Ideas fijas

Nuestros hijos son muy pesados bastante exigentes con ciertas rutinas que hay que cumplir siempre de la misma manera. Pese a llevarse 3 años lo vivimos con los dos… en unas cosas con la HermanaMayor se puede gestionar de una forma y en otras el HermanoMenor lo lleva de otra, aunque en esencia es lo mismo: las manías costumbres de cada uno se mantienen.
Cuando aún éramos unipadres nos pensábamos que todo esto venía en la mochila de Alta Demanda de nuestra hija y no le dimos mayor importancia… en algunas cosas cedíamos para evitar el conflicto y listo; sin embargo, tras realizar el fichaje del enano de la casa hemos visto que los patrones se vuelven a repetir. No con las mismas cosas pero sí que tienen comportamientos similares y, en algunos casos, incluso más intensos.
Paciencia, sobretodo paciencia…
El patrón de estas situaciones siempre es el mismo: Una situación cotidiana y habitual en la que hay que realizar las cosas siempre de la misma manera; si no se hace así empieza la insistencia, una y otra vez, sin parar, sin fin. Hemos probado a ignorar dejar pasar esa repetición incesante a ver si disminuía la intensidad y/o la frecuencia, pero tras habernos hecho viejos y habernos vuelto locos con tanta tortura mental, hemos visto que esta batalla, por el momento y sobretodo con el pequeño, está perdida. 
Las obsesiones costumbres son de lo más variopinto: La HermanaMayor siempre tiene que sentarse en el mismo sitio del sofá (será un Sheldon Cooper en potencia?), lavarse los dientes siguiendo los mismos pasos (y no los cambies, que se lía!) o comer determinados alimentos de una forma concreta. Por su parte, el pequeñajo siempre tiene que llevarse algo con ruedas a la calle (no importa si es un carrito de la compra, un cochecito o una moto); siempre tiene que salir a ver el perro de los vecinos (aunque luego nunca está en el patio) o llamar al timbre cuando llegamos de la calle, entre otros… Con la HermanaMayor el saltarse esa manía ‘costumbre’ normalmente normalmente no es traumático, aunqueen el desenlace influyen  factores como el cansancio. Sin embargo, el pequeño, que no es capaz de gestionar las emociones de una manera tan eficaz entra en un círculo vicioso en el que acabamos entrando todos por su insistencia interminable; comienza a repetir insaciablemente lo que quiere hacer (perro, calle, teta, lo que sea) una y otra vez. Sin descanso. Sin pausa. Cada vez más intenso. Al final, en algunas ocasiones, conseguimos distraerlo disuadirlo, pero otras veces lo más sencillo es ceder a sus peticiones para no llegar a más.
A veces conseguimos llegar a un acuerdo
Sabemos que es una época, que todo va tomando su forma, que está definiendo su potente personalidad, pero realmente son situaciones mentalmente agotadoras y algo complicadas de gestionar… pero ahí andamos, p’alante!
¿Qué costumbres tienen vuestros hijos?
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Ideas fijas

Nuestros hijos son muy pesados bastante exigentes con ciertas rutinas que hay que cumplir siempre de la misma manera. Pese a llevarse 3 años lo vivimos con los dos… en unas cosas con la HermanaMayor se puede gestionar de una forma y en otras el HermanoMenor lo lleva de otra, aunque en esencia es lo mismo: las manías costumbres de cada uno se mantienen.
Cuando aún éramos unipadres nos pensábamos que todo esto venía en la mochila de Alta Demanda de nuestra hija y no le dimos mayor importancia… en algunas cosas cedíamos para evitar el conflicto y listo; sin embargo, tras realizar el fichaje del enano de la casa hemos visto que los patrones se vuelven a repetir. No con las mismas cosas pero sí que tienen comportamientos similares y, en algunos casos, incluso más intensos.
Paciencia, sobretodo paciencia…
El patrón de estas situaciones siempre es el mismo: Una situación cotidiana y habitual en la que hay que realizar las cosas siempre de la misma manera; si no se hace así empieza la insistencia, una y otra vez, sin parar, sin fin. Hemos probado a ignorar dejar pasar esa repetición incesante a ver si disminuía la intensidad y/o la frecuencia, pero tras habernos hecho viejos y habernos vuelto locos con tanta tortura mental, hemos visto que esta batalla, por el momento y sobretodo con el pequeño, está perdida. 
Las obsesiones costumbres son de lo más variopinto: La HermanaMayor siempre tiene que sentarse en el mismo sitio del sofá (será un Sheldon Cooper en potencia?), lavarse los dientes siguiendo los mismos pasos (y no los cambies, que se lía!) o comer determinados alimentos de una forma concreta. Por su parte, el pequeñajo siempre tiene que llevarse algo con ruedas a la calle (no importa si es un carrito de la compra, un cochecito o una moto); siempre tiene que salir a ver el perro de los vecinos (aunque luego nunca está en el patio) o llamar al timbre cuando llegamos de la calle, entre otros… Con la HermanaMayor el saltarse esa manía ‘costumbre’ normalmente normalmente no es traumático, aunqueen el desenlace influyen  factores como el cansancio. Sin embargo, el pequeño, que no es capaz de gestionar las emociones de una manera tan eficaz entra en un círculo vicioso en el que acabamos entrando todos por su insistencia interminable; comienza a repetir insaciablemente lo que quiere hacer (perro, calle, teta, lo que sea) una y otra vez. Sin descanso. Sin pausa. Cada vez más intenso. Al final, en algunas ocasiones, conseguimos distraerlo disuadirlo, pero otras veces lo más sencillo es ceder a sus peticiones para no llegar a más.
A veces conseguimos llegar a un acuerdo
Sabemos que es una época, que todo va tomando su forma, que está definiendo su potente personalidad, pero realmente son situaciones mentalmente agotadoras y algo complicadas de gestionar… pero ahí andamos, p’alante!
¿Qué costumbres tienen vuestros hijos?
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El tema de la semana 15: Un viaje pendiente con los peques

¿Un viaje? ¿Sólo uno?

Muchos de vosotros conoceréis mi otro alterego blogueril, el blog www.conpequessepuede.com, en el que hablo habitualmente de viajes y actividades en familia.
De ahí vienen mis preguntas… tenemos tantos sitios donde ir que no sé ni por donde empezar, así que simplemente diré que prácticamente cualquier viaje que tenga que hacer es un viaje pendiente con mis hijos… porque con los niños se puede ir a cualquier sitio 😛
P.D.: Ya haciendo un poco de SPAM… si no sigues mi otro blog no sé a qué esperas. Lo puedes hacer en Twitter, Facebook o Instagram… o suscribirte al feed.

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¿Un viaje? ¿Sólo uno?

Muchos de vosotros conoceréis mi otro alterego blogueril, el blog www.conpequessepuede.com, en el que hablo habitualmente de viajes y actividades en familia.
De ahí vienen mis preguntas… tenemos tantos sitios donde ir que no sé ni por donde empezar, así que simplemente diré que prácticamente cualquier viaje que tenga que hacer es un viaje pendiente con mis hijos… porque con los niños se puede ir a cualquier sitio 😛
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El tema de la semana 15: Un viaje pendiente con los peques

¿Un viaje? ¿Sólo uno?

