Lado a lado

Aunque esta página vaya de hombres… de hombres papás… nos parece clave la opinión de las mujeres. Fundamental. Y no perdemos de vista lo importante que es conversar; entre nosotros, con ellas, entre todos y ser capaces de dialogar y llegar a acuerdos. Lado a lado, hombres y mujeres.

Por esto le pedimos a Tatiana su opinión para colaborar en #mesPADRE. Tatiana Moura es cocuidadora de Gabriela (11 años) y está embarazada dePedro (36 semanas); además es la coordinadora de Promundo-Portugal y una de las investigadoras punteras en el Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra.

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Lado a lado por Tatiana Moura

Este texto está escrito originalmente en portugués. Abajo lo tienes.

Desde Brasil a Portugal, países donde viví la mayor parte de tiempo en la última década, donde tengo mis redes de afectos, de cuidados, de trabajo formal e informal, estoy rodeada de mujeres que cada vez tienen más coraje para decir que están cansada. Cansadas física e mentalmente, cansadas por ser derecho adquirido del silencio que rodea el trabajo desvalorizado e invisibilizado de cuidado (en especial el no remunerado), cansadas del cansancio generado por la desigualdad de género. La huelga feminista del 8 de Marzo reflejó globalmente los rostros de ese cansancio y de esa indignación, denunciando los intentos de normalización de las violencias de género.

Varias investigaciones internacionales nos demuestran que no existe ningún país en el mundo donde mujeres y hombres participen de forma realmente equitativa en las tareas de cuidado. Según los datos del Banco Mundial (2012), las mujeres representan globalmente cerca del 40% de la fuerza laboral. Sin embargo, los hombres no hicieron el camino inverso en la misma proporción, o sea, no ocuparon su parcela en la división de las tareas domésticas y de cuidado. Un estudio realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2016), apunta a que las mujeres realizan por lo menos dos veces y media mas que los hombres en lo que se refiere a trabajo doméstico no remunerado y trabajos relacionados con los cuidados.

Es urgente, por tanto, romper con este ciclo de desigualdades, transformar estructuras y actitudes individuales para que se avance en el sentido de una verdadera redistribución del trabajo de cuidado entre mujeres y hombres, teniendo en mente una mayor igualdad de género. Los datos presentados por el «Índice Global de la Desigualdad de Género» más reciente atestiguan esa necesidad. Después de una disminución lenta y continua, la desigualdad global entre hombres y mujeres crecieron por primera vez en 2017.

La paternidad, biológica o no, y la mayor implicación de los hombres, constituyen una de las esferas en que esa redistribución puede suceder con éxito. Y está siendo objeto de creciente atención, por parte del movimiento feminista, desde el mundo de la investigación y también de agentes de la política, conquistando cada vez más espacio en la agenda pública global. La paternidad cuidadora y corresponsable beneficia a la salud, de acuerdo con varios estudios: a la salud materno-infantil, al desarrollo cognitivo de las criaturas y a las salud como bienestar de los propios hombres.

Ese camino – el de la mayor atención en torno a la paternidad y el cuidado – debe, con todo, ser un camino transitado asumiendo el compromiso último con la igualdad de género. Como nos recuerda Daniel Costa Lima (2017), en una sociedad machista, misógina y heteronormativa (…), el desarrollo de iniciativas que intentan valorizar la paternidad “responsable” y “activa” disociadas de una lectura crítica de género puede, además de ser injusto (al glorificar a los hombres por cosas que las mujeres hicieron siempre), ser peligroso, como defienden otros autores en el contexto americano: Allí, el movimiento de derechos de los padres ( a ser padres presentes después, por ejemplo, de situaciones de divorcio) rápidamente se transformó en algo negativo y revanchista.

Para que los debates y las acciones sobre paternidades contribuyan realmente a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres es importante que pasen una lectura crítica de género y que reconozcan los avances hechos por los movimientos de las mujeres, por los movimientos feministas y por los movimientos en defensa de la diversidad sexual.

