De pagadores y proveedores. ¿Y el paciente?

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir como invitado a la reunión organizada por una prestigiosa consultora sobre el presente y futuro del sector sanitario privado. Se presentaron algunas cifras realmente impactantes de cómo ha evolucionado la sanidad privada en Catalunya en los últimos años. 
La fusión y absorción de entidades aseguradoras ha hecho que estas tengan un mayor poder de negociación sobre los proveedores de pequeño y mediano tamaño hasta el punto de reducir su cuadro médico concentrando la provisión en centros propios o ajenos pero estratégicos. Por otra parte, la fusión de grandes grupos sanitarios ha propiciado, en Barcelona especialmente, una situación de oligopolio que pone en riesgo el clásico modelo de profesionales y sociedades médicas donde estos disponían de las claves de las aseguradoras y,por tanto, la capacidad de generar actividad. 

Hoy en día, nos encontramos ante un cambio de paradigma donde los grandes grupos sanitarios se han jerarquizado de tal forma que deciden qué medicos van a trabajar con ellos y en que condiciones. Lógicamente, la parte más damnificada de todo este cambio es el médico y sus sociedades profesionales algunas de los cuales han puesto en marcha mecanismos para hacerse fuertes en el mercado y salvar el impacto de una competencia feroz y de unos pagadores cada vez más poderosos. La mayoría de acciones se han vinculado a la reducción de costes, optimización de recursos y acciones de marketing para atraer a nuevos clientes (y mantener a los actuales,claro). Pero, ¿qué hay de la calidad asistencial? ¿Y del buen hacer de los profesionales? 
Quizás ha llegado el momento que proveedores y pagadores lleguen a un consenso relacionado con la excelencia de la práctica asistencial. Establecer acuerdos en función de resultados de salud parece lo más sensato para todas las partes y, especialmente, para el paciente pues, aunque parezca una paradoja, éste parece en ocasiones un actor secundario cuando debería ser el protagonista,el centro del sistema. Este modelo garantizaría la pervivencia de los mejores profesionales y no solo de aquellos que trabajan a un precio más ajustado además de proporcionar a los pacientes una salud mejor que,al fin y al cabo es de lo que se trata,¿no?
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De pagadores y proveedores. ¿Y el paciente?

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir como invitado a la reunión organizada por una prestigiosa consultora sobre el presente y futuro del sector sanitario privado. Se presentaron algunas cifras realmente impactantes de cómo ha evolucionado la sanidad privada en Catalunya en los últimos años. 
La fusión y absorción de entidades aseguradoras ha hecho que estas tengan un mayor poder de negociación sobre los proveedores de pequeño y mediano tamaño hasta el punto de reducir su cuadro médico concentrando la provisión en centros propios o ajenos pero estratégicos. Por otra parte, la fusión de grandes grupos sanitarios ha propiciado, en Barcelona especialmente, una situación de oligopolio que pone en riesgo el clásico modelo de profesionales y sociedades médicas donde estos disponían de las claves de las aseguradoras y,por tanto, la capacidad de generar actividad. 

Hoy en día, nos encontramos ante un cambio de paradigma donde los grandes grupos sanitarios se han jerarquizado de tal forma que deciden qué medicos van a trabajar con ellos y en que condiciones. Lógicamente, la parte más damnificada de todo este cambio es el médico y sus sociedades profesionales algunas de los cuales han puesto en marcha mecanismos para hacerse fuertes en el mercado y salvar el impacto de una competencia feroz y de unos pagadores cada vez más poderosos. La mayoría de acciones se han vinculado a la reducción de costes, optimización de recursos y acciones de marketing para atraer a nuevos clientes (y mantener a los actuales,claro). Pero, ¿qué hay de la calidad asistencial? ¿Y del buen hacer de los profesionales? 
Quizás ha llegado el momento que proveedores y pagadores lleguen a un consenso relacionado con la excelencia de la práctica asistencial. Establecer acuerdos en función de resultados de salud parece lo más sensato para todas las partes y, especialmente, para el paciente pues, aunque parezca una paradoja, éste parece en ocasiones un actor secundario cuando debería ser el protagonista,el centro del sistema. Este modelo garantizaría la pervivencia de los mejores profesionales y no solo de aquellos que trabajan a un precio más ajustado además de proporcionar a los pacientes una salud mejor que,al fin y al cabo es de lo que se trata,¿no?
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Ensayo sobre la ceguera

Sobre la mía, concretamente. Tras una bronca paterno-filial generada por  una de esas travesuras que los hermanos mayores llevan a cabo para llamar la atención de sus sufridos padres, Adriana se marchó cabizbaja a su habitación.
Al día siguiente, al ir a despertarla de buena mañana, su madre y yo vimos en su pizarra un dibujo de un monigote con cara triste, difícil de identificar por lo abstracto del retazo pero con una línea en forma de U invertida en la zona de la boca muy evidente.
Le preguntamos por la identidad del personaje del dibujo, y nos contestó que era ella. El nudo en el estómago que me provocó esa respuesta y la imagen de ese dibujo es indescriptible. Adriana, triste por la regañina (seguramente desproporcionada) de su padre, plasmó su estado de ánimo en un dibujo, en unos breves trazos a tiza que no pueden ser más elocuentes y que merecen, cuanto menos, una reflexión.
A menudo somos incapaces de medir la hipersensibilidad de nuestros pequeños, les tratamos como mayores, demandamos de ellos reacciones y comportamientos que no se corresponden a su edad, a su condición de niños inocentes a los que cualquier palabra fuera de tono, cualquier grito, cualquier amenaza velada, les hace un daño tremendo que espero no sea irreparable.
Pretendemos que niños de 4 años entiendan nuestra idiosincrasia, que se pongan en nuestro lugar y permanezcan quietos y callados en un rincón porque papá está cansado o porque papá quiere tranquilidad. Eso es ceguera, de la peligrosa, de la dañina, de la que acaba convirtiendo a nuestros pequeños en blancos de nuestra ira, volcando sobre ellos frustraciones que acaban en dibujos en pizarras que se clavan como puñales.

Esta mañana, nada más levantarse, Adriana me ha dicho: “Papi, ¿me perdonas?”. Tras recibir la absolución, y sin decir nada a nadie, se ha dirigido a su habitación, ha borrado la cara triste, y ha dibujado en su lugar una sonrisa. Y a mi me ha matado de amor.
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Ensayo sobre la ceguera

Sobre la mía, concretamente. Tras una bronca paterno-filial generada por  una de esas travesuras que los hermanos mayores llevan a cabo para llamar la atención de sus sufridos padres, Adriana se marchó cabizbaja a su habitación.
Al día siguiente, al ir a despertarla de buena mañana, su madre y yo vimos en su pizarra un dibujo de un monigote con cara triste, difícil de identificar por lo abstracto del retazo pero con una línea en forma de U invertida en la zona de la boca muy evidente.
Le preguntamos por la identidad del personaje del dibujo, y nos contestó que era ella. El nudo en el estómago que me provocó esa respuesta y la imagen de ese dibujo es indescriptible. Adriana, triste por la regañina (seguramente desproporcionada) de su padre, plasmó su estado de ánimo en un dibujo, en unos breves trazos a tiza que no pueden ser más elocuentes y que merecen, cuanto menos, una reflexión.
A menudo somos incapaces de medir la hipersensibilidad de nuestros pequeños, les tratamos como mayores, demandamos de ellos reacciones y comportamientos que no se corresponden a su edad, a su condición de niños inocentes a los que cualquier palabra fuera de tono, cualquier grito, cualquier amenaza velada, les hace un daño tremendo que espero no sea irreparable.
Pretendemos que niños de 4 años entiendan nuestra idiosincrasia, que se pongan en nuestro lugar y permanezcan quietos y callados en un rincón porque papá está cansado o porque papá quiere tranquilidad. Eso es ceguera, de la peligrosa, de la dañina, de la que acaba convirtiendo a nuestros pequeños en blancos de nuestra ira, volcando sobre ellos frustraciones que acaban en dibujos en pizarras que se clavan como puñales.

Esta mañana, nada más levantarse, Adriana me ha dicho: “Papi, ¿me perdonas?”. Tras recibir la absolución, y sin decir nada a nadie, se ha dirigido a su habitación, ha borrado la cara triste, y ha dibujado en su lugar una sonrisa. Y a mi me ha matado de amor.
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Gracias a Dios que soy negro

Leyendo a Hemingway, en Por quién doblan las campanas. Me hizo gracia, y eso que no soy negro.

“-Bueno -dijo el gitano, y empezó a cantar con voz lamentosa:

Tengo nariz aplastá,
tengo cara charolá,
pero soy un hombre
como los demás.

-Olé -dijo alguien- Adelante, gitano.

La voz del gitano se elevó, trágica y burlona:

Gracias a Dios que soy negro
y que no soy catalán

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Gracias a Dios que soy negro

Leyendo a Hemingway, en Por quién doblan las campanas. Me hizo gracia, y eso que no soy negro.

“-Bueno -dijo el gitano, y empezó a cantar con voz lamentosa:

Tengo nariz aplastá,
tengo cara charolá,
pero soy un hombre
como los demás.

-Olé -dijo alguien- Adelante, gitano.

La voz del gitano se elevó, trágica y burlona:

Gracias a Dios que soy negro
y que no soy catalán

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Mi hijo me pega

Pero así, como suena. Y no de una forma cariñosa provocada por su falta de coordinación psicomotriz, no no. Me pega con la mano abierta y con cara de chino cabreado al que le han quitado los palillos a la hora de comer.
Desconozco hasta la fecha si se trata de un frustración generada por la incapacidad de verbalizar el odio que me profesa cuando me bato en duelo con él blandiendo en la diestra la cuchara, o si por el contrario canaliza en forma de guantazo rural lo mal que le caigo como padre.

Pero el caso es que me pega, apretando los cuatro dientes que tiene y frunciendo el ceño, sacando a relucir el gen de Cuenca que lleva en sus adentros. De momento la cosa no ha pasado a mayores y hemos solventado los conatos de violencia con unas cuantas cosquillas, pero por si acaso voy a ir llamando a Pedro Aguado para que me vaya haciendo un hueco.
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Mi hijo me pega

Pero así, como suena. Y no de una forma cariñosa provocada por su falta de coordinación psicomotriz, no no. Me pega con la mano abierta y con cara de chino cabreado al que le han quitado los palillos a la hora de comer.
Desconozco hasta la fecha si se trata de un frustración generada por la incapacidad de verbalizar el odio que me profesa cuando me bato en duelo con él blandiendo en la diestra la cuchara, o si por el contrario canaliza en forma de guantazo rural lo mal que le caigo como padre.

Pero el caso es que me pega, apretando los cuatro dientes que tiene y frunciendo el ceño, sacando a relucir el gen de Cuenca que lleva en sus adentros. De momento la cosa no ha pasado a mayores y hemos solventado los conatos de violencia con unas cuantas cosquillas, pero por si acaso voy a ir llamando a Pedro Aguado para que me vaya haciendo un hueco.
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La loma de las currucas.


Así he nombrado a un lugar muy especial donde me alejo del mundanal ruido y paso deliciosos momentos en contacto íntimo con la naturaleza y la familia. En algún lugar de la sierra de Guadarrama, entre la cuerda y la meseta norte, sembrada de pinos silvestres generosos, robustos y tercos, se encuentra una pequeña loma que sobrepasa con creces los milquinientos metros sobre el nivel del mar. Formado por un formidable terreno cubierto de verde genista, escobones y el pino. Salpicado de valerosas encinas, rosales, espinos albares y algún minoritario Roble Melojo. En una tierra presta al Pino Silvestre, aquí hace un alto en el camino para vestirse con una masa arbustiva de predominio verde, acompañado del amarillo en primavera y verano. Aquí yace un formidable rincón de la naturaleza en el camino, oteo, huelo y medito…

Vista del lugar descrito, donde se aprecia la abundante vegetación arbustiva y algunos pies jóvenes de Pino Silvestre y Encina. Al fondo se adivina un Pinar establecido de Pinus silvestris.

Es lugar de resguardo, cría y alimento de una variada comunidad animal también. Entre las más llamativas especies que crían en este entorno están las aves, y más concretamente las pequeñas currucas. Un verdadero tesoro en las mañanas de primavera y en las espectaculares floraciones de primeros de verano. Sus cantos me turban y me embelesan cuando se unen a la multitud de olores que emanan de este paisaje verde y azul, alumbrado por los rayos de sol que muestran la belleza indómita de la naturaleza. Presumo de estar en un lugar que además del atractivo paisaje, de manera natural brota la diversidad ornítica (aves). Estimando cerca de cien especies distintas. Entre ellas, están las mencionadas currucas, y que por su diversidad he bautizado este lugar cariñosamente como “la loma de las Currucas”. Y así paso a nombrar ahora todas las que he podido observar visualmente con mis ojos y oído con mis orejas hasta hoy:

Curruca capirotada, Curruca mirlona, Curruca Carrasqueña, Curruca zarcera, Curruca mosquitera y Curruca tomillera. Quedando todavía tiempo en el invierno para que nos visite las únicas currucas que nos quedan y que se pueden observar a pocos kilómetros del lugar, la Curruca rabilarga y la Curruca Cabecinegra. Lo que nos situaría en uno de los lugares de España donde se podrían observar todas las currucas peninsulares.

Además de este privilegiado atributo, este lugar es de los pocos tan al sur en el que se observa la cría del Alcaudón Dorsirrojo, un ave ligada al norte y a paisajes eurosiberianos que encuentra aquí posiblemente unos de sus vértices occidentales en su distribución euroasiática.

Esto es solo es un botón de muestra de la riqueza que todavía atesoran algunos lugares de España. Y es un verdadero privilegio que podamos aún disfrutarlo. Así que recomiendo encarecidamente a tod@s que cuando vayamos a un lugar como este nos dejemos llevar por su silencio y también por su canto. Nos llevará a sentir ese ser tan especial que mora dentro de nosotros, y lo descubrirá fuera reflejado en su infinita belleza.

NOTA: Tengo que decir que después de redactar esta entrada de mi blog he conseguido ver una de las dos especies de curruca que me quedaban de ver en la zona y es la ya mencionada Curruca Rabilarga (silvia undata). Así que ahora me queda solo una, la Curruca Cabecinegra (Silvia melanocephala) para completar el elenco y presumir de ser el lugar donde se observan todas las currucas de la península ibérica.

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La loma de las currucas.


Así he nombrado a un lugar muy especial donde me alejo del mundanal ruido y paso deliciosos momentos en contacto íntimo con la naturaleza y la familia. En algún lugar de la sierra de Guadarrama, entre la cuerda y la meseta norte, sembrada de pinos silvestres generosos, robustos y tercos, se encuentra una pequeña loma que sobrepasa con creces los milquinientos metros sobre el nivel del mar. Formado por un formidable terreno cubierto de verde genista, escobones y el pino. Salpicado de valerosas encinas, rosales, espinos albares y algún minoritario Roble Melojo. En una tierra presta al Pino Silvestre, aquí hace un alto en el camino para vestirse con una masa arbustiva de predominio verde, acompañado del amarillo en primavera y verano. Aquí yace un formidable rincón de la naturaleza en el camino, oteo, huelo y medito…

Vista del lugar descrito, donde se aprecia la abundante vegetación arbustiva y algunos pies jóvenes de Pino Silvestre y Encina. Al fondo se adivina un Pinar establecido de Pinus silvestris.

Es lugar de resguardo, cría y alimento de una variada comunidad animal también. Entre las más llamativas especies que crían en este entorno están las aves, y más concretamente las pequeñas currucas. Un verdadero tesoro en las mañanas de primavera y en las espectaculares floraciones de primeros de verano. Sus cantos me turban y me embelesan cuando se unen a la multitud de olores que emanan de este paisaje verde y azul, alumbrado por los rayos de sol que muestran la belleza indómita de la naturaleza. Presumo de estar en un lugar que además del atractivo paisaje, de manera natural brota la diversidad ornítica (aves). Estimando cerca de cien especies distintas. Entre ellas, están las mencionadas currucas, y que por su diversidad he bautizado este lugar cariñosamente como “la loma de las Currucas”. Y así paso a nombrar ahora todas las que he podido observar visualmente con mis ojos y oído con mis orejas hasta hoy:

Curruca capirotada, Curruca mirlona, Curruca Carrasqueña, Curruca zarcera, Curruca mosquitera y Curruca tomillera. Quedando todavía tiempo en el invierno para que nos visite las únicas currucas que nos quedan y que se pueden observar a pocos kilómetros del lugar, la Curruca rabilarga y la Curruca Cabecinegra. Lo que nos situaría en uno de los lugares de España donde se podrían observar todas las currucas peninsulares.

Además de este privilegiado atributo, este lugar es de los pocos tan al sur en el que se observa la cría del Alcaudón Dorsirrojo, un ave ligada al norte y a paisajes eurosiberianos que encuentra aquí posiblemente unos de sus vértices occidentales en su distribución euroasiática.

Esto es solo es un botón de muestra de la riqueza que todavía atesoran algunos lugares de España. Y es un verdadero privilegio que podamos aún disfrutarlo. Así que recomiendo encarecidamente a tod@s que cuando vayamos a un lugar como este nos dejemos llevar por su silencio y también por su canto. Nos llevará a sentir ese ser tan especial que mora dentro de nosotros, y lo descubrirá fuera reflejado en su infinita belleza.

NOTA: Tengo que decir que después de redactar esta entrada de mi blog he conseguido ver una de las dos especies de curruca que me quedaban de ver en la zona y es la ya mencionada Curruca Rabilarga (silvia undata). Así que ahora me queda solo una, la Curruca Cabecinegra (Silvia melanocephala) para completar el elenco y presumir de ser el lugar donde se observan todas las currucas de la península ibérica.

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Diferentes estilos de crianza alrededor del mundo

Cuando uno se entera de que se convertirá en padre o está soltero y ve a otros padres llevar a cabo sus funciones, uno se promete a sí mismo que nunca hará “eso” o “aquello”, no caerá en X o Y errores o que hará las cosas a su modo y de la mejor manera.

Esto denota que todos creemos que hay una forma única y correcta de hacer las cosas, la nuestra; sin embargo, recordando que no todos pensamos igual, entonces existen miles de millones de “formas únicas y correctas de hacer las cosas”.

Por ello, cuando uno madura y se da cuenta de que todo se resume en que cada uno hará con sus hijos lo mejor que pueda, lo que mejor le acomode, como sienta que es correcto y pondrá todo su corazón en ello al momento de criarlos, entonces no hay espacio para el juicio hacia otros padres o poder decir que ésta es la forma correcta y aquella la incorrecta.

Así, les presento esta pequeña lista de cómo es que otros padres llevan a cabo sus funciones en diferentes puntos del planeta:

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Costa Rica y el colecho:

En Costa Rica, no existen las incubadoras para bebé o las cunas en los hospitales públicos. Después de recuperarse de la labor de parto, la mamá comparte la cama con su bebé.

“Mi esposo que es de Estados Unidos, estaba sorprendido de que no hubiera enfermeras que se llevaran a toda prisa a nuestra bebé después de que hubiera nacido o que la estuvieran molestando con visitas constantes al cuarto, esto con el fin de que pudiéramos tener un buen descanso durante nuestra estancia en el hospital,” explicó Jeimy Hernández, mamá costarricense. “El colecho favorece el vínculo entre madre e hijo desde el comienzo. No me gustaría que fuera de otra forma.”

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Noruega y el protocolo infantil a seguir: 

En Noruega, la crianza de los hijos está institucionalizada. Cuando un niño cumple un año, este debe ser inscrito en el Barnehage, que en noruego significa “jardín de niños”, el cual es una guardería subsidiada por el estado que funciona las 24 horas del día. Enfoques creativos en cuanto a la crianza de los hijos son mal vistos; el estilo Noruego requiere del mismo estilo para todo: Escolaridad, hábitos alimenticios y horas de ir a la cama.

Así, los padres pagan unos cuantos cientos de dólares al mes para que sus hijos sean cuidados de 8 a.m. a 5 p.m.

Aunque las temperaturas son extremadamente frías en Noruega, es común que los niños asistan al jardín de niños sin falta; de la misma forma es común ver a los bebés en la calle durante el invierno Escandinavo, durmiendo en sus carriolas plácidamente.

A pesar de los beneficios provistos por el gobierno, algunos padres se quejan de la falta de creatividad de otros al momento de criar a sus hijos.

“Existe un sentimiento individual de que sólo hay una forma correcta de hacer las cosas. Y todos pensamos así,” explica una madre Estadounidense que apenas ha comenzado a acostumbrarse a criar a sus hijos en Noruega. “En Estados Unidos, hay muchos estilos como el colecho y la crianza con apego. Pero aquí sólo hay una forma, más o menos: todos los niños van a la cama a las 7, asisten al mismo tipo de escuela pre-escolar, todos usan botas, todos comen el mismo lunch… ese es el estilo Noruego.”

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Israel y todo el pueblo:

En Israel, la comunidad está fuertemente unida e influencia en gran manera a las familias. La mentalidad Estadounidense de la crianza de los hijos basada en “Ocúpate de tus propios asuntos” (MYOB: Mind Your Own Business) no funcionaría en Israel.

“Aquí todos son padres de tus hijos,” explica Yael Shem Tov Sostiel, mamá israelí ahora residente en Estados Unidos. “Allá la gente te detiene en la calle para ofrecerte consejos útiles. Los abuelos también son como los segundos padres y pasan gran parte del tiempo educando a sus nietos.”

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Dinamarca y el tiempo personal de cada padre:

Los padres daneses dejan a sus hijos desatendidos para ir de compras, almorzar, o salir con sus amigos. Si caminas por las calles de Dinamarca, indudablemente verás niños afuera de su casa esperando por sus padres… sin que nadie se sorprenda ni juzgue.

“Es normal ver a los padres comprando o comiendo dentro de los restaurantes y tiendas, mientras que las carriolas con los bebés los esperan en el exterior con el impetuoso frío,” explica una madre neoyorquina, quien visitó Dinamarca recientemente.

Los padres también creen que con esto, los niños desarrollaran defensas y resistencia al frío.

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Guatemala y los “terribles dos”:  

De acuerdo al estudio “Trato privilegiado a niños: Aspectos culturales de la elección personal y de la responsabilidad”, en San Pedro La Laguna las mamás no reportan que la conducta de sus hijos se torne negativa a la edad de los dos años. En lugar de esto, los niños llevan a cabo una transición invisible que los hace pasar de ser bebés “egoístas” a niños cooperativos.

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Japón y la autonomía:

En Japón, es perfectamente normal que un niño aborde el subterráneo solo a la edad de 7 años, incluso no es de sorprender que hasta un niño de 4 años ande solitario abordando uno de los trenes. No existen las expresiones de sorpresa al ver a estos niños andar por la calle solos, no hay quien se quede mirando indignado. Simplemente así son las cosas y los niños prosperan.

También es común que en las escuelas, los maestros permitan las peleas entre alumnos mientras no se tornen muy violentas, ya que se cree que esto les permite madurar esperando que aprendan a relacionarse con otros y a resolver sus problemas de forma individual sin requerir del maestro u otro adulto. De esta manera comienzan a saber que deberán buscar y tomar decisiones si es que quieren desarrollarse en todos los aspectos conforme van creciendo.

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Vietnam y la ida al baño:

¿Sufres por la etapa en la que debes enseñar a tu hijo a ir al baño? Quizás es momento de tomar el ejemplo de las mamás Vietnamitas, quienes se las arreglan como profesionales al momento de enseñar a sus bebés a orinar con solo el sonar de una orden.

En Vietnam y aparentemente en China también, los papás están atentos al momento en el que sus hijos comienzan a orinar y de inmediato silban. Con bastantes repeticiones, los bebés asocian el silbido con el orinar, y así al sonar del silbido de los padres, orinan. La mayoría de ellos queda libre de pañales para los 9 meses. 

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Argentina y la hora del sueño:

En Argentina y España es común que los niños vayan a la cama muy tarde. Principalmente cuando los padres tienen alguna reunión o es día feriado, llevan a los niños consigo y conciben el sueño al mismo tiempo que los adultos ocasionando que al día siguiente se levanten tarde, cosa que también es común y muy diferente a su contraparte en otros países como Estados Unidos, donde a las 5 de la mañana los niños ya están despiertos y solicitando la atención de los padres y yendo a la cama a las 7 de la noche.

“Mientras obtengan suficientes horas de sueño, todo está bien y es lo mismo. Esto también prepara a los niños para ser socialmente funcionales más tarde y estar cómodos con otras y muchas personas,” explicó Jim McKenna, encargado del Laboratorio de Conducta del Sueño entre Madre y Bebé  de la Universidad de Notre Dame.

En España, simplemente la idea de que un niño se duerma a las 6:30 de la tarde es impensable. Aquí, los padres se enfocan más en el aspecto social y las relaciones interpersonales en el desarrollo de sus hijos y por eso los dejan dormir hasta pasando de las 10 de la noche con el fin de que participen en las actividades sociales de la familia durante la vida nocturna, que muchas veces es la hora a la que los padres regresan de trabajar u organizan reuniones y fiestas.

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Francia y la comida:

En Francia es común que a los niños les den comida con ingredientes como paté de pato, quesos fuertes, betabel y espárrago en platillos que ofrecen en la escuela, y acompañan estos alimentos con agua natural en lugar de jugo de fruta o refresco como en otros países.

“La regla en casa es que a un niño le es permitido que no le guste, pero no se vale que no lo pruebe al menos una vez,” explica un chef francés quien también es padre. “Si a un niño no le gustó algo, eso no significa que se eliminará para siempre del menú de la casa, es probable que los niños que prueban por segunda ocasión algo que no les había gustado, lo terminen amando.”

Cuando se le preguntó al chef sobre lo que había hecho, él respondió que con esto esperaba que sus niños observaran la comida que él hacía, los animara a probar diversos y nuevos sabores y al mismo tiempo les permitía explorar el proceso de preparación.

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Líbano y la cercanía de la familia:

En Líbano, si una persona quiere cenar, entonces toda la familia cena junta; lo cual resulta en un grupo de entre 30 y 40 personas que terminan reunidos a la mesa.

“Nadie hará movimiento alguno sin el resto del grupo,” explica Tammy Audi. “Se siente anti natural dejar a alguien atrás o solo.”

Tampoco es común contratar una niñera, los parientes son los que siempre se encargan y cuidan de los niños y es normal que los miembros de la familia lleguen a casa de otros sin llamar para dar previo aviso. Es normal que se les anime y se les presione a quedarse, comer y conversar.

Para ellos, la familia es un grupo de personas que pueden ayudar a tomar decisiones importantes en la vida o ayudar a otros en una crisis.
Cuando los parientes viven lejos, se esfuerzan en gran manera para mantener la comunicación y conexión, al mismo tiempo que intentan verse cara a cara lo más seguido posible.

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Yucatán y el trabajo:

En algunos pueblos de Yucatán, México, es normal que los niños trabajen y ayuden a las labores de la casa desde que tienen 2 o 3 años.

“Recuerdo que me despertaba temprano para ir de caza con mi padre, después llegaba a casa y ayudaba a mi madre a preparar la comida así como en otras tareas,” explica una anciana residente de uno de esos pueblos. “También cortaba leña para otros y ganaba una pequeña cantidad de dinero por ello, lo cual me hacía feliz porque contribuía y aportaba ingresos a la casa.”

En otros pueblos de Yucatán, es normal que los niños de 2 años ayuden con tareas como lavar la ropa o alimentar a las gallinas.

Un investigador se percató de que los Mayas, al confiar algunas tareas como estas a los niños, permiten que los niños se sientan útiles pero también les dan espacio para que cometan sus propios errores y que aprendan de ellos.

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África Central y la inexistencia del machismo:

La tribu pigmea mejor conocida como Aka, es una de las culturas con los padres más dedicados en todo el mundo. Pasan casi el 50% del tiempo con sus hijos.

En realidad, en esta cultura los roles de madre y padre son virtualmente intercambiables. Esta flexibilidad permite, si así lo desean, que la madre salga a cazar y el padre se quede a cuidar a los hijos cuando sea que a la familia le convenga y viceversa.

No existe estigma alguno sobre el machismo o feminismo, el padre y la madre intercambian lugares sin pensarlo dos veces y sólo por el bien común. El padre no pierde estatus ni se avergüenza de tal costumbre.

Los padres también llevan a sus hijos a cazar, los llevan a las pláticas alrededor de la fogata que tienen con otros compañeros, y algunas veces hasta les ofrecen uno de sus pezones para que los bebés lo mamen si los pequeños se ponen difíciles durante el tiempo que están juntos y mamá no está cerca. ¿Alguna vez se preguntaron por qué los hombre tienen pezones? Aquí la respuesta.

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Polinesia y la hora de juego:

En la cultura de algunos isleños Polinesios, madres y padres son muy dedicados con sus hijos cargándolos, durmiendo con ellos y amamantándolos regularmente, pero cuando se trata de la hora de juego, no se ven a sí mismos como la mejor compañía de juego para sus hijos.

En lugar de esto, confían en que otros niños darán un mejor ambiente y tiempo de juego a sus hijos.

Los adultos se encargan de los bebés responsablemente, pero en cuanto el niño aprende a caminar, éste le es confiado a otro niño mayor para su cuidado.

“Niños de pre-escolar aprenden a calmar bebés,” explica la escritora y periodista Mei-Ling Hopgood en su libro “How Eskimos Keep Their Babies Warm”. “Mientras que los niños pequeños se vuelven independientes y seguros de sí mismos debido a que fueron enseñados que esa era la única forma en que podrían llevarse y juntarse con niños mayores.”

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No importa, papá

No importa, papá. No importa si has tenido un mal día en el trabajo y estás de mal humor. No importa si me gritas sin motivo aparente, porque estás cansado y no puedes más. No importa si no quieres jugar conmigo, ni que estés ahí sentado con cara de pocos amigos mientras me bañas. 

No importa que montes en cólera si tardo más de la cuenta en comer, o que frunzas el ceño si te pregunto cualquier cosa inoportuna. No importa que blasfemes,  que jures en arameo o que maldigas una y otra vez tu suerte por no tener tiempo para nada. 

No importa, nada importa, porque te quiero y el amor de un hijo no atiende a razones. 

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No importa, papá

No importa, papá. No importa si has tenido un mal día en el trabajo y estás de mal humor. No importa si me gritas sin motivo aparente, porque estás cansado y no puedes más. No importa si no quieres jugar conmigo, ni que estés ahí sentado con cara de pocos amigos mientras me bañas. 

No importa que montes en cólera si tardo más de la cuenta en comer, o que frunzas el ceño si te pregunto cualquier cosa inoportuna. No importa que blasfemes,  que jures en arameo o que maldigas una y otra vez tu suerte por no tener tiempo para nada. 

No importa, nada importa, porque te quiero y el amor de un hijo no atiende a razones. 

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Aprehender

A poco que uno comparte un tiempo prudencial con los/as adolescentes y jóvenes de hoy, y más si ello se produce en un contexto educativo (aunque sea extraescolar) se observa que en cuanto superan los estudios primarios y se adentran en la denominada ESO -ya no digamos en el Bachillerato cuya única meta es aprobar selectividad- van perdiendo su capacidad de aprehender para comenzar, en el mejor de los casos, a aprender

Aparentemente aprehender y aprender son palabras idénticas, aún más cuando se pronuncian que cuando se escriben, lo que quizás haya hecho que incluso los educadores hayan olvidado la importancia de esa “h sorda” que otorga un significado tan distinto a cada palabra desde el punto de vista pedagógico. Mientras aprehender significa coger, prender, capturar, apresar, aprisionar, echar el guante, detener, hacer algo mío, construir algo de tal manera que yo formo parte del resultado, que se queda en mí, adquiriendo sentido para mí…; aprender es sinónimo de asimilar, memorizar, estudiar, instruirse, cultivarse, adquirir conocimiento de una cosa, de una forma casi pasiva, un acto en el que me dejo llenar de contenidos cual recipiente en el que entran objetos, partiendo de un nivel de conocimientos para alcanzar otro superior, sin duda, pero no siempre con éxito para mí porque todos esos conceptos nuevos (en gran parte) no consigo que formen parte de mí o de mi realidad cotidiana, no consiguiendo hacerlos míos, puede que ni comprendiéndolos, sino sólo incorporándolos.

La inmensa mayoría de los niños y de las niñas comienzan su etapa escolar obligatoria con sumo interés por aprehender, por hacer suyos la lectura, las sumas y las restas, todos aquellos misterios de la naturaleza que no conocían y que ahora les permite interpretar y dar sentido al mundo que les rodea… Esta avidez por aprehender es posible mantenerla en la escuela gracias a que en los primeros cursos de primaria se emplean metodologías que conciben el aprehender jugando y descubriendo, el trabajo colaborativo, el desarrollo de materias por ámbitos y no por asignaturas, y sobre todo por el buen hacer de muchos/as maestros/as vocacionales que con una paciencia inmensa hacen de la docencia un arte y una aventura diaria. Sin embargo, con el paso de los años, y sobre todo en el último ciclo de primaria (cursos 5º y 6º), esta capacidad para aprehender se va disipando y se entrena premeditadamente al alumnado al proceso de aprendizaje (sin “h”), a través de montañas de deberes, a dar prioridad a acabar los temarios por encima de fomentar la ilusión y la motivación y, sobre todo, por centrar todos los esfuerzos en aprobar exámenes. Y es que en esto el sistema educativo es muy lógico y no trata de engañar a nadie: hay que preparar al alumnado para lo que le esperará en la educación secundaria obligatoria, o sea, estudiar, memorizar y “engullir” contenidos con el único fin de aprobar exámenes, lo que se denomina aprender. 

Así nos encontramos ante algo verdaderamente trágico. Aunque está demostrado científicamente, y cualquiera que tenga hijos/as puede corroborarlo, que el ser humano nace con la mayor de las predisposiciones por aprehender, por incorporar aquello a lo que encuentra sentido o lógica, nuestro sistema educativo transforma paulatinamente este talento innato de nuestros/as hijos e hijas para que terminen, en el mejor de los casos, aprendiendo un montón de información y conocimiento deslavazado que poco les sirven para aplicar en su vida diaria y mucho menos les servirá para desarrollarse como adultos competentes y libres. Y todo ello promovido por una enfermiza obsesión por los exámenes, por verificar y controlar la calidad del supuesto aprendizaje, sin compasión ni empatía con quienes los sufren, pura objetividad que servirá para reducir a la persona a un número, a una calificación, así como para recordarle permanentemente la amenaza de repetir curso, quizás lo que más penaliza y castiga la psicología de cualquier alumno/a.

Pues la tragedia amenaza con extenderse este año a todo el sistema educativo, y lo hace tan rápido y vorazmente como el fuego en un pajar repleto de seca mies. Como consecuencia de que en el curso escolar que acaba de comenzar empieza a aplicarse la nueva normativa educativa contemplada en la LOMCE, desaparecerán en primaria la organización por ciclos y cada curso escolar tendrá un carácter independiente por sí mismo. Ello abrirá la puerta a que se pueda repetir curso en cada uno de los cursos de primaria, mientras que hasta ahora era posible al final de cada ciclo (2º, 4º y 6º). Es decir, la LOMCE traslada los patrones que se han demostrado erróneos de la secundaria a la primaria, imponiendo a niños y niñas, desde los 6 años que aprender es más importante que aprehender. Memorizar por encima de comprender y razonar, hincar codos por encima de divertirse aprehendiendo, aprobar exámenes por encima de incorporar conocimientos útiles. ¡Qué gran estupidez!, ¿verdad?.
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Aprehender

A poco que uno comparte un tiempo prudencial con los/as adolescentes y jóvenes de hoy, y más si ello se produce en un contexto educativo (aunque sea extraescolar) se observa que en cuanto superan los estudios primarios y se adentran en la denominada ESO -ya no digamos en el Bachillerato cuya única meta es aprobar selectividad- van perdiendo su capacidad de aprehender para comenzar, en el mejor de los casos, a aprender

Aparentemente aprehender y aprender son palabras idénticas, aún más cuando se pronuncian que cuando se escriben, lo que quizás haya hecho que incluso los educadores hayan olvidado la importancia de esa “h sorda” que otorga un significado tan distinto a cada palabra desde el punto de vista pedagógico. Mientras aprehender significa coger, prender, capturar, apresar, aprisionar, echar el guante, detener, hacer algo mío, construir algo de tal manera que yo formo parte del resultado, que se queda en mí, adquiriendo sentido para mí…; aprender es sinónimo de asimilar, memorizar, estudiar, instruirse, cultivarse, adquirir conocimiento de una cosa, de una forma casi pasiva, un acto en el que me dejo llenar de contenidos cual recipiente en el que entran objetos, partiendo de un nivel de conocimientos para alcanzar otro superior, sin duda, pero no siempre con éxito para mí porque todos esos conceptos nuevos (en gran parte) no consigo que formen parte de mí o de mi realidad cotidiana, no consiguiendo hacerlos míos, puede que ni comprendiéndolos, sino sólo incorporándolos.

La inmensa mayoría de los niños y de las niñas comienzan su etapa escolar obligatoria con sumo interés por aprehender, por hacer suyos la lectura, las sumas y las restas, todos aquellos misterios de la naturaleza que no conocían y que ahora les permite interpretar y dar sentido al mundo que les rodea… Esta avidez por aprehender es posible mantenerla en la escuela gracias a que en los primeros cursos de primaria se emplean metodologías que conciben el aprehender jugando y descubriendo, el trabajo colaborativo, el desarrollo de materias por ámbitos y no por asignaturas, y sobre todo por el buen hacer de muchos/as maestros/as vocacionales que con una paciencia inmensa hacen de la docencia un arte y una aventura diaria. Sin embargo, con el paso de los años, y sobre todo en el último ciclo de primaria (cursos 5º y 6º), esta capacidad para aprehender se va disipando y se entrena premeditadamente al alumnado al proceso de aprendizaje (sin “h”), a través de montañas de deberes, a dar prioridad a acabar los temarios por encima de fomentar la ilusión y la motivación y, sobre todo, por centrar todos los esfuerzos en aprobar exámenes. Y es que en esto el sistema educativo es muy lógico y no trata de engañar a nadie: hay que preparar al alumnado para lo que le esperará en la educación secundaria obligatoria, o sea, estudiar, memorizar y “engullir” contenidos con el único fin de aprobar exámenes, lo que se denomina aprender. 

Así nos encontramos ante algo verdaderamente trágico. Aunque está demostrado científicamente, y cualquiera que tenga hijos/as puede corroborarlo, que el ser humano nace con la mayor de las predisposiciones por aprehender, por incorporar aquello a lo que encuentra sentido o lógica, nuestro sistema educativo transforma paulatinamente este talento innato de nuestros/as hijos e hijas para que terminen, en el mejor de los casos, aprendiendo un montón de información y conocimiento deslavazado que poco les sirven para aplicar en su vida diaria y mucho menos les servirá para desarrollarse como adultos competentes y libres. Y todo ello promovido por una enfermiza obsesión por los exámenes, por verificar y controlar la calidad del supuesto aprendizaje, sin compasión ni empatía con quienes los sufren, pura objetividad que servirá para reducir a la persona a un número, a una calificación, así como para recordarle permanentemente la amenaza de repetir curso, quizás lo que más penaliza y castiga la psicología de cualquier alumno/a.

Pues la tragedia amenaza con extenderse este año a todo el sistema educativo, y lo hace tan rápido y vorazmente como el fuego en un pajar repleto de seca mies. Como consecuencia de que en el curso escolar que acaba de comenzar empieza a aplicarse la nueva normativa educativa contemplada en la LOMCE, desaparecerán en primaria la organización por ciclos y cada curso escolar tendrá un carácter independiente por sí mismo. Ello abrirá la puerta a que se pueda repetir curso en cada uno de los cursos de primaria, mientras que hasta ahora era posible al final de cada ciclo (2º, 4º y 6º). Es decir, la LOMCE traslada los patrones que se han demostrado erróneos de la secundaria a la primaria, imponiendo a niños y niñas, desde los 6 años que aprender es más importante que aprehender. Memorizar por encima de comprender y razonar, hincar codos por encima de divertirse aprehendiendo, aprobar exámenes por encima de incorporar conocimientos útiles. ¡Qué gran estupidez!, ¿verdad?.
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Viernes dando la nota

Hoy os escribo solo una nota breve para indicar que con la llegada de Lapeque y otros cambios que se avecinan en casa de los petit, voy a estar un poco ausente del blog. Aunque intentaré en la medida de lo posible mantener un calendario regular de publicaciones, no sé si voy a poder conseguirlo, así que de momento, el inlinkz de los Viernes dando la nota lo va a publicar Jose Maria de La Parejita de Golpe , blog que, si no lo conocéis, ya estáis tardando en añadir a vuestro lector de feeds favorito.

Hoy no pongo canción pero espero que la próxima semana pueda dedicarle una a NaiaPetita.

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Viernes dando la nota

Hoy os escribo solo una nota breve para indicar que con la llegada de Lapeque y otros cambios que se avecinan en casa de los petit, voy a estar un poco ausente del blog. Aunque intentaré en la medida de lo posible mantener un calendario regular de publicaciones, no sé si voy a poder conseguirlo, así que de momento, el inlinkz de los Viernes dando la nota lo va a publicar Jose Maria de La Parejita de Golpe , blog que, si no lo conocéis, ya estáis tardando en añadir a vuestro lector de feeds favorito.

Hoy no pongo canción pero espero que la próxima semana pueda dedicarle una a NaiaPetita.

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Viernes dando la nota: Somniatruites

Hace poco, descubrí un disco de Albert Pla llamado anem al llit que está compuesto únicamente de canciones de cuna… al estilo Pla, pero canciones de cuna al fin y al cabo. Me gustó mucho la que os traigo hoy, quizá porque yo también era un poco “somniatruites” en el cole.

Aunque la letra es en catalán, creo que es fácil de entender, si no es así me lo decís y la traduzco. Por cierto, en catalán somniar amb truites (literalmente soñar con tortillas) viene a ser algo así como estar en la luna.

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Viernes dando la nota: Somniatruites

Hace poco, descubrí un disco de Albert Pla llamado anem al llit que está compuesto únicamente de canciones de cuna… al estilo Pla, pero canciones de cuna al fin y al cabo. Me gustó mucho la que os traigo hoy, quizá porque yo también era un poco “somniatruites” en el cole.

Aunque la letra es en catalán, creo que es fácil de entender, si no es así me lo decís y la traduzco. Por cierto, en catalán somniar amb truites (literalmente soñar con tortillas) viene a ser algo así como estar en la luna.

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Apología de la diferencia: ya no quiero caer bien

Por Olga Carmona

“Si te arrancan al niño, que llevamos por dentro, si te quitan la teta y te cambian de cuento, no te tragues la pena, porque no estamos muertos, llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo…”
 (Rosana Arbeló)

Me he pasado la vida entera sintiendo frustración y malestar por sentir que no encajaba en casi ningún modelo o entorno social en el que he intentado vivir.
Nada, o prácticamente nada en mi vida puede situarse en el centro de la campana de Gauss y ahora, a mis cuarenta y cinco he entendido que es hora, no sólo de dejar de intentarlo, sino que he decidido hacer apología de la diferencia, de mi diferencia.

Fui económicamente independiente desde que cumplí dieciocho, he viajado y vivido sola muchos años, me gusta el cine europeo en versión original, la playa en invierno, la literatura erótica y el sexo. Necesito el campo, el silencio y estar con  mis perros. No como carne y me siento empáticamente vinculada a las criaturas no humanas de forma natural y desde que tengo memoria. Odio salir y tomar alcohol, pero necesito viajar y tocar otros mundos y espacios. Me dan exactamente igual los días de la semana pero necesito el sol.

No puedo hacer nada sin alma porque el aburrimiento me impregna entera. Mi vínculo con mis pacientes , que trasciende la relación terapéutica, un par de amigas-hermanas, mi compañero de vida, la existencia de mis hijos y la mirada de mis perras me alcanza para sentirme plena. El resto me llega como ruido.

Mi sentido de la justicia y mi intestinal rabia por un mundo tan sádico para con los vulnerables, me llevó a trabajar en dos orfanatos de la Nicaragua más hambrienta, tragando saliva al ver los cuerpitos desnutridos o violados de niñas en los que hoy veo a mi hija.

Nunca ahorré, jamás me creí el cuento del futuro dado que soy la única superviviente de tres hermanos. El presente es lo único que existe para mi y se me antoja espantosamente frágil. En esto llevo ventaja.

Tuve a mis hijos sin vocación de madre pero les  deseé con la misma rotundidad con la que desee a su padre y enamorarme de este hombre hasta la médula fue lo que les trajo a mi mente y a mi cuerpo.

Llegaron desafiando las leyes de la medicina y la estadística. Llegaron para convertirse en la experiencia más profunda y catártica de mi vida. Ninguna palabra ni definición alcanza a transmitir  lo que su presencia me inspira.

Les crié usando como modelo a otras mamíferas humanas y no humanas, dejando que el instinto y el cuerpo hablaran. Me gusta el lenguaje del cuerpo, intuyo en él una sabiduría limpia, me conecta con todo lo vivo y puedo saborearla cuando disfruto del sexo, cuando he amamantado a mis hijos y cuando me pego a ellos en la noche mientras duermen. Me gusta olerles y mirarles , me gusta escucharles. Adoro tocarles y abrazarlos.

Ellos también traían una nota que decía que no estaban dispuestos a formar parte de la normalidad y desde el día uno dieron señales de salirse del patrón. Hoy el mayor tiene diagnóstico del sobredotación intelectual, así que no va a poder conectarse con la media mediocre y normal, por más que yo me empeñe, que ya no lo hago.

No les llevé a ninguna institución de aires colegiales y tampoco al colegio hasta que ellos lo pidieron, viajaron a lugares remotos antes de que les salieran los dientes ante las caras de desaprobación del mundo. Cocinan conmigo, vemos documentales de viajes en la cama, leemos cuentos para sentir y nos reímos de que las princesas también se tiran pedos.

No deseo que empiece el cole y me dejen en paz, ni que crezcan pronto y yo pueda “descansar”.  Me importa un pepino que anden desnudos, que no se laven el pelo siempre que yo se lo diga, que se pinten el cuerpo con un rotulador o que coman entre horas. No les llevo al zoo a ver presos deprimidos ni al circo a ver la violación brutal que me sugiere un león pasando por un aro de fuego. Odio ver la infinita y perfecta belleza de un animal, sometida al estúpido ego de un bicho humano con problemas de autoestima o de inteligencia. Les llevo a los parques naturales y ven cómo se me hincha el pecho cuando veo pasar las cigüeñas.

Ya empiezo a darme cuenta de que somos marcianos en este pequeño y elitista gueto de clase media guapa en el que viven, lleno de niños rubios bilingües que crían las filipinas y las peruanas (menos mal) porque sus madres están ausentes, cuando trabajan y cuando no.

Mis hijos juegan a viajar en una caja mágica que les transporta al Taj Mahal y los otros niños se ríen de ellos y les dicen que eso es mentira y que sólo es una caja de cartón. Lástima de infancia, pero no se lo compro. Por supuesto que una caja de cartón nos transporta en el tiempo y en el espacio y si no lo ves es porque eres tonto o estás castrado.
Mis hijos van descalzos y con los pies negros y se visten como les da su santa gana y sentido de la estética, que casi nunca coincide con el mío. Ellos me gritan en la calle que me quieren y los otros, los normales, se quedan ojipláticos y les entra una risa nerviosa, avergonzada.

En esta imperfecta casa lloramos y puteamos y nos pedimos perdón y vamos creciendo, jugando juntos.

Tengo una hipoteca, pero voy a dejar de tenerla porque la empiezo a sentir como una faja que se me ha quedado pequeña y me impide respirar con normalidad, se me clava.

Yo lo que quiero es vivir  sin nada que me atrape que no sean mis compromisos  emocionales libremente elegidos y nutrir a mis hijos de mil experiencias diferentes  y tomar su mano durante su recorrido vital y seguir enamorada del hombre brújula que me enciende y entiende, y celebrar la primavera y creer en los reyes magos y en las cajas mágicas y sacar a otra alma hermosa de la perrera y ver volar libres a los loros en Costa Rica,  mientras tomo conciencia de que la vida solo vale la pena vivirla para ser y hacer feliz, no para encajar en ningún guión.

Porque además es mentira, quienes necesitan un guión es porque no son capaces de improvisar y la vida es purita improvisación. Se llama miedo.

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