Los 4 estados del bebé

Empiezo a tener la teoría de que los bebés tienen cuatro estados naturales, a saber: comer, cagar, dormir y llorar.

El primero es evidente, un recién nacido come continuamente. Lo que los pediatras llaman «a demanda». Y vaya sí demandan. El tiempo máximo que te indican que debe pasar entre tomas es de cuatro horas. Pero tranquilo, deja el reloj quieto, porque no aguantan más de dos. Y eso sin contar que las tomas pueden ser fácilmente de media hora, pero el tiempo entre tomas se calcula desde que se le ofrece el pecho, así que el tiempo libre no llega a ser más de hora y media. Al final vas por la calle y no ves escotes, ves coronillas de bebé.
El segundo estado es cagando. Puede parecer que no, que es sólo algo que hacen eventualmente, pero seguro que la pobre enfermera a la que mi pequeña cagó tres veces y orinó otra mientas trataba de medirla para su revisión me da la razón. 
Antes de tener un bebé tú piensas que duermen y duermen día y noche. Pero no es exactamente así. Duermen cuando los llevas al médico porque llevan horas llorando, cuando vienen visitas, cuando tratas de sacarle los gases para que duerman bien… Pero cuando tú quieras que duerman, cuando necesites que duerman, estarán en cualquier otro estado, generalmente en el cuarto. Llorando.
Y llegamos al estado favorito de los bebés. Llorando. Cierto es que llorar es la única manera que tienen de mostrarnos sus necesidades, pero a las tres de la mañana, cuando mi mujer y yo llevamos hora y media turnándonos para oír como berrea al oído mientras tratas de acunarla, cantarle nanas, darle masaje, cambiarle el pañal, pasearla, darle el chupete, mirar si tiene calor, mirar si tiene frío… A estas horas nosotros también tenemos ganas de llorar.
¿Es que es tanto pedir que tenga un estado de vigilia sin llantos? ¿Aunque sea en brazos?
Pero todo esto tiene una parte buena, aprovechas mejor el tiempo. Son las tres y media de la mañana y aquí estoy escribiendo. Hay que ver el lado bueno de las cosas.
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Los 4 estados del bebé

Empiezo a tener la teoría de que los bebés tienen cuatro estados naturales, a saber: comer, cagar, dormir y llorar.

El primero es evidente, un recién nacido come continuamente. Lo que los pediatras llaman «a demanda». Y vaya sí demandan. El tiempo máximo que te indican que debe pasar entre tomas es de cuatro horas. Pero tranquilo, deja el reloj quieto, porque no aguantan más de dos. Y eso sin contar que las tomas pueden ser fácilmente de media hora, pero el tiempo entre tomas se calcula desde que se le ofrece el pecho, así que el tiempo libre no llega a ser más de hora y media. Al final vas por la calle y no ves escotes, ves coronillas de bebé.
El segundo estado es cagando. Puede parecer que no, que es sólo algo que hacen eventualmente, pero seguro que la pobre enfermera a la que mi pequeña cagó tres veces y orinó otra mientas trataba de medirla para su revisión me da la razón. 
Antes de tener un bebé tú piensas que duermen y duermen día y noche. Pero no es exactamente así. Duermen cuando los llevas al médico porque llevan horas llorando, cuando vienen visitas, cuando tratas de sacarle los gases para que duerman bien… Pero cuando tú quieras que duerman, cuando necesites que duerman, estarán en cualquier otro estado, generalmente en el cuarto. Llorando.
Y llegamos al estado favorito de los bebés. Llorando. Cierto es que llorar es la única manera que tienen de mostrarnos sus necesidades, pero a las tres de la mañana, cuando mi mujer y yo llevamos hora y media turnándonos para oír como berrea al oído mientras tratas de acunarla, cantarle nanas, darle masaje, cambiarle el pañal, pasearla, darle el chupete, mirar si tiene calor, mirar si tiene frío… A estas horas nosotros también tenemos ganas de llorar.
¿Es que es tanto pedir que tenga un estado de vigilia sin llantos? ¿Aunque sea en brazos?
Pero todo esto tiene una parte buena, aprovechas mejor el tiempo. Son las tres y media de la mañana y aquí estoy escribiendo. Hay que ver el lado bueno de las cosas.
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Un bebé muy educado.

Retomando un viejo post sobre Cortesía poco frecuentel
Me dí cuenta que llevo de 2-2.

¿Sabes lo que me gusta del bebé?

Bueno, sí,
Que tiene un fabuloso y precioso cabello rubio, de grueso pelo…

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Un bebé muy educado.

Retomando un viejo post sobre Cortesía poco frecuentel
Me dí cuenta que llevo de 2-2.

¿Sabes lo que me gusta del bebé?

Bueno, sí,
Que tiene un fabuloso y precioso cabello rubio, de grueso pelo…

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A los niños no siempre les gustan nuestras ocurrencias

Está claro que nuestros hijos NO siempre están de acuerdo con lo que a nosotros nos gusta, mucho menos cuando esto involucra a su pequeña persona.

Sabemos también que los niños siempre han tenido muy presente que existe la manera de hacernos saber cuándo algo no les gusta, y mira que nos enteramos por qué me refiero a que ellos saben cuándo llorar, también habrás notado que esto por lo general  solo pasará cuando se siente incómodo, acalorado o irritado, de ahí que los adultos tengamos arraigada la idea que en la mayoría de los casos “ellos aún no se darán cuenta de lo que les hacemos si nos les incomoda” y así es que nos atrevemos ponerles o hacerles cualquier cosa que se nos ocurra.

En nuestro caso Matt ha sido vestido de diversos trajes y disfraces que hasta el momento no lo han incomodado tanto, ¿Cuál es la razón de que lo vistamos así? Bueno, porque la ocasión lo amerita, porque ese trajecito de monstruo estaba calentito y había estado muy frío el clima, porque el gorrito lo hace parecer un león, o por el pretexto que quieran, nuestros hijos alguna vez serán nuestros pequeños experimentos, nos reiremos de ellos en mas de una ocasión y tanto como ellos no se den cuenta de lo graciosos que los hacemos ver.

Aunque como lo digo, Matías no es un niño muy llorón también sabe decir cuando algo le molesta, ¿la última ocasión? Cuando pensamos que ya no debía lucir su cabellera parchada por su mudada de cabello y entonces lo llevamos a su primer rape (corte de cabello), podría decirles que noté que no le gustaba la idea, el simple hecho de ver su cara basta para saberlo.

Llegará ese día tan poco deseado en el que ellos decidirán que ponerse y en ese momento nos daremos cuenta que han crecido. Disfrutemos a nuestros niños y no dejemos que nadie nos diga que podemos o no ponerles, recuerden que como sus padres no estamos dispuestos a hacerles daño y por supuesto que un pequeño traje de zebra no lastimara a nadie, aunque si les ponen esta cara es mejor no volverlo a hacer, a «alguien» no le parece divertido tanto como a ti.

¿Haz usado algún disfraz en contra de la voluntad de tus hijos? Cuéntame

PapáDe1ra

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A los niños no siempre les gustan nuestras ocurrencias

Está claro que nuestros hijos NO siempre están de acuerdo con lo que a nosotros nos gusta, mucho menos cuando esto involucra a su pequeña persona.

Sabemos también que los niños siempre han tenido muy presente que existe la manera de hacernos saber cuándo algo no les gusta, y mira que nos enteramos por qué me refiero a que ellos saben cuándo llorar, también habrás notado que esto por lo general  solo pasará cuando se siente incómodo, acalorado o irritado, de ahí que los adultos tengamos arraigada la idea que en la mayoría de los casos “ellos aún no se darán cuenta de lo que les hacemos si nos les incomoda” y así es que nos atrevemos ponerles o hacerles cualquier cosa que se nos ocurra.

En nuestro caso Matt ha sido vestido de diversos trajes y disfraces que hasta el momento no lo han incomodado tanto, ¿Cuál es la razón de que lo vistamos así? Bueno, porque la ocasión lo amerita, porque ese trajecito de monstruo estaba calentito y había estado muy frío el clima, porque el gorrito lo hace parecer un león, o por el pretexto que quieran, nuestros hijos alguna vez serán nuestros pequeños experimentos, nos reiremos de ellos en mas de una ocasión y tanto como ellos no se den cuenta de lo graciosos que los hacemos ver.

Aunque como lo digo, Matías no es un niño muy llorón también sabe decir cuando algo le molesta, ¿la última ocasión? Cuando pensamos que ya no debía lucir su cabellera parchada por su mudada de cabello y entonces lo llevamos a su primer rape (corte de cabello), podría decirles que noté que no le gustaba la idea, el simple hecho de ver su cara basta para saberlo.

Llegará ese día tan poco deseado en el que ellos decidirán que ponerse y en ese momento nos daremos cuenta que han crecido. Disfrutemos a nuestros niños y no dejemos que nadie nos diga que podemos o no ponerles, recuerden que como sus padres no estamos dispuestos a hacerles daño y por supuesto que un pequeño traje de zebra no lastimara a nadie, aunque si les ponen esta cara es mejor no volverlo a hacer, a «alguien» no le parece divertido tanto como a ti.

¿Haz usado algún disfraz en contra de la voluntad de tus hijos? Cuéntame

PapáDe1ra

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Decálogo de la Sucia Rata

Hola, soy el Señor Lobo. Soluciono problemas.

¿Echas de menos tener un rato para ti mismo? Éstas son las confesiones de una sucia rata.

Cuando uno es padre va viendo cómo su «Tiempo Libre» se reduce de manera lineal a medida que los Lö-Båbies se van haciendo mayores y exponencialmente a medida que aumenta el número de Lö-Båbiesen el hogar. El concepto «Tiempo Libre« en la Galaxia Soltearus es de sobras conocido para realizar actividades ociosas, culturales o alcohólicas. Pero para los habitantes de la Galaxia Soltearus, os explicaremos que el concepto «Tiempo Libre« en la Galaxia de Padremeda se invierte en actividades tan apasionantes para vosotros como: cortarse las uñas, comer usando cuchillo y tenedor a la vez o, simplemente, sentarse.

La escasez de «Tiempo Libre« entre padres, hace que éstos deban recurrir a sucias técnicas para obtener minutos para uso propio y esto desgraciadamente pasa por hacerse el loco y robárselos a tu partener. Existe una guerra clandestina paternal. Una guerra completamente tabú de la que no se puede y no se debe hablar, ya que en caso de hacerlo requería de la intervención de la OTAN, la ONU y del Tribunal de la Haya para revisar el cómputo de minutos de cada una de las partes.

La colección de sucias técnicas para robar minutos a tu pareja se rige por «El Decálogo de la Sucia Rata», que consta de los siguientes puntos:

1. «No puedo, estoy con…»

Atender a un Lö-Båby te exime de cualquier otra responsabilidad. Es lo que se conoce como un Padre Aforado.

Esta técnica, a priori, es cierta, es decir, si estás cambiando Repositorios de Datos, dando de comer o pasando por el túnel de lavado a un Lö-Båby, a menos que tengas un cromosoma XX, no te da para hacer nada más. Los hombres no somos multifuncionales.

La versión sucia de esta técnica, pasa cuando tienes un Lö-Båby Modelo Baby Ficus y está en estado comatoso. Si te obligan a depositarlo en su jaula, pellízcale justo antes de retirarte. Llorará y tendrás que consolarlo de nuevo, pero te acogerás a la Enmienda paternal de «No lo puedo soltar, que llora«. Pero una vez calmado de nuevo, podrás desentenderte de todo quehacer mientras te sientas en el sofá a ver la tele, eso sí, en modo Cervantes, pero libre. Y sentado en el sofá (si tu Modelo Baby Ficus permite que te sientes, por supuesto).

2. «Ya lo meto yo a dormir»

Esta técnica hay que hacerla con sumo sigilo. La maniobra consiste en acostar al Lö-Båby en su cama y una vez ha caído, hacer ver que se está cantando o leyendo un cuento para aprovechar para ponerte al día de redes sociales, escribir entradas, echar unas partidillas o cualquier actividad que se pueda hacer con la luz de la pantalla al mínimo. 

 

3. «¡Yo, yo, yo!»

Está técnica es de las más viles y ruines. Consiste en ofrecerse voluntario para todos los viajes y desplazamientos que haya en tu empresa. Lo peor de esta técnica no es el abandono del hogar por una o varias noches, lo peor es que hay bofetadas entre padres voluntarios para conseguir estos viajes… Pensad que un viaje con pernoctación es un premio de lotería con: Dormir 8 horas seguidas (sin pipís, aguas o Biberinhas), cenar/comer tranquilo en un restaurante, ducharte y cagar sin contrarreloj e incluso, en el peor de los casos, ¡poder hacer una escapadita furtiva al cine!

4. «Ya sabes que yo, esto no… Tú lo haces mucho mejor»

O también denominado Declararse inútil. Esta técnica milenaria es usada desde que la pareja es pareja y convive bajo un mismo techo. Los de Galaxia Soltearus que convivís en pareja ya la conocéis, consiste, por ejemplo, en decir voy a planchar y delante de tu pareja te estás 55 minutos planchando una camisa. Llegará un punto en que la pareja ante el desespero de verte dirá: «¡Anda! ¡Trae! ya lo hago yo que no acabarás ni mañana«. Ya lo tenéis. Sois oficialmente inútiles planchando y estais exentos sine die de esta tarea.

Este mismo concepto sirve en la Galaxia de Padremeda y hay que establecer las bases rápido de todo aquello en lo que uno Se declara inútil como por ejemplo cortar las uñas de los pequeños Lobeznos.

5. «Zzzzzzzz»

Simular un estado de coma Glasgow 5 es una técnica budista que muchos padres hemos desarrollado. Podemos hacernos los dormidos incluso con un Lö-Båby haciendo un zapateado a lo Joaquín Cortés encima de nuestra cara.

Pero, amigos padres, hay que vigilar porque existe una contra-técnica usada por las madres. Se llama «Buscar temita» y la usan para comprobar si estás fingiendo. Si es un «Buscar temita» farolero, la habéis cagado: implicará que os tocará levantaros y encima perderéis casi toda credibilidad. Pero, ¿Quién se la juega a quedarse sin tener un «Temita Ninja» por dormir? Sucias contra-técnicas ratas…

6. «¡Ya voy yo!»

Suele suceder que los abuelos de los Lö-Båby quieren aprovechar al máximo los ratos que comparten con ellos hasta tal punto que se ofrecen voluntarios para cambiar Respositorios de Datos o pelearse para dar las comidas… ¿¿Quienes somos nosotros para privarles de tan magnos eventos??

Sentaos, abríos una VollDamm y disfrutad de la paz de que os cuiden a los Lö-Båby.

7. «¡Ya bajo yo!»

Que resulta que preparando la cena faltan huevos, ¡Ya bajo yo al súper!.

Que nos hemos quedado sin drogas, ¡Ya bajo yo a la Farma&Cia!.

Que pedimos una pizza para cenar, ¡Sale mucho más barato si la vas a buscar!¡Ya bajo yo a la pizzería! etc. Esta técnica hay que gestionarla bien para que no cante mucho, es decir tienes que hacer un recado sí, uno no. Consiste en aprovechar para bajar a hacer los recados y alegar que «No quedaban y he tenido que ir a otro lado» para tomarte una cañita rápida en el bar de la esquina. Es lo que se conoce como un Kiki(nto) rápido.

8. «Antes entro, antes salgo»

Madrugar. Desde que soy padre soy el primero en llegar a trabajar. Esto supone varias ventajas: Desayuno solo y tranquilo, me voy cuando todavía todos duermen y la anarquía no ha invadido el hogar. Y, obviamente, salgo antes. La contra es que tanto madrugar hace que mi Happy Hour (tiempo entre que se acuestan los enanos y caes tu) haya mermado considerablemente. Este punto también puede darse a la invirtiendo los factores: Trasnochar para alargar la Happy Hour, pero a costa de que te acoten los «5 minutos más» mañaneros.

9. «Vale, pero está me la cobraré»

En la guerra clandestina paternal, a veces se dan Tratados de paz en los que se negocian términos y condiciones en los que una de las partes se hace cargo de todo cediendo a la otra parte «Tiempo Libre«, generalmente para actividades de ocio. Este tratado se firma siempre bajo el lema «Vale, pero esta me la cobraré».

En estas negociaciones los padres hemos de saber utilizar el multiplicador de Parchís: Por cada vez que te comes un marrón de quedarte SOLO con los Lo-Babies, (si, ¡SOLO! sin tetas, ni pelazo y con tus Lö-Båbies clamando al cielo: «mammmmma, mammmmmma») hace que cuentes 20 las que te vas a cobrar a cambio.
Los padres tenemos el factor Drama Queen que nos permite usar este multiplicador de Parchís.

10. «Aaaaargggg»

Te encierras en el baño y finges que tienes diarrea para tener un descanso de 5 minutos.

Hay que vigilar con no abusar de esta técnica, porque puede llegar un punto en que:

– Te salga el arroz blanco por la orejas

– Te echen de comer pienso porque te pareces más a una oca que a un humano.

Otra de las dificultades de esta técnica es que el concepto «encerrar» en el baño es prácticamente imposible. Los Lö-Båbiessuelen tener obsesión con que esté todo abierto o cerrado pero con ellos dentro. Lo cual hace que la poca privacidad que tenías en tu Trono quede completamente anulada. Y no os penséis que el que haya menos oxígeno que en las duchas de Auschwitz los amedrentará…

Cabe destacar que los puntos de «El Decálogo de la Sucia Rata» para lo obtención de «Tiempo Libre» aquí descritos pueden variar de padre a padre adaptándoselos según condiciones laborales o familiares.

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Decálogo de la Sucia Rata

Hola, soy el Señor Lobo. Soluciono problemas.

¿Echas de menos tener un rato para ti mismo? Éstas son las confesiones de una sucia rata.

Cuando uno es padre va viendo cómo su «Tiempo Libre» se reduce de manera lineal a medida que los Lö-Båbies se van haciendo mayores y exponencialmente a medida que aumenta el número de Lö-Båbiesen el hogar. El concepto «Tiempo Libre« en la Galaxia Soltearus es de sobras conocido para realizar actividades ociosas, culturales o alcohólicas. Pero para los habitantes de la Galaxia Soltearus, os explicaremos que el concepto «Tiempo Libre« en la Galaxia de Padremeda se invierte en actividades tan apasionantes para vosotros como: cortarse las uñas, comer usando cuchillo y tenedor a la vez o, simplemente, sentarse.

La escasez de «Tiempo Libre« entre padres, hace que éstos deban recurrir a sucias técnicas para obtener minutos para uso propio y esto desgraciadamente pasa por hacerse el loco y robárselos a tu partener. Existe una guerra clandestina paternal. Una guerra completamente tabú de la que no se puede y no se debe hablar, ya que en caso de hacerlo requería de la intervención de la OTAN, la ONU y del Tribunal de la Haya para revisar el cómputo de minutos de cada una de las partes.

La colección de sucias técnicas para robar minutos a tu pareja se rige por «El Decálogo de la Sucia Rata», que consta de los siguientes puntos:

1. «No puedo, estoy con…»

Atender a un Lö-Båby te exime de cualquier otra responsabilidad. Es lo que se conoce como un Padre Aforado.

Esta técnica, a priori, es cierta, es decir, si estás cambiando Repositorios de Datos, dando de comer o pasando por el túnel de lavado a un Lö-Båby, a menos que tengas un cromosoma XX, no te da para hacer nada más. Los hombres no somos multifuncionales.

La versión sucia de esta técnica, pasa cuando tienes un Lö-Båby Modelo Baby Ficus y está en estado comatoso. Si te obligan a depositarlo en su jaula, pellízcale justo antes de retirarte. Llorará y tendrás que consolarlo de nuevo, pero te acogerás a la Enmienda paternal de «No lo puedo soltar, que llora«. Pero una vez calmado de nuevo, podrás desentenderte de todo quehacer mientras te sientas en el sofá a ver la tele, eso sí, en modo Cervantes, pero libre. Y sentado en el sofá (si tu Modelo Baby Ficus permite que te sientes, por supuesto).

2. «Ya lo meto yo a dormir»

Esta técnica hay que hacerla con sumo sigilo. La maniobra consiste en acostar al Lö-Båby en su cama y una vez ha caído, hacer ver que se está cantando o leyendo un cuento para aprovechar para ponerte al día de redes sociales, escribir entradas, echar unas partidillas o cualquier actividad que se pueda hacer con la luz de la pantalla al mínimo. 

 

3. «¡Yo, yo, yo!»

Está técnica es de las más viles y ruines. Consiste en ofrecerse voluntario para todos los viajes y desplazamientos que haya en tu empresa. Lo peor de esta técnica no es el abandono del hogar por una o varias noches, lo peor es que hay bofetadas entre padres voluntarios para conseguir estos viajes… Pensad que un viaje con pernoctación es un premio de lotería con: Dormir 8 horas seguidas (sin pipís, aguas o Biberinhas), cenar/comer tranquilo en un restaurante, ducharte y cagar sin contrarreloj e incluso, en el peor de los casos, ¡poder hacer una escapadita furtiva al cine!

4. «Ya sabes que yo, esto no… Tú lo haces mucho mejor»

O también denominado Declararse inútil. Esta técnica milenaria es usada desde que la pareja es pareja y convive bajo un mismo techo. Los de Galaxia Soltearus que convivís en pareja ya la conocéis, consiste, por ejemplo, en decir voy a planchar y delante de tu pareja te estás 55 minutos planchando una camisa. Llegará un punto en que la pareja ante el desespero de verte dirá: «¡Anda! ¡Trae! ya lo hago yo que no acabarás ni mañana«. Ya lo tenéis. Sois oficialmente inútiles planchando y estais exentos sine die de esta tarea.

Este mismo concepto sirve en la Galaxia de Padremeda y hay que establecer las bases rápido de todo aquello en lo que uno Se declara inútil como por ejemplo cortar las uñas de los pequeños Lobeznos.

5. «Zzzzzzzz»

Simular un estado de coma Glasgow 5 es una técnica budista que muchos padres hemos desarrollado. Podemos hacernos los dormidos incluso con un Lö-Båby haciendo un zapateado a lo Joaquín Cortés encima de nuestra cara.

Pero, amigos padres, hay que vigilar porque existe una contra-técnica usada por las madres. Se llama «Buscar temita» y la usan para comprobar si estás fingiendo. Si es un «Buscar temita» farolero, la habéis cagado: implicará que os tocará levantaros y encima perderéis casi toda credibilidad. Pero, ¿Quién se la juega a quedarse sin tener un «Temita Ninja» por dormir? Sucias contra-técnicas ratas…

6. «¡Ya voy yo!»

Suele suceder que los abuelos de los Lö-Båby quieren aprovechar al máximo los ratos que comparten con ellos hasta tal punto que se ofrecen voluntarios para cambiar Respositorios de Datos o pelearse para dar las comidas… ¿¿Quienes somos nosotros para privarles de tan magnos eventos??

Sentaos, abríos una VollDamm y disfrutad de la paz de que os cuiden a los Lö-Båby.

7. «¡Ya bajo yo!»

Que resulta que preparando la cena faltan huevos, ¡Ya bajo yo al súper!.

Que nos hemos quedado sin drogas, ¡Ya bajo yo a la Farma&Cia!.

Que pedimos una pizza para cenar, ¡Sale mucho más barato si la vas a buscar!¡Ya bajo yo a la pizzería! etc. Esta técnica hay que gestionarla bien para que no cante mucho, es decir tienes que hacer un recado sí, uno no. Consiste en aprovechar para bajar a hacer los recados y alegar que «No quedaban y he tenido que ir a otro lado» para tomarte una cañita rápida en el bar de la esquina. Es lo que se conoce como un Kiki(nto) rápido.

8. «Antes entro, antes salgo»

Madrugar. Desde que soy padre soy el primero en llegar a trabajar. Esto supone varias ventajas: Desayuno solo y tranquilo, me voy cuando todavía todos duermen y la anarquía no ha invadido el hogar. Y, obviamente, salgo antes. La contra es que tanto madrugar hace que mi Happy Hour (tiempo entre que se acuestan los enanos y caes tu) haya mermado considerablemente. Este punto también puede darse a la invirtiendo los factores: Trasnochar para alargar la Happy Hour, pero a costa de que te acoten los «5 minutos más» mañaneros.

9. «Vale, pero está me la cobraré»

En la guerra clandestina paternal, a veces se dan Tratados de paz en los que se negocian términos y condiciones en los que una de las partes se hace cargo de todo cediendo a la otra parte «Tiempo Libre«, generalmente para actividades de ocio. Este tratado se firma siempre bajo el lema «Vale, pero esta me la cobraré».

En estas negociaciones los padres hemos de saber utilizar el multiplicador de Parchís: Por cada vez que te comes un marrón de quedarte SOLO con los Lo-Babies, (si, ¡SOLO! sin tetas, ni pelazo y con tus Lö-Båbies clamando al cielo: «mammmmma, mammmmmma») hace que cuentes 20 las que te vas a cobrar a cambio.
Los padres tenemos el factor Drama Queen que nos permite usar este multiplicador de Parchís.

10. «Aaaaargggg»

Te encierras en el baño y finges que tienes diarrea para tener un descanso de 5 minutos.

Hay que vigilar con no abusar de esta técnica, porque puede llegar un punto en que:

– Te salga el arroz blanco por la orejas

– Te echen de comer pienso porque te pareces más a una oca que a un humano.

Otra de las dificultades de esta técnica es que el concepto «encerrar» en el baño es prácticamente imposible. Los Lö-Båbiessuelen tener obsesión con que esté todo abierto o cerrado pero con ellos dentro. Lo cual hace que la poca privacidad que tenías en tu Trono quede completamente anulada. Y no os penséis que el que haya menos oxígeno que en las duchas de Auschwitz los amedrentará…

Cabe destacar que los puntos de «El Decálogo de la Sucia Rata» para lo obtención de «Tiempo Libre» aquí descritos pueden variar de padre a padre adaptándoselos según condiciones laborales o familiares.

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Decálogo de la Sucia Rata

Hola, soy el Señor Lobo. Soluciono problemas.

¿Echas de menos tener un rato para ti mismo? Éstas son las confesiones de una sucia rata.

Cuando uno es padre va viendo cómo su «Tiempo Libre» se reduce de manera lineal a medida que los Lö-Båbies se van haciendo mayores y exponencialmente a medida que aumenta el número de Lö-Båbiesen el hogar. El concepto «Tiempo Libre« en la Galaxia Soltearus es de sobras conocido para realizar actividades ociosas, culturales o alcohólicas. Pero para los habitantes de la Galaxia Soltearus, os explicaremos que el concepto «Tiempo Libre« en la Galaxia de Padremeda se invierte en actividades tan apasionantes para vosotros como: cortarse las uñas, comer usando cuchillo y tenedor a la vez o, simplemente, sentarse.

La escasez de «Tiempo Libre« entre padres, hace que éstos deban recurrir a sucias técnicas para obtener minutos para uso propio y esto desgraciadamente pasa por hacerse el loco y robárselos a tu partener. Existe una guerra clandestina paternal. Una guerra completamente tabú de la que no se puede y no se debe hablar, ya que en caso de hacerlo requería de la intervención de la OTAN, la ONU y del Tribunal de la Haya para revisar el cómputo de minutos de cada una de las partes.

La colección de sucias técnicas para robar minutos a tu pareja se rige por «El Decálogo de la Sucia Rata», que consta de los siguientes puntos:

1. «No puedo, estoy con…»

Atender a un Lö-Båby te exime de cualquier otra responsabilidad. Es lo que se conoce como un Padre Aforado.

Esta técnica, a priori, es cierta, es decir, si estás cambiando Repositorios de Datos, dando de comer o pasando por el túnel de lavado a un Lö-Båby, a menos que tengas un cromosoma XX, no te da para hacer nada más. Los hombres no somos multifuncionales.

La versión sucia de esta técnica, pasa cuando tienes un Lö-Båby Modelo Baby Ficus y está en estado comatoso. Si te obligan a depositarlo en su jaula, pellízcale justo antes de retirarte. Llorará y tendrás que consolarlo de nuevo, pero te acogerás a la Enmienda paternal de «No lo puedo soltar, que llora«. Pero una vez calmado de nuevo, podrás desentenderte de todo quehacer mientras te sientas en el sofá a ver la tele, eso sí, en modo Cervantes, pero libre. Y sentado en el sofá (si tu Modelo Baby Ficus permite que te sientes, por supuesto).

2. «Ya lo meto yo a dormir»

Esta técnica hay que hacerla con sumo sigilo. La maniobra consiste en acostar al Lö-Båby en su cama y una vez ha caído, hacer ver que se está cantando o leyendo un cuento para aprovechar para ponerte al día de redes sociales, escribir entradas, echar unas partidillas o cualquier actividad que se pueda hacer con la luz de la pantalla al mínimo. 

 

3. «¡Yo, yo, yo!»

Está técnica es de las más viles y ruines. Consiste en ofrecerse voluntario para todos los viajes y desplazamientos que haya en tu empresa. Lo peor de esta técnica no es el abandono del hogar por una o varias noches, lo peor es que hay bofetadas entre padres voluntarios para conseguir estos viajes… Pensad que un viaje con pernoctación es un premio de lotería con: Dormir 8 horas seguidas (sin pipís, aguas o Biberinhas), cenar/comer tranquilo en un restaurante, ducharte y cagar sin contrarreloj e incluso, en el peor de los casos, ¡poder hacer una escapadita furtiva al cine!

4. «Ya sabes que yo, esto no… Tú lo haces mucho mejor»

O también denominado Declararse inútil. Esta técnica milenaria es usada desde que la pareja es pareja y convive bajo un mismo techo. Los de Galaxia Soltearus que convivís en pareja ya la conocéis, consiste, por ejemplo, en decir voy a planchar y delante de tu pareja te estás 55 minutos planchando una camisa. Llegará un punto en que la pareja ante el desespero de verte dirá: «¡Anda! ¡Trae! ya lo hago yo que no acabarás ni mañana«. Ya lo tenéis. Sois oficialmente inútiles planchando y estais exentos sine die de esta tarea.

Este mismo concepto sirve en la Galaxia de Padremeda y hay que establecer las bases rápido de todo aquello en lo que uno Se declara inútil como por ejemplo cortar las uñas de los pequeños Lobeznos.

5. «Zzzzzzzz»

Simular un estado de coma Glasgow 5 es una técnica budista que muchos padres hemos desarrollado. Podemos hacernos los dormidos incluso con un Lö-Båby haciendo un zapateado a lo Joaquín Cortés encima de nuestra cara.

Pero, amigos padres, hay que vigilar porque existe una contra-técnica usada por las madres. Se llama «Buscar temita» y la usan para comprobar si estás fingiendo. Si es un «Buscar temita» farolero, la habéis cagado: implicará que os tocará levantaros y encima perderéis casi toda credibilidad. Pero, ¿Quién se la juega a quedarse sin tener un «Temita Ninja» por dormir? Sucias contra-técnicas ratas…

6. «¡Ya voy yo!»

Suele suceder que los abuelos de los Lö-Båby quieren aprovechar al máximo los ratos que comparten con ellos hasta tal punto que se ofrecen voluntarios para cambiar Respositorios de Datos o pelearse para dar las comidas… ¿¿Quienes somos nosotros para privarles de tan magnos eventos??

Sentaos, abríos una VollDamm y disfrutad de la paz de que os cuiden a los Lö-Båby.

7. «¡Ya bajo yo!»

Que resulta que preparando la cena faltan huevos, ¡Ya bajo yo al súper!.

Que nos hemos quedado sin drogas, ¡Ya bajo yo a la Farma&Cia!.

Que pedimos una pizza para cenar, ¡Sale mucho más barato si la vas a buscar!¡Ya bajo yo a la pizzería! etc. Esta técnica hay que gestionarla bien para que no cante mucho, es decir tienes que hacer un recado sí, uno no. Consiste en aprovechar para bajar a hacer los recados y alegar que «No quedaban y he tenido que ir a otro lado» para tomarte una cañita rápida en el bar de la esquina. Es lo que se conoce como un Kiki(nto) rápido.

8. «Antes entro, antes salgo»

Madrugar. Desde que soy padre soy el primero en llegar a trabajar. Esto supone varias ventajas: Desayuno solo y tranquilo, me voy cuando todavía todos duermen y la anarquía no ha invadido el hogar. Y, obviamente, salgo antes. La contra es que tanto madrugar hace que mi Happy Hour (tiempo entre que se acuestan los enanos y caes tu) haya mermado considerablemente. Este punto también puede darse a la invirtiendo los factores: Trasnochar para alargar la Happy Hour, pero a costa de que te acoten los «5 minutos más» mañaneros.

9. «Vale, pero está me la cobraré»

En la guerra clandestina paternal, a veces se dan Tratados de paz en los que se negocian términos y condiciones en los que una de las partes se hace cargo de todo cediendo a la otra parte «Tiempo Libre«, generalmente para actividades de ocio. Este tratado se firma siempre bajo el lema «Vale, pero esta me la cobraré».

En estas negociaciones los padres hemos de saber utilizar el multiplicador de Parchís: Por cada vez que te comes un marrón de quedarte SOLO con los Lo-Babies, (si, ¡SOLO! sin tetas, ni pelazo y con tus Lö-Båbies clamando al cielo: «mammmmma, mammmmmma») hace que cuentes 20 las que te vas a cobrar a cambio.
Los padres tenemos el factor Drama Queen que nos permite usar este multiplicador de Parchís.

10. «Aaaaargggg»

Te encierras en el baño y finges que tienes diarrea para tener un descanso de 5 minutos.

Hay que vigilar con no abusar de esta técnica, porque puede llegar un punto en que:

– Te salga el arroz blanco por la orejas

– Te echen de comer pienso porque te pareces más a una oca que a un humano.

Otra de las dificultades de esta técnica es que el concepto «encerrar» en el baño es prácticamente imposible. Los Lö-Båbiessuelen tener obsesión con que esté todo abierto o cerrado pero con ellos dentro. Lo cual hace que la poca privacidad que tenías en tu Trono quede completamente anulada. Y no os penséis que el que haya menos oxígeno que en las duchas de Auschwitz los amedrentará…

Cabe destacar que los puntos de «El Decálogo de la Sucia Rata» para lo obtención de «Tiempo Libre» aquí descritos pueden variar de padre a padre adaptándoselos según condiciones laborales o familiares.

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Introducción a la Crianza Extrema

Ser padres es una ronda de carrusel que no se detiene, de comparación, culpa y juicio.
Nos sentimos culpables cuando metemos la pata. Juzgamos a otros padres cuando meten la pata. Nos comparamos…

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Introducción a la Crianza Extrema

Ser padres es una ronda de carrusel que no se detiene, de comparación, culpa y juicio.
Nos sentimos culpables cuando metemos la pata. Juzgamos a otros padres cuando meten la pata. Nos comparamos…

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El Señorito de los Iphonillos (Primera parte)

Hola, soy el Señorito de los iPhonillos. Soluciono problemas.
¿Tu padres están sometidos a la voluntad del iPhonillo único gobernado por Sirion? Tenemos una misión: Destruir el iPhonillo único.  

(Dale al Play para ambientar la lectura)

En el albor de los tiempos se forjó en el Silicon Valley del Destinoel iPhonillo único.  Un iPhonillo para gobernarlos a todos. Un iPhonillopara encontrarlos, un iPhonillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la Tierra donde se extienden las IOSombras

Soy Le Petit Terrorist Bolson, y ésta es la historia de cómo me fue encomendada una misión: Destruir el iPhonillo único y liberar a mis padres de la esclavitud a la que los tenía sometidos.

Todo empezó en la habitación de la Colechomarca. Allí mis padres residían felices, pasaban los días y las noches en una aparente paz, pero estaban sometidos inconscientemente a la voluntad del iPhonillo único. Un sábado lluvioso, en el que estaban entretenidos en sus quehaceres, estaba yo reprogramando despertadores, reencuadernando libros y otros menesteres que siempre tengo que encargarme yo de hacer con los objetos de la mesita de noche, cuando de repente un objeto oculto en un cajón empezó a brillar. Lo cogí y al tenerlo entre mis manos me dijo: “Soy Sirion ¿En qué puedo ayudarte?”. ¡Así que Sirion es el que tenía esclavizados a mis padres!  Tenía que deshacerme de él. Lo escondí entre mis ropas e inicié mis andaduras por el Piso Medio.

Al salir de la Colechomarca, me entretuve con las canciones de Pocoyó Bombadil (y si habéis leído el libro sabréis que hasta que empiezan las aventuras nos petamos la mitad del primer libro, y por consiguiente, parte de la mañana con esta tontería). Así que como era mediodía, hice mi primera parada en la taberna de la Trona Pisadora, donde hice fonda y comí unos deliciosos manjares preparados por Dory la Tabernera. Tras partir de la taberna de la Trona Pisadora, recibí el primer ataque del emisario de Sirion, el Papá-Nazgul. Venía a por el iPhonillo único. Como me superaba en tamaño y en fuerza, lo único que podía hacer era esconderme, así que me hice invisible tapándome la cara. Pero debió encontrarme igualmente, porque lo siguiente que recuerdo es despertarme tras un sueño reparador en mi cama de Rivecunadel. Había pasado más de mediodía y ni siquiera había decidido como deshacerme del iPhonillo único. Por lo que convoqué un concilio con los peluches de Rivecunadel y decidimos que la única manera de destruir el iPhonillo único era arrojándolo a la Lavadora del Destino. Entonces me armé con mi babero de mithril, cogí mi petate de la Guardherejía y emprendí la travesía hacia la lejana Lavadora del Destino.

El camino más corto para llegar era a través del paso de CongeladoRohan en las Montañas nubladas de Neveharas. Cuando llegué, intenté abrirme paso escarbando en el CongeladoRohan. Arrojaba todos los productos congelados que encontraba fuera, pero como tardé demasiado en abrirme vía, el CongeladoRohanempezó a pitar y pitar. Entonces, Papá-Nazgul alertado por los ruidos de los desprendimientos y los pitidos de CongeladoRohan acudio al acecho. Sólo me quedaba  huir de ahí. Descendí corriendo las Montañas de las Neveharas y volví a estar como al principio. Como no pude atravesar el paso de CongeladoRohan, la única alternativa que me quedaba era ir por la ruta más larga y peligrosa, el Pasillo de Moria.

Tras deshacer del todo el camino y emprenderlo de nuevo hacia el Pasillo de Moría, alcancé la Puerta Oeste situada delante del Lagovajilla. Estaba cerrada bajo el influjo de magia paternélfica. Para poder abrirla debía pronunciar las palabras mágicas paternélficas adecuadas. Como mi paternélfico no es muy bueno estuve probando diferentes combinaciones de “Aaaah”, “Babababa”, “Ma…Ma… Ma”, pero de repente del Lagovajilla surgió el Guardián del agua, un monstruo compuesto por tres brazos que me atacó. Mientras combatía sus extremidades compuestas por platos, copas y cubiertos, seguía chillando palabras en paternélfico, hasta que al fin acerté con la palabra mágica, «Maaalon«, que hizo que (Dory) abriera la puerta.

Entré rápidamente en el Pasillo de Moría poniéndome a salvo del Monstruo del Lagovajilla. Era un túnel lúgubre y tenebroso. Con tanta oscuridad no tenía recuerdo de ese lugar, por lo que invoqué la magia del interruptor para arrojar algo de luz. Entonces fue cuando me di cuenta de que estaba en la Cámara de Mazapaterobul. Aquí descansaban los restos de algún enano muerto, porque literalmente olía a enano muerto. No había salida, así que tuve que desmontar la pared de zapatos en busca de la continuación del Pasillo de Moria. Cuando se desmoronó del todo la pared, el estrépito alertó a la orca de Penny

Salí corriendo por el Pasillo de Moria hasta que me topé con el Perchero de Khazad-Dûras situado justo delante de la salida. Cuidadosamente empecé a cruzarlo para alcanzar la salida, pero justo a la mitad, de las entrañas del Perchero de Khazad-Dûras surgió el Mamá-Balrog. Ésts se plantó en medio del paso e impedía que alcanzara mi meta. Me vi atrapado entre el Mamá-Balrog  y la orca de Penny. No podía retroceder, así que busqué como enfrentarme a Mamá-Balrog. De repente encontré un paraguas mágico. Lo agarré con las dos manos y piqué contra el suelo indicando al Mamá-Balrog: ¡No puedes pasar!. Pero me atacó. En ese momento de pánico lo único que se me ocurrió fue atacarle yo también con el paraguas mágico. ¡Funcionó! Mamá-Balrog se defendió y me quitó el paraguas mágico. Aproveché ese momento de incertidumbre para colarme entre sus piernas y seguir hacia adelante. 

Estaba delante de la salida de Pasillo de Moría y como tenía a Papá-Balrog entretenido con el paraguas mágico, sólo podía hacer una cosa, así que me dije a mi mismo: “¡Corre insensato!”.

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El Señorito de los Iphonillos (Primera parte)

Hola, soy el Señorito de los iPhonillos. Soluciono problemas.
¿Tu padres están sometidos a la voluntad del iPhonillo único gobernado por Sirion? Tenemos una misión: Destruir el iPhonillo único.  

(Dale al Play para ambientar la lectura)

En el albor de los tiempos se forjó en el Silicon Valley del Destinoel iPhonillo único.  Un iPhonillo para gobernarlos a todos. Un iPhonillopara encontrarlos, un iPhonillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la Tierra donde se extienden las IOSombras

Soy Le Petit Terrorist Bolson, y ésta es la historia de cómo me fue encomendada una misión: Destruir el iPhonillo único y liberar a mis padres de la esclavitud a la que los tenía sometidos.

Todo empezó en la habitación de la Colechomarca. Allí mis padres residían felices, pasaban los días y las noches en una aparente paz, pero estaban sometidos inconscientemente a la voluntad del iPhonillo único. Un sábado lluvioso, en el que estaban entretenidos en sus quehaceres, estaba yo reprogramando despertadores, reencuadernando libros y otros menesteres que siempre tengo que encargarme yo de hacer con los objetos de la mesita de noche, cuando de repente un objeto oculto en un cajón empezó a brillar. Lo cogí y al tenerlo entre mis manos me dijo: “Soy Sirion ¿En qué puedo ayudarte?”. ¡Así que Sirion es el que tenía esclavizados a mis padres!  Tenía que deshacerme de él. Lo escondí entre mis ropas e inicié mis andaduras por el Piso Medio.

Al salir de la Colechomarca, me entretuve con las canciones de Pocoyó Bombadil (y si habéis leído el libro sabréis que hasta que empiezan las aventuras nos petamos la mitad del primer libro, y por consiguiente, parte de la mañana con esta tontería). Así que como era mediodía, hice mi primera parada en la taberna de la Trona Pisadora, donde hice fonda y comí unos deliciosos manjares preparados por Dory la Tabernera. Tras partir de la taberna de la Trona Pisadora, recibí el primer ataque del emisario de Sirion, el Papá-Nazgul. Venía a por el iPhonillo único. Como me superaba en tamaño y en fuerza, lo único que podía hacer era esconderme, así que me hice invisible tapándome la cara. Pero debió encontrarme igualmente, porque lo siguiente que recuerdo es despertarme tras un sueño reparador en mi cama de Rivecunadel. Había pasado más de mediodía y ni siquiera había decidido como deshacerme del iPhonillo único. Por lo que convoqué un concilio con los peluches de Rivecunadel y decidimos que la única manera de destruir el iPhonillo único era arrojándolo a la Lavadora del Destino. Entonces me armé con mi babero de mithril, cogí mi petate de la Guardherejía y emprendí la travesía hacia la lejana Lavadora del Destino.

El camino más corto para llegar era a través del paso de CongeladoRohan en las Montañas nubladas de Neveharas. Cuando llegué, intenté abrirme paso escarbando en el CongeladoRohan. Arrojaba todos los productos congelados que encontraba fuera, pero como tardé demasiado en abrirme vía, el CongeladoRohanempezó a pitar y pitar. Entonces, Papá-Nazgul alertado por los ruidos de los desprendimientos y los pitidos de CongeladoRohan acudio al acecho. Sólo me quedaba  huir de ahí. Descendí corriendo las Montañas de las Neveharas y volví a estar como al principio. Como no pude atravesar el paso de CongeladoRohan, la única alternativa que me quedaba era ir por la ruta más larga y peligrosa, el Pasillo de Moria.

Tras deshacer del todo el camino y emprenderlo de nuevo hacia el Pasillo de Moría, alcancé la Puerta Oeste situada delante del Lagovajilla. Estaba cerrada bajo el influjo de magia paternélfica. Para poder abrirla debía pronunciar las palabras mágicas paternélficas adecuadas. Como mi paternélfico no es muy bueno estuve probando diferentes combinaciones de “Aaaah”, “Babababa”, “Ma…Ma… Ma”, pero de repente del Lagovajilla surgió el Guardián del agua, un monstruo compuesto por tres brazos que me atacó. Mientras combatía sus extremidades compuestas por platos, copas y cubiertos, seguía chillando palabras en paternélfico, hasta que al fin acerté con la palabra mágica, «Maaalon«, que hizo que (Dory) abriera la puerta.

Entré rápidamente en el Pasillo de Moría poniéndome a salvo del Monstruo del Lagovajilla. Era un túnel lúgubre y tenebroso. Con tanta oscuridad no tenía recuerdo de ese lugar, por lo que invoqué la magia del interruptor para arrojar algo de luz. Entonces fue cuando me di cuenta de que estaba en la Cámara de Mazapaterobul. Aquí descansaban los restos de algún enano muerto, porque literalmente olía a enano muerto. No había salida, así que tuve que desmontar la pared de zapatos en busca de la continuación del Pasillo de Moria. Cuando se desmoronó del todo la pared, el estrépito alertó a la orca de Penny

Salí corriendo por el Pasillo de Moria hasta que me topé con el Perchero de Khazad-Dûras situado justo delante de la salida. Cuidadosamente empecé a cruzarlo para alcanzar la salida, pero justo a la mitad, de las entrañas del Perchero de Khazad-Dûras surgió el Mamá-Balrog. Ésts se plantó en medio del paso e impedía que alcanzara mi meta. Me vi atrapado entre el Mamá-Balrog  y la orca de Penny. No podía retroceder, así que busqué como enfrentarme a Mamá-Balrog. De repente encontré un paraguas mágico. Lo agarré con las dos manos y piqué contra el suelo indicando al Mamá-Balrog: ¡No puedes pasar!. Pero me atacó. En ese momento de pánico lo único que se me ocurrió fue atacarle yo también con el paraguas mágico. ¡Funcionó! Mamá-Balrog se defendió y me quitó el paraguas mágico. Aproveché ese momento de incertidumbre para colarme entre sus piernas y seguir hacia adelante. 

Estaba delante de la salida de Pasillo de Moría y como tenía a Papá-Balrog entretenido con el paraguas mágico, sólo podía hacer una cosa, así que me dije a mi mismo: “¡Corre insensato!”.

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El Señorito de los Iphonillos (Primera parte)

Hola, soy el Señorito de los iPhonillos. Soluciono problemas.
¿Tu padres están sometidos a la voluntad del iPhonillo único gobernado por Sirion? Tenemos una misión: Destruir el iPhonillo único.  

(Dale al Play para ambientar la lectura)

En el albor de los tiempos se forjó en el Silicon Valley del Destinoel iPhonillo único.  Un iPhonillo para gobernarlos a todos. Un iPhonillopara encontrarlos, un iPhonillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la Tierra donde se extienden las IOSombras

Soy Le Petit Terrorist Bolson, y ésta es la historia de cómo me fue encomendada una misión: Destruir el iPhonillo único y liberar a mis padres de la esclavitud a la que los tenía sometidos.

Todo empezó en la habitación de la Colechomarca. Allí mis padres residían felices, pasaban los días y las noches en una aparente paz, pero estaban sometidos inconscientemente a la voluntad del iPhonillo único. Un sábado lluvioso, en el que estaban entretenidos en sus quehaceres, estaba yo reprogramando despertadores, reencuadernando libros y otros menesteres que siempre tengo que encargarme yo de hacer con los objetos de la mesita de noche, cuando de repente un objeto oculto en un cajón empezó a brillar. Lo cogí y al tenerlo entre mis manos me dijo: “Soy Sirion ¿En qué puedo ayudarte?”. ¡Así que Sirion es el que tenía esclavizados a mis padres!  Tenía que deshacerme de él. Lo escondí entre mis ropas e inicié mis andaduras por el Piso Medio.

Al salir de la Colechomarca, me entretuve con las canciones de Pocoyó Bombadil (y si habéis leído el libro sabréis que hasta que empiezan las aventuras nos petamos la mitad del primer libro, y por consiguiente, parte de la mañana con esta tontería). Así que como era mediodía, hice mi primera parada en la taberna de la Trona Pisadora, donde hice fonda y comí unos deliciosos manjares preparados por Dory la Tabernera. Tras partir de la taberna de la Trona Pisadora, recibí el primer ataque del emisario de Sirion, el Papá-Nazgul. Venía a por el iPhonillo único. Como me superaba en tamaño y en fuerza, lo único que podía hacer era esconderme, así que me hice invisible tapándome la cara. Pero debió encontrarme igualmente, porque lo siguiente que recuerdo es despertarme tras un sueño reparador en mi cama de Rivecunadel. Había pasado más de mediodía y ni siquiera había decidido como deshacerme del iPhonillo único. Por lo que convoqué un concilio con los peluches de Rivecunadel y decidimos que la única manera de destruir el iPhonillo único era arrojándolo a la Lavadora del Destino. Entonces me armé con mi babero de mithril, cogí mi petate de la Guardherejía y emprendí la travesía hacia la lejana Lavadora del Destino.

El camino más corto para llegar era a través del paso de CongeladoRohan en las Montañas nubladas de Neveharas. Cuando llegué, intenté abrirme paso escarbando en el CongeladoRohan. Arrojaba todos los productos congelados que encontraba fuera, pero como tardé demasiado en abrirme vía, el CongeladoRohanempezó a pitar y pitar. Entonces, Papá-Nazgul alertado por los ruidos de los desprendimientos y los pitidos de CongeladoRohan acudio al acecho. Sólo me quedaba  huir de ahí. Descendí corriendo las Montañas de las