Muchos de vosotros conoceréis mi otro alterego blogueril, el blog www.conpequessepuede.com, en el que hablo habitualmente de viajes y actividades en familia.
De ahí vienen mis preguntas… tenemos tantos sitios donde ir que no sé ni por donde empezar, así que simplemente diré que prácticamente cualquier viaje que tenga que hacer es un viaje pendiente con mis hijos… porque con los niños se puede ir a cualquier sitio 😛
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5 miedos que tiene la gente a viajar con niños y cómo vencerlos

Mucha gente viaja cuando no tiene hijos, muchísima. Lamentablemente, una gran parte de esas parejas deja de hacerlo cuando tienen hijos. Empiezan a aparecer miedos y temores y se anteponen a las ganas que se pueden tener por conocer nuevos lugares; hoy os voy a hablar de los miedos/temores más comunes que me han transmitido y os daré soluciones que creo os podrían servir para superarlos:
El viaje y/o los desplazamientos
Muchos padres estarían dispuestos a visitar algún lugar si este paso se lo pudieran saltar; hay gente que no se atreve a meter a los más pequeños en un avión o en un tren durante varias horas… Bajo mi punto de vista, no hay que condicionar un rato que puede ser algo incómodo para luego disfrutar de un fantástico viaje; más de lo mismo con los desplazamientos: No nos dé miedo hacer ruta para ver lugares; lo único que tenemos que hacer es entretenerlos de forma que esos desplazamientos se conviertan en una parte amena del viaje.

Las comidas
Salvo en contados lugares, la comida no debería ser un problema si no lo es para los adultos; si hablamos de un bebé que aún se alimenta de leche materna y/o fórmula, no hay mayor problema que llevarla; si por el contrario ya come alimentos normales, qué problema hay en que coma el arroz de una forma diferente a la que se la preparamos en casa o una carne que no haya probado nunca? No os preocupéis, al final cuando hay hambre probarían las cosas 😛
Las esperas
A veces, para poder disfrutar de algunas cosas es inevitable tener que esperar y muchos padres temen esos momentos, así que en muchas ocasiones se dejan de visitar sitios para no tener que sufrirlas. Del mismo modo que en los desplazamientos, hay que sacar provecho a estos momentos, ya sea jugando, preparando las visitas…


La seguridad
Si bien es cierto que con niños se puede ir a casi cualquier sitio, hay destinos (pocos) a los que no es muy recomendable el ir con niños pequeños… De todas formas, existen muchos lugares que visitar sin ningún problema en los que más de uno te dirá: ¿Ahí vas a ir con los niños? Al final no hay más que tener sentido común y tomar medidas de precaución similares a las que podemos tomar paseando o recorriendo cualquiera de nuestras ciudades.
El aburrimiento
A ver si no se lo va a pasar bien… a ver si se va a aburrir… esas inquietudes abundan en muchos padres y madres cuando se plantean un viaje. Los niños se lo pueden pasar bien en cualquier sitio; únicamente hay que motivarlos, hacerles participar y buscar actividades que puedan ser de su agrado. Tan solo hay que cambiar el enfoque y pensar en lo que les gustaría a ellos de ese lugar que se va a visitar.

¿Se os ocurre algún temor más?
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5 miedos que tiene la gente a viajar con niños y cómo vencerlos

Mucha gente viaja cuando no tiene hijos, muchísima. Lamentablemente, una gran parte de esas parejas deja de hacerlo cuando tienen hijos. Empiezan a aparecer miedos y temores y se anteponen a las ganas que se pueden tener por conocer nuevos lugares; hoy os voy a hablar de los miedos/temores más comunes que me han transmitido y os daré soluciones que creo os podrían servir para superarlos:
El viaje y/o los desplazamientos
Muchos padres estarían dispuestos a visitar algún lugar si este paso se lo pudieran saltar; hay gente que no se atreve a meter a los más pequeños en un avión o en un tren durante varias horas… Bajo mi punto de vista, no hay que condicionar un rato que puede ser algo incómodo para luego disfrutar de un fantástico viaje; más de lo mismo con los desplazamientos: No nos dé miedo hacer ruta para ver lugares; lo único que tenemos que hacer es entretenerlos de forma que esos desplazamientos se conviertan en una parte amena del viaje.

Las comidas
Salvo en contados lugares, la comida no debería ser un problema si no lo es para los adultos; si hablamos de un bebé que aún se alimenta de leche materna y/o fórmula, no hay mayor problema que llevarla; si por el contrario ya come alimentos normales, qué problema hay en que coma el arroz de una forma diferente a la que se la preparamos en casa o una carne que no haya probado nunca? No os preocupéis, al final cuando hay hambre probarían las cosas 😛
Las esperas
A veces, para poder disfrutar de algunas cosas es inevitable tener que esperar y muchos padres temen esos momentos, así que en muchas ocasiones se dejan de visitar sitios para no tener que sufrirlas. Del mismo modo que en los desplazamientos, hay que sacar provecho a estos momentos, ya sea jugando, preparando las visitas…


La seguridad
Si bien es cierto que con niños se puede ir a casi cualquier sitio, hay destinos (pocos) a los que no es muy recomendable el ir con niños pequeños… De todas formas, existen muchos lugares que visitar sin ningún problema en los que más de uno te dirá: ¿Ahí vas a ir con los niños? Al final no hay más que tener sentido común y tomar medidas de precaución similares a las que podemos tomar paseando o recorriendo cualquiera de nuestras ciudades.
El aburrimiento
A ver si no se lo va a pasar bien… a ver si se va a aburrir… esas inquietudes abundan en muchos padres y madres cuando se plantean un viaje. Los niños se lo pueden pasar bien en cualquier sitio; únicamente hay que motivarlos, hacerles participar y buscar actividades que puedan ser de su agrado. Tan solo hay que cambiar el enfoque y pensar en lo que les gustaría a ellos de ese lugar que se va a visitar.

¿Se os ocurre algún temor más?
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La risa de un niño

El otro día me di cuenta: Nuestra sociedad tendría que dedicar más esfuerzos a conseguir risas de niñas y niños; de cualquier edad, de cualquier clase social, de cualquier etnia, de cualquier país…
La risa de un niño, ese gesto tan sencillo y que a la vez transmite tanto.
Ese movimiento tan contagioso de 12 músculos que ilumina esas pequeñas caras cuando se produce.
Esa demostración de felicidad absoluta.
Dicen que la risa de un bebé o un niño pequeño es el símbolo más puro de la felicidad porque cuando se produce no esconde nada; en esos momentos, ese pequeño ser humano debe ser una de las personitas más felices de la tierra. No hay maldad, no hay falsedad, no hay segundas intenciones… únicamente, felicidad.
La risa de un niño es un antídoto universal; cualquier situación, sea la que sea, cambia cuando se escucha a un niño reír de verdad. Pensad en ello, seguro que recordáis alguna situación complicada o incómoda que ha sido salvada por la carcajada de un niño o una niña.
Lamentablemente, a medida que nos hacemos mayores estas risas espontáneas tan auténticas van desapareciendo. En la mayoría de los casos nunca acabarán de desaparecer por completo pero la frecuencia con las que se producen baja muchísimo. Demasiado. Los adultos deberíamos copiarnos de los más pequeños en este (y muchos otros) aspectos.
Si ellos disfrutan tanto y nos hacen disfrutar a nosotros viéndolo, por qué no sumarnos a la fiesta? o mejor aún, ¿Por qué no iniciar esa fiesta nosotros mismos? Hemos de buscar situaciones que nos hagan reír como a ellos… si lo conseguimos, haremos que nuestro entorno esté más contento y relajado, tal y como consiguen los más pequeños con nosotros.
La risa de un niño es una de las mejores cosas que podemos conseguir, y lo puede hacer todo el mundo de muchísimas formas diferentes: haciendo pallasadas, jugando, cantando, cualquier cosa vale… y el resultado siempre será el mismo: RISAS. Y con las risas solo pueden venir cosas buenas…
Hagamos reír a los más pequeños, seguro que así nosotros reiremos más también.

