Crianza sin apellidos: Ser o parecer

*por Olga Carmona

«…Percibo que somos percibidos como padres caóticos, por momentos negligentes, que no educan, que favorecen una suerte de libertinaje infantil, que nos tiranizan ahora o más adelante, que nuestras vidas se han llenado de nuestros hijos porque estaban huecas y vacías, y que éstos  serán seres marginales del sistema por culpa de estos padres que a nada les obligan  ni enseñan respeto.»

**


Ibamos en el coche, una tarde noche cualquiera, todos muy cansados. Los niños atrás gritando como poseídos, evidentemente sobreexcitados por el cansancio, su padre y yo no podíamos articular una sola palabra que pudiera ser escuchada por el otro, ni por ellos. En un alarde de rebajar ese nivel de estrés sin aumentarlo ni dejarnos llevar por él, planteamos el siguiente intercambio de roles a los niños: “atención, nosotros vamos a ser los hijos y vosotros los padres”, así que ni cortos ni perezosos, su padre y yo nos pusimos a chillar, lloriquerar, pedir cosas, reclamar atención, pelearnos… todo esto aliñado con unos considerables niveles de decibelios.  

En la parte de atrás del coche se hizo un silencio absoluto, aunque corto. Ella, con 4 años, empieza a intentar calmarnos y comunicarse con claros signos de impotencia. El, rompe a llorar desconsolado. Llora y verbaliza entre lágrimas y mocos: “no quiero jugar a esto, si vosotros sois los hijos, quien nos cuidará, quienes serán nuestros padres,  somos niños, no quiero jugar a esto, me asusta.”

Nuestros hijos no son nuestros amigos. Y no quieren serlo.


Crianza positiva, crianza respetuosa, crianza humanizada, crianza de apego… no me gustan los apellidos, aunque sean estos. CRIANZA es CRIANZA y efectivamente debe ser respetuosa, debe ser humana, debe ser basada en el apego. Lo otro es adiestramiento, lo otro es despotismo ilustrado, lo otro es abuso de poder.


Tampoco me gusta el pack, como si los padres que educamos y criamos desde este lugar debiéramos someternos a una serie de requisitos de toda índole para encajar dentro de la ortodoxia respetuosa, que de mediocridad y tópicos también va servida.



Percibo que somos percibidos como padres caóticos, por momentos negligentes, que no educan, que favorecen una suerte de libertinaje infantil, que nos tiranizan ahora o más adelante, que nuestras vidas se han llenado de nuestros hijos porque estaban huecas y vacías, y que éstos  serán seres marginales del sistema por culpa de estos padres que a nada les obligan  ni enseñan respeto.


Suponen que confundimos contener con consentir. Si, señores, yo contengo a mis hijos cuando necesitan ser contenidos en su decepción, en su frustración, en su miedo, en su soledad, en su incomprensión del mundo, los contengo con el abrazo, con el silencio o con la palabra, con la caricia, con la presencia, con la mirada. Y no, no les consiento aquello que demandan y no necesitan, aquello que quieren pero considero que les daña, aquello que me piden y no les ayuda a crecer. No, no les consiento que falten al respeto a otro ser vivo, que tiren un papel al suelo o levante la voz a nadie. No, no les consiento que callen una agresión y no busquen ayuda. Contener no es consentir.


Suponen que confundimos firmeza con severidad. La severidad, es verdad, no forma parte de nuestro planteamiento vital y muchos menos con aquellos a quienes amamos. Firmeza como coherencia, sí. Firmeza cuando he dado mi palabra para bien o para mal, si. Firmeza cuando he tomando una decisión y la mantengo. Firmeza porque con ella estoy transmitiendo consistencia y coherencia. Firmeza en lo que hago y digo porque de ella depende, también, su seguridad. ¿Severidad no es el eufemismo de sadismo?

Suponen que ser flexible es ser permisivo.
 

Suponen que ser seguro es ser autoritario.


Suponen que sin castigos no hay aprendizaje.


Suponen que el respeto nace del miedo, no del amor y la tolerancia y la admiración.


Suponen que la libertad se ejerce, cuando uno es mayor, como si de una ciencia infusa se tratara, como si no se aprendiera desde la cuna, como si no se ensayara, como si no consistiera en años de aprendizaje y consecuencias.


Suponen que reconocer nuestros errores nos debilita y descalifica ante su mirada, como si tuviéramos que ser el padre todopoderoso más divino que humano y por tanto más inaccesible, más alejado, más intocable, menos verdad.


La CRIANZA desde este lugar de empatía, respeto e igualdad responde a una profunda filosofía de vida que se extiende más allá de los hijos, que nos define como seres humanos y filtra nuestra forma de ver y aprehender el mundo. Si esta mirada empática, sensible, respetuosa y humilde de ver la vida y su magia no nos empapa y no nos corre por las venas, no hay paradigma educativo que sirva, simplemente porque no lo vamos a poder transmitir. 

Esto no es un decálogo de buenas prácticas en crianza, esto es una forma de vivir, una forma de sentir que, cuando llegan los hijos, se convierte entonces, en una forma de amar.


**Fotografía By Danilo Rizzuti, published on 19 April 2010
Stock Image – image ID: 10015035

http://www.freedigitalphotos.net/images/Gestures_g185-Child_Asks_Help_Mum_Mother_2_p15035.html

Sigue leyendo ->

Crianza sin apellidos: Ser o parecer

*por Olga Carmona

«…Percibo que somos percibidos como padres caóticos, por momentos negligentes, que no educan, que favorecen una suerte de libertinaje infantil, que nos tiranizan ahora o más adelante, que nuestras vidas se han llenado de nuestros hijos porque estaban huecas y vacías, y que éstos  serán seres marginales del sistema por culpa de estos padres que a nada les obligan  ni enseñan respeto.»

**


Ibamos en el coche, una tarde noche cualquiera, todos muy cansados. Los niños atrás gritando como poseídos, evidentemente sobreexcitados por el cansancio, su padre y yo no podíamos articular una sola palabra que pudiera ser escuchada por el otro, ni por ellos. En un alarde de rebajar ese nivel de estrés sin aumentarlo ni dejarnos llevar por él, planteamos el siguiente intercambio de roles a los niños: “atención, nosotros vamos a ser los hijos y vosotros los padres”, así que ni cortos ni perezosos, su padre y yo nos pusimos a chillar, lloriquerar, pedir cosas, reclamar atención, pelearnos… todo esto aliñado con unos considerables niveles de decibelios.  

En la parte de atrás del coche se hizo un silencio absoluto, aunque corto. Ella, con 4 años, empieza a intentar calmarnos y comunicarse con claros signos de impotencia. El, rompe a llorar desconsolado. Llora y verbaliza entre lágrimas y mocos: “no quiero jugar a esto, si vosotros sois los hijos, quien nos cuidará, quienes serán nuestros padres,  somos niños, no quiero jugar a esto, me asusta.”

Nuestros hijos no son nuestros amigos. Y no quieren serlo.


Crianza positiva, crianza respetuosa, crianza humanizada, crianza de apego… no me gustan los apellidos, aunque sean estos. CRIANZA es CRIANZA y efectivamente debe ser respetuosa, debe ser humana, debe ser basada en el apego. Lo otro es adiestramiento, lo otro es despotismo ilustrado, lo otro es abuso de poder.


Tampoco me gusta el pack, como si los padres que educamos y criamos desde este lugar debiéramos someternos a una serie de requisitos de toda índole para encajar dentro de la ortodoxia respetuosa, que de mediocridad y tópicos también va servida.



Percibo que somos percibidos como padres caóticos, por momentos negligentes, que no educan, que favorecen una suerte de libertinaje infantil, que nos tiranizan ahora o más adelante, que nuestras vidas se han llenado de nuestros hijos porque estaban huecas y vacías, y que éstos  serán seres marginales del sistema por culpa de estos padres que a nada les obligan  ni enseñan respeto.


Suponen que confundimos contener con consentir. Si, señores, yo contengo a mis hijos cuando necesitan ser contenidos en su decepción, en su frustración, en su miedo, en su soledad, en su incomprensión del mundo, los contengo con el abrazo, con el silencio o con la palabra, con la caricia, con la presencia, con la mirada. Y no, no les consiento aquello que demandan y no necesitan, aquello que quieren pero considero que les daña, aquello que me piden y no les ayuda a crecer. No, no les consiento que falten al respeto a otro ser vivo, que tiren un papel al suelo o levante la voz a nadie. No, no les consiento que callen una agresión y no busquen ayuda. Contener no es consentir.


Suponen que confundimos firmeza con severidad. La severidad, es verdad, no forma parte de nuestro planteamiento vital y muchos menos con aquellos a quienes amamos. Firmeza como coherencia, sí. Firmeza cuando he dado mi palabra para bien o para mal, si. Firmeza cuando he tomando una decisión y la mantengo. Firmeza porque con ella estoy transmitiendo consistencia y coherencia. Firmeza en lo que hago y digo porque de ella depende, también, su seguridad. ¿Severidad no es el eufemismo de sadismo?

Suponen que ser flexible es ser permisivo.
 

Suponen que ser seguro es ser autoritario.


Suponen que sin castigos no hay aprendizaje.


Suponen que el respeto nace del miedo, no del amor y la tolerancia y la admiración.


Suponen que la libertad se ejerce, cuando uno es mayor, como si de una ciencia infusa se tratara, como si no se aprendiera desde la cuna, como si no se ensayara, como si no consistiera en años de aprendizaje y consecuencias.


Suponen que reconocer nuestros errores nos debilita y descalifica ante su mirada, como si tuviéramos que ser el padre todopoderoso más divino que humano y por tanto más inaccesible, más alejado, más intocable, menos verdad.


La CRIANZA desde este lugar de empatía, respeto e igualdad responde a una profunda filosofía de vida que se extiende más allá de los hijos, que nos define como seres humanos y filtra nuestra forma de ver y aprehender el mundo. Si esta mirada empática, sensible, respetuosa y humilde de ver la vida y su magia no nos empapa y no nos corre por las venas, no hay paradigma educativo que sirva, simplemente porque no lo vamos a poder transmitir. 

Esto no es un decálogo de buenas prácticas en crianza, esto es una forma de vivir, una forma de sentir que, cuando llegan los hijos, se convierte entonces, en una forma de amar.


