Los Diez Mandamientos…de la familia

 

 

  Hoy, los invito a reflexionar sobre  Los Diez Mandamientos de la familia. Después de todo, solo son diez, uno para cada dedo de las manos. Tómate un minuto y compártelo con los tuyos.

 

©2013-Carlos Torres

I     Amarása tu familia por encima de tu trabajo, pasatiempo o deporte favorito.

 
II    No dirás frente a tu familia palabras que traigan discusión u ofensa.

III   Santificarás las fiestas viviendo y entreteniéndote junto a los tuyos.

IV   Honrarás, respetando al menos, a los padres de tu pareja.

V    No matarás las ilusiones de los tuyos.

VI   No harás nada que afecte la integridad de tu familia.

VII  No hurtarás el tiempo de tu familia.

VIII No menospreciarás las cosas triviales de la vida familiar.

IX   Sé un ejemplo para tus hijos siendo fiel a tu pareja.

X    Repartirás alegría, sabiendo disfrutar de lo que tienes.


¿Y en tu familia, tienen mandamientos? Compártelos aquí para que todos nos beneficiemos.


 

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Los Diez Mandamientos…de la familia

 

 

  Hoy, los invito a reflexionar sobre  Los Diez Mandamientos de la familia. Después de todo, solo son diez, uno para cada dedo de las manos. Tómate un minuto y compártelo con los tuyos.

 

©2013-Carlos Torres

I     Amarása tu familia por encima de tu trabajo, pasatiempo o deporte favorito.

 
II    No dirás frente a tu familia palabras que traigan discusión u ofensa.

III   Santificarás las fiestas viviendo y entreteniéndote junto a los tuyos.

IV   Honrarás, respetando al menos, a los padres de tu pareja.

V    No matarás las ilusiones de los tuyos.

VI   No harás nada que afecte la integridad de tu familia.

VII  No hurtarás el tiempo de tu familia.

VIII No menospreciarás las cosas triviales de la vida familiar.

IX   Sé un ejemplo para tus hijos siendo fiel a tu pareja.

X    Repartirás alegría, sabiendo disfrutar de lo que tienes.


¿Y en tu familia, tienen mandamientos? Compártelos aquí para que todos nos beneficiemos.


 

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Marx hoy. Tercera parte: Metamorfos

(Las imágenes que acompañan al texto son de la ilustradora Rosa Tortosa, podéis ver más en su blog: decalcomaniasycalcos)

Marx llega a afirmar que todas las relaciones de servidumbre surgen de la servidumbre en el trabajo y que la emancipación de la sociedad debe expresarse «en la forma política de la emancipación de los trabajadores». Y ahora es cuando toca hacerse preguntas. ¿No es esto colaborar con el discurso de la dominación? ¿La enajenación de la persona en el trabajo y su identificación plena como trabajador debe ser el punto de partida o debe ser simple y llanamente negada? ¿De verdad somos solo trabajadores, hemos perdido toda la esencia humana que nos era propia? ¿Liquidado el trabajo enajenado y enajenador, estaremos efectivamente emancipados? ¿Hay alguien ahí?


Para Marx, el hombre interesaba al capital solo en su condición de trabajador y a esa condición, pues, lo reducía. «No lo considera en sus momentos de descanso como hombre». El resto de aspectos de su vida eran colocados en dispositivos de control y represión: médicos, jueces, policía, curas… Pero si en 1848 el tiempo de ocio y descanso era dejado de lado por la dominación o solo controlado / reprimido, desde que acabara la Segunda Guerra Mundial, el ocio pasó a ser objetivo prioritario de la dominación, como campo de explotación económica y como campo de manipulación y sumisión. El tiempo libre del trabajador se abrió como una tierra virgen dispuesta a ser conquistada por el Imperio. Bien aprovechado, el ocio podía suponer la reintegración a los explotadores de los escuálidos salarios que destinaban a sustrabajadores. Además, era un tiempo ideal para llevar a cabo nuevos ajustes en la dominación. Mejor que empleemos el tiempo libre en un centro comercial que en una biblioteca, mejor que vayamos de compras a que follemos a lo loco, mejor que comamos en un restaurante de productos ecológicos y con denominación de origen a que nos emborrachemos con vino barato y nos coloquemos con cualquier droga ilegal. La Internacional Situacionista, que leyó mucho y bien al joven Marx, fue la responsable de descubrir la colonización de nuestro tiempo libre (y de lanzar el mayor desafío al que se ha enfrentado la dominación hasta ahora: No trabajes jamás). Y tanto lo fue que seguimos trabajando para la dominación durante nuestro tiempo de ocio también llamado, ay, tiempo libre. La aportación situacionista amplifica el debate y lo deja en disposición de profundizar en busca de nuevos resquicios.


Como las personas interesan en tanto en cuanto trabajadores, los que no lo son, no interesan. «En consecuencia, la Economía Política no conoce al trabajador parado, al hombre de trabajo, en la medida en la que se encuentra fuera de esa relación laboral. El pícaro, el sinvergüenza, el pordiosero, el parado, el hombre de trabajo hambriento, miserable y delincuente son figuras que no existen para ella, sino solamente para otros ojos: para los ojos del médico, del juez, del sepulturero, del alguacil de pobres, etc; son fantasmas que quedan fuera de su reino…». Pero, como afirma la Sociedad para el Avance de la Ciencia Criminal (SASC) ya no se domina por exclusión sino por inclusión. Lo que no se introduce en la dominación como norma, se introduce como lo opuesto, como lo que no se debe ser. El pícaro, el sinvergüenza, el pordiosero, el parado, el hombre de trabajo hambriento, miserable y delincuente  sí existen y se muestran sin cesar porque son útiles para la dominación. Su utilidad pasa por hacerlos visibles de forma permanente. Antes se colgaba en público al delincuente, ahora convertimos los números del paro en rostros, humanizamos las estadísticas, para así conocer aquellas personas a las que no nos queremos parecer. Reinvéntate todas las veces que haga falta, busca trabajo activamente, no seas nunca como el desahuciado, como el parado, como el ladrón de cobre.


Somos parte de la naturaleza y en ese ser somos alma y somos cuerpo. El cuerpo no puede ser visto como un simple recipiente de almas, un cascarón hueco (aunque sea eso lo que pretenda la dominación). Nuestra esencia no es solo el alma, lo es también el cuerpo. El cuerpo con sus magníficas limitaciones, sus destilados fluidos, con sus reveladores dolores y sus impulsos irrefrenables. Cuerpo en busca de alma como compañera de baile. Cuerpo que se resiste a ser sometido, que guarda el recuerdo primitivo de la libertad sin límites, que no acaba de agachar la cabeza y al que siempre le quedan dientes que apretar. Cabría, entonces, plantearse si la sensación de ausencia de nosotros mismos es una ausencia que sentimos en el cuerpo o una ausencia que siente el cuerpo. Podría ser tanto una experiencia corporal como la experienciade los restos de conciencia, de alma, que no han conseguido robarnos. Y si damos por hecho que nos han robado el ama, ¿por qué habrían de respetar nuestros cuerpos?
Es para esto que existe el biopoder. «Tal es la política por venir de la dominación, la biopolítica: una política que gestiona los cuerpos como continentes de almas. Se trata de hacer que nos reduzcamos a aquello por lo que el poder nos sujeta. ¿Y qué hay más necesario, más inmediato, qué hay más inalienable que nuestro cuerpo?»  (Hombres-máquina: modo de empleo, Tiqqun). Nos arrebatan lo que tenemos de enajenable, nos colonizan lo que no. De entre todas las figuras que se encargaban de nuestro tiempo libre, o de los no-trabajadores, se alza el médico como nuevo y radiante empleado del mesde la dominación. El médico señala por doquier lo opuesto a la norma, enfermos en los que ver el reflejo indeseable, y hace que nos ocupemos tanto de nuestra salud, siempre con instrucciones dentro del estado actual de cosas, que no tendremos tiempo para ocuparnos de nada más. Podemos hacer planes para emanciparnos de dios, del patrón, del padre pero ¿quién puede independizarse del médico? El vínculo aspira a ser eterno (Tiqqun, de nuevo).