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La risa de un niño

El otro día me di cuenta: Nuestra sociedad tendría que dedicar más esfuerzos a conseguir risas de niñas y niños; de cualquier edad, de cualquier clase social, de cualquier etnia, de cualquier país…
La risa de un niño, ese gesto tan sencillo y que a la vez transmite tanto.
Ese movimiento tan contagioso de 12 músculos que ilumina esas pequeñas caras cuando se produce.
Esa demostración de felicidad absoluta.
Dicen que la risa de un bebé o un niño pequeño es el símbolo más puro de la felicidad porque cuando se produce no esconde nada; en esos momentos, ese pequeño ser humano debe ser una de las personitas más felices de la tierra. No hay maldad, no hay falsedad, no hay segundas intenciones… únicamente, felicidad.
La risa de un niño es un antídoto universal; cualquier situación, sea la que sea, cambia cuando se escucha a un niño reír de verdad. Pensad en ello, seguro que recordáis alguna situación complicada o incómoda que ha sido salvada por la carcajada de un niño o una niña.
Lamentablemente, a medida que nos hacemos mayores estas risas espontáneas tan auténticas van desapareciendo. En la mayoría de los casos nunca acabarán de desaparecer por completo pero la frecuencia con las que se producen baja muchísimo. Demasiado. Los adultos deberíamos copiarnos de los más pequeños en este (y muchos otros) aspectos.
Si ellos disfrutan tanto y nos hacen disfrutar a nosotros viéndolo, por qué no sumarnos a la fiesta? o mejor aún, ¿Por qué no iniciar esa fiesta nosotros mismos? Hemos de buscar situaciones que nos hagan reír como a ellos… si lo conseguimos, haremos que nuestro entorno esté más contento y relajado, tal y como consiguen los más pequeños con nosotros.
La risa de un niño es una de las mejores cosas que podemos conseguir, y lo puede hacer todo el mundo de muchísimas formas diferentes: haciendo pallasadas, jugando, cantando, cualquier cosa vale… y el resultado siempre será el mismo: RISAS. Y con las risas solo pueden venir cosas buenas…
Hagamos reír a los más pequeños, seguro que así nosotros reiremos más también.

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La risa de un niño

El otro día me di cuenta: Nuestra sociedad tendría que dedicar más esfuerzos a conseguir risas de niñas y niños; de cualquier edad, de cualquier clase social, de cualquier etnia, de cualquier país…
La risa de un niño, ese gesto tan sencillo y que a la vez transmite tanto.
Ese movimiento tan contagioso de 12 músculos que ilumina esas pequeñas caras cuando se produce.
Esa demostración de felicidad absoluta.
Dicen que la risa de un bebé o un niño pequeño es el símbolo más puro de la felicidad porque cuando se produce no esconde nada; en esos momentos, ese pequeño ser humano debe ser una de las personitas más felices de la tierra. No hay maldad, no hay falsedad, no hay segundas intenciones… únicamente, felicidad.
La risa de un niño es un antídoto universal; cualquier situación, sea la que sea, cambia cuando se escucha a un niño reír de verdad. Pensad en ello, seguro que recordáis alguna situación complicada o incómoda que ha sido salvada por la carcajada de un niño o una niña.
Lamentablemente, a medida que nos hacemos mayores estas risas espontáneas tan auténticas van desapareciendo. En la mayoría de los casos nunca acabarán de desaparecer por completo pero la frecuencia con las que se producen baja muchísimo. Demasiado. Los adultos deberíamos copiarnos de los más pequeños en este (y muchos otros) aspectos.
Si ellos disfrutan tanto y nos hacen disfrutar a nosotros viéndolo, por qué no sumarnos a la fiesta? o mejor aún, ¿Por qué no iniciar esa fiesta nosotros mismos? Hemos de buscar situaciones que nos hagan reír como a ellos… si lo conseguimos, haremos que nuestro entorno esté más contento y relajado, tal y como consiguen los más pequeños con nosotros.
La risa de un niño es una de las mejores cosas que podemos conseguir, y lo puede hacer todo el mundo de muchísimas formas diferentes: haciendo pallasadas, jugando, cantando, cualquier cosa vale… y el resultado siempre será el mismo: RISAS. Y con las risas solo pueden venir cosas buenas…
Hagamos reír a los más pequeños, seguro que así nosotros reiremos más también.

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Empatía con los niños: Ponte en su lugar

Es muy evidente que, como padres, no tenemos la misma forma de ver las cosas que nuestros hijos; y no es ni mejor ni peor, es la nuestra (y la que nos toca). De la misma forma, los más pequeños de la casa, en sus pequeñas cabecitas, tienen la suya… y para ellos sí que es la mejor que puede existir.
El hecho de que nosotros veamos las cosas desde una perspectiva y ellos lo vean desde la suya va a hacer que más de una vez y más de dos haya discusiones desencuentros. Es inevitable. La mayoría de las veces, además, querremos imponer nuestra opinión sobre ellos como padres, educadores y bien conocedores de lo que les conviene que somos. Sin embargo es muy posible que muchas veces alguna que otra vez nos estemos equivocando y lo mismo no nos damos ni cuenta.
¿Qué es lo que ocurre? Pues que habitualmente no tenemos en cuenta su opinión ni su forma de ver la vida. ¿Por qué siempre la mayoría de veces nuestra forma de ver las cosas es la mejor? ¿Por qué intentamos aplacar o cambiar sus sentimientos cuando necesitan expresarlos de una forma concreta?
Pongámonos en su lugar por un momento; bajemos a su altura e intentemos vivir, ni que sea por un instante, su realidad. ¿Por qué está sintiendo lo que siente? ¿Por qué me está justificando algo de una manera concreta? ¿Por qué está sufriendo ese insoportable interminable berrinche?
Al final, todo radica en intentar entender por qué sienten como se sienten o por qué actúan de esa manera para intentar gestionar la situación de la mejor forma posible. Un ejemplo muy clarificador de este tipo de situaciones es cuando un pequeño se cae; la mayoría de las veces les diremos que ‘no pasa nada’, ‘eso no es nada’, llegando incluso al  ‘no llores como una niña (¿?¿?) y cosas así… pues a lo mejor para él o ella sí que es importante, se puede haber hecho daño y reclama nuestra atención para que le demos apoyo de algún modo… Lo correcto en este caso habría sido interesarnos por su estado, ver cómo podemos ayudarlo para que se sienta mejor… y no ningunear la situación que acaba de sufrir.
Ejemplos como el anterior hay miles y, como muchas otras cosas, es más fácil para los padres finiquitar la situación de la manera más rápida posible para que nos podamos dedicar a nuestros móviles otros quehaceres.
Sigamos invirtiendo tiempo en ellos; si somos empáticos con ellos, ellos también lo serán y, no me negaréis que eso no es una buena cualidad para mejorar la sociedad en la que vivimos, a que no?
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Empatía con los niños: Ponte en su lugar