**Fotografía By Danilo Rizzuti, published on 19 April 2010
Stock Image – image ID: 10015035

http://www.freedigitalphotos.net/images/Gestures_g185-Child_Asks_Help_Mum_Mother_2_p15035.html

Sigue leyendo ->

Crianza sin apellidos: Ser o parecer

*por Olga Carmona

«…Percibo que somos percibidos como padres caóticos, por momentos negligentes, que no educan, que favorecen una suerte de libertinaje infantil, que nos tiranizan ahora o más adelante, que nuestras vidas se han llenado de nuestros hijos porque estaban huecas y vacías, y que éstos  serán seres marginales del sistema por culpa de estos padres que a nada les obligan  ni enseñan respeto.»

**


Ibamos en el coche, una tarde noche cualquiera, todos muy cansados. Los niños atrás gritando como poseídos, evidentemente sobreexcitados por el cansancio, su padre y yo no podíamos articular una sola palabra que pudiera ser escuchada por el otro, ni por ellos. En un alarde de rebajar ese nivel de estrés sin aumentarlo ni dejarnos llevar por él, planteamos el siguiente intercambio de roles a los niños: “atención, nosotros vamos a ser los hijos y vosotros los padres”, así que ni cortos ni perezosos, su padre y yo nos pusimos a chillar, lloriquerar, pedir cosas, reclamar atención, pelearnos… todo esto aliñado con unos considerables niveles de decibelios.  

En la parte de atrás del coche se hizo un silencio absoluto, aunque corto. Ella, con 4 años, empieza a intentar calmarnos y comunicarse con claros signos de impotencia. El, rompe a llorar desconsolado. Llora y verbaliza entre lágrimas y mocos: “no quiero jugar a esto, si vosotros sois los hijos, quien nos cuidará, quienes serán nuestros padres,  somos niños, no quiero jugar a esto, me asusta.”

Nuestros hijos no son nuestros amigos. Y no quieren serlo.


Crianza positiva, crianza respetuosa, crianza humanizada, crianza de apego… no me gustan los apellidos, aunque sean estos. CRIANZA es CRIANZA y efectivamente debe ser respetuosa, debe ser humana, debe ser basada en el apego. Lo otro es adiestramiento, lo otro es despotismo ilustrado, lo otro es abuso de poder.


Tampoco me gusta el pack, como si los padres que educamos y criamos desde este lugar debiéramos someternos a una serie de requisitos de toda índole para encajar dentro de la ortodoxia respetuosa, que de mediocridad y tópicos también va servida.



Percibo que somos percibidos como padres caóticos, por momentos negligentes, que no educan, que favorecen una suerte de libertinaje infantil, que nos tiranizan ahora o más adelante, que nuestras vidas se han llenado de nuestros hijos porque estaban huecas y vacías, y que éstos  serán seres marginales del sistema por culpa de estos padres que a nada les obligan  ni enseñan respeto.


Suponen que confundimos contener con consentir. Si, señores, yo contengo a mis hijos cuando necesitan ser contenidos en su decepción, en su frustración, en su miedo, en su soledad, en su incomprensión del mundo, los contengo con el abrazo, con el silencio o con la palabra, con la caricia, con la presencia, con la mirada. Y no, no les consiento aquello que demandan y no necesitan, aquello que quieren pero considero que les daña, aquello que me piden y no les ayuda a crecer. No, no les consiento que falten al respeto a otro ser vivo, que tiren un papel al suelo o levante la voz a nadie. No, no les consiento que callen una agresión y no busquen ayuda. Contener no es consentir.


Suponen que confundimos firmeza con severidad. La severidad, es verdad, no forma parte de nuestro planteamiento vital y muchos menos con aquellos a quienes amamos. Firmeza como coherencia, sí. Firmeza cuando he dado mi palabra para bien o para mal, si. Firmeza cuando he tomando una decisión y la mantengo. Firmeza porque con ella estoy transmitiendo consistencia y coherencia. Firmeza en lo que hago y digo porque de ella depende, también, su seguridad. ¿Severidad no es el eufemismo de sadismo?

Suponen que ser flexible es ser permisivo.
 

Suponen que ser seguro es ser autoritario.


Suponen que sin castigos no hay aprendizaje.


Suponen que el respeto nace del miedo, no del amor y la tolerancia y la admiración.


Suponen que la libertad se ejerce, cuando uno es mayor, como si de una ciencia infusa se tratara, como si no se aprendiera desde la cuna, como si no se ensayara, como si no consistiera en años de aprendizaje y consecuencias.


Suponen que reconocer nuestros errores nos debilita y descalifica ante su mirada, como si tuviéramos que ser el padre todopoderoso más divino que humano y por tanto más inaccesible, más alejado, más intocable, menos verdad.


La CRIANZA desde este lugar de empatía, respeto e igualdad responde a una profunda filosofía de vida que se extiende más allá de los hijos, que nos define como seres humanos y filtra nuestra forma de ver y aprehender el mundo. Si esta mirada empática, sensible, respetuosa y humilde de ver la vida y su magia no nos empapa y no nos corre por las venas, no hay paradigma educativo que sirva, simplemente porque no lo vamos a poder transmitir. 

Esto no es un decálogo de buenas prácticas en crianza, esto es una forma de vivir, una forma de sentir que, cuando llegan los hijos, se convierte entonces, en una forma de amar.


**Fotografía By Danilo Rizzuti, published on 19 April 2010
Stock Image – image ID: 10015035

http://www.freedigitalphotos.net/images/Gestures_g185-Child_Asks_Help_Mum_Mother_2_p15035.html

Sigue leyendo ->

Entrenamiento con videojuegos

Hay una frase famosa que dice que los varones juegan durante toda su vida, lo que va aumentando es el precio de los juguetes a través de los años. En esta charla TED, Daphne Bavelier nos cuenta que eso es bueno en el caso de los videojuegos. Claro que tiene sus bemoles, pero nos da […]

Sigue leyendo ->

Tumbas

¿Tumbas? ¿Qué me viene a la mente al leer esa palabra? Pues ahora mismo me viene París, por la monstruosa tumba de Napoleón, la de Jim Morrison, la de Chopin, la de… en París hay miles de tumbas importantes, pienso. También se me ocurre pensar en Ernesto Sabato y ‘Sobre héroes y tumbas’. Lo leí hace décadas y casi no recuerdo nada. Salía una muchacha llamada Alejandra. Me enamoré de ella, claro. Pienso en las tumbas que con los años he visto abrir y cerrar. Bueno, quizá me equivoco: ¿Un nicho es una tumba? También en la expresión “a tumba abierta”, en crónicas ciclistas narrando el descenso del, por ejemplo, el Galibier, y los tópicos deportivos. En la tumba de no recuerdo qué rey: es en realidad una bañera aunque haga las veces de tumba. Está en el Monasterio de Santes Creus. La bañera-tumba está hecha de pórfido: desde pequeño recuerdo el nombre de ese material pero no quién está allí enterrado. En Boris Vian y su “Escupiré sobre vuestro tumba”: tampoco recuerdo nada de ese libro y mira que me sabe mal, por Vian, que me cae muy bien. No me olvido de Edgar Allan Poe, por supuesto. Ni de la nieve que cae sobre Irlanda y sobre la tumba de Michael Furey. ¿Y retumbante viene de tumba? Una timba en una tumba. Tumbarse al sol. Seré una tumba. No sé. Las tumbas dan mucho juego, me doy cuenta.

Sigue leyendo ->

Tumbas

¿Tumbas? ¿Qué me viene a la mente al leer esa palabra? Pues ahora mismo me viene París, por la monstruosa tumba de Napoleón, la de Jim Morrison, la de Chopin, la de… en París hay miles de tumbas importantes, pienso. También se me ocurre pensar en Ernesto Sabato y ‘Sobre héroes y tumbas’. Lo leí hace décadas y casi no recuerdo nada. Salía una muchacha llamada Alejandra. Me enamoré de ella, claro. Pienso en las tumbas que con los años he visto abrir y cerrar. Bueno, quizá me equivoco: ¿Un nicho es una tumba? También en la expresión “a tumba abierta”, en crónicas ciclistas narrando el descenso del, por ejemplo, el Galibier, y los tópicos deportivos. En la tumba de no recuerdo qué rey: es en realidad una bañera aunque haga las veces de tumba. Está en el Monasterio de Santes Creus. La bañera-tumba está hecha de pórfido: desde pequeño recuerdo el nombre de ese material pero no quién está allí enterrado. En Boris Vian y su “Escupiré sobre vuestro tumba”: tampoco recuerdo nada de ese libro y mira que me sabe mal, por Vian, que me cae muy bien. No me olvido de Edgar Allan Poe, por supuesto. Ni de la nieve que cae sobre Irlanda y sobre la tumba de Michael Furey. ¿Y retumbante viene de tumba? Una timba en una tumba. Tumbarse al sol. Seré una tumba. No sé. Las tumbas dan mucho juego, me doy cuenta.

Sigue leyendo ->

Instinto maternal

La contradicción es algo que me caracteriza, eso lo saben bien quienes me conocen. Me da igual, me equivoco y lo admito, lo que crea una contradicción a ojos de extraños. Lo que ocurre es bien sencillo: me gusta ser preciso y honesto y cuando encuentro excepciones a mis grandilocuentes estupideces las digo. Supongo que […]

Sigue leyendo ->

Sin miedo

 
Anoche, como es mi costumbre desde hace mucho tiempo, me acosté escuchando el programa radiofónico de la cadena SER «El Larguero» dirigido por José Ramón de la Morena. Como es conocido, se trata de un programa en el que se repasan las noticias deportivas del día, con especial atención al mundo futbolístico. Sin embargo, la pasada madrugada, en la que se antojaba que lo más destacado fuese el fútbol -por aquello de que se jugaron partidos de la sexta jornada de liga-, el protagonismo absoluto se lo llevaron Pau Gasol y la cantante Rosana. Un deportista de élite, quizás el mejor jugador español de baloncesto de todos los tiempos, y la entrañable cantaautora canaria hicieron varios duetos con la única compañía de la pasión que ponía Rosana con su guitarra, para el deleite de aquellos y aquellas que, como yo, sintonizábamos la SER en ese momento.