La dominación tiene una tarea ardua e interminable. Cuando cree que lo controla todo surgen nuevos problemas, dimensiones escurridizas de la esencia humana. La persona enajenada en la mercancía, manipulada en el tiempo libre, utilizada como ejemplo patológico… acaba convertida en un cuerpo hueco, vacío de presencia. Pero está por ver que la biopolítica pueda cumplir su misión. La idea de la persona enajenada en trabajador desarrollada por Marx fue ampliada en el espectador de Guy Debord y ahora se transmuta en el Bloom (Teoría del Bloom, Tiqqun). Bloom es un individuo anónimo, vacío. Y en su vacío está la clave porque de ahí puede oscilar a la completa sumisión o a toda clase de rebeliones. El Bloom puede fluir sin ruido entre los dispositivos de la dominación, sea el dispositivo trabajo o el dispositivo ocio, sea el dispositivo universidad o el dispositivo médico de cabecera. Y en ese fluir silencioso se vislumbran grietas, puntos de fuga, la posibilidad de convertirnos en una máquina de guerra: «Si lo pensamos con atención, comprenderemos que el objetivo de la biopolítica nunca ha sido otro: garantizar que jamás lleguen a constituirse mundos, técnicas, relatos compartidos o magias por cuyo medio la crisis de la presencia pueda superarse o asumirse, transformarse en centro de energía, en máquina de guerra» (Hombres-máquina: modo de empleo). Una máquina con alma, radicalmente distinta a la máquina servil y trabajadora que denunciaba Marx, máquina con voluntad, con conciencia, con criterios estéticos, con un cuerpo al que hacer gozar, dispuesta a liquidar todo aquello que la esclavizó. Romper las fronteras entre dispositivos, saltar de presencia en presencia, multiplicarnos, esquizofrénicos poderosos…


No hay razón alguna para seguir las normas. Ni para respetar el lenguaje o las herramientas de la dominación. Bien pensado, nada nos impide apropiarnos del discurso médico, darle la vuelta y dirigirlo contra el biopoder. Una vez que la célula se define siguiendo los dictados genéticos, se ocupa de su función (dar lugar a un pelo, por ejemplo) y se dispone a morir. Esa célula, con un par de retoques cromosómicos, puede ser reprogramada y volver a un estado primordial y, por tanto, pluripotencial, lista para convertirse en neurona, en músculo liso o en hepatocito. Si eso se puede hacer con una célula, ¿qué nos impide a nosotros, hechos de millones de ellas, reclamar la capacidad de ser lo que no dé la gana? Por mucho que nos enajenen, que nos bio-sometan, no podrán borrar de nuestros cuerpos y almas «el empuje revolucionario que arroja a la cara del adversario la insolente expresión: No soy nada pero debo serlo todo»  (Marx,Introducción para la crítica de la filosofía del derecho de Hegel)
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Marx hoy. Segunda parte: Dominación caníbal

(Viene del post anterior. Las citas de las que no se diga lo contrario corresponden a Manuscritos: Economía y filosofía, de Karl Marx.)


La enajenación de la persona / trabajador no sólo tiene efectos inmediatos en lo que a la producción se refiere. No basta con convertimos en parte de la oferta y la demanda, herramientas que hay que atender sólo para que no dejen de funcionar y cuya tasa de renovación no hay que perder de vista. La enajenación ofrece interesantísimas ventajas desde el punto de vista de la dominación (para evitar confusiones: lo que sigue en este párrafo es una reflexión mía, todo lo mía que puede ser una reflexión hecha al tiempo que leía un texto de Tiqqun que en buena parte estaba inspirado en Foucault y el biopoder que a su vez…). No hay arma de guerra más poderosa que la persona, entiéndase de forma metafórica o literal, según el ánimo de cada cual. La dominación exige el monopolio de la violencia. Mientras hace todo lo posible por acaparar las justificaciones morales para su uso, se asegura de poseer la casi totalidad de armas. La revolución solo puede contar con nuestros cuerpos y nuestras almas (voluntad, presencia, poder…). Sin embargo, y para nuestra desgracia, operada la enajenación, esto es, la separación de cuerpo y alma, perdemos casi todo nuestro potencial. Ya no somos capaces de luchar, de tomar lo que nos pertenece, apenas llegamos a acordarnos si hoy hemos tomado el antidepresivo o no, a arrastrarnos de la cama al lavabo, del lavabo al coche, del coche al lugar de trabajo o la oficina del INEM… Y siempre con la escondida certeza de que la vida no es lo que estamos viviendo. Por eso, el camino hacia el mundo nuevo se irá haciendo a base de reparaciones, de unir lo que se ha separado, nuestros cuerpos y nuestras conciencias, los humanos y los humanos, los humanos y la naturaleza.
Para que la sumisión fluya sin problemas, para que aceptemos gustosos el hachazo que nos separa cuerpo y conciencia, debemos ser nosotros quienes lo busquemos voluntariamente, quienes ofrezcamos nuestro costillar al frío acero de la dominación. El proceso es relativamente simple, al menos a la hora de formularlo. Primero se elaboran unos argumentos sencillos, iluminados por ideas fuerzas, por eslóganes fáciles de retener: realización en el trabajo, capital humano… Luego se lanzan a la población de forma amable y constructiva de tal forma que los hagamos nuestros. Por último, se abre una cuenta en Suiza para llenarla del dinero obtenido de la mercancía robada.


Veamos la idea de que el trabajo realiza. El colmo de la felicidad es encontrar un trabajo que nos realice, que nos permita hacer real nuestra condición de humanos. A veces, no queda más remedio que admirar la efectividad de la dominación. Sin embargo, no hay realización posible. El trabajo nos enajena, nos saca de nosotros mismos, y nos entrega a poderes extraños y hostiles. Por lo tanto, cuanto más trabajemos, más enajenados estaremos, más desrealizados, menos humanos. 

«La enajenación del trabajador en su objeto se expresa, según las leyes económicas, de la siguiente forma: cuanto más produce el trabajador, tanto menos ha de consumir; cuanto más valores crea, tanto más sin valor, tanto más indigno es él; cuanto más elaborado su producto, tanto más deforme el trabajador; cuanto más civilizado su objeto, tanto más bárbaro el trabajador; cuanto más rico espiritualmente se hace el trabajo, tanto más desespiritualizado y ligado a la naturaleza queda el trabajador».


La crisis puede verse como un accidente, algo que nos ha caído encima como una montaña que se desploma sin que nadie haya podido preverlo, o, como dirían los de Tiqqun, como una posibilidad incluida en los distintos dispositivos que nos dominan. Efectivamente, la crisis es un momento de oportunidad (tanto como una forma de gobernar). Pero no para que nos reinventemos y salgamos adelante. No. Es una oportunidad, provocada, para que la dominación nos desgaje más todavía, nos abra, un poco más, en canal, y nos hunda en el pozo sin fondo de la sumisión. La crisis se traduce en paro, el paro en desesperación, la desesperación en la necesidad imperiosa de conseguir trabajo, esa necesidad imperiosa en la asunción de todos los argumentos de la dominación en relación al trabajo, es decir, en nuestra identificación con mercancías, con cosas que se ponen y quitan, que se compran y venden, siempre al mejor postor. «Tan pronto, pues, como al capital se le ocurre -ocurrencia arbitraria o necesaria- dejar de existir para el trabajador, deja éste de existir para sí: no tiene ningún trabajo, por tanto, ningún salario, y dado que él no tiene existencia como hombre, sino como trabajador, puede hacerse sepultar, dejarse morir de hambre, etc». Nuestra esencia ha sido depositada en el trabajo de tal forma que cuando nos lo arrebatan ya no sabemos qué somos. No solo perdemos la casa o la forma de cuidar y alimentar a los nuestros, perdemos lo que habíamos considerado nuestra esencia. Ahí están los suicidios para confirmar esta situación intolerable.
La crisis es la oportunidad creada por la dominación para aclararnos que no debemos aspirar a ser más que simples piezas de sus máquinas productoras de beneficios. El abismo del paro se nos pone delante para recordarnos que vivimos solo porque somos necesarios para el capital.


