¿Guitarra o Batería? Elegir a los 3 años de edad.

Ese ha sido nuestro dilema estas Navidades.

En este post trataré de explicar nuestra experiencia y los porqués de nuestra decisión a la hora de elegir el regalo musical de Navidad.

La decisión estaba entre una guitarra o una batería. Por ambos instrumentos había mostrado un gran interés anteriormente.

Pues resulta que, después de estudiar las dos posibilidades he descubierto que es mucho más recomendable regalar uno que otro a los 3 años. ¿Quieres saber cual? A continuación te cuento con detalle como he tomado yo esta decisión y los argumentos que he tenido en cuenta en cada caso.

La guitarra

Parece que a Alonso le gusta tanto la música como a mi. Hace ya varios meses que dice que quiere una guitarra, por lo que he tenido el tiempo suficiente de informarme al respecto.

El pasado verano, en una de nuestras visitas de fin de semana a las jugueterías, vio una guitarra de juguete que en realidad no es una guitarra, sino simplemente un juguete. El juguete en cuestión es incapaz de emitir nota alguna. Tan solo reproduce un riff de guitarra cuando se pulsa el botón del sonido y un armónico cuando se aprieta el golpeador de la caja.

Independientemente de esto, a Alonso le hizo una ilusión tremenda a sus 2 años y medio tener una guitarra parecida a la de papá, pues (salvo en el color) imita al modelo de guitarra que yo uso.

Pasado un tiempo (creo que fue en octubre) estaba yo tocando mi guitarra y Alonso con la suya colgada imitando cada rasgueo. De pronto me interrumpe y me dice:

-“Papá, quiero una laguitara”.
-“Pero tu ya tienes esta tan chula Alonso” (le contesté señalando la de juguete que tenía colgada del cuello.
-“No, pero esta no sena. ¿Ves?” y con la mano derecha rasgo las cuerdas. El sonido era de cuerdas de lata flacidas. Nada que ver con el sonido de una guitarra, la verdad.
-“Yo quero como eta” Dijo señalando la que yo estaba tocando. “Que sena mucho”.


Tenía más razón que un santo. La pronunciación no sería perfecta, pero el mensaje estaba clarísimo. Así, me puse a investigar sobre el tema de guitarras para niños pequeños.

Pregunté a algunos profesores de guitarra, leí en algunos foros de expertos e incluso conseguí alguna opinión personal de un amigo que le había regalado una a sus hijas cuando tenían 3 años.

La experiencia de mi amigo fue nefasta. Compró una guitarra en Imaginarium que, según la dependienta era una guitarra real para aprender a tocar música, solo que más pequeña para adaptarla a los niños pequeños. Mi amigo (que también toca la guitarra y algo de esto sabe) se llevó una decepción cuando se dio cuenta de que esta guitarra ni era afinable ni estaba octavada

Aclaración sobre el término ‘octavada’:esto es que, entre una nota en una cuerda y una nota ‘supuestamente’ una octava más aguda en la misma cuerda no hay realmente una octava. Es decir, que cuando se supone que de un traste a otro hay un semitono, pues no es real. Y este problema, en este tipo de guitarras, simplemente no es subsanable.

En cuanto a las fuente profesionales que consulte todas me dijeron lo mismo. Hay varios productos en el mercado que se venden a partir de 3, 4 o 5 años. Algunos en jugueterías y otros en tiendas de música.

Sin embargo, todos me desaconsejaron la compra de estos. Estas guitarras no se pueden calificar de ‘instrumentos’, son simples juguetes. Bueno, no tan simples. Según me apuntó alguno, en algún caso pueden ser incluso contraproducentes para la educación musical del niño. Esto es debido a que el niño va a practicar con una guitarra que emite unas notas erróneas. Al final interpretará los intervalos que toca como reales y le impedirá reconocer fácilmente los intervalos reales. Esto es, que acabará acostumbrandose a unos sonidos que representan el do y el mi (por ejemplo) que no se corresponden realmente con do y mi. Cuando crezca y utilice instrumentos bien calibrados tal vez le cueste más identificarlos.

Es un poco como desaprender las cosas en vez de aprenderlas. (Como dirían en La Bola de Cristal)

La batería

Desde siempre ha demostrado un gran interés por los instrumentos de percusión. Supongo que cuando son más bebés es habitual esta tendencia, pues la sicomotricidad fina todavía no está tan desarrollada como la gruesa, y un golpe les genera un sonido mucho más preciso que la habilidad que se necesita para, por ejemplo, hacer una escala en un piano.

Sin embargo, durante el mes de septiembre noté que esta tendencia por este tipo de instrumentos. Me fijé que, aparte de un sentido del ritmo que no veía en sus amigos, ya no se limitaba a utilizar el tambor o el xilófono. Una de sus actividades favoritas consistía en coger el tambor, el bongo, los dos xilófonos,… cajas de cartón, cubos,… cualquier cosa susceptible de producir ruido al ser golpeada… y las colocaba todas juntas, en linea o en semicírculo a su alrededor. Con las baquetas del tambor, las de los xilófonos o incluso con dos piezas largas de construcción se dedicaba a hacer ritmos con los distintos ‘tambores’ y ‘bombos’ que había construido.

Lo primero que noté es que no era simplemente ruido. Inventaba un patrón y lo repetía una y otra vez. Al principio con poca precisión, pero según aumentaba la práctica se iba pareciendo más a un ritmo. La mayoría de las veces acababa bailando con el resto del cuerpo y la cabeza al ritmo que tocaba.

Otra detalle que me llamó la atención es que no solo tocaba esas baterías improvisadas, sino que con la voz ‘cantaba’ el sonido que el imaginaba que debía de emitir cada instrumento. Así cantaba “pum pum pa, pum pum pa, pum pum pa,…”

Hasta que un día comprendí que se había fijado en los baterías que había visto en la tele (supongo). Fue cuando estaba tocando una de estas ‘baterías’ caseras y tarareaba “pum pum pum pa!, pum pum pum pa!, pum pum pum pa!…” y de repente, con una baqueta da un golpe en el aire y dice “¡Pssshh!”.

¡Acababa de tocar un plato imaginario!. Realmente se estaba imaginando que tocaba una batería real. Seguramente la había visto en algún video de los Cantajuego, o en algún programa de la tele. Pero estaba jugando ha repetir los movimientos de algún batería.

Le pregunté si quería tener una batería y el me dijo que quería “muchos tambores”. “¿Con un plato que haga Pshhh?” le pregunte. “¡Siiii! ¡Bieeen!” me contestó.

Así fue como decidimos que el regalo musical de estas navidades sería una batería y no una guitarra.

Después de buscar vimos que las mejores opciones estaban en un modelo que comercializa Toys’r’Us y otro de la cadena Imaginarium. Aunque parecían bastante similares en precio y calidad nos decidimos por el de Imaginarium por sus acabados en metal en vez de plástico (a pesar de ser un poquito más cara).

La guitarra también vendrá, pero prefiero esperar a que sus manos sean un poco más grandes y tal vez el año que viene o el siguiente comprarle unas guitarras eléctricas ‘de verdad’ que lo único que tienen son menos trastes. Electrica: porque hace falta hacer menos fuerza para presionar las cuerdas y con menos trastes por que esto hace que sea más pequeña, manejable y menos pesada (entre otras cosas).

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¿Guitarra o Batería? Elegir a los 3 años de edad.

Ese ha sido nuestro dilema estas Navidades.

En este post trataré de explicar nuestra experiencia y los porqués de nuestra decisión a la hora de elegir el regalo musical de Navidad.

La decisión estaba entre una guitarra o una batería. Por ambos instrumentos había mostrado un gran interés anteriormente.

Pues resulta que, después de estudiar las dos posibilidades he descubierto que es mucho más recomendable regalar uno que otro a los 3 años. ¿Quieres saber cual? A continuación te cuento con detalle como he tomado yo esta decisión y los argumentos que he tenido en cuenta en cada caso.

La guitarra

Parece que a Alonso le gusta tanto la música como a mi. Hace ya varios meses que dice que quiere una guitarra, por lo que he tenido el tiempo suficiente de informarme al respecto.

El pasado verano, en una de nuestras visitas de fin de semana a las jugueterías, vio una guitarra de juguete que en realidad no es una guitarra, sino simplemente un juguete. El juguete en cuestión es incapaz de emitir nota alguna. Tan solo reproduce un riff de guitarra cuando se pulsa el botón del sonido y un armónico cuando se aprieta el golpeador de la caja.

Independientemente de esto, a Alonso le hizo una ilusión tremenda a sus 2 años y medio tener una guitarra parecida a la de papá, pues (salvo en el color) imita al modelo de guitarra que yo uso.

Pasado un tiempo (creo que fue en octubre) estaba yo tocando mi guitarra y Alonso con la suya colgada imitando cada rasgueo. De pronto me interrumpe y me dice:

-“Papá, quiero una laguitara”.
-“Pero tu ya tienes esta tan chula Alonso” (le contesté señalando la de juguete que tenía colgada del cuello.
-“No, pero esta no sena. ¿Ves?” y con la mano derecha rasgo las cuerdas. El sonido era de cuerdas de lata flacidas. Nada que ver con el sonido de una guitarra, la verdad.
-“Yo quero como eta” Dijo señalando la que yo estaba tocando. “Que sena mucho”.


Tenía más razón que un santo. La pronunciación no sería perfecta, pero el mensaje estaba clarísimo. Así, me puse a investigar sobre el tema de guitarras para niños pequeños.

Pregunté a algunos profesores de guitarra, leí en algunos foros de expertos e incluso conseguí alguna opinión personal de un amigo que le había regalado una a sus hijas cuando tenían 3 años.

La experiencia de mi amigo fue nefasta. Compró una guitarra en Imaginarium que, según la dependienta era una guitarra real para aprender a tocar música, solo que más pequeña para adaptarla a los niños pequeños. Mi amigo (que también toca la guitarra y algo de esto sabe) se llevó una decepción cuando se dio cuenta de que esta guitarra ni era afinable ni estaba octavada

Aclaración sobre el término ‘octavada’:esto es que, entre una nota en una cuerda y una nota ‘supuestamente’ una octava más aguda en la misma cuerda no hay realmente una octava. Es decir, que cuando se supone que de un traste a otro hay un semitono, pues no es real. Y este problema, en este tipo de guitarras, simplemente no es subsanable.

En cuanto a las fuente profesionales que consulte todas me dijeron lo mismo. Hay varios productos en el mercado que se venden a partir de 3, 4 o 5 años. Algunos en jugueterías y otros en tiendas de música.

Sin embargo, todos me desaconsejaron la compra de estos. Estas guitarras no se pueden calificar de ‘instrumentos’, son simples juguetes. Bueno, no tan simples. Según me apuntó alguno, en algún caso pueden ser incluso contraproducentes para la educación musical del niño. Esto es debido a que el niño va a practicar con una guitarra que emite unas notas erróneas. Al final interpretará los intervalos que toca como reales y le impedirá reconocer fácilmente los intervalos reales. Esto es, que acabará acostumbrandose a unos sonidos que representan el do y el mi (por ejemplo) que no se corresponden realmente con do y mi. Cuando crezca y utilice instrumentos bien calibrados tal vez le cueste más identificarlos.

Es un poco como desaprender las cosas en vez de aprenderlas. (Como dirían en La Bola de Cristal)

La batería

Desde siempre ha demostrado un gran interés por los instrumentos de percusión. Supongo que cuando son más bebés es habitual esta tendencia, pues la sicomotricidad fina todavía no está tan desarrollada como la gruesa, y un golpe les genera un sonido mucho más preciso que la habilidad que se necesita para, por ejemplo, hacer una escala en un piano.

Sin embargo, durante el mes de septiembre noté que esta tendencia por este tipo de instrumentos. Me fijé que, aparte de un sentido del ritmo que no veía en sus amigos, ya no se limitaba a utilizar el tambor o el xilófono. Una de sus actividades favoritas consistía en coger el tambor, el bongo, los dos xilófonos,… cajas de cartón, cubos,… cualquier cosa susceptible de producir ruido al ser golpeada… y las colocaba todas juntas, en linea o en semicírculo a su alrededor. Con las baquetas del tambor, las de los xilófonos o incluso con dos piezas largas de construcción se dedicaba a hacer ritmos con los distintos ‘tambores’ y ‘bombos’ que había construido.

Lo primero que noté es que no era simplemente ruido. Inventaba un patrón y lo repetía una y otra vez. Al principio con poca precisión, pero según aumentaba la práctica se iba pareciendo más a un ritmo. La mayoría de las veces acababa bailando con el resto del cuerpo y la cabeza al ritmo que tocaba.

Otra detalle que me llamó la atención es que no solo tocaba esas baterías improvisadas, sino que con la voz ‘cantaba’ el sonido que el imaginaba que debía de emitir cada instrumento. Así cantaba “pum pum pa, pum pum pa, pum pum pa,…”

Hasta que un día comprendí que se había fijado en los baterías que había visto en la tele (supongo). Fue cuando estaba tocando una de estas ‘baterías’ caseras y tarareaba “pum pum pum pa!, pum pum pum pa!, pum pum pum pa!…” y de repente, con una baqueta da un golpe en el aire y dice “¡Pssshh!”.

¡Acababa de tocar un plato imaginario!. Realmente se estaba imaginando que tocaba una batería real. Seguramente la había visto en algún video de los Cantajuego, o en algún programa de la tele. Pero estaba jugando ha repetir los movimientos de algún batería.

Le pregunté si quería tener una batería y el me dijo que quería “muchos tambores”. “¿Con un plato que haga Pshhh?” le pregunte. “¡Siiii! ¡Bieeen!” me contestó.

Así fue como decidimos que el regalo musical de estas navidades sería una batería y no una guitarra.

Después de buscar vimos que las mejores opciones estaban en un modelo que comercializa Toys’r’Us y otro de la cadena Imaginarium. Aunque parecían bastante similares en precio y calidad nos decidimos por el de Imaginarium por sus acabados en metal en vez de plástico (a pesar de ser un poquito más cara).

La guitarra también vendrá, pero prefiero esperar a que sus manos sean un poco más grandes y tal vez el año que viene o el siguiente comprarle unas guitarras eléctricas ‘de verdad’ que lo único que tienen son menos trastes. Electrica: porque hace falta hacer menos fuerza para presionar las cuerdas y con menos trastes por que esto hace que sea más pequeña, manejable y menos pesada (entre otras cosas).

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Notas excelentes

Hasta el año que viene no habrá más cole, así que hoy Alonso ha traido sus primeras notas del cole.

Las notas incluyen infinidad de puntos en los cuales Alonso ha sacado una nota excelente o muy buena en todos. Bueno, en todos menos uno.

Como ya comentaba el otro día, nos preocupa un poco su pronunciación. Pues bien, las notas confirman nuestas sospechas. Necesita mejorar este punto. Lo consultaremos en la reunión del día 11 de enero.

Por lo demás parece que no habrá sorpresas en la reunión.

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Notas excelentes

Hasta el año que viene no habrá más cole, así que hoy Alonso ha traido sus primeras notas del cole.

Las notas incluyen infinidad de puntos en los cuales Alonso ha sacado una nota excelente o muy buena en todos. Bueno, en todos menos uno.

Como ya comentaba el otro día, nos preocupa un poco su pronunciación. Pues bien, las notas confirman nuestas sospechas. Necesita mejorar este punto. Lo consultaremos en la reunión del día 11 de enero.

Por lo demás parece que no habrá sorpresas en la reunión.

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Versionando los Clásicos

Cada vez más a menudo, a la hora de dormir Alonso nos pide que le contemos cuentos. Pero no le vale un cuento cualquiera. Tiene que ser el que el pide en cada momento y en la “versión adaptada” para él.

Tal vez sea algo más común de lo que me parece, pero lo cierto es que yo no recuerdo que mis padres hiciesen esto conmigo.

Se trata de versionar los cuentos clásicos para adaptarlos al entorno actual que el niño conoce. Así, los tres cerditos ya no son los que conocíamos. Ahora son Alonso, “Santi-Ago” e Iván (estos últimos son los niños que, por lo visto, se sientan con el en clase).

Con los siete henanitos creí que casi tenía que llamar al colegio, pero al final tire de lista de invitados en el pasado cumpleaños y alguno que fue aportando él mismo.

El otro día, en casa de mis padres, le pidió al abuelo que le contase “Los Tres Cerditos”. Mi padre, que todavía se lo sabe de memoria se lo empezó acontar. Pero Alonso no conocía a esos cerditos que no tenían nombre. Así que interrumpió al abuelo y le dijo “Abú, tu no sabes el pento. No es así”.

El caso es que me estoy volviendo un artista de la improvisación sobre la marcha en lo que a cuentos se refiere.

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Versionando los Clásicos

Cada vez más a menudo, a la hora de dormir Alonso nos pide que le contemos cuentos. Pero no le vale un cuento cualquiera. Tiene que ser el que el pide en cada momento y en la “versión adaptada” para él.

Tal vez sea algo más común de lo que me parece, pero lo cierto es que yo no recuerdo que mis padres hiciesen esto conmigo.

Se trata de versionar los cuentos clásicos para adaptarlos al entorno actual que el niño conoce. Así, los tres cerditos ya no son los que conocíamos. Ahora son Alonso, “Santi-Ago” e Iván (estos últimos son los niños que, por lo visto, se sientan con el en clase).

Con los siete henanitos creí que casi tenía que llamar al colegio, pero al final tire de lista de invitados en el pasado cumpleaños y alguno que fue aportando él mismo.

El otro día, en casa de mis padres, le pidió al abuelo que le contase “Los Tres Cerditos”. Mi padre, que todavía se lo sabe de memoria se lo empezó acontar. Pero Alonso no conocía a esos cerditos que no tenían nombre. Así que interrumpió al abuelo y le dijo “Abú, tu no sabes el pento. No es así”.

El caso es que me estoy volviendo un artista de la improvisación sobre la marcha en lo que a cuentos se refiere.

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m’ijo, el fulanito 2011-12-09 18:44:00

Pipí, popó, caca…
Por: Má
Tenemos ya unos dos o tres meses que comenzamos con este relajo de la quitada del pañal y hemos tenido de todo, buenos días con mucho interés por parte del fulanito por usar su nica, días en los que avisa súper bien y ahora, justo en este momento estamos como estancados, no avisa, no quiere utilizar su nica y tampoco quiere que le cambiemos el calzoncito entrenador cuando hay que hacerlo.
Digamos que el fulanito también incluyó en la famosa y sufrible etapa del “no” todo lo que tiene que ver con el control de esfínteres y sinceramente, estoy un poco desesperada….
En el kinder la maestra me dijo que ya era hora de quitarle el calzoncito entrenador y ponerle los de tela, pero nuestra experiencia no fue la mejor ya que el chamaco no pasó más de media hora seco, aún tenia gripa y por ahí de los 5 o 6 cambios de ropa, chon, calcetines y todo lo demás mi niño ya no quiso usar calzones de tela. Llorando mientras me abrazaba me decía: “mamá no…” así que me puse a llorar junto con él mientras le decía que tampoco sabia que hacer… Comprendi que ni el fulanito ni yo estábamos listos aún para semejante paso en época de frío y menos con gripa y tos.  Por supuesto después tuvo que ser atendido con antibiótico por la tremenda mojada.
He buscado mucho en Internet y casi todas las paginas dicen lo mismo: no quitar el pañal antes de tiempo, no regañar, tener paciencia y ser constante, lo que no te dicen es que en lo que tu hijo aprende a avisar bien andará  mojado, “firmando” en cuanto lugar se siente, acueste o camine y que su aprendizaje no será inmediato así que Má o Pá se la pasaran lavando ropa, sillas, sillones, cama, ropa de cama, calcetines, zapatos etc.
Precisamente por esto ultimo decidí que aún no era tiempo porque el fulanito aun no avisa del todo, y mientras anduvo con su calzoncito de tela no supo lo que pasaba, nunca hizo la asociación de pipi con la mojada de pantalón, él creía que era agua… así que el calzón de tela duró solo un día y tendrá que esperar un poco más antes de ser utilizado nuevamente con todo y las advertencias de las misses  profetizando un “retroceso” por parte de mi chamaco, pero hay que ser realistas, este retroceso seguro aparecería con la llegada del hermanito, quien no tarda en aparecer.
Aquí les comparto los puntos más importantes del método que usan en el kinder del fulanito y que hemos seguido, con sus variaciones claro dependiendo de la situación. Les pido el favor de criticarlo, retroalimentarlo, mejorarlo o compartir su experiencia para enriquecerlo y hacer que este proceso sea lo menos frustrante, sufrible y podamos transitarlo con tranquilidad y poyar a nuestro chamaco en semejante paso.
  1. Tener la bacinica siempre en el mismo lugar
  2. Preguntarle cada 1 ½ hr o 2 hrs  si quiere hacer pipí o popó
  3. Si dice que si acompañarlo al baño y enseñarle a que se baje pantalones y calzoncito.
  4. Si dice que no, no hay que obligarlo. Solo si no ha ido al baño en unas 3 horas hay que llevarlo a su “nica”
  5. Debe permanecer sentado a lo más 5 minutos (realmente lo dejamos hasta que le fulanito dice que no quiere, porque hay veces que quiere permanecer sentado y resulta que es porque va a hacer popó)
  6. Si hizo pipí o popó, hay que felicitarlo, abrazarlo, acariciarlo en el momento para que sepa el motivo de las felicitaciones
  7. Hay que enseñarle a que se limpie el solito para que aprenda poco a poco y los papás lo ayudemos cada vez menos
  8. Hay que lavarle las manos para crearle el habito desde pequeños
  9. Si moja el calzoncito no hay que enojarse ni regañarlo, hay que decirle que no pasa nada, que fue un accidente pero que tiene que hace pipi o popo en la bacinica. Hay que llevarlo al baño y sentarlo, si hace del baño, por menos que sea hay que felicitarlo y hacerle comentarios positivos.
  10. Es importante que no permanezca mojado para que se acostumbre a estar seco y él mismo evite estar mojado
Si alguien más cuida a tu chamaco, es importante compartir estos pasos para que el chamaco encuentre congruencia con lo que se hace en casa, escuela y con os abuelos por ejemplo.
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m’ijo, el fulanito 2011-12-09 18:44:00

Pipí, popó, caca…
Por: Má
Tenemos ya unos dos o tres meses que comenzamos con este relajo de la quitada del pañal y hemos tenido de todo, buenos días con mucho interés por parte del fulanito por usar su nica, días en los que avisa súper bien y ahora, justo en este momento estamos como estancados, no avisa, no quiere utilizar su nica y tampoco quiere que le cambiemos el calzoncito entrenador cuando hay que hacerlo.
Digamos que el fulanito también incluyó en la famosa y sufrible etapa del “no” todo lo que tiene que ver con el control de esfínteres y sinceramente, estoy un poco desesperada….
En el kinder la maestra me dijo que ya era hora de quitarle el calzoncito entrenador y ponerle los de tela, pero nuestra experiencia no fue la mejor ya que el chamaco no pasó más de media hora seco, aún tenia gripa y por ahí de los 5 o 6 cambios de ropa, chon, calcetines y todo lo demás mi niño ya no quiso usar calzones de tela. Llorando mientras me abrazaba me decía: “mamá no…” así que me puse a llorar junto con él mientras le decía que tampoco sabia que hacer… Comprendi que ni el fulanito ni yo estábamos listos aún para semejante paso en época de frío y menos con gripa y tos.  Por supuesto después tuvo que ser atendido con antibiótico por la tremenda mojada.
He buscado mucho en Internet y casi todas las paginas dicen lo mismo: no quitar el pañal antes de tiempo, no regañar, tener paciencia y ser constante, lo que no te dicen es que en lo que tu hijo aprende a avisar bien andará  mojado, “firmando” en cuanto lugar se siente, acueste o camine y que su aprendizaje no será inmediato así que Má o Pá se la pasaran lavando ropa, sillas, sillones, cama, ropa de cama, calcetines, zapatos etc.
Precisamente por esto ultimo decidí que aún no era tiempo porque el fulanito aun no avisa del todo, y mientras anduvo con su calzoncito de tela no supo lo que pasaba, nunca hizo la asociación de pipi con la mojada de pantalón, él creía que era agua… así que el calzón de tela duró solo un día y tendrá que esperar un poco más antes de ser utilizado nuevamente con todo y las advertencias de las misses  profetizando un “retroceso” por parte de mi chamaco, pero hay que ser realistas, este retroceso seguro aparecería con la llegada del hermanito, quien no tarda en aparecer.
Aquí les comparto los puntos más importantes del método que usan en el kinder del fulanito y que hemos seguido, con sus variaciones claro dependiendo de la situación. Les pido el favor de criticarlo, retroalimentarlo, mejorarlo o compartir su experiencia para enriquecerlo y hacer que este proceso sea lo menos frustrante, sufrible y podamos transitarlo con tranquilidad y poyar a nuestro chamaco en semejante paso.
  1. Tener la bacinica siempre en el mismo lugar
  2. Preguntarle cada 1 ½ hr o 2 hrs  si quiere hacer pipí o popó
  3. Si dice que si acompañarlo al baño y enseñarle a que se baje pantalones y calzoncito.
  4. Si dice que no, no hay que obligarlo. Solo si no ha ido al baño en unas 3 horas hay que llevarlo a su “nica”
  5. Debe permanecer sentado a lo más 5 minutos (realmente lo dejamos hasta que le fulanito dice que no quiere, porque hay veces que quiere permanecer sentado y resulta que es porque va a hacer popó)
  6. Si hizo pipí o popó, hay que felicitarlo, abrazarlo, acariciarlo en el momento para que sepa el motivo de las felicitaciones
  7. Hay que enseñarle a que se limpie el solito para que aprenda poco a poco y los papás lo ayudemos cada vez menos
  8. Hay que lavarle las manos para crearle el habito desde pequeños
  9. Si moja el calzoncito no hay que enojarse ni regañarlo, hay que decirle que no pasa nada, que fue un accidente pero que tiene que hace pipi o popo en la bacinica. Hay que llevarlo al baño y sentarlo, si hace del baño, por menos que sea hay que felicitarlo y hacerle comentarios positivos.
  10. Es importante que no permanezca mojado para que se acostumbre a estar seco y él mismo evite estar mojado
Si alguien más cuida a tu chamaco, es importante compartir estos pasos para que el chamaco encuentre congruencia con lo que se hace en casa, escuela y con os abuelos por ejemplo.
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m’ijo, el fulanito 2011-12-09 18:44:00

Pipí, popó, caca…
Por: Má
Tenemos ya unos dos o tres meses que comenzamos con este relajo de la quitada del pañal y hemos tenido de todo, buenos días con mucho interés por parte del fulanito por usar su nica, días en los que avisa súper bien y ahora, justo en este momento estamos como estancados, no avisa, no quiere utilizar su nica y tampoco quiere que le cambiemos el calzoncito entrenador cuando hay que hacerlo.
Digamos que el fulanito también incluyó en la famosa y sufrible etapa del “no” todo lo que tiene que ver con el control de esfínteres y sinceramente, estoy un poco desesperada….
En el kinder la maestra me dijo que ya era hora de quitarle el calzoncito entrenador y ponerle los de tela, pero nuestra experiencia no fue la mejor ya que el chamaco no pasó más de media hora seco, aún tenia gripa y por ahí de los 5 o 6 cambios de ropa, chon, calcetines y todo lo demás mi niño ya no quiso usar calzones de tela. Llorando mientras me abrazaba me decía: “mamá no…” así que me puse a llorar junto con él mientras le decía que tampoco sabia que hacer… Comprendi que ni el fulanito ni yo estábamos listos aún para semejante paso en época de frío y menos con gripa y tos.  Por supuesto después tuvo que ser atendido con antibiótico por la tremenda mojada.
He buscado mucho en Internet y casi todas las paginas dicen lo mismo: no quitar el pañal antes de tiempo, no regañar, tener paciencia y ser constante, lo que no te dicen es que en lo que tu hijo aprende a avisar bien andará  mojado, “firmando” en cuanto lugar se siente, acueste o camine y que su aprendizaje no será inmediato así que Má o Pá se la pasaran lavando ropa, sillas, sillones, cama, ropa de cama, calcetines, zapatos etc.
Precisamente por esto ultimo decidí que aún no era tiempo porque el fulanito aun no avisa del todo, y mientras anduvo con su calzoncito de tela no supo lo que pasaba, nunca hizo la asociación de pipi con la mojada de pantalón, él creía que era agua… así que el calzón de tela duró solo un día y tendrá que esperar un poco más antes de ser utilizado nuevamente con todo y las advertencias de las misses  profetizando un “retroceso” por parte de mi chamaco, pero hay que ser realistas, este retroceso seguro aparecería con la llegada del hermanito, quien no tarda en aparecer.
Aquí les comparto los puntos más importantes del método que usan en el kinder del fulanito y que hemos seguido, con sus variaciones claro dependiendo de la situación. Les pido el favor de criticarlo, retroalimentarlo, mejorarlo o compartir su experiencia para enriquecerlo y hacer que este proceso sea lo menos frustrante, sufrible y podamos transitarlo con tranquilidad y poyar a nuestro chamaco en semejante paso.
  1. Tener la bacinica siempre en el mismo lugar
  2. Preguntarle cada 1 ½ hr o 2 hrs  si quiere hacer pipí o popó
  3. Si dice que si acompañarlo al baño y enseñarle a que se baje pantalones y calzoncito.
  4. Si dice que no, no hay que obligarlo. Solo si no ha ido al baño en unas 3 horas hay que llevarlo a su “nica”
  5. Debe permanecer sentado a lo más 5 minutos (realmente lo dejamos hasta que le fulanito dice que no quiere, porque hay veces que quiere permanecer sentado y resulta que es porque va a hacer popó)
  6. Si hizo pipí o popó, hay que felicitarlo, abrazarlo, acariciarlo en el momento para que sepa el motivo de las felicitaciones
  7. Hay que enseñarle a que se limpie el solito para que aprenda poco a poco y los papás lo ayudemos cada vez menos
  8. Hay que lavarle las manos para crearle el habito desde pequeños
  9. Si moja el calzoncito no hay que enojarse ni regañarlo, hay que decirle que no pasa nada, que fue un accidente pero que tiene que hace pipi o popo en la bacinica. Hay que llevarlo al baño y sentarlo, si hace del baño, por menos que sea hay que felicitarlo y hacerle comentarios positivos.
  10. Es importante que no permanezca mojado para que se acostumbre a estar seco y él mismo evite estar mojado
Si alguien más cuida a tu chamaco, es importante compartir estos pasos para que el chamaco encuentre congruencia con lo que se hace en casa, escuela y con os abuelos por ejemplo.
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Lección de generosidad

La semana pasada me volvió a pasar, una vez más, Sara me dejó de piedra, me dejó seco, sin saber si reír de alegría o llorar de emoción, dándome una nueva lección y recordándome cuánto tenemos que aprender de los niños.


La escena era muy sencilla, habíamos vuelto a casa y Sara iba a merendar; se estaba bebiendo la leche, pero le apetecían más unos Aspitos que no tenía muy claro de donde habían llegado.


Como Sara bebe poca leche y no le quedaba mucha, le dije que cuando se acabara la leche se podía comer uno; ella se quejaba y decía que no bebía y que se lo diera, pero yo le insistía en que se bebiera primero la leche o no había Aspitos; ella lo volvió a intentar pero me vio que yo estaba firme y que no se lo iba a dar. Cuando parecía que la situación se iba a complicar e íbamos a acabar ambos enfadados, pensó un instante, cogió la taza, y se bebió la leche de un sorbo.


  • Muy bien, Sara, ves qué rápido te lo has bebido, toma, ya te lo puedes comer.


Y le di el Aspito; y ella empezó a saborearlo, a morderlo poco a poco y a disfrutarlo. Tanto le gustaba que de nuevo se paró, me miró y me dijo:


  • ¿Quieres, papá?


  • No, gracias, cariño – le dije, cuando en realidad pensaba – tienes un corazón grande y generoso, Sara.

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Lección de generosidad

La semana pasada me volvió a pasar, una vez más, Sara me dejó de piedra, me dejó seco, sin saber si reír de alegría o llorar de emoción, dándome una nueva lección y recordándome cuánto tenemos que aprender de los niños.


La escena era muy sencilla, habíamos vuelto a casa y Sara iba a merendar; se estaba bebiendo la leche, pero le apetecían más unos Aspitos que no tenía muy claro de donde habían llegado.


Como Sara bebe poca leche y no le quedaba mucha, le dije que cuando se acabara la leche se podía comer uno; ella se quejaba y decía que no bebía y que se lo diera, pero yo le insistía en que se bebiera primero la leche o no había Aspitos; ella lo volvió a intentar pero me vio que yo estaba firme y que no se lo iba a dar. Cuando parecía que la situación se iba a complicar e íbamos a acabar ambos enfadados, pensó un instante, cogió la taza, y se bebió la leche de un sorbo.


  • Muy bien, Sara, ves qué rápido te lo has bebido, toma, ya te lo puedes comer.


Y le di el Aspito; y ella empezó a saborearlo, a morderlo poco a poco y a disfrutarlo. Tanto le gustaba que de nuevo se paró, me miró y me dijo:


  • ¿Quieres, papá?


  • No, gracias, cariño – le dije, cuando en realidad pensaba – tienes un corazón grande y generoso, Sara.

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