Al ir al médico hay que decir siempre la verdad

Las visitas al pediatra o a la enfermera suelen ser motivo de angustia y de rechazo por parte de los niños. Para que lo lleven lo mejor posible se recomienda decirles siempre la verdad.

Cuando son bebés no hay mucho problema, pues van donde les lleven sin rechistar, pero a la que empiezan a entendernos aparecen las primeras reticencias a la hora de acudir al médico.

Sobre la actuación de los profesionales con los niños hay mucho que debatir y probablemente mucho a mejorar (el trato, las miradas, el tacto,…), quizás otro día hable de ello, si a alguien le interesa.

Sin embargo hay otras cosas que pasan en la consulta que no se pueden cambiar demasiado, es lo que hay:

  • No se puede ver la garganta sin el depresor o “palito” que tantas arcadas provoca (a menos que el niño esté entrenado y sepa abrir la boca y bajar la garganta, pero esto sólo lo saben hacer algunos niños mayorcitos).
  • No se puede poner una vacuna sin pinchar.
  • No se puede sacar sangre sin una aguja.
  • No se puede suturar una herida sin una aguja y un hilo.

Ante estos eventos y dado que los padres solemos estar siempre informados de lo que les van a hacer a nuestros pequeños debemos decirles siempre la verdad: dónde vamos y a qué vamos (con un poco de tacto, claro).

Muchas madres y padres engañan a sus hijos diciéndoles que van a otro sitio, que van al médico pero que a ellos no les visitará, que van al médico pero que no les pinchará, etc.

Sin ir más lejos, hace unos días entraba una mamá con su hija de 4 años para hacerle una extracción de sangre y ante el llanto de la pequeña la madre le dijo: “No llores, tranquila, que no te van a pinchar”. Un minuto después la niña tenía clavada una aguja sacándole sangre.

¿Qué sentido puede tener para una niña que su madre le diga y le repita que puede estar tranquila, que no le van a pinchar, si acto seguido se lo van a hacer? ¿A qué nivel puede quedar la confianza de la pequeña hacia las palabras de su madre?

Lo más lógico es que cada vez que acuda al médico, aunque su madre le diga que no le van a pinchar, la niña crea que sí le van a pinchar, desconfiando de su madre y temiendo a las personas vestidas de blanco.

Quizás por esto mismo hay tantos adultos hoy en día con fobia a las agujas y jeringas (quizás no).

Lo ideal es decirles siempre la verdad. No hace falta entrar en demasiados detalles, sino adaptar lo que sucederá a su capacidad de entendimiento.

Si un día toca un pinchazo o algo desagradable y se lo comunicamos así, el niño va avisado y se dará cuenta, al confirmarse las palabras de la madre, de que ha sido sincera.

Si un día la visita es más bien de rutina y no va a haber ningún procedimiento doloroso, les decimos que no le van a hacer ningún daño y se dan cuenta que es cierto, el círculo se cierra y acaban comprendiendo que pueden confiar en mamá.

Publicado originalmente en Bebés y más.

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Al ir al médico hay que decir siempre la verdad

Las visitas al pediatra o a la enfermera suelen ser motivo de angustia y de rechazo por parte de los niños. Para que lo lleven lo mejor posible se recomienda decirles siempre la verdad.

Cuando son bebés no hay mucho problema, pues van donde les lleven sin rechistar, pero a la que empiezan a entendernos aparecen las primeras reticencias a la hora de acudir al médico.

Sobre la actuación de los profesionales con los niños hay mucho que debatir y probablemente mucho a mejorar (el trato, las miradas, el tacto,…), quizás otro día hable de ello, si a alguien le interesa.

Sin embargo hay otras cosas que pasan en la consulta que no se pueden cambiar demasiado, es lo que hay:

  • No se puede ver la garganta sin el depresor o “palito” que tantas arcadas provoca (a menos que el niño esté entrenado y sepa abrir la boca y bajar la garganta, pero esto sólo lo saben hacer algunos niños mayorcitos).
  • No se puede poner una vacuna sin pinchar.
  • No se puede sacar sangre sin una aguja.
  • No se puede suturar una herida sin una aguja y un hilo.

Ante estos eventos y dado que los padres solemos estar siempre informados de lo que les van a hacer a nuestros pequeños debemos decirles siempre la verdad: dónde vamos y a qué vamos (con un poco de tacto, claro).

Muchas madres y padres engañan a sus hijos diciéndoles que van a otro sitio, que van al médico pero que a ellos no les visitará, que van al médico pero que no les pinchará, etc.

Sin ir más lejos, hace unos días entraba una mamá con su hija de 4 años para hacerle una extracción de sangre y ante el llanto de la pequeña la madre le dijo: “No llores, tranquila, que no te van a pinchar”. Un minuto después la niña tenía clavada una aguja sacándole sangre.

¿Qué sentido puede tener para una niña que su madre le diga y le repita que puede estar tranquila, que no le van a pinchar, si acto seguido se lo van a hacer? ¿A qué nivel puede quedar la confianza de la pequeña hacia las palabras de su madre?

Lo más lógico es que cada vez que acuda al médico, aunque su madre le diga que no le van a pinchar, la niña crea que sí le van a pinchar, desconfiando de su madre y temiendo a las personas vestidas de blanco.

Quizás por esto mismo hay tantos adultos hoy en día con fobia a las agujas y jeringas (quizás no).

Lo ideal es decirles siempre la verdad. No hace falta entrar en demasiados detalles, sino adaptar lo que sucederá a su capacidad de entendimiento.

Si un día toca un pinchazo o algo desagradable y se lo comunicamos así, el niño va avisado y se dará cuenta, al confirmarse las palabras de la madre, de que ha sido sincera.

Si un día la visita es más bien de rutina y no va a haber ningún procedimiento doloroso, les decimos que no le van a hacer ningún daño y se dan cuenta que es cierto, el círculo se cierra y acaban comprendiendo que pueden confiar en mamá.

Publicado originalmente en Bebés y más.

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Propuestas de juegos de mesa para niños pequeños

(continuación de Listas de juegos de mesa)

Por último, quería proponer y comentar juegos apropiados para cada edad, algunos por haber jugado y otros simplemente de oídas. Entre paréntesis indico la posición que ocupa actualmente en el ranking de la categoría “Juegos de niños”, más como curiosidad que por el valor que quiera darle:

A partir de 2 años: Memory (347)
Número de jugadores: 2-6
Tiempo de partida: 30 minutos

Es el clásico juego de encontrar las parejas entre las fichas que están boca acabo, muy interesante para el desarrollo de la atención y la memoria. Quizás alguien piense que es un poco pronto para jugar en serio a este juego, pero creo que los 2 años es un buen momento para ir descubriéndolo y familiarizándose con él, sin llegar a competir. De momento a Sara, con 23 meses, le gusta reconocer las figuras de las fichas, le gusta el tacto de madera y el ruido al chocarlas, y empieza a entender la mecánica con una pequeña variación: le coloco 4 parejas vueltas hacia arriba y les voy dando la vuelta una a una mostrándole donde están; cuando todas quedan cubiertas, le pregunto dónde están los … y ella intenta recordarlos y va volviendo las fichas hasta encontrar la pareja. Cuando sólo queda una pareja, le pregunto cuál es la que falta, y muchas veces la acierta.

A partir de 3 años: Cocoricó-cocorocó (Chicken Cha Cha Cha) (14)
Número de jugadores: 2-4
Tiempo de partida: 20 minutos

A este no he tenido el gusto de jugar, pero por lo que cuentan es una evolución del juego anterior. En realidad, sigue siendo una edad en la que los juegos les tienen que entrar por los ojos, y este parece suficientemente atractivo para ir desarrollando la afición por estos.

A partir de 4 años: Viva topo! (8)
Número de jugadores: 2-4
Tiempo de partida: 20 minutos

Para jugar con niños de 4 años, e incluso más pequeños, podemos encontrar ya juegos muy interesantes. De nuevo este juego llama la atención por su colorido y sus cuidadas figuras; además, este juego introduce la estrategia dentro de su dinámica (los ratones, huyendo del gato, tienen que decidir si conformarse con un queso pequeño o arriesgar por conseguir uno más grande). Mi sobrino de 5 años y medio nos ganó una de las dos partidas que jugamos recientemente, y os aseguro que no me dejé, sino que me confié después de haberle ganado la primera.

A partir de 4 años y medio: Monza (49)
Número de jugadores: 2-6
Tiempo de partida: 10 minutos

He querido incluir este juego tras haber leído buenas reseñas sobre él. Es un juego de carreras cuya sencilla mecánica son los dados y la estrategia elegida para el movimiento; además, es una versión para niños del conocido juego Formula Dé. Dicen que por la temática es más atractivo para los chicos (y sus padres :-D).

A partir de 5 años: Caballeros del castillo (Castle Knights) (22)
Número de jugadores: 2-4
Tiempo de partida: 10 minutos

Me llamó mucho la atención cuando conocido este particular juego. Es un juego cooperativo de destreza que requiere que los jugadores del mismo equipo hagan por entenderse, dado que utilizarán una goma que se estira con 4 correas, manejadas por 2, 3 ó 4 jugadores. Lejos de ser el clásico juego para echar la tarde, es más bien un juego pensado para tiempos cortos.
Y vosotros, ¿a qué jugáis con vuestros hijos? ¿tenéis algún juego interesante que queráis comentar?
Pues nada más, ¡a jugaaaaaaaaar!
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Propuestas de juegos de mesa para niños pequeños

(continuación de Listas de juegos de mesa)

Por último, quería proponer y comentar juegos apropiados para cada edad, algunos por haber jugado y otros simplemente de oídas. Entre paréntesis indico la posición que ocupa actualmente en el ranking de la categoría “Juegos de niños”, más como curiosidad que por el valor que quiera darle:

A partir de 2 años: Memory (347)
Número de jugadores: 2-6
Tiempo de partida: 30 minutos

Es el clásico juego de encontrar las parejas entre las fichas que están boca acabo, muy interesante para el desarrollo de la atención y la memoria. Quizás alguien piense que es un poco pronto para jugar en serio a este juego, pero creo que los 2 años es un buen momento para ir descubriéndolo y familiarizándose con él, sin llegar a competir. De momento a Sara, con 23 meses, le gusta reconocer las figuras de las fichas, le gusta el tacto de madera y el ruido al chocarlas, y empieza a entender la mecánica con una pequeña variación: le coloco 4 parejas vueltas hacia arriba y les voy dando la vuelta una a una mostrándole donde están; cuando todas quedan cubiertas, le pregunto dónde están los … y ella intenta recordarlos y va volviendo las fichas hasta encontrar la pareja. Cuando sólo queda una pareja, le pregunto cuál es la que falta, y muchas veces la acierta.

A partir de 3 años: Cocoricó-cocorocó (Chicken Cha Cha Cha) (14)
Número de jugadores: 2-4
Tiempo de partida: 20 minutos

A este no he tenido el gusto de jugar, pero por lo que cuentan es una evolución del juego anterior. En realidad, sigue siendo una edad en la que los juegos les tienen que entrar por los ojos, y este parece suficientemente atractivo para ir desarrollando la afición por estos.

A partir de 4 años: Viva topo! (8)
Número de jugadores: 2-4
Tiempo de partida: 20 minutos

Para jugar con niños de 4 años, e incluso más pequeños, podemos encontrar ya juegos muy interesantes. De nuevo este juego llama la atención por su colorido y sus cuidadas figuras; además, este juego introduce la estrategia dentro de su dinámica (los ratones, huyendo del gato, tienen que decidir si conformarse con un queso pequeño o arriesgar por conseguir uno más grande). Mi sobrino de 5 años y medio nos ganó una de las dos partidas que jugamos recientemente, y os aseguro que no me dejé, sino que me confié después de haberle ganado la primera.

A partir de 4 años y medio: Monza (49)
Número de jugadores: 2-6
Tiempo de partida: 10 minutos

He querido incluir este juego tras haber leído buenas reseñas sobre él. Es un juego de carreras cuya sencilla mecánica son los dados y la estrategia elegida para el movimiento; además, es una versión para niños del conocido juego Formula Dé. Dicen que por la temática es más atractivo para los chicos (y sus padres :-D).

A partir de 5 años: Caballeros del castillo (Castle Knights) (22)
Número de jugadores: 2-4
Tiempo de partida: 10 minutos

Me llamó mucho la atención cuando conocido este particular juego. Es un juego cooperativo de destreza que requiere que los jugadores del mismo equipo hagan por entenderse, dado que utilizarán una goma que se estira con 4 correas, manejadas por 2, 3 ó 4 jugadores. Lejos de ser el clásico juego para echar la tarde, es más bien un juego pensado para tiempos cortos.
Y vosotros, ¿a qué jugáis con vuestros hijos? ¿tenéis algún juego interesante que queráis comentar?
Pues nada más, ¡a jugaaaaaaaaar!
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Presentación del libro "Maternidad adaptada"


Mañana a las 20:30, en el Cau Ple de Lletres de Terrassa, presentaré el libro Maternidad Adaptada junto a Estrella Gil, su autora.

Os dejo información acerca del libro a continuación:

Tener un hijo es una vivencia que supone un cambio radical para la mayoría de padres y madres. De repente aparece en tu monótona pero controlada vida una criatura que desmonta tus horarios y que agota a diario tus energías hasta el punto que hay días que no acabas de ver la luz al final del túnel.

Si esto sucede con muchas de las personas que tenemos de nacimiento todo nuestro cuerpo y nuestros sentidos al cien por cien de nuestras capacidades, imaginad cómo puede ser tener un hijo cuando eres Estrella Gil, una mujer que tiene una parálisis cerebral por una mala praxis en el nacimiento que le produjo una discapacidad del noventa por ciento y que necesita un andador o una silla de ruedas para desplazarse.

Esto mismo es lo que Estrella explica en su libro Maternidad adaptada, un libro en el que muestra una manera diferente, pero igual, de ser madre, y digo igual porque esta mujer tiene un hijo de 22 meses llamado Miquel que crece, engorda, habla y sonríe feliz como pudiera hacerlo cualquier niño de su edad.

No es que lo haya tenido fácil en ningún sentido, ni ahora que es madre, por su evidente discapacidad, ni antes de serlo, por la mayoritaria incomprensión. Según comenta en un pasaje de su libro:

El miércoles, siguiendo las instrucciones del médico de urgencias, llevé mi orina a la enfermera y ella hizo la prueba. Al cabo de un minuto la miró y dijo sin mirarme a la cara: “Sí, estás preñada. ¿Qué piensas hacer con el niño?”

Ahora que es madre tiene que demostrar casi a diario que es capaz de serlo y con este libro lo muestra, tanto a las personas que al verla dudan de ello, como a aquellas personas que, con alguna discapacidad, piensan que debe ser imposible cuidar de un bebé.

Esta es la magia de este libro, que sirve como muestra de que pueden cumplirse los deseos de ser madre, casi contra viento y marea e incluso como muestra de que una lactancia difícil y complicada (Estrella ha tenido siempre problemas para poner al pecho a Miquel), que ella misma llegó a dar por perdida, puede salvarse con paciencia y constancia, pues aún ahora da el pecho.

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Presentación del libro "Maternidad adaptada"


Mañana a las 20:30, en el Cau Ple de Lletres de Terrassa, presentaré el libro Maternidad Adaptada junto a Estrella Gil, su autora.

Os dejo información acerca del libro a continuación:

Tener un hijo es una vivencia que supone un cambio radical para la mayoría de padres y madres. De repente aparece en tu monótona pero controlada vida una criatura que desmonta tus horarios y que agota a diario tus energías hasta el punto que hay días que no acabas de ver la luz al final del túnel.

Si esto sucede con muchas de las personas que tenemos de nacimiento todo nuestro cuerpo y nuestros sentidos al cien por cien de nuestras capacidades, imaginad cómo puede ser tener un hijo cuando eres Estrella Gil, una mujer que tiene una parálisis cerebral por una mala praxis en el nacimiento que le produjo una discapacidad del noventa por ciento y que necesita un andador o una silla de ruedas para desplazarse.

Esto mismo es lo que Estrella explica en su libro Maternidad adaptada, un libro en el que muestra una manera diferente, pero igual, de ser madre, y digo igual porque esta mujer tiene un hijo de 22 meses llamado Miquel que crece, engorda, habla y sonríe feliz como pudiera hacerlo cualquier niño de su edad.

No es que lo haya tenido fácil en ningún sentido, ni ahora que es madre, por su evidente discapacidad, ni antes de serlo, por la mayoritaria incomprensión. Según comenta en un pasaje de su libro:

El miércoles, siguiendo las instrucciones del médico de urgencias, llevé mi orina a la enfermera y ella hizo la prueba. Al cabo de un minuto la miró y dijo sin mirarme a la cara: “Sí, estás preñada. ¿Qué piensas hacer con el niño?”

Ahora que es madre tiene que demostrar casi a diario que es capaz de serlo y con este libro lo muestra, tanto a las personas que al verla dudan de ello, como a aquellas personas que, con alguna discapacidad, piensan que debe ser imposible cuidar de un bebé.

Esta es la magia de este libro, que sirve como muestra de que pueden cumplirse los deseos de ser madre, casi contra viento y marea e incluso como muestra de que una lactancia difícil y complicada (Estrella ha tenido siempre problemas para poner al pecho a Miquel), que ella misma llegó a dar por perdida, puede salvarse con paciencia y constancia, pues aún ahora da el pecho.

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El día D

“We like to watch you laughing, You pick the insects off plants No time to think of consequences” ‘Kids’, de MGMT Si no actualizo el blog el día de su cumpleaños este blog pierde su sentido. Este fin de semana ha sido el fin de semana del desfase y el descontrol. Como en nuestro salón […]

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¿Acertamos con los juguetes?

El próximo miércoles daré una charla, en calidad de enfermero, acerca de los juguetes.
Es la primera vez que hago una charla para hablar de niños (normalmente he hablado de cosas muy diferentes, más centradas en las emergencias) y me hace especial ilusión porque puedo hablar de juguetes y de juego, haciendo pinceladas de muchas otras cosas como la creatividad, el tiempo con los padres, etc.

Si estáis cerca, pasaos, que cuantos más seamos, mejor nos lo pasaremos (eso dicen, ¿no?).

La charla será en Terrassa, en la Biblioteca del Distrito 6, en la Rambla Francesc Macià, el día 15 de Diciembre a las 18:00.

Foto: Diesel Demon en Flickr

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¿Acertamos con los juguetes?

El próximo miércoles daré una charla, en calidad de enfermero, acerca de los juguetes.
Es la primera vez que hago una charla para hablar de niños (normalmente he hablado de cosas muy diferentes, más centradas en las emergencias) y me hace especial ilusión porque puedo hablar de juguetes y de juego, haciendo pinceladas de muchas otras cosas como la creatividad, el tiempo con los padres, etc.

Si estáis cerca, pasaos, que cuantos más seamos, mejor nos lo pasaremos (eso dicen, ¿no?).

La charla será en Terrassa, en la Biblioteca del Distrito 6, en la Rambla Francesc Macià, el día 15 de Diciembre a las 18:00.

Foto: Diesel Demon en Flickr

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Mí mismo en la televisión

¿Recordáis que os dije que me iban a grabar en Agosto? Si no lo recordáis podéis leerlo sólo unas entradas más abajo (es lo que tiene no actualizar el blog, que en un plis se lee lo último), pues bien, esta semana pasada se emitió el programa y me lo traigo al blog para quien quiera verme la jeta y escuchar mi catalán de Lleida (no es que yo sea de Lleida, es que siendo riojano el acento me queda así como del oeste de Catalunya).

Aparezco poco, tan sólo para mostrar, junto a mi familia, cómo es el modus operandi de un papá bloguero.

En el programa aparezco escribiendo en este mi blog, aunque la realidad es que las escapadas responden a las entradas realizadas en Bebés y más, básicamente.

Si queréis ir directamente a la chicha, es decir, allí donde aparezco yo, id al minuto 12 aproximadamente.

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Mí mismo en la televisión

¿Recordáis que os dije que me iban a grabar en Agosto? Si no lo recordáis podéis leerlo sólo unas entradas más abajo (es lo que tiene no actualizar el blog, que en un plis se lee lo último), pues bien, esta semana pasada se emitió el programa y me lo traigo al blog para quien quiera verme la jeta y escuchar mi catalán de Lleida (no es que yo sea de Lleida, es que siendo riojano el acento me queda así como del oeste de Catalunya).

Aparezco poco, tan sólo para mostrar, junto a mi familia, cómo es el modus operandi de un papá bloguero.

En el programa aparezco escribiendo en este mi blog, aunque la realidad es que las escapadas responden a las entradas realizadas en Bebés y más, básicamente.

Si queréis ir directamente a la chicha, es decir, allí donde aparezco yo, id al minuto 12 aproximadamente.

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EDUCAR SIN PEGAR- EL PAÍS

Pegar a los adultos se considera
una agresión,
Pegar a los animales se considera
una crueldad,
Pegar a los niños es
“por su bien”.

Siempre me ha parecido sorprendente la normalidad con que se ve todavía el castigo físico a los niños. Entre mis vecinos, no es raro escuchar frases como “a que te doy en el culo” o “como sigas así, te voy a poner el culo rojo”. Este viernes, una madre le dio varios cates a una niña de unos dos años en un parque por no dejar que otra se tirara del tobogán. Los comentarios de los lectores al reportaje de Juan Antonio Aunión publicado la semana pasada en EL PAÍS me han acabado de confirmar que no era una sensación mía: en España, pegar a los niños, sobre todo a los más pequeños, sigue siendo normal y se hace sin ningún sonrojo y con pleno convencimiento, pese a que la ley lo prohíbe desde 2007.

Muchos de los 296 comentarios que hasta ayer tenía el reportaje, titulado El cachete duele, pero no funciona, defendían su uso. Lo llamativo era la virulencia de muchos, como si el planteamiento de psicólogos y pedagogos de que ese método no es una herramienta adecuada para educar y además no es eficaz a largo plazo les atacara íntimamente. Así, varios descalificaban directamente a los expertos, y les retaban a hacer frente a niños reales. Muchos coincidían en afirmar que ellos mismos habían recibido sus azotes o bofetadas y que no estaban traumatizados, que gracias a ello son adultos educados y de provecho y que la permisividad y el buenrrollismo actual de los padres progres es lo que genera jóvenes maleducados y desnortados que acabarán maltratando a sus progenitores.

Parece obvio, pero habrá que recordar que mucha gente, incluso de la generación actual de padres y madres, se han criado sin bofetones ni azotes y que también, por usar expresiones que he leido, “han salido bien”, entre los que me incluyo. O que en países paradigmáticos de la buena educación y del buen rendimiento escolar, como los nórdicos, están prohibidos los castigos físicos desde hace años (eso sí, con grandes campañas de información y concienciación), sin que los niños se hayan vuelto unos cafres. Incluso, según algunos comentarios a mi anterior post, ¡son capaces de jugar sin gritar ni hacer ruido! En fin, que hay otras formas de mantener la disciplina y el respeto además de pegar, aunque pueden ser más trabajosas y requieren más autocontrol y paciencia.

Precisamente el hecho de que casi todos los que defendían el azote reconocían haberlos recibido parece confirmar uno de los efectos de este castigo del que alertan los psicólogos. “Lo tomas como modelo de conducta, como forma válida y aceptable de educar a tus hijos”, me explica Manuel Gámez Guadix, profesor de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, que ha dirigido el estudio sobre la prevalencia del castigo físico de los menores en el ámbito familiar citado en el reportaje.

No siempre es así. Mi pareja, que sufrió bofetones por parte de un padre de los de antes, rechaza de plano la violencia física contra los niños. “Puede suceder”, dice Gámez, “pero estadísticamente, es más probable que los padres con los que se utilizó también lo hagan con sus hijos, es lo que han aprendido, y además es una forma de justificar el comportamiento de sus padres”. Lo contrario implica aceptar, como en el caso de mi pareja, que su padre no era perfecto y que no tenía derecho a pegarle, con el conflicto y la carga emocional que conlleva.

Otro punto polémico del reportaje de Aunión es que los expertos ponen en duda la eficacia a largo plazo de los castigos físicos para educar a un hijo. La eficacia a corto plazo está clara: “Logra la obediencia inmediata ,pero después, el niño se habitúa, con lo que los padres han de aumentar la frecuencia para logar el objetivo de la obediencia”, afirma Gámez.

La eficacia, supongo, la entenderá cada uno en función del objetivo que se ha planteado cuando imparte el correctivo. Un amigo con cuatro hijos, la mayor de 10 años, me explica que ha utilizado el azote en el culo “sólo cuando se ponen en peligro y su capacidad de raciocinio es poca. A medida que cumplen años lo dejo. Siempre que les he pegado les he explicado el porqué y les he pedido perdón por muy pequeños que fueran”. Es decir, para impedir actos puntuales como cruzar la calle impulsivamente, probablemente sea eficaz. Aunque según Gámez, si la curiosidad es muy grande, como en el caso de los atractivos agujeros del enchufe, a veces el resultado es el contrario al deseado, pues el niño lo que hace es llevar a cabo el comportamiento a escondidas del adulto que sabe que le va a pegar.

Otro amigo me cuenta que los dos únicos cachetes que se ha llevado su hijo, de tres años, han sido en situaciones en las que le ha sacado de quicio y por un comportamiento que considera inaceptable, que es pegarle a él o a su mujer. Este padre cree que no han sido eficaces, porque el niño, en plena rabieta, ni se ha dado cuenta, mientras que a él le han hecho sentirse mal.

Pero quitando los azotes en situaciones de riesgo o de pérdida de nervios, que cualquier padre, aunque no comparta, puede comprender, ¿es el castigo físico eficaz para educar? ¿Se consigue que los hijos sean más obedientes y se porten mejor?

Un trabajo de Murray A. Straus, profesor de Sociología y codirector del Laboratorio de Investigación Familiar de la Universidad de New Hampshire, basado en multitud de datos de estudios científicos sobre las consecuencias del castigo físico, recomienda “no pegar nunca”. “Los beneficios de evitarlo son muchos, pero para los padres es virtualmente imposible percibirlo observando a sus hijos”, afirma. “Los padres pueden percibir el efecto beneficioso de una bofetada (sin ver la igual eficacia de otras alternativas), pero no tienen forma de mirar un año o más adelante para ver si hay efectos secundarios perjudiciales por haber pegado al niño para corregir una mala conducta”.

“Hay poca evidencia científica de que el castigo físico mejore el comportamiento de los niños a largo plazo. Hay evidencia científica sustancial de que el castigo físico hace más, y no menos, probable que los niños sean desafiantes y agresivos en el futuro. Hay evidencia científica clara de que el castigo físico coloca a los niños en riesgo de consecuencias negativas, incluidos mayores problemas de salud mental”, afirma Elizabeth T. Gershoff, psicóloga doctorada en Desarrollo infantil y relaciones familiares por la Universidad de Texas, en un trabajo de 2008 en el que analiza cientos de estudios publicados en el último siglo sobre castigo físico en campos como la psicología, la medicina, la educación, el trabajo social o la sociología, titulado Report on Physical Punishment in the United States: What Research Tells Us About Its Effects on Children (Informe sobre el castigo físico en Estados Unidos: lo que la investigación nos dice sobre sus efectos en los niños).

Según Gershoff, “en estudios recientes en todo el mundo, incluyendo Canadá, China, India, Italia, Kenia, Noruega, Filipinas, Tailandia, Singapur y Estados Unidos, el castigo físico se ha asociado a más agresiones físicas y verbales, peleas, bullying, comportamiento antisocial y problemas de comportamiento en general. La conclusión que se puede extraer de estos estudios es que, en contra de los objetivos de los padres cuando lo aplican, cuanto más usan los padres el castigo físico, más desobedientes y agresivos serán sus hijos”.

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EDUCAR SIN PEGAR- EL PAÍS

Pegar a los adultos se considera
una agresión,
Pegar a los animales se considera
una crueldad,
Pegar a los niños es
“por su bien”.

Siempre me ha parecido sorprendente la normalidad con que se ve todavía el castigo físico a los niños. Entre mis vecinos, no es raro escuchar frases como “a que te doy en el culo” o “como sigas así, te voy a poner el culo rojo”. Este viernes, una madre le dio varios cates a una niña de unos dos años en un parque por no dejar que otra se tirara del tobogán. Los comentarios de los lectores al reportaje de Juan Antonio Aunión publicado la semana pasada en EL PAÍS me han acabado de confirmar que no era una sensación mía: en España, pegar a los niños, sobre todo a los más pequeños, sigue siendo normal y se hace sin ningún sonrojo y con pleno convencimiento, pese a que la ley lo prohíbe desde 2007.

Muchos de los 296 comentarios que hasta ayer tenía el reportaje, titulado El cachete duele, pero no funciona, defendían su uso. Lo llamativo era la virulencia de muchos, como si el planteamiento de psicólogos y pedagogos de que ese método no es una herramienta adecuada para educar y además no es eficaz a largo plazo les atacara íntimamente. Así, varios descalificaban directamente a los expertos, y les retaban a hacer frente a niños reales. Muchos coincidían en afirmar que ellos mismos habían recibido sus azotes o bofetadas y que no estaban traumatizados, que gracias a ello son adultos educados y de provecho y que la permisividad y el buenrrollismo actual de los padres progres es lo que genera jóvenes maleducados y desnortados que acabarán maltratando a sus progenitores.

Parece obvio, pero habrá que recordar que mucha gente, incluso de la generación actual de padres y madres, se han criado sin bofetones ni azotes y que también, por usar expresiones que he leido, “han salido bien”, entre los que me incluyo. O que en países paradigmáticos de la buena educación y del buen rendimiento escolar, como los nórdicos, están prohibidos los castigos físicos desde hace años (eso sí, con grandes campañas de información y concienciación), sin que los niños se hayan vuelto unos cafres. Incluso, según algunos comentarios a mi anterior post, ¡son capaces de jugar sin gritar ni hacer ruido! En fin, que hay otras formas de mantener la disciplina y el respeto además de pegar, aunque pueden ser más trabajosas y requieren más autocontrol y paciencia.

Precisamente el hecho de que casi todos los que defendían el azote reconocían haberlos recibido parece confirmar uno de los efectos de este castigo del que alertan los psicólogos. “Lo tomas como modelo de conducta, como forma válida y aceptable de educar a tus hijos”, me explica Manuel Gámez Guadix, profesor de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, que ha dirigido el estudio sobre la prevalencia del castigo físico de los menores en el ámbito familiar citado en el reportaje.

No siempre es así. Mi pareja, que sufrió bofetones por parte de un padre de los de antes, rechaza de plano la violencia física contra los niños. “Puede suceder”, dice Gámez, “pero estadísticamente, es más probable que los padres con los que se utilizó también lo hagan con sus hijos, es lo que han aprendido, y además es una forma de justificar el comportamiento de sus padres”. Lo contrario implica aceptar, como en el caso de mi pareja, que su padre no era perfecto y que no tenía derecho a pegarle, con el conflicto y la carga emocional que conlleva.

Otro punto polémico del reportaje de Aunión es que los expertos ponen en duda la eficacia a largo plazo de los castigos físicos para educar a un hijo. La eficacia a corto plazo está clara: “Logra la obediencia inmediata ,pero después, el niño se habitúa, con lo que los padres han de aumentar la frecuencia para logar el objetivo de la obediencia”, afirma Gámez.

La eficacia, supongo, la entenderá cada uno en función del objetivo que se ha planteado cuando imparte el correctivo. Un amigo con cuatro hijos, la mayor de 10 años, me explica que ha utilizado el azote en el culo “sólo cuando se ponen en peligro y su capacidad de raciocinio es poca. A medida que cumplen años lo dejo. Siempre que les he pegado les he explicado el porqué y les he pedido perdón por muy pequeños que fueran”. Es decir, para impedir actos puntuales como cruzar la calle impulsivamente, probablemente sea eficaz. Aunque según Gámez, si la curiosidad es muy grande, como en el caso de los atractivos agujeros del enchufe, a veces el resultado es el contrario al deseado, pues el niño lo que hace es llevar a cabo el comportamiento a escondidas del adulto que sabe que le va a pegar.

Otro amigo me cuenta que los dos únicos cachetes que se ha llevado su hijo, de tres años, han sido en situaciones en las que le ha sacado de quicio y por un comportamiento que considera inaceptable, que es pegarle a él o a su mujer. Este padre cree que no han sido eficaces, porque el niño, en plena rabieta, ni se ha dado cuenta, mientras que a él le han hecho sentirse mal.

Pero quitando los azotes en situaciones de riesgo o de pérdida de nervios, que cualquier padre, aunque no comparta, puede comprender, ¿es el castigo físico eficaz para educar? ¿Se consigue que los hijos sean más obedientes y se porten mejor?

Un trabajo de Murray A. Straus, profesor de Sociología y codirector del Laboratorio de Investigación Familiar de la Universidad de New Hampshire, basado en multitud de datos de estudios científicos sobre las consecuencias del castigo físico, recomienda “no pegar nunca”. “Los beneficios de evitarlo son muchos, pero para los padres es virtualmente imposible percibirlo observando a sus hijos”, afirma. “Los padres pueden percibir el efecto beneficioso de una bofetada (sin ver la igual eficacia de otras alternativas), pero no tienen forma de mirar un año o más adelante para ver si hay efectos secundarios perjudiciales por haber pegado al niño para corregir una mala conducta”.

“Hay poca evidencia científica de que el castigo físico mejore el comportamiento de los niños a largo plazo. Hay evidencia científica sustancial de que el castigo físico hace más, y no menos, probable que los niños sean desafiantes y agresivos en el futuro. Hay evidencia científica clara de que el castigo físico coloca a los niños en riesgo de consecuencias negativas, incluidos mayores problemas de salud mental”, afirma Elizabeth T. Gershoff, psicóloga doctorada en Desarrollo infantil y relaciones familiares por la Universidad de Texas, en un trabajo de 2008 en el que analiza cientos de estudios publicados en el último siglo sobre castigo físico en campos como la psicología, la medicina, la educación, el trabajo social o la sociología, titulado Report on Physical Punishment in the United States: What Research Tells Us About Its Effects on Children (Informe sobre el castigo físico en Estados Unidos: lo que la investigación nos dice sobre sus efectos en los niños).

Según Gershoff, “en estudios recientes en todo el mundo, incluyendo Canadá, China, India, Italia, Kenia, Noruega, Filipinas, Tailandia, Singapur y Estados Unidos, el castigo físico se ha asociado a más agresiones físicas y verbales, peleas, bullying, comportamiento antisocial y problemas de comportamiento en general. La conclusión que se puede extraer de estos estudios es que, en contra de los objetivos de los padres cuando lo aplican, cuanto más usan los padres el castigo físico, más desobedientes y agresivos serán sus hijos”.

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LA CACHETADA DUELE, PERO NO FUNCIONA

Un cachete, una bofetada, un azote, una colleja, un capón, un zapatillazo… Son términos clásicos, con connotaciones no demasiado negativas y que muchos españoles tienen asociados a la educación de sus hijos. Utilizados de forma muy puntual, como último recurso, para marcar claramente un límite a un niño o a un preadolescente, un buen número de personas lo ven como algo eficaz.

“Si no lo justificamos en pareja, ¿por qué sí con los niños?”,

dicen los expertos

Otros, entre ellos multitud de pedagogos y psicólogos, no están de acuerdo; insisten en no criminalizar a los padres que los usan (hay que dejar claro que no estamos hablando de violencia gratuita o de malos tratos graves, como palizas), pero rechazan tajantemente ese comportamiento como herramienta válida o adecuada para educar a los niños, primero, por reprobable en sí mismo -“Si no lo justificamos en el ámbito de la pareja, ¿por qué sí con los niños, que están indefensos?”- y, segundo, porque no funciona, al menos a largo plazo, asegura el profesor de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid Manuel Gámez Guadix.

Este profesor ha vuelto a traer el debate al primer plano con un estudio que ha dirigido sobre la prevalencia del castigo físico de los menores en el ámbito familiar. Ha tomado una muestra de 1.067 alumnos universitarios de su campus y les ha preguntado si a la edad de 10 años les pegaron algún cachete: le había ocurrido al 60% de ellos, una cifra absolutamente consistente con el de una encuesta del CIS de 2005, que dijo que en torno al 60% de los adultos cree que “un azote o una bofetada a tiempo puede evitar más tarde problemas más graves”. En otros estudios hechos en Estados Unidos con la misma metodología, dice Gámez, la cifra está entre el 23% (para los padres) y el 25% (madres).

La pregunta era, recalca el profesor, sobre cachetes o azotes, quedando fuera cualquier acción que pueda causar alguna lesión o marcas. De hecho, se excluyó de la muestra a los jóvenes que habían sufrido algún tipo de violencia más grave para no confundir el ámbito de la investigación. Y en este punto aparece otro dato llamativo: el número de alumnos excluidos por haber sufrido golpes más severos (por ejemplo, del que cumple la amenaza de quitarse el cinturón para dar una reprimenda, agarra por el cuello o da un puñetazo) fue “una cifra considerable”, en torno al “15% del total de la muestra”.

Estas últimas actitudes sí están condenadas y casi nadie las defiende, al menos en voz alta. Pero las otras, la del pequeño cachete cuando la niña de seis años no deja de gritar y molestar en medio de un restaurante abarrotado, o cuando el niño acaba de romper el jarrón de la abuela después de que le dijeran infinidad de veces que en el salón no se juega a la pelota, esas “están ampliamente aceptadas a nivel social”, dice Gámez.

El 60% de los adultos cree eficaz el bofetón “a tiempo”.

Idéntica tasa de niños lo sufre

Lo que pasa es que los contornos son difusos. ¿Cuándo ha llegado el límite? ¿Cuándo la hora de utilizar el último recurso? ¿Cómo se sabe que no ha sido demasiado? Hay muchísimos matices que conviene tener en cuenta, ya que no es lo mismo el coscorrón puntual que tomarlo como norma cada que vez que se quiera conducir al menor.

Según el filósofo José Antonio Marina, la brújula es el “sentido común”. “Hay que diferenciar” entre un maltrato físico fuera del marco educativo o que, dentro del proceso educativo, de forma puntual y para marcar límites, se pueda dar un cachete “siempre en un contexto de cariño y no en un arrebato de nervios”, sobre todo en edades tempranas y para impedir conductas, no para fomentar buenos comportamientos, dice el responsable de la Universidad de Padres.

El juez de menores de Granada Emilio Calatayud ha dicho en numerosas ocasiones que el azote se puede dar siempre que sea en el momento oportuno y con la intensidad adecuada. Lo del momento y la intensidad adecuados pueden resultar conceptos un poco etéreos, pero, en general, quien defiende o, al menos, no rechaza de plano el azote desde un punto de vista estrictamente pedagógico dice que ha de ser el último recurso, que debe ir acompañado de calma, de reflexión, de cariño y de diálogo.

El problema es que es muy difícil que esos contextos se den. Según el trabajo de Gámez, los cachetes suelen ir acompañados -en nueve de cada 10 casos- de “agresiones psicológicas”, es decir, de “gritos, de amenazas, de intentos de humillar al menor”, dice el investigador.

“El cachete explicita la impotencia y la incapacidad del adulto”, dice el pedagogo y doctor en Ciencias de la Educación Joan Josep Sarrado. Así lo percibe el niño y, por lo tanto, lo vive como una “venganza” del padre o de la madre, y no puede tener efectos educativos positivos, asegura. Otra cuestión, aparte del desahogo, es la eficacia inmediata que puede tener el capón. Gámez explica que pueden tener unos resultados a corto plazo de mayor obediencia, pero “a largo plazo, lo que ocurrirá es que probablemente el padre tendrá que aplicarlo cada vez con más frecuencia para obtener el mismo resultado”, añade.

Además, también hablan muchos expertos de los efectos negativos a largo plazo -insensibilizarle ante el dolor ajeno y enseñarle a resolver sus problemas con violencia-, y a corto, causarle una enorme desorientación si el padre o la madre se sienten tan culpables después que tratan de compensarlo de manera exagerada.

En el lado contrario, muchas veces el argumento es: conmigo funcionó, no me he traumatizado y tengo una vida normal, así que no está tan mal. Para Gámez, alguien al que le dieron azotes tiene más posibilidad de dárselos a sus hijos y, por otro lado, también tiene sentido que se justifique si se utilizan por falta de estrategias alternativas o para justificar el comportamiento familiar que tuvieron con él.

El profesor de Psicología de la Universidad de Navarra Gerardo Aguado asegura que “se exagera, ya que tampoco se traumatiza a los niños para toda la vida”. La cuestión, sin embargo, es que conviene descartar castigos físicos, simplemente, porque “son innecesarios, no tienen ningún objetivo educativo”, y “no funcionan”, es decir, no van a corregir el comportamiento del menor.

Pero las otras herramientas requieren tiempo, esfuerzo y paciencia. “En educación, nada se improvisa”, dice Sarrado. Los procesos de diálogo, de comunicación, de respeto deben empezar muy pronto, cuanto antes, añade. Y también la utilización de castigos no físicos o no agresivos. Es muy importante poner límites, acostumbrar a los niños también a lidiar con la frustración, porque las familias tienden a “sobregratificar” a los menores, añade.

Mucho se ha hablado, cuando se trata de educación, de que el final de una sociedad represiva en España dio paso a otra mucho más permisiva que ha acabado experimentando graves problemas a la hora de ejercer la autoridad y de poner límites a los niños. Pero la respuesta, dice Pedro Rascón, presidente de la confederación de padres de alumnos Ceapa, nunca puede ser volver a fórmulas autoritarias y represivas del pasado.

Así, esas alternativas pueden incluir castigos no agresivos -aunque sobre el tema del castigo también hay muchas teorías encontradas- que van desde quitar algún privilegio (te quedas sin televisión o sin juguete), a arreglar el daño causado (pedir perdón, arreglar o pagar con los ahorros lo que se ha roto). Pero siempre debe ser, según Sarrado, un castigo inmediato, coherente -es bastante malo que los padres se contradigan-, justo, ajustado y mantenerse en el tiempo. “Puede que alguien llegue a la conclusión de que se ha equivocado con la respuesta al hijo, pero no debe cambiar de criterio hasta que el niño o la niña deje de presionar”, para que no piense que el cambio se debe a esa presión. Y añade que solo si se han establecido antes unos hábitos de diálogo y unos compromisos funcionará en la adolescencia la vía de la negociación.

Gámez, por su parte, también insiste en que todas esas pautas deben establecerse desde el principio. Pero también habla de la necesidad de manejar la atención parental, es decir, no es una buena idea que el niño perciba que su padre o su madre solo le hacen caso cuando hace las cosas mal, y nunca cuando hace las cosas bien, dice el profesor.

La cuestión es que los padres no tienen por qué ser pedagogos y todas esas herramientas no son fáciles. “Hoy en día hay muchos recursos, hay escuelas de padres, se puede hacer un seguimiento muy de cerca con los profesores de los centros educativos”, contesta Sarrado.

El castigo físico puede llegar a insensibilizar ante el dolor ajeno.

Los especialistas recomiendan evitar la pena corporal, pero poner límites

El debate sigue y seguirá abierto y los padres también tienen derecho a equivocarse sin que se les culpabilice, lo cual no quiere decir que, como señala Sarrado, “cuanto menos cachetes, mejor, y si puede ser, nada”. Y así, sin fórmulas que den respuestas exactas, lo que queda es un enorme espacio entre el sentido común al que apela Marina y las respuestas científicas. Gámez admite que alguien al que le han dado cachetes es muy posible que no quede traumatizado, que no le queden secuelas en su autoestima, que no golpee a su vez a su hijo cuando sea mayor, que no genere conductas que incluyan la violencia en la resolución de conflictos… Puede que eso no le ocurra, dice, pero desde luego, según numerosos estudios científicos, tiene muchas más posibilidades que un chaval que no recibió cachetes.

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LA CACHETADA DUELE, PERO NO FUNCIONA

Un cachete, una bofetada, un azote, una colleja, un capón, un zapatillazo… Son términos clásicos, con connotaciones no demasiado negativas y que muchos españoles tienen asociados a la educación de sus hijos. Utilizados de forma muy puntual, como último recurso, para marcar claramente un límite a un niño o a un preadolescente, un buen número de personas lo ven como algo eficaz.

“Si no lo justificamos en pareja, ¿por qué sí con los niños?”,

dicen los expertos

Otros, entre ellos multitud de pedagogos y psicólogos, no están de acuerdo; insisten en no criminalizar a los padres que los usan (hay que dejar claro que no estamos hablando de violencia gratuita o de malos tratos graves, como palizas), pero rechazan tajantemente ese comportamiento como herramienta válida o adecuada para educar a los niños, primero, por reprobable en sí mismo -“Si no lo justificamos en el ámbito de la pareja, ¿por qué sí con los niños, que están indefensos?”- y, segundo, porque no funciona, al menos a largo plazo, asegura el profesor de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid Manuel Gámez Guadix.

Este profesor ha vuelto a traer el debate al primer plano con un estudio que ha dirigido sobre la prevalencia del castigo físico de los menores en el ámbito familiar. Ha tomado una muestra de 1.067 alumnos universitarios de su campus y les ha preguntado si a la edad de 10 años les pegaron algún cachete: le había ocurrido al 60% de ellos, una cifra absolutamente consistente con el de una encuesta del CIS de 2005, que dijo que en torno al 60% de los adultos cree que “un azote o una bofetada a tiempo puede evitar más tarde problemas más graves”. En otros estudios hechos en Estados Unidos con la misma metodología, dice Gámez, la cifra está entre el 23% (para los padres) y el 25% (madres).

La pregunta era, recalca el profesor, sobre cachetes o azotes, quedando fuera cualquier acción que pueda causar alguna lesión o marcas. De hecho, se excluyó de la muestra a los jóvenes que habían sufrido algún tipo de violencia más grave para no confundir el ámbito de la investigación. Y en este punto aparece otro dato llamativo: el número de alumnos excluidos por haber sufrido golpes más severos (por ejemplo, del que cumple la amenaza de quitarse el cinturón para dar una reprimenda, agarra por el cuello o da un puñetazo) fue “una cifra considerable”, en torno al “15% del total de la muestra”.

Estas últimas actitudes sí están condenadas y casi nadie las defiende, al menos en voz alta. Pero las otras, la del pequeño cachete cuando la niña de seis años no deja de gritar y molestar en medio de un restaurante abarrotado, o cuando el niño acaba de romper el jarrón de la abuela después de que le dijeran infinidad de veces que en el salón no se juega a la pelota, esas “están ampliamente aceptadas a nivel social”, dice Gámez.

El 60% de los adultos cree eficaz el bofetón “a tiempo”.

Idéntica tasa de niños lo sufre

Lo que pasa es que los contornos son difusos. ¿Cuándo ha llegado el límite? ¿Cuándo la hora de utilizar el último recurso? ¿Cómo se sabe que no ha sido demasiado? Hay muchísimos matices que conviene tener en cuenta, ya que no es lo mismo el coscorrón puntual que tomarlo como norma cada que vez que se quiera conducir al menor.

Según el filósofo José Antonio Marina, la brújula es el “sentido común”. “Hay que diferenciar” entre un maltrato físico fuera del marco educativo o que, dentro del proceso educativo, de forma puntual y para marcar límites, se pueda dar un cachete “siempre en un contexto de cariño y no en un arrebato de nervios”, sobre todo en edades tempranas y para impedir conductas, no para fomentar buenos comportamientos, dice el responsable de la Universidad de Padres.

El juez de menores de Granada Emilio Calatayud ha dicho en numerosas ocasiones que el azote se puede dar siempre que sea en el momento oportuno y con la intensidad adecuada. Lo del momento y la intensidad adecuados pueden resultar conceptos un poco etéreos, pero, en general, quien defiende o, al menos, no rechaza de plano el azote desde un punto de vista estrictamente pedagógico dice que ha de ser el último recurso, que debe ir acompañado de calma, de reflexión, de cariño y de diálogo.

El problema es que es muy difícil que esos contextos se den. Según el trabajo de Gámez, los cachetes suelen ir acompañados -en nueve de cada 10 casos- de “agresiones psicológicas”, es decir, de “gritos, de amenazas, de intentos de humillar al menor”, dice el investigador.

“El cachete explicita la impotencia y la incapacidad del adulto”, dice el pedagogo y doctor en Ciencias de la Educación Joan Josep Sarrado. Así lo percibe el niño y, por lo tanto, lo vive como una “venganza” del padre o de la madre, y no puede tener efectos educativos positivos, asegura. Otra cuestión, aparte del desahogo, es la eficacia inmediata que puede tener el capón. Gámez explica que pueden tener unos resultados a corto plazo de mayor obediencia, pero “a largo plazo, lo que ocurrirá es que probablemente el padre tendrá que aplicarlo cada vez con más frecuencia para obtener el mismo resultado”, añade.

Además, también hablan muchos expertos de los efectos negativos a largo plazo -insensibilizarle ante el dolor ajeno y enseñarle a resolver sus problemas con violencia-, y a corto, causarle una enorme desorientación si el padre o la madre se sienten tan culpables después que tratan de compensarlo de manera exagerada.

En el lado contrario, muchas veces el argumento es: conmigo funcionó, no me he traumatizado y tengo una vida normal, así que no está tan mal. Para Gámez, alguien al que le dieron azotes tiene más posibilidad de dárselos a sus hijos y, por otro lado, también tiene sentido que se justifique si se utilizan por falta de estrategias alternativas o para justificar el comportamiento familiar que tuvieron con él.

El profesor de Psicología de la Universidad de Navarra Gerardo Aguado asegura que “se exagera, ya que tampoco se traumatiza a los niños para toda la vida”. La cuestión, sin embargo, es que conviene descartar castigos físicos, simplemente, porque “son innecesarios, no tienen ningún objetivo educativo”, y “no funcionan”, es decir, no van a corregir el comportamiento del menor.

Pero las otras herramientas requieren tiempo, esfuerzo y paciencia. “En educación, nada se improvisa”, dice Sarrado. Los procesos de diálogo, de comunicación, de respeto deben empezar muy pronto, cuanto antes, añade. Y también la utilización de castigos no físicos o no agresivos. Es muy importante poner límites, acostumbrar a los niños también a lidiar con la frustración, porque las familias tienden a “sobregratificar” a los menores, añade.

Mucho se ha hablado, cuando se trata de educación, de que el final de una sociedad represiva en España dio paso a otra mucho más permisiva que ha acabado experimentando graves problemas a la hora de ejercer la autoridad y de poner límites a los niños. Pero la respuesta, dice Pedro Rascón, presidente de la confederación de padres de alumnos Ceapa, nunca puede ser volver a fórmulas autoritarias y represivas del pasado.

Así, esas alternativas pueden incluir castigos no agresivos -aunque sobre el tema del castigo también hay muchas teorías encontradas- que van desde quitar algún privilegio (te quedas sin televisión o sin juguete), a arreglar el daño causado (pedir perdón, arreglar o pagar con los ahorros lo que se ha roto). Pero siempre debe ser, según Sarrado, un castigo inmediato, coherente -es bastante malo que los padres se contradigan-, justo, ajustado y mantenerse en el tiempo. “Puede que alguien llegue a la conclusión de que se ha equivocado con la respuesta al hijo, pero no debe cambiar de criterio hasta que el niño o la niña deje de presionar”, para que no piense que el cambio se debe a esa presión. Y añade que solo si se han establecido antes unos hábitos de diálogo y unos compromisos funcionará en la adolescencia la vía de la negociación.

Gámez, por su parte, también insiste en que todas esas pautas deben establecerse desde el principio. Pero también habla de la necesidad de manejar la atención parental, es decir, no es una buena idea que el niño perciba que su padre o su madre solo le hacen caso cuando hace las cosas mal, y nunca cuando hace las cosas bien, dice el profesor.

La cuestión es que los padres no tienen por qué ser pedagogos y todas esas herramientas no son fáciles. “Hoy en día hay muchos recursos, hay escuelas de padres, se puede hacer un seguimiento muy de cerca con los profesores de los centros educativos”, contesta Sarrado.

El castigo físico puede llegar a insensibilizar ante el dolor ajeno.

Los especialistas recomiendan evitar la pena corporal, pero poner límites

El debate sigue y seguirá abierto y los padres también tienen derecho a equivocarse sin que se les culpabilice, lo cual no quiere decir que, como señala Sarrado, “cuanto menos cachetes, mejor, y si puede ser, nada”. Y así, sin fórmulas que den respuestas exactas, lo que queda es un enorme espacio entre el sentido común al que apela Marina y las respuestas científicas. Gámez admite que alguien al que le han dado cachetes es muy posible que no quede traumatizado, que no le queden secuelas en su autoestima, que no golpee a su vez a su hijo cuando sea mayor, que no genere conductas que incluyan la violencia en la resolución de conflictos… Puede que eso no le ocurra, dice, pero desde luego, según numerosos estudios científicos, tiene muchas más posibilidades que un chaval que no recibió cachetes.

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CEMENTERIOS

Como tantas y tantas veces tienes que estar fuera para valorar muchas de las cosas que tienes muy cerca, y una de ellas son los unos de Noviembre de cada año, que casi como rutina pasaron a ser un puente festivo más en el calendario, y una excusa más para salir de la rutina de cada uno

.En España es el día de los record en cuanto a la venta de flores, y es cierto que mucha gente aun viaja a sus lugares de origen para recordar in situ a los familiares fallecidos. Quizás es una sensación personal, pero ese día ha tenido siempre un punto triste en parte adornado por toda una influencia de un fuerte catolicismo contra el que nos posicionamos en nuestra generación.

En Hungria como en tantos otros paises se celebra ese mismo día visitando a los familiares desaparecidos en los cementerios y es igualmente fiesta nacional, así que muchos aprovechan el posible puente para descansar.Lo que a mí me ha gustado en especial es el ambiente que se respira en los cementerios, abarrotados de gente en su mayoría familias en las que se juntan todas las generaciones vivas, y en un ambiente muy natural colocan velas al atardecer en las tumbas de sus familiares y conocidos mientras los niños preguntan por sus antepasados y los mayores explican las anecdotas de las vidas de padres y abuelos, dándose de este modo un traspaso oral de información que crea una tarde mágica.


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CEMENTERIOS

Como tantas y tantas veces tienes que estar fuera para valorar muchas de las cosas que tienes muy cerca, y una de ellas son los unos de Noviembre de cada año, que casi como rutina pasaron a ser un puente festivo más en el calendario, y una excusa más para salir de la rutina de cada uno

.En España es el día de los record en cuanto a la venta de flores, y es cierto que mucha gente aun viaja a sus lugares de origen para recordar in situ a los familiares fallecidos. Quizás es una sensación personal, pero ese día ha tenido siempre un punto triste en parte adornado por toda una influencia de un fuerte catolicismo contra el que nos posicionamos en nuestra generación.

En Hungria como en tantos otros paises se celebra ese mismo día visitando a los familiares desaparecidos en los cementerios y es igualmente fiesta nacional, así que muchos aprovechan el posible puente para descansar.Lo que a mí me ha gustado en especial es el ambiente que se respira en los cementerios, abarrotados de gente en su mayoría familias en las que se juntan todas las generaciones vivas, y en un ambiente muy natural colocan velas al atardecer en las tumbas de sus familiares y conocidos mientras los niños preguntan por sus antepasados y los mayores explican las anecdotas de las vidas de padres y abuelos, dándose de este modo un traspaso oral de información que crea una tarde mágica.


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Grandes avances

Qué os voy a contar que no sepáis, que voy como una moto, que el otoño ha empezado sin tregua y que no me queda tiempo ni para escribir -con lo importante que es para mí escribir-. En fin, en titulares: -Nico se adaptó perfectamente a su escuela. -Se disfrazó de murciélago el día de […]

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Añoranzas

Allí donde vivimos suficiente tiempo y donde podemos desarrollarnos lo sentimos nuestra  casa. Es por ello que nunca creí demasiado en nacionalismos ni fronteras que no sean las puramente naturales, pero es cierto que al viajar y pasar el  tiempo necesario para sentirme en casa sientes algo muy especial cada vez que ocurre alguna situación que despierta tus recuerdos de allí donde naciste, aparecen las añoranzas de tu tierra. Acaban de pasar unas fechas importantes en Zaragoza, las fiestas del Pilar, y su recuerdo me sirve para hablar de algo que  muchos habreis sentido en más de una ocasión, las añoranzas.
En los nueves meses que pasé en el pueblecito de Vaunieres en Francia, el lugar tenía tal encanto que sólo extrañaba como es normal a las personas, pero me sentía tan a gusto que ya pasó por mi cabeza el quedarme. En el Otoño como cada año la mágia surgió, se fueron los veraneantes, el paisaje cambió de color, y como se trataba de un pequeño valle, la berrea de los ciervos ponía la música ideal.Quiero decir que me sentia realmente bien desayunando al solecito viendo como cada día la montaña cambiaba, pero así llegó el 12 de Octubre y de repente cual embarazada con antojos empecé a añorar muchísimo la jota, el olor a churros, el frío, la gente por la calle, las vaquillas, y tantas y tantas cosas…sentía mi tierra y me emocionaba en la distancia. Momentos parecidos viví en Inglaterra, Kenia, Chile, Japón…e incluso en la que considero mi casa, en Sabiñánigo. Al volver al pueblo, a esas tierras entre Erla y Luna, sacar la cabeza por la ventanilla, y sentir el olor a tierra, a humo, los tejados…el campo..Pensar que generaciones y generaciones de mis antepasados vivieron tantas cosas en ese mismo lugar…hay algo que no entiende de ideas, ni fronteras, ni posesiones, pero que te hace sentir que eres de ahí y que esos son tus orígenes.
Desde la distancia, viviendo en un lugar donde me siento a gusto y no me cuesta sentir una parte de mi vida, en algunos momentos siento como esa añoranza me estremece y valoro lugares y acontecimientos que en el día a día en  España apenas les das importancia, y fechas señaladas como el Pilar o Todos los Santos sean recuerdos muy vivos de años pasados.
Me gusta sentir mis orígenes y que su ausencia me produzca esta nostalgia con la que mirar todo sabiendo de donde soy.

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Añoranzas

Allí donde vivimos suficiente tiempo y donde podemos desarrollarnos lo sentimos nuestra  casa. Es por ello que nunca creí demasiado en nacionalismos ni fronteras que no sean las puramente naturales, pero es cierto que al viajar y pasar el  tiempo necesario para sentirme en casa sientes algo muy especial cada vez que ocurre alguna situación que despierta tus recuerdos de allí donde naciste, aparecen las añoranzas de tu tierra. Acaban de pasar unas fechas importantes en Zaragoza, las fiestas del Pilar, y su recuerdo me sirve para hablar de algo que  muchos habreis sentido en más de una ocasión, las añoranzas.
En los nueves meses que pasé en el pueblecito de Vaunieres en Francia, el lugar tenía tal encanto que sólo extrañaba como es normal a las personas, pero me sentía tan a gusto que ya pasó por mi cabeza el quedarme. En el Otoño como cada año la mágia surgió, se fueron los veraneantes, el paisaje cambió de color, y como se trataba de un pequeño valle, la berrea de los ciervos ponía la música ideal.Quiero decir que me sentia realmente bien desayunando al solecito viendo como cada día la montaña cambiaba, pero así llegó el 12 de Octubre y de repente cual embarazada con antojos empecé a añorar muchísimo la jota, el olor a churros, el frío, la gente por la calle, las vaquillas, y tantas y tantas cosas…sentía mi tierra y me emocionaba en la distancia. Momentos parecidos viví en Inglaterra, Kenia, Chile, Japón…e incluso en la que considero mi casa, en Sabiñánigo. Al volver al pueblo, a esas tierras entre Erla y Luna, sacar la cabeza por la ventanilla, y sentir el olor a tierra, a humo, los tejados…el campo..Pensar que generaciones y generaciones de mis antepasados vivieron tantas cosas en ese mismo lugar…hay algo que no entiende de ideas, ni fronteras, ni posesiones, pero que te hace sentir que eres de ahí y que esos son tus orígenes.
Desde la distancia, viviendo en un lugar donde me siento a gusto y no me cuesta sentir una parte de mi vida, en algunos momentos siento como esa añoranza me estremece y valoro lugares y acontecimientos que en el día a día en  España apenas les das importancia, y fechas señaladas como el Pilar o Todos los Santos sean recuerdos muy vivos de años pasados.
Me gusta sentir mis orígenes y que su ausencia me produzca esta nostalgia con la que mirar todo sabiendo de donde soy.

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Nueva web de Alicia Torres – Belenes Artesanos

El año pasado por estas fechas os mostré la web de mi madre, artesana creadora de belenes.

Este año hemos (he) renovado la web, con un sistema mucho más visual, más bonito, práctico y lo que es más importante, con carrito de la compra (una tienda online sin carrito de la compra no es una tienda online).

El caso es que dicha web es la que me ha tenido, y me sigue teniendo, apartado tanto de el blog como de Bebés y más, donde hace más de un mes que no escribo nada.

Lo echo de menos y tengo ganas de volver a plasmar letras pensando en los bebés y los niños, pero oye, madre no hay más que una y la web merecía ser renovada.

Para quien interese el mundo de los belenes y pesebres o quieran apreciar el arte de una mujer que hace maravillas con sus manos (o incluso comprar cosas con otros fines, que hay quien utiliza los accesorios para casas de muñecas, por ejemplo), os dejo con su página web: www.aliciatorres.es.

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Nueva web de Alicia Torres – Belenes Artesanos

El año pasado por estas fechas os mostré la web de mi madre, artesana creadora de belenes.

Este año hemos (he) renovado la web, con un sistema mucho más visual, más bonito, práctico y lo que es más importante, con carrito de la compra (una tienda online sin carrito de la compra no es una tienda online).

El caso es que dicha web es la que me ha tenido, y me sigue teniendo, apartado tanto de el blog como de Bebés y más, donde hace más de un mes que no escribo nada.

Lo echo de menos y tengo ganas de volver a plasmar letras pensando en los bebés y los niños, pero oye, madre no hay más que una y la web merecía ser renovada.

Para quien interese el mundo de los belenes y pesebres o quieran apreciar el arte de una mujer que hace maravillas con sus manos (o incluso comprar cosas con otros fines, que hay quien utiliza los accesorios para casas de muñecas, por ejemplo), os dejo con su página web: www.aliciatorres.es.

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La vida en la Capital

Sí, ya sé que muchos vivís en grandes ciudades, y no resulta muy interesante de primeras que nos cuenten como vive un urbanita más, pero no es ese mi proposito, sino contaros mis impresiones desde el punto de vista de alguién que voluntariamente dejó la vida de una ciudad media y relativamente cómoda para irse a vivir a un pueblo grande de primeras nada atractivo aunque idealmente situado.
Ahora aunque sea solo por unos meses vivo en una gran capital y desde su corazón, disfrutando de todas sus ventajas e inconvenientes.

Puente de las Cadenas el día del cáncer de mama

Budapest tiene algo más de 1 millón setecientasmil personas viviendo en la ciudad, y si juntamos toda su área metropolitana nos acercamos a los dos millones y medio de personas. A mí las aglomeraciones nunca me gustaron en exceso, pero la cosa cambia si no te ves obligado a diario a desplazarte en coche (por cierto la palabra coche es de origen hungaro y viene de kocsi) y puedes pasear, bicicletear y o combinar esto con los transportes públicos.

Estatua de Nagy Imre mirando al Parlamento 

Los transportes públicos son un tema aparte, aquí el servicio en general es bueno ya que no está saturado y cubre todas las zonas, su principal inconveniente es el precio de más de un euro que no permite combinar unos con otros con el mismo billete. La línea 1 del metro es la segunda más antigua del mundo y tiene un encanto que merece la visita por si sola.Yo sinceramente prefiero siempre los tranvías en contacto con la luz natural, pero los largos desplazamientos son prácticos con metro.

Puente de la libertad

Desde luego la bici en cualquier caso me parece la reina si los carriles bici y la orografia lo permiten y en eso aunque sea lento parece que está cambiando en todos los paises. Cada vez hay más gente concienciada de los beneficios generales (básicamente ausencia de contaminación) y particulares (salud), así como la ausencia de inconvenientes si las condiciones son las adecuadas pudiendose solucionar con ingenio y avances técnicos como todo. En este último viaje crucé por algunos de los paises más desarrollados del mundo y el número de ciclistas en las ciudades es proporcional a su posición socioeconómica. Paises con la orografia y climatologia desfavorable comparativamente a España como son Suiza o Austria usan en porcentajes altísimos la bicicleta como medio  de transporte de manera masiva, eso sí, con unos carriles bici prioritarios, funcionales y bien señalizados.La bicicleta como deporte tiene sus ventajas e inconvenietes, pero como medio de transporte todo son ventajas y es labor de nuestra generación potenciar su uso.

Carril bici en Budapest

Indudablemente la principal ventaja de vivir en una capital son las posibilidades culturales casi infinitas y para eso Budapest no se queda atrás. Conciertos, exposiciones,museos, charlas, cine, restaurantes, mercados, arquitectura… En este ya mes y medio, y una vez que dejé de sentirme turista el primer día que crucé con mi bici el Puente de la Libertad para ir a clase, las actividades culturales se suceden a diario, unas veces de manera premeditada y otras totalmente fortuitas simplemente al moverte por la ciudad.
Mi primer contacto con Budapest sucedió tras un viaje por Bulgaria y su capital Sofia (que recomiendo encarecidamente a cualquiera), y la sensación fué la de visitar otra de las tantas ciudades europeas que yo ya calificaba según el número de hamburgueserías americanas enontradas, siendo estas el indicativo de occidentalización. Tráfico, atascos y lugares bonitos aislados engullidos por la ciudad. También entonces yo me sentía más crítico con todo, pero el caso es que tras el encanto y autenticidad de Bulgaria no ví más que una ciudad occidental más. Como siempre la ignorancia es muy lanzada y poco a poco con el conocimiento he ido descubriendo la autenticidad a veces escondida apenas una callecita más allá.
El centro cada vez mira más al ciudadano y en unos años las calles peatonales se han multiplicado lo mismo que los carriles bici y ya no solo las zonás turísticas gozan de los cuidados municipales.

Trolibusz

Lugares bonitos que merezcan la visita hay muchos ya que hablamos de una ciudad con una historia muy rica, y en cualquier oficina de turismo os podrán informar, yo en una próxima entrada os voy a destacar algunos de mis sitios preferidos fuera de las rutas más oficiales

El tráfico en la ciudad
Paseando cerca de casa
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La vida en la Capital

Sí, ya sé que muchos vivís en grandes ciudades, y no resulta muy interesante de primeras que nos cuenten como vive un urbanita más, pero no es ese mi proposito, sino contaros mis impresiones desde el punto de vista de alguién que voluntariamente dejó la vida de una ciudad media y relativamente cómoda para irse a vivir a un pueblo grande de primeras nada atractivo aunque idealmente situado.
Ahora aunque sea solo por unos meses vivo en una gran capital y desde su corazón, disfrutando de todas sus ventajas e inconvenientes.

Puente de las Cadenas el día del cáncer de mama

Budapest tiene algo más de 1 millón setecientasmil personas viviendo en la ciudad, y si juntamos toda su área metropolitana nos acercamos a los dos millones y medio de personas. A mí las aglomeraciones nunca me gustaron en exceso, pero la cosa cambia si no te ves obligado a diario a desplazarte en coche (por cierto la palabra coche es de origen hungaro y viene de kocsi) y puedes pasear, bicicletear y o combinar esto con los transportes públicos.

Estatua de Nagy Imre mirando al Parlamento 

Los transportes públicos son un tema aparte, aquí el servicio en general es bueno ya que no está saturado y cubre todas las zonas, su principal inconveniente es el precio de más de un euro que no permite combinar unos con otros con el mismo billete. La línea 1 del metro es la segunda más antigua del mundo y tiene un encanto que merece la visita por si sola.Yo sinceramente prefiero siempre los tranvías en contacto con la luz natural, pero los largos desplazamientos son prácticos con metro.

Puente de la libertad

Desde luego la bici en cualquier caso me parece la reina si los carriles bici y la orografia lo permiten y en eso aunque sea lento parece que está cambiando en todos los paises. Cada vez hay más gente concienciada de los beneficios generales (básicamente ausencia de contaminación) y particulares (salud), así como la ausencia de inconvenientes si las condiciones son las adecuadas pudiendose solucionar con ingenio y avances técnicos como todo. En este último viaje crucé por algunos de los paises más desarrollados del mundo y el número de ciclistas en las ciudades es proporcional a su posición socioeconómica. Paises con la orografia y climatologia desfavorable comparativamente a España como son Suiza o Austria usan en porcentajes altísimos la bicicleta como medio  de transporte de manera masiva, eso sí, con unos carriles bici prioritarios, funcionales y bien señalizados.La bicicleta como deporte tiene sus ventajas e inconvenietes, pero como medio de transporte todo son ventajas y es labor de nuestra generación potenciar su uso.

Carril bici en Budapest

Indudablemente la principal ventaja de vivir en una capital son las posibilidades culturales casi infinitas y para eso Budapest no se queda atrás. Conciertos, exposiciones,museos, charlas, cine, restaurantes, mercados, arquitectura… En este ya mes y medio, y una vez que dejé de sentirme turista el primer día que crucé con mi bici el Puente de la Libertad para ir a clase, las actividades culturales se suceden a diario, unas veces de manera premeditada y otras totalmente fortuitas simplemente al moverte por la ciudad.
Mi primer contacto con Budapest sucedió tras un viaje por Bulgaria y su capital Sofia (que recomiendo encarecidamente a cualquiera), y la sensación fué la de visitar otra de las tantas ciudades europeas que yo ya calificaba según el número de hamburgueserías americanas enontradas, siendo estas el indicativo de occidentalización. Tráfico, atascos y lugares bonitos aislados engullidos por la ciudad. También entonces yo me sentía más crítico con todo, pero el caso es que tras el encanto y autenticidad de Bulgaria no ví más que una ciudad occidental más. Como siempre la ignorancia es muy lanzada y poco a poco con el conocimiento he ido descubriendo la autenticidad a veces escondida apenas una callecita más allá.
El centro cada vez mira más al ciudadano y en unos años las calles peatonales se han multiplicado lo mismo que los carriles bici y ya no solo las zonás turísticas gozan de los cuidados municipales.

Trolibusz

Lugares bonitos que merezcan la visita hay muchos ya que hablamos de una ciudad con una historia muy rica, y en cualquier oficina de turismo os podrán informar, yo en una próxima entrada os voy a destacar algunos de mis sitios preferidos fuera de las rutas más oficiales

El tráfico en la ciudad
Paseando cerca de casa
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