Hay que trabajar, por cuenta propia o ajena, ya no importa. ¿Cómo valorarías del 0 al 10 la siguiente afirmación: el trabajo es lo más importante de la vida? pregunta la orientadora laboral de la fundación de un sindicato mayoritario. Debemos seguir formándonos para convertirnos en una mercancía atractiva para el explotador. Y corremos gustosos a hacerlo, esclavos ansiosos de amo. «El trabajador tiene, sin embargo, la desgracia de ser un capital viviente y, por tanto, menesteroso, que en el momento en que no trabaja pierde sus intereses y con ello su existencia, su vida». Resulta que no podemos vivir sin trabajar. Nos azuzan la fiera del paro y corremos como gallinas aterradas para huir de ella. Gallinas que buscan que la zorra les proteja.
Y la zorra acepta protegernos del lobo del paro pero a cambio de comerse uno de nuestras pechugas. El canibalismo del explotador se formula en términos económicos. Se reduce la oferta de trabajo por lo que su demanda se dispara. La mercancía trabajador debe mostrarse lustrosa, llena de conocimientos y sumisiones (envíeme usted a Finlandia si hace falta, pero déme trabajo, aunque sea un minijob, no me importa ser un minihumano), despojada de toda veleidad en cuestión de derechos. Teniendo una demanda inmensa de empleo, el explotador aprieta las tuercas de la mercancía humana, reduce salarios, elimina derechos. ¿Hace falta ilustrar esto último con ejemplos actuales? Y, mientras la zorra nos mastica la pechuga, debemos dar gracias, llorar por un ojo, no por el dolor de ser devorados, sino por la suerte de ser devorados. Marx cita al economista suizo Wilhem Schulz: «[los trabajadores] tienen que considerar como una suerte la desgracia de haber encontrado tal trabajo». Rabiosa actualidad la de esta cita porque ahora se escucha una y otra vez eso de «y da gracias que tienes trabajo» (aunque sea una mierda, aunque te exploten descaradamente, aunque te consuma la vida).
Marx no ahorra calificativos en contra del trabajo: «Que el trabajo mismo, digo, es nocivo y funesto» o «Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste». Propone su reducción al mínimo: «una jornada media de cinco horas [cálculo hecho en la Francia de mediados del siglo XIX y sus correspondientes avances tecnológicos, que ahora nos pueden parecer ridículos] para todos los capaces de trabajar bastaría a la satisfacción de todos los intereses materiales de la sociedad…». Cinco horas pero de un trabajo libre, que sí nos realice: «El objeto de trabajo es por eso la objetivación de la vida genérica del hombre, pues éste se desdobla no sólo intelectualmente, como en la conciencia, sino activa y realmente, y se contempla a sí mismo en un mundo creado por él».

El trabajo, situado en el centro de la dominación, debe ser liquidado o, en el peor de los casos, cambiado radicalmente. No basta con pequeñas reclamaciones ni con reformas que no vayan al meollo de la cuestión. ¿Qué porcentaje de la actividad sindical actual queda deslegitimada en la siguiente afirmación: «Un alza forzada de los salarios […] no sería, por tanto, más que una mejor remuneración de los esclavos, y no conquistaría, ni para el trabajador, ni para el trabajo su vocación y su dignidad humanas»? Los sindicatos no necesitan ya a nadie para hundirse en la miseria, se apañan muy bien ellos solitos, pero ya no es que su acción sea inútil es que incluso cuando hablan de sus éxitos es más que probable que de lo que hablen sea de su exitosa colaboración en el mantenimiento de la dominación. Lo que debe ser barrido de la faz de la tierra, del interior de nuestras cabezas, para siempre jamás es «el derecho, aún generalmente reconocido, a una explotación incondicionada de los pobres por los ricos» (Marx cita de nuevo al economista suizo Wilhem Schulz).
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Primavera, Viajando al pasado

Tras un invierno tan blanco como apenas recordábamos los de mi generación parece que la llegada de la primavera se recibe con especial placer, y más si se adorna de sol y buenas temperaturas como estos días pasados.
El mayor número de horas de insolación es algo que se nota rápidamente en la naturaleza y que además de «alterar la sangre», producía antiguamente en estas gentes tan fusionadas con su entorno toda una serie de cambios de vida que en la actualidad dentro de nuestras vorágines de trabajos, crisis y demás nos ocultan aquellas transformaciones esenciales que se producian antaño.

La noche del día 20, aprovechamos invitados por una amiga, a participar en la ancestral bienvenida de la primavera que se realiza en el encantador pueblo de Orante.
 Subir al atardecer con velas en las manos hasta llegar a la ermita de San Benito, ver como se pone el sol tras Oroel finalizando así el invierno. El rezo del rosario resonando repetitivo, y al final mientras suenan gaitas y dulzainas se enciende la grán hoguera purificadora. Todo ello regado con botas de vino y tortas.
 La noche, aún oscura y fría , se calienta al ritmo de la música con el crepitar  del fuego que nos ilumina.
La fiesta acaba de comenzar y el olor a sopas de ajo anticipa las primeras brasas para asar productos más consistentes.
Por esta vez tenemos que volver, nos ha acompañado hoy Mara, que con sus quince meses ya ha asistido a este rito ancestral.
Las luces,la música, el fuego…el trance nos afectará a todos.

Ya es primavera.

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Primavera, Viajando al pasado

Tras un invierno tan blanco como apenas recordábamos los de mi generación parece que la llegada de la primavera se recibe con especial placer, y más si se adorna de sol y buenas temperaturas como estos días pasados.
El mayor número de horas de insolación es algo que se nota rápidamente en la naturaleza y que además de «alterar la sangre», producía antiguamente en estas gentes tan fusionadas con su entorno toda una serie de cambios de vida que en la actualidad dentro de nuestras vorágines de trabajos, crisis y demás nos ocultan aquellas transformaciones esenciales que se producian antaño.

La noche del día 20, aprovechamos invitados por una amiga, a participar en la ancestral bienvenida de la primavera que se realiza en el encantador pueblo de Orante.
 Subir al atardecer con velas en las manos hasta llegar a la ermita de San Benito, ver como se pone el sol tras Oroel finalizando así el invierno. El rezo del rosario resonando repetitivo, y al final mientras suenan gaitas y dulzainas se enciende la grán hoguera purificadora. Todo ello regado con botas de vino y tortas.
 La noche, aún oscura y fría , se calienta al ritmo de la música con el crepitar  del fuego que nos ilumina.
La fiesta acaba de comenzar y el olor a sopas de ajo anticipa las primeras brasas para asar productos más consistentes.
Por esta vez tenemos que volver, nos ha acompañado hoy Mara, que con sus quince meses ya ha asistido a este rito ancestral.
Las luces,la música, el fuego…el trance nos afectará a todos.

Ya es primavera.

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Marx hoy. Primera parte: Mercancía humana

Tengo un amigo que trabaja en el CSIC, es filósofo. Lo vi hace poco, en una mani, of course, los nuevos centros móviles de ocio, y me contó que están organizando en Madrid un seminario sobre leer a Marx en el momento actual. Me muero de la envidia. Marx es un autor al que se le conoce, se le valora y se le cita habitualmente a partir de fuentes secundarios, de otros autores. Hace tiempo decidí acudir a las fuentes primarias y leerlo directamente. He optado por el joven Marx, bastante más chispeante que el Marx clásico. (Anda que no se nota que los amigos de la Internacional Situacionista lo leyeron y adoptaron muchos de sus recursos literarios, yo estoy en ello). Por todo eso me dio tanta envidia lo del seminario sobre Marx. Para consolarme, me animo a escribir lo que sigue.
Marx está en esa categoría de autores que tanto (o más) como lo que expone, interesa que sea ÉL quien lo exponga. Sus afirmaciones se entremezclan con su figura de tal forma que la idea es válida (o no) por estar dicha por ÉL. La idea es calificada sólo en función de quién la firma, sin necesidad de analizarla o criticarla. Me mola Marx, por lo que me mola todo lo que dice. Para que esta relación pueda ser siempre verdadera se exige forzar la interpretación de sus textos (o, si es necesario, obviarlos). Téngase en cuenta que en el caso de Marx la cosa va más allá de la simpatía o antipatía personal. Todo un tipo de Estado y Partido se construyó con el marxismo como excusa ideológica. No se podía permitir que el capitalismo de Estado se tambaleara por ideas mal entendidas de Marx. Así lo explica Daniel Guérin (en Marxismo y socialismo libertario):

«En cambio otros autores -de los cuales emana un tufillo stalinista- el “humanismo” de Marx sería mercancía adulterada. Sostienen que Marx habría renegado muy pronto de sus “errores” juveniles y que las obras de su madurez “no necesitan ser comentadas en relación con su evolución anterior”. El Marx de los años mozos no “veía con claridad dentro de sí mismo”, su pensamiento era todavía “indeciso” y “anticientífico”. Es verdad que ya se llamaba Marx, pero apenas estaba “en el camino del marxismo”».

