Museo noruego del petróleo – Norsk Oljemuseum (Stavanger)

Una de las muchas cosas que se puede hacer en la bonita ciudad de Stavanger es conocer sus museos, algunos de ellos muy indicados para visitar en familia como este del que os hablo hoy: El Museo Noruego del Petróleo (Norsk Oljemuseum).
Pese a que el nombre pueda echar atrás a más de uno, no os dejéis engañar. Es un museo súper interesante tanto para adultos como para los más pequeños de la casa.
Todas las explicaciones en su interior están en noruego y en inglés; no obstante, junto con la entrada os darán una pequeña guía en castellano para que sea más fácil orientarse en su interior. Si vais con niños, además, les facilitarán una hoja para que encuentren determinados objetos repartidos por todo el museo. Si consiguen encontrarlos todos (y si no, te ayudan), en la recepción les darán un pequeño detalle.
El museo se divide en diferentes zonas: Desde cómo se crea el petróleo, pasando por cómo se extrae, la seguridad que rodea a las plataformas e incluso una zona ‘en el mar’. Además hay un pequeño cine que proyecta una película en 3D y una zona de juegos.
Lo que más gusta a los peques es que muchas cosas se pueden tocar: Hay muchos lugares en los que hay que escoger respuestas (aquí seguramente necesitarán la ayuda de los mayores si no dominan demasiado el inglés), otros en los que tocar multitud de botones, un simulador de perforación con un juego para hacerse técnico de perforación por momentos… También es posible subirse a algunos aparatos, bajar por una rampa de emergencia de una plataforma o, incluso, intentar escapar de una sala llena de humo en la que no se ve nada en el menor tiempo posible. La zona de juego infantil simula ser una plataforma petrolífera; los más pequeños pueden subirse a ella, investigar sus huecos y hacer castillos de lego con las piezas gigantes!
Todo ello rodeado de multitud de maquetas, algunas grandísimas, de barcos y plataformas con tal nivel de detalle que es difícil no quedarse embobado…
La entrada al museo cuesta 120 NOKs para adultos y 60 NOKs para los niños (a partir de los 4 años). También tienen una entrada familiar (2 adultos y 3 niños) a 300 NOKs. Es muy fácil llegar a él; se encuentra muy cerca del centro (caminando desde el puerto no es mucho rato) y es un agradable paseo por las bonitas calles de Stavanger. El museo abre de 10.00 a 16.00 los días laborables y los domingos de 10.00 a 18.00. Durante la época veraniega (junio, julio y agosto) abre todos los días de 10.00 a 19.00
Además, por si esto no fuera suficiente, fuera del museo hay un fantástico parque, llamado Geopark, que está hecho de materiales obsoletos de plataformas petrolíferas. Pasamos un rato genial allí jugando.
No lo dudéis, si estáis por la ciudad merece la pena una visita y, como no, disfrutar del parque si el tiempo lo permite. La visita os puede llevar unas dos horas como mínimo.
Tenéis más información en su web: http://www.norskolje.museum.no/en/

Diario de viaje a Noruega: Inicio

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Museo noruego del petróleo – Norsk Oljemuseum (Stavanger)

Una de las muchas cosas que se puede hacer en la bonita ciudad de Stavanger es conocer sus museos, algunos de ellos muy indicados para visitar en familia como este del que os hablo hoy: El Museo Noruego del Petróleo (Norsk Oljemuseum).
Pese a que el nombre pueda echar atrás a más de uno, no os dejéis engañar. Es un museo súper interesante tanto para adultos como para los más pequeños de la casa.
Todas las explicaciones en su interior están en noruego y en inglés; no obstante, junto con la entrada os darán una pequeña guía en castellano para que sea más fácil orientarse en su interior. Si vais con niños, además, les facilitarán una hoja para que encuentren determinados objetos repartidos por todo el museo. Si consiguen encontrarlos todos (y si no, te ayudan), en la recepción les darán un pequeño detalle.
El museo se divide en diferentes zonas: Desde cómo se crea el petróleo, pasando por cómo se extrae, la seguridad que rodea a las plataformas e incluso una zona ‘en el mar’. Además hay un pequeño cine que proyecta una película en 3D y una zona de juegos.
Lo que más gusta a los peques es que muchas cosas se pueden tocar: Hay muchos lugares en los que hay que escoger respuestas (aquí seguramente necesitarán la ayuda de los mayores si no dominan demasiado el inglés), otros en los que tocar multitud de botones, un simulador de perforación con un juego para hacerse técnico de perforación por momentos… También es posible subirse a algunos aparatos, bajar por una rampa de emergencia de una plataforma o, incluso, intentar escapar de una sala llena de humo en la que no se ve nada en el menor tiempo posible. La zona de juego infantil simula ser una plataforma petrolífera; los más pequeños pueden subirse a ella, investigar sus huecos y hacer castillos de lego con las piezas gigantes!
Todo ello rodeado de multitud de maquetas, algunas grandísimas, de barcos y plataformas con tal nivel de detalle que es difícil no quedarse embobado…
La entrada al museo cuesta 120 NOKs para adultos y 60 NOKs para los niños (a partir de los 4 años). También tienen una entrada familiar (2 adultos y 3 niños) a 300 NOKs. Es muy fácil llegar a él; se encuentra muy cerca del centro (caminando desde el puerto no es mucho rato) y es un agradable paseo por las bonitas calles de Stavanger. El museo abre de 10.00 a 16.00 los días laborables y los domingos de 10.00 a 18.00. Durante la época veraniega (junio, julio y agosto) abre todos los días de 10.00 a 19.00
Además, por si esto no fuera suficiente, fuera del museo hay un fantástico parque, llamado Geopark, que está hecho de materiales obsoletos de plataformas petrolíferas. Pasamos un rato genial allí jugando.
No lo dudéis, si estáis por la ciudad merece la pena una visita y, como no, disfrutar del parque si el tiempo lo permite. La visita os puede llevar unas dos horas como mínimo.
Tenéis más información en su web: http://www.norskolje.museum.no/en/

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5 y 2

El tiempo pasa y casi ni nos damos cuenta… 
Desde hace cinco años los meses de septiembre tienen algo especial… y desde hace dos, aún más. Septiembre es el mes del fin de las vacaciones, el mes de comienzo del curso, el mes en el que todo vuelve a arrancar, pero para nosotros es algo más: Septiembre es el mes de los cumpleaños de nuestros hijos.
Septiembre es un mes emocionante e intenso a partes iguales: la HermanaMayor ya tiene bien claro que es su cumpleaños y va contando los días para que llegue; el pequeño, aunque no lo sabe, bien contento se pone cuando tiene que apagar velas o abrir regalos. Es un mes ajetreado pero cuando todo pasa y miramos atrás, siempre ha valido la pena.
Este año cumplís cinco y dos años…
CINCO: Cinco años en los que hemos vivido intensamente la paternidad; cinco años en los que hemos ido evolucionando como padres, en los que hemos ido cambiando cosas, a veces hasta el punto de contradecirnos. Cinco años intentando hacer lo correcto, a veces sin conseguirlo. Cinco años en los que hemos disfrutado de la espontaneidad, de la simpatía y de la intensidad con la que lo vives todo. Cinco años de acompañarte, de estar a tu lado. Cinco años fantásticos.
DOS: Dos años desde que llegaste a nuestra ya ajetreada familia. Dos años en los que nos has hecho vivir de forma más frenética aún si cabe. Dos años en las que hemos visto cómo pasabas de ser un ‘trocito’ de carne al torbellino que eres ahora. Dos años en los que hemos seguido aprendiendo, en los que hemos intentado mejorar. Dos años contigo. Dos años de carcajadas. Dos años de malas noches. Dos años de cariño. Dos años intensos y apasionantes.
Otro año más y otro año menos: Otro año más, viendo cómo crecéis, cómo os hacéis más autónomos, cómo vais conociendo vuestros límites, cómo aprendéis a tomar decisiones. Otro año menos para que os hagáis mayores, otro año menos de bebés, de ser ‘pequeños’, de ser tan inocentes. En cualquier caso, otro año en el que seguiremos a vuestro lado. Para lo que necesitéis, cuando lo necesitéis.
Felicidades guapos! Sois lo mejor que hemos hecho en la vida.
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5 y 2

El tiempo pasa y casi ni nos damos cuenta… 
Desde hace cinco años los meses de septiembre tienen algo especial… y desde hace dos, aún más. Septiembre es el mes del fin de las vacaciones, el mes de comienzo del curso, el mes en el que todo vuelve a arrancar, pero para nosotros es algo más: Septiembre es el mes de los cumpleaños de nuestros hijos.
Septiembre es un mes emocionante e intenso a partes iguales: la HermanaMayor ya tiene bien claro que es su cumpleaños y va contando los días para que llegue; el pequeño, aunque no lo sabe, bien contento se pone cuando tiene que apagar velas o abrir regalos. Es un mes ajetreado pero cuando todo pasa y miramos atrás, siempre ha valido la pena.
Este año cumplís cinco y dos años…
CINCO: Cinco años en los que hemos vivido intensamente la paternidad; cinco años en los que hemos ido evolucionando como padres, en los que hemos ido cambiando cosas, a veces hasta el punto de contradecirnos. Cinco años intentando hacer lo correcto, a veces sin conseguirlo. Cinco años en los que hemos disfrutado de la espontaneidad, de la simpatía y de la intensidad con la que lo vives todo. Cinco años de acompañarte, de estar a tu lado. Cinco años fantásticos.
DOS: Dos años desde que llegaste a nuestra ya ajetreada familia. Dos años en los que nos has hecho vivir de forma más frenética aún si cabe. Dos años en las que hemos visto cómo pasabas de ser un ‘trocito’ de carne al torbellino que eres ahora. Dos años en los que hemos seguido aprendiendo, en los que hemos intentado mejorar. Dos años contigo. Dos años de carcajadas. Dos años de malas noches. Dos años de cariño. Dos años intensos y apasionantes.
Otro año más y otro año menos: Otro año más, viendo cómo crecéis, cómo os hacéis más autónomos, cómo vais conociendo vuestros límites, cómo aprendéis a tomar decisiones. Otro año menos para que os hagáis mayores, otro año menos de bebés, de ser ‘pequeños’, de ser tan inocentes. En cualquier caso, otro año en el que seguiremos a vuestro lado. Para lo que necesitéis, cuando lo necesitéis.
Felicidades guapos! Sois lo mejor que hemos hecho en la vida.
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Un cachete a tiempo…

… no sirve para nada.
Escena real vivida el otro día en una zapatería:
Situación: Niño jugando en el tobogán de la tienda. La tía/prima/vecina (cualquiera, pero la madre no era) y la abuela intentando que hiciera caso… sin éxito.
En esas que llega la madre (el niño revolucionado a tope), y lo primero que le dice la tía (creo que era lo más probable) es:
– No veas con PEPITO, está como una moto.
– Si? – Contesta la madre
– Vaya, le he tenido que pegar en el culo y todo.
– Bueno, no pasa nada.
Aquí ya dejé de prestar atención. Mis sentidos dejaron de funcionar… 
Alucino con estas cosas. Alucino con lo normal que se ve todavía en algunos ámbitos el ‘cachete’ y lo larga que tienen la mano algunos y algunas.
Alucino con que la madre de ese niño permita que alguien le ponga la mano encima a su hijo, tenga la confianza que tenga con esa persona.
Alucino viendo como aún es, para alguna gente, el recurso fácil para aplacar ciertas actitudes (aunque no sirvió para mucho si lo que pretendían era que el niño se estuviera sentadito y calladito).
Alucino cuando leo noticias como la que salió hace unos días (enlace) en la que un niño se escapa de casa porque sus padres le pegaban con mucha frecuencia y tenía hasta marcas de ello. Posteriormente la Guardia Civil acabó deteniendo al padre del chaval.
No me cabe en la cabeza que se den estas situaciones hoy en día, aún habiéndolas sufrido yo (o quizás por eso). ¿Todavía estamos así? ¿Tan poco hemos avanzado? ¿Qué pretendemos, que los niños nos tengan miedo? De verdad, entiendo que cada uno lo hace lo mejor que puede y/o sabe, pero es que por mucho que se piensen que están ‘educando’ a sus hijos, los están agrediendo!
Además, seguro que luego algunos de esos padres castigan, reprochan o pegan cuando su hijo o hija pega a alguien… Vamos, lo que viene siendo NO predicar con el ejemplo.
En fin, espero no ver, leer ni escuchar más cosas de este tipo. Sería bueno para los niños. Sería bueno para nuestros hijos. Sería bueno para toda la sociedad.
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Un cachete a tiempo…

… no sirve para nada.
Escena real vivida el otro día en una zapatería:
Situación: Niño jugando en el tobogán de la tienda. La tía/prima/vecina (cualquiera, pero la madre no era) y la abuela intentando que hiciera caso… sin éxito.
En esas que llega la madre (el niño revolucionado a tope), y lo primero que le dice la tía (creo que era lo más probable) es:
– No veas con PEPITO, está como una moto.
– Si? – Contesta la madre
– Vaya, le he tenido que pegar en el culo y todo.
– Bueno, no pasa nada.
Aquí ya dejé de prestar atención. Mis sentidos dejaron de funcionar… 
Alucino con estas cosas. Alucino con lo normal que se ve todavía en algunos ámbitos el ‘cachete’ y lo larga que tienen la mano algunos y algunas.
Alucino con que la madre de ese niño permita que alguien le ponga la mano encima a su hijo, tenga la confianza que tenga con esa persona.
Alucino viendo como aún es, para alguna gente, el recurso fácil para aplacar ciertas actitudes (aunque no sirvió para mucho si lo que pretendían era que el niño se estuviera sentadito y calladito).
Alucino cuando leo noticias como la que salió hace unos días (enlace) en la que un niño se escapa de casa porque sus padres le pegaban con mucha frecuencia y tenía hasta marcas de ello. Posteriormente la Guardia Civil acabó deteniendo al padre del chaval.
No me cabe en la cabeza que se den estas situaciones hoy en día, aún habiéndolas sufrido yo (o quizás por eso). ¿Todavía estamos así? ¿Tan poco hemos avanzado? ¿Qué pretendemos, que los niños nos tengan miedo? De verdad, entiendo que cada uno lo hace lo mejor que puede y/o sabe, pero es que por mucho que se piensen que están ‘educando’ a sus hijos, los están agrediendo!
Además, seguro que luego algunos de esos padres castigan, reprochan o pegan cuando su hijo o hija pega a alguien… Vamos, lo que viene siendo NO predicar con el ejemplo.
En fin, espero no ver, leer ni escuchar más cosas de este tipo. Sería bueno para los niños. Sería bueno para nuestros hijos. Sería bueno para toda la sociedad.
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Consejos para viajar con niños

Viajar en familia y con niños es, además de posible, recomendable. Sin embargo, mucha gente aún tiene recelos en hacerlo (por suerte parece que va a menos). Hoy te doy algunas pautas que seguimos nosotros y que nos han funcionado muy bien. Espero que a vosotros también os sirvan:


Lánzate sin miedo
Si te apetece hacerlo, hazlo. La primera vez siempre da algo de reparo ir de viaje a un lugar relativamente lejano y más aún si es un viaje en ruta; no hagas caso de los comentarios de ‘estáis locos’, ‘¿cómo vais a meter a un bebé / niño XX horas en un avión?’ o ‘¿ahí vas a ir con niños?’ y lánzate. Si estás convencido de que es una buena decisión, hazlo.
Planificar sí, improvisar y flexibilizar, también
Con niños, sobretodo si son pequeños, no es mala idea llevar cierta planificación sobre lo que se va a ver y/o dónde se va a dormir; eso nos permitirá optimizar el tiempo e ir algo más tranquilos. Eso no quiere decir que haya que cumplirla a rajatabla; debe ser una guía, pero también hay que dejar hueco a posibles cambios y a la improvisación.

Hazles participar antes, durante y después
Si quieres que se motiven en un viaje, hazles participar en todo lo que puedas. Si tú te entusiasmas preparando el viaje, no tengas la menor duda de que a ellos también les pasará… y nunca está de más otra ‘cabeza pensante’ más.
Busca actividades para ellos en el destino
En todos sitios hay niños y en todos sitios hay actividades específicas para ellos, así que ten en cuenta que alguna parte del viaje esté dedicada a ellos, ya sea visitando algo o, simplemente, yendo a un parque.
Déjales investigar
Nosotros somos mucho de dejar que los niños descubran las cosas por sí mismos. Desde sus límites hasta cómo funcionan las cosas. Durante un viaje, dejarlos investigar puede ser fascinante, tanto para ti como para ellos…

No los pierdas de vista
Esto no es únicamente aplicable a cuando estamos de viaje, pero en un país que desconocemos, una pérdida puede ser aún más estresante de lo que lo puede ser en otros lugares. Esto no quiere decir que tenga que cundir el pánico… solo que hay que andarse con ojo.
Ten paciencia
Otra cosa aplicable a la vida en general que hoy ponemos aquí como consejo viajero. No lo olvides, estás de viaje / vacaciones, así que tómate las cosas con calma y disfruta… Al final, los niños son niños en todos sitios.
Respeta -en la medida de lo posible- sus ritmos
Si vas con un bebé o un niño bastante pequeño, intenta no romper demasiado sus ritmos. A veces no te quedará más remedio que hacerlo, pero intenta que sus rutinas de comidas / sueño se mantengan en la medida de lo posible. Al final todos lo agradeceréis (y no te preocupes si es materialmente imposible! Tampoco pasa nada si no se puede en algún momento).

Lleva un ‘pequeño’ botiquín
Pero pequeño, pequeño… con lo justo. A no ser que te vayas a una zona muy remota, una urgencia se puede atender en prácticamente cualquier lugar. Y si vas a algún sitio ‘delicado’, nada mejor que contratar un seguro de viaje.
Disfruta como un niño
Aprovecha que vas con niños y disfruta con ellos de todas las actividades que realicéis. No te quedes al margen mientras ellos se lo pasan en grande… y aún lo disfrutarán más.
Interactúa con los lugareños
Qué mejor escuela que la escuela de la vida? Qué mejor para conocer un lugar que contactar con los lugareños? El hecho de ir con niños facilita el contacto con ellos… y el idioma no es un problema!

No corras
Intenta ir a los sitios sin prisas, que con niños aún se gestionan peor. Es mejor, pues, esperar con calma a que llegue el momento de lo que se haya ido a hacer que tener que ir corriendo con niños a cuestas. Te aseguro que la actividad no se disfruta igual… 

Minimiza los ‘por si acaso
Intenta minimizar los dichosos ‘por si acaso’ que nos llenan las maletas y mochilas. Si ya yendo los adultos solos los sufrimos con niños se multiplica exponencialmente, así que antes de empezar a meter cosas en la maleta de forma compulsiva, parémonos, analicemos la situación e intentemos ser razonables. 
Y aquí lo dejo por hoy… espero que os sean útiles y, si tenéis algunos más que me haya dejado, no dudéis en hacerlos constar en los comentarios.
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Consejos para viajar con niños

Viajar en familia y con niños es, además de posible, recomendable. Sin embargo, mucha gente aún tiene recelos en hacerlo (por suerte parece que va a menos). Hoy te doy algunas pautas que seguimos nosotros y que nos han funcionado muy bien. Espero que a vosotros también os sirvan:


Lánzate sin miedo
Si te apetece hacerlo, hazlo. La primera vez siempre da algo de reparo ir de viaje a un lugar relativamente lejano y más aún si es un viaje en ruta; no hagas caso de los comentarios de ‘estáis locos’, ‘¿cómo vais a meter a un bebé / niño XX horas en un avión?’ o ‘¿ahí vas a ir con niños?’ y lánzate. Si estás convencido de que es una buena decisión, hazlo.
Planificar sí, improvisar y flexibilizar, también
Con niños, sobretodo si son pequeños, no es mala idea llevar cierta planificación sobre lo que se va a ver y/o dónde se va a dormir; eso nos permitirá optimizar el tiempo e ir algo más tranquilos. Eso no quiere decir que haya que cumplirla a rajatabla; debe ser una guía, pero también hay que dejar hueco a posibles cambios y a la improvisación.

Hazles participar antes, durante y después
Si quieres que se motiven en un viaje, hazles participar en todo lo que puedas. Si tú te entusiasmas preparando el viaje, no tengas la menor duda de que a ellos también les pasará… y nunca está de más otra ‘cabeza pensante’ más.
Busca actividades para ellos en el destino
En todos sitios hay niños y en todos sitios hay actividades específicas para ellos, así que ten en cuenta que alguna parte del viaje esté dedicada a ellos, ya sea visitando algo o, simplemente, yendo a un parque.
Déjales investigar
Nosotros somos mucho de dejar que los niños descubran las cosas por sí mismos. Desde sus límites hasta cómo funcionan las cosas. Durante un viaje, dejarlos investigar puede ser fascinante, tanto para ti como para ellos…

No los pierdas de vista
Esto no es únicamente aplicable a cuando estamos de viaje, pero en un país que desconocemos, una pérdida puede ser aún más estresante de lo que lo puede ser en otros lugares. Esto no quiere decir que tenga que cundir el pánico… solo que hay que andarse con ojo.
Ten paciencia
Otra cosa aplicable a la vida en general que hoy ponemos aquí como consejo viajero. No lo olvides, estás de viaje / vacaciones, así que tómate las cosas con calma y disfruta… Al final, los niños son niños en todos sitios.
Respeta -en la medida de lo posible- sus ritmos
Si vas con un bebé o un niño bastante pequeño, intenta no romper demasiado sus ritmos. A veces no te quedará más remedio que hacerlo, pero intenta que sus rutinas de comidas / sueño se mantengan en la medida de lo posible. Al final todos lo agradeceréis (y no te preocupes si es materialmente imposible! Tampoco pasa nada si no se puede en algún momento).

Lleva un ‘pequeño’ botiquín
Pero pequeño, pequeño… con lo justo. A no ser que te vayas a una zona muy remota, una urgencia se puede atender en prácticamente cualquier lugar. Y si vas a algún sitio ‘delicado’, nada mejor que contratar un seguro de viaje.
Disfruta como un niño
Aprovecha que vas con niños y disfruta con ellos de todas las actividades que realicéis. No te quedes al margen mientras ellos se lo pasan en grande… y aún lo disfrutarán más.
Interactúa con los lugareños
Qué mejor escuela que la escuela de la vida? Qué mejor para conocer un lugar que contactar con los lugareños? El hecho de ir con niños facilita el contacto con ellos… y el idioma no es un problema!

No corras
Intenta ir a los sitios sin prisas, que con niños aún se gestionan peor. Es mejor, pues, esperar con calma a que llegue el momento de lo que se haya ido a hacer que tener que ir corriendo con niños a cuestas. Te aseguro que la actividad no se disfruta igual… 

Minimiza los ‘por si acaso
Intenta minimizar los dichosos ‘por si acaso’ que nos llenan las maletas y mochilas. Si ya yendo los adultos solos los sufrimos con niños se multiplica exponencialmente, así que antes de empezar a meter cosas en la maleta de forma compulsiva, parémonos, analicemos la situación e intentemos ser razonables. 
Y aquí lo dejo por hoy… espero que os sean útiles y, si tenéis algunos más que me haya dejado, no dudéis en hacerlos constar en los comentarios.
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Ideas fijas

Nuestros hijos son muy pesados bastante exigentes con ciertas rutinas que hay que cumplir siempre de la misma manera. Pese a llevarse 3 años lo vivimos con los dos… en unas cosas con la HermanaMayor se puede gestionar de una forma y en otras el HermanoMenor lo lleva de otra, aunque en esencia es lo mismo: las manías costumbres de cada uno se mantienen.
Cuando aún éramos unipadres nos pensábamos que todo esto venía en la mochila de Alta Demanda de nuestra hija y no le dimos mayor importancia… en algunas cosas cedíamos para evitar el conflicto y listo; sin embargo, tras realizar el fichaje del enano de la casa hemos visto que los patrones se vuelven a repetir. No con las mismas cosas pero sí que tienen comportamientos similares y, en algunos casos, incluso más intensos.
Paciencia, sobretodo paciencia…
El patrón de estas situaciones siempre es el mismo: Una situación cotidiana y habitual en la que hay que realizar las cosas siempre de la misma manera; si no se hace así empieza la insistencia, una y otra vez, sin parar, sin fin. Hemos probado a ignorar dejar pasar esa repetición incesante a ver si disminuía la intensidad y/o la frecuencia, pero tras habernos hecho viejos y habernos vuelto locos con tanta tortura mental, hemos visto que esta batalla, por el momento y sobretodo con el pequeño, está perdida. 
Las obsesiones costumbres son de lo más variopinto: La HermanaMayor siempre tiene que sentarse en el mismo sitio del sofá (será un Sheldon Cooper en potencia?), lavarse los dientes siguiendo los mismos pasos (y no los cambies, que se lía!) o comer determinados alimentos de una forma concreta. Por su parte, el pequeñajo siempre tiene que llevarse algo con ruedas a la calle (no importa si es un carrito de la compra, un cochecito o una moto); siempre tiene que salir a ver el perro de los vecinos (aunque luego nunca está en el patio) o llamar al timbre cuando llegamos de la calle, entre otros… Con la HermanaMayor el saltarse esa manía ‘costumbre’ normalmente normalmente no es traumático, aunqueen el desenlace influyen  factores como el cansancio. Sin embargo, el pequeño, que no es capaz de gestionar las emociones de una manera tan eficaz entra en un círculo vicioso en el que acabamos entrando todos por su insistencia interminable; comienza a repetir insaciablemente lo que quiere hacer (perro, calle, teta, lo que sea) una y otra vez. Sin descanso. Sin pausa. Cada vez más intenso. Al final, en algunas ocasiones, conseguimos distraerlo disuadirlo, pero otras veces lo más sencillo es ceder a sus peticiones para no llegar a más.
A veces conseguimos llegar a un acuerdo
Sabemos que es una época, que todo va tomando su forma, que está definiendo su potente personalidad, pero realmente son situaciones mentalmente agotadoras y algo complicadas de gestionar… pero ahí andamos, p’alante!
¿Qué costumbres tienen vuestros hijos?
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Ideas fijas

Nuestros hijos son muy pesados bastante exigentes con ciertas rutinas que hay que cumplir siempre de la misma manera. Pese a llevarse 3 años lo vivimos con los dos… en unas cosas con la HermanaMayor se puede gestionar de una forma y en otras el HermanoMenor lo lleva de otra, aunque en esencia es lo mismo: las manías costumbres de cada uno se mantienen.
Cuando aún éramos unipadres nos pensábamos que todo esto venía en la mochila de Alta Demanda de nuestra hija y no le dimos mayor importancia… en algunas cosas cedíamos para evitar el conflicto y listo; sin embargo, tras realizar el fichaje del enano de la casa hemos visto que los patrones se vuelven a repetir. No con las mismas cosas pero sí que tienen comportamientos similares y, en algunos casos, incluso más intensos.
Paciencia, sobretodo paciencia…
El patrón de estas situaciones siempre es el mismo: Una situación cotidiana y habitual en la que hay que realizar las cosas siempre de la misma manera; si no se hace así empieza la insistencia, una y otra vez, sin parar, sin fin. Hemos probado a ignorar dejar pasar esa repetición incesante a ver si disminuía la intensidad y/o la frecuencia, pero tras habernos hecho viejos y habernos vuelto locos con tanta tortura mental, hemos visto que esta batalla, por el momento y sobretodo con el pequeño, está perdida. 
Las obsesiones costumbres son de lo más variopinto: La HermanaMayor siempre tiene que sentarse en el mismo sitio del sofá (será un Sheldon Cooper en potencia?), lavarse los dientes siguiendo los mismos pasos (y no los cambies, que se lía!) o comer determinados alimentos de una forma concreta. Por su parte, el pequeñajo siempre tiene que llevarse algo con ruedas a la calle (no importa si es un carrito de la compra, un cochecito o una moto); siempre tiene que salir a ver el perro de los vecinos (aunque luego nunca está en el patio) o llamar al timbre cuando llegamos de la calle, entre otros… Con la HermanaMayor el saltarse esa manía ‘costumbre’ normalmente normalmente no es traumático, aunqueen el desenlace influyen  factores como el cansancio. Sin embargo, el pequeño, que no es capaz de gestionar las emociones de una manera tan eficaz entra en un círculo vicioso en el que acabamos entrando todos por su insistencia interminable; comienza a repetir insaciablemente lo que quiere hacer (perro, calle, teta, lo que sea) una y otra vez. Sin descanso. Sin pausa. Cada vez más intenso. Al final, en algunas ocasiones, conseguimos distraerlo disuadirlo, pero otras veces lo más sencillo es ceder a sus peticiones para no llegar a más.
A veces conseguimos llegar a un acuerdo
Sabemos que es una época, que todo va tomando su forma, que está definiendo su potente personalidad, pero realmente son situaciones mentalmente agotadoras y algo complicadas de gestionar… pero ahí andamos, p’alante!
¿Qué costumbres tienen vuestros hijos?
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Ideas fijas

Nuestros hijos son muy pesados bastante exigentes con ciertas rutinas que hay que cumplir siempre de la misma manera. Pese a llevarse 3 años lo vivimos con los dos… en unas cosas con la HermanaMayor se puede gestionar de una forma y en otras el HermanoMenor lo lleva de otra, aunque en esencia es lo mismo: las manías costumbres de cada uno se mantienen.
Cuando aún éramos unipadres nos pensábamos que todo esto venía en la mochila de Alta Demanda de nuestra hija y no le dimos mayor importancia… en algunas cosas cedíamos para evitar el conflicto y listo; sin embargo, tras realizar el fichaje del enano de la casa hemos visto que los patrones se vuelven a repetir. No con las mismas cosas pero sí que tienen comportamientos similares y, en algunos casos, incluso más intensos.
Paciencia, sobretodo paciencia…
El patrón de estas situaciones siempre es el mismo: Una situación cotidiana y habitual en la que hay que realizar las cosas siempre de la misma manera; si no se hace así empieza la insistencia, una y otra vez, sin parar, sin fin. Hemos probado a ignorar dejar pasar esa repetición incesante a ver si disminuía la intensidad y/o la frecuencia, pero tras habernos hecho viejos y habernos vuelto locos con tanta tortura mental, hemos visto que esta batalla, por el momento y sobretodo con el pequeño, está perdida. 
Las obsesiones costumbres son de lo más variopinto: La HermanaMayor siempre tiene que sentarse en el mismo sitio del sofá (será un Sheldon Cooper en potencia?), lavarse los dientes siguiendo los mismos pasos (y no los cambies, que se lía!) o comer determinados alimentos de una forma concreta. Por su parte, el pequeñajo siempre tiene que llevarse algo con ruedas a la calle (no importa si es un carrito de la compra, un cochecito o una moto); siempre tiene que salir a ver el perro de los vecinos (aunque luego nunca está en el patio) o llamar al timbre cuando llegamos de la calle, entre otros… Con la HermanaMayor el saltarse esa manía ‘costumbre’ normalmente normalmente no es traumático, aunqueen el desenlace influyen  factores como el cansancio. Sin embargo, el pequeño, que no es capaz de gestionar las emociones de una manera tan eficaz entra en un círculo vicioso en el que acabamos entrando todos por su insistencia interminable; comienza a repetir insaciablemente lo que quiere hacer (perro, calle, teta, lo que sea) una y otra vez. Sin descanso. Sin pausa. Cada vez más intenso. Al final, en algunas ocasiones, conseguimos distraerlo disuadirlo, pero otras veces lo más sencillo es ceder a sus peticiones para no llegar a más.
A veces conseguimos llegar a un acuerdo
Sabemos que es una época, que todo va tomando su forma, que está definiendo su potente personalidad, pero realmente son situaciones mentalmente agotadoras y algo complicadas de gestionar… pero ahí andamos, p’alante!
¿Qué costumbres tienen vuestros hijos?
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El tema de la semana 15: Un viaje pendiente con los peques

¿Un viaje? ¿Sólo uno?

Muchos de vosotros conoceréis mi otro alterego blogueril, el blog www.conpequessepuede.com, en el que hablo habitualmente de viajes y actividades en familia.
De ahí vienen mis preguntas… tenemos tantos sitios donde ir que no sé ni por donde empezar, así que simplemente diré que prácticamente cualquier viaje que tenga que hacer es un viaje pendiente con mis hijos… porque con los niños se puede ir a cualquier sitio 😛
P.D.: Ya haciendo un poco de SPAM… si no sigues mi otro blog no sé a qué esperas. Lo puedes hacer en Twitter, Facebook o Instagram… o suscribirte al feed.

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El tema de la semana 15: Un viaje pendiente con los peques

¿Un viaje? ¿Sólo uno?

Muchos de vosotros conoceréis mi otro alterego blogueril, el blog www.conpequessepuede.com, en el que hablo habitualmente de viajes y actividades en familia.
De ahí vienen mis preguntas… tenemos tantos sitios donde ir que no sé ni por donde empezar, así que simplemente diré que prácticamente cualquier viaje que tenga que hacer es un viaje pendiente con mis hijos… porque con los niños se puede ir a cualquier sitio 😛
P.D.: Ya haciendo un poco de SPAM… si no sigues mi otro blog no sé a qué esperas. Lo puedes hacer en Twitter, Facebook o Instagram… o suscribirte al feed.

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El tema de la semana 15: Un viaje pendiente con los peques

¿Un viaje? ¿Sólo uno?

Muchos de vosotros conoceréis mi otro alterego blogueril, el blog www.conpequessepuede.com, en el que hablo habitualmente de viajes y actividades en familia.
De ahí vienen mis preguntas… tenemos tantos sitios donde ir que no sé ni por donde empezar, así que simplemente diré que prácticamente cualquier viaje que tenga que hacer es un viaje pendiente con mis hijos… porque con los niños se puede ir a cualquier sitio 😛
P.D.: Ya haciendo un poco de SPAM… si no sigues mi otro blog no sé a qué esperas. Lo puedes hacer en Twitter, Facebook o Instagram… o suscribirte al feed.

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5 miedos que tiene la gente a viajar con niños y cómo vencerlos

Mucha gente viaja cuando no tiene hijos, muchísima. Lamentablemente, una gran parte de esas parejas deja de hacerlo cuando tienen hijos. Empiezan a aparecer miedos y temores y se anteponen a las ganas que se pueden tener por conocer nuevos lugares; hoy os voy a hablar de los miedos/temores más comunes que me han transmitido y os daré soluciones que creo os podrían servir para superarlos:
El viaje y/o los desplazamientos
Muchos padres estarían dispuestos a visitar algún lugar si este paso se lo pudieran saltar; hay gente que no se atreve a meter a los más pequeños en un avión o en un tren durante varias horas… Bajo mi punto de vista, no hay que condicionar un rato que puede ser algo incómodo para luego disfrutar de un fantástico viaje; más de lo mismo con los desplazamientos: No nos dé miedo hacer ruta para ver lugares; lo único que tenemos que hacer es entretenerlos de forma que esos desplazamientos se conviertan en una parte amena del viaje.

Las comidas
Salvo en contados lugares, la comida no debería ser un problema si no lo es para los adultos; si hablamos de un bebé que aún se alimenta de leche materna y/o fórmula, no hay mayor problema que llevarla; si por el contrario ya come alimentos normales, qué problema hay en que coma el arroz de una forma diferente a la que se la preparamos en casa o una carne que no haya probado nunca? No os preocupéis, al final cuando hay hambre probarían las cosas 😛
Las esperas
A veces, para poder disfrutar de algunas cosas es inevitable tener que esperar y muchos padres temen esos momentos, así que en muchas ocasiones se dejan de visitar sitios para no tener que sufrirlas. Del mismo modo que en los desplazamientos, hay que sacar provecho a estos momentos, ya sea jugando, preparando las visitas…


La seguridad
Si bien es cierto que con niños se puede ir a casi cualquier sitio, hay destinos (pocos) a los que no es muy recomendable el ir con niños pequeños… De todas formas, existen muchos lugares que visitar sin ningún problema en los que más de uno te dirá: ¿Ahí vas a ir con los niños? Al final no hay más que tener sentido común y tomar medidas de precaución similares a las que podemos tomar paseando o recorriendo cualquiera de nuestras ciudades.
El aburrimiento
A ver si no se lo va a pasar bien… a ver si se va a aburrir… esas inquietudes abundan en muchos padres y madres cuando se plantean un viaje. Los niños se lo pueden pasar bien en cualquier sitio; únicamente hay que motivarlos, hacerles participar y buscar actividades que puedan ser de su agrado. Tan solo hay que cambiar el enfoque y pensar en lo que les gustaría a ellos de ese lugar que se va a visitar.

¿Se os ocurre algún temor más?
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5 miedos que tiene la gente a viajar con niños y cómo vencerlos

Mucha gente viaja cuando no tiene hijos, muchísima. Lamentablemente, una gran parte de esas parejas deja de hacerlo cuando tienen hijos. Empiezan a aparecer miedos y temores y se anteponen a las ganas que se pueden tener por conocer nuevos lugares; hoy os voy a hablar de los miedos/temores más comunes que me han transmitido y os daré soluciones que creo os podrían servir para superarlos:
El viaje y/o los desplazamientos
Muchos padres estarían dispuestos a visitar algún lugar si este paso se lo pudieran saltar; hay gente que no se atreve a meter a los más pequeños en un avión o en un tren durante varias horas… Bajo mi punto de vista, no hay que condicionar un rato que puede ser algo incómodo para luego disfrutar de un fantástico viaje; más de lo mismo con los desplazamientos: No nos dé miedo hacer ruta para ver lugares; lo único que tenemos que hacer es entretenerlos de forma que esos desplazamientos se conviertan en una parte amena del viaje.

Las comidas
Salvo en contados lugares, la comida no debería ser un problema si no lo es para los adultos; si hablamos de un bebé que aún se alimenta de leche materna y/o fórmula, no hay mayor problema que llevarla; si por el contrario ya come alimentos normales, qué problema hay en que coma el arroz de una forma diferente a la que se la preparamos en casa o una carne que no haya probado nunca? No os preocupéis, al final cuando hay hambre probarían las cosas 😛
Las esperas
A veces, para poder disfrutar de algunas cosas es inevitable tener que esperar y muchos padres temen esos momentos, así que en muchas ocasiones se dejan de visitar sitios para no tener que sufrirlas. Del mismo modo que en los desplazamientos, hay que sacar provecho a estos momentos, ya sea jugando, preparando las visitas…


La seguridad
Si bien es cierto que con niños se puede ir a casi cualquier sitio, hay destinos (pocos) a los que no es muy recomendable el ir con niños pequeños… De todas formas, existen muchos lugares que visitar sin ningún problema en los que más de uno te dirá: ¿Ahí vas a ir con los niños? Al final no hay más que tener sentido común y tomar medidas de precaución similares a las que podemos tomar paseando o recorriendo cualquiera de nuestras ciudades.
El aburrimiento
A ver si no se lo va a pasar bien… a ver si se va a aburrir… esas inquietudes abundan en muchos padres y madres cuando se plantean un viaje. Los niños se lo pueden pasar bien en cualquier sitio; únicamente hay que motivarlos, hacerles participar y buscar actividades que puedan ser de su agrado. Tan solo hay que cambiar el enfoque y pensar en lo que les gustaría a ellos de ese lugar que se va a visitar.

¿Se os ocurre algún temor más?
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La risa de un niño

El otro día me di cuenta: Nuestra sociedad tendría que dedicar más esfuerzos a conseguir risas de niñas y niños; de cualquier edad, de cualquier clase social, de cualquier etnia, de cualquier país…
La risa de un niño, ese gesto tan sencillo y que a la vez transmite tanto.
Ese movimiento tan contagioso de 12 músculos que ilumina esas pequeñas caras cuando se produce.
Esa demostración de felicidad absoluta.
Dicen que la risa de un bebé o un niño pequeño es el símbolo más puro de la felicidad porque cuando se produce no esconde nada; en esos momentos, ese pequeño ser humano debe ser una de las personitas más felices de la tierra. No hay maldad, no hay falsedad, no hay segundas intenciones… únicamente, felicidad.
La risa de un niño es un antídoto universal; cualquier situación, sea la que sea, cambia cuando se escucha a un niño reír de verdad. Pensad en ello, seguro que recordáis alguna situación complicada o incómoda que ha sido salvada por la carcajada de un niño o una niña.
Lamentablemente, a medida que nos hacemos mayores estas risas espontáneas tan auténticas van desapareciendo. En la mayoría de los casos nunca acabarán de desaparecer por completo pero la frecuencia con las que se producen baja muchísimo. Demasiado. Los adultos deberíamos copiarnos de los más pequeños en este (y muchos otros) aspectos.
Si ellos disfrutan tanto y nos hacen disfrutar a nosotros viéndolo, por qué no sumarnos a la fiesta? o mejor aún, ¿Por qué no iniciar esa fiesta nosotros mismos? Hemos de buscar situaciones que nos hagan reír como a ellos… si lo conseguimos, haremos que nuestro entorno esté más contento y relajado, tal y como consiguen los más pequeños con nosotros.
La risa de un niño es una de las mejores cosas que podemos conseguir, y lo puede hacer todo el mundo de muchísimas formas diferentes: haciendo pallasadas, jugando, cantando, cualquier cosa vale… y el resultado siempre será el mismo: RISAS. Y con las risas solo pueden venir cosas buenas…
Hagamos reír a los más pequeños, seguro que así nosotros reiremos más también.

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La risa de un niño

El otro día me di cuenta: Nuestra sociedad tendría que dedicar más esfuerzos a conseguir risas de niñas y niños; de cualquier edad, de cualquier clase social, de cualquier etnia, de cualquier país…
La risa de un niño, ese gesto tan sencillo y que a la vez transmite tanto.
Ese movimiento tan contagioso de 12 músculos que ilumina esas pequeñas caras cuando se produce.
Esa demostración de felicidad absoluta.
Dicen que la risa de un bebé o un niño pequeño es el símbolo más puro de la felicidad porque cuando se produce no esconde nada; en esos momentos, ese pequeño ser humano debe ser una de las personitas más felices de la tierra. No hay maldad, no hay falsedad, no hay segundas intenciones… únicamente, felicidad.
La risa de un niño es un antídoto universal; cualquier situación, sea la que sea, cambia cuando se escucha a un niño reír de verdad. Pensad en ello, seguro que recordáis alguna situación complicada o incómoda que ha sido salvada por la carcajada de un niño o una niña.
Lamentablemente, a medida que nos hacemos mayores estas risas espontáneas tan auténticas van desapareciendo. En la mayoría de los casos nunca acabarán de desaparecer por completo pero la frecuencia con las que se producen baja muchísimo. Demasiado. Los adultos deberíamos copiarnos de los más pequeños en este (y muchos otros) aspectos.
Si ellos disfrutan tanto y nos hacen disfrutar a nosotros viéndolo, por qué no sumarnos a la fiesta? o mejor aún, ¿Por qué no iniciar esa fiesta nosotros mismos? Hemos de buscar situaciones que nos hagan reír como a ellos… si lo conseguimos, haremos que nuestro entorno esté más contento y relajado, tal y como consiguen los más pequeños con nosotros.
La risa de un niño es una de las mejores cosas que podemos conseguir, y lo puede hacer todo el mundo de muchísimas formas diferentes: haciendo pallasadas, jugando, cantando, cualquier cosa vale… y el resultado siempre será el mismo: RISAS. Y con las risas solo pueden venir cosas buenas…
Hagamos reír a los más pequeños, seguro que así nosotros reiremos más también.

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La risa de un niño

El otro día me di cuenta: Nuestra sociedad tendría que dedicar más esfuerzos a conseguir risas de niñas y niños; de cualquier edad, de cualquier clase social, de cualquier etnia, de cualquier país…
La risa de un niño, ese gesto tan sencillo y que a la vez transmite tanto.
Ese movimiento tan contagioso de 12 músculos que ilumina esas pequeñas caras cuando se produce.
Esa demostración de felicidad absoluta.
Dicen que la risa de un bebé o un niño pequeño es el símbolo más puro de la felicidad porque cuando se produce no esconde nada; en esos momentos, ese pequeño ser humano debe ser una de las personitas más felices de la tierra. No hay maldad, no hay falsedad, no hay segundas intenciones… únicamente, felicidad.
La risa de un niño es un antídoto universal; cualquier situación, sea la que sea, cambia cuando se escucha a un niño reír de verdad. Pensad en ello, seguro que recordáis alguna situación complicada o incómoda que ha sido salvada por la carcajada de un niño o una niña.
Lamentablemente, a medida que nos hacemos mayores estas risas espontáneas tan auténticas van desapareciendo. En la mayoría de los casos nunca acabarán de desaparecer por completo pero la frecuencia con las que se producen baja muchísimo. Demasiado. Los adultos deberíamos copiarnos de los más pequeños en este (y muchos otros) aspectos.
Si ellos disfrutan tanto y nos hacen disfrutar a nosotros viéndolo, por qué no sumarnos a la fiesta? o mejor aún, ¿Por qué no iniciar esa fiesta nosotros mismos? Hemos de buscar situaciones que nos hagan reír como a ellos… si lo conseguimos, haremos que nuestro entorno esté más contento y relajado, tal y como consiguen los más pequeños con nosotros.
La risa de un niño es una de las mejores cosas que podemos conseguir, y lo puede hacer todo el mundo de muchísimas formas diferentes: haciendo pallasadas, jugando, cantando, cualquier cosa vale… y el resultado siempre será el mismo: RISAS. Y con las risas solo pueden venir cosas buenas…
Hagamos reír a los más pequeños, seguro que así nosotros reiremos más también.

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Empatía con los niños: Ponte en su lugar

Es muy evidente que, como padres, no tenemos la misma forma de ver las cosas que nuestros hijos; y no es ni mejor ni peor, es la nuestra (y la que nos toca). De la misma forma, los más pequeños de la casa, en sus pequeñas cabecitas, tienen la suya… y para ellos sí que es la mejor que puede existir.
El hecho de que nosotros veamos las cosas desde una perspectiva y ellos lo vean desde la suya va a hacer que más de una vez y más de dos haya discusiones desencuentros. Es inevitable. La mayoría de las veces, además, querremos imponer nuestra opinión sobre ellos como padres, educadores y bien conocedores de lo que les conviene que somos. Sin embargo es muy posible que muchas veces alguna que otra vez nos estemos equivocando y lo mismo no nos damos ni cuenta.
¿Qué es lo que ocurre? Pues que habitualmente no tenemos en cuenta su opinión ni su forma de ver la vida. ¿Por qué siempre la mayoría de veces nuestra forma de ver las cosas es la mejor? ¿Por qué intentamos aplacar o cambiar sus sentimientos cuando necesitan expresarlos de una forma concreta?
Pongámonos en su lugar por un momento; bajemos a su altura e intentemos vivir, ni que sea por un instante, su realidad. ¿Por qué está sintiendo lo que siente? ¿Por qué me está justificando algo de una manera concreta? ¿Por qué está sufriendo ese insoportable interminable berrinche?
Al final, todo radica en intentar entender por qué sienten como se sienten o por qué actúan de esa manera para intentar gestionar la situación de la mejor forma posible. Un ejemplo muy clarificador de este tipo de situaciones es cuando un pequeño se cae; la mayoría de las veces les diremos que ‘no pasa nada’, ‘eso no es nada’, llegando incluso al  ‘no llores como una niña (¿?¿?) y cosas así… pues a lo mejor para él o ella sí que es importante, se puede haber hecho daño y reclama nuestra atención para que le demos apoyo de algún modo… Lo correcto en este caso habría sido interesarnos por su estado, ver cómo podemos ayudarlo para que se sienta mejor… y no ningunear la situación que acaba de sufrir.
Ejemplos como el anterior hay miles y, como muchas otras cosas, es más fácil para los padres finiquitar la situación de la manera más rápida posible para que nos podamos dedicar a nuestros móviles otros quehaceres.
Sigamos invirtiendo tiempo en ellos; si somos empáticos con ellos, ellos también lo serán y, no me negaréis que eso no es una buena cualidad para mejorar la sociedad en la que vivimos, a que no?
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Empatía con los niños: Ponte en su lugar

Es muy evidente que, como padres, no tenemos la misma forma de ver las cosas que nuestros hijos; y no es ni mejor ni peor, es la nuestra (y la que nos toca). De la misma forma, los más pequeños de la casa, en sus pequeñas cabecitas, tienen la suya… y para ellos sí que es la mejor que puede existir.
El hecho de que nosotros veamos las cosas desde una perspectiva y ellos lo vean desde la suya va a hacer que más de una vez y más de dos haya discusiones desencuentros. Es inevitable. La mayoría de las veces, además, querremos imponer nuestra opinión sobre ellos como padres, educadores y bien conocedores de lo que les conviene que somos. Sin embargo es muy posible que muchas veces alguna que otra vez nos estemos equivocando y lo mismo no nos damos ni cuenta.
¿Qué es lo que ocurre? Pues que habitualmente no tenemos en cuenta su opinión ni su forma de ver la vida. ¿Por qué siempre la mayoría de veces nuestra forma de ver las cosas es la mejor? ¿Por qué intentamos aplacar o cambiar sus sentimientos cuando necesitan expresarlos de una forma concreta?
Pongámonos en su lugar por un momento; bajemos a su altura e intentemos vivir, ni que sea por un instante, su realidad. ¿Por qué está sintiendo lo que siente? ¿Por qué me está justificando algo de una manera concreta? ¿Por qué está sufriendo ese insoportable interminable berrinche?
Al final, todo radica en intentar entender por qué sienten como se sienten o por qué actúan de esa manera para intentar gestionar la situación de la mejor forma posible. Un ejemplo muy clarificador de este tipo de situaciones es cuando un pequeño se cae; la mayoría de las veces les diremos que ‘no pasa nada’, ‘eso no es nada’, llegando incluso al  ‘no llores como una niña (¿?¿?) y cosas así… pues a lo mejor para él o ella sí que es importante, se puede haber hecho daño y reclama nuestra atención para que le demos apoyo de algún modo… Lo correcto en este caso habría sido interesarnos por su estado, ver cómo podemos ayudarlo para que se sienta mejor… y no ningunear la situación que acaba de sufrir.
Ejemplos como el anterior hay miles y, como muchas otras cosas, es más fácil para los padres finiquitar la situación de la manera más rápida posible para que nos podamos dedicar a nuestros móviles otros quehaceres.
Sigamos invirtiendo tiempo en ellos; si somos empáticos con ellos, ellos también lo serán y, no me negaréis que eso no es una buena cualidad para mejorar la sociedad en la que vivimos, a que no?
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Empatía con los niños: Ponte en su lugar

Es muy evidente que, como padres, no tenemos la misma forma de ver las cosas que nuestros hijos; y no es ni mejor ni peor, es la nuestra (y la que nos toca). De la misma forma, los más pequeños de la casa, en sus pequeñas cabecitas, tienen la suya… y para ellos sí que es la mejor que puede existir.
El hecho de que nosotros veamos las cosas desde una perspectiva y ellos lo vean desde la suya va a hacer que más de una vez y más de dos haya discusiones desencuentros. Es inevitable. La mayoría de las veces, además, querremos imponer nuestra opinión sobre ellos como padres, educadores y bien conocedores de lo que les conviene que somos. Sin embargo es muy posible que muchas veces alguna que otra vez nos estemos equivocando y lo mismo no nos damos ni cuenta.
¿Qué es lo que ocurre? Pues que habitualmente no tenemos en cuenta su opinión ni su forma de ver la vida. ¿Por qué siempre la mayoría de veces nuestra forma de ver las cosas es la mejor? ¿Por qué intentamos aplacar o cambiar sus sentimientos cuando necesitan expresarlos de una forma concreta?
Pongámonos en su lugar por un momento; bajemos a su altura e intentemos vivir, ni que sea por un instante, su realidad. ¿Por qué está sintiendo lo que siente? ¿Por qué me está justificando algo de una manera concreta? ¿Por qué está sufriendo ese insoportable interminable berrinche?
Al final, todo radica en intentar entender por qué sienten como se sienten o por qué actúan de esa manera para intentar gestionar la situación de la mejor forma posible. Un ejemplo muy clarificador de este tipo de situaciones es cuando un pequeño se cae; la mayoría de las veces les diremos que ‘no pasa nada’, ‘eso no es nada’, llegando incluso al  ‘no llores como una niña (¿?¿?) y cosas así… pues a lo mejor para él o ella sí que es importante, se puede haber hecho daño y reclama nuestra atención para que le demos apoyo de algún modo… Lo correcto en este caso habría sido interesarnos por su estado, ver cómo podemos ayudarlo para que se sienta mejor… y no ningunear la situación que acaba de sufrir.
Ejemplos como el anterior hay miles y, como muchas otras cosas, es más fácil para los padres finiquitar la situación de la manera más rápida posible para que nos podamos dedicar a nuestros móviles otros quehaceres.
Sigamos invirtiendo tiempo en ellos; si somos empáticos con ellos, ellos también lo serán y, no me negaréis que eso no es una buena cualidad para mejorar la sociedad en la que vivimos, a que no?
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Próximo destino: Fiordos de Noruega

En poco más de un mes comenzaremos una experiencia de las que creemos que dejan huella; a finales de agosto saldremos rumbo a Noruega y sus fiordos.
Cuando buscábamos destino para las vacaciones veraniegas este bello país nórdico no entraba en nuestros planes; de hecho, planeábamos un viaje totalmente diferente en un destino completamente opuesto al que vamos a acabar haciendo. Al final las cosas no van como uno se espera y, con el tiempo algo justo, tuvimos que buscar otra cosa. Tras recorrer virtualmente medio mundo y ver con bastante pavor que para muchos sitios ya íbamos muy tarde, acabamos decidiéndonos por las amplias posibilidades que nos ofrecía Noruega. Y no podemos estar más contentos con esta decisión ahora que tenemos decidido qué es lo que vamos a visitar.
Haremos una ruta de 15 días entrando y saliendo por la ciudad de Bergen: Nada más llegar, recogeremos un coche de alquiler y nos dirigiremos hacia Stavanger donde pasaremos las dos primeras noches; conoceremos la ciudad y al día siguiente subiremos al púlpito en familia; seguidamente, durante nuestro periplo hacia Sognefjord aprovecharemos para visitar las primeras cascadas y alguna que otra iglesia de madera de las muchas que hay por el país.
Bergen
El Púlpito (Preikestolen)
Por supuesto, y como no podía ser de otra forma, haremos el crucero GudvangenFlam y lo enlazaremos con el famosísimo tren que sube serpenteando las montañas hasta Myrdal, desde donde volveremos a Gudvangen, que será nuestra base de operaciones en esa zona.
El famoso tren de Flam
Seguiremos subiendo, pasando por el glaciar Nigardsbreen, recorreremos la zona de Jotunheimen y llegaremos hasta la Trollstigen (Ruta de los Trolls). Nuestro punto más lejano será la ciudad de Alesund, en la que pasaremos un par de noches.
La carretera de los Trolls
La bella Alesund
A partir de ahí, comenzaremos el recorrido de vuelta, disfrutando del que dicen es el fiordo más bonito del mundo (Geiranger), visitando el glaciar Boyabreen y, pasando por Voss, acabaremos nuestro viaje conociendo y disfrutando los encantos de la ciudad de Bergen.
Geiranger
Glaciar Boyabreen
Un viaje completito, no creéis?
Dentro de unas semanas os lo contaremos en directo!
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Qué ver en Terrassa

Siempre ando hablando de lugares lejanos y hoy ha llegado el momento de hablaros un poco de la ciudad que me vio nacer y en la que vivo junto a mi familia… Barcelona es una sombra muy larga que parece que lo eclipsa todo, pero nuestra ciudad tiene muchas cosas para ver y disfrutar y en este post os voy a explicar las más interesantes (bajo mi punto de vista):

Masia Freixa

Sin duda alguna, el icono de la ciudad y sede de la oficina de turismo; una de las representaciones más espectaculares del modernismo de Lluis Muncunill rodeado por unos jardines que hoy en día forman el Parc de Sant Jordi.
Tenéis más información aquí.


Casa Alegre de Sagrera

Siempre me ha llamado la atención esta casa; ubicada en pleno centro es fácil que pase desapercibida. Sin embargo, en su interior es posible ver cómo vivía una familia burguesa a principios del siglo XX y pasear por sus espléndidos jardines.
Puedes ampliar la información aquí.

Museu de la Ciència i la Tècnica de Catalunya (Mnactec)

Fantástico museo emplazado en el vapor Aymerich, Amat i Jové; ya solo por el edificio en el que se encuentra merece la pena una visita (y si tenéis la suerte de poder subir a su tejado, aún más). En su interior, multitud de exposiciones, unas temporales y otras permanentes, como por ejemplo La fábrica Textil, enérgia, Homo Faber o el Cuerpo Humano. Cómo soy yo. Es ideal para una visita en familia.

Centro de documentación y museo textil

Otro de los ‘grandes’ museos de la ciudad; la historia de Terrassa va muy ligada al mundo textil y este hecho dejó una huella importante que aún hoy perdura en multitud de lugares de la ciudad; en este museo es posible encontrar todo lo relacionado con el mundo de los tejidos con exposiciones temporales.

Seu d’Egara

Si la Masia Freixa es el icono de la ciudad, la Seu d’Ègara es la joya de la corona. Se trata de un conjunto monumental único en Europa formado por 3 iglesias románicas de los siglos V a VIII excelentemente conservado. Desde hace algunos meses se está trabajando para presentar candidatura a la Unesco para que lo incluya en su lista de patrimonio de la humanidad.

Castell Cartoixa de Vallparadís

Sede central del Museu de Terrassa, en este pequeño castillo al pie de uno de los parques urbanos más grandes de Catalunya (el parc de Vallparadís) es posible visitar sus estancias mientras se conoce un poco más la historia de la ciudad.
Más información aquí.

Torre del Palau

Esta torre es el último vestigio en pie de la que antiguamente fue el Castell-Palau de Terrassa que fue mandado derruir en el año 1891 por el último propietario del mismo. Situada en pleno centro de la ciudad es posible visitarla (de forma guiada) y disfrutar de unas vistas privilegiadas de la ciudad.
Más información aquí

Bòbila Almirall


La mayor escalera de caracol exterior del mundo según el libro Guiness de los récords es una buena carta de presentación; esta chimenea de 63,5 metros de altitud y 217 escalones construida en el año 1956 es otro de los emblemas de la ciudad, haciendo recordar el pasado industrial de la ciudad.
No están todos los que son pero sí que son todos los que están.
Si tenéis la oportunidad, no dudéis en venir a visitar Terrassa; pasaréis un día diferente y, seguramente, os sorprenderá gratamente.
Más información en:
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Momentos de uno… y de dos

Vamos de bólido, sincronizando relojes, corriendo de un lugar a otro, dedicando una parte importante del día a trabajar y la otra a nuestros hijos y su órbita y así, de un plumazo, nosotros dejamos de existir pasamos a un segundo plano y muchas veces nos sentimos agobiados, sobrepasados por la situación y buscando un poco de aire.
Afortunadamente lo normal es que, si nos ponemos a analizar nuestro día, veamos que no es del todo cierto; en mayor o menor medida, los adultos, juntos o separados, buscamos un hueco para tener nuestro momento.
Mi momento del día comienza a eso de las 22.00 (si todo va como debería); todos duermen, la faena de la casa está abandonada controlada y, por fin, me puedo sentar en el sofá un rato justo antes de hacer La ronda nocturna. Es en ese rato en el que todo está en silencio cuando reviso cosas que han quedado pendientes durante el día, preparo algo para los blogs (por si no lo recordáis, también tengo otro blog dedicado a actividades y viajes en familia: www.conpequessepuede.com), veo algo en la tele si me interesa o cualquier otra actividad que me venga en gana.
El momento del día de la supermami es por la tarde, cuando llega de trabajar a eso de las 15.00… desde que acaba de comer hasta las 16.30 lo dedica a ver alguna serie, leer algo o, por qué no, descansar sin ningún objetivo más que ese… disfrutando de una tranquilidad que se verá dilapidada en pocas horas.
Eh, un momento! Si nosotros dos juntos formábamos una pareja! Pues tendremos que dedicarnos un rato, no? Entre semana esos momentos se reducen al poco rato que coincidimos sin niños cuando están ya acostados y andamos recogiendo bártulos, así que no es de lo más glamouroso… Nuestros momentos, si no hay compromisos sociales de por medio, los tenemos las noches de los fines de semana; sofá, cena tranquila tras la tempestad… quizás alguna copa… Incluso, en algunos momentos muy puntuales, recurrimos a tíos / abuelos para dedicarnos una celebración especial o ir al cine a ver una película que no sea infantil.
No podemos ser durante 24 horas únicamente padres, así que por nuestro bien mental y personal, en algunos momentos debemos dedicarnos ratos a nosotros mismos. Es difícil encontrarlos, pero eso no quiere decir que no existan.
¿Y para vosotros, cuándo es ese momento del día?
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¿Qué valoramos cuando buscamos los alojamientos?

Ahora que vamos en familia, cuando buscamos alojamiento para nuestros viajes lo hacemos basándonos en unos criterios que nos permitan asegurar unos mínimos. Entre ellos, los más importantes son los siguientes:
Buena valoración por familias: ya sea utilizando Booking, TripAdvisor, Airbnb o la web que sea, revisamos las opiniones de los que lo han visitado antes basándonos principalmente en lo que dicen las familias; al final, los requisitos que puede tener una pareja o un grupo de amigos no son los mismos que alguien que viaja con niños pequeños. Tenemos muy en cuenta conceptos como la limpieza o la amabilidad de los propietarios/trabajadores así como un espacio cómodo para todos.


Relación calidad-precio: Intentamos ser coherentes con los lugares en los que nos alojamos teniendo en cuenta el precio medio de los alojamientos en esa zona. Nuestra intención es siempre ir al alojamiento más económico y mejor valorado con los criterios del punto anterior.
Bien situado: Relacionado con los dos puntos anteriores, si el lugar es fantástico pero está muy lejos y/o no hay buenas combinaciones para visitar o conocer la zona tampoco nos sirve de mucho. Hay que valorar muy bien qué cuesta desplazarse del alojamiento hasta el lugar a conocer, cuántas veces se va a hacer, cuánto se tarda y todo ello ponerlo en la balanza con lo que puede costar alojarse en algún lugar más cercano (y seguramente más caro).
Disponibilidad de wifi: Cuando viajas al extranjero, la wifi puede dar algunos ratos de tranquilidad permitiendo que, con la tablet, el móvil o el portátil, los más pequeños puedan disfrutar de dibujos animados tal y como lo hacen en casa; por mucho que vean cualquier cosa, ver unos dibujos en Croata, Checo o francés no tendrá el mismos interés para ellos…
Cocina / Habitaciones separadas: Una pequeña zona de cocina puede dar un respiro en la, a veces, cansada búsqueda de lugares para comer/cenar durante muchos días. Asimismo, tener la zona de dormir separada de la de estar permitirá a los adultos no tener que irse a dormir a la misma hora que los pequeños y disfrutar de un rato de tranquilidad y desconexión.
Baño privado: El hecho de compartir baño disminuye mucho el coste de un alojamiento pero viajando con niños pequeños, el no disponer de él es algo engorroso, así que preferimos pagar un poco más por él. 

Y estas son nuestras prioridades en la búsqueda de un alojamiento. ¿Son las mejores? No, son las nuestras 😉
Vosotros, ¿qué cosas tenéis en cuenta cuando viajais con vuestros hijos?
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Castigos ¿Sí o no?

¿El castigo como recurso para educar es adecuado? 
En casa no somos de aplicar castigos prácticamente nunca, aunque eso no significa que vivamos sin normas y que algunos actos no tengan sus consecuencias. 
¿Qué diferencia hay entre castigo y consecuencia?
Es una línea fina, no nos vamos a engañar; al final, lo normal es que los castigos sean también consecuencia de algunos actos o situaciones; no obstante, un castigo normalmente es un ataque a la moral o a los sentimientos de la persona que lo sufre (y la mayoría de las veces también supone un sentimiento de culpa al que lo impone) y es algo muy tajante. Muchas veces, además, no tiene relación con el hecho que ha provocado ese castigo. Las consecuencias, en cambio, son actos que se derivan de acciones concretas y conocidas, normalmente a partir de unas nombras establecidas (ya sabes que si no recoges no podrás mirar la tele). Además, las consecuencias nunca van a ser tan duras o agresivas como un castigo; como no se ha cumplido una parte del trato establecido, no se puede tener algo.
Muchas veces los castigos van de la mano de las amenazas, de las que ya os hablé hace algunas semanas; las consecuencias, en cambio, vendrán precedidas por avisos que informen del incumplimiento de las normas.
Hemos visto en algunos casos que hay gente que abusa del castigo: te quedas sin merienda, no puedes jugar, te vas a una habitación solo a pensar en lo que has hecho (¿?). Si ya de normal pensamos que son poco efectivos, si se producen de forma continuada aún lo serán menos… total, al final van a acabar castigados hagan lo que hagan. Creemos que esto hace que los niños tengan menos respeto a las normas.
Los castigos no nos parecen una herramienta adecuada, pero eso no quiere decir que nunca los hayamos usado; las contadísimas situaciones en las que hemos puesto en práctica algo del estilo ha sido tan traumático para nuestra hija que no hemos sido capaces de llevarlo hasta al final. Simplemente con tenerla sentada en algún sitio 5 minutos es ya una humillación tan grande que lo pasa fatal. No vemos necesidad en que pase por esas situaciones para que aprenda la lección.
Acostumbrémonos a hablar, a explicar las cosas; no olvidemos que muchas veces estamos tratando con pequeños seres humanos que pueden no estar entendiendo todo lo que les estamos pidiendo; tengamos paciencia y aplaquemos los nervios como podamos. Y, si no podemos, dejemos que gestione la situación otra persona o desahoguémonos 2 minutos en el lavabo encerrados, pero intentemos que la ira que puede desatarse en algunos momentos no nos haga hacer cosas de las que nos podemos arrepentir.
Ojo! Aquí únicamente he estado hablando de los castigos verbales… si ya me parecen crueles poco adecuados éstos, imaginaos qué pienso de los físicos: Una atrocidad.
Y vosotros, conseguís usar las consecuencias? O acabáis castigando?
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Errores que cometimos viajando con bebés

Hace pocos días hablaba con una amiga que es madre reciente. Ella y su pareja siempre han sido de viajar mucho y pretenden seguir haciéndolo, adaptándose un poco a su nueva realidad.
Estuvimos hablando sobre destinos, qué hacer, qué no hacer, qué llevar y qué no llevar… lo que me dio la idea de este post. Me vino a la mente aquel primer viaje que hicimos a Menorca con nuestra pequeña de menos de un año… lo estuve analizando y, ahora que ya llevamos algunos más, tuve claras cosas que no volvería a hacer; os las enumero aquí para que las tengáis en cuenta en vuestros viajes con niños pequeños.
1. Llevar comida preparada:
Una de las razones para escoger Menorca en nuestro primer viaje con niños fue que podíamos llevarnos el coche, lo que facilitaba el traslado de un lugar a otro. Por aquel entonces la pequeña estaba en el cambio de comer comida triturada a empezar con los trocitos… pues nos llevamos una nevera portátil llena de comida ya preparada! Luego nos arrepentimos mucho; al final lo más sencillo habría sido llevarnos algo de comida para el viaje y luego en el destino ya comprar los ingredientes y preprarlo alli (que es lo que hicimos los últimos días).
2. Llevar muchos pañales:



Casi una maleta entera llena de pañales llevábamos… Al ir en ferry con el coche no importaba mucho el numero de bultos, pero en otros medios de transporte habría sido todo un incordio… Más adelante nos dimos cuenta que, curiosidades de la vida, en Menorca también los venden, así que mejor llevar algunos para el viaje y de reserva y comprar un paquete en el destino.

3. Cargarnos de juguetes:

Situación similar a la de los pañales: Llevábamos una bolsa bien grande llena de los juguetes de la pequeña… a los que prácticamente no les hizo ni caso; evidentemente, algún juguete / cuento / entretenimiento hay que llevar, pero algo que sea fácil de transportar, no todo el arsenal.
4. Pensar que nos mudamos:
Los dichosos ‘Por si acaso’ nos hacen ir demasiado cargados, y si el viaje es con niños aún más; al final hay que intentar ser coherente con lo que hay que llevar de ropa y calzado (ocupa mucho!) y, cubriendo todas las posibilidades, llevar lo justo. Es preferible dar un remojado a algo que cargar con una maleta más. Al principio cuesta (nosotros aún estamos en ello…).
5. Horarios muy estrictos:


Es bueno que los más pequeños tengan unas rutinas de sueño y comidas, pero no nos olvidemos que estamos de vacaciones y, a veces, pueden verse alterados por causas que escapan a nuestro control, así que mejor no agobiarse con ello; intentar cumplirlo, sí… perder la vida por ello, no haría falta. Al final, tampoco es muy difícil que el pequeño o la pequeña duerman o coman en un sitio u otro.
Pues eso, que ya es suficiente con que nosotros hayamos sufrido estas ‘novatadas’… a ver si evitamos a otras familias que las pasen 😛
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La puerta

La entrada a casa es la entrada a una nueva dimensión. Es el cambio de la relajación a la tensión. Es el paso de familia feliz a familia tensa.
La escena se repite a diario. A veces, incluso, más de una vez: Salimos del ascensor, normalmente gritando e intentando mantener el control jugando y haciendo bromas; el HermanoMenor se va directo hacia el timbre; ante nuestras advertencias de que no lo toque, se gira, ríe y deja el dedo apretado indefinidamente hasta que le quitamos la mano. A continuación alguno de los adultos nos hacemos sitio para abrir la puerta, entramos y…
No, la puerta no es esta 😛
… El HermanoMenor pasa de ser uno de los seres más contentos en la faz de la tierra a ponerse a llorar como un desesperado, inconsolable y muchas veces intercalando un mamaaaaaaa
Todo el buenrrollismo que traíamos de la calle se queda en el rellano; esos desgarradores gritos hace que la tensión vaya en aumento a medida que pasan los minutos; es imposible muy difícil no entrar en el círculo vicioso; a los pocos minutos de vivir en esta fiesta de gritos y lloros empiezan a entrarnos las prisas para encarrilar las cosas que se han quedado pendientes y hacer que los pequeños se puedan ir a descansar, a comer o lo que corresponda; la HermanaMayor normalmente se pone a jugar y no atiende a razones para que colabore a que algo de lo que teníamos previsto funcione, pero bueno, ella tampoco tiene mucho que ver en esta historia.
Y todo ello es culpa de la puerta, la dichosa puerta de entrada al piso; qué debe haber en ella que hace cambiar de humor al pequeño de la casa tan fugaz y fácilmente? Detecta alguna extraña vibración? Hay una atmósfera tensa? Sea lo que sea, igual es digno de Iker Jiménez.
Lo curioso de todo es que no tenemos manera de evitarlo… no podemos entrar por otro lugar ni cambiar la puerta, así que ahí andamos, con la esperanza de que cada vez que cruzamos la puerta no se desencadene el cataclismo.
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#ElTemaDeLaSemana8: Me arrepiento de…

¿Es bueno arrepentirse de las cosas cuando ya no las puedes cambiar? Creo que para lo único que sirve es para aprender, para saber cómo no actuar en el futuro; personalmente también me genera un sentimiento de culpa al darme cuenta de lo mal que he gestionado ciertas situaciones.
¿Me arrepiento de cosas? Pues sí… sobre todo de ser un bocazas y demasiado intransigente en algunas situaciones. Viéndolo en perspectiva, ahora no lo haría así y ya hace tiempo que intento mejorar esa actitud.
Centrándome básicamente en la paternidad me arrepiento de dos cosas: Por un lado, de no haber sido de suficiente ayuda en algunos momentos para la súpermami; de colaborar, de alguna forma, a que vaya tan desbordada . Por otro lado me arrepiento, muchas veces instantáneamente, al decirles una palabra malsonante a alguno de nuestros hijos; bajo mi punto de vista, nunca está justificado una actitud de ese tipo y, como padres, nunca deberíamos perder el control (creo que esto es una utopía :P).

Como humanos que somos nos equivocamos, y nos equivocaremos siempre… así que aprendamos de ello.

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