Desayunando breakfast taco

“Los días rojos son terribles y en esos momentos lo único que me viene bien es ir a Tiffany’s, porque nada malo me puede ocurrir allí.” (Breakfast at Tiffany’s, 1961)   Ya sabéis que el desayuno es la comida mas importante del día ¿no?, pues descubro que aquí se lo toman en serio, y no […]

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¿A cuál quieres más?

Dale play al tema de fondo…

Nunca falta quien haga la tonta pregunta a un padre de múltiples… “¿y a cuál quieres más?”… igualmente nunca falta un padre de múltiples que ante la tonta pregunta dé una aún más tonta respuesta… “¡los quiero a todos por igual!”.

No es cierto, un padre de múltiples nunca quiere igual a todos sus hijos, siempre hay uno al que quiere más. Debo confesar que me pasa a mí mismo desde el primer día. En alguna oportunidad he estado jugando con dos de los trillizos sin poder en ese mismo instante dejar de pensar en el tercero. He sentido algún día en la noche que extraño tremendamente a uno en particular. He estado triste por no tener a uno a mi lado.

Es así como lo comento, no hay duda, el detalle está en que ese que quieres más cambia continuamente, cada día, cada vez que algo ocurre. Quieres más al que está enfermo, al que por alguna razón está alejado, al que aún no camina cuando los demás si, al que aún no repite una palabra cuando los demás si, al que tenga algún problema, al que no comió bien o al que sientas que no le has dedicado suficiente tiempo últimamente. Pensarás más en ese que quieres más, serás más paciente con él y le dedicarás más tiempo. El que quieres más será un privilegiado.

Cuando nacieron y teníamos dos en casa mientras Piojo1 aún estaba en incubadora en terapia intensiva, no hay duda que lo quería más a él.
Cuando las primeras semanas la Princesa se ahogaba continuamente con los buches y había que aspirarla de emergencia con una máquina, seguramente la quise más a ella.
Cuando Piojo2 estuvo enfermo por semanas por la no detectada alergia a la leche de vaca, lo quise más a él.
Cuando hubo un mes en que Piojo1 no aumentó de peso…
Cuando Piojo2 es impaciente y llora más que los hermanos…
Cuando a la que menos cargo es a la Princesa porque siempre me dan a los otros que pesan más…

Es imposible quererlos a todos por igual. Hoy no vi a Piojo2 en todo el día porque estaba con la abuela, ¡hoy lo quiero más a él!.

PapaDe3.

PD: Si haces click en la publicidad de abajo un pañal nos sale gratis… 😉  

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¿A cuál quieres más?

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Nunca falta quien haga la tonta pregunta a un padre de múltiples… “¿y a cuál quieres más?”… igualmente nunca falta un padre de múltiples que ante la tonta pregunta dé una aún más tonta respuesta… “¡los quiero a todos por igual!”.

No es cierto, un padre de múltiples nunca quiere igual a todos sus hijos, siempre hay uno al que quiere más. Debo confesar que me pasa a mí mismo desde el primer día. En alguna oportunidad he estado jugando con dos de los trillizos sin poder en ese mismo instante dejar de pensar en el tercero. He sentido algún día en la noche que extraño tremendamente a uno en particular. He estado triste por no tener a uno a mi lado.

Es así como lo comento, no hay duda, el detalle está en que ese que quieres más cambia continuamente, cada día, cada vez que algo ocurre. Quieres más al que está enfermo, al que por alguna razón está alejado, al que aún no camina cuando los demás si, al que aún no repite una palabra cuando los demás si, al que tenga algún problema, al que no comió bien o al que sientas que no le has dedicado suficiente tiempo últimamente. Pensarás más en ese que quieres más, serás más paciente con él y le dedicarás más tiempo. El que quieres más será un privilegiado.

Cuando nacieron y teníamos dos en casa mientras Piojo1 aún estaba en incubadora en terapia intensiva, no hay duda que lo quería más a él.
Cuando las primeras semanas la Princesa se ahogaba continuamente con los buches y había que aspirarla de emergencia con una máquina, seguramente la quise más a ella.
Cuando Piojo2 estuvo enfermo por semanas por la no detectada alergia a la leche de vaca, lo quise más a él.
Cuando hubo un mes en que Piojo1 no aumentó de peso…
Cuando Piojo2 es impaciente y llora más que los hermanos…
Cuando a la que menos cargo es a la Princesa porque siempre me dan a los otros que pesan más…

Es imposible quererlos a todos por igual. Hoy no vi a Piojo2 en todo el día porque estaba con la abuela, ¡hoy lo quiero más a él!.

PapaDe3.

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Lingos

Hace unos meses conocimos virtualmente a Sandra, una chica que hace cosas muy chulas que muestra en su blog Lingosworld. Cuando nos conoció nos ofreció mandarnos un LINGO para cada cada uno, porque resulta que son mágicos, que despiertan sonrisas, “como los churros” decía. Así que cada uno eligió un animalito. Guzmán un gatito, y Martina un delfín. Nos llegaron la semana pasada y tengo que confirmar que son mágicos; desde entonces no han parado de sonreír cada vez que los ven y los cogen. El gatito ya se llamaba Vito, pero al delfín le hemos tenido que bautizar, de hecho es delfina, la delfina Luna. Gracias, Sandra, por enviarnos sonrisas con formas de animales de colores tan chulos.

Por cierto, Guzmán siempre dice que si sonríes al gatito, el gatito te sonríe.

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Lingos

Hace unos meses conocimos virtualmente a Sandra, una chica que hace cosas muy chulas que muestra en su blog Lingosworld. Cuando nos conoció nos ofreció mandarnos un LINGO para cada cada uno, porque resulta que son mágicos, que despiertan sonrisas, “como los churros” decía. Así que cada uno eligió un animalito. Guzmán un gatito, y Martina un delfín. Nos llegaron la semana pasada y tengo que confirmar que son mágicos; desde entonces no han parado de sonreír cada vez que los ven y los cogen. El gatito ya se llamaba Vito, pero al delfín le hemos tenido que bautizar, de hecho es delfina, la delfina Luna. Gracias, Sandra, por enviarnos sonrisas con formas de animales de colores tan chulos.

Por cierto, Guzmán siempre dice que si sonríes al gatito, el gatito te sonríe.

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Saca ese Gandalf que llevas dentro

Cuando sientas que ese demonio que te persigue detrás pisándote los talones está a punto de cogerte. Ese demonio cargado de miedos, inseguridades, cargado de esos “¿lo conseguiremos?”, ese demonio cargado de fatalidades, pesimismo, debilidad, frustración y victimismo, ese demonio que tan cerca has sentido por las noches y que incluso ha habitado tu propia piel, ese demonio que te incomoda con su aliento cada vez que te asomas a un rayo de sol… 

Cuando le sientas cerca y a punto de atraparte a ti y a toda esa compañía que hace tu travesía más liviana, la positividad, el coraje, las sonrisas, la fe, la conexión, el aquí y el ahora, recuerda que llevas un Gandalf dentro cargado de magia, luz y determinación y dile a ese demonio exactamente lo mismo que dijo él y que lo escuche bien alto: ¡¡NO PUEDES PASAR!!

Quizás te caigas. Quizás te agarre y creas que desapareces. Pero no te equivoques. Si lo haces será para volver lleno de luz y poder.

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Saca ese Gandalf que llevas dentro

Cuando sientas que ese demonio que te persigue detrás pisándote los talones está a punto de cogerte. Ese demonio cargado de miedos, inseguridades, cargado de esos “¿lo conseguiremos?”, ese demonio cargado de fatalidades, pesimismo, debilidad, frustración y victimismo, ese demonio que tan cerca has sentido por las noches y que incluso ha habitado tu propia piel, ese demonio que te incomoda con su aliento cada vez que te asomas a un rayo de sol… 

Cuando le sientas cerca y a punto de atraparte a ti y a toda esa compañía que hace tu travesía más liviana, la positividad, el coraje, las sonrisas, la fe, la conexión, el aquí y el ahora, recuerda que llevas un Gandalf dentro cargado de magia, luz y determinación y dile a ese demonio exactamente lo mismo que dijo él y que lo escuche bien alto: ¡¡NO PUEDES PASAR!!

Quizás te caigas. Quizás te agarre y creas que desapareces. Pero no te equivoques. Si lo haces será para volver lleno de luz y poder.

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El embarazo en adolescentes, un drama que va en aumento en América Latina

Redacción Internacional, 10 may (EFE).- La alta incidencia de embarazos en adolescentes en Latinoamérica, solo superada por África, no solo persiste sino que va en aumento, lo que supone un freno para el desarrollo de la región. 
Entre 25 y 108 de cada 1.000 jóvenes de 15 a 19 años son madres en los países de América Latina y el Caribe, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que ponen de relieve la alarmante situación de la maternidad adolescente.
La mayor proporción de embarazos adolescentes de la región se registra en varios países de Centroamérica como Nicaragua, Honduras y Guatemala, así como en Venezuela, República Dominicana y Ecuador.
Mientras los índices de maternidad tienden a disminuir en todos los grupos de edad de los países de la región, continúan en aumento en el grupo de adolescentes de entre 15 y 19 años.
Las adolescentes prácticamente han duplicado su aporte a la fecundidad total, pasando a representar un 14,3 % en 2000-2005, según la CEPAL.
Este incremento se da en países con distinto nivel de desarrollo económico, nivel educativo e incidencia de la pobreza, lo que revela la complejidad del fenómeno.
El embarazo adolescente también pone de relieve la violencia sexual contra las mujeres.
Una de las regiones más afectadas por este problema es Centroamérica, donde Nicaragua encabeza la lista, ya que el 27 por ciento de las nicaragüenses que tienen entre 15 y 19 años son madres.
De la población de mujeres embarazadas en Honduras, el 30 por ciento son menores de 18 años, según registros de la Secretaría de Salud.
Según un reciente estudio de la Fiscalía de la Niñez hondureña, el 50 por ciento de los embarazos en menores tienen su origen en violaciones. En muchos casos, los violadores de las menores de edad son sus familiares.
En El Salvador la mayoría de embarazos en adolescentes también están relacionados con la violencia sexual, dijo recientemente el coordinador residente del Sistema de Naciones Unidas en este país centroamericano, Roberto Valent.
En 2010, del total de mujeres salvadoreñas víctimas de violencia sexual, un 84 por ciento fueron niñas y adolescentes menores de 20 años y un 16 por ciento menores de 10 años, según datos de la ONU.
En El Salvador también se ha observado una relación entre el suicidio y el embarazo adolescente, ya que entre todas las mujeres que mueren entre 10 y 19 años de edad la principal causa de muerte, según los datos del Ministerio de Salud, es el suicidio.
Los casos de embarazos de adolescentes se han incrementado de forma alarmante en Guatemala en los últimos años.
Según la Encuesta Nacional Materno Infantil 2008-2009, existen en el país 114 madres de 10 a 20 años, por cada mil habitantes.
En Costa Rica el embarazo precoz sigue siendo un problema, mientras que en Panamá la cantidad de menores embarazadas ha disminuido en los dos últimos años.
Venezuela está a la cabeza de embarazos juveniles en Suramérica.
El Gobierno venezolano lanzó en diciembre pasado campañas publicitarias e inició talleres de educación sexual en las escuelas, mientras que el presidente Hugo Chávez calificó de “alarmantes” las cifras de embarazos precoces y reveló que de los 591.303 partos de 2010, 130.888 fueron de menores de 19 años y 7.778 de madres menores de 15 años.
Tras Venezuela, una de las tasas más altas de América Latina se registra en Ecuador, donde más del 17 % de las jóvenes de entre 15 y 19 años son madres.
El Gobierno ecuatoriano se ha planteado como meta reducir para 2013 en un 25 % los embarazos entre adolescentes para lo que invertirá 29 millones de dólares este año y 28 millones en 2013 en una campaña que tiene como eslogan “Habla Serio. Sexualidad sin misterios”.
En República Dominicana, donde el 20 % de los embarazos que se registran corresponden a menores de edad, el gobierno también ha puesto en marcha recientemente el Plan Nacional de Prevención del Embarazo en la Adolescencia, cuya ejecución está prevista hasta 2016.
Otro aspecto a destacar es el de alta mortalidad materna entre las adolescentes. Los embarazos en adolescentes representan la tercera causa de muerte en la nación caribeña.
En Colombia, donde cada día 19 niñas menores de 15 años alumbran un niño y 90 de cada mil adolescentes resultan embarazadas cada año, lo que más preocupa también es la alta mortalidad de mujeres gestantes pese a que el 97 % de los partos son atendidos en hospitales.
El 15,6 por ciento de los nacidos vivos en Argentina son de madres adolescentes, pero la cifra aumenta en las provincias más pobres del país, como la norteña Chaco, donde asciende al 25,7 por ciento, según datos oficiales. En el otro extremo se encuentra la ciudad de Buenos Aires, donde el 6,8 por ciento de los niños son de madres menores de 20 años.
En Uruguay, el porcentaje de embarazos adolescentes es similar al del resto de Sudamérica. Entre 2000-2005 fue de 64 cada 1.000 mujeres.
Las mujeres paraguayas comienzan su etapa reproductiva a edad temprana: el 10,2% de las adolescentes entre 15 y 19 años y el 45,5 por ciento de las jóvenes de 20 a 24 años han tenido al menos un embarazo. Paraguay registra una tasa alta de fecundidad adolescente, con 63 nacimientos por cada 1.000 mujeres, según datos de 2008.
En Bolivia también preocupa el aumento de embarazos en adolescentes de entre 12 a 18 años, que subió de 18 % en 2008 a 25 % en 2011, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).
Mientras en Perú, un 13,5 % de adolescentes entre 15 y 19 años están embarazadas o ya son madres (unas 4.279), según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (Endes) de 2011, una cifra que se ha mantenido casi sin variación durante los últimos 10 años.
Una de las tasas de fecundidad general más bajas de América Latina y el Caribe la tiene Cuba, aunque ese indicador general se supera en grupos específicos como las mujeres de entre 15 y 24 años de edad.

Copyright (c) Agencia EFE, S.A. 2011, todos los derechos reservados
FUENTE: http://noticias.latam.msn.com/xl/latinoamerica/el-embarazo-en-adolescentes-un-drama-que-va-en-aumento-en-am%C3%A9rica-latina-41

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El embarazo en adolescentes, un drama que va en aumento en América Latina

Redacción Internacional, 10 may (EFE).- La alta incidencia de embarazos en adolescentes en Latinoamérica, solo superada por África, no solo persiste sino que va en aumento, lo que supone un freno para el desarrollo de la región. 
Entre 25 y 108 de cada 1.000 jóvenes de 15 a 19 años son madres en los países de América Latina y el Caribe, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que ponen de relieve la alarmante situación de la maternidad adolescente.
La mayor proporción de embarazos adolescentes de la región se registra en varios países de Centroamérica como Nicaragua, Honduras y Guatemala, así como en Venezuela, República Dominicana y Ecuador.
Mientras los índices de maternidad tienden a disminuir en todos los grupos de edad de los países de la región, continúan en aumento en el grupo de adolescentes de entre 15 y 19 años.
Las adolescentes prácticamente han duplicado su aporte a la fecundidad total, pasando a representar un 14,3 % en 2000-2005, según la CEPAL.
Este incremento se da en países con distinto nivel de desarrollo económico, nivel educativo e incidencia de la pobreza, lo que revela la complejidad del fenómeno.
El embarazo adolescente también pone de relieve la violencia sexual contra las mujeres.
Una de las regiones más afectadas por este problema es Centroamérica, donde Nicaragua encabeza la lista, ya que el 27 por ciento de las nicaragüenses que tienen entre 15 y 19 años son madres.
De la población de mujeres embarazadas en Honduras, el 30 por ciento son menores de 18 años, según registros de la Secretaría de Salud.
Según un reciente estudio de la Fiscalía de la Niñez hondureña, el 50 por ciento de los embarazos en menores tienen su origen en violaciones. En muchos casos, los violadores de las menores de edad son sus familiares.
En El Salvador la mayoría de embarazos en adolescentes también están relacionados con la violencia sexual, dijo recientemente el coordinador residente del Sistema de Naciones Unidas en este país centroamericano, Roberto Valent.
En 2010, del total de mujeres salvadoreñas víctimas de violencia sexual, un 84 por ciento fueron niñas y adolescentes menores de 20 años y un 16 por ciento menores de 10 años, según datos de la ONU.
En El Salvador también se ha observado una relación entre el suicidio y el embarazo adolescente, ya que entre todas las mujeres que mueren entre 10 y 19 años de edad la principal causa de muerte, según los datos del Ministerio de Salud, es el suicidio.
Los casos de embarazos de adolescentes se han incrementado de forma alarmante en Guatemala en los últimos años.
Según la Encuesta Nacional Materno Infantil 2008-2009, existen en el país 114 madres de 10 a 20 años, por cada mil habitantes.
En Costa Rica el embarazo precoz sigue siendo un problema, mientras que en Panamá la cantidad de menores embarazadas ha disminuido en los dos últimos años.
Venezuela está a la cabeza de embarazos juveniles en Suramérica.
El Gobierno venezolano lanzó en diciembre pasado campañas publicitarias e inició talleres de educación sexual en las escuelas, mientras que el presidente Hugo Chávez calificó de “alarmantes” las cifras de embarazos precoces y reveló que de los 591.303 partos de 2010, 130.888 fueron de menores de 19 años y 7.778 de madres menores de 15 años.
Tras Venezuela, una de las tasas más altas de América Latina se registra en Ecuador, donde más del 17 % de las jóvenes de entre 15 y 19 años son madres.
El Gobierno ecuatoriano se ha planteado como meta reducir para 2013 en un 25 % los embarazos entre adolescentes para lo que invertirá 29 millones de dólares este año y 28 millones en 2013 en una campaña que tiene como eslogan “Habla Serio. Sexualidad sin misterios”.
En República Dominicana, donde el 20 % de los embarazos que se registran corresponden a menores de edad, el gobierno también ha puesto en marcha recientemente el Plan Nacional de Prevención del Embarazo en la Adolescencia, cuya ejecución está prevista hasta 2016.
Otro aspecto a destacar es el de alta mortalidad materna entre las adolescentes. Los embarazos en adolescentes representan la tercera causa de muerte en la nación caribeña.
En Colombia, donde cada día 19 niñas menores de 15 años alumbran un niño y 90 de cada mil adolescentes resultan embarazadas cada año, lo que más preocupa también es la alta mortalidad de mujeres gestantes pese a que el 97 % de los partos son atendidos en hospitales.
El 15,6 por ciento de los nacidos vivos en Argentina son de madres adolescentes, pero la cifra aumenta en las provincias más pobres del país, como la norteña Chaco, donde asciende al 25,7 por ciento, según datos oficiales. En el otro extremo se encuentra la ciudad de Buenos Aires, donde el 6,8 por ciento de los niños son de madres menores de 20 años.
En Uruguay, el porcentaje de embarazos adolescentes es similar al del resto de Sudamérica. Entre 2000-2005 fue de 64 cada 1.000 mujeres.
Las mujeres paraguayas comienzan su etapa reproductiva a edad temprana: el 10,2% de las adolescentes entre 15 y 19 años y el 45,5 por ciento de las jóvenes de 20 a 24 años han tenido al menos un embarazo. Paraguay registra una tasa alta de fecundidad adolescente, con 63 nacimientos por cada 1.000 mujeres, según datos de 2008.
En Bolivia también preocupa el aumento de embarazos en adolescentes de entre 12 a 18 años, que subió de 18 % en 2008 a 25 % en 2011, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).
Mientras en Perú, un 13,5 % de adolescentes entre 15 y 19 años están embarazadas o ya son madres (unas 4.279), según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (Endes) de 2011, una cifra que se ha mantenido casi sin variación durante los últimos 10 años.
Una de las tasas de fecundidad general más bajas de América Latina y el Caribe la tiene Cuba, aunque ese indicador general se supera en grupos específicos como las mujeres de entre 15 y 24 años de edad.

Copyright (c) Agencia EFE, S.A. 2011, todos los derechos reservados
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Despilfarro con la comida

Me encuentro hoy en la revista de Intermon Oxfam una entrevista con Tristram Stuart, haciendo referencia a su libro Despilfarro: el escándalo global de la comida. En dicho libro critica la cantidad de comida que se tira en el mundo y lo que podemos hacer de manera individual para luchar contra ello, y entre los consejos que enumera en la revista, rescato uno que quiero comentar:

Enseña a tus hijos que deben acabarse todo lo que hay en el plato y haz tú lo mismo. No olvides que eres un modelo para ellos.”

Así leído, parece que suena bastante evidente, como muchos del resto de consejos, pero cuando me pongo a pensar en el día a día con las niñas y en las comidas con amigos y familiares, veo que lo de acabar TODO (y siempre) ya no es tan sencillo. Seguramente os vendrán a la mente esas comidas copiosas y cumpleaños en que se juntan los restos antes de llevarlo a la cocina, e incluso esa tarta tan exquisita que alguien ha dejado a medias; o el niño que no quiere comer y deja el plato sin acabar y guarreado. ¡Pero es que es inevitable! Bueno, traduciendo los consejos del libro a la alimentación infantil, tendríamos estas sugerencias:

  • Ajustar la cantidad que se compra o cocina.- ajustando de una vez a otra, podemos conseguir que no sobre comida, y huir del pensamiento de que si no sobra, es que hubiera comido más. Personalmente me duele cuando escucho frases como “haz pasta de más, total, si es muy barata” o “aunque no creo que se lo coma, le voy a hacer la papilla de 90 ml”.
  • Poner menos cantidad de comida en el plato y, si después quieren más, repetir. A veces ponemos tal cantidad de comida a los niños, que parece que el plato les abruma, sabiendo antes de empezar que no podrán con él. Seguro que es más gratificante para ellos, especialmente para los “malos comedores”, acabarse el plato entero y tener que pedir más.
  • No permitirles jugar y guarrear la comida, de manera que aquello que no se coma se pueda guardar para después, o sino también
  • pásale al que tienes al lado lo que no te puedas comer. Si se ha ajustado la cantidad de comida al cocinar, es posible que lo que uno no se coma lo quiera otro.
  • Y si aun así sobra comida, pues guardarla o congelarla para otra ocasión en que nos quedemos escasos o que decidamos comer de “sobras”.

Todo ello les hará valorar la importancia que tiene la comida, y además se les puede explicar que la comida no nos la regalan y que hay muchos niños que pasan hambre no muy lejos. Por cierto, que estas sugerencias en clave infantil también valen para mayores que, volviendo al principio, somos el modelo que damos a nuestros hijos de un modo especial, pero también al resto de niños de manera general.
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Despilfarro con la comida

Me encuentro hoy en la revista de Intermon Oxfam una entrevista con Tristram Stuart, haciendo referencia a su libro Despilfarro: el escándalo global de la comida. En dicho libro critica la cantidad de comida que se tira en el mundo y lo que podemos hacer de manera individual para luchar contra ello, y entre los consejos que enumera en la revista, rescato uno que quiero comentar:

Enseña a tus hijos que deben acabarse todo lo que hay en el plato y haz tú lo mismo. No olvides que eres un modelo para ellos.”

Así leído, parece que suena bastante evidente, como muchos del resto de consejos, pero cuando me pongo a pensar en el día a día con las niñas y en las comidas con amigos y familiares, veo que lo de acabar TODO (y siempre) ya no es tan sencillo. Seguramente os vendrán a la mente esas comidas copiosas y cumpleaños en que se juntan los restos antes de llevarlo a la cocina, e incluso esa tarta tan exquisita que alguien ha dejado a medias; o el niño que no quiere comer y deja el plato sin acabar y guarreado. ¡Pero es que es inevitable! Bueno, traduciendo los consejos del libro a la alimentación infantil, tendríamos estas sugerencias:

  • Ajustar la cantidad que se compra o cocina.- ajustando de una vez a otra, podemos conseguir que no sobre comida, y huir del pensamiento de que si no sobra, es que hubiera comido más. Personalmente me duele cuando escucho frases como “haz pasta de más, total, si es muy barata” o “aunque no creo que se lo coma, le voy a hacer la papilla de 90 ml”.
  • Poner menos cantidad de comida en el plato y, si después quieren más, repetir. A veces ponemos tal cantidad de comida a los niños, que parece que el plato les abruma, sabiendo antes de empezar que no podrán con él. Seguro que es más gratificante para ellos, especialmente para los “malos comedores”, acabarse el plato entero y tener que pedir más.
  • No permitirles jugar y guarrear la comida, de manera que aquello que no se coma se pueda guardar para después, o sino también
  • pásale al que tienes al lado lo que no te puedas comer. Si se ha ajustado la cantidad de comida al cocinar, es posible que lo que uno no se coma lo quiera otro.
  • Y si aun así sobra comida, pues guardarla o congelarla para otra ocasión en que nos quedemos escasos o que decidamos comer de “sobras”.

Todo ello les hará valorar la importancia que tiene la comida, y además se les puede explicar que la comida no nos la regalan y que hay muchos niños que pasan hambre no muy lejos. Por cierto, que estas sugerencias en clave infantil también valen para mayores que, volviendo al principio, somos el modelo que damos a nuestros hijos de un modo especial, pero también al resto de niños de manera general.
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Papi, ¿porqué el boxeo es un deporte?

En días recientes se dio la tan esperada pelea de boxeo entre el puertorriqueño Miguel Cotto y el estadounidense  Floyd Mayweather .  Unos amigos nos invitaron a verla en su casa y aceptamos la invitación.

Allí estábamos, sentados frente al televisor con los nervios de punta esperando el inicio del combate. Suena la campana e inicia la pelea. Cotto entra directo alternando golpes al rostro y al cuerpo. Sin embargo el contraataque del estadounidense fue efectivo.

A medida que pasaban los rounds se hacía evidente el castigo que ambos púgiles estaban recibiendo. De repente, ¡Bam!,  gancho de derecha de mi chiqui con una de sus famosas preguntas:

─ Papi, ¿porqué el boxeo es un deporte si se dan golpes?

©2012-Carlos Torres
─Ehhhh, no sé.

─Y entonces, ¿escogen personas que se odien mucho?

─No sé. ¿Por qué preguntas?

─Pues, porque veo que se dan golpes hasta sacarse sangre y se ponen bien feos. Quiere decir que se odian mucho y por eso no debe ser un deporte. Se supone que los deportes son para divertirse, ¿no?

─Creo que tienes razón.

Otra vez me he quedado sin palabras.

¿Qué aprendí de esto?

Los niños tienen una óptica muy distinta a la de los adultos y evidentemente debemos estar más pendientes a lo que los exponemos. A mí me ha quedado muy claro que no veré más boxeo frente a ella. Y ustedes, ¿qué opinan?

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Papi, ¿porqué el boxeo es un deporte?

En días recientes se dio la tan esperada pelea de boxeo entre el puertorriqueño Miguel Cotto y el estadounidense  Floyd Mayweather .  Unos amigos nos invitaron a verla en su casa y aceptamos la invitación.

Allí estábamos, sentados frente al televisor con los nervios de punta esperando el inicio del combate. Suena la campana e inicia la pelea. Cotto entra directo alternando golpes al rostro y al cuerpo. Sin embargo el contraataque del estadounidense fue efectivo.

A medida que pasaban los rounds se hacía evidente el castigo que ambos púgiles estaban recibiendo. De repente, ¡Bam!,  gancho de derecha de mi chiqui con una de sus famosas preguntas:

─ Papi, ¿porqué el boxeo es un deporte si se dan golpes?

©2012-Carlos Torres
─Ehhhh, no sé.

─Y entonces, ¿escogen personas que se odien mucho?

─No sé. ¿Por qué preguntas?

─Pues, porque veo que se dan golpes hasta sacarse sangre y se ponen bien feos. Quiere decir que se odian mucho y por eso no debe ser un deporte. Se supone que los deportes son para divertirse, ¿no?

─Creo que tienes razón.

Otra vez me he quedado sin palabras.

¿Qué aprendí de esto?

Los niños tienen una óptica muy distinta a la de los adultos y evidentemente debemos estar más pendientes a lo que los exponemos. A mí me ha quedado muy claro que no veré más boxeo frente a ella. Y ustedes, ¿qué opinan?

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Con los nervios nerviosos…

Creo que soy más bien un tipo tranquilo, conciliador. Es increíble lo que unos cuantos días de trasnocho acumulados y dos bebés llorando de madrugada pueden hacer sobre un tipo tranquilo…

Han sido varias las veces en que MamaDe3 y yo hemos terminado discutiendo a las 3am por cualquier cosa… porque a esa hora le tocaba pararse al otro, porque alguno había dicho que se hiciera algo que no se hizo, porque alguno esperó que se despertara o llorara más para atenderlo, porque lo estás durmiendo aquí justo en mi única hora de sueño, etc, etc…

No, no ha sido fácil, especialmente en los momentos de cansancio. Las discusiones han llegado en los momentos más complicados, como cuando han estado despertando mucho por los dientes o por alguna gripe que los tiene congestionados.

Afortunadamente hemos hecho algunas cosas bien y desafortunadamente otras mal. Entre la fortuna ha estado haber olvidado estas discusiones cada amanecer. Desafortunadamente alguna de esas veces terminamos discutiendo mientras cada uno cargaba a un bebé supuestamente tratando de dormirlo, en particular esto de discutir delante de los niños es algo terrible! casi barbárico!.

Hay que tener mucha fuerza de voluntad para mantener el buen genio una mañana después de haber dormido 2 o 3 horas por varios días seguidos. Muchas veces yo no lo he logrado. Lo bueno es que deberíamos empezar ya a dormir un poco más y que acá estamos para seguirlo intentando.

Como dicen por ahí, se le pueden poner a uno los nervios nerviosos…

PapaDe3.

PD: Si haces click en la publicidad de abajo un pañal nos sale gratis… 😉 

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Con los nervios nerviosos…

Creo que soy más bien un tipo tranquilo, conciliador. Es increíble lo que unos cuantos días de trasnocho acumulados y dos bebés llorando de madrugada pueden hacer sobre un tipo tranquilo…

Han sido varias las veces en que MamaDe3 y yo hemos terminado discutiendo a las 3am por cualquier cosa… porque a esa hora le tocaba pararse al otro, porque alguno había dicho que se hiciera algo que no se hizo, porque alguno esperó que se despertara o llorara más para atenderlo, porque lo estás durmiendo aquí justo en mi única hora de sueño, etc, etc…

No, no ha sido fácil, especialmente en los momentos de cansancio. Las discusiones han llegado en los momentos más complicados, como cuando han estado despertando mucho por los dientes o por alguna gripe que los tiene congestionados.

Afortunadamente hemos hecho algunas cosas bien y desafortunadamente otras mal. Entre la fortuna ha estado haber olvidado estas discusiones cada amanecer. Desafortunadamente alguna de esas veces terminamos discutiendo mientras cada uno cargaba a un bebé supuestamente tratando de dormirlo, en particular esto de discutir delante de los niños es algo terrible! casi barbárico!.

Hay que tener mucha fuerza de voluntad para mantener el buen genio una mañana después de haber dormido 2 o 3 horas por varios días seguidos. Muchas veces yo no lo he logrado. Lo bueno es que deberíamos empezar ya a dormir un poco más y que acá estamos para seguirlo intentando.

Como dicen por ahí, se le pueden poner a uno los nervios nerviosos…

PapaDe3.

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TOXICIDAD PÚBLICA

Es curioso cuanto menos el sumatorio de las cifras. Aunque las matemáticas, pese a lo que todo el mundo cree,  no son una ciencia exacta, a veces se aproxima. Ayudas públicas a Bankia 11.465 millones de euros. Recortes en sanidad y educación 10.00…

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El peso del tiempo. (Maratón inacabado)

Imagínate que un día te levantas de golpe con un chillido de alguien que te grita enaltecidamente al oído. Te incorporas. Te pones de pie, te miras. De repente llevas ropa de deportista, un dorsal y delante de ti hay una calle con un circuito trazado donde pone km. 0. Entonces, mirándote atónito, vuelves a escuchar el grito que oíste. ¡¡Vamos!! ¡¡Corre!!. E instintivamente te pones a correr. No sabes muy bien que pasa. Pero tú corres. Es lo que debes hacer. Pongamos que el deporte no es algo que hayas practicado demasiado a lo largo de tu vida. Digamos que la última vez fue cuando jugabas al rescate en el patio del colegio. Y tú estás ahí, corriendo.

Al principio, corres fuerte. Te ves vestido de deportista y te descubres corriendo; las endorfinas comienzan a dispararse y el subidón empieza a llegar. El problema es que cuando llegas a los 100m y vas a tope caes en la cuenta de que no sabes cuánto va a durar. Vaya, y ¿esto qué será? ¿una carrera de 100m, 400, un kilómetro…? Y cuando ves el cartel del primer kilómetro de la maratón, no te lo puedes creer. Tú, que no has corrido en tu vida. Que no has elegido correr. No has regulado al principio, has corrido dándolo todo y empiezas a fatigarte. Te planteas parar. Pero vuelves a escuchar. ¡¡¡CORRE!!! Y mucho más alto. Sabes que por algún motivo no puedes parar. Es un asunto grave. Importante. Sólo sabes que debes correr. Y así, sin quererlo, estás en el medio de algo que pensaste que nunca te tocaría en la vida.

Y piensas con afán de superación: “si estoy en estas, esto lo voy a correr, lo voy a hacer, lo voy a conseguir por mis santos cojones, y además lo voy a hacer de puta madre”. Y consigues producir aún más endorfinas para que el cerebro mantenga durante unos kilómetros más engañado al cuerpo. No sabes muy bien por qué pero unos metros después del kilómetro 5 te entran ganas de llorar. Y lloras profundamente. Tú no quieres correr. Te duelen las piernas. No estás preparado. Tú no eres deportista. No quieres estar en esa carrera. Y levantas la vista y ves la calle atestada de gente. Tu familia gritando ¡¡¡¡¡¡VENGA QUE TÚ PUEDES!!!!!! ¡¡¡¡VAMOS CAMPEÓN!!!!! ¡¡¡¡¡¡VAMOS!!!!!! ¡¡¡¡¡VAMOS!!!!, y la risa de los tuyos alentándote te contagia. Te hace sonreír, secarte las lágrimas, apretar los dientes y seguir convencido de que vas a terminar.

Sigues corriendo y ya no hay tanta gente. Pero empiezan a aparecer aquellos que no conoces, que te dan ánimos. Que te hacen superar el dolor en los brazos, las piernas. Que te dan una botella de agua cuando tienes sed. Que te sonríen y a los que sonríes… Y te dan energía para seguir.

El tiempo pasa. Ves pasar los 10 kilómetros. En general positivo. Con más fuerzas de las que jamás pensaste que ibas a tener. Sufres, pero sigues y con la mejor de las actitudes. 15 kilómetros y sigues corriendo. 17, vuelves a desfallecer, pero ahí vuelven a estar todos. Y son más, muchos más, ayudando. Apoyando. Y sigues. Llegas a los 20. Piensas: “la mitad; esto está chupado”. Y sigues corriendo. 21, tu primer calambre en una pierna, 22 en un brazo, 23. A los 25, por mirar tanto hacia delante, tropiezas con una piedra que no ves en el camino, te caes, te caes mal, y te haces una herida en la rodilla. Todo el mundo vuelve a estar ahí. Y tú vuelves a correr y vuelves a pensar. Voy a conseguirlo. Vamos a conseguirlo. Y sigues corriendo.

El cansancio es intolerable. Las piernas te empiezan a pesar, 27, la herida te vuelve a doler, 28, no entiendes por qué te ha tocado a ti correr, 29, y vuelves a pensar. Voy a conseguirlo. A los 30 aparece un dolor agudo que nunca habías tenido. Son las piernas, los pies con ampollas, los brazos… pero lo que más te duele es el alma. Y miras el cartel del kilómetro 30. “Todavía falta mucho para llegar al 42” -escuchas a tu cerebro. Estás muy cansado, agotado. No puedes más. Por otro lado, más bajito, escuchas una vocecita tenue que dice: “vamos, tú puedes, lo vas a conseguir”.

Y más o menos, más “más” que menos, así estoy. En medio de un maratón. Donde sé que falta poco para llegar, pero el tiempo pasa, y según pasa y pasa, pesa y pesa. Yo no elegí que mi hijo tuviera leucemia y se la diagnosticaron. Sé que vamos a llegar al final. Sé que estamos en esa lucha de no caernos y quedarnos en el suelo. Sé que mi actitud es más veces positiva que negativa. Sé que este camino me ha traído momentos de conciencia que nunca en mi vida había tenido. Pero estoy cansado de correr. Y cada fatiga o momento de debilidad se acumula al anterior. No es que ahora esté mal. No. Hoy sigo corriendo. Y las sonrisas de Guzmán me siguen iluminando el día para olvidarme de mis miedos. Pero esos días en los que no están ahí, los miedos me pillan desprevenido. Y me da miedo no llegar. Pero también me da miedo llegar y mirar hacia atrás pensando sólo en lo dura que fue la carrera y no en lo bueno que aprendimos en ella. Me da miedo no aprovechar esto para todo lo bueno que está surgiendo también entre nosotros. Y el equilibrio se hace complicado.

A un lado de la balanza esa sensación de piloto automático, de seguir corriendo sin que las piernas sean mías, las endorfinas que riegan mi cuerpo desde la cabeza hasta la punta de los dedos de los pies, haciéndome sentir más vivo que nunca, y creer, creer que voy a poder con esta carrera y con todo lo que se ponga por delante, creer que esta carrera nos va a cambiar a mejor para siempre. Y al otro lado, los calambres, el maldito flato que no me deja respirar, la camiseta empapada de sudor raspando su tejido sobre mi piel, el dolor en la planta de los pies, en las rodillas en cada zancada, y el cansancio que se apodera de la fe en lo que puedes llegar a hacer secuestrándola en una caverna…

Porque me siento muy identificado con lo que ha escrito Ainara en su último post, y cuanto más cerca me siento de la meta, más noto el peso del tiempo.

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El peso del tiempo. (Maratón inacabado)

Imagínate que un día te levantas de golpe con un chillido de alguien que te grita enaltecidamente al oído. Te incorporas. Te pones de pie, te miras. De repente llevas ropa de deportista, un dorsal y delante de ti hay una calle con un circuito trazado donde pone km. 0. Entonces, mirándote atónito, vuelves a escuchar el grito que oíste. ¡¡Vamos!! ¡¡Corre!!. E instintivamente te pones a correr. No sabes muy bien que pasa. Pero tú corres. Es lo que debes hacer. Pongamos que el deporte no es algo que hayas practicado demasiado a lo largo de tu vida. Digamos que la última vez fue cuando jugabas al rescate en el patio del colegio. Y tú estás ahí, corriendo.

Al principio, corres fuerte. Te ves vestido de deportista y te descubres corriendo; las endorfinas comienzan a dispararse y el subidón empieza a llegar. El problema es que cuando llegas a los 100m y vas a tope caes en la cuenta de que no sabes cuánto va a durar. Vaya, y ¿esto qué será? ¿una carrera de 100m, 400, un kilómetro…? Y cuando ves el cartel del primer kilómetro de la maratón, no te lo puedes creer. Tú, que no has corrido en tu vida. Que no has elegido correr. No has regulado al principio, has corrido dándolo todo y empiezas a fatigarte. Te planteas parar. Pero vuelves a escuchar. ¡¡¡CORRE!!! Y mucho más alto. Sabes que por algún motivo no puedes parar. Es un asunto grave. Importante. Sólo sabes que debes correr. Y así, sin quererlo, estás en el medio de algo que pensaste que nunca te tocaría en la vida.

Y piensas con afán de superación: “si estoy en estas, esto lo voy a correr, lo voy a hacer, lo voy a conseguir por mis santos cojones, y además lo voy a hacer de puta madre”. Y consigues producir aún más endorfinas para que el cerebro mantenga durante unos kilómetros más engañado al cuerpo. No sabes muy bien por qué pero unos metros después del kilómetro 5 te entran ganas de llorar. Y lloras profundamente. Tú no quieres correr. Te duelen las piernas. No estás preparado. Tú no eres deportista. No quieres estar en esa carrera. Y levantas la vista y ves la calle atestada de gente. Tu familia gritando ¡¡¡¡¡¡VENGA QUE TÚ PUEDES!!!!!! ¡¡¡¡VAMOS CAMPEÓN!!!!! ¡¡¡¡¡¡VAMOS!!!!!! ¡¡¡¡¡VAMOS!!!!, y la risa de los tuyos alentándote te contagia. Te hace sonreír, secarte las lágrimas, apretar los dientes y seguir convencido de que vas a terminar.

Sigues corriendo y ya no hay tanta gente. Pero empiezan a aparecer aquellos que no conoces, que te dan ánimos. Que te hacen superar el dolor en los brazos, las piernas. Que te dan una botella de agua cuando tienes sed. Que te sonríen y a los que sonríes… Y te dan energía para seguir.

El tiempo pasa. Ves pasar los 10 kilómetros. En general positivo. Con más fuerzas de las que jamás pensaste que ibas a tener. Sufres, pero sigues y con la mejor de las actitudes. 15 kilómetros y sigues corriendo. 17, vuelves a desfallecer, pero ahí vuelven a estar todos. Y son más, muchos más, ayudando. Apoyando. Y sigues. Llegas a los 20. Piensas: “la mitad; esto está chupado”. Y sigues corriendo. 21, tu primer calambre en una pierna, 22 en un brazo, 23. A los 25, por mirar tanto hacia delante, tropiezas con una piedra que no ves en el camino, te caes, te caes mal, y te haces una herida en la rodilla. Todo el mundo vuelve a estar ahí. Y tú vuelves a correr y vuelves a pensar. Voy a conseguirlo. Vamos a conseguirlo. Y sigues corriendo.

El cansancio es intolerable. Las piernas te empiezan a pesar, 27, la herida te vuelve a doler, 28, no entiendes por qué te ha tocado a ti correr, 29, y vuelves a pensar. Voy a conseguirlo. A los 30 aparece un dolor agudo que nunca habías tenido. Son las piernas, los pies con ampollas, los brazos… pero lo que más te duele es el alma. Y miras el cartel del kilómetro 30. “Todavía falta mucho para llegar al 42” -escuchas a tu cerebro. Estás muy cansado, agotado. No puedes más. Por otro lado, más bajito, escuchas una vocecita tenue que dice: “vamos, tú puedes, lo vas a conseguir”.

Y más o menos, más “más” que menos, así estoy. En medio de un maratón. Donde sé que falta poco para llegar, pero el tiempo pasa, y según pasa y pasa, pesa y pesa. Yo no elegí que mi hijo tuviera leucemia y se la diagnosticaron. Sé que vamos a llegar al final. Sé que estamos en esa lucha de no caernos y quedarnos en el suelo. Sé que mi actitud es más veces positiva que negativa. Sé que este camino me ha traído momentos de conciencia que nunca en mi vida había tenido. Pero estoy cansado de correr. Y cada fatiga o momento de debilidad se acumula al anterior. No es que ahora esté mal. No. Hoy sigo corriendo. Y las sonrisas de Guzmán me siguen iluminando el día para olvidarme de mis miedos. Pero esos días en los que no están ahí, los miedos me pillan desprevenido. Y me da miedo no llegar. Pero también me da miedo llegar y mirar hacia atrás pensando sólo en lo dura que fue la carrera y no en lo bueno que aprendimos en ella. Me da miedo no aprovechar esto para todo lo bueno que está surgiendo también entre nosotros. Y el equilibrio se hace complicado.

A un lado de la balanza esa sensación de piloto automático, de seguir corriendo sin que las piernas sean mías, las endorfinas que riegan mi cuerpo desde la cabeza hasta la punta de los dedos de los pies, haciéndome sentir más vivo que nunca, y creer, creer que voy a poder con esta carrera y con todo lo que se ponga por delante, creer que esta carrera nos va a cambiar a mejor para siempre. Y al otro lado, los calambres, el maldito flato que no me deja respirar, la camiseta empapada de sudor raspando su tejido sobre mi piel, el dolor en la planta de los pies, en las rodillas en cada zancada, y el cansancio que se apodera de la fe en lo que puedes llegar a hacer secuestrándola en una caverna…

Porque me siento muy identificado con lo que ha escrito Ainara en su último post, y cuanto más cerca me siento de la meta, más noto el peso del tiempo.

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CUSTODIA COMPARTIDA IMPUESTA: LA INVISIBILIZACIÓN DE LAS HIJAS E HIJOS.

La custodia compartida impuesta por vía judicial, sin acuerdo de los progenitores, ignora de forma deliberada los problemas a los que se enfrentan las y los hijos cuando sus padres se separan de forma conflictiva. Y esto no es una interpretación: es un hecho contrastado.
¿Qué factores han provocado que el principio del interés superior del niño y niña se haya visto relegado en los divorcios contenciosos?

En primer lugar, habría que hablar del afán igualitario que lleva a imponer una situación de falsa igualdad aun partiendo de una situación de desigualdad previa manifiesta y demostrada, sin que haya habido un reparto equitativo en el cumplimiento de las obligaciones concernientes a la educación y el cuidado de los hijos e hijas con anterioridad a la separación. Lo que es más grave: en algunos juzgados, la omisión de pruebas que demuestran la falta de corresponsabilidad previa, como por ejemplo los incumplimientos reiterados de los regímenes de visitas o los impagos voluntarios de pensiones de alimentos, se ha convertido en un hábito. Los antecedentes no importan: sólo importa la igualdad de derechos de los progenitores desde el momento de la separación. Las consecuencias, las conocemos: hijos e hijas mal atendidos, hijas e hijos en manos de terceros, hijas e hijos solos…….

Como consecuencia directa del anterior factor, obtenemos el siguiente: la priorización de los intereses de los adultos por encima del interés superior del hijo e hija. Especial relevancia están teniendo los intereses económicos que giran en torno a este tema; cuántas custodias compartidas se están solicitando para evitar el pago de pensiones de alimentos o para forzar el reparto del que fuera el domicilio familiar. Tristemente, este afán económico se enmascara con el deseo repentino de cuidar a los hijos/as aun cuando, en muchos casos, no existe tal deseo ni ha existido nunca. 

Tampoco podemos olvidar el colapso de los juzgados, en gran parte debido a la avalancha de solicitudes de modificación de medidas, que lleva a juicios demasiado breves, en los que no se estudian debidamente los casos, en los que se obvian las pruebas y las circunstancias que rodean el caso, con pruebas psicosociales muy superficiales y realizadas por personal sin la preparación suficiente. Por no hablar de la coacción a la que están sometiendo a muchas madres en las sesiones de mediación, en las pruebas psicosociales y en ocasiones hasta en el propio juicio para que pacten una custodia compartida aun sabiendo que va a ser perjudicial para sus hijos e hijas. ¿Quiénes están pagando principalmente la falta de medios, imparcialidad y preparación de los juzgados? Como no podía ser de otra forma, la parte más débil: las hijas e hijos. Las consecuencias están siendo nefastas. 

Otro factor importante a tener en cuenta es la falta de formación de los equipos psicosociales y del personal del propio juzgado. Es fundamental que cuenten con formación en psicología evolutiva, ya que las necesidades físicas, emocionales y relacionales de los hijos e hijas, varían enormemente en función de la etapa de desarrollo en que se encuentren. Pero tristemente, los informes de los equipos psicosociales y las sentencias por las que se impone la custodia compartida, denotan una ignorancia brutal acerca de las necesidades de los menores en sus distintas etapas evolutivas. Cambios diarios, semanales, mensuales: criterios arbitrarios que atentan contra los principios más básicos de psicología infantil y que están causando daños graves en la estabilidad emocional de las hijas e hijos. En muchos casos, se están rompiendo los vínculos de apego de forma tan desgarradora y colocando a los hijos e hijas en una situación de tal inestabilidad, que los daños psicológicos serán irreparables y persistirán en la vida adulta.
Pero en algunos casos, el factor causante es mucho más primario y sobradamente conocido a lo largo de la historia: los reductos de machismo que persisten en algunos juzgados, con personajes tan retrógrados como el juez Serrano, dando apoyo a las asociaciones neomachistas de padres separados. Su discurso falaz y victimista, protegido y fomentado por estos personajes de la judicatura, defensores del patriarcado más rancio, lo conocemos de sobra: todas las madres en proceso de separación buscan única y exclusivamente el máximo beneficio económico; todas las madres recurren a la denuncia falsa de un proceso de maltrato, todas las mujeres son malas, feminazis, aprovechadas, subvencionadas, vividoras, vagas y un largo etcétera….y ellos son las víctimas. Entre tanta misoginia, ¿dónde queda el interés del menor? No sabemos.

Que los hijos e hijas necesitan contar en sus vidas con la presencia de su padre y de su madre, cada uno de ellos/as con una función psicobiológica concreta y diferenciada, está claro. Pero los inconvenientes de la imposición de la custodia compartida también son muy claros: obliga a partir (que no compartir) a un hijo o hija entre dos progenitores que no han sido capaces de entenderse ni antes ni después de la separación. ¿Las consecuencias? Muy claras también: cambios constantes de entorno para los hijos e hijas, con la consiguiente sensación de desubicación e inseguridad, criterios educacionales contradictorios, que provocan ansiedad y agresividad, ruptura repentina de los vínculos de apego provocando graves desequilibrios emocionales, problemas de las hijas e hijos para respetar las rutinas y las normas, incomunicación entre progenitores y entre la hija o hijo y el progenitor con el que no conviven en ese periodo…y un largo etcétera.

Ya es hora de que se empiece a visibilizar a los hijos e hijas y a priorizar sus necesidades y su protección, poniendo encima de la mesa las graves consecuencias negativas que la imposición de esta medida, por mucho que se quieran esconder, tiene para ellos y ellas.

Fdo. Marcos López Garrido
Miembro de la Asociación Custodia en Positivo

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CUSTODIA COMPARTIDA IMPUESTA: LA INVISIBILIZACIÓN DE LAS HIJAS E HIJOS.

La custodia compartida impuesta por vía judicial, sin acuerdo de los progenitores, ignora de forma deliberada los problemas a los que se enfrentan las y los hijos cuando sus padres se separan de forma conflictiva. Y esto no es una interpretación: es un hecho contrastado.
¿Qué factores han provocado que el principio del interés superior del niño y niña se haya visto relegado en los divorcios contenciosos?

En primer lugar, habría que hablar del afán igualitario que lleva a imponer una situación de falsa igualdad aun partiendo de una situación de desigualdad previa manifiesta y demostrada, sin que haya habido un reparto equitativo en el cumplimiento de las obligaciones concernientes a la educación y el cuidado de los hijos e hijas con anterioridad a la separación. Lo que es más grave: en algunos juzgados, la omisión de pruebas que demuestran la falta de corresponsabilidad previa, como por ejemplo los incumplimientos reiterados de los regímenes de visitas o los impagos voluntarios de pensiones de alimentos, se ha convertido en un hábito. Los antecedentes no importan: sólo importa la igualdad de derechos de los progenitores desde el momento de la separación. Las consecuencias, las conocemos: hijos e hijas mal atendidos, hijas e hijos en manos de terceros, hijas e hijos solos…….

Como consecuencia directa del anterior factor, obtenemos el siguiente: la priorización de los intereses de los adultos por encima del interés superior del hijo e hija. Especial relevancia están teniendo los intereses económicos que giran en torno a este tema; cuántas custodias compartidas se están solicitando para evitar el pago de pensiones de alimentos o para forzar el reparto del que fuera el domicilio familiar. Tristemente, este afán económico se enmascara con el deseo repentino de cuidar a los hijos/as aun cuando, en muchos casos, no existe tal deseo ni ha existido nunca. 

Tampoco podemos olvidar el colapso de los juzgados, en gran parte debido a la avalancha de solicitudes de modificación de medidas, que lleva a juicios demasiado breves, en los que no se estudian debidamente los casos, en los que se obvian las pruebas y las circunstancias que rodean el caso, con pruebas psicosociales muy superficiales y realizadas por personal sin la preparación suficiente. Por no hablar de la coacción a la que están sometiendo a muchas madres en las sesiones de mediación, en las pruebas psicosociales y en ocasiones hasta en el propio juicio para que pacten una custodia compartida aun sabiendo que va a ser perjudicial para sus hijos e hijas. ¿Quiénes están pagando principalmente la falta de medios, imparcialidad y preparación de los juzgados? Como no podía ser de otra forma, la parte más débil: las hijas e hijos. Las consecuencias están siendo nefastas. 

Otro factor importante a tener en cuenta es la falta de formación de los equipos psicosociales y del personal del propio juzgado. Es fundamental que cuenten con formación en psicología evolutiva, ya que las necesidades físicas, emocionales y relacionales de los hijos e hijas, varían enormemente en función de la etapa de desarrollo en que se encuentren. Pero tristemente, los informes de los equipos psicosociales y las sentencias por las que se impone la custodia compartida, denotan una ignorancia brutal acerca de las necesidades de los menores en sus distintas etapas evolutivas. Cambios diarios, semanales, mensuales: criterios arbitrarios que atentan contra los principios más básicos de psicología infantil y que están causando daños graves en la estabilidad emocional de las hijas e hijos. En muchos casos, se están rompiendo los vínculos de apego de forma tan desgarradora y colocando a los hijos e hijas en una situación de tal inestabilidad, que los daños psicológicos serán irreparables y persistirán en la vida adulta.
Pero en algunos casos, el factor causante es mucho más primario y sobradamente conocido a lo largo de la historia: los reductos de machismo que persisten en algunos juzgados, con personajes tan retrógrados como el juez Serrano, dando apoyo a las asociaciones neomachistas de padres separados. Su discurso falaz y victimista, protegido y fomentado por estos personajes de la judicatura, defensores del patriarcado más rancio, lo conocemos de sobra: todas las madres en proceso de separación buscan única y exclusivamente el máximo beneficio económico; todas las madres recurren a la denuncia falsa de un proceso de maltrato, todas las mujeres son malas, feminazis, aprovechadas, subvencionadas, vividoras, vagas y un largo etcétera….y ellos son las víctimas. Entre tanta misoginia, ¿dónde queda el interés del menor? No sabemos.

Que los hijos e hijas necesitan contar en sus vidas con la presencia de su padre y de su madre, cada uno de ellos/as con una función psicobiológica concreta y diferenciada, está claro. Pero los inconvenientes de la imposición de la custodia compartida también son muy claros: obliga a partir (que no compartir) a un hijo o hija entre dos progenitores que no han sido capaces de entenderse ni antes ni después de la separación. ¿Las consecuencias? Muy claras también: cambios constantes de entorno para los hijos e hijas, con la consiguiente sensación de desubicación e inseguridad, criterios educacionales contradictorios, que provocan ansiedad y agresividad, ruptura repentina de los vínculos de apego provocando graves desequilibrios emocionales, problemas de las hijas e hijos para respetar las rutinas y las normas, incomunicación entre progenitores y entre la hija o hijo y el progenitor con el que no conviven en ese periodo…y un largo etcétera.

Ya es hora de que se empiece a visibilizar a los hijos e hijas y a priorizar sus necesidades y su protección, poniendo encima de la mesa las graves consecuencias negativas que la imposición de esta medida, por mucho que se quieran esconder, tiene para ellos y ellas.

Fdo. Marcos López Garrido
Miembro de la Asociación Custodia en Positivo

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SAHEL. NO AL OLVIDO.

No tenemos que sentirnos culpables por lo que pasa en el Sahel. Pero sí responsables, al menos de un modo indirecto. Ello no nos tiene que infundir miedo o una depresión por no hacer nada. No está directamente en nuestra mano. Por parte de lo…

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La noche completa…

No es que ingenuamente uno piense después de tener trillizos que va a regresar a su vida tal como era antes, con 3 bebés en casa no hay espacio para ingenuidades, pero sí, uno imagina y hasta tal vez siendo ingenuo, que llegará a un plateau de estabilidad que le permitirá balancear los diferentes aspectos de la vida. Que todo este torbellino desembocará en un momento donde las cosas son como serán…

Ya a estas alturas, los trillizos casi cumplen el año, uno le ha agarrado el ritmo a los días, los juegos, las comidas y con esfuerzo hasta al presupuesto. Pero, el gran pero, es que aún las noches realmente varían entre agotadoras, caóticas e infernales. Las agotadoras son las mejores.

Tengo mis reservas respecto a los consejos que de muy buena manera nos dan las mamas de 1… porque definitivamente que sean 3 es un factor de peso en el desenlace de cualquier cosa. La mayoría de las mamás de 1 se horrorizan cuando escuchan que estos niños aún no duermen la noche completa. Las mamás de más de 1 generalmente entienden que es normal y difícil de evitar que se despierten unos a otros durante la noche como una reacción en cadena.

La foto es ilustrativa, hay mañanas que la cocina amanece con ese panorama, con 3 teteros de antes de dormir (entre 7:30 y 8 pm), teteros de noche (11 o 12pm) y teteros de desayuno que idealmente son 6am pero a veces inician a las 4am o antes.

Nuestros niños caen rendidos entre 7:45 y 8 pm. Luego empiezan a despertar a las 11 o 11:30 pm. En días buenos despiertan por separado y se les puede dar tetero a cada uno, en días malos alguno grita y despierta a los hermanos y terminamos tratando de controlar un caos de 3 entre 2. De allí deberían dormir hasta la mañana pero no es así, en un día típico despiertan a partir de las 4:30am o 5am pidiendo su tete y entre 12 y 4 hay un par de intentos de despertar que debemos calmar, algunos hasta de 1 hora para volver a dormise. Cuando despierta alguno y llora debemos abordarlo en menos de 10 segundos tipo operación comando, antes que despierte a los hermanos.

Durante meses hemos sido como los alquimistas en busca de la noche perfecta, alquimistas especialmente por los resultados, ellos nunca transformaron nada en oro y nosotros seguimos transnochados. Hemos variado los menú de comidas, las horas, las siestas… pero la mejora paulatina ha sido más responsabilidad del tiempo que de nosotros. El único factor que hemos encontrado que influye un poco es la hora y longitud de la siesta de la tarde. Es un delicado equilibro el que coman y duerman en cantidades adecuadas para que la noche sea sólo un poco mejor.

En resumen creo que retomaremos varias cosas como hacer deporte o ir al cine… cuando duerman toda la noche.

Auxilio!!!

@papade3

PD: Si haces click en la publicidad de abajo un pañal nos sale gratis… 😉

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