Y ese deleite no se debía a que Pau cantase como Sinatra o a que yo tenga una especial devoción por Rosana y sus temas musicales, sino porque tuve el privilegio de sentir a través de las ondas cómo un gran deportista, como Gasol, fue capaz de salirse de su elemento, de su medio natural (de la cancha), para disfrutar con una de sus pasiones en la vida, cantar; y todo ello en el marco de un programa deportivo que poco o nada tiene que ver con la música habitualmente. De esta forma anoche, «El Larguero» se convirtió en un ‘laboratorio’ en el que se catalizaron sinergias: la habilidad y la creatividad de su conductor, José Ramón de la Morena, para intercalar entre tanta noticia deportiva (a veces insulsa) un momento diferente y singular -yo diría único-, la fuerza y la raza de Rosana capaz de plasmar la cruda realidad del mundo en sus melodías llenas de sensibilidad, y la entrega, el arrojo y el entusiasmo de Pau Gasol, quien con espíritu de gigante (no es una hipérbole fácil) se puso delante del micrófono y demostró que cuando algo te apasiona, te hace sentir bien y te sirve para ser un poco más feliz tienes que lanzarte y hacerlo. Como él mismo diría en el programa, esa actitud de valentía y de estar constantemente probando cosas nuevas es lo que le ha llevado a superarse a sí mismo y a mantenerse en la élite desde que debutase en el basket profesional siendo casi un adolescente. No en vano no es la primera vez, Pau ha hecho sus pinitos como actor en la conocida serie CSI, y ha cantado anteriormente con Estopa y Amaral entre otros.
 
Es cierto que cuando eres un crack y un personaje famoso como Gasol son muchas las puertas que se abren, e innumerables las oportunidades que te da la vida, para que puedas explorar aquellos campos que más te gustan, pero no menos cierto es que ayer Pau Gasol obsequió a los oyentes de la SER reflexiones personales muy interesantes, sobre todo para aquellos/as adoslescentes y jóvenes que siguen su trayectoria deportiva y lo tienen como un referente. La orientación al logro, la osadía, la búsqueda de nuevas sensaciones, salir de la zona de confort y la comodidad, perder la verguenza y el miedo al fracaso, probarse a sí mismo, persistir en el intento, buscar sinergias con personas que puedan ayudarte a crecer en aquello que te apasiona… En definitiva, una pequeña gran lección de cómo convertirse en un verdadero crack.
 
Fijaros hasta que punto fue impactante para mí la actuación de Pau y Rosana que hasta los temas que eligieron para cantar juntos me dijeron mucho acerca de personas como ellos que luchan cada día por superarse a si mismos: «Sin miedo», «Para nada» y «No sé mañana». No se si estuvo preparado, pero esos tres títulos me dejaron un mensaje: actúa sin miedo, porque aunque temas que no sirva para nada, no sabrás si mañana tendrás la oportunidad de probarlo. ¡Genial!
 
Sigue leyendo ->

Sin miedo

 
Anoche, como es mi costumbre desde hace mucho tiempo, me acosté escuchando el programa radiofónico de la cadena SER «El Larguero» dirigido por José Ramón de la Morena. Como es conocido, se trata de un programa en el que se repasan las noticias deportivas del día, con especial atención al mundo futbolístico. Sin embargo, la pasada madrugada, en la que se antojaba que lo más destacado fuese el fútbol -por aquello de que se jugaron partidos de la sexta jornada de liga-, el protagonismo absoluto se lo llevaron Pau Gasol y la cantante Rosana. Un deportista de élite, quizás el mejor jugador español de baloncesto de todos los tiempos, y la entrañable cantaautora canaria hicieron varios duetos con la única compañía de la pasión que ponía Rosana con su guitarra, para el deleite de aquellos y aquellas que, como yo, sintonizábamos la SER en ese momento.

Y ese deleite no se debía a que Pau cantase como Sinatra o a que yo tenga una especial devoción por Rosana y sus temas musicales, sino porque tuve el privilegio de sentir a través de las ondas cómo un gran deportista, como Gasol, fue capaz de salirse de su elemento, de su medio natural (de la cancha), para disfrutar con una de sus pasiones en la vida, cantar; y todo ello en el marco de un programa deportivo que poco o nada tiene que ver con la música habitualmente. De esta forma anoche, «El Larguero» se convirtió en un ‘laboratorio’ en el que se catalizaron sinergias: la habilidad y la creatividad de su conductor, José Ramón de la Morena, para intercalar entre tanta noticia deportiva (a veces insulsa) un momento diferente y singular -yo diría único-, la fuerza y la raza de Rosana capaz de plasmar la cruda realidad del mundo en sus melodías llenas de sensibilidad, y la entrega, el arrojo y el entusiasmo de Pau Gasol, quien con espíritu de gigante (no es una hipérbole fácil) se puso delante del micrófono y demostró que cuando algo te apasiona, te hace sentir bien y te sirve para ser un poco más feliz tienes que lanzarte y hacerlo. Como él mismo diría en el programa, esa actitud de valentía y de estar constantemente probando cosas nuevas es lo que le ha llevado a superarse a sí mismo y a mantenerse en la élite desde que debutase en el basket profesional siendo casi un adolescente. No en vano no es la primera vez, Pau ha hecho sus pinitos como actor en la conocida serie CSI, y ha cantado anteriormente con Estopa y Amaral entre otros.
 
Es cierto que cuando eres un crack y un personaje famoso como Gasol son muchas las puertas que se abren, e innumerables las oportunidades que te da la vida, para que puedas explorar aquellos campos que más te gustan, pero no menos cierto es que ayer Pau Gasol obsequió a los oyentes de la SER reflexiones personales muy interesantes, sobre todo para aquellos/as adoslescentes y jóvenes que siguen su trayectoria deportiva y lo tienen como un referente. La orientación al logro, la osadía, la búsqueda de nuevas sensaciones, salir de la zona de confort y la comodidad, perder la verguenza y el miedo al fracaso, probarse a sí mismo, persistir en el intento, buscar sinergias con personas que puedan ayudarte a crecer en aquello que te apasiona… En definitiva, una pequeña gran lección de cómo convertirse en un verdadero crack.
 
Fijaros hasta que punto fue impactante para mí la actuación de Pau y Rosana que hasta los temas que eligieron para cantar juntos me dijeron mucho acerca de personas como ellos que luchan cada día por superarse a si mismos: «Sin miedo», «Para nada» y «No sé mañana». No se si estuvo preparado, pero esos tres títulos me dejaron un mensaje: actúa sin miedo, porque aunque temas que no sirva para nada, no sabrás si mañana tendrás la oportunidad de probarlo. ¡Genial!
 
Sigue leyendo ->

No soy de hierro

Ironblogger
Sí, escribo en el blog y todo. Que para eso está, no? Y esta vez la palabra Iron me viene que ni al pelo.
Esto hoy es complicado. Cuando te casas con alguien, muchos hombres piensan que automáticamente sus mujeres deben saber planchar, cocinar, coser… al igual que muchas mujeres piensan que el anillo te transfiere una serie de conocimientos sobre bricolaje, fontanería, electricidad… Y lo mismo pasa cuando nos convertimos en padres y madres. Que automáticamente debemos ser de hierro. Ni para ponernos enfermos ni para que otras circunstancias de nuestra vida interfieran en el papel que libremente hemos escogido.
Pues no! No soy de hierro, ni lo soy ni quiero serlo. Y no estoy hablando de un resfriado ni nada por el estilo. Eso está chupao, es una mariconada, como que los cuadros y las rallas no combinan (que se vista así el Kortajarena o el Velencoso, a ver qué pasa. Bueno, pasa que cuanta menos ropa mejor, no?). Te tomas una pastilla y en 2 días lo tienes superado. Lo máximo que puede pasar es que dejes el suelo lleno de mocos. Pues no pasa nada. Mira para abajo cada vez que tus hijos comen, ya verás el pollo que se monta.
El dinero es importante, claro está, y eso afecta a nuestro estado de ánimo como adultos, pero… para qué sirve el dinero cuando no hay salud? O cuando la salud está muy tocada y comprometida?
Sí, estamos todo el día rajando de nuestras parejas, de nuestros jefes, que si la conciliación, que vamos, que podría decirse que en algunos (ALGUNOS) casos, esa palabra es el comodín. No puedo llevar al niño al parque porque salgo tarde, maldita conciliación. Sí, cierto. Como también lo es que cuando lo llevas estás haciendo de todo con el móvil y con las pipas menos jugar con tu hijo, o por lo menos, echarle un vistazo de vez en cuando, que sólo te inmutas cuando oyes un grito. Y fuerte, que como sea flojito sigues con el dichoso Candy Crush! Tu hijo conoce mejor el tono de whatsapp del móvil, que el del timbre de la puerta.
También están los hij@s de su madre que te critican porque sí. Porque ellos son seres superiores con capacidad para hacerlo y tú eres un mindundi. Para estos «valientes», he aquí una serie de acciones que podemos hacer/decir, según nuestro nivel de mosqueo de ese día:
– No hay mayor desprecio que no hacer aprecio.
– Hablas a mis espaldas porque voy delante tuyo.
– Venga va, vete a freír espárragos.
– El cementerio está muy vacío, todavía hay sitio para ti.
Recuerda, son escoria, no merecen ni un segundo de preocuparte por ellos. Encontraran otras víctimas. Son así. Hienas carroñeras o plantas carnívoras.
Y a todo esto, llega un momento en que, de repente, la salud te falla. Qué haces? Además de cagarte de miedo, claro. Tienen que operar a tu pareja, la madre de tu hija de algo grave. No sabes cómo va a ir. Te planteas cómo has podido llegar hasta ese momento en el hospital, esperando una operación cuando el día de antes estabas haciendo bizcochos de chocolate. Si falla? Y si no falla pero no puedes estar como antes, sino con secuelas para siempre? Y la pequeña? Qué pasa con ella, como vive ese tiempo?
Llevo unos días pensando en ello. Y aunque, Vane, espero que no leas esto, porque perderías el tiempo leyendo chorradas, tía, te espero en la rampa para que la niña juegue con los monstruitos, que se están poniendo enormes.