Es muy evidente que, como padres, no tenemos la misma forma de ver las cosas que nuestros hijos; y no es ni mejor ni peor, es la nuestra (y la que nos toca). De la misma forma, los más pequeños de la casa, en sus pequeñas cabecitas, tienen la suya… y para ellos sí que es la mejor que puede existir.
El hecho de que nosotros veamos las cosas desde una perspectiva y ellos lo vean desde la suya va a hacer que más de una vez y más de dos haya discusiones desencuentros. Es inevitable. La mayoría de las veces, además, querremos imponer nuestra opinión sobre ellos como padres, educadores y bien conocedores de lo que les conviene que somos. Sin embargo es muy posible que muchas veces alguna que otra vez nos estemos equivocando y lo mismo no nos damos ni cuenta.
¿Qué es lo que ocurre? Pues que habitualmente no tenemos en cuenta su opinión ni su forma de ver la vida. ¿Por qué siempre la mayoría de veces nuestra forma de ver las cosas es la mejor? ¿Por qué intentamos aplacar o cambiar sus sentimientos cuando necesitan expresarlos de una forma concreta?
Pongámonos en su lugar por un momento; bajemos a su altura e intentemos vivir, ni que sea por un instante, su realidad. ¿Por qué está sintiendo lo que siente? ¿Por qué me está justificando algo de una manera concreta? ¿Por qué está sufriendo ese insoportable interminable berrinche?
Al final, todo radica en intentar entender por qué sienten como se sienten o por qué actúan de esa manera para intentar gestionar la situación de la mejor forma posible. Un ejemplo muy clarificador de este tipo de situaciones es cuando un pequeño se cae; la mayoría de las veces les diremos que ‘no pasa nada’, ‘eso no es nada’, llegando incluso al  ‘no llores como una niña (¿?¿?) y cosas así… pues a lo mejor para él o ella sí que es importante, se puede haber hecho daño y reclama nuestra atención para que le demos apoyo de algún modo… Lo correcto en este caso habría sido interesarnos por su estado, ver cómo podemos ayudarlo para que se sienta mejor… y no ningunear la situación que acaba de sufrir.
Ejemplos como el anterior hay miles y, como muchas otras cosas, es más fácil para los padres finiquitar la situación de la manera más rápida posible para que nos podamos dedicar a nuestros móviles otros quehaceres.
Sigamos invirtiendo tiempo en ellos; si somos empáticos con ellos, ellos también lo serán y, no me negaréis que eso no es una buena cualidad para mejorar la sociedad en la que vivimos, a que no?
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Empatía con los niños: Ponte en su lugar

Es muy evidente que, como padres, no tenemos la misma forma de ver las cosas que nuestros hijos; y no es ni mejor ni peor, es la nuestra (y la que nos toca). De la misma forma, los más pequeños de la casa, en sus pequeñas cabecitas, tienen la suya… y para ellos sí que es la mejor que puede existir.
El hecho de que nosotros veamos las cosas desde una perspectiva y ellos lo vean desde la suya va a hacer que más de una vez y más de dos haya discusiones desencuentros. Es inevitable. La mayoría de las veces, además, querremos imponer nuestra opinión sobre ellos como padres, educadores y bien conocedores de lo que les conviene que somos. Sin embargo es muy posible que muchas veces alguna que otra vez nos estemos equivocando y lo mismo no nos damos ni cuenta.
¿Qué es lo que ocurre? Pues que habitualmente no tenemos en cuenta su opinión ni su forma de ver la vida. ¿Por qué siempre la mayoría de veces nuestra forma de ver las cosas es la mejor? ¿Por qué intentamos aplacar o cambiar sus sentimientos cuando necesitan expresarlos de una forma concreta?
Pongámonos en su lugar por un momento; bajemos a su altura e intentemos vivir, ni que sea por un instante, su realidad. ¿Por qué está sintiendo lo que siente? ¿Por qué me está justificando algo de una manera concreta? ¿Por qué está sufriendo ese insoportable interminable berrinche?
Al final, todo radica en intentar entender por qué sienten como se sienten o por qué actúan de esa manera para intentar gestionar la situación de la mejor forma posible. Un ejemplo muy clarificador de este tipo de situaciones es cuando un pequeño se cae; la mayoría de las veces les diremos que ‘no pasa nada’, ‘eso no es nada’, llegando incluso al  ‘no llores como una niña (¿?¿?) y cosas así… pues a lo mejor para él o ella sí que es importante, se puede haber hecho daño y reclama nuestra atención para que le demos apoyo de algún modo… Lo correcto en este caso habría sido interesarnos por su estado, ver cómo podemos ayudarlo para que se sienta mejor… y no ningunear la situación que acaba de sufrir.
Ejemplos como el anterior hay miles y, como muchas otras cosas, es más fácil para los padres finiquitar la situación de la manera más rápida posible para que nos podamos dedicar a nuestros móviles otros quehaceres.
Sigamos invirtiendo tiempo en ellos; si somos empáticos con ellos, ellos también lo serán y, no me negaréis que eso no es una buena cualidad para mejorar la sociedad en la que vivimos, a que no?
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Próximo destino: Fiordos de Noruega

En poco más de un mes comenzaremos una experiencia de las que creemos que dejan huella; a finales de agosto saldremos rumbo a Noruega y sus fiordos.
Cuando buscábamos destino para las vacaciones veraniegas este bello país nórdico no entraba en nuestros planes; de hecho, planeábamos un viaje totalmente diferente en un destino completamente opuesto al que vamos a acabar haciendo. Al final las cosas no van como uno se espera y, con el tiempo algo justo, tuvimos que buscar otra cosa. Tras recorrer virtualmente medio mundo y ver con bastante pavor que para muchos sitios ya íbamos muy tarde, acabamos decidiéndonos por las amplias posibilidades que nos ofrecía Noruega. Y no podemos estar más contentos con esta decisión ahora que tenemos decidido qué es lo que vamos a visitar.
Haremos una ruta de 15 días entrando y saliendo por la ciudad de Bergen: Nada más llegar, recogeremos un coche de alquiler y nos dirigiremos hacia Stavanger donde pasaremos las dos primeras noches; conoceremos la ciudad y al día siguiente subiremos al púlpito en familia; seguidamente, durante nuestro periplo hacia Sognefjord aprovecharemos para visitar las primeras cascadas y alguna que otra iglesia de madera de las muchas que hay por el país.
Bergen
El Púlpito (Preikestolen)
Por supuesto, y como no podía ser de otra forma, haremos el crucero GudvangenFlam y lo enlazaremos con el famosísimo tren que sube serpenteando las montañas hasta Myrdal, desde donde volveremos a Gudvangen, que será nuestra base de operaciones en esa zona.
El famoso tren de Flam
Seguiremos subiendo, pasando por el glaciar Nigardsbreen, recorreremos la zona de Jotunheimen y llegaremos hasta la Trollstigen (Ruta de los Trolls). Nuestro punto más lejano será la ciudad de Alesund, en la que pasaremos un par de noches.
La carretera de los Trolls
La bella Alesund
A partir de ahí, comenzaremos el recorrido de vuelta, disfrutando del que dicen es el fiordo más bonito del mundo (Geiranger), visitando el glaciar Boyabreen y, pasando por Voss, acabaremos nuestro viaje conociendo y disfrutando los encantos de la ciudad de Bergen.
Geiranger
Glaciar Boyabreen
Un viaje completito, no creéis?
Dentro de unas semanas os lo contaremos en directo!
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Qué ver en Terrassa

Siempre ando hablando de lugares lejanos y hoy ha llegado el momento de hablaros un poco de la ciudad que me vio nacer y en la que vivo junto a mi familia… Barcelona es una sombra muy larga que parece que lo eclipsa todo, pero nuestra ciudad tiene muchas cosas para ver y disfrutar y en este post os voy a explicar las más interesantes (bajo mi punto de vista):

Masia Freixa

Sin duda alguna, el icono de la ciudad y sede de la oficina de turismo; una de las representaciones más espectaculares del modernismo de Lluis Muncunill rodeado por unos jardines que hoy en día forman el Parc de Sant Jordi.
Tenéis más información aquí.


Casa Alegre de Sagrera

Siempre me ha llamado la atención esta casa; ubicada en pleno centro es fácil que pase desapercibida. Sin embargo, en su interior es posible ver cómo vivía una familia burguesa a principios del siglo XX y pasear por sus espléndidos jardines.
Puedes ampliar la información aquí.