Desde Brasil a Portugal, fue bonito ver, en las calles, hombres comprometidos con estos avances, como aliados en la promoción de la igualdad de género, reconociendo que la redistribución de los cuidados es central para desafiar el sistema.

Tatiana Moura

Lado a lado (Pt). Tatiana Moura

Do Brasil a Portugal, países onde vivi a maior parte do tempo, na última década, onde tenho as minhas redes de afetos, de cuidados, de trabalho formal e informal, estou rodeada de mulheres que cada vez mais têm a coragem de dizer que estão cansadas.Cansadas fisica e mentalmente, cansadas por ser dado adquirido o silêncio que rodeia o trabalho desvalorizado e invisibilizado do cuidado (em especial o não remunerado), cansadas do cansaço gerado pela desigualdade de género. A greve feminista de 8 de Março espelhou globalmente os rostos desse cansaço e dessa indignação, denunciando tentativas de normalização de violências de género.

Várias pesquisas internacionais mostram-nos que não existe um único país no mundo onde mulheres e homens partilhem de forma realmente equitativa as tarefas de cuidado. Segundo dados do Banco Mundial (2012), as mulheres representam globalmente cerca de 40% da força de trabalho. No entanto, os homens não fizeram o caminho inverso na mesma proporção, ou seja, não ocuparam sua parcela na divisão das tarefas domésticas e de cuidado. Um estudo realizado pela Organização Internacional do Trabalho (OIT, 2016), aponta que as mulheres realizam pelo menos duas vezes e meia mais trabalho doméstico não remunerado e trabalho relacionado com cuidados do que os homens.

É urgente, portanto, romper com este ciclo de desigualdades, transformar estruturas e atitudes individuais para que se avance no sentido de uma verdadeira redistribuição do trabalho de cuidado entre mulheres e homens, tendo em vista alcançar uma maior igualdade de género. Os dados apresentados pelo mais recente “Índice Global de Disparidade de Gênero» 3 , atestam a essa necessidade. Após uma década de diminuição
lenta e contínua, a desigualdade global entre homens e mulheres cresceu pela primeira vez em 2017.

A paternidade, biológica ou não, e o maior envolvimento dos homens, constitui uma das esferas em que essa redistribuição pode efetivamente acontecer. E tem sido foco de crescente atenção, por parte do movimento feminista, pesquisadorxs ou decisorxs políticxs, conquistando cada vez mais espaço na agenda pública global. A paternidade cuidadora e co-responsável faz bem à saúde, de acordo com vários estudos: à saúde materno-infantil, ao desenvolvimento cognitivo das crianças e à saúde e bem estar dos próprios homens.

Esse caminho – o da maior atenção em torno da paternidade e do cuidado – deve, contudo, ser um caminho trilhado assumindo o compromisso último com a igualdade de género. Como nos recorda Daniel Costa Lima (2017), numa sociedade machista, misógina e heteronormativa (…), o desenvolvimento de iniciativas que procuram «valorizar» a paternidade “responsável” e “ativa” dissociadas de uma leitura crítica de
género pode ser não apenas injusto, por glorificar homens por coisas que as mulheres sempre fizeram, como também perigoso, como defendem outros autores no contexto dos EUA, onde o movimento de direitos dos pais (a serem pais presentes após, por exemplo, situações de divórcio), rapidamente se transformou em algo negativo e revanchista.

Para que os debates e as ações em torno das paternidades contribuam realmente para a igualdade de direitos entre homens e mulheres, é importante que possuam uma leitura crítica de género, e que reconheçam os avanços feitos pelos movimentos de mulheres, feministas e pelos movimentos em defesa da diversidade sexual.

Do Brasil a Portugal, foi bonito ver, nas ruas, homens comprometidos com estes avanços, enquanto aliados na promoção da igualdade de género, reconhecendo que a redistribuição dos cuidados é central para desafiar o sistema.

Tatiana Moura

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