Pero como normalmente las desgracias nunca vienen solas… A ver, qué pasa cuando pierdes a un familiar que lo ha sido TODO para ti? Tristeza infinita, pero no puedes venirte abajo, porque tienes a dos pequeños que se reflejan en tus ojos, en tus pensamientos y en tus actos. Puedes caer, pero siempre levantarte. Y aunque haya veces que sólo pienses en esta «famosa» frase:

Joder no joderemos, pero joder, que jodidos estamos

Y que visto desde fuera todo siempre resulta muy fácil, está claro que realmente no lo es. Sí, la vida a veces es dura, otras veces es una mierda y te gustaría hacerte chiquitito, pero OTRAS, en las que cualquier cosa compensa. Que si bajas por la escalera de tu edificio y el vecino está haciendo unas gambas, ese olor…, el camarero impasible detrás de una barra… Esos detalles esbozan una sonrisa en nuestra cara, en nuestro pensamiento, en nuestro ser.
Es más fácil decirlo que hacerlo, está claro, pero… muchacha, eres capaz de eso y más. Te tienes a ti, al resto, a la gente que te aprecia por lo que eres. En esos momentos en que las fuerzas desfallezcan, antes incluso que eso pase, habrá gente a tu alrededor. Tanto en tu cercanía física como virtual.

Así que no, no somos de hierro. Somos personas. Tan sólo personas, con un montón de debilidades, pero llenos de grandeza para vivir nuestra vida.
Sigue leyendo ->

No soy de hierro

Ironblogger
Sí, escribo en el blog y todo. Que para eso está, no? Y esta vez la palabra Iron me viene que ni al pelo.
Esto hoy es complicado. Cuando te casas con alguien, muchos hombres piensan que automáticamente sus mujeres deben saber planchar, cocinar, coser… al igual que muchas mujeres piensan que el anillo te transfiere una serie de conocimientos sobre bricolaje, fontanería, electricidad… Y lo mismo pasa cuando nos convertimos en padres y madres. Que automáticamente debemos ser de hierro. Ni para ponernos enfermos ni para que otras circunstancias de nuestra vida interfieran en el papel que libremente hemos escogido.
Pues no! No soy de hierro, ni lo soy ni quiero serlo. Y no estoy hablando de un resfriado ni nada por el estilo. Eso está chupao, es una mariconada, como que los cuadros y las rallas no combinan (que se vista así el Kortajarena o el Velencoso, a ver qué pasa. Bueno, pasa que cuanta menos ropa mejor, no?). Te tomas una pastilla y en 2 días lo tienes superado. Lo máximo que puede pasar es que dejes el suelo lleno de mocos. Pues no pasa nada. Mira para abajo cada vez que tus hijos comen, ya verás el pollo que se monta.
El dinero es importante, claro está, y eso afecta a nuestro estado de ánimo como adultos, pero… para qué sirve el dinero cuando no hay salud? O cuando la salud está muy tocada y comprometida?
Sí, estamos todo el día rajando de nuestras parejas, de nuestros jefes, que si la conciliación, que vamos, que podría decirse que en algunos (ALGUNOS) casos, esa palabra es el comodín. No puedo llevar al niño al parque porque salgo tarde, maldita conciliación. Sí, cierto. Como también lo es que cuando lo llevas estás haciendo de todo con el móvil y con las pipas menos jugar con tu hijo, o por lo menos, echarle un vistazo de vez en cuando, que sólo te inmutas cuando oyes un grito. Y fuerte, que como sea flojito sigues con el dichoso Candy Crush! Tu hijo conoce mejor el tono de whatsapp del móvil, que el del timbre de la puerta.
También están los hij@s de su madre que te critican porque sí. Porque ellos son seres superiores con capacidad para hacerlo y tú eres un mindundi. Para estos «valientes», he aquí una serie de acciones que podemos hacer/decir, según nuestro nivel de mosqueo de ese día:
– No hay mayor desprecio que no hacer aprecio.
– Hablas a mis espaldas porque voy delante tuyo.
– Venga va, vete a freír espárragos.
– El cementerio está muy vacío, todavía hay sitio para ti.
Recuerda, son escoria, no merecen ni un segundo de preocuparte por ellos. Encontraran otras víctimas. Son así. Hienas carroñeras o plantas carnívoras.
Y a todo esto, llega un momento en que, de repente, la salud te falla. Qué haces? Además de cagarte de miedo, claro. Tienen que operar a tu pareja, la madre de tu hija de algo grave. No sabes cómo va a ir. Te planteas cómo has podido llegar hasta ese momento en el hospital, esperando una operación cuando el día de antes estabas haciendo bizcochos de chocolate. Si falla? Y si no falla pero no puedes estar como antes, sino con secuelas para siempre? Y la pequeña? Qué pasa con ella, como vive ese tiempo?
Llevo unos días pensando en ello. Y aunque, Vane, espero que no leas esto, porque perderías el tiempo leyendo chorradas, tía, te espero en la rampa para que la niña juegue con los monstruitos, que se están poniendo enormes.

Pero como normalmente las desgracias nunca vienen solas… A ver, qué pasa cuando pierdes a un familiar que lo ha sido TODO para ti? Tristeza infinita, pero no puedes venirte abajo, porque tienes a dos pequeños que se reflejan en tus ojos, en tus pensamientos y en tus actos. Puedes caer, pero siempre levantarte. Y aunque haya veces que sólo pienses en esta «famosa» frase:

Joder no joderemos, pero joder, que jodidos estamos

Y que visto desde fuera todo siempre resulta muy fácil, está claro que realmente no lo es. Sí, la vida a veces es dura, otras veces es una mierda y te gustaría hacerte chiquitito, pero OTRAS, en las que cualquier cosa compensa. Que si bajas por la escalera de tu edificio y el vecino está haciendo unas gambas, ese olor…, el camarero impasible detrás de una barra… Esos detalles esbozan una sonrisa en nuestra cara, en nuestro pensamiento, en nuestro ser.
Es más fácil decirlo que hacerlo, está claro, pero… muchacha, eres capaz de eso y más. Te tienes a ti, al resto, a la gente que te aprecia por lo que eres. En esos momentos en que las fuerzas desfallezcan, antes incluso que eso pase, habrá gente a tu alrededor. Tanto en tu cercanía física como virtual.

Así que no, no somos de hierro. Somos personas. Tan sólo personas, con un montón de debilidades, pero llenos de grandeza para vivir nuestra vida.
Sigue leyendo ->

Viernes dando la nota. Master of puppets

Creo que alguien organiza por ahí un carnaval todos los viernes, o al menos eso hace mi querida amiga la estresada

Y bueno, resulta que estaba yo buscando algo que me mantuviera despierto a estas horas (casi media noche) y que mejor que un poco de rock duro para eso. Y resulta que me encuentro con el vídeo que os traigo y automáticamente me acordé de alguien que lleva unos días un poco pachucho, así que hoy le dedicamos esta entrada a ese monillo que aún no tengo el gusto de conocer pero que todo se andará y a mi querida amiga la vaskoCatalanadeMadridesTxikitos para que vaya viendo que es lo que realmente tiene en casa 😉 

El crío tiene 6 años, ahí es náh

Sed buenos, al menos hasta media noche.

Sígueme
Sigue leyendo ->

Viernes dando la nota. Master of puppets

Creo que alguien organiza por ahí un carnaval todos los viernes, o al menos eso hace mi querida amiga la estresada

Y bueno, resulta que estaba yo buscando algo que me mantuviera despierto a estas horas (casi media noche) y que mejor que un poco de rock duro para eso. Y resulta que me encuentro con el vídeo que os traigo y automáticamente me acordé de alguien que lleva unos días un poco pachucho, así que hoy le dedicamos esta entrada a ese monillo que aún no tengo el gusto de conocer pero que todo se andará y a mi querida amiga la vaskoCatalanadeMadridesTxikitos para que vaya viendo que es lo que realmente tiene en casa 😉 

El crío tiene 6 años, ahí es náh

Sed buenos, al menos hasta media noche.

Sígueme
Sigue leyendo ->

Instrucciones para todo

(…) Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para […]

Sigue leyendo ->

¡Sucios, desordenados y descalzos!

* Por Olga Carmona

«Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza» Jean-Jacques Rousseau



Soy mujer, soy madre, soy psicóloga. 

Aburrida, profundamente aburrida de la psicología convencional y de la pedagogía con la que adiestran a nuestros hijos, en la escuela y fuera de ella. La escuela no es más que un reflejo autorizado por la cultura colectiva, mediocre y asustada. Y creo que, cuando el sistema y la cultura están tan caducos y enfermos como yo los percibo, de su seno nacen voces limpias que abogan y plantean otros caminos, otras alternativas que nos permiten seguir evolucionando, como si necesitáramos primero tocar fondo para con ello, darnos impulso. Es por eso, entiendo, que nace la Ecopsicología y la Pedagogía Verde, para combatir una cultura depredadora y solitaria que atenta contra la condición humana y no humana y en la que yo, mujer y madre, no quiero educar a mis hijos.


La educación tradicional sólo ha hecho hincapié en los aspectos cognitivos de los niños, llegando incluso a creer que había un solo tipo de inteligencia y que este podía medirse y resumirse en un número, en un afán de clasificación que nos permitiera tener la ilusión de que controlamos todo, incluso algo tan mágico y complejo como el ser humano en desarrollo.


La ecopedagogía cultiva especialmente otras capacidades humanas tales como la intuición, la imaginación, la creatividad, la estimulación sensorial y la sensibilidad a través de  la experiencia. Con ello, estimula un profundo sentido de conexión con la vida, consigo mismo y con los demás que fomenta y desarrolla la capacidad de empatía y de responsabilidad.


Este nuevo enfoque cambia la filosofía de origen en la que hemos ido creciendo donde el ser humano es el centro del universo y la Tierra es una gran masa inerte, desprovista de vida, como una ingente despensa de víveres y riquezas materiales. 


Desde este lugar, estamos sólos, aislados, profundamente desconectados y esto, no nos ha salido gratis.

Intuyo y defiendo para mis hijos un cambio de paradigma donde la Tierra y todo lo que comprende es nuestro espacio compartido de vida y es un organismo vivo del que formamos parte, una unidad donde todo está interrelacionado y dado que todos dependemos de todos, nadie se encuentra aislado.

Nuestros niños van creciendo como pueden en burbujas casi herméticas con universos  muy limitados y artificiales formados por pantallas, teclas y hormigón  generando trastornos físicos y emocionales a los que damos respuesta con fármacos. Niños enfermos de una sociedad enferma, representan la consecuencia y el síntoma a la vez.

Como el resto de mamíferos, nuestros cerebros están  diseñados para lo que se conoce como “Biofilia”, es decir para relacionarnos con las demás especies, animales o vegetales. Se trata de una atracción genética por la vida, una tendencia innata a dar valor a lo que nos rodea y percibimos como vivo.

Educar y criar alejando a los niños de lo que es innato en ellos, es ir contra su esencia, requiere de un entrenamiento largo y minucioso que solemos llamar “educación”. 


Las consecuencias son fácilmente reconocibles aunque no por ellos menos trágicas: nuestros niños han perdido espontaneidad, suelen tener biorritmos alterados, problemas de sueño, sensibilidad limitada, fatiga sensorial y falta de movimiento, entre otros que suelen derivar en alteraciones de conducta y problemas de concentración, el famoso TDAH por ejemplo.


La naturaleza cura. 
La naturaleza protege.



Por ejemplo, Los pediatras recomiendan exponer a los bebés a la luz solar al menos 15 minutos diarios, ya que es la mejor fuente de Vitamina D, imprescindible para el desarrollo.

Numerosos estudios e investigaciones demuestran que la actividad no estructurada al aire libre actúa como un potente preventivo en trastornos de conducta y el TDAH mejora.


En la primera infancia, es decir desde el nacimiento hasta aproximadamente los siete años, los niños son poseedores aún de una conciencia mental pura, no necesitan proyectar, ni clasificar ni etiquetar, ni juzgar: son capaces de relacionarse directamente  a través de los sentidos: tocar, oler, saborear, escuchar, respirar… se trata de absorber el mundo de una forma más fluida y amplía, sin imposiciones artificiales que nada aportan pero sí limitan, como el aprendizaje de la lectoescritura antes de esa edad, típico de nuestra cultura.


“Los niños necesitan dominar el lenguaje de las cosas antes que el de las palabras”, dice el psicólogo evolutivo David Elking.


Antes de los siete años, los niños deben correr, saltar, escalar, cuidar plantas y animales, jugar con agua y arena, pintar, escuchar e inventar canciones, no aprender signos estructurados inmóviles entre paredes con pantallas digitales.


Los entornos naturales son idóneos como marco para el desarrollo de la creatividad, la impulsan desde su diversidad de materiales, texturas, colores,  y su ausencia de indicaciones sobre cómo deben usarse o jugar con ellos. Y la creatividad no sólo es eso que se necesita para pintar un cuadro o escribir un libro, es una capacidad imprescindible en el desarrollo de nuestros hijos porque les prepara para tolerar la ambigüedad, asumir riesgos y ser flexibles, es decir para una sana adaptación a los cambios y avatares de la vida, nada más y nada menos.


Nosotros, los padres, tenemos una irrenunciable responsabilidad en ello, tratando de educar desde la libertad y la humildad de saber, de sentir y transmitir  que somos parte, no el todo.


Nuestro papel debiera ser más el de la aceptación serena e incondicional, la confianza en que cuentan con los recursos que necesitan para ser quienes quieran ser, interesarnos honestamente por sus cosas, asegurar que cada día disponen de tiempo libre para jugar, dejar que se aburran sin caer en la pantalla, darles muchas, muchas posibilidades de conexión con la naturaleza, con los otros (humanos, no humanos, plantas, minerales…), evitar organizar su tiempo como si la  agenda de un ministro se tratara, no interferir  ni dirigir sus juegos, no impedirles que se sienten en el suelo, que caminen descalzos, que toquen, que se manchen, que desordenen… para construir su mundo, primero necesitan “destruir” el nuestro. Sino, se limitarán a copiarlo desde la obediente sumisión, dejándose a sí mismos por el camino.


Seamos facilitadores, no adiestradores. Devolvamos a nuestros niños lo que les pertenece, su conexión con la Tierra de la que son hijos, su innata curiosidad  por lo vivo, su tendencia humana al cuidado de otro, a  la generosidad, a la empatía, despertando sus sentidos a una sensibilidad diferente, plena, conectada, responsable.


Y de paso, dejémonos llevar nosotros también por esa energía no contaminada que cada día  nos regalan tan generosa y abundantemente.

Sigue leyendo ->

¡Sucios, desordenados y descalzos!

* Por Olga Carmona

«Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza» Jean-Jacques Rousseau



Soy mujer, soy madre, soy psicóloga. 

Aburrida, profundamente aburrida de la psicología convencional y de la pedagogía con la que adiestran a nuestros hijos, en la escuela y fuera de ella. La escuela no es más que un reflejo autorizado por la cultura colectiva, mediocre y asustada. Y creo que, cuando el sistema y la cultura están tan caducos y enfermos como yo los percibo, de su seno nacen voces limpias que abogan y plantean otros caminos, otras alternativas que nos permiten seguir evolucionando, como si necesitáramos primero tocar fondo para con ello, darnos impulso. Es por eso, entiendo, que nace la Ecopsicología y la Pedagogía Verde, para combatir una cultura depredadora y solitaria que atenta contra la condición humana y no humana y en la que yo, mujer y madre, no quiero educar a mis hijos.


La educación tradicional sólo ha hecho hincapié en los aspectos cognitivos de los niños, llegando incluso a creer que había un solo tipo de inteligencia y que este podía medirse y resumirse en un número, en un afán de clasificación que nos permitiera tener la ilusión de que controlamos todo, incluso algo tan mágico y complejo como el ser humano en desarrollo.


La ecopedagogía cultiva especialmente otras capacidades humanas tales como la intuición, la imaginación, la creatividad, la estimulación sensorial y la sensibilidad a través de  la experiencia. Con ello, estimula un profundo sentido de conexión con la vida, consigo mismo y con los demás que fomenta y desarrolla la capacidad de empatía y de responsabilidad.


Este nuevo enfoque cambia la filosofía de origen en la que hemos ido creciendo donde el ser humano es el centro del universo y la Tierra es una gran masa inerte, desprovista de vida, como una ingente despensa de víveres y riquezas materiales. 


Desde este lugar, estamos sólos, aislados, profundamente desconectados y esto, no nos ha salido gratis.

Intuyo y defiendo para mis hijos un cambio de paradigma donde la Tierra y todo lo que comprende es nuestro espacio compartido de vida y es un organismo vivo del que formamos parte, una unidad donde todo está interrelacionado y dado que todos dependemos de todos, nadie se encuentra aislado.

Nuestros niños van creciendo como pueden en burbujas casi herméticas con universos  muy limitados y artificiales formados por pantallas, teclas y hormigón  generando trastornos físicos y emocionales a los que damos respuesta con fármacos. Niños enfermos de una sociedad enferma, representan la consecuencia y el síntoma a la vez.

Como el resto de mamíferos, nuestros cerebros están  diseñados para lo que se conoce como “Biofilia”, es decir para relacionarnos con las demás especies, animales o vegetales. Se trata de una atracción genética por la vida, una tendencia innata a dar valor a lo que nos rodea y percibimos como vivo.

Educar y criar alejando a los niños de lo que es innato en ellos, es ir contra su esencia, requiere de un entrenamiento largo y minucioso que solemos llamar “educación”. 


Las consecuencias son fácilmente reconocibles aunque no por ellos menos trágicas: nuestros niños han perdido espontaneidad, suelen tener biorritmos alterados, problemas de sueño, sensibilidad limitada, fatiga sensorial y falta de movimiento, entre otros que suelen derivar en alteraciones de conducta y problemas de concentración, el famoso TDAH por ejemplo.


La naturaleza cura. 
La naturaleza protege.



Por ejemplo, Los pediatras recomiendan exponer a los bebés a la luz solar al menos 15 minutos diarios, ya que es la mejor fuente de Vitamina D, imprescindible para el desarrollo.

Numerosos estudios e investigaciones demuestran que la actividad no estructurada al aire libre actúa como un potente preventivo en trastornos de conducta y el TDAH mejora.


En la primera infancia, es decir desde el nacimiento hasta aproximadamente los siete años, los niños son poseedores aún de una conciencia mental pura, no necesitan proyectar, ni clasificar ni etiquetar, ni juzgar: son capaces de relacionarse directamente  a través de los sentidos: tocar, oler, saborear, escuchar, respirar… se trata de absorber el mundo de una forma más fluida y amplía, sin imposiciones artificiales que nada aportan pero sí limitan, como el aprendizaje de la lectoescritura antes de esa edad, típico de nuestra cultura.


“Los niños necesitan dominar el lenguaje de las cosas antes que el de las palabras”, dice el psicólogo evolutivo David Elking.


Antes de los siete años, los niños deben correr, saltar, escalar, cuidar plantas y animales, jugar con agua y arena, pintar, escuchar e inventar canciones, no aprender signos estructurados inmóviles entre paredes con pantallas digitales.


Los entornos naturales son idóneos como marco para el desarrollo de la creatividad, la impulsan desde su diversidad de materiales, texturas, colores,  y su ausencia de indicaciones sobre cómo deben usarse o jugar con ellos. Y la creatividad no sólo es eso que se necesita para pintar un cuadro o escribir un libro, es una capacidad imprescindible en el desarrollo de nuestros hijos porque les prepara para tolerar la ambigüedad, asumir riesgos y ser flexibles, es decir para una sana adaptación a los cambios y avatares de la vida, nada más y nada menos.


Nosotros, los padres, tenemos una irrenunciable responsabilidad en ello, tratando de educar desde la libertad y la humildad de saber, de sentir y transmitir  que somos parte, no el todo.


Nuestro papel debiera ser más el de la aceptación serena e incondicional, la confianza en que cuentan con los recursos que necesitan para ser quienes quieran ser, interesarnos honestamente por sus cosas, asegurar que cada día disponen de tiempo libre para jugar, dejar que se aburran sin caer en la pantalla, darles muchas, muchas posibilidades de conexión con la naturaleza, con los otros (humanos, no humanos, plantas, minerales…), evitar organizar su tiempo como si la  agenda de un ministro se tratara, no interferir  ni dirigir sus juegos, no impedirles que se sienten en el suelo, que caminen descalzos, que toquen, que se manchen, que desordenen… para construir su mundo, primero necesitan “destruir” el nuestro. Sino, se limitarán a copiarlo desde la obediente sumisión, dejándose a sí mismos por el camino.


Seamos facilitadores, no adiestradores. Devolvamos a nuestros niños lo que les pertenece, su conexión con la Tierra de la que son hijos, su innata curiosidad  por lo vivo, su tendencia humana al cuidado de otro, a  la generosidad, a la empatía, despertando sus sentidos a una sensibilidad diferente, plena, conectada, responsable.


Y de paso, dejémonos llevar nosotros también por esa energía no contaminada que cada día  nos regalan tan generosa y abundantemente.

Sigue leyendo ->

Con todos ustedes: "Una nueva paternidad"

Rescato el blog del olvido porque este post viene a ser un poco el rizar el rizo de lo que inicié hace 6 años, más o menos, cuando empecé en este blog explicando mis aventuras y desventuras como padre. Los cambios vividos, el ver que podía y quería ser una persona diferente al llegar al mundo Jon me hizo sentir la necesidad de explicar mi manera de ver la vida, un poco para mostrar mi nueva realidad a los demás y un poco para buscar personas con un interés común, pero a través del mundo virtual, del 2.0.

Pasó el tiempo, me invitaron a seguir explicando mis vivencias en Bebés y más y acepté, obviamente, porque el fin de mis palabras no es otro que tratar de ayudar a los niños y a sus padres, no para que sean como yo, sino para que entiendan a los niños, para que sepan cómo son, para que reciban otros inputs distintos a los que reciben en su entorno más directo y para que no se sientan raros por hacer cosas que casi nadie hace, y así podría llegar a más gente.

Cinco años después, sigo allí, sigo en Bebés y más, escribiendo casi a diario y explicando aún mi manera de ver la vida, tanto como padre como enfermero de pediatría, puesto que conseguí en 2010, si mal no recuerdo. Sigo allí y como colofón, como premio o como oportunidad, junto con otros padres que sintieron que había otra manera de hacerlo, otro modo de criar y educar, escribimos «Una nueva paternidad». Un libro en el que todos nos involucramos desde el principio para aportar nuestro grano de arena, nuestra visión, nuestro objetivo, nuestras intenciones, un pedacito de nuestras vidas.

Hoy es el día en que Una nueva paternidad se presenta oficialmente. Hoy es el gran día. Hoy cualquier persona podrá conocernos y saber que los padres, los hombres padres, también reclamamos nuestro hueco en esto de la crianza porque, aunque nadie nos dejó jugar con bebés de plástico de pequeños, somos lo suficientemente cariñosos, responsables y respetuosos como para querer cuidar de nuestros hijos y romper así la cadena o la herencia que la generación que nos precede nos dejó a nosotros, esa en la que a los niños se les enseñaba con jarabe de palo.

El libro lo ha publicado Pedagogía blanca, tiene un precio de 16€ y por ahora puede encontrarse en Amazon y pronto también en la página de la editorial y en tiendas físicas. Si lo queréis dedicado por mí, podéis pedírmelo enviándome un mail a armandobastida (arroba) gmail (punto) com.

Ojalá os guste. Ojalá lo disfrutéis tanto como nosotros lo hicimos escribiéndolo. Ojalá os sirva para reafirmaros en vuestra manera de actuar, o para tener claro que, cambiando nosotros, estamos cambiando un poco el mundo.

Sigue leyendo ->

Con todos ustedes: "Una nueva paternidad"

Rescato el blog del olvido porque este post viene a ser un poco el rizar el rizo de lo que inicié hace 6 años, más o menos, cuando empecé en este blog explicando mis aventuras y desventuras como padre. Los cambios vividos, el ver que podía y quería ser una persona diferente al llegar al mundo Jon me hizo sentir la necesidad de explicar mi manera de ver la vida, un poco para mostrar mi nueva realidad a los demás y un poco para buscar personas con un interés común, pero a través del mundo virtual, del 2.0.

Pasó el tiempo, me invitaron a seguir explicando mis vivencias en Bebés y más y acepté, obviamente, porque el fin de mis palabras no es otro que tratar de ayudar a los niños y a sus padres, no para que sean como yo, sino para que entiendan a los niños, para que sepan cómo son, para que reciban otros inputs distintos a los que reciben en su entorno más directo y para que no se sientan raros por hacer cosas que casi nadie hace, y así podría llegar a más gente.

Cinco años después, sigo allí, sigo en Bebés y más, escribiendo casi a diario y explicando aún mi manera de ver la vida, tanto como padre como enfermero de pediatría, puesto que conseguí en 2010, si mal no recuerdo. Sigo allí y como colofón, como premio o como oportunidad, junto con otros padres que sintieron que había otra manera de hacerlo, otro modo de criar y educar, escribimos «Una nueva paternidad». Un libro en el que todos nos involucramos desde el principio para aportar nuestro grano de arena, nuestra visión, nuestro objetivo, nuestras intenciones, un pedacito de nuestras vidas.

Hoy es el día en que Una nueva paternidad se presenta oficialmente. Hoy es el gran día. Hoy cualquier persona podrá conocernos y saber que los padres, los hombres padres, también reclamamos nuestro hueco en esto de la crianza porque, aunque nadie nos dejó jugar con bebés de plástico de pequeños, somos lo suficientemente cariñosos, responsables y respetuosos como para querer cuidar de nuestros hijos y romper así la cadena o la herencia que la generación que nos precede nos dejó a nosotros, esa en la que a los niños se les enseñaba con jarabe de palo.

El libro lo ha publicado Pedagogía blanca, tiene un precio de 16€ y por ahora puede encontrarse en Amazon y pronto también en la página de la editorial y en tiendas físicas. Si lo queréis dedicado por mí, podéis pedírmelo enviándome un mail a armandobastida (arroba) gmail (punto) com.

Ojalá os guste. Ojalá lo disfrutéis tanto como nosotros lo hicimos escribiéndolo. Ojalá os sirva para reafirmaros en vuestra manera de actuar, o para tener claro que, cambiando nosotros, estamos cambiando un poco el mundo.

Sigue leyendo ->

Un país de pardillos

Allá por el siglo XIII, cuando corrían ‘nuevos aires’ en Europa que intentaba dejar atrás la tumultuosa etapa de la Antigüa Edad Media, comenzaron a proliferar las Universidades por todo el continente, fundándose las primeras en el Reino de España (La Universidad de Palencia en 1212 y la de Salamanca en 1218), y fue entonces cuando en nuestro país empezó a acuñarse el término «pardillo», derivado directamente de cómo vestían los antiguos estudiantes pobres, de familias aldeanas, claramente segregados en las aulas universitarias. A éstos se les apodó así por el color de sus trajes de tela negra, de baja calidad, que desgastados por el uso perdían su tono original para volverse cada vez más grises o pardos. Según los historiadores el término «pardillo» tiene un estrecho vínculo con la Tuna universitaria, en la que se asentó el término, ya que estos alumnos pobres y de trajes desgastados para formar parte de la misma debían de profesar un gran respeto a sus mentores o Tunos a los tenían que rendir pleitesía, humildad y el aprendizaje del gran listado de valores de la Tuna.

El pasado fin de semana, mientras fui testigo televisivo del esperpento olímpico de la candidatura de Madrid 2020, me vino a la cabeza el paralelismo que guardaban aquellas escenas que veía por la pequeña pantalla, culminadas con las caras de decepción de las personalidades y políticos que encabezaban la delegación española, y la figura de los pardillos de una Tuna (con todos mis respetos para estos últimos, dígase de paso). 
 
No penséis que esta impresión se debía a que yo formaba parte de ese 9% de españoles que no deseaban que España terminase de arrojarse al vacío económico organizando unos juegos olímpicos dentro de 7 años. Tampoco porque conociera por la prensa que la ‘broma olímpica’ se había llevado por delante ya más de cien millones de euros de todos/as nosotros/as para costear los gastos de publicidad, lobby (ahora se llama así a la pleitesía), gestión y preparación de las tres candidaturas fallidas de Madrid como ciudad olímpica. Ni siquiera porque había leído que de los 1.600 millones de euros de inversión en infraestructuras necesarios para ponerle a Madrid los cinco anillos los máximos beneficiados serían los accionistas y propietarios de ACS y FCC, como en los tiempos del ladrillazo. Sino porque sólo unas pocas horas antes, el mismo sujeto con cargo de Ministro que ocupaba una de las sillas en la rueda de prensa del sábado en Buenos Aires y que estaba mostrando al mundo las bondades de un proyecto olímpico multimillonario, había defendido en el Congreso de los Diputados sus medidas para ahorrar 200 millones de euros en becas universitarias, que a buen seguro dejarán a muchos estudiantes de familias con menos recursos, esos que ahora podrían compararse con los aldeanos del siglo XIII, a merced de algún apadrinamiento o mecenazgo para poder continuar con sus estudios.
 
Era lógico pensar que tal contradicción no pasase desapercibida para la ‘Tuna’ que conforman los 95 delegados del Comité Olímpico Internacional, aquellos a los que hay que bailarles la música que toquen y a los que hay que rendirles pleitesía, humildad y aprendizaje a los valores que predican, enmarcados en el llamado espíritu olímpico. ¿Cómo un país como el nuestro, con generaciones enteras sin otro destino que ver cómo sus vestimentas se desgastan más y más por los sucesivos recortes, no iban a ser segregados en la clase por los Tunos que más mandan?. ¿Es que acaso a esos Tunos se les iba a olvidar tan fácilmente que sólo unas horas antes el mismo ministro había condenado al ‘pardillaje’ a centenares de universitarios para recortar el presupuesto de sus becas de estudio en algo más de lo que ya se había gastado España en las presentaciones olímpicas?, ¿o es que los pardillos pensaron que aún siendo aldeanos, austeros y humildes podían convencer con triquiñuelas a los Tunos más poderosos?.
 
Definitivamente, si en este país merece más la pena gastar 100 millones de euros en lobbies y parafernalias olímpicas que invertir, por ejemplo,  en que los niños y las niñas almuercen debídamente en los comedores escolares sin necesidad de llevar tupperwares de sus casas o que los estudiantes universitarios puedan continuar con sus estudios, no nos debe extrañar que el mundo entero nos vea como un país de pardillos a los que ningunear cuando les plazca.
 
Sigue leyendo ->

Un país de pardillos

Allá por el siglo XIII, cuando corrían ‘nuevos aires’ en Europa que intentaba dejar atrás la tumultuosa etapa de la Antigüa Edad Media, comenzaron a proliferar las Universidades por todo el continente, fundándose las primeras en el Reino de España (La Universidad de Palencia en 1212 y la de Salamanca en 1218), y fue entonces cuando en nuestro país empezó a acuñarse el término «pardillo», derivado directamente de cómo vestían los antiguos estudiantes pobres, de familias aldeanas, claramente segregados en las aulas universitarias. A éstos se les apodó así por el color de sus trajes de tela negra, de baja calidad, que desgastados por el uso perdían su tono original para volverse cada vez más grises o pardos. Según los historiadores el término «pardillo» tiene un estrecho vínculo con la Tuna universitaria, en la que se asentó el término, ya que estos alumnos pobres y de trajes desgastados para formar parte de la misma debían de profesar un gran respeto a sus mentores o Tunos a los tenían que rendir pleitesía, humildad y el aprendizaje del gran listado de valores de la Tuna.

El pasado fin de semana, mientras fui testigo televisivo del esperpento olímpico de la candidatura de Madrid 2020, me vino a la cabeza el paralelismo que guardaban aquellas escenas que veía por la pequeña pantalla, culminadas con las caras de decepción de las personalidades y políticos que encabezaban la delegación española, y la figura de los pardillos de una Tuna (con todos mis respetos para estos últimos, dígase de paso). 
 
No penséis que esta impresión se debía a que yo formaba parte de ese 9% de españoles que no deseaban que España terminase de arrojarse al vacío económico organizando unos juegos olímpicos dentro de 7 años. Tampoco porque conociera por la prensa que la ‘broma olímpica’ se había llevado por delante ya más de cien millones de euros de todos/as nosotros/as para costear los gastos de publicidad, lobby (ahora se llama así a la pleitesía), gestión y preparación de las tres candidaturas fallidas de Madrid como ciudad olímpica. Ni siquiera porque había leído que de los 1.600 millones de euros de inversión en infraestructuras necesarios para ponerle a Madrid los cinco anillos los máximos beneficiados serían los accionistas y propietarios de ACS y FCC, como en los tiempos del ladrillazo. Sino porque sólo unas pocas horas antes, el mismo sujeto con cargo de Ministro que ocupaba una de las sillas en la rueda de prensa del sábado en Buenos Aires y que estaba mostrando al mundo las bondades de un proyecto olímpico multimillonario, había defendido en el Congreso de los Diputados sus medidas para ahorrar 200 millones de euros en becas universitarias, que a buen seguro dejarán a muchos estudiantes de familias con menos recursos, esos que ahora podrían compararse con los aldeanos del siglo XIII, a merced de algún apadrinamiento o mecenazgo para poder continuar con sus estudios.
 
Era lógico pensar que tal contradicción no pasase desapercibida para la ‘Tuna’ que conforman los 95 delegados del Comité Olímpico Internacional, aquellos a los que hay que bailarles la música que toquen y a los que hay que rendirles pleitesía, humildad y aprendizaje a los valores que predican, enmarcados en el llamado espíritu olímpico. ¿Cómo un país como el nuestro, con generaciones enteras sin otro destino que ver cómo sus vestimentas se desgastan más y más por los sucesivos recortes, no iban a ser segregados en la clase por los Tunos que más mandan?. ¿Es que acaso a esos Tunos se les iba a olvidar tan fácilmente que sólo unas horas antes el mismo ministro había condenado al ‘pardillaje’ a centenares de universitarios para recortar el presupuesto de sus becas de estudio en algo más de lo que ya se había gastado España en las presentaciones olímpicas?, ¿o es que los pardillos pensaron que aún siendo aldeanos, austeros y humildes podían convencer con triquiñuelas a los Tunos más poderosos?.
 
Definitivamente, si en este país merece más la pena gastar 100 millones de euros en lobbies y parafernalias olímpicas que invertir, por ejemplo,  en que los niños y las niñas almuercen debídamente en los comedores escolares sin necesidad de llevar tupperwares de sus casas o que los estudiantes universitarios puedan continuar con sus estudios, no nos debe extrañar que el mundo entero nos vea como un país de pardillos a los que ningunear cuando les plazca.
 
Sigue leyendo ->

Teta + colecho = felices sueños

Todavía recuerdo cuando, poco antes de que «diéramos» a luz, todo el mundo me decía: «Se acabó lo bueno, ahora toca no dormir». Lamento comunicaros que, como en otras muchas cosas, estabais  equivocados. A día de hoy, las noches malas que hemos pasado, suman la friolera de dos. Y completamente justificadas. Le estaban saliendo los dientes y se le juntó con que cogió frío y tenía unas décimas de fiebre. ¡¡Cuántas veces nos entran ganas de llorar a los adultos por un simple dolor de muelas!! Imagínate un diente que se tiene que abrir camino rompiendo la encía, sumado al malestar de la fiebre. Pues eso, justificado. 
La receta para conseguir esto es bien sencilla: teta y colecho. 
Por suerte para nosotros, la enana se enganchó al pecho a los dos minutos de nacer y, después de un año, sigue siendo una auténtica «yonki» de la leche. Al principio, la metíamos en la cuna (una cuna de colecho, sin uno de los laterales, pegada y sujeta a nuestra cama), pero la primera vez que mi mujer la cogía a media noche para darle de mamar, se dormían las dos y amanecía todos las mañanas con nosotros. Al final, decidimos saltarnos ese paso y directamente la metíamos en nuestra cama. 
De nuevo comenzamos a escuchar críticas sobre esta práctica. «Tened cuidado, podéis aplastarla mientras dormís». Equivocados otra vez. La niña sigue viva y, no sólo no la hemos aplastado, sino que muchas veces es ella la que acaba durmiendo sobre nosotros. 
«Como se acostumbre ya no la sacáis de vuestra cama nunca». Hombre, yo creo que, como muy tarde, a eso de los 20 años ya tendrá ganas de dormir en su propia cama. Y si no, pues nada, yo tan feliz. A lo mejor tenemos que comprar una cama más grande, pero no hay mayor problema. 
«Es súper incómodo dormir con ellos con lo que se mueven». Sí, pero no. Es algo que no sé cómo explicarlo. Llamadme loco si queréis, pero cuando a media noche te despiertas con una rodilla incrustada en tu espalda, o durmiendo al borde de la cama, tu mujer en la otra punta, y ella completamente estirada ocupando todo el espacio que su pequeño cuerpo le permite, estás incómodo, sí, pero no sé por qué extraña razón, sientes cierto placer. Además, para compensar, te levantas una mañana y te la encuentras durmiendo encima de tu pecho. La única incomodidad que esto tiene, es el tener que cambiar la funda de la almohada que has llenado de babas.
«Ahora a madrugar todos los días». En eso habéis acertado de pleno, me toca madrugar para ir a currar. Y ahí se quedan las dos, tan a gusto en la cama. En este caso no sé si influirá el colecho y la lactancia o simplemente hemos tenido suerte, pero la niña es una auténtica manta. Para ella madrugar significa levantarse a las 10:00. Es otra cosa que no termino de entender: ¿por qué hay que acostar a los niños a las 8 de la tarde? Entiendo que si tienen que ir a la guardería y tienen que madrugar, los acostemos pronto para que puedan dormir las horas que necesiten. Pero si no van, yo prefiero disfrutar de ella todo lo que pueda. Entonces, ¿a qué hora hay que acostarlos? Es sencillo: cuando tengan sueño. Eso es algo que los adultos no hacemos, por culpa del trabajo y de las costumbres sociales. Siempre desayunamos, comemos y cenamos a la misma hora, en vez de comer cuando tenemos hambre y dormir cuando tenemos sueño. Ya tendrán tiempo nuestros enanos de empezar esas tediosas rutinas. Mientras tanto, que coman y duerman cuando les plazca.

La conclusión final que he sacado, después de este año, es que los consejos que nos dan están basados en las prácticas que usaban nuestras abuelas y nuestras madres y que se siguen practicando por costumbre, pero que carecen, la mayoría, de lógica. Con esto no quiero decir que no escuchemos recomendaciones de otros padres. Todo lo contrario, escucha a todo el mundo, siempre puedes sacar algo positivo de las experiencias de otra persona.

El consejo que le doy a todos los futuros padres: «No hagas caso de los consejos que te den, escúchalos, pero haz lo que el instinto te diga».

Sigue leyendo ->

Teta + colecho = felices sueños

Todavía recuerdo cuando, poco antes de que «diéramos» a luz, todo el mundo me decía: «Se acabó lo bueno, ahora toca no dormir». Lamento comunicaros que, como en otras muchas cosas, estabais  equivocados. A día de hoy, las noches malas que hemos pasado, suman la friolera de dos. Y completamente justificadas. Le estaban saliendo los dientes y se le juntó con que cogió frío y tenía unas décimas de fiebre. ¡¡Cuántas veces nos entran ganas de llorar a los adultos por un simple dolor de muelas!! Imagínate un diente que se tiene que abrir camino rompiendo la encía, sumado al malestar de la fiebre. Pues eso, justificado. 
La receta para conseguir esto es bien sencilla: teta y colecho. 
Por suerte para nosotros, la enana se enganchó al pecho a los dos minutos de nacer y, después de un año, sigue siendo una auténtica «yonki» de la leche. Al principio, la metíamos en la cuna (una cuna de colecho, sin uno de los laterales, pegada y sujeta a nuestra cama), pero la primera vez que mi mujer la cogía a media noche para darle de mamar, se dormían las dos y amanecía todos las mañanas con nosotros. Al final, decidimos saltarnos ese paso y directamente la metíamos en nuestra cama. 
De nuevo comenzamos a escuchar críticas sobre esta práctica. «Tened cuidado, podéis aplastarla mientras dormís». Equivocados otra vez. La niña sigue viva y, no sólo no la hemos aplastado, sino que muchas veces es ella la que acaba durmiendo sobre nosotros. 
«Como se acostumbre ya no la sacáis de vuestra cama nunca». Hombre, yo creo que, como muy tarde, a eso de los 20 años ya tendrá ganas de dormir en su propia cama. Y si no, pues nada, yo tan feliz. A lo mejor tenemos que comprar una cama más grande, pero no hay mayor problema. 
«Es súper incómodo dormir con ellos con lo que se mueven». Sí, pero no. Es algo que no sé cómo explicarlo. Llamadme loco si queréis, pero cuando a media noche te despiertas con una rodilla incrustada en tu espalda, o durmiendo al borde de la cama, tu mujer en la otra punta, y ella completamente estirada ocupando todo el espacio que su pequeño cuerpo le permite, estás incómodo, sí, pero no sé por qué extraña razón, sientes cierto placer. Además, para compensar, te levantas una mañana y te la encuentras durmiendo encima de tu pecho. La única incomodidad que esto tiene, es el tener que cambiar la funda de la almohada que has llenado de babas.
«Ahora a madrugar todos los días». En eso habéis acertado de pleno, me toca madrugar para ir a currar. Y ahí se quedan las dos, tan a gusto en la cama. En este caso no sé si influirá el colecho y la lactancia o simplemente hemos tenido suerte, pero la niña es una auténtica manta. Para ella madrugar significa levantarse a las 10:00. Es otra cosa que no termino de entender: ¿por qué hay que acostar a los niños a las 8 de la tarde? Entiendo que si tienen que ir a la guardería y tienen que madrugar, los acostemos pronto para que puedan dormir las horas que necesiten. Pero si no van, yo prefiero disfrutar de ella todo lo que pueda. Entonces, ¿a qué hora hay que acostarlos? Es sencillo: cuando tengan sueño. Eso es algo que los adultos no hacemos, por culpa del trabajo y de las costumbres sociales. Siempre desayunamos, comemos y cenamos a la misma hora, en vez de comer cuando tenemos hambre y dormir cuando tenemos sueño. Ya tendrán tiempo nuestros enanos de empezar esas tediosas rutinas. Mientras tanto, que coman y duerman cuando les plazca.

La conclusión final que he sacado, después de este año, es que los consejos que nos dan están basados en las prácticas que usaban nuestras abuelas y nuestras madres y que se siguen practicando por costumbre, pero que carecen, la mayoría, de lógica. Con esto no quiero decir que no escuchemos recomendaciones de otros padres. Todo lo contrario, escucha a todo el mundo, siempre puedes sacar algo positivo de las experiencias de otra persona.

El consejo que le doy a todos los futuros padres: «No hagas caso de los consejos que te den, escúchalos, pero haz lo que el instinto te diga».

Sigue leyendo ->

El diván de Peter Pan

«…Y Si los hombres tuviéramos un espacio, un lugar físico, un sitio entre iguales donde vomitar nuestras miedos o celebrar nuestras emociones proscriptas…»

*por Alejandro Busto Castelli

¿Y entonces a los padres, quién los sostiene? … la pregunta resonando en el aula, mi cabeza buscando con la mirada a la voz que preguntaba.

Era Rosa Sorribas de Crianza Natural, en el turno de preguntas de mi conferencia “En busca del perro verde”,  en la I Jornada de Crianza en red organizada por la Editorial Obstare, (Barcelona, marzo 2012)

Mis alumno/as de los talleres de hablar en público, generalmente comparten entre sus miedos, aquella ansiedad anticipatoria que generan las preguntas de la audiencia. Siempre he pensado que las mejores preguntas son aquellas para las cuales uno no tiene respuestas. Esas preguntas oportunidad, indagación, cuestionamiento, esas preguntas de revisión del discurso.

Yo no tenía respuesta, por lo menos no una habitual, ya ensayada, antigua, esperada. En un microsegundo pensé… cierto y a nosotros quien cojones nos contiene, quien nos escucha, con quien vomitamos…nuestras miserias, nuestras sombras y dudas. 

Respondí a Rosa. No sé desde que lugar, no puedo saber porque tan rápido. Dije: “en mi caso mi Madre”.

Fue con ella con quien hablé de  mi despertar sexual, a ella a la que llamé a los cinco minutos de ver el predictor, aunque le había jurado a mi pareja que no lo diría hasta pasar las temidas 12 semanas.

En aquella conferencia un círculo mágico se cerró, cuando Ileana Medina dijo tras mi respuesta, que esa era la clave, ya los nuevos padres tendrían que haber sido hijos bien maternados.

Y sí… mi primer contenedor emocional, mi madre ¿Y después? ¿Y cuando no este? ¿Y el resto de los hombres, no podrían en algún momento cubrir ese hueco?

Y Si los hombres tuviéramos un espacio, un lugar físico, un sitio entre iguales donde vomitar nuestras miedos o celebrar nuestras emociones proscriptas…

Si ese lugar existiera… quizá nuestras relaciones de pareja y los vínculos con nuestros hijos e hijas contarían otra historia… solo quizá.

Durante el 2012 y lo que va del 2013 en cada curso o taller donde un chico me  escuchaba, fue creciendo la idea de que no podía permanecer mucho tiempo más sin hacer algo al respecto. Quieto, inmóvil, esperando a que tal vez otros, a que por fin se produzca un cambio.

Es bien cierto que al calor de los círculos de mujeres o madres, algunos hombres nos hemos acercado. Me contaba la psicóloga GabriellaAviva en un correo hace más de un año largo, su dificultad para darles a los hombres que se acercaban a su grupo, lo que ellos pedían o quizá mejor expresado: lo que ellos necesitaban.

Copio textualmente con su autorización (Gracias Gabriella!)


“…Los papás siempre me reclamaron (desde la primera edición del grupo!) un espacio también para ellos! Y yo siempre me he disculpado con ellos, porque sentía (y siento) que no se lo puedo proporcionar…mi energía masculina se vio ciertamente debilitada tras mi maternidad y siento que no puedo ser la profesional que coordina un grupo (terapéutico) con 10 hombres..! Les he animado siempre a que buscaran un hombre -psicólogo y psicoterapeuta- preparado y que pudiera y deseara coordinar el espacio que estaban buscando, pero nunca encontraron a nadie ni nadie se ofreció. Tampoco ellos se animaron nunca a autogestionar uno…”


Sin duda que ante la ausencia de espacios, que nos “cedan” un trocito de los lugares que ellas han creado es importante. Pero vuelvo sobre la necesidad: No sé si lo que necesitamos.


Debo recordar con gratitud que yo mismo fui escuchado en mi despertar de paternidad por otras mujeres, no tenía muchos hombres cerca que  quisieran compartir  sobre embarazo, vómitos, dolores de espalda, miedos y frustraciones. Y los que me escuchaban por respeto cinco minutos después me apodaban “la madre” o sonreían con disimulo…


En los últimos tiempos  parece reclamarse espacios para los padres, hacemos alguna conferencia más que antes, escribimos libros y algunos de nosotros aparecemos en congresos de maternidad, así que con calma  empiezan a aparecer estos círculos de hombres tan necesarios.


He visto iniciativas por toda España. En algunos casos están dirigidas e imaginadas por mujeres, que quizá desde la experiencia, la demanda hecha en los propios círculos de mujeres sumado a la poca oferta, quieren apoyar a los hombres a construir un presente más consciente y comprometido.  


Quizá por eso tres de los autores del libro “Una nueva Paternidad” (Editorial Pedagogía Blanca) hemos soñado en un lugar para hombres pero también de la mano de otros hombres, a su vez  padres. Se trata de José Ernesto Juan, presidente de la asociación Besos y Brazos, Ramón Soler codirector de la Revista Mente Libre y un servidor.  


Confieso en este comienzo que aún me hace ruido y no me termina de convencer del todo la idea esta de “exclusividad”, del  “solo para hombres”. Quizá solo dure un tiempo y los círculos puedan ser de familias.


Sin embargo creo que estamos en un momento social y vital, donde no sé cuántos de nosotros podemos vencer y tirar abajo ciertos prejuicios si no nos dejan solos por fin. Siento por momentos que este camino de piedras, de lo emocional y la sensibilidad desnudada es un camino solo para nosotros.


Creo que en el comienzo y  en este momentos debemos construir una masculinidad distinta sin mirarnos en el espejo de ellas. Probablemente no son sus filtros los que hoy necesitamos, no sé qué valor tendría emprender este viaje para de regreso solo satisfacer la imagen que el espejo femenino nos devolvió y nos reclamo.


Regresar si, reconstruidos y repensados en primer lugar por nosotros mismos y porque socialmente no se sostiene un tipo de hombre al servicio de un sistema egoísta, individualista e insolidario. Regresar para ser parte de la solución y no del problema.


Por estas razones nace “El diván de Peter pan”, para escucharnos, para hablar lejos del Bar y sin trivializar de nuestras relaciones de pareja. Para compartir entre lágrimas si hace falta nuestra infinita y reiterada desconexión con nuestros hijos e hijas. Con nuestros filtros, con nuestras sombras y nuestra historia pasada.


Y por encima de todo con el futuro por construir, decididamente en nuestras manos.


Sigue leyendo ->

El futuro de los libros

HideOut es un prototipo de DisneyResearch que, a través de una camara infrarroja detecta diversos patrones impresos en una tinta invisible al ojo humano y, en base a estos, proyecta animaciones, o imágenes interactivas para aumentar la experiencia de un libro, un juego, o de lo que surja de la imaginación de los desarrolladores. Los […]

Sigue leyendo ->

Papá, ¿y el zorro que dice?

papaLobo: ¿cómo hace la vaca?
pequeñoM: Muuuuu.
PapaLobo: ¿cómo hace la oveja?
pequeñoJ: Beeee.
papaLobo: ¿cómo hace el perro?
pequeñoM: Güau, güau
papaLobo : muy bien!
PapaLobo: ¿cómo hace la rana?
pequeñoJ: Croak, croak

papaLobo: fenomenal.

pequeñoM: ¿papá?
papaLobo: ¿qué?
pequeñoM: ¿cómo hace el zorro?
papaLobo: ¿el zorro?
pequeñoJ: zi, el zogo!

Pues el zorro hace…



Jacha-chacha-chacha-chow

Feliz martes 😉
Sígueme
Sigue leyendo ->