Museu de la Ciència i la Tècnica de Catalunya (Mnactec)

Fantástico museo emplazado en el vapor Aymerich, Amat i Jové; ya solo por el edificio en el que se encuentra merece la pena una visita (y si tenéis la suerte de poder subir a su tejado, aún más). En su interior, multitud de exposiciones, unas temporales y otras permanentes, como por ejemplo La fábrica Textil, enérgia, Homo Faber o el Cuerpo Humano. Cómo soy yo. Es ideal para una visita en familia.

Centro de documentación y museo textil

Otro de los ‘grandes’ museos de la ciudad; la historia de Terrassa va muy ligada al mundo textil y este hecho dejó una huella importante que aún hoy perdura en multitud de lugares de la ciudad; en este museo es posible encontrar todo lo relacionado con el mundo de los tejidos con exposiciones temporales.

Seu d’Egara

Si la Masia Freixa es el icono de la ciudad, la Seu d’Ègara es la joya de la corona. Se trata de un conjunto monumental único en Europa formado por 3 iglesias románicas de los siglos V a VIII excelentemente conservado. Desde hace algunos meses se está trabajando para presentar candidatura a la Unesco para que lo incluya en su lista de patrimonio de la humanidad.

Castell Cartoixa de Vallparadís

Sede central del Museu de Terrassa, en este pequeño castillo al pie de uno de los parques urbanos más grandes de Catalunya (el parc de Vallparadís) es posible visitar sus estancias mientras se conoce un poco más la historia de la ciudad.
Más información aquí.

Torre del Palau

Esta torre es el último vestigio en pie de la que antiguamente fue el Castell-Palau de Terrassa que fue mandado derruir en el año 1891 por el último propietario del mismo. Situada en pleno centro de la ciudad es posible visitarla (de forma guiada) y disfrutar de unas vistas privilegiadas de la ciudad.
Más información aquí

Bòbila Almirall


La mayor escalera de caracol exterior del mundo según el libro Guiness de los récords es una buena carta de presentación; esta chimenea de 63,5 metros de altitud y 217 escalones construida en el año 1956 es otro de los emblemas de la ciudad, haciendo recordar el pasado industrial de la ciudad.
No están todos los que son pero sí que son todos los que están.
Si tenéis la oportunidad, no dudéis en venir a visitar Terrassa; pasaréis un día diferente y, seguramente, os sorprenderá gratamente.
Más información en:
Sigue leyendo ->

Momentos de uno… y de dos

Vamos de bólido, sincronizando relojes, corriendo de un lugar a otro, dedicando una parte importante del día a trabajar y la otra a nuestros hijos y su órbita y así, de un plumazo, nosotros dejamos de existir pasamos a un segundo plano y muchas veces nos sentimos agobiados, sobrepasados por la situación y buscando un poco de aire.
Afortunadamente lo normal es que, si nos ponemos a analizar nuestro día, veamos que no es del todo cierto; en mayor o menor medida, los adultos, juntos o separados, buscamos un hueco para tener nuestro momento.
Mi momento del día comienza a eso de las 22.00 (si todo va como debería); todos duermen, la faena de la casa está abandonada controlada y, por fin, me puedo sentar en el sofá un rato justo antes de hacer La ronda nocturna. Es en ese rato en el que todo está en silencio cuando reviso cosas que han quedado pendientes durante el día, preparo algo para los blogs (por si no lo recordáis, también tengo otro blog dedicado a actividades y viajes en familia: www.conpequessepuede.com), veo algo en la tele si me interesa o cualquier otra actividad que me venga en gana.
El momento del día de la supermami es por la tarde, cuando llega de trabajar a eso de las 15.00… desde que acaba de comer hasta las 16.30 lo dedica a ver alguna serie, leer algo o, por qué no, descansar sin ningún objetivo más que ese… disfrutando de una tranquilidad que se verá dilapidada en pocas horas.
Eh, un momento! Si nosotros dos juntos formábamos una pareja! Pues tendremos que dedicarnos un rato, no? Entre semana esos momentos se reducen al poco rato que coincidimos sin niños cuando están ya acostados y andamos recogiendo bártulos, así que no es de lo más glamouroso… Nuestros momentos, si no hay compromisos sociales de por medio, los tenemos las noches de los fines de semana; sofá, cena tranquila tras la tempestad… quizás alguna copa… Incluso, en algunos momentos muy puntuales, recurrimos a tíos / abuelos para dedicarnos una celebración especial o ir al cine a ver una película que no sea infantil.
No podemos ser durante 24 horas únicamente padres, así que por nuestro bien mental y personal, en algunos momentos debemos dedicarnos ratos a nosotros mismos. Es difícil encontrarlos, pero eso no quiere decir que no existan.
¿Y para vosotros, cuándo es ese momento del día?
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¿Qué valoramos cuando buscamos los alojamientos?

Ahora que vamos en familia, cuando buscamos alojamiento para nuestros viajes lo hacemos basándonos en unos criterios que nos permitan asegurar unos mínimos. Entre ellos, los más importantes son los siguientes:
Buena valoración por familias: ya sea utilizando Booking, TripAdvisor, Airbnb o la web que sea, revisamos las opiniones de los que lo han visitado antes basándonos principalmente en lo que dicen las familias; al final, los requisitos que puede tener una pareja o un grupo de amigos no son los mismos que alguien que viaja con niños pequeños. Tenemos muy en cuenta conceptos como la limpieza o la amabilidad de los propietarios/trabajadores así como un espacio cómodo para todos.


Relación calidad-precio: Intentamos ser coherentes con los lugares en los que nos alojamos teniendo en cuenta el precio medio de los alojamientos en esa zona. Nuestra intención es siempre ir al alojamiento más económico y mejor valorado con los criterios del punto anterior.
Bien situado: Relacionado con los dos puntos anteriores, si el lugar es fantástico pero está muy lejos y/o no hay buenas combinaciones para visitar o conocer la zona tampoco nos sirve de mucho. Hay que valorar muy bien qué cuesta desplazarse del alojamiento hasta el lugar a conocer, cuántas veces se va a hacer, cuánto se tarda y todo ello ponerlo en la balanza con lo que puede costar alojarse en algún lugar más cercano (y seguramente más caro).
Disponibilidad de wifi: Cuando viajas al extranjero, la wifi puede dar algunos ratos de tranquilidad permitiendo que, con la tablet, el móvil o el portátil, los más pequeños puedan disfrutar de dibujos animados tal y como lo hacen en casa; por mucho que vean cualquier cosa, ver unos dibujos en Croata, Checo o francés no tendrá el mismos interés para ellos…
Cocina / Habitaciones separadas: Una pequeña zona de cocina puede dar un respiro en la, a veces, cansada búsqueda de lugares para comer/cenar durante muchos días. Asimismo, tener la zona de dormir separada de la de estar permitirá a los adultos no tener que irse a dormir a la misma hora que los pequeños y disfrutar de un rato de tranquilidad y desconexión.
Baño privado: El hecho de compartir baño disminuye mucho el coste de un alojamiento pero viajando con niños pequeños, el no disponer de él es algo engorroso, así que preferimos pagar un poco más por él. 

Y estas son nuestras prioridades en la búsqueda de un alojamiento. ¿Son las mejores? No, son las nuestras 😉
Vosotros, ¿qué cosas tenéis en cuenta cuando viajais con vuestros hijos?
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Castigos ¿Sí o no?