De esta manera, no es ya que la figura del autor se imponga a su obra, es que tanto uno como otra deben ser vistos a partir de la interpretación correcta que sólo los marxistas de pura cepa están en disposición de hacer. Lo que dice Marx no es lo que dice Marx, es lo que ellos dicen que dice Marx.

Sería interesantes conocer el tipo de guarnición con la que los intelectuales orgánicos se comieron frases como la que compara a la burocracia con «una casta para la cual el mantenimiento de su régimen se convierte en una cuestión primordial» o aquellas en las que, hablando del gobierno de Napoleón III, habla del poder ejecutivo «con su  enorme organización burocrática y militar, con su artificiosa maquinaria estatal de múltiples capas […] terrible organismo parasitario que se enrosca como una membrana reticular alrededor del cuerpo de la sociedad» (en este caso francesa pero el gentilicio podía cambiarse por otros sin mayor problema). Estas frases están incluidas en El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, escrito en 1852, cuando Marx contaba 34 años y ya no era tan joven.

En el primer manuscrito de Manuscritos: Economía y Filosofía, Marx establece, denuncia, una asimilación de las personas que trabajan, o mejor: que deben trabajar, con la identidad de trabajador:

«Se comprende fácilmente que en la Economía Política, el proletariado, es decir, aquel que, desprovisto de capital y de rentas de la tierra, vive sólo de su trabajo, de un trabajo unilateral y abstracto, es considerado únicamente como obrero».

En el caso del trabajador todo lo que se diga de él en tanto en cuanto trabajador, será válido de él en tanto en cuanto persona. Una terrible sustitución de términos.

La naturaleza, de la que formamos parte, es «el cuerpo inorgánico de las personas». Dependemos de ella, la reclamamos, para que nos proporcione los medios necesarios para subsistir. De la misma manera, la necesitamos como «materia, objeto e instrumento de nuestra actividad»(*).  Es esta actividad una pieza clave en nuestra diferencia con los animales porque las personas hacemos de ella el objeto de nuestra «voluntad y conciencia». Sabemos lo que hacemos y para qué lo hacemos. Construimos lo que nos es preciso y aquello que deseamos. Producimos, creamos, en función de criterios que van más allá de la supervivencia, nos dejamos guiar por «criterios estéticos», por la «belleza».
Pero donde el conejo construye una madriguera que pasa a ser su posesión, una extensión de sí mismo, el lugar donde descansar y protegerse, las personas trabajamos produciendo cosas que nos son arrebatadas. El obrero que teje lana (imagen de la Inglaterra de mediados del siglo XIX, actualizada en la mujer, o niño, que pasa media vida encerrada en una maquila), es desposeído de su creación, el jersey se convierte en una mercancía que se le arrebata y se pone fuera de su alcance. Horas al día tejiendo para después tener que vestirse con harapos y pasar frío. El vínculo con la naturaleza, con nuestra conciencia y voluntad se ha roto. Nos lo han roto.

La persona aspira a que su creación sea el reflejo de sí misma, pone una parte de lo que es en el objeto. Objeto que, una vez hecho, le es arrebatado produciéndose la enajenación del trabajador en la mercancía. No es, ni somos, libre en su relación con el trabajo: debe someterse a él (para ganar el sustento) y debe trabajar según lo que le ordenen: cómo, cuánto, dónde. «El trabajo es vida y si la vida no se entrega  cada día a cambio de alimentos, sufre y no tarda en perecer. Para que la vida del hombre sea una mercancía hay que admitir, pues, la esclavitud» (**) . El trabajador se enajena en el trabajo, pierde lo que produce y hasta se pierde a sí mismo. La pérdida es tan esencial que afecta a su vida por completo: «El trabajo enajenado por tanto […] hace extraños al hombre su propio cuerpo, la naturaleza fuera de él, su esencia espiritual, su esencia humana». Al perder nuestra esencia (en la oficina, en la cadena de montaje, en el mostrador de la tienda…), el «ser genérico del hombre», nos convertimos en extraños a nosotros mismos, vamos a todas partes con la inquietante sensación de albergar dentro de nosotros a un extraño (o a un vacío amorfo que nos desorienta continuamente el centro de gravedad por lo que nos es tan difícil erguirnos).
Siglos de enajenación pueden haber convertido a la presencia de ese extraño en una infelicidad difusa, a veces depresión, a veces ansiedad, casi siempre medicada. Si somos extraños para nosotros mismos, si nuestra auto-relación se ha vuelto imposible, peor le va a nuestra relación con los demás. Perdida la esencia, es imposible establecer relaciones humanas con quienes nos rodean, sean los capitalistas que nos roban lo que hemos producido o sean compañeros de trabajo. Estas relaciones estarán, por tanto, igualmente enajenadas. Por eso es tan complicado establecer la oportuna enemistad que merece el explotador o el cariño y solidaridad que merece el compañero.

La persona, en un cruel efecto reflexivo, ha quedado reducida a una mercancía más. Y como tal mercancía está sujeta a las leyes que la rigen: «Los grandes talleres compran preferentemente el trabajo de mujeres y niños porque éste cuesta menos que el de los hombres» (como bien saben Nike o Inditex).
Hasta aquí se ha hecho un resumen del razonamiento del jovencito Marx y, como todo resumen, puede parecer parcial o incompleto. En todo caso, él mismo afirma: «Con la misma Economía Política, con sus mismas palabras, hemos demostrado que el trabajador queda rebajado a mercancía, a la más miserable de todas las mercancías…». La cuestión puede matizarse, y se hará, pero es tan evidente que cuando alguien nos pregunta qué somos, espera que le respondamos en qué trabajamos (o en tiempos de crisis, qué hemos estudiado para poder trabajar).

*  *  *

Y en el próximo capítulo:

No hay arma de guerra más poderosa que la persona, entiéndase de forma metafórica o literal, según el ánimo de cada cual.

«La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas».

Tenemos que «considerar como una suerte la desgracia de haber encontrado tal trabajo».
  



(*) No debería desprenderse de esa afirmación de Marx la idea de que la naturaleza está a nuestro servicio. Él mismo afirma que el «el hombre es una parte de la naturaleza». Y en el tercer manuscrito: «La sociedad es, pues, la plena unidad esencial del hombre con la naturaleza, la verdadera resurrección de la naturaleza, el naturalismo realizado del hombre y el realizado humanismo de la naturaleza»

(**) La traducción de los manuscritos, llenos de citas y notas sin desarrollar, se hace tan compleja que hay frases que no quedan claro, al menos para mí, si son de Marx o si son citas. Esta en concreto va acompañada de la siguiente aclaración entre paréntesis: «pags, 49-50 l.c.».
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¿Cómo ser una mamá cruasán? No gracias

Cuando acepté la propuesta de Madresfera para participar en su Salita e lectura no sabía bien donde me estaba metiendo, hacer crítica de un libro supone leer con una visión crítica que no había experimentado hasta ahora, salvo con publicaciones técnica relacionadas con mi trabajo. Muy al límite del plazo que teniamos para publicar la […]

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El papá de Nemo

Recuerdan al inicio de la película cuando Nemo estaba en el arrecife con sus amigos y su papá por protegerlo terminó avergonzándolo? A veces me siento como el papá de Nemo. En ocasiones debo reconocer que no le he tenido mucha fe a mi hija, más que nada por el miedo de que no pueda lograr aquello que pueda proponerse. Cuando mi hija inicia alguna nueva actividad o tiene que empezar a hacer las cosas por ella misma me torno más protector que de costumbre, sobre protector.

Y quizás los límites a lo que pueda hacer o no, no son producto de su experiencia ni sus habilidades sino de mi propio miedo de exponerla a algún peligro o situación complicada para ella, no solo al realizar actividades físicas sino también en la interacción social.

Sin embargo, una y otra vez mi enana me sorprende con su habilidad o su actitud hacia las cosas, enfrentando actividades físicas y situaciones sociales de manera exitosa, a su ritmo y a su manera. Al comienzo como que es bastante difícil para algunos padres dejar que sus hijos hagan ciertas cosas de manera independiente, al igual que lo hicieron nuestros padres con nosotros, pero hay que dejarlos intentar y equivocarse, orientándolos sin presionarlos hasta que ellos descubran el éxito por sí mismos.

Creo que parte de la construcción del carácter de nuestros hijos proviene de este ensayo y error fundamental, aunque a veces haga que nos comamos las uñas. Debemos darles espacio y acompañarlos en sus decisiones, estoy seguro que Ustedes, al igual que Yo con mi hija, descubrirán las gratas sorpresas que pueden darnos nuestros hijos. Un dulce orgullo.

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El papá de Nemo

Recuerdan al inicio de la película cuando Nemo estaba en el arrecife con sus amigos y su papá por protegerlo terminó avergonzándolo? A veces me siento como el papá de Nemo. En ocasiones debo reconocer que no le he tenido mucha fe a mi hija, más que nada por el miedo de que no pueda lograr aquello que pueda proponerse. Cuando mi hija inicia alguna nueva actividad o tiene que empezar a hacer las cosas por ella misma me torno más protector que de costumbre, sobre protector.

Y quizás los límites a lo que pueda hacer o no, no son producto de su experiencia ni sus habilidades sino de mi propio miedo de exponerla a algún peligro o situación complicada para ella, no solo al realizar actividades físicas sino también en la interacción social.

Sin embargo, una y otra vez mi enana me sorprende con su habilidad o su actitud hacia las cosas, enfrentando actividades físicas y situaciones sociales de manera exitosa, a su ritmo y a su manera. Al comienzo como que es bastante difícil para algunos padres dejar que sus hijos hagan ciertas cosas de manera independiente, al igual que lo hicieron nuestros padres con nosotros, pero hay que dejarlos intentar y equivocarse, orientándolos sin presionarlos hasta que ellos descubran el éxito por sí mismos.

Creo que parte de la construcción del carácter de nuestros hijos proviene de este ensayo y error fundamental, aunque a veces haga que nos comamos las uñas. Debemos darles espacio y acompañarlos en sus decisiones, estoy seguro que Ustedes, al igual que Yo con mi hija, descubrirán las gratas sorpresas que pueden darnos nuestros hijos. Un dulce orgullo.

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Apuntes contra el Estado (II)

(Ver la aclaración previa en el post anterior.)

Hablar de las élites que nos dominan no es adentrarse en el increíble mundo de las conspiraciones, que más quisieran ellos. Mills, por ejemplo, afirma en El poder de la élite (1959) que Estados Unidos está gobernado por una élite constituida por los personajes más influyentes del mundo empresarial, del gobierno y de las fuerzas armadas. El poder real vuelve a reírse de la idea de democracia. Al tiempo que hay una representación pública del poder(elecciones, gobiernos que cambian, votaciones en el congreso, blablabla) hay un uso secreto del poder (posible gracias al primero, al representado). Al ser un poder secreto, sus dueños no son responsables ante el pueblo, lo ejercen, por tanto, de manera irresponsable. Hacen lo que les viene en gana sin responder ante nadie.


El Estado se arroga el monopolio de la violencia. Ese monopolio pretende tener una doble vertiente: moral y material. Moral: solo el Estado puede ejercer la violencia de forma justificada, si lo hace será por algo. Material: las armas las tiene el Estado, no el pueblo. Aparecen al menos dos razones que justifican esto. La primera es que al ser el dueño exclusivo de la violencia se asegura que no queden cabos sueltos. Donde no llegue manipulándonos, llegará aporreándonos. La segunda es que nos priva de la posibilidad del uso de la violencia contra el Estado. Es decir, se protege a sí mismo. El debate sobre los medios posibles para conseguir el fin de liquidar el Estado queda así mutilado, limitado a lo teórico. Una cosa es desechar la violencia porque no nos convenza como opción y otra es tener que renunciar de entrada a usarla porque toda ella pertenece al Estado. (Rodrigo Mora: «[la violencia] lejos de ser monopolio del Estado, es un atributo irrenunciable de la soberanía popular».)
Volvamos a lo de la mentira. Hannah Arendt: «las mentiras siempre han estado consideradas como instrumentos necesarios y legítimos, no solamente del oficio del político o del demagogo, sino también del hombre de Estado». El Estado nos mantiene sumidos en una vida artificial, falsa, en la que pretende que todos y cada uno de nuestros movimientos esté teledirigido. Vivimos en una sociedad espectacular en la que se nos permite o bien ser simples espectadores o simples actores (interpretando, no es matiz menor, el papel que otros escriben para nosotros). Como espectadores (Debord), encendemos la tele y vemos pasar la vida. De la misma manera que gritamos al árbitro que no pita a nuestro favor, insultamos al político corrupto o recortador. Es la representación de la parte pública, espectacular, del poder. Terminado el partido, apuramos la cerveza y nos vamos a la cama porque mañana hay que volver a empezar. La vida pasa sin rozarnos porque estamos fuera de ella. La otra opción tiene que ver con nuestra condición de dominados, de seres tutelados (Vaneigem). Queremos estudiar algo prestigioso y ganar dinero trabajando porque es el papel que nos han escrito. Queremos brillar delante de las cámaras. Queremos el Oscar al mejor ciudadano del año y nos esmeramos al máximo. Pienso como me han enseñado a pensar, siento lo que me dicen que sienta, amo como se ama en las películas, deseo lo que anuncian por la tele…
La sociedad espectacular ha sido siempre muy cuidadosa de infiltrarse en las alternativas revolucionarias. Tras décadas, siglos, de esfuerzo la mayoría de expresiones contestatarias son puro circo. De la misma forma en que antes se iba los domingos a la playa con la tortilla de patatas y la pelota, ahora vamos a la manifestación de turno con nuestra pancarta Do It Yourself. Interpretamos el papel de revolucionarios de fin de semana, charlamos con los colegas y dejamos que salga la tensión acumulada. El Estado es una olla a presión en la que nos cocemos lentamente y las manifestaciones (y otras expresiones similares: ILPs, recogidas de firmas, huelguecitas…) son la válvula por la que sale la presión acumulada asegurando que la olla no explote.


El escenario por antonomasia del espectáculo estatal es el Congreso. Allí se sientan los representantes del pueblo que son en realidad los representantes de suspartidos políticos que son representantes del partido único de partidos(Rodrigo Mora) que es representante de la voluntad de los poderosos que dominan al Estado y al pueblo. No sabemos quiénes son, desconocemos la ley según la cual se reparten los escaños, no sabemos a qué se dedican, ni cuánto ganan en realidad (a nuestra costa). Tanto desconocimiento hace que la palabra democracia sea un chiste sin gracia. El Congreso es la excusa para la existencia de partidos políticos porque el paripé democrático exige que esté lleno de representantes de los mismos. Y, al tiempo que es la excusa, es la trampa en el que cae todo aquel que todavía piense que las cosas se pueden cambiar desde dentro. No es descabellado que alguna alma de cántaro haya llegado a las listas de algún partido por méritos, se haya presentado a diputado para cambiar las cosas, haya conseguido su escaño y se haya perdido, para siempre, en las arenas movedizas del Estado.


Los partidos políticos son engendros dedicados a asegurarse su pienso y el de amigos y familiares. Sus intereses no tienen nada que ver con el bien común y sí con el interés particular. Especialmente miserables son los partidos de izquierdas porque traicionan una y otra vez su discurso por la vía de los hechos. Esto es tan evidente y frecuente que causa rubor tener que señalarlo. Aun así, la mayoría parece no verlo o no querer verlo. Las evidencias no están de nuestro lado. Su afán de poder y privilegios es tal que uno de sus empeños es controlar el circo contestatario. Cuando no se ponen al frente de las manifestaciones, intentan controlarlas desde la retaguardia (¿mareas?), siempre con el objetivo de sacar rédito electoral. El historial del PSOE es tan repugnante que no apetece repasarlo. El de IU también tiene lo suyo, a pesar de sus escasísimas experiencias de gobierno (véase Andalucía en la actualidad). Y si hablamos del PC pues ya podemos empezar a tirarnos de los pelos (acabaron con la revolución del 36 y marranearon todo lo necesario en la transición solo para asegurarse un sitio en el Congreso). El sentido contrario también funciona. Son muchos los que tienen ambiciones personales pero las disimulan cuando están en los movimientos sociales mientras miran de reojo a algún partido (o sindicato) cercano. A la menor oportunidad, aprovechan y se meten en el partido para medrar. Sería divertido ver dentro de algunos años cuantas personas relacionadas con el 15M, la PAH o las mareas acaban en cargos de partidos políticos.


En el Congreso se puede ver escenificada otra mentira: la de la separación de poderes. ¿Qué ley propuesta por un gobierno con mayoría absoluta se cambiará en el congreso? Es más, teniendo en cuenta que el voto de los diputados es ordenado por la dirección del partido, ¿qué sentido tiene el congreso? En lo que llevamos de legislatura, el congreso no ha servido para nada. Viendo, además, la manera de entrometerse del Ministro de Justicia en los órganos de gobierno de los jueces o en la forma habitual de etiquetarlos en progresistas (es decir, que deben favores al PSOE) o conservadores (los favores los deben al PP), se llega a la convicción, o al menos a la duda, de que el poder judicial tampoco es independiente de los otros.
La forma que un Estado tiene de gobernarse son las leyes. Una cosa es tener el poder y otra la capacidad de ejercerlo. Para poder hacerlo es por lo que se promulgan leyes y se activa la maquinaria requerida para imponer su cumplimiento. Mucho habría que decir pero apunto solo dos cuestiones. Las leyes, a través de indicar las conductas positivas o permitidas y diseñar siempre una relación de faltas/delitos, se basan en una de las formas más habituales de modulación de la conducta y el pensamiento: el premio y el castigo. Conviene tener en cuenta que se trata de un binomio inseparable: si hay premio, hay castigo, y viceversa. Algunos pedagogos animan solo a que se premie, dejando de lado el castigo, pero la ausencia de premio, especialmente cuando otros se lo llevan ya es un castigo. En la actualidad es (prácticamente) imposible educar sin recurrir al premio-castigo. Y cada vez queremos más. A cada nuevo problema o escándalo se ofrece (y se pide) una única solución: más leyes. Y aquí llega Tácito, historiador y cónsul romano, a poner los puntos sobre las íes: «Cuanto más corrupta es una sociedad, más leyes promulga». La otra cuestión relevante tiene que ver no ya con los inspiradores de las leyes, aquellos que vigilan que siempre les favorezcan, sino con lo que las redactan. Se trata de un cuerpo de funcionarios altamente especializados y desconocidos (Rodrigo Mora) que manejan un lenguaje ajeno a la mayoría y forman parte del estado independientemente del gobierno de turno, aparece así una nueva élite (menor, eso sí) en nuestra historia. Una cosilla más: he escrito que hay quien vigila para que las leyes siempre les favorezcan. Bueno, no es del todo así. En realidad, les importa un comino lo que pongan las leyes porque estas son para el pueblo dominado y no para los dominadores. Para ellos está la impunidad, las apelaciones, las oportunas prescripciones y, como último recurso, los indultos. Otro autor viejuno, Anacarsis, filósofo escita (s. VI ac): «Las leyes son como las telarañas, ya que si algo indefenso e insignificante cae en ellas, lo atrapan con fuerza, pero si algo grande cae en ellas, rompe la trampa y escapa».



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Apuntes contra el Estado (I)

Estamos poniendo en marcha un grupo de pensamiento (o como se llame) para reflexionar sobre la dominación y las posibilidades de salida desde una perspectiva libertaria. Se trata, entre otras cosas, de cuestionar las alternativas que se ofrecen en la actualidad, que se pueden resumir en su totalidad en más de lo mismo. El tema con el que hemos empezado es el Estado. Comparto a continuación las notas que estoy tomando para aportarlas al debate. Como tales notan deben leerse, asumiendo que habrá ideas poco desarrolladas e incluso contradictorias. Lo que sigue está basado en la idea marxista-situacionista de que las armas de la crítica exigen primero la crítica de las armas y en una necesidad, muy subjetiva, de radicalizar (coherentemente) el discurso. Ahí van:

Marx: «…el Estado enmaraña, controla, regula, vigila y tutela a la sociedad civil, desde sus manifestaciones de vida más vastas hasta sus movimientos más insignificantes, desde sus formas de vida más generales hasta la existencia privada de los individuos…»

Una idea central es amos sin esclavos. Ahora vivimos en una situación de amos con esclavos (pocos amos, muchos esclavos). La condición de esclavo es miserable pero no hay que envidiar la de amo (Camus: «…el destino de los amos consiste en vivir eternamente insatisfechos o ser asesinados.»). Y no solo porque aspirar a ser amo con esclavos es legitimar a los que hay ahora. Los amos, al exigir la existencia de esclavos, y necesitarla, se degradan de manera intensa, se reducen a subhumanos. Su degradación es mayor que la de los esclavos. El Estado es la base actual de esta situación de amos con esclavos.

El Estado tiene como principal objetivo no solo su autopermanencia sino la satisfacción de los deseos y ambiciones de los pocos que lo dominan. (Y habría que pensar con atención si los que lo dominan forman parte de cada Estado o si son una congregación supraestatal. Estado y nación están identificados en la actualidad, cada uno de ellos tiene a sus poderosos pero las decisiones que estos toman son menores ya que la mayoría de ellas viene impuesta por una elite desconocida, hombres detrás de las cortinas. Aunque, eso sí, cada elite local sabe adaptarse a esas decisiones supraestatales para sacar provecho). Para justificar la existencia del Estado y del gobierno que, temporalmente, atiende sus requerimientos, idearon el concepto de cesión de poder y consentimiento. Esto es, las personas que habitamos cada Estado cedemos voluntariamente el poder a los gobernantes y consentimos que tomen decisiones por el bien común (risas). Para asegurarse esta situación ideal, nos han ido manipulando durante siglos para asegurarse que nuestra elección libre siga siendo ceder el poder y consentir ser gobernados. De esta manera, nuestra vida es mentira (Nietzsche: «Pero el Estado miente en todas las lenguas del bien y del mal; y diga lo que diga, miente; y posea lo que posea, lo ha robado».)

Para asegurarse nuestro consentimiento, el Estado se muestra como la única opción para que nuestras vidas sean seguras y confortables. Los principales defensores del Estado somos nosotras mismas. Nos hemos creído la idea de ciudadanía y todo lo que conlleva. Así, defendemos el civismo (no manchamos, no rompemos, no levantamos la voz), exigimos derechos y reconocemos obligaciones (los primeros son papel mojado, los segundos, losas al cuello), identificamos democracia con votos, engordamos tiranos… Somos la policía más eficaz. Marcuse tiene algo que decir a los ciudadanos, a los cívicos: La ley y el orden son siempre y en todas partes la ley y el orden que protegen la jerarquía establecida».

La manipulación que perpetúa el consentimiento es ubicua: educación, familia, medios de comunicación, trabajo… Pero incluso siendo libre, no dejaría de ser incomprensible. ¿Cómo es posible que alguien acepte delegar en otros las decisiones que condicionan su vida? Ni siquiera las supuestas necesidades de eficacia lo justifican. Ni el miedo a la guerra de todos contra todos de la que habla Hobbes. Es él el que escribe de la cesión de poder en los siguientes términos: «autorizo y otorgo mi derecho de gobernarme a este hombre o a esta asamblea de hombres con la condición renunciar a mi derecho y a autorizar de la misma manera sus acciones». Es interesante la verdad implícita en esa frase: nuestro derecho a gobernarnos a nosotros mismos. Sabiduría infantil: Tú no mandas en mí.

Como el Estado es la única opción posible y todas queremos ser buenas ciudadanas, no se cuestiona y, como mucho, se plantean pequeñas mejoras / reformas. La gran mayoría de la gente que ahora sale a la calle lo hace en este sentido. Desaprueban este gobierno pero no algobierno, no son conscientes, en palabras de Gramsci, de que les interesaría el derrocamiento de la dominación capitalista. La marea blanca defiende una sanidad en la que el Estado se limita a mediar entre nuestra salud y los intereses de las farmacéuticas y demás. La marea verde quiere recuperar los derechos perdidos (y no perder más) para poder seguir educando en la sumisión. Los mineros quieren que el Estado siga subvencionando a sus jefes para que ellos puedan cobrar. La PAH no deja de pedir y pedir a los diputados que sean buenos (señora zorra, está bien, cómase a las gallinas pero hágalo con cuidado)… Las cuestiones de fondo quedan incólumes. Son invisibles.

Otra idea que justifica al Estado es el binomio pastor-rebaño. El pastor (Estado-gobierno) está aquí para cuidarnos a nosotras (rebaño), todo lo que hace es por nuestro bien, su máxima preocupación es nuestra felicidad (claro que él, cuando quiere decir felicidad le sale docilidad). Dejando a un lado las connotaciones religiosas de esta justificación del Estado, hay que ponerla en cuestión por varias razones. El Estado como pastor y la ciudadanía como rebaño (balando en las casas delante del televisor, en las manifestaciones, en los colegios electorales…) es la base sobre la que se asienta el Estado del bienestar. Un bienestar que nunca fue tal o, en el mejor de los casos, nunca fue completo. Se añora la España de hace unos años y ya nadie recuerda en su justa medida a los mileuristas, los muertos de las pateras, los explotados en el campo o la construcción, los excluidos de una u otra manera… El bienestar siempre fue parcial y condicionado. No hay bienestar válido si una parte importante de nosotras se queda fuera, aunque sean ovejas negras. Además, el Pastor-rebaño remite a la relación paterno-filial. El Estado es el padre que nos ama y cuida, que nos prohíbe cosas por nuestro bien, que nos dice qué decisión tomar desde su indiscutible sabiduría. El poder parental es un mal inevitable justificado solo en la falta de capacidad del niño para tomar sus propias decisiones o para valerse por sí mismo. Pero el niño está desvalido solo durante un tiempo. El poder paternal, menos mal, tiene fecha de caducidad. Por su parte, el Estado del Bienestar, el Pastor-rebaño, nos trata eternamente como seres inmaduros, incapaces y nos somete a su control permanente… por nuestro bien.


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[El blog invitado] mamá sin complejos

No es fácil estar al día respecto a los que se va publicando en los blogs sobre maternidad y paternidad. Esta sección pretende dar visibilidad a esos blog que habitualmente leo. Espero que este blog invitado sea de vuestro interés y lo sigáis porque siempre aporta artículos en los que podemos aprender algo. El blog […]

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Escucha activa: las emociones primero

La comunicación con nuestros hijos es un asunto que debemos cuidar. Por ello es buena idea disponer de recursos y herramientas que faciliten la relación con ellos. Una de estas herramientas es la escucha activa: se trata de escuchar a los niños intentando comprender lo que nos dicen, lo que sienten. Cuando un niño revela […]

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Fraile

Seguro que no era su intención pero, al morir, Medardo Fraile me obligó a constatar una vez más mi vasta incultura. No es que yo no hubiera leído ninguno de sus libros; es que ni siquiera sabía que existía este escritor. Fraile murió hace unos pocos días en Glasgow y los diarios han hablado de un cuentista excepcional, adscrito a una difusa ‘generación del 50’. Ignacio Aldecoa, que aquí ha aparecido un par de veces en los últimos meses, por influencia de la desechería urbana, sería quizá uno de sus representantes más destacados. Bueno, de Medardo Fraile sigo sin leer nada, solo una entrevista que concedió a ‘El País’ en 2004 y que el diario ha rescatado con motivo de su fallecimiento. Una de sus respuestas, una reflexión sobre sus propios cuentos, me encantó: “A mí me gustan los cuentos en los que aparentemente no ocurre nada. Aparentemente. Cuando me dicen: «Es que ahí no pasa nada»; digo: «Bueno, pasa lo que no pasa». Y uno siente esa falta. Si eres muy obvio te sale un cuento decimonónico, muy atado pero sin espacio para el lector. El lector debe quedarse con la idea de que él podría acabar la historia”.

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Fraile

Seguro que no era su intención pero, al morir, Medardo Fraile me obligó a constatar una vez más mi vasta incultura. No es que yo no hubiera leído ninguno de sus libros; es que ni siquiera sabía que existía este escritor. Fraile murió hace unos pocos días en Glasgow y los diarios han hablado de un cuentista excepcional, adscrito a una difusa ‘generación del 50’. Ignacio Aldecoa, que aquí ha aparecido un par de veces en los últimos meses, por influencia de la desechería urbana, sería quizá uno de sus representantes más destacados. Bueno, de Medardo Fraile sigo sin leer nada, solo una entrevista que concedió a ‘El País’ en 2004 y que el diario ha rescatado con motivo de su fallecimiento. Una de sus respuestas, una reflexión sobre sus propios cuentos, me encantó: “A mí me gustan los cuentos en los que aparentemente no ocurre nada. Aparentemente. Cuando me dicen: «Es que ahí no pasa nada»; digo: «Bueno, pasa lo que no pasa». Y uno siente esa falta. Si eres muy obvio te sale un cuento decimonónico, muy atado pero sin espacio para el lector. El lector debe quedarse con la idea de que él podría acabar la historia”.

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Límites y crianza natural

Desde poco después del nacimiento de los mellizos acudimos a un grupo de crianza que está guiado por pedagogas que basan todo su trabajo en la crianza con apego. En este grupo se plantea un tema en cada sesión y todos participamos compartiendo nuestras experiencias y nuestras dudas. Lo primero que se planteo en el […]

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Mi mejor regalo

Hoy, el día de mi cumpleaños, me doy cuenta de lo que verdaderamente es importante. No se trata de lo que quisiera tener sino de valorar lo que tengo. No se trata de lo material sino de aquello que el dinero no puede comprar. No se trata de muchas cosas sino de esos pequeños detalles y momentos que quedarán grabados para siempre en la memoria. Me siento muy agradecido con la vida por haber tenido la oportunidad de ser padre, muy agradecido por con mi esposa por permitírmelo y agradecido con Dios por la hija que tengo, la única que pone en perspectiva cada paso que doy y orienta nuestro futuro, como familia, día a día. 

Este cumpleaños, celebro que estoy vivo, que tengo gente que me quiere (y yo los quiero) y que tengo una hija maravillosa que hace que la vida valga la pena.


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Mi mejor regalo

Hoy, el día de mi cumpleaños, me doy cuenta de lo que verdaderamente es importante. No se trata de lo que quisiera tener sino de valorar lo que tengo. No se trata de lo material sino de aquello que el dinero no puede comprar. No se trata de muchas cosas sino de esos pequeños detalles y momentos que quedarán grabados para siempre en la memoria. Me siento muy agradecido con la vida por haber tenido la oportunidad de ser padre, muy agradecido por con mi esposa por permitírmelo y agradecido con Dios por la hija que tengo, la única que pone en perspectiva cada paso que doy y orienta nuestro futuro, como familia, día a día. 

Este cumpleaños, celebro que estoy vivo, que tengo gente que me quiere (y yo los quiero) y que tengo una hija maravillosa que hace que la vida valga la pena.


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Canciones para los mellizos

Junto a nuestra doula pasamos gran parte del puerperio y ella nos proponía juegos, ejercicios, etc que nos podrían ayudar en la recuperación post-parto y en la crianza de los mellizos. Una de sus propuestas fue que compusiéramos una canción para los recién nacidos. Sería una canción que los describiera física y emocionalmente. Un regalo […]

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Viajar a Marabico

¿te vienes con nosotros?

Un nuevo viaje comienza….la aventura se llama Marabico y se trata de un proyecto emprendedor con el que pretendemos acercar el mundo de la naturaleza y los viajes con bebés a todo aquel que quiera.
Es un proyecto que surge de una necesidad y que trás mucho trabajo va tomando forma.
Ser padres es iniciar una aventura maravillosa de descubrimiento personal y una oportunidad para presentarle el mundo a ese nuevo ser que ya lo comenzó a percibir en la barriga de su mama y que acaba de llegar.
La naturaleza y viajar  son las dos mejores oportunidades que tenemos para comprender el mundo, y así conocernos a nosotros un poco mejor.
Desde Pyreneus  con nuestra experiencia acumulada en actividades en la naturaleza y ahora como padres inquietos y prácticos nos lanzamos a esta nueva aventura.
Marabico es un espacio donde buscamos, seleccionamos, compartimos y esperamos encontrarnos con vosotros. Comenzamos con el blog donde trataremos de mostraros a personas, proyectos, productos y propuestas que son interesantes y desconocidas. Nuestras páginas de Facebook y Twitter son los canales con los que podemos estar en contacto y recibir todas vuestras inquietudes y sugerencias.
En fin, que la aventura acaba de comenzar, y como todo buen viaje, hemos disfrutado preparandolo, buscando información, mirando mapas y leyendo libros. Ahora acabamos de comprar el primer billete de ida, y queremos compartirlo con vosotros…
Comienza el viaje…

Si quieres conocernos,

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                              Viajar a Marabico
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Ser padres es iniciar una aventura maravillosa de descubrimiento personal y una oportunidad para presentarle el mundo a ese nuevo ser que ya lo comenzó a percibir en la barriga de su mama y que acaba de llegar.
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Desde Pyreneus  con nuestra experiencia acumulada en actividades en la naturaleza y ahora como padres inquietos y prácticos nos lanzamos a esta nueva aventura.
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20 Microrrelatos de Amor

Con motivo del 14 de febrero @OrquideaDichosa organizó un concurso de microrelatos que tuvieran como tema común el amor y no superaran las 100 palabras de extensión. Cuando vi el anuncio en Twitter me emocioné y anuncié rápido que participaba, después el trabajo, la familia y otros líos casi hace que no llegue a tiempo […]

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Animales en casa

Personalmente creo que las mascotas ayudan mucho al desarrollo emocional de nuestros enanos aparte de acompañarlos e iniciar a forjar en ellos la idea de responsabilidad sobre algo.

Tengo tres beagles que desde siempre fueron los dueños de la casa hasta que llegó mi pequeña. La llegada de nuestra hija inevitablemente los relegó un tanto en nuestra atención. Los primero seis meses si los mantuvimos alejados por prevención y como que esos meses son, los bebés, aun muy delicados. Pero después han interactuado regularmente y Abril siempre ha demostrado gran interés en ellos.

Las condiciones en mi casa se están dando para que Abril y los perros pasen más tiempo juntos y espero que así sea hasta que pueda ella, tener su propio compañero al que tenga que cuidar, alimentar, pasear, etc…

Eso sí, algunas reglas que deben tener claro son: lavarse bien las manos después de jugar con ellos y no molestarlos cuando comen. Después todo OK. Un dato adicional: no compren un cachorrito pensando en sus hijos pequeños. Los perros cuando cachorros juegan y dependiendo de la raza tienen más capacidad para hacer daño, aunque para ellos solo se trate de un juego y no tengan la intención de atacar a nuestros niños. Lo mejor es un perro de algunos dos años, maduro, más calmado (aunque no pasa para todas las razas. Algunos dicen que hay algunas razas recomendadas para niños como los beagles, bóxer, labradores o golden retriever sin embargo mucho influye la crianza del perro. Creo que debe escogerse de acuerdo a la edad de nuestros hijos y a las condiciones del lugar en que vivirán.

Traten bien a sus mascotas que ese mismo ejemplo seguirán sus hijos.

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Animales en casa

Personalmente creo que las mascotas ayudan mucho al desarrollo emocional de nuestros enanos aparte de acompañarlos e iniciar a forjar en ellos la idea de responsabilidad sobre algo.

Tengo tres beagles que desde siempre fueron los dueños de la casa hasta que llegó mi pequeña. La llegada de nuestra hija inevitablemente los relegó un tanto en nuestra atención. Los primero seis meses si los mantuvimos alejados por prevención y como que esos meses son, los bebés, aun muy delicados. Pero después han interactuado regularmente y Abril siempre ha demostrado gran interés en ellos.

Las condiciones en mi casa se están dando para que Abril y los perros pasen más tiempo juntos y espero que así sea hasta que pueda ella, tener su propio compañero al que tenga que cuidar, alimentar, pasear, etc…

Eso sí, algunas reglas que deben tener claro son: lavarse bien las manos después de jugar con ellos y no molestarlos cuando comen. Después todo OK. Un dato adicional: no compren un cachorrito pensando en sus hijos pequeños. Los perros cuando cachorros juegan y dependiendo de la raza tienen más capacidad para hacer daño, aunque para ellos solo se trate de un juego y no tengan la intención de atacar a nuestros niños. Lo mejor es un perro de algunos dos años, maduro, más calmado (aunque no pasa para todas las razas. Algunos dicen que hay algunas razas recomendadas para niños como los beagles, bóxer, labradores o golden retriever sin embargo mucho influye la crianza del perro. Creo que debe escogerse de acuerdo a la edad de nuestros hijos y a las condiciones del lugar en que vivirán.

Traten bien a sus mascotas que ese mismo ejemplo seguirán sus hijos.

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La velocidad relativa

Los libros ya no caben en mis estantes así que ayer recogí algunos y los llevé a la desechería. Nada que lamentar: eran libros que llegaron a casa sin que yo se lo pidiera, libros que nunca pude leer o, sencillamente, libros que me negué a abrir. Mientras hacía la selección de los descartados tuve en mis manos Paradiso, de José Lezama Lima. Me di cuenta de que ya hace casi 20 años que lo compré –el 25 de octubre de 1994, para ser exactos- y que durante todo este tiempo se me ha resistido tenazmente. Sé que empecé a leerlo en ese lejano octubre, nada más comprarlo, y no pasé de las primeras cuarenta páginas; luego, periódicamente, he insistido en su lectura varias veces y siempre he fracasado.

A Paradiso, en cualquier caso, siempre lo he relacionado con la velocidad o, para ser exactos, con la velocidad relativa, un concepto físico que intentaré exponer en unas breves palabras. Pocos meses después de abandonar por primera vez la lectura de Paradiso devoré La vuelta al día en ochenta mundos, de mi querido Julio Cortázar que, casualmente, dedica ahí un capítulo al libro de Lezama Lima. Cortázar se muestra asombrado por la novela y cuenta que “en diez días, interrumpiéndome para respirar y darle su leche a mi gato Teodoro W. Adorno, he leído Paradiso”. ¡Diez días, pensé yo! ¡Eso es un récord! Yo llevaba, por aquel entonces, ya casi cuatro meses con la novela del cubano y seguía atascado. Me confortó, eso sí, que Cortázar admitiera que “leer a Lezama es una de las tareas más arduas y con frecuencia más irritante que puedan darse”.

En fin, que siguieron pasando los meses, como ya sabéis, y en 1997 cayó en mis manos el Dietari de Pere Gimferrer. Casi se me salieron los ojos de sus órbitas –bueno, miento, no les ocurrió nada a mis ojos- al leer lo que sigue, en un párrafo de su anotación llamada Un cartel turístico: “Siempre recordaré que en un viaje en tren Madrid-Barcelona leí, entera, la primera edición cubana de Paradiso, de Lezama Lima”. ¡Dios mío! Aún suponiendo que la RENFE funcionara tan mal como acostumbra –la anécdota de Gimferrer sucedió, se deduce, a finales de los 60- el viaje de Madrid a Barcelona no podría haber durado más de 10 horas, tirando a largo, sumando apagones, huelgas y descarrilamientos. ¡Leer Paradiso en horas! ¡Increíble! Da la casualidad de que, en esa época en la que yo me torturaba con Paradiso, a Pere Gimferrer solía verle pasear por la barcelonesa calle Provença, los viernes al mediodía, mientras yo esperaba a unos amigos con los que solía almorzar ese día de la semana. Durante meses, viernes tras viernes, quise armarme de valor y detener a Gimferrer y espetarle a la cara: “Eso de que leyó Paradiso en un viaje en tren, ¿se lo inventó, no? ¿O fue en el Orient Express?”. Nunca me atreví: no sé si visteis nunca a Gimferrer pasear por la calle, lo cierto es que daba un poco de miedo.    

¿Vosotros habéis leído Paradiso? ¿En cuánto tiempo? ¿Más que mis veinte años, veinte años que siguen contando? Porque Paradiso, por supuesto, sigue en su estante, le salvé de la desechería, y no pienso morirme sin vencerle.
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