En la educación está la diferencia

*Por Olga Carmona

La no violencia lleva a la más alta ética, lo cual es la meta de la evolución. Hasta que no cesemos de dañar a otros seres vivos, somos aún salvajes” Thomas Edison




El otro día mientras preparaba la cena aparecen en la cocina mis hijos y una vecina de su misma edad con un pajarillo muerto en las manos. Se les veía claramente excitados. Querían saber si efectivamente estaba muerto o había alguna posibilidad. Lo miré con cierta angustia y efectivamente el pichón estaba aún caliente, pero muerto. Mi madre, que andaba cerca, lo cogió e hizo ademán de quitárselo a los niños y tirarlo a la basura. Ellos abrieron la boca entre el horror y la sorpresa. Yo me interpuse. Les devolví el pichón envuelto en una servilleta de papel y les dije que esperasen fuera un ratito que en seguida encontraríamos un lugar donde enterrarle y hacerle un ritual de despedida. Eso les tranquilizó y salieron cual soldados con la misión más importante de su vida. Lo pusieron con delicadeza en el suelo y se sentaron con gesto trascendente, cerquita de él, cuidándolo mientras me esperaban.

De pronto escuché una llamada angustiada de la amiga de ellos y el llanto de mi hija. Salgo y me dicen entre sollozos que un niño, más mayor que ellos, ha llegado y lo ha pisoteado. Veo el animalito flotando en sangre. El horror en los ojos de los otros. Y mi mala ostia subiendo por la garganta. Le increpé al grandullón preguntándole porqué había hecho eso. Me contestó que porqué no, si estaba muerto, que ya daba igual. No, no da igual. No da igual carajo, no. Y se lo dije, le hablé del respeto a la vida y también a la muerte. Le hablé de tratar con dignidad a los otros, le hablé de la compasión y la empatía. Le hablé del desprecio.


El pequeño monstruo me miraba como si le hablara en coreano y se fue. Al ver mi reacción, los pequeños se crecieron: “puedes irte, lo vamos a cuidar mientras te esperamos”. Y se sentaron en círculo en el suelo cerrando una frontera que protegiera al pobre pichón.


En estos días también leí espantada la noticia de un burrito apaleado y violado por unos niños, torturado hasta el borde la muerte y sino lo remataron fue porque una mujer lo evitó.


La diferencia entre unos niños y otros, está en sus casas. Está en los valores y en el ejemplo con que han sido educados, está en haber hecho de la ética y la empatía una forma de vida o no. No sirve el discurso vacuo y manufacturado que les dan en los coles, no sirve sola la palabra. Los padres tenemos  que  estar y sobre todo ser.


Tenemos que transmitir aquello en lo que creemos desde todas y cada una de las acciones cotidianas. Todas. Pagar hacienda y no colarse en el metro. No mentir ni al perro. Coherencia y consistencia transmiten y comunican, el resto se lo lleva el viento.


Estos niños, los que torturan y los que cuidan y protegen, crecerán dentro del mismo país y de la misma cultura y un día igual comparten un despacho o un hospital, es decir, serán los adultos al mando de nuestra sociedad. Esa es nuestra inexcusable responsabilidad: en la educación está la diferencia, toda la diferencia. Tanto así, que hasta la diosa genética puede ser alterada y modificada por la cultura y por el ambiente. No me duelen prendas al sostener una premisa tan tajante y tan llena de responsabilidad para nosotros, los educadores, los padres.


Le enterraron. Le escribieron un nota de despedida y le dijeron que había sido un pajarito muy bonito. Candela lloraba y yo le expliqué que ahora nadie le pisaría y que dentro de unos meses, en ese lugar donde ahora estaba el pájaro y gracias a él, nacería una flor. Sonrío, se secó las lágrimas y me preguntó:”¿ estás segura?”. Sí, lo estoy.


Yo también, a mis cuarenta y tantos, estaba triste por esa pequeña muerte. Y asustada, por esos pequeños monstruos que van creciendo sin alma.



Foto: http://www.freedigitalphotos.net/images/blue-tit-baby-in-a-hand-photo-p178770
By Tina Phillips, published on 20 June 2013 Stock Photo – image ID: 100178770
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En la educación está la diferencia

*Por Olga Carmona

La no violencia lleva a la más alta ética, lo cual es la meta de la evolución. Hasta que no cesemos de dañar a otros seres vivos, somos aún salvajes” Thomas Edison




El otro día mientras preparaba la cena aparecen en la cocina mis hijos y una vecina de su misma edad con un pajarillo muerto en las manos. Se les veía claramente excitados. Querían saber si efectivamente estaba muerto o había alguna posibilidad. Lo miré con cierta angustia y efectivamente el pichón estaba aún caliente, pero muerto. Mi madre, que andaba cerca, lo cogió e hizo ademán de quitárselo a los niños y tirarlo a la basura. Ellos abrieron la boca entre el horror y la sorpresa. Yo me interpuse. Les devolví el pichón envuelto en una servilleta de papel y les dije que esperasen fuera un ratito que en seguida encontraríamos un lugar donde enterrarle y hacerle un ritual de despedida. Eso les tranquilizó y salieron cual soldados con la misión más importante de su vida. Lo pusieron con delicadeza en el suelo y se sentaron con gesto trascendente, cerquita de él, cuidándolo mientras me esperaban.

De pronto escuché una llamada angustiada de la amiga de ellos y el llanto de mi hija. Salgo y me dicen entre sollozos que un niño, más mayor que ellos, ha llegado y lo ha pisoteado. Veo el animalito flotando en sangre. El horror en los ojos de los otros. Y mi mala ostia subiendo por la garganta. Le increpé al grandullón preguntándole porqué había hecho eso. Me contestó que porqué no, si estaba muerto, que ya daba igual. No, no da igual. No da igual carajo, no. Y se lo dije, le hablé del respeto a la vida y también a la muerte. Le hablé de tratar con dignidad a los otros, le hablé de la compasión y la empatía. Le hablé del desprecio.


El pequeño monstruo me miraba como si le hablara en coreano y se fue. Al ver mi reacción, los pequeños se crecieron: “puedes irte, lo vamos a cuidar mientras te esperamos”. Y se sentaron en círculo en el suelo cerrando una frontera que protegiera al pobre pichón.


En estos días también leí espantada la noticia de un burrito apaleado y violado por unos niños, torturado hasta el borde la muerte y sino lo remataron fue porque una mujer lo evitó.


La diferencia entre unos niños y otros, está en sus casas. Está en los valores y en el ejemplo con que han sido educados, está en haber hecho de la ética y la empatía una forma de vida o no. No sirve el discurso vacuo y manufacturado que les dan en los coles, no sirve sola la palabra. Los padres tenemos  que  estar y sobre todo ser.


Tenemos que transmitir aquello en lo que creemos desde todas y cada una de las acciones cotidianas. Todas. Pagar hacienda y no colarse en el metro. No mentir ni al perro. Coherencia y consistencia transmiten y comunican, el resto se lo lleva el viento.


Estos niños, los que torturan y los que cuidan y protegen, crecerán dentro del mismo país y de la misma cultura y un día igual comparten un despacho o un hospital, es decir, serán los adultos al mando de nuestra sociedad. Esa es nuestra inexcusable responsabilidad: en la educación está la diferencia, toda la diferencia. Tanto así, que hasta la diosa genética puede ser alterada y modificada por la cultura y por el ambiente. No me duelen prendas al sostener una premisa tan tajante y tan llena de responsabilidad para nosotros, los educadores, los padres.


Le enterraron. Le escribieron un nota de despedida y le dijeron que había sido un pajarito muy bonito. Candela lloraba y yo le expliqué que ahora nadie le pisaría y que dentro de unos meses, en ese lugar donde ahora estaba el pájaro y gracias a él, nacería una flor. Sonrío, se secó las lágrimas y me preguntó:”¿ estás segura?”. Sí, lo estoy.


Yo también, a mis cuarenta y tantos, estaba triste por esa pequeña muerte. Y asustada, por esos pequeños monstruos que van creciendo sin alma.



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En la educación está la diferencia

*Por Olga Carmona

La no violencia lleva a la más alta ética, lo cual es la meta de la evolución. Hasta que no cesemos de dañar a otros seres vivos, somos aún salvajes” Thomas Edison




El otro día mientras preparaba la cena aparecen en la cocina mis hijos y una vecina de su misma edad con un pajarillo muerto en las manos. Se les veía claramente excitados. Querían saber si efectivamente estaba muerto o había alguna posibilidad. Lo miré con cierta angustia y efectivamente el pichón estaba aún caliente, pero muerto. Mi madre, que andaba cerca, lo cogió e hizo ademán de quitárselo a los niños y tirarlo a la basura. Ellos abrieron la boca entre el horror y la sorpresa. Yo me interpuse. Les devolví el pichón envuelto en una servilleta de papel y les dije que esperasen fuera un ratito que en seguida encontraríamos un lugar donde enterrarle y hacerle un ritual de despedida. Eso les tranquilizó y salieron cual soldados con la misión más importante de su vida. Lo pusieron con delicadeza en el suelo y se sentaron con gesto trascendente, cerquita de él, cuidándolo mientras me esperaban.

De pronto escuché una llamada angustiada de la amiga de ellos y el llanto de mi hija. Salgo y me dicen entre sollozos que un niño, más mayor que ellos, ha llegado y lo ha pisoteado. Veo el animalito flotando en sangre. El horror en los ojos de los otros. Y mi mala ostia subiendo por la garganta. Le increpé al grandullón preguntándole porqué había hecho eso. Me contestó que porqué no, si estaba muerto, que ya daba igual. No, no da igual. No da igual carajo, no. Y se lo dije, le hablé del respeto a la vida y también a la muerte. Le hablé de tratar con dignidad a los otros, le hablé de la compasión y la empatía. Le hablé del desprecio.


El pequeño monstruo me miraba como si le hablara en coreano y se fue. Al ver mi reacción, los pequeños se crecieron: “puedes irte, lo vamos a cuidar mientras te esperamos”. Y se sentaron en círculo en el suelo cerrando una frontera que protegiera al pobre pichón.


En estos días también leí espantada la noticia de un burrito apaleado y violado por unos niños, torturado hasta el borde la muerte y sino lo remataron fue porque una mujer lo evitó.


La diferencia entre unos niños y otros, está en sus casas. Está en los valores y en el ejemplo con que han sido educados, está en haber hecho de la ética y la empatía una forma de vida o no. No sirve el discurso vacuo y manufacturado que les dan en los coles, no sirve sola la palabra. Los padres tenemos  que  estar y sobre todo ser.


Tenemos que transmitir aquello en lo que creemos desde todas y cada una de las acciones cotidianas. Todas. Pagar hacienda y no colarse en el metro. No mentir ni al perro. Coherencia y consistencia transmiten y comunican, el resto se lo lleva el viento.


Estos niños, los que torturan y los que cuidan y protegen, crecerán dentro del mismo país y de la misma cultura y un día igual comparten un despacho o un hospital, es decir, serán los adultos al mando de nuestra sociedad. Esa es nuestra inexcusable responsabilidad: en la educación está la diferencia, toda la diferencia. Tanto así, que hasta la diosa genética puede ser alterada y modificada por la cultura y por el ambiente. No me duelen prendas al sostener una premisa tan tajante y tan llena de responsabilidad para nosotros, los educadores, los padres.


Le enterraron. Le escribieron un nota de despedida y le dijeron que había sido un pajarito muy bonito. Candela lloraba y yo le expliqué que ahora nadie le pisaría y que dentro de unos meses, en ese lugar donde ahora estaba el pájaro y gracias a él, nacería una flor. Sonrío, se secó las lágrimas y me preguntó:”¿ estás segura?”. Sí, lo estoy.


Yo también, a mis cuarenta y tantos, estaba triste por esa pequeña muerte. Y asustada, por esos pequeños monstruos que van creciendo sin alma.



Foto: http://www.freedigitalphotos.net/images/blue-tit-baby-in-a-hand-photo-p178770
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Nuestro parto en casa

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Cuando escuché sobre los partos en casa, pensé que era una locura y que era algo que simplemente ya no sucedía porque estaba demostrado que los hospitales son más seguros, están mejor preparados para atender un parto y cuentan con el personal capacitado. Estaba equivocado, aquí les cuento la historia de nuestro parto en casa:

Laura: Calculamos con los ultrasonidos el nacimiento para el 26 de diciembre o el 30 de diciembre, pero el 18 de diciembre por la mañana salió Rodrigo (mi esposo) a llevar a nuestro cuñado al trabajo, yo había escuchado eso de empoderarse y había leído bastante sobre eso, practicando maneras de respirar (en las que no creía mucho) pero igual un ejercicio en donde el sostener con una mano un hielo y distraerse parecía hacer sobre llevadero el dolor.

Cuando salió mi esposo, yo estaba tratando de dormir, Olivia (nuestra hija de dos años) había estado enferma por 3 días de gripe y en la noche no nos había dejado dormir. Apenas esa mañana, comenzamos a intercambiar cuartos con mi hermana, para que pudiéramos contar con el cuarto grande para el parto, planes que habíamos estado intentando concluir semanas antes y que sin otra opción, tuvimos que hacer esa mañana moviendo camas, colchones, y todas nuestras pertenencias.

Comencé a sentir contracciones Braxton con un ligero dolor, que mi doula me dijo no llamara “dolor” si no que me refiriera a ellas como “olas de sensación”. Así que fue una y seguí tratando de dormir, luego vino otra unos 15 minutos después y seguí tratando de dormir, luego vino otra y pensé: “Creo que no debo cenar como puerco”. Y me levanté al baño pero en la puerta sentí otra y comencé a decirle a mi padre que saliera ya mismo del baño, entre y solamente oriné, regresé a la cama y me recosté de nuevo, pero vino otra ola y en esta ocasión, esta sí me dolió un poco más.

En eso llego Rodrigo, como a las 7:30 am y le dije: “He tenido como 4 contracciones con dolor, yo creo que ya viene”. A lo que respondió: “Uf ya se me aflojó el mastique”. Jajajaja. Entonces seguí recostada y cuando se levantó mi niña de la cama como a las 9 am me levanté con ella y para ese momento, sentía más olas, me sostenía de la puerta del baño soplando y moviéndome y ciertamente eran mucho más llevaderas. 

Curiosamente la partera iba a venir a revisión ese día. Rodrigo le llamó esa mañana poco antes de la cita y sólo le aviso que tenía contracciones aparentemente reales, ella agradeció y dijo: “Llegaré a las 10 como acordamos”. Decidí bañarme, lo cual fue bien relajante porque aunque no nos alcanzó ni el tiempo ni el dinero para rentar la tina en la que pensábamos tener el parto, tenía la regadera bien caliente que me hizo sobreponerme, ahí note que el tapón mucoso estaba ya afuera y fue cuando comencé a sentir que todo era más real.

Rápidamente dieron las 10 am y yo me había puesto un vestidito negro que había pensado para el día del parto y casualmente era lo único limpio que tenía para ponerme ese día. Cuando llego la partera, venía con su ayudante y aprendiz Lauren como cada cita y venía también con la partera de apoyo y varias bolsas con muchas cosas. Rodrigo y yo no habíamos completado la lista de compras y utensilios que nos había dado nuestra partera Sue para el parto, por lo que en cuanto llegaron, salió disparado a comprar lo que hacia falta. Y así la ayudante de partera, me dijo: Llegó la hora y será muy rápido.

Rodrigo: Salí rapidísimo a comprar lo que faltaba, ya que había ido a dejar a mi cuñado a su trabajo a las 7 am, me quedé con su camioneta y la aproveché para ir a la farmacia a comprar muchas de las cosas que hicieron falta y que no habíamos comprado pensando que Alejandro llegaría una semana o dos más tarde. Me apuré lo más que pude pero tenía mucho miedo de que cuando yo llegara, mi bebé ya hubiera nacido y yo no pudiera ser testigo de todo el milagro. Me sentía muy mal pensando que por no haber comprado algunas cosas con tiempo, me perdería el nacimiento. Me tardé alrededor de 45 minutos, y cuando finalmente regresé, me metí directo al cuarto y lo primero que vi, fue a Laura arrodillada en el piso con los codos y la cara recargados en el filo de la cama. Cuando la vi, pensé: “Llegó la hora, esto es real, vamos a tener nuestro bebé en casa, aquí y ahora”. Algo que habíamos planeado pero que hasta ese momento sinceramente no sentía que estaba pasando. De inmediato, dejé las cosas en el piso y me acomodé junto a Alma y seguí a nuestra doula Alli en sus recomendaciones y en la misma forma que estaba apoyando a Laura.

Laura: Cada que pasaba más tiempo las olas se hacían más grandes y duraderas. Sue mi partera, Lauren la aprendiz y Laura la partera de apoyo, me decían que no cerrará las piernas y respirara profundamente en cada ola.

Pasamos a la habitación y yo seguía sosteniéndome de los marcos de las puertas mientras ellas acomodaban todos los utensilios para el parto, respiraba y sentía que era llevadero, y de pronto comenzaron a ser muy constantes y grandes, las olas eran grandes casi insoportables y en eso entró Rodrigo con lo que faltaba, escuché su voz en mi oído durante una gran ola y sentí que estaba completa, así que nos metimos juntos de nuevo a la ducha y me dijeron si sientes ganas de pujar nos avisas para que salgas de inmediato y justo cuando entré y me vino otra ola, sentí esas “ ganas de pujar” que es como una sensación inminente de empujar algo hacia afuera, distinto de pujar completamente distinto pero más fuerte.

Rodrigo: Cuando Laura me dijo que quería meterse a la ducha conmigo, me quité rápidamente toda la ropa menos la ropa interior, que por un minuto pensé en quitarme olvidando que había 4 personas más observando todo. Laura no aguantó mucho dentro, ya que llegó de nueva cuenta una ola grande y tuvimos que salirnos de inmediato, ella desnuda y yo con la ropa interior empapada, mismo estado en el que me volví a acomodar a su lado para continuar con el parto en la cama.

El parto

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Laura: Pasaron unos minutos y durante otra ola, escuché la voz de mi doula Allí Cuentos, quien lo primero que me dijo fue: “Estoy aquí”. Y sentí aún más fuerza. Lo primero que me dijo fue: “Cuando venga la siguiente ola, no chilles, no lo hagas agudo, saca un ‘Ooooh’ profundo, lo más grave que puedas y no huyas, esto te esta acercando, son olas no es dolor”.

 Vino la siguiente contracción y escuche a Rodrigo haciendo un “oooohh” grave, mi doula alguna vez me había dicho que es bueno pensar que no sólo somos mujeres si no que somos más como animales y pensé justo eso: “No soy una princesa, soy un animal”. Así que vino la siguiente ola muy fuerte y con ella el empujar con fuerza, sin que fuera mi decisión, sin hacer ese conteo que en el hospital me hicieron hacer, sin preocuparme por respirar y por pujar con todo mi corazón, simplemente deje que mi animal saliera y rugiera.

Rodrigo: Después de la ducha, y tras varios minutos en los que Alma estuvo respirando esperando que ella y el bebé trabajaran en equipo para el nacimiento, Sue me dijo que si quería podía cambiar mi ropa y vestirme con algo seco. Le dije que sí, y salí corriendo al otro cuarto para buscar algo seco.

Laura: Para la siguiente ola, me sentía llena de coraje, de furia me imaginé como un animal entre más animales haciendo un rugido y sentía la ola, insoportable ola y salía de mi mucha energía pero yo no pujaba, sacaba la fuerza que venía dentro de mi.

Para la siguiente ola, Rodrigo me dijo: “Le vi la cabeza completa, ya esta por salir”. Y de pronto sentí en medio de la ola y el inevitable empujar y empujar y el recuerdo de mi pasado desgarre de 3er grado, que la sensación de ardor y estiramiento se acercaban, pero de nuevo mi doula me dijo: “Tú querías sentir, no tengas miedo, no va a ser como la otra vez”. y le dije con mi voz aguda y chillando: “Es que tengo miedo ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ya! ¡Ya! ¡Ya!…” Jajaja. De inmediato me dijo: “¿Ya? ¿Ya que? No no no no huyas, ¿a dónde vas? Enfócate y confía…”así que vino la siguiente ola y yo de nuevo con mi “oooohh” agudo, Rodrigo y Alli de nuevo me hicieron en el oído un “ooohhhhh” muy grave y volví a enfocarme… Así empujó mi cuerpo y sentí su cabeza, no me dolió ni me ardió y escuché un: “¡espera un poco!” Y después un “wooowwww…” de todos en coro, pero yo ya no podía controlar el empujar y sentí finalmente como salió mi chiquito completo y también agua.

Rodrigo: En un instante, comencé a ver la cabeza de Alejandro, entraba y salía, entraba y salía de nuevo con cada intento de ambos. Cada vez salía más y más. En una ocasión, el cordón comenzó a salir a un lado de Alejandro, por lo que tuvieron que hacer que Ale regresara un poco para darle espacio al cordón de regresar y no estorbar. De repente, Laura dio todo y de golpe, salió la cabeza completa de Alejandro y me di cuenta de que aún estaba dentro de la bolsa, plácidamente envuelto y protegido, la bolsa estaba tan pegada a su cabeza que era difícil distinguirla. Alejandro se quedó un instante en esa posición, con la cabeza y un hombro fuera. El problema fue que uno de sus brazos lo tenía muy pegado al pecho y obstaculizaba su salida, lo cual ocasionó que Laura se rasgara ligeramente al momento en el que su codo se sumó al volumen del resto de su cuerpo y saliera por completo. Sin embargo, con un último intento de Laura, la bolsa se rompió cuando Alejandro salió por completo, mojándonos a todos y a la cama. Fue como cuando un globo de agua se te revienta en las manos y te empapa todo. Finalmente, lo sacamos y no hacía ruido alguno en ese momento, parecía que aún dormía.

Laura: Miré a un lado y me dijeron: “Recuéstate”. Así vi acercarse a mi bebecito tranquilito moviendo sus bracitos temblorosos, cayó sobre mi pecho y haciendo chilliditos lo miré, era mi Olivia otra vez, idéntico, jaja, pero muy en paz.

Me dijo Rodrigo más tarde que había salido su cabeza dentro de la bolsa pero que al salir los hombros se reventó. En efecto, me había razgado un poco pues el niño venía con una mano sobre su corazón, pero esta vez no me dolió eso y lo que siguió fue expulsar mi placenta, para lo cual sí puje, después las puntadas y cortar el cordón. 

Rodrigo: Cuando salió Alejandro, Sue y Lauren lo colocaron en el pecho de Alma esperando que “escalara” hasta uno de los pezones. Recuerdo que no creía que un bebé fuera capaz de hacer eso, pero Alejandro comenzó a hacerlo con un poco de ayuda y apoyo que le dieron las manos de Lauren quien las colocó bajo los pies de Ale como si fueran un escalón. Poco a poco, se acercó más y más y llegó un momento en el que parecía que ya se había pasado de su objetivo, casi llegaba al cuello de Laura y a su barbilla, y yo estaba pensando que Alejandro no sabía bien lo que hacía y que estaba perdido. Pero de repente, levantó su cabeza, como si fuera un niño grande gateando y como de latigazo la balanceó de izquierda derecha y giro de tal forma que su cabeza cayó justo sobre el pezón. Me impresioné de tanta sabiduría y perfección. Alejandro se prendió al pecho y comió un poco, después lo cargué unos 30 minutos mientras le ponían puntos a Laura en el perineo, pero esta vez ella no sufría, estaba con anestesia local y no gritaba ni lloraba, como la vez pasada.

Pasada una hora, me dijeron si quería cortar el cordón y lo hice. Con Ale en mis brazos con su carita tranquila y ligeramente manchada de sangre, me sentí completo.

Después de que todo terminó, nos dejaron solos un momento. Me acosté junto a Laura en la cama mientras ella abrazaba a Ale. En ese momento pensé que a diferencia del nacimiento de Olivia, ahora no estaba en medio del cuarto preocupado tanto por Laura que estaba desmayada ni por Oli que había ingerido meconio y había necesitado un poco de reanimación. Esta vez, cuatro ángeles habían cuidado a mi esposa y a mi hijo, y Laura y yo descansábamos ya pensando que todo estaba hecho, lo habíamos logrado.

Laura: Seguí bebiendo infusiones después del parto, también tuve la presión baja toda la noche y ganas de desmayarme cada que me incorporaba pero una sensación de satisfacción, de paz… algo similar a cuando duermes la primera vez con el hombre que amas y mucho agradecimiento por que me había quedado en el corazón, saber realmente la mujer que soy.

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Quiero agradecer enormemente a Sue, a Lauren, a Laura y a Alli, quienes no sólo atendieron nuestro parto, sino que se convirtieron en nuestra familia. Escucharon nuestros problemas meses antes del parto, lloraron con nosotros, y sin esperar nada a cambio, prometieron acompañarnos en nuestra empresa hasta ver a Mateo, nuestro hijo, sano y feliz en nuestros brazos.

Nosotros llegamos a San Francisco sin idea de lo que era un parto en casa ni sus bondades, no sabía siquiera que como padre y esposo también tenía un rol tan importante a lado de mi esposa incluso en la lactancia y otras actividades que hoy en día, parecen ser exclusivamente de las mujeres. Tras caminar largas horas buscando ayuda, tocando puertas y preguntando por opciones financieramente viables, dimos con una partera y de ahí se nos abrieron los ojos e investigamos aún más en esta dirección.

Como referencia debo decir que el documental “The Business of Being Born” (El Negocio de Nacer), nos dio un panorama claro de cómo son las cosas actualmente en esto de los partos, hospitales y médicos.

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Wow, aprendí tanto. ¿Sabían que cualquier mujer, con la estimulación adecuada puede comenzar a lactar súbitamente y alimentarlo sin haber estado embarazada o tenido hijos? ¿Y que hasta un hombre puede lactar con el tratamiento de hormonas adecuado?. 

Como padre de dos niños, recomiendo el parto en casa absolutamente bajo la supervisión de una persona calificada como una partera licenciada (Licensed Midwife) o una partera certificada en enfermería Certified Nurse-Midwife), un equipo de parteras y doula que respalden a la partera principal y a la madre, un plan de parto así como un plan de emergencia por si cualquier cosa pudiera salirse de control y creo que lo más importante, que se tenga un gran deseo por vivir esta hermosa experiencia conociendo que existen riesgos, riesgos que se dan de la misma manera que se presentan en un hospital y que los médicos simplemente mantienen en silencio, los solucionan con pitocina y el retiro del bebé en cuanto nace para colocarlo en la Unidad de Cuidados Intensivos (ICU) sin mencionar la razón y situaciones que disfrazan de “cordones enredados en cuellos”, “bebés en posición de nalgas (breech presentation)” y otras excusas con el fin de acelerar el trabajo de parto y llegar a una inducción o cesárea que permita “terminar, cobrar y pasar al siguiente niño” sin darle la atención adecuada a la madre, darle la oportunidad de crear un vínculo con su bebé en calma y privacidad, ni permitirle al bebé comenzar a nutrirse del alimento perfecto, la leche materna, no la “mentada” fórmula que parece que hace milagros a pesar de que hay estudios que incluso la han comenzado a asociar con casos de cáncer en niños.

Créanme cuando les digo que a mujeres como las que estuvieron en nuestro parto, no les importa el dinero ni la fama, ni nada más que permitirle a otra mujer sentirse fuerte y consciente de que es capaz de traer a un bebé a este mundo sin necesidad de otra cosa más que el amor, les interesa traer a un niño a este mundo sano y así también, regresar un poquito de lo tanto que ellas también recibieron en su momento de otras parteras y mujeres.

En México es raro ver este tipo de corazón. Para nosotros, es una invitación a replicar lo que vivimos ofreciéndolo a otra familia en la misma situación.

En fin, esperemos que esta cultura de ayudar a otros y de regresar a nuestros orígenes con la sabiduría de la experiencia y ciencia con la que hoy ya contamos, nos permita volver a tener en cuenta que necesitamos amor en nuestra vida, desde el primer segundo en el que la comenzamos.

Mateo Alejandro nació el 18 de diciembre en Daly City, California, pesando 3.65 kg y midiendo 49.5 cm, en día de luna llena a las 11:45am tras un trabajo de parto activo de una hora aproximadamente.

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La mirada que nos devuelve el espejo de la paternidad

 James-Hetherington



No hay mejor cosa para conocerse a uno mismo que perderse en el desierto o a falta de arena bien puede valer, ser padre.
Nada mejor para poner a prueba tus cualidades como ser humano, como ser humano responsable queremos decir ( y medianamente cuerdo debería añadir), que la paternidad o maternidad (dependiendo del lado donde les pille). 

Porque eso es otra de las miles de cosas que tus padres no te cuentan cuando eres adulto y tienes algo de capacidad para escucharles, que ya sabemos que de pequeño el canal por el que emitía tu madre pasaba directo a través de tus oídos, es decir, entraba por uno y salía por el otro, igualico que con los rubios en este momento y con la diferencia de que quien está al otro lado del dial es un servidor.

Decía que nadie te cuenta que es muy recomendable llegar a esta etapa del desarrollo, educación y doma de bichos de metro a metro y medio con cierta dosis mínima de cordura. Y no se confíen porque ese mínimo tiene que ser bastante alto (por su bien), ya que en el proceso se va a perder gran parte de ella, junto con los pelos, los pectorales y las ganas de levantarse otro día.

Todo en su conjunto nos devuelve una imagen de nosotros difícil de reconocer y asociar a aquello que un buen día fuimos y desde luego, nada que ver con aquello que un día allá cuando decidimos eso de dejar de ser dos para ser más, nos imaginábamos ser.

Malos tiempos para los superpadres

No esta siendo una buena temporada, muchas cosas en la lobocueva han cambiado, los peques crecen (por desgracia) y con ellos la complejidad de los problemas. Llevamos ya tiempo, quizás demasiado, perdidos intentando encontrar nuestro lugar de nuevo, ese sitio desde donde veíamos pasar los días y saludábamos a los demás.  Ahora, los días simplemente pasan, uno detrás del otro, sin siquiera detenerse a saludar o preguntar cómo ha ido. Si hace tiempo mi capacidad de planificación se reducía a una semana como
mucho, a día de hoy puedo decir que empieza ya a ser preocupante las horas a las que comienzo a preparar la cena o las horas que, en general, se duermen en esta casa. 

Hace tiempo ya que no hay capitán en el barco, que hemos soltado velas y nos dejamos llevar por la corriente del sur, si sopla, y quizás mañana sea vendaval del noroeste, quien sabe. Es posible incluso que hayamos naufragado hace tiempo y que cada uno viajemos a la deriva en nuestro propio resto del naufragio.

Nunca, en toda mi vida, he estado tan cerca de sentir en mis propias carnes aquellas frases de nuestra infancia que tanto le oía a mi madre: “cuando seas padre me entenderás”, “me vais a volver loca”, “yo ya no se que hacer con vosotros”. Si, por desgracia a sido “por las malas” como he aprendido lo que es intentar criar a dos, por las malas he visto como mi cordura se va reduciendo día a día. Me he mirado en el mismo espejo que mis padres y no me ha gustado lo que este me ha devuelto, no me ha gustado esa sombra que he visto entre el tipo del espejo y yo. Porque he mirado y me ha devuelto ese lado oscuro que nunca nos gusto, ese “nosotros” que sabemos está ahí, vigilando, esperando su oportunidad para salir.

Hoy no me gustó lo que he visto, no sé si porque había idealizado mi imagen en el espejo y esperaba ver algo muy diferente o porque lo que veo se parece mucho a lo que ya viví en otra época, en otro papel. La misma obra caótica sin director ni guionista, en un teatro que huele a rancio y que necesita un lavado a fondo.

Hoy he comprendido esa parte de quienes son mis padres, esa parte que sólo se entiende cuando eres padre y llegas a ciertos límites, esa parte que no quiero ser. Hoy sé que llevo un equipaje que creía haber dejado atrás hace tiempo, hace mucho tiempo. Un equipaje que no necesito pero del que nunca podré deshacerme.

Debo hacer algo con esa imagen que veo en el espejo, pero sinceramente ya no sé que era lo que tenía que cambiar y como se hacía, tan solo sigo remando de espaldas.

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La mirada que nos devuelve el espejo de la paternidad

 James-Hetherington



No hay mejor cosa para conocerse a uno mismo que perderse en el desierto o a falta de arena bien puede valer, ser padre.
Nada mejor para poner a prueba tus cualidades como ser humano, como ser humano responsable queremos decir ( y medianamente cuerdo debería añadir), que la paternidad o maternidad (dependiendo del lado donde les pille). 

Porque eso es otra de las miles de cosas que tus padres no te cuentan cuando eres adulto y tienes algo de capacidad para escucharles, que ya sabemos que de pequeño el canal por el que emitía tu madre pasaba directo a través de tus oídos, es decir, entraba por uno y salía por el otro, igualico que con los rubios en este momento y con la diferencia de que quien está al otro lado del dial es un servidor.

Decía que nadie te cuenta que es muy recomendable llegar a esta etapa del desarrollo, educación y doma de bichos de metro a metro y medio con cierta dosis mínima de cordura. Y no se confíen porque ese mínimo tiene que ser bastante alto (por su bien), ya que en el proceso se va a perder gran parte de ella, junto con los pelos, los pectorales y las ganas de levantarse otro día.

Todo en su conjunto nos devuelve una imagen de nosotros difícil de reconocer y asociar a aquello que un buen día fuimos y desde luego, nada que ver con aquello que un día allá cuando decidimos eso de dejar de ser dos para ser más, nos imaginábamos ser.

Malos tiempos para los superpadres

No esta siendo una buena temporada, muchas cosas en la lobocueva han cambiado, los peques crecen (por desgracia) y con ellos la complejidad de los problemas. Llevamos ya tiempo, quizás demasiado, perdidos intentando encontrar nuestro lugar de nuevo, ese sitio desde donde veíamos pasar los días y saludábamos a los demás.  Ahora, los días simplemente pasan, uno detrás del otro, sin siquiera detenerse a saludar o preguntar cómo ha ido. Si hace tiempo mi capacidad de planificación se reducía a una semana como
mucho, a día de hoy puedo decir que empieza ya a ser preocupante las horas a las que comienzo a preparar la cena o las horas que, en general, se duermen en esta casa. 

Hace tiempo ya que no hay capitán en el barco, que hemos soltado velas y nos dejamos llevar por la corriente del sur, si sopla, y quizás mañana sea vendaval del noroeste, quien sabe. Es posible incluso que hayamos naufragado hace tiempo y que cada uno viajemos a la deriva en nuestro propio resto del naufragio.

Nunca, en toda mi vida, he estado tan cerca de sentir en mis propias carnes aquellas frases de nuestra infancia que tanto le oía a mi madre: “cuando seas padre me entenderás”, “me vais a volver loca”, “yo ya no se que hacer con vosotros”. Si, por desgracia a sido “por las malas” como he aprendido lo que es intentar criar a dos, por las malas he visto como mi cordura se va reduciendo día a día. Me he mirado en el mismo espejo que mis padres y no me ha gustado lo que este me ha devuelto, no me ha gustado esa sombra que he visto entre el tipo del espejo y yo. Porque he mirado y me ha devuelto ese lado oscuro que nunca nos gusto, ese “nosotros” que sabemos está ahí, vigilando, esperando su oportunidad para salir.

Hoy no me gustó lo que he visto, no sé si porque había idealizado mi imagen en el espejo y esperaba ver algo muy diferente o porque lo que veo se parece mucho a lo que ya viví en otra época, en otro papel. La misma obra caótica sin director ni guionista, en un teatro que huele a rancio y que necesita un lavado a fondo.

Hoy he comprendido esa parte de quienes son mis padres, esa parte que sólo se entiende cuando eres padre y llegas a ciertos límites, esa parte que no quiero ser. Hoy sé que llevo un equipaje que creía haber dejado atrás hace tiempo, hace mucho tiempo. Un equipaje que no necesito pero del que nunca podré deshacerme.

Debo hacer algo con esa imagen que veo en el espejo, pero sinceramente ya no sé que era lo que tenía que cambiar y como se hacía, tan solo sigo remando de espaldas.

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Aprender a escuchar

Es muy curioso que si tecleamos en Google “curso de oratoria” nos aparezcan 584.000 registros en los que se nos invita a mejorar nuestras habilidades comunicativas a la hora de hablar en público, mientras que si introducimos el criterio de búsqueda “curso para aprender a escuchar”, prácticamente la totalidad de los resultados (bastante menos) tienen que ver con saber escuchar idiomas o música clásica. Deduzco con ello que, para la inmensa mayoría de las personas, es más importante hacerse escuchar que escuchar debídamente a los/as demas. Y esto no debería de sorprendernos. Vivimos en una sociedad en la que hemos ido gestando el mal hábito de escuchar a los/as otros/as no con la intención de entender su mensaje, sino de contestarlo lo más precipitadamente posible, a veces incluso sin dejar que la otra persona termine. ¡Qué hay mejor que una respuesta rápida, una sentencia o un consejo!, eso sí, sin analizar ni diagnosticar adecuadamente las palabras de quien nos habla.

 
Hablar por encima de todo, pues ello nos permitirá, llegado el caso, imponer nuestros criterios y nuestras ideas, transformarnos en seres más seductores e influyentes o incluso convertirnos en transformadores de creencias y realidades, a veces de forma premeditada, otras inconscientemente. No cabe duda de que el ser humano se erige por encima del resto de los seres vivos porque puede expresarse y comunicarse mediante la palabra, y ese poder hay que refinarlo cuanto más mejor porque ello nos conferirá cierta supremacia sobre los demás.
Pienso que la educación que recibimos tiene gran parte de la responsabilidad (por cierto, palabra que significa -capacidad de respuesta). De niños y adolescentes nuestros referentes paternos hablan y aconsejan infinítamente más que escuchan, incluso siguen haciéndolo hasta el final de sus días (seguramente con todo su cariño). En la escuela, los monólogos son constantes en aras a que sepamos todo (hasta la ultima coma) lo que tenemos que saber para ser ciudadanos cultos. Uno podría pensar que tantos años escuchando a unos/as y a otros/as tendría que hacernos buenos/as escuchantes, pero ocurre todo lo contrario, ya que -como solemos aprender hábitos sociales por imitación- terminamos pensando que hablar es mejor que escuchar, que ya bastante hartos estamos de escuchar todo el día. Por el camino, se va anquilosando nuestra inteligencia emocional, la empatía se va convirtiendo en algo vestigial y olvidamos por completo que hay también un lenguaje que nada tiene que ver con la palabra, sino más bien con los gestos. A la postre, cuando llegamos a la edad adulta, la mayoría hemos perdido nuestra capacidad innata de escuchar activamente el mundo que nos rodea. Ya no digamos gestionar silencios… esta es una asignatura que suspende con rotundidad la mayoría (algunos/as no saben ni cómo puede gestionarse algo que no se escucha). Un silencio puede significar una aprobación, una pausa para pensar, una forma de remarcar algo que se ha dicho, una manera de evitar una discusión, etc.
 
Así que, aun siendo seres dotados de una inmensa capacidad para comunicarnos mediante la palabra, se da la paradoja de que precisamos aprender a expresarnos y a escuchar (yo diría que lo segundo aporta mucho a lo primero). Escuchar antes que hablar, es lo que dicta el sentido común, pero no escuchar de cualquier forma. Hay situaciones en las que oimos pero no escuchamos (escucha pasiva), algo que se da mucho entre el alumnado cuyo estado atencional se satura tras uunas cuantas horas de clase. Es bastante frecuente que escuchemos aquello que nos interesa, haciendo oidos sordos a lo demás (escucha selectiva). Sin embargo, poco o nada hemos desarrollado nuestra capacidad de escuchar siendo un reflejo de la otra persona, prestando atención a nuestro lenguaje corporal como predisposición y respuesta a lo que nos cuentan. Escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que nos está contando. Escuchar activamente requiere de un esfuerzo superior al que se hace al hablar y también del que se ejerce al escuchar sin interpretar lo que se oye. Pero ese esfuerzo aporta grandes réditos tanto al que escucha como al que habla. Gracias a que somos seres con una poderosa inteligencia emocional, mediante la escucha activa podemos conseguir generar vínculos emocionales con las personas que nos hablan, hasta el punto de que podemos llegar a influir (no con la intención de manipular) en su comportamiento y en su concepto de nosotros. Es lo que se conoce en psicología y en neuromarketing como rapports, una herramienta potente de conexión a través de la escucha activa y del lenguaje corporal que bien debería ser objeto de estudio en las aulas de nuestras escuelas, institutos y universidades. Educar para escuchar, para convertirnos en espejo de los/as demás, para que los/as que están a nuestro alrededor vean que somos cercanos y estamos comprometidos/as con sus inquietudes y sus ilusiones. ¡Qué importante es esto para los/as maestros/as y profesores/as!, ¿verdad?. Os dejo con un curioso vídeo con el que podéis haceros una idea de la importancia de los vínculos emocionales en nuestra capacidad para conectar con la otra persona, incluso persuadirla, apenas sin hablar.



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Aprender a escuchar

Es muy curioso que si tecleamos en Google “curso de oratoria” nos aparezcan 584.000 registros en los que se nos invita a mejorar nuestras habilidades comunicativas a la hora de hablar en público, mientras que si introducimos el criterio de búsqueda “curso para aprender a escuchar”, prácticamente la totalidad de los resultados (bastante menos) tienen que ver con saber escuchar idiomas o música clásica. Deduzco con ello que, para la inmensa mayoría de las personas, es más importante hacerse escuchar que escuchar debídamente a los/as demas. Y esto no debería de sorprendernos. Vivimos en una sociedad en la que hemos ido gestando el mal hábito de escuchar a los/as otros/as no con la intención de entender su mensaje, sino de contestarlo lo más precipitadamente posible, a veces incluso sin dejar que la otra persona termine. ¡Qué hay mejor que una respuesta rápida, una sentencia o un consejo!, eso sí, sin analizar ni diagnosticar adecuadamente las palabras de quien nos habla.

 
Hablar por encima de todo, pues ello nos permitirá, llegado el caso, imponer nuestros criterios y nuestras ideas, transformarnos en seres más seductores e influyentes o incluso convertirnos en transformadores de creencias y realidades, a veces de forma premeditada, otras inconscientemente. No cabe duda de que el ser humano se erige por encima del resto de los seres vivos porque puede expresarse y comunicarse mediante la palabra, y ese poder hay que refinarlo cuanto más mejor porque ello nos conferirá cierta supremacia sobre los demás.
Pienso que la educación que recibimos tiene gran parte de la responsabilidad (por cierto, palabra que significa -capacidad de respuesta). De niños y adolescentes nuestros referentes paternos hablan y aconsejan infinítamente más que escuchan, incluso siguen haciéndolo hasta el final de sus días (seguramente con todo su cariño). En la escuela, los monólogos son constantes en aras a que sepamos todo (hasta la ultima coma) lo que tenemos que saber para ser ciudadanos cultos. Uno podría pensar que tantos años escuchando a unos/as y a otros/as tendría que hacernos buenos/as escuchantes, pero ocurre todo lo contrario, ya que -como solemos aprender hábitos sociales por imitación- terminamos pensando que hablar es mejor que escuchar, que ya bastante hartos estamos de escuchar todo el día. Por el camino, se va anquilosando nuestra inteligencia emocional, la empatía se va convirtiendo en algo vestigial y olvidamos por completo que hay también un lenguaje que nada tiene que ver con la palabra, sino más bien con los gestos. A la postre, cuando llegamos a la edad adulta, la mayoría hemos perdido nuestra capacidad innata de escuchar activamente el mundo que nos rodea. Ya no digamos gestionar silencios… esta es una asignatura que suspende con rotundidad la mayoría (algunos/as no saben ni cómo puede gestionarse algo que no se escucha). Un silencio puede significar una aprobación, una pausa para pensar, una forma de remarcar algo que se ha dicho, una manera de evitar una discusión, etc.
 
Así que, aun siendo seres dotados de una inmensa capacidad para comunicarnos mediante la palabra, se da la paradoja de que precisamos aprender a expresarnos y a escuchar (yo diría que lo segundo aporta mucho a lo primero). Escuchar antes que hablar, es lo que dicta el sentido común, pero no escuchar de cualquier forma. Hay situaciones en las que oimos pero no escuchamos (escucha pasiva), algo que se da mucho entre el alumnado cuyo estado atencional se satura tras uunas cuantas horas de clase. Es bastante frecuente que escuchemos aquello que nos interesa, haciendo oidos sordos a lo demás (escucha selectiva). Sin embargo, poco o nada hemos desarrollado nuestra capacidad de escuchar siendo un reflejo de la otra persona, prestando atención a nuestro lenguaje corporal como predisposición y respuesta a lo que nos cuentan. Escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que nos está contando. Escuchar activamente requiere de un esfuerzo superior al que se hace al hablar y también del que se ejerce al escuchar sin interpretar lo que se oye. Pero ese esfuerzo aporta grandes réditos tanto al que escucha como al que habla. Gracias a que somos seres con una poderosa inteligencia emocional, mediante la escucha activa podemos conseguir generar vínculos emocionales con las personas que nos hablan, hasta el punto de que podemos llegar a influir (no con la intención de manipular) en su comportamiento y en su concepto de nosotros. Es lo que se conoce en psicología y en neuromarketing como rapports, una herramienta potente de conexión a través de la escucha activa y del lenguaje corporal que bien debería ser objeto de estudio en las aulas de nuestras escuelas, institutos y universidades. Educar para escuchar, para convertirnos en espejo de los/as demás, para que los/as que están a nuestro alrededor vean que somos cercanos y estamos comprometidos/as con sus inquietudes y sus ilusiones. ¡Qué importante es esto para los/as maestros/as y profesores/as!, ¿verdad?. Os dejo con un curioso vídeo con el que podéis haceros una idea de la importancia de los vínculos emocionales en nuestra capacidad para conectar con la otra persona, incluso persuadirla, apenas sin hablar.



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El cajón de los calcetines solitarios.

Existe un mundo de espíritus solitarios, en casa lo llamamos el cajón de los (calcetines) desemparejados, es un mundo en el que todos se miran unos a otros de reojo, intentando encontrar un igual, alguien con quien terminar sus días acompañado, y no en la mas terrible de las soledades, en ese mundo, a veces, encuentran su alma gemela, esa que perdieron hace tiempo, a veces es pronto, a veces se demora  mas, otras veces el alma gemela reaparece misteriosamente tras meses o años de ausencia, pero en no pocas ocasiones, esa alma gemela, ese amigo o media naranja, no reaparece nunca, y esa vida se convierte en una vida vacía y sin sentido. En cambio, en ocasiones, encuentran a alguien parecido, alguien, que sin ser exactamente quien buscabas, se parece mucho, y en ese momento, se finge, se finge que no se sabe que no es quien debería ser, es por mutua conveniencia, los dos simulan que no lo saben, pese a saberlo perfectamente, y el arreglo suele funcionar, son pequeñas mentiras que no hacen daño a nadie.
Y tristemente, son muchos, demasiados, los que van a parar a ese cajón, no es comprensible, ¿Donde van sus parejas? en teoría, existen compañeros suficientes para todos, pero independientemente de si son viejos o no, o están mas o menos estropeados, no pocos terminan sus días en la mas absoluta soledad, con la única compañía de otros tristes desemparejados…
¿Como, que si aún sigo hablando de calcetines? claro que si….¿o no?

 PD: Imagen real de mi cajon de los calcetines solitarios.

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El cajón de los calcetines solitarios.

Existe un mundo de espíritus solitarios, en casa lo llamamos el cajón de los (calcetines) desemparejados, es un mundo en el que todos se miran unos a otros de reojo, intentando encontrar un igual, alguien con quien terminar sus días acompañado, y no en la mas terrible de las soledades, en ese mundo, a veces, encuentran su alma gemela, esa que perdieron hace tiempo, a veces es pronto, a veces se demora  mas, otras veces el alma gemela reaparece misteriosamente tras meses o años de ausencia, pero en no pocas ocasiones, esa alma gemela, ese amigo o media naranja, no reaparece nunca, y esa vida se convierte en una vida vacía y sin sentido. En cambio, en ocasiones, encuentran a alguien parecido, alguien, que sin ser exactamente quien buscabas, se parece mucho, y en ese momento, se finge, se finge que no se sabe que no es quien debería ser, es por mutua conveniencia, los dos simulan que no lo saben, pese a saberlo perfectamente, y el arreglo suele funcionar, son pequeñas mentiras que no hacen daño a nadie.
Y tristemente, son muchos, demasiados, los que van a parar a ese cajón, no es comprensible, ¿Donde van sus parejas? en teoría, existen compañeros suficientes para todos, pero independientemente de si son viejos o no, o están mas o menos estropeados, no pocos terminan sus días en la mas absoluta soledad, con la única compañía de otros tristes desemparejados…
¿Como, que si aún sigo hablando de calcetines? claro que si….¿o no?

 PD: Imagen real de mi cajon de los calcetines solitarios.

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Recobrando el pulso

Tras varios meses de ostracismo bloguero, reflexiones de última hora han reactivado mi querencia por el teclado y la página en blanco. Lo cierto es que los últimos tiempos han sido laboralmente complicados debido fundamentalmente a una sobrecarga asistencial que,añadida a las responsabilidades previas adquiridas,ha hecho inviable la dedicación a proyectos personales.

Por suerte,el estar rodeado de los compañeros de viaje adecuados (en casa y en el trabajo) hace que estos momentos sean algo menos duros y  permite gestionar las épocas de crisis con un espíritu constructivo. A pesar de todo (o precisamente gracias a ello), llega un punto en el cual te planteas si aquello a lo cual estás dedicando tu tiempo te llena y te satisface plenamente, pirámide de necesidades de Maslow a parte. ¿Es realmente necesario dedicar tantas horas a tu trabajo? ¿Estoy cuidando y disfrutando de los míos? ¿Cuánto tiempo dedico a aquello que me gusta? Cuando las respuestas a estas preguntas te hacen torcer el gesto es que ha llegado el momento de tomar decisiones. Como bien dice un buen amigo mío, “a grandes decisiones,grandes reflexiones” y esta es la máxima que he tratado de aplicar. Yo lo llamo “deshacer el nudo”, aquel nudo que se mueve entre garganta y estómago y que no te deja saborear los buenos momentos porque está constantemente recordándote los no tan buenos. Actualmente me encuentro en pleno proceso de “desanudamiento” lo cual implica una reducción parcial de la actividad asistencial y una mayor dedicación al ámbito personal y familiar. El mero hecho de haber tomado la decisión (aún sin haber implantado todos los cambios) te hace sentir más liberado y con mejor humor. Espero y deseo que este blog sea una muestra del cambio de rumbo y aunque no sé si dará para escribir un libro (mis amigos JesúsAmalia y Rafa comen aparte ) sí servirá para contar cosas a quien apetezca leerlas. 

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Recobrando el pulso

Tras varios meses de ostracismo bloguero, reflexiones de última hora han reactivado mi querencia por el teclado y la página en blanco. Lo cierto es que los últimos tiempos han sido laboralmente complicados debido fundamentalmente a una sobrecarga asistencial que,añadida a las responsabilidades previas adquiridas,ha hecho inviable la dedicación a proyectos personales.

Por suerte,el estar rodeado de los compañeros de viaje adecuados (en casa y en el trabajo) hace que estos momentos sean algo menos duros y  permite gestionar las épocas de crisis con un espíritu constructivo. A pesar de todo (o precisamente gracias a ello), llega un punto en el cual te planteas si aquello a lo cual estás dedicando tu tiempo te llena y te satisface plenamente, pirámide de necesidades de Maslow a parte. ¿Es realmente necesario dedicar tantas horas a tu trabajo? ¿Estoy cuidando y disfrutando de los míos? ¿Cuánto tiempo dedico a aquello que me gusta? Cuando las respuestas a estas preguntas te hacen torcer el gesto es que ha llegado el momento de tomar decisiones. Como bien dice un buen amigo mío, “a grandes decisiones,grandes reflexiones” y esta es la máxima que he tratado de aplicar. Yo lo llamo “deshacer el nudo”, aquel nudo que se mueve entre garganta y estómago y que no te deja saborear los buenos momentos porque está constantemente recordándote los no tan buenos. Actualmente me encuentro en pleno proceso de “desanudamiento” lo cual implica una reducción parcial de la actividad asistencial y una mayor dedicación al ámbito personal y familiar. El mero hecho de haber tomado la decisión (aún sin haber implantado todos los cambios) te hace sentir más liberado y con mejor humor. Espero y deseo que este blog sea una muestra del cambio de rumbo y aunque no sé si dará para escribir un libro (mis amigos JesúsAmalia y Rafa comen aparte ) sí servirá para contar cosas a quien apetezca leerlas. 

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Pelonízate

Ya no recuerdo la fecha exacta, pero se que ha pasado más de año y medio.

Javi, es un antiguo compañero de trabajo con el que coincidí en la misma empresa hace ya más de 12 años.  Los dos trabajamos en publicidad y Javi, fue uno de esos locos entre los que me encuentro, que un día montó su propia empresa, su propia agencia, su gran agencia: La Despensa. Y durante muchos años cada uno emprendió su camino  y nos veíamos de pascuas a ramos sin más.

Recuerdo cuando empecé con este blog de Guzmán, cuando empezó todo y cuando comencé a compartir los post en fb, que entre los comentarios  aparecía un comentario suyo de vez en cuando con una foto de una puesta de sol de algún lugar en el que debió estar y a uno le sentaba muy bien observar y evadirse, con un smily, un grito de ánimo o simplemente un apoyo escueto pero del que uno no se olvida. Por algún motivo, estaba allí, como otros muchos que con sus palabras, sus mensajes o su energía en aquellos duros momentos hacían de bastón para caminar.
Recuerdo también que Javi fue una de las primeras personas que debido a este blog me llamó, bastante antes de crear yo la Fundación,  para preguntarme dónde había que llamar para hacerse donante de médula. El fue uno de tantos que llamó y tuvo la paciencia de esperar y esperar y esperar hasta que le llamaron para poderse hacer donante, uno de tantos que gracias a este blog, que gracias a cada uno de los blogs de los pelones, que gracias a todo lo que hicimos en PelonesPeleones, se hizo donante de médula.

Pasaron los meses, y Guzmán avanzó con la enfermedad favorablemente, dejamos la quimio en vena, empezamos la quimio en pastillas y poco después de la petición que hicimos con Pelones para que se hiciera más comunicación sobre la donación, Javi me volvió a llamar.

“Jose, quiero quedar contigo porque tengo una idea que quiero contarte”
“Pero, ¿es de curro?”
“No, bueno es una idea para algo muy chulo que molaría hacer pero quiero contártela en persona.”
Quedamos en una cafetería, y me contó muy ilusionado una idea con un boceto en pdf para ilustrarla.

“¿Por qué no hacemos una web en la que la gente se pueda pelonizar, y compartir desde nuestras redes sociales nuestra imagen pelones para concienciar a la gente que donar médula es facil?”

A parte de reirme y acordarme de que la última vez que me rapé el pelo había sido con Guzmán el día que empezaron el tratamiento, lo compartí con los pelones peleones, Blanca, Elías, Ainara, Cristian… ya todos les pareció lo mismo, un regalazo que ojalá consiguiera salir y tener éxito
Lo compartí con todos los pelones, y les pareció lo mismo que a mi, un regalo, un regalazo para toda la gente que espera una médula y es su única esperanza para sobrevivir.
De eso hace ya casi año y medio, y hoy, con Guzmán sin quimio y sin port´a´cath y después de que Javi, sobretodo Javi haya empujado el proyecto, que Elías le haya puesto horas de trabajo y muchos otros mucha ilusión, este ha visto la luz.

Elías y yo de nuevo Pelones, as always.

Os presento la nueva web de Pelonespeleones, pincha aquí para entrar, para pelonizaros y haceros donantes de médula. Ojalá esta acción logre concienciar a mucha gente para hacerse donante de médula, ojalá muchos lo compartan, ojalá entre todos cambiemos las pocas facilidades que nos ponen en nuestro país para hacernos donantes de médula. Y la pieza estrella, el video:

Ojalá hubiese más Javis, gente con un gran corazón que llegado el momento están ahí y demuestran que no pasaron sin más por delante de tu vida.

Gracias por todo Javi. Gracias por todo Javis.

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Pelonízate

Ya no recuerdo la fecha exacta, pero se que ha pasado más de año y medio.

Javi, es un antiguo compañero de trabajo con el que coincidí en la misma empresa hace ya más de 12 años.  Los dos trabajamos en publicidad y Javi, fue uno de esos locos entre los que me encuentro, que un día montó su propia empresa, su propia agencia, su gran agencia: La Despensa. Y durante muchos años cada uno emprendió su camino  y nos veíamos de pascuas a ramos sin más.

Recuerdo cuando empecé con este blog de Guzmán, cuando empezó todo y cuando comencé a compartir los post en fb, que entre los comentarios  aparecía un comentario suyo de vez en cuando con una foto de una puesta de sol de algún lugar en el que debió estar y a uno le sentaba muy bien observar y evadirse, con un smily, un grito de ánimo o simplemente un apoyo escueto pero del que uno no se olvida. Por algún motivo, estaba allí, como otros muchos que con sus palabras, sus mensajes o su energía en aquellos duros momentos hacían de bastón para caminar.
Recuerdo también que Javi fue una de las primeras personas que debido a este blog me llamó, bastante antes de crear yo la Fundación,  para preguntarme dónde había que llamar para hacerse donante de médula. El fue uno de tantos que llamó y tuvo la paciencia de esperar y esperar y esperar hasta que le llamaron para poderse hacer donante, uno de tantos que gracias a este blog, que gracias a cada uno de los blogs de los pelones, que gracias a todo lo que hicimos en PelonesPeleones, se hizo donante de médula.

Pasaron los meses, y Guzmán avanzó con la enfermedad favorablemente, dejamos la quimio en vena, empezamos la quimio en pastillas y poco después de la petición que hicimos con Pelones para que se hiciera más comunicación sobre la donación, Javi me volvió a llamar.

“Jose, quiero quedar contigo porque tengo una idea que quiero contarte”
“Pero, ¿es de curro?”
“No, bueno es una idea para algo muy chulo que molaría hacer pero quiero contártela en persona.”
Quedamos en una cafetería, y me contó muy ilusionado una idea con un boceto en pdf para ilustrarla.

“¿Por qué no hacemos una web en la que la gente se pueda pelonizar, y compartir desde nuestras redes sociales nuestra imagen pelones para concienciar a la gente que donar médula es facil?”

A parte de reirme y acordarme de que la última vez que me rapé el pelo había sido con Guzmán el día que empezaron el tratamiento, lo compartí con los pelones peleones, Blanca, Elías, Ainara, Cristian… ya todos les pareció lo mismo, un regalazo que ojalá consiguiera salir y tener éxito
Lo compartí con todos los pelones, y les pareció lo mismo que a mi, un regalo, un regalazo para toda la gente que espera una médula y es su única esperanza para sobrevivir.
De eso hace ya casi año y medio, y hoy, con Guzmán sin quimio y sin port´a´cath y después de que Javi, sobretodo Javi haya empujado el proyecto, que Elías le haya puesto horas de trabajo y muchos otros mucha ilusión, este ha visto la luz.

Elías y yo de nuevo Pelones, as always.

Os presento la nueva web de Pelonespeleones, pincha aquí para entrar, para pelonizaros y haceros donantes de médula. Ojalá esta acción logre concienciar a mucha gente para hacerse donante de médula, ojalá muchos lo compartan, ojalá entre todos cambiemos las pocas facilidades que nos ponen en nuestro país para hacernos donantes de médula. Y la pieza estrella, el video:

Ojalá hubiese más Javis, gente con un gran corazón que llegado el momento están ahí y demuestran que no pasaron sin más por delante de tu vida.

Gracias por todo Javi. Gracias por todo Javis.

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La peor cosa que le has hecho a tu madre

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Feto y placenta. También conocidos como el invasor y su herramienta de asedio. 

Leí este artículo en la publicación Slate y me gustó mucho como es que la autora Rebecca Helm, candidata en el Doctorado en Biología Evolutiva y de Desarrollo de la Universidad de Brown, describe lo que “probablemente podría ser la peor cosa que le ha hecho a su madre y así, nosotros también”, en la forma de un crimen biológico perpretado.

Muy “ad hoc” en día de las madres, aunque un poco tarde:

Querida Mamá: Me gustaría decir que lo siento. Siento haberte manipulado, haber robado de ti, tomado control de tu suministro de sangre, y haber consumido parte de tu cuerpo. Yo, como toda persona viva al día de hoy, hice todo esto antes de haber nacido, mediante un órgano que ahora no existe más. Claro que no estaba consciente cuando te hice todas estas cosas, de la misma manera que al día de hoy no controlo mi hígado de forma consciente. Es algo que sólo pasó.

Todo comenzó cuando yo era un cigoto. Me encontraba flotando a través de tu útero cuando choque con tu pared uterina. No estoy orgulloso de lo que hice después, pero realmente no estaba pensando. (No es una excusa – Yo sólo era un manojo de células en ese entonces.) Utilicé mi capa exterior de células para invadir y destruir partes de tu útero. Esta capa externa estaba conformada por mis células trofoblasto, y las utilicé como una horda de voraces serpientes que pasaron a través de tu pared uterina, matando tus células, y extrayendo tus nutrientes. Con mis trofoblastos, excavé al interior de tu pared uterina como un parásito hasta que me encontré completamente contenido en tu tejido.

Entonces, me comporté como todo un psicópata contigo. Mis trofoblastos crecieron en grupos que se fusionaron con tus vasos sanguíneos. Construí espacios vacíos dentro de estos grupos, y después los llené con tu sangre. Juntos, todos estos espacios llenos de sangre se convirtieron en mi placenta, uno de los órganos más extraños de la Tierra. La sangre dentro de estos grupos te pertenecía toda a ti, pero el tejido que las rodeaba creció a partir de mis células. Debido a que tus vasos sanguíneos se fusionaron con mis trofoblastos para crear estas cámaras de sangre, mi placenta en realidad era un órgano híbrido creado a partir de los dos. (¡Compartimos un órgano, ambos estábamos unidos a él formando un vínculo!) Entonces yo construí pequeñas proyecciones serpenteantes hacia el interior de estas cámaras de sangre. Estas proyecciones estaban llenas de vasos sanguíneos de mi cordón umbilical que me permitieron transportan mis desechos hacia tu torrente sanguíneo y al mismo tiempo robar oxígeno y nutrientes de tu cuerpo.

Justo cuando pensabas que yo no podía ser más demandante, comencé a invadir activamente tus suministros de sangre. Esta parte es en la que los humanos somos especialmente destructivos. Ningún otro animal es tan despiadado en esta etapa de invasión. Para la mayoría de las especies animales, los vasos sanguíneos de la mamá se mantienen sin peligro como parte de su propiedad, pero los humanos no somos como la mayoría de los animales. Mis células comenzaron a rodear las arterias que usaste para llenar mi placenta con sangre. Estas arterias proveyeron de sangre a las cámaras en mi placenta, y así fui provisto del oxígeno y nutrientes que tanto necesitaba. Lentamente mis células comenzaron a reemplazar las paredes de tus arterias, efectivamente tomándolas bajo mi control. Una vez que tuve el control de ellas, las ensanché para incrementar la cantidad de sangre que entraba a las cámaras de sangre, lo cual incrementó la cantidad de oxígeno y nutrientes que pasaban a mi placenta (y así, a mí). Pero este era solamente un nivel de control que estaba adquiriendo, aún no terminaba.

El paso siguiente, es el que verdaderamente me tiene mal. Aquí es donde las cosas se pusieron peligrosas. Mi placenta comenzó a secretar hormonas que disminuyeron tu presión sanguínea e incrementaron el azúcar en tu sangre. Entre las cosas que no resultaron tan malas, está que esto probablemente ocasionó que te sintieras extasiada. Entre las peores, esto pudo haber ocasionado que ambos muriéramos. Pudiste haber desarrollado diabetes gestacional, la cual hubiera disparado el nivel de azúcar en tu sangre por los cielos. Increíblemente suertudos lo logramos. Pero claro que para este momento ya no estaba preocupado por todas estas cosas. Simplemente me aseguraba de que hubiera suficiente azúcar y oxígeno fluyendo hacia mí, mí, mí. Era un feto en crecimiento después de todo. ¡Aquí fue donde pensaste que era muy demandante ya que había nacido!

De cualquier forma, supongo que lo que estoy intentando decir es “gracias”. Gracias por permitirme crecer dentro de ti, matar tus células, tomar tus nutrientes, y controlar tus hormonas. Gracias por tolerar todo esto mientras te asegurabas de que sobreviviera y llegara saludable y feliz a este mundo. En pocas palabras, gracias por ser mi mamá. ¡Feliz Día de las Madres!

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Cuaderno de bitácora de papi – Semana 38

ANTECEDENTES INMEDIATOS Mucha ilusión ante la cuenta atrás final. Ahí andamos… Carrito de Ikea montado, nueva sillita de coche (esta con Isofix) encargada, todo listo. He colocado una silla Grupo 0 prestada por Mamámedusi por si el niño se presenta “ya de ya”. Y he intentado colocar los espejos de Ikea en el cuarto del […]

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Los paparrachos y las playas vírgenes

Este puente del 1 de mayo lo hemos pasado en Cabo de Gata. Era nuestra primera vez allí (aunque llevábamos tiempo queriendo ir ante tanta maravilla escuchada) y vimos muchas cosas como para recoger la experiencia en un post. Lo que sí da para una entradilla en este irregular blog fue nuestra primera experiencia con […]

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El Hombre Invisible: mi versión

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Últimamente me he sentido sólo. Pero no a causa de mi familia, ya que con mi esposa siento que las cosas algunas veces van bien y a veces muy mal, pero al menos creo que intentamos salir a flote a través de un diálogo abierto de intento y error, discusiones y reconciliaciones que van haciendo que nos percatemos de nuestras diferencias y similitudes y la forma en que podemos aprovecharlas sin caer en intolerancia, llegándolas a aceptar y hasta disfrutar.

Cuando mi esposa me habla sobre las pláticas que tiene con muchas mujeres como su madre, hermana, primas, amigas y hasta alguna que otra desconocida, sobre temas muy importantes y en los que algunas veces, sino es que muchas, aparezco; siento que hay algo que me está faltando, una ventaja que algunos tipos de mujeres, no todos, tienen sobre algunos tipos de hombres, no todos.

Tras leer un artículo denominado “El Hombre Invisible” de la revista Rebel, me di cuenta de qué era exactamente lo que significaba ese sentimiento de soledad.

“El silencio y la invisibilidad son temas penetrantes en la vida de los hombres y existe una poderosa contradicción en el corazón de todo esto,” explica el especialista en investigación psicológica el Dr. Michael Addis. “En una mano, los hombres son escuchados y vistos con gran facilidad en nuestra sociedad. En la otra mano, la masculinidad de un hombre tiende a ser medida en gran parte por su habilidad para hacer que sus logros sean vistos y escuchados grandemente al mismo tiempo que mantiene su vida interior oculta en el silencio, invisible.”

De acuerdo con el Dr. Addis, este último fenómeno ocasiona daños substanciales en las personas que rodean al sujeto, como su esposa e hijos y hasta otros hombres como su padre, hermanos y amigos.

“Cuando el hombre esconde sus vulnerabilidades en lugar de hablar sobre ellas abierta y directamente, estas se filtran y emergen en forma de otras cosas que resultan muy destructivas, tales como el suicidio, ira, depresión, abuso de sustancias, violencia y otros,” agregó Addis.

Cuando leí artículo me di cuenta de qué pasaba, cuando me encontraba con otros hombres no tenía la capacidad ni la oportunidad de hablar de temas que a diario dan vueltas en mi cabeza, que a veces me quitan el sueño y otras tantas simplemente son mis mismos sueños. Podría ser el caso que esto me sucediera con mi esposa; sin embargo, con ella he crecido en cuestión de confianza y amor afortunadamente y al mismo tiempo con ella, en algunos otros temas, aún soy en parte ese hombre invisible. 

Los hombres, o al menos yo para este caso en particular, estamos enfrascados en un diálogo interno, o mas bien un monólogo de lo que pudiera ser de nosotros, que nunca emerge y que guarda su distancia dando espacio a pláticas muchas veces mundanas como el fútbol, la música, el trabajo, nuestros hobbies y nuestra carrera de vida.

No es que crea que esto no es importante, porque muchas veces, como por ejemplo el trabajo, son ese tipo de cosas las que nos están quitando el sueño y nos deprimen y nos convierten en ese hombre invisible.

Sin embargo, la conversación que llega a darse es muy superficial o nula; en algunos casos y con personas indicadas llega incluso a abordar los temas importantes pero más que intentar hallar una solución o un consuelo al hablarlo con alguno de nuestros iguales “hombres”, nos lleva a una situación como de queja y reclamo únicamente, que no instruye ni construye, no edifica ni permite la auto reflexión.

El problema es que al final nunca llegas a conocer realmente a otro hombre, por lo que llegas a la conclusión de que no hay otros como tú, confundidos, solitarios, miedosos, sedientos de amor y perdón, enojados y deseosos de descargar su ira. Llegas a pensar que eres un bicho raro en un mundo en el que tal vez nunca aprendiste a ser suficiente hombre como ellos. No sabes qué equipos de fútbol van a la punta de la tabla general, no sabes cuál es la historia de la música y grupos legendarios como los Beatles, no fumas o bebes alcohol, no dices groserías o “mientas la madre” a los cuatro vientos; en fin, no sabes ser “hombre” y esto te hace sentir mal y aleja aún más.

Y es que este es mi caso en particular, un caso en el que crecí de forma diferente, en el que tomé decisiones y adopté hábitos, en el que también reconozco que existe un círculo en el que muchas veces me siento identificado (el científico y tecnológico, el de padre y esposo) y tengo miles de temas de conversación, opiniones e ideas, discusiones y en los que puedo apasionarme y dejarme llevar; pero el problema no es el tipo de hábitos o la clase de hombre a la que pertenezco o el tipo de círculo en el que me gusta estar, sino que cada uno de nosotros tiene su caso en particular y este lo hace sentirse inseguro de sí mismo encerrándolo en una soledad inmensa.

Cuando nos enteramos de que estábamos esperando a nuestra primera hija en Agosto del 2011, recuerdo haber tenido todo tipo de emociones y miedo cada noche, pensando mil cosas. Hablaba con mi esposa y eso me reconfortaba pero necesitaba de la voz de uno de mis “iguales” que supiera lo que se sentía estar en mi lugar. Sin embargo, no lo busqué, no lo encontré, nadie se presentó.

Recuerdo que teníamos que hacer los preparativos para el nacimiento de nuestra bebé. Nuestro estilo de vida en ese entonces, nos llevó a Estados Unidos donde por complicaciones y suerte, mala o buena no lo sé, nos vimos obligados a tenerla allá. Había tanta incertidumbre, no sabía que nos iba a estar esperando y aún más, no sabía si lo lograríamos. Estar en otro país donde no se habla el mismo idioma, no se tienen las mismas costumbres y donde sabes que estarás solo experimentando una de las etapas más importantes de tu vida, me tenía aterrado y necesitaba valor, necesitaba quien me dijera que podía lograrlo, que todo estaría bien y que podía proveer a mi familia de todo lo que iba a necesitar.

Y no es que no existiera alguien con quien pudiera contar, estaba rodeado por muchas personas que me aman y que sin dudarlo hubieran hablado conmigo, pero parece ser que los hombres tendemos a esperar a que el otro tenga la iniciativa al momento de hablar de acercamientos, tendemos a esconder lo que sentimos pensando que no es necesario decirlo fuerte y claro al resto sabiendo que tal vez ya lo saben, creyendo que no necesitamos una conversación sincera y evitándola porque resulta incómodo llorar frente a otro, porque creemos que no les interesa, porque creemos que si nos abrimos perderemos esa imagen que nuestra vida aparenta en fortaleza y bienestar, porque sentimos que seremos juzgados por lo que estamos haciendo o dejando de hacer, porque nuestra vida tiene que ir “bien” como la del resto de nuestros iguales en esta carrera en la que todos posan y aparentan felicidad, porque nos da flojera y nos molesta lidiar con este tipo de sentimientos y no queremos que se repita tan incómoda situación de nuevo, porque creemos que se nos pasará y regresaremos a retomar nuestra vida; en resumen, queremos ser más prácticos y pasar al siguiente tema en esta carrera que se llama vida.

Con nuestro segundo hijo, repetimos el viaje y el temor y miedo también quisieron repetir. Estando allá, encontramos mucha ayuda y como parte de esta, comenzamos a asistir a reuniones prenatales en donde se nos habló sobre lo que estaba pasando con el bebé, el embarazo y lo que vendría después, pero muchas de esas cosas ya las sabíamos.

Todas las parejas ahí presentes éramos de origen latino, al observarlas me daba cuenta de que había un factor común (jajaja, no que éramos latinos), el miedo y la incertidumbre. Veía el rostro de los hombres ahí sentados escuchando sobre cómo es que se puede elegir entre un parto natural y una cesárea, inducción y epidural, sobre la posición de la mujer durante el parto, el famoso “4-1-1”; y me daba cuenta de que el problema no era que no supiéramos todo y eso y que eso mismo nos llenara de terror, sino que había dolor y miedos más profundos dentro de nosotros, más antiguos que los que esta nueva experiencia nos estaba dando.

Lo peor era que estas preocupaciones no eran las que se estaban abordando en el grupo prenatal al que asistíamos mi esposa y yo.

“En lugar de eso, estábamos hablando de lo que podíamos hacer para ayudar a nuestra pareja durante el proceso de parto,” explica Addis en su relato, muy parecido al mío y quien asistió también a este tipo de reuniones prenatales. “En otras palabras, estábamos reestableciendo y adoptando el rol de ‘proveedor y sostén’, y en el proceso, todos ya habíamos aceptado voluntariamente que hablar de lo que nosotros, como hombres, estábamos experimentando y sintiendo, estaba fuera de lugar y no era algo relevante.”

“No me malinterpreten,” agrega Addis. “El proceso de dar a luz a un bebé es extremadamente estresante para la mujer, pero estoy muy seguro de que muchos, sino es que todos los hombres, se sienten inútiles y preocupados durante el proceso del parto, y que virtualmente no contamos con herramientas para lidiar con ello. Animando a nuestras parejas diciéndoles ‘respira, respira, respira, 1, 2, 3, 4, 5, …’ durante el parto sólo nos ayuda a sentir que hacemos algo, y al final por lo que sé, hacer esto es de muy poca o ninguna ayuda para ellas.”

Estando en Estados Unidos, maduré en muchas cosas teniendo que hablar en otro idioma sobre cosas que nunca había escuchado antes e indagando cómo lograríamos lo que nos proponíamos. Con nuestra experiencia allá en Estados Unidos, me di cuenta de que el mundo puede ser tan suave y amable y al mismo tiempo duro y devorarte de una sola vez. En un momento puedes pensar que estás ganándole el juego a la vida y al otro sentir que has perdido todo y que nunca tuviste todas las respuestas ni la fuerza para llevar a cabo lo que querías.

Sinceramente, nunca me he visto como un hombre “hecho y derecho”, más bien siempre me he visto y siento que los demás me han visto, como un niño que juega a ser adulto. Cuando veo a otros, los veo fuertes y experimentados, y olvido que tengo 31 años y olvido todo lo que he hecho y la forma en que he luchado para sacar adelante a mi familia y que al final, y que en realidad, es lo que sí me convierte en un verdadero “hombre”.

Estando allá estuvimos a punto de quedar en la calle, mi esposa embarazada y con nuestra hija de 2 años. Sucedió un pequeño accidente en el lugar donde estábamos quedándonos y todo el lugar quedó lleno de agua (como saben, los apartamentos y casas allá son un 50% madera y otro 50% paneles). Por lo que tuvimos que salirnos de ahí y buscar otro lugar. Pero los procesos para encontrar un apartamento son muy tardados y requieren mucho papeleo. ¿Por qué no conté esto a otros? Por mi falta de capacidad para hablar, porque no supe cómo, porque no quería reconocer que era débil mientras que el resto mostraban vidas de éxito y providencia y por miedo a que me juzgaran, que me reprocharan que debí ser mejor “proveedor” y evitar caer en esa situación, que debí ser más cuidadoso y precavido con esta y otras cosas. Al final, los otros pensarían: Si sabía que sería complicado, ¿por qué llevar a mi familia a una situación así? En este mundo, en lugar de preguntar la razón e intentar entender las causas o conocer el corazón de las personas, se juzga y reprueba lo que uno intenta hacer como amigo, hijo, hermano, padre y esposo. Ahí el silencio es donde tiene tanto poder y da espacio a la incertidumbre que lleva al mismo tiempo a malinterpretar a las personas y nunca llegar a conocerlas y amarlas de verdad.

Lo que yo necesitaba en ese momento era alguien que me dijera qué hacer, alguien que me dijera que lo lograría o alguien que me escuchara, pero temía que no fueran las palabras que escucharía y opté por cargar sólo con esta aventura y mantenerlo en silencio como muchas otras cosas que he vivido, como el hecho de que en alguna ocasión mi esposa y yo fuimos a caer en un problema existencial y entregamos toda nuestra vida durante 7 años creyendo que la forma en que vivíamos era lo correcto y que así yo podría cambiar esto a lo que yo llamaba “hombre” para bien (e incluso llegué a pensar que cambiaría al mundo entero). Pero esa es otra historia, otro silencio, el cual espero poder romper también muy pronto.

De acuerdo con el Dr. Addis, existen tres tipos de silencio que son tan comunes en nuestra vida que rara vez nos percatamos de ellos a pesar de la penetrante influencia que tienen sobre nosotros.

El silencio privado ocurre cuando los hombres en realidad saben qué está pasando en su vida pero deciden guardárselo para sí mismos. Este silencio ha sido celebrado y alabado por la sociedad por mucho tiempo como un indicador de que se posee una verdadera “hombría”.

El silencio personal mantiene a muchos hombres lejos de conocer qué es lo que están sintiendo o pensando en verdad, en momentos de vulnerabilidad; en efecto, estos pensamientos y sentimientos son silenciosos e invisibles para ellos mismos.

El silencio público, ocurre cuando otros nos hacen saber que debemos mantener nuestras vulnerabilidades al margen. El silencio público no es necesariamente un proceso intencional o consciente.

Addis explica que la vulnerabilidad en el hombre es vista con vergüenza dentro de la sociedad, y como resultado, los hombres no pueden evitar estarse callando unos a otros de forma pública.

En el relato de Addis, él explica que en la última sesión prenatal, los instructores dividieron el grupo en mujeres y hombres. Los hombres fueron llevados a otra habitación y ahí se les pidió que hablaran sobre sus sentimientos.

“En serio, si quieren pueden hablar más sobre fútbol americano y si les da tiempo, un poco sobre sus preocupaciones y esas cosas,” dijo la instructora al grupo antes de abandonar el cuarto donde se encontraban todos en medio de un silencio incómodo.

“Sin querer, ella estaba silenciándonos públicamente. Entonces, reímos nerviosamente todos, nos volteamos a ver rápidamente unos a otros y comenzamos a discutir cómo les estaba yendo a los Patriotas de Nueva Inglaterra en la liga de fútbol americano,” agregó Addis. “¿Qué otra cosa habríamos podido hacer en ese momento? Entonces, minutos antes de que terminara la reunión, uno de nosotros nos recordó que debíamos hacer la lista sobre las preocupaciones para entregarla a nuestra pareja. Desafortunadamente, nunca tuvimos ese momento en el que habríamos podido reconocer nuestros miedos reales.”

Addis agregó que de haber tenido este tiempo, su lista habría sido algo como: “¿Qué tal que no fuera capaz de manejar el proceso de parto y tuviera que abandonar el cuarto? ¿Mi esposa pensará menos en mí, me amará menos? ¿Qué tal que la apariencia de mi esposa dando a luz es tan físicamente perturbadora que afectará qué tan atractiva podría resultar para mí en el futuro? ¿Y si ella estuviera sintiendo tanto dolor que yo no fuera capaz de ayudarla? ¿Y si no soy capaz de ayudarla, qué tal y fallo en ese momento? ¿Y si no siento que amo a nuestro bebé en cuanto lo vea? ¿Qué significaría eso? ¿Y si mi pareja e hijo mueren durante el parto?”

“Estos eran miedos reales, miedos silenciados,” agrega Addis.

Como todo ser humano, los hombres necesitamos conexiones en nuestra vida; necesitamos ser capaces de compartir nuestras experiencias y buscar ayuda y apoyo cuando las cosas se ponen difíciles.

Ser parte de una comunidad de experiencias compartidas refuerza y nos hace ver que no estamos solos en estos problemas. De hecho, por ello cree un grupo en Facebook para padres u hombres que están por convertirse en padres. Porque yo necesitaba, y creo que los demás también necesitaban, ese espacio donde pudiéramos hablar de estos miedos y ver que todos los tenemos. Sin embargo, también llego a notar apatía y estos “silencios” dentro del grupo, casi puedo verlo tal como si estuviéramos todos sentados en sillas formando un círculo y hablando de fútbol o guardando silencio.

Pero la forma en que continuamos enseñando a nuestros hijos lo que la virilidad realmente es, hace que la búsqueda y descubrimiento de tal apoyo se conviertan en una cosa extremadamente difícil para muchos de nosotros.

“Nosotros necesitábamos llorar, darnos un gran abrazo de grupo y procesar nuestros sentimientos por muchas horas. Lo que necesitábamos, y lo que muchos hombres necesitan cuando la vida se vuelve tan desafiante, es la oportunidad de ser vistos y escuchados, por nosotros mismos y por otros. Desafortunadamente, todos estos tipos de silencio se han convertido en algo tan común en la vida de los hombres que éstos ejercen su poder automáticamente sobre nosotros, y rara vez se convierten en algo en lo que pensamos que deberíamos poner más atención. Pienso que es tiempo de que los hombres se levanten y sean vistos y escuchados, no sólo a causa de nuestros logros financieros o físicos, sino por la humanidad misma que podemos poseer dentro de nosotros y al mismo tiempo expresar.”

Hay un silencio que siempre está haciendo ruido en nuestra cabeza y tiene la forma de insatisfacción sexual, preocupación financiera, falta de amor por uno mismo física y mentalmente, insatisfacción profesional, adicciones, peleas e incompatibilidad, resentimiento y arrepentimiento.

A mi en lo personal me da miedo enfrentar todo esto muchas veces. Sé que desencadenará una serie de eventos, consecuencias, cambios. Sé que me obligará a levantarme y ponerme a hacer lo que debí hacer desde hace mucho tiempo, a enmendar las cosas y a luchar contra mis hábitos y aparente incapacidad. Desgraciadamente es más cómodo dejar que la vida fluya y que las cosas se den por sí mismas y tal vez, en un remoto caso, hasta que se arreglen por sí solas.

Pero es por eso que quiero hablar. Tengo mucho que decir y sacar, necesito que me abracen, que me digan lo mucho que me quieren y lo bien que he hecho hasta ahora, que reconozcan que he intentado ser un buen hombre y hacer el bien. Por otro lado y no menos importante, también muchos otros (mi esposa, hijos, mi padre y mi madre, mi hermano) necesitan que yo haga esto mismo por ellos, con ellos.

Porque me aferro a lo que un día soñé que mi vida sería, amo tanto a mi familia, me amo a mí mismo y porque creo que se merecen y me merezco el regalo de la plenitud de esta vida -sin límite alguno- y que puedo cambiar este mundo empezando por mí mismo y la forma en que heredo o transmito este conocimiento.

Creo que los hombres debemos perder el miedo a decir que tenemos miedo.

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Dieta en mujeres embarazadas modificaría ADN de bebés: estudio

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De acuerdo con un nuevo estudio publicado en el diario Nature Communications, la dieta de una mujer embarazada que se encuentra cerca la fecha de concepción, puede afectar permanentemente la función de los genes de su hijo y así, su salud a lo largo de su vida.

El descubrimiento se dio cuando los científicos intentaban descubrir si la dieta de la madre era capaz de causar cambios epigenéticos, es decir, cambios en la expresión de los genes del bebé que ocurren sin alteraciones en la secuencia de ADN en sí misma.

“Nuestros resultados representan la primera demostración en humanos de que el bienestar nutricional de la madre al momento de la concepción puede cambiar cómo es que los genes de su hijo se verán interpretados, con un impacto para el resto de su vida,” explicó el Dr. Branwen Hennig, científico e investigador senior para la Unidad MRC de Gambia y el Colegio Londinense de Higiene y Medicina Tropical.

Un ejemplo de una modificación epigenética es la metilación del ADN, la cuál involucra la adición de grupos metilo a ciertas partes del ADN. Los grupos metilo pueden ser adquiridos por medio de una dieta compuesta por alimentos que contengan colina y vitaminas particulares como B6 y B12, las cuales actúan como coenzimas en el metabolismo de la homocisteína y la metionina.

Los científicos estudiaron la dieta de 167 mujeres de una zona rural de Gambia, donde la comida es producida por la misma población y por lo que su dieta cambia de acuerdo a la temporada de sequía y de lluvia.

Además, descubrieron que la masa corporal de las madres posee una influencia adicional a la presencia de alteraciones en la función de los genes.

“Encontramos dos asociaciones fuertes en particular, una con la homocisteína y otra con la cisteína,” agregó.

La cisteína se encuentra principalmente en alimentos ricos en proteína como el cerdo, carne embutida, pollo, pavo, pato, fiambre, huevos, leche, requesón, yogurt, y en algunos vegetales como los pimientos rojos, ajos, cebollas, el chayote, brócoli, col de Bruselas, muesli, germen de trigo.

Mientras que la homocisteína no es posible encontrarla en los alimentos como tal, sino que es sintetizada a través de la metionina, la cual está presente en el huevo, semillas de ajonjolí, nueces del Brasil, carnes y otras semillas, además de cereales.

La mayoría de las frutas y verduras contienen una muy pequeña cantidad de metionina, al igual que las leguminosas.

La presencia elevada de la homocisteína y cisteína está relacionada con la arterioesclerosis; ataques cardiacos; accidentes cerebrovasculares; daños al hígado; sequedad en la boca; sudoración; ansiedad y nerviosismo; diarrea; dispepsia; dolores de cabeza; insomnio; alergias; erupciones cutáneas, enfermedades gástricas; transtornos psíquicos como bipolaridad, depresión, Alzheimer, demencia; así como enfermedad de Parkinson y epilepsia.

En lo personal, creo que más que indicar qué se puede comer y qué no, el estudio muestra que lo que se come durante el embarazo sí afecta la salud del bebé permanentemente y no sólo eso, sino hasta la información de sus funciones genéticas.

De hecho, lo que el estudio muestra no es nuevo, las mujeres saben que deben ingerir ciertas sustancias o vitaminas como el ácido fólico para que el bebé nazca saludable (lo que no se sabía es que lo que comemos no sólo ayuda a que el bebé nazca sano sino que estaría modificando su información genética, lo cual son palabras mayores y que únicamente nos asustan cuando llegan en forma de alguna deformidad física o síndrome, y que al final estamos hablando del mismo tipo de modificaciones, sólo que expresadas de forma distinta); sin embargo, seguimos teniendo en menos que lo que comemos y otros hábitos que tenemos, afectarán a nuestros hijos más adelante.

Por nuestra parte, mi esposa y yo hemos optado por voltear a la trofología, que si bien no ha sido fácil ni hemos sido constantes, nuestro cambio nos ha venido a mostrar que en realidad uno no requiere de tantas medicinas ni es testigo de tantos problemas de salud, si se lleva a cabo una alimentación más prudente y amable con nuestro cuerpo.

Ignorantes, volteamos a intentar apagar el fuego cada vez que nos enfermamos, tomando medicina o realizando una cirugía u operación, cuando deberíamos de intentar que desapareciera la razón por la que el fuego se dio en un principio.

¿Creen que el cáncer se puede curar con sólo un cambio en nuestra alimentación? ¿Qué tal si fuera para todas las enfermedades?

El mundo nos ha vendido una forma de comer y nosotros la hemos comprado pensando que es la mejor, ya que resulta ser la más práctica y la que mejor nos hace sentir al momento de ingerirla pero no para un bienestar a largo y permanente plazo.

“Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina”
-Hipócrates

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