¿El castigo como recurso para educar es adecuado? 
En casa no somos de aplicar castigos prácticamente nunca, aunque eso no significa que vivamos sin normas y que algunos actos no tengan sus consecuencias. 
¿Qué diferencia hay entre castigo y consecuencia?
Es una línea fina, no nos vamos a engañar; al final, lo normal es que los castigos sean también consecuencia de algunos actos o situaciones; no obstante, un castigo normalmente es un ataque a la moral o a los sentimientos de la persona que lo sufre (y la mayoría de las veces también supone un sentimiento de culpa al que lo impone) y es algo muy tajante. Muchas veces, además, no tiene relación con el hecho que ha provocado ese castigo. Las consecuencias, en cambio, son actos que se derivan de acciones concretas y conocidas, normalmente a partir de unas nombras establecidas (ya sabes que si no recoges no podrás mirar la tele). Además, las consecuencias nunca van a ser tan duras o agresivas como un castigo; como no se ha cumplido una parte del trato establecido, no se puede tener algo.
Muchas veces los castigos van de la mano de las amenazas, de las que ya os hablé hace algunas semanas; las consecuencias, en cambio, vendrán precedidas por avisos que informen del incumplimiento de las normas.
Hemos visto en algunos casos que hay gente que abusa del castigo: te quedas sin merienda, no puedes jugar, te vas a una habitación solo a pensar en lo que has hecho (¿?). Si ya de normal pensamos que son poco efectivos, si se producen de forma continuada aún lo serán menos… total, al final van a acabar castigados hagan lo que hagan. Creemos que esto hace que los niños tengan menos respeto a las normas.
Los castigos no nos parecen una herramienta adecuada, pero eso no quiere decir que nunca los hayamos usado; las contadísimas situaciones en las que hemos puesto en práctica algo del estilo ha sido tan traumático para nuestra hija que no hemos sido capaces de llevarlo hasta al final. Simplemente con tenerla sentada en algún sitio 5 minutos es ya una humillación tan grande que lo pasa fatal. No vemos necesidad en que pase por esas situaciones para que aprenda la lección.
Acostumbrémonos a hablar, a explicar las cosas; no olvidemos que muchas veces estamos tratando con pequeños seres humanos que pueden no estar entendiendo todo lo que les estamos pidiendo; tengamos paciencia y aplaquemos los nervios como podamos. Y, si no podemos, dejemos que gestione la situación otra persona o desahoguémonos 2 minutos en el lavabo encerrados, pero intentemos que la ira que puede desatarse en algunos momentos no nos haga hacer cosas de las que nos podemos arrepentir.
Ojo! Aquí únicamente he estado hablando de los castigos verbales… si ya me parecen crueles poco adecuados éstos, imaginaos qué pienso de los físicos: Una atrocidad.
Y vosotros, conseguís usar las consecuencias? O acabáis castigando?
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Errores que cometimos viajando con bebés

Hace pocos días hablaba con una amiga que es madre reciente. Ella y su pareja siempre han sido de viajar mucho y pretenden seguir haciéndolo, adaptándose un poco a su nueva realidad.
Estuvimos hablando sobre destinos, qué hacer, qué no hacer, qué llevar y qué no llevar… lo que me dio la idea de este post. Me vino a la mente aquel primer viaje que hicimos a Menorca con nuestra pequeña de menos de un año… lo estuve analizando y, ahora que ya llevamos algunos más, tuve claras cosas que no volvería a hacer; os las enumero aquí para que las tengáis en cuenta en vuestros viajes con niños pequeños.
1. Llevar comida preparada:
Una de las razones para escoger Menorca en nuestro primer viaje con niños fue que podíamos llevarnos el coche, lo que facilitaba el traslado de un lugar a otro. Por aquel entonces la pequeña estaba en el cambio de comer comida triturada a empezar con los trocitos… pues nos llevamos una nevera portátil llena de comida ya preparada! Luego nos arrepentimos mucho; al final lo más sencillo habría sido llevarnos algo de comida para el viaje y luego en el destino ya comprar los ingredientes y preprarlo alli (que es lo que hicimos los últimos días).
2. Llevar muchos pañales:



Casi una maleta entera llena de pañales llevábamos… Al ir en ferry con el coche no importaba mucho el numero de bultos, pero en otros medios de transporte habría sido todo un incordio… Más adelante nos dimos cuenta que, curiosidades de la vida, en Menorca también los venden, así que mejor llevar algunos para el viaje y de reserva y comprar un paquete en el destino.

3. Cargarnos de juguetes:

Situación similar a la de los pañales: Llevábamos una bolsa bien grande llena de los juguetes de la pequeña… a los que prácticamente no les hizo ni caso; evidentemente, algún juguete / cuento / entretenimiento hay que llevar, pero algo que sea fácil de transportar, no todo el arsenal.
4. Pensar que nos mudamos:
Los dichosos ‘Por si acaso’ nos hacen ir demasiado cargados, y si el viaje es con niños aún más; al final hay que intentar ser coherente con lo que hay que llevar de ropa y calzado (ocupa mucho!) y, cubriendo todas las posibilidades, llevar lo justo. Es preferible dar un remojado a algo que cargar con una maleta más. Al principio cuesta (nosotros aún estamos en ello…).
5. Horarios muy estrictos:


Es bueno que los más pequeños tengan unas rutinas de sueño y comidas, pero no nos olvidemos que estamos de vacaciones y, a veces, pueden verse alterados por causas que escapan a nuestro control, así que mejor no agobiarse con ello; intentar cumplirlo, sí… perder la vida por ello, no haría falta. Al final, tampoco es muy difícil que el pequeño o la pequeña duerman o coman en un sitio u otro.
Pues eso, que ya es suficiente con que nosotros hayamos sufrido estas ‘novatadas’… a ver si evitamos a otras familias que las pasen 😛
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La puerta

La entrada a casa es la entrada a una nueva dimensión. Es el cambio de la relajación a la tensión. Es el paso de familia feliz a familia tensa.
La escena se repite a diario. A veces, incluso, más de una vez: Salimos del ascensor, normalmente gritando e intentando mantener el control jugando y haciendo bromas; el HermanoMenor se va directo hacia el timbre; ante nuestras advertencias de que no lo toque, se gira, ríe y deja el dedo apretado indefinidamente hasta que le quitamos la mano. A continuación alguno de los adultos nos hacemos sitio para abrir la puerta, entramos y…
No, la puerta no es esta 😛
… El HermanoMenor pasa de ser uno de los seres más contentos en la faz de la tierra a ponerse a llorar como un desesperado, inconsolable y muchas veces intercalando un mamaaaaaaa
Todo el buenrrollismo que traíamos de la calle se queda en el rellano; esos desgarradores gritos hace que la tensión vaya en aumento a medida que pasan los minutos; es imposible muy difícil no entrar en el círculo vicioso; a los pocos minutos de vivir en esta fiesta de gritos y lloros empiezan a entrarnos las prisas para encarrilar las cosas que se han quedado pendientes y hacer que los pequeños se puedan ir a descansar, a comer o lo que corresponda; la HermanaMayor normalmente se pone a jugar y no atiende a razones para que colabore a que algo de lo que teníamos previsto funcione, pero bueno, ella tampoco tiene mucho que ver en esta historia.
Y todo ello es culpa de la puerta, la dichosa puerta de entrada al piso; qué debe haber en ella que hace cambiar de humor al pequeño de la casa tan fugaz y fácilmente? Detecta alguna extraña vibración? Hay una atmósfera tensa? Sea lo que sea, igual es digno de Iker Jiménez.
Lo curioso de todo es que no tenemos manera de evitarlo… no podemos entrar por otro lugar ni cambiar la puerta, así que ahí andamos, con la esperanza de que cada vez que cruzamos la puerta no se desencadene el cataclismo.
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#ElTemaDeLaSemana8: Me arrepiento de…

¿Es bueno arrepentirse de las cosas cuando ya no las puedes cambiar? Creo que para lo único que sirve es para aprender, para saber cómo no actuar en el futuro; personalmente también me genera un sentimiento de culpa al darme cuenta de lo mal que he gestionado ciertas situaciones.
¿Me arrepiento de cosas? Pues sí… sobre todo de ser un bocazas y demasiado intransigente en algunas situaciones. Viéndolo en perspectiva, ahora no lo haría así y ya hace tiempo que intento mejorar esa actitud.
Centrándome básicamente en la paternidad me arrepiento de dos cosas: Por un lado, de no haber sido de suficiente ayuda en algunos momentos para la súpermami; de colaborar, de alguna forma, a que vaya tan desbordada . Por otro lado me arrepiento, muchas veces instantáneamente, al decirles una palabra malsonante a alguno de nuestros hijos; bajo mi punto de vista, nunca está justificado una actitud de ese tipo y, como padres, nunca deberíamos perder el control (creo que esto es una utopía :P).

Como humanos que somos nos equivocamos, y nos equivocaremos siempre… así que aprendamos de ello.

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Nuevas palabras

Cada etapa del crecimiento del bebé tiene su encanto y ahora estamos en una que a mi me encanta (me encantan todas seguramente :P): El descubrimiento de las palabras y cómo comunicarse con los demás.
Ya hace algunos meses que el HermanoMenor balbucea cosas ininteligibles para nosotros y dice alguna que otra palabra suelta como agua, papa o mama, caca o Auka (la gata), pero es desde hace unos días cuando parece que le está cogiendo la práctica a eso de empezar a repetir y, a su manera, ya va comunicándose más… Que no es que antes no se comunicara, es que ahora está empezando a incorporar las palabras, por lo que su comunicación se enriquece y conseguimos entender lo que dice alguna vez.
Es muy posible que la mayoría de las palabras que dice sólo las entendamos nosotros pero bueno, al menos alguien le entiende a veces. Y es algo que a él también le hace gracia, se pone con su pose de orgulloso cuando consigue algo que nos pide…
Ahora ya llama a su hermana (por su nombre), nos pide la pelota (con una insistencia desesperante a veces, es pura obsesión), pide galletas, patatas y alguna cosa más… y cuando necesita decir algo más elaborado, nada mejor que combinar las palabras entre ellas: “Galleta papa” (aeta papa) está bien claro lo que significa, no? Es alucinante ver como cada día va ampliando su repertorio y perfeccionando el que ya tiene.
Nosotros somos bastante pesados y repetimos las palabras una y otra vez para que él vaya captando cómo se dicen. Y se fija mucho! Hasta la HermanaMayor pone de su parte animándole a que repita palabras. Para complicar un poco el tema hacer el lenguaje más rico aún no somos nada demasiado amigos de cosas como Tata, tete, pupa, chicha, ai, guau guau… así que las cosas por su nombre: Hermanamayor, hacerse daño, carne (o pescado), abrazos, perros, gatos… 
En fin, una época fantástica que hay que disfrutar (como todas!); seguramente, lo que tiene de especial es que a medida que esta va avanzando, la interacción va aumentando, y, no nos engañemos, es muy divertido!
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10 Experiencias que querríamos volver a disfrutar con niños (Parte 2)

Segunda parte de 10 experiencias que hemos vivido sin niños y nos gustaría volver a vivir con ellos… Puedes leer la primera parte aquí.
Escocia: Neist Point (Isla de Skye)
Un faro en un lugar idílico. ¿Qué más se le puede pedir a un paisaje así para poder disfrutar de una puesta de sol inolvidable? Además, si tenemos ‘suerte’, durante el trayecto nos habremos tenido que parar varias veces para dejar pasar a las cabras habitantes de la región. 
Escocia: Playa de Luskentyre
 
En la preciosa Isla de Lewis, en las Hébridas Exteriores es posible disfrutar de una playa paradisíaca, con kilómetros de arena blanca sin temor a no encontrar un ‘hueco’ para la toalla. Sin duda es una de las mejores playas que hemos visto nunca (otro tema es que te puedas bañar :P) 
Italia: Coliseo Romano
Cuando a alguien le nombran Roma, una de las primeras cosas que seguramente le vengan a la mente sea el coliseo romano. Tuvimos la oportunidad de conocerlo hace algunos años (en un fin de semana de infarto visitando cosas) y nos quedamos con ganas de más. Estoy convencido de que entrar en él debe dejar a los niños alucinados. 
República Checa: Castillo de Bouzov / Cuevas de Javoricko (Bohemia Central)

La República Checa es un injusto desconocido; acabamos visitando el país casi por casualidad y nos sorprendió gratamente. Praga le roba mucho protagonismo al resto de cosas que puede ofrecer este país centroeuropeo y dos de esas joyas escondidas son el Castillo de Bouzov por un lado y las cuevas de Javoricko por otro (muy cerca entre ellas). El castillo tiene un estado de conservación envidiable, tanto por dentro como por fuera. Las cuevas, por su parte, nos llevan al interior de la montaña donde es posible ver curiosas formas de rocas y hacer un curioso viaje por su interior. 
Inglaterra: El London Eye
Diría que Londres es una ciudad que gusta a todo el que la visita, y los niños no iban a ser menos; además, si a la ecuación le ponemos una noria descomunal con unas vistas envidiables, el resultado está más que garantizado. Además, podemos completar el pack llegando hasta ella en uno de los buses de dos plantas.
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La sociedad incívica

Estar en la cola de algún sitio pensando cuál es la mejor manera para evitársela, ya sea ética o no. Conducir por una concurrida calle haciendo ver que no te das cuenta que hay gente esperando para cruzar por un paso de peatones (ya no hablamos de acelerar…). Presionar en la autopista al coche de delante de forma que si mira por el retrovisor nos ve hasta los pelillos de la nariz. Colarnos en el tren. No recoger las cacas de los animales de compañía. No utilizar las papeleras. Ver unos niños solos de tan solo 5 años solos que llegan a coger el tren sin que nadie les diga nada (noticia real…). Ser maleducados e irrespetuosos con los demás. Ver una agresión y mirar hacia otro lado.
Podría seguir y la lista sería prácticamente interminable… Vivimos en una sociedad altamente irrespetuosa e incívica. Somos egoístas y sólo perseguimos nuestro objetivo, muchas veces aunque ello implique perjudicar a otros. Somos envidiosos y, cuando alguien consigue algo bueno para esa persona, muchas veces en lugar de alegrarnos lo odiamos y hacemos lo posible para conseguir el yo más.

¿Es esta la sociedad en la que queremos criar a nuestros hijos? ¿Es este comportamiento el que queremos que vean nuestros hijos como algo normal? Os puedo asegurar que tanto la supermami como yo no lo queremos, y no lo fomentamos… 

Sin embargo, nos volvemos a encontrar en una de esas luchas tan desiguales que, a veces, desaniman. Ese David contra Golliat en el que, por mucho que tú intentes inculcar unos valores a tus hijos, éstos se tambalean cuando sales a la calle y ven que lo que tanto les enseñas no se cumple; poca gente lo cumple.

¿Cómo pretendemos cambiar nuestra sociedad si no vamos todos a una? Nos escandalizamos cuando nos enteramos de ciertas actitudes pero luego no participamos activamente en esos cambios. Estamos criando generaciones futuras y acabarán haciendo lo que les enseñemos… y lo que vean. Y si lo que ven son cosas como las que he comentado al principio del post, las cosas seguirán igual.

Desde aquí os animo a dejar de ponernos las manos en la cabeza por como somos y a ponernos manos a la obra para cambiarlo. Al final sólo quejándonos no solucionaremos nada. Hagámoslo por nuestros hijos.
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Nuestra experiencia con el Baby-Led Weaning

Es curioso cómo cambian las cosas en pocos años; actitudes que llevan años instauradas en la sociedad que se consideran como correctas acaban cambiando. Primero con una tendencia y después un comunicado oficial de un organismo público. Algunos de estos cambios van relacionados con la alimentación de los más pequeños, y una de las más importantes es la incorporación de los sólidos a los bebés: El bien conocido Baby Led Weaning, o, dicho vulgarmente, comer a trozos lo que el pequeño o la pequeña quieran.
Con la HermanaMayor no nos planteamos nada así porque no habíamos oído hablar de ello y porque -parecía una barbaridad- ya veíamos a la niña atragantada y corriendo a urgencias o haciendo la maniobra de Heimlich, así que hicimos lo que siempre se había hecho. Papillas, triturados… Es lo que tiene ser unos padres novatos.
Con el pequeño la cosa ha sido diferente; han cambiado algunas tendencias y los padres estamos más informados. Cuando comenzamos a introducirle la alimentación complementaria, hace ya algunos meses, fuimos incorporando progresivamente la comida a trozos viendo que mostraba interés en ello siguiendo las recomendaciones de muchos expertos. Sólo había que tener en cuenta algunas pautas de seguridad como por ejemplo que no le cupiera el trozo de comida en la boca y que fuera algo relativamente blando (de forma que así se elimina la posibilidad de atragantamiento). A las pocas semanas ya era capaz de comerse una pera (madurita) él solo. Poco a poco fuimos dándole más cosas y, al poco tiempo, casi no comía nada triturado (a excepción de cremas y sopas, claro). 
Ahora, varios meses después vemos que tomar esta decisión fue todo un acierto; es una delicia verlo comer y, aunque sea algo guarrete (sobretodo cuando suelta el tenedor y empieza a comer con las manos o cuando le da por tirar la comida al suelo) hemos conseguido que al año y poco ya coma prácticamente solo, hasta el punto de que muchas veces se enfada si le das la comida y él no te ha pedido ayuda.
Que al principio y ahora es algo sucio? Pues no lo vamos a negar; suerte que comemos en la cocina, porque acaban el suelo y la mesa bien llenos de comida, pero al final es lo de siempre: Hay que verlo como una inversión. Y para nosotros ya ha dado sus frutos: es de los más pequeños de su clase en la guardería y, según las monitoras, es de los que mejor come… Ahora podemos sentarnos los 4 en la mesa y casi comer cada uno lo suyo de forma individual (salvando las distancias).
Referente a esto, hace pocos días salió una nueva guía de alimentación para los bebés entre 0 y 3 años del Departament de Sanitat de la Generalitat de Catalunya informando, entre otras cosas, de que en general se tarda mucho en comenzar a dar alimentos sólidos a los bebés. Podéis echar un vistazo a documento aquí (en catalán).
¿Vosotros habéis utilizado esta técnica?
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10 Experiencias que querríamos volver a disfrutar con niños (Parte 1)

Nos encanta viajar y una de las cosas que queremos inculcarles a nuestros hijos es la pasión por conocer nuevos lugares y experiencias. Durante nuestros viajes hemos vivido algunas experiencias impresionantes; no nos importaria repetir la visita de alguna de ellas ahora que tenemos niños. Hoy os hablo de 5 de ellas: 

Argentina: Cataratas del Iguazú

Nadie debería morirse sin haber estado en persona allí. Es un lugar impresionante que te deja marcado de por vida; descubrir esos centenares de cascadas que aparecen por todos sitios mientras haces el recorrido por el lado argentino, caminar por esas pasarelas que te llevan hacia la boca del diablo, escuchar ese estruendo cuando te estás acercando a ella y alucinar cuando lo tienes delante… Por supuesto, no menos imponente es el lado brasileño con sus panorámicas espectaculares.

Argentina: Perito Moreno

Otro lugar de esos que deja con la boca abierta. Kilómetros y kilómetros de hielo casi al alcance de la mano. Quedarte ensimismado mientras se desprenden algunos trozos de hielo con su espectacultar estruendo. Por si fuera poco, caminar por él ya es algo increible en el que te sientes especial.

Egipto: Crucero en faluca por el Nilo:

La mayoría de gente que hace un crucero por el Nilo lo hace en motonaves; enormes barcos que surcan el majestuoso río y que acaban atracadas unas junto a otras en los puntos estratégicos. Nosotros escogimos hacer el crucero de una forma diferente: con la tradicional faluca. Ello nos permitió, por un lado, escabullirnos durante dos días del frenético ritmo del país y, por otro, conocer el Nilo de otra forma; con su humilde y amable gente. Sin duda ha sido una experiencia que nos ha dejado marca.

Egipto: Abu Simbel

Otro de esos lugares que cualquier persona debería visitar alguna vez es esta maravilla (una de las muchas que tiene Egipto). Todo empieza viendo el amanecer en el desierto mientras te desplazas en convoy desde Aswan y el colofón llega con la bienvenida de los guardianes de este fantástico templo invitándote a su visita.

Escocia: Neist Point

Isla de Skye, Escocia. Un faro en un lugar idílico. ¿Qué más se le puede pedir a un paisaje así para poder disfrutar de una puesta de sol inolvidable? Además, si tenemos ‘suerte’, durante el trayecto nos habremos tenido que parar varias veces para dejar pasar a las cabras habitantes de la región.
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Parc de Turó de Can Mates – Sant Cugat del Vallès

Hace algún tiempo nos enteramos de la existencia de otro de esos parques fuera de lo común y, casualidades de la vida, lo teníamos bastante cerca de casa. Se trata del Parc del Turó de Can Mates en Sant Cugat del Vallès.
¿Cómo llegar? 
Llegar al parque en coche particular es muy sencillo; si en nuestro GPS no sale el parque, bastará con que indiquéis la calle Josep Irla en Sant Cugat del Vallès. No hay que callejear porque está bastante cerca de la entrada de la ciudad. Aparcar no es difícil aunque en algunos momentos el coche puede quedar algo retirado del parque. Nada que no se solucione dando un pequeño paseo…
¿Qué podemos encontrar en él?
Los famosos toboganes
Es un lugar en el que es bastante habitual encontrar mucha gente, tanto local como visitante. Su mayor atractivo (aunque no el único) son sus toboganes gigantes; tiene 5 y todos son diferentes entre ellos: con curvas, tapados, con saltos… Otro de los elementos que llama mucho la atención es la tirolina: No tiene mucha pendiente y requiere de un pequeño empujón para coger algo de velocidad pero los ya-no-tan pequeños la disfrutan muchísimo.

La parte inferior del parque, con la tirolina al fondo
Columpios
Los toboganes están en la parte alta del parque y las tirolinas en la parte baja; entre medio hay muchas otras cosas, desde recorridos con piezas de madera que acaban con una torre y un tobogán tapado chulísimo en forma de espiral hasta columpios tradicionales pasando por juegos para los más pequeños como pueden ser cosas que giran y/o con diferentes texturas.
Uno de los castillos del parque
Juegos para los más pequeños
Como os comentaba al principio es un lugar que llama bastante la atención y es normal que esté concurrido. De todas formas, no os asustéis por las colas porque en ningún sitio hay que esperarse más de 5 minutos para hacer algo aunque,eso sí, id preparados para estar rodeados de gente; además, al tener una superficie tan amplia siempre es posible cambiarse de zona si alguna está algo ‘congestionada’. Supongo que os imagináis cuál es la que está más solicitada, no? Efectivamente, los toboganes gigantes.
Chulo, ¿Verdad? ¿A qué esperáis para visitarlo?
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