego.

    Blog Mujeres EL PAÍS, 21 de febrero de 2017:
    http://elpais.com/elpais/2017/02/21/mujeres/1487674290_371001.html

    MANIFIESTO: ‘POR UN TRIBUNAL CONSTITUCIONAL EQUILIBRADO’

    Si quieres firmar el manifiesto, redactado por la Asociación de Mujeres Juezas y que reivindica una verdadera participación de las mujeres en todas las esferas sociales, políticas, culturales o judiciales, puedes hacerlo en el siguiente enlace: Por un Tribunal Constitucional  equilibrado.
  • CPSN: ÉXITO CALMADO

    CPSN: ÉXITO CALMADO

    En el crowdfunding del Manual para padres frikis: Los años terribles seguimos aniquilando y desbloqueando nuevos objetivos. El siguiente, el imán para nevera gratis a los 9000€. No iframes supported

  • La peor “proyectada”

    Alguna vez se han proyectado con sus hijos? Es decir, cuando patea fuerte y piensas “va a ser futbolista”, como en mi caso Giulia baila todo el día pienso “seguro será bailarina” o como le gusta que la imiten, dar órdenes y hacer coreografías tal vez será “profesora” pienso, ahora “sabe” recetas de cocina y en una conversación familiar salió que sería “repostera”.Hasta ese momento todo gracioso, pero hace unos días tuve una de las peores “proyectadas” (para mi gusto). Resulta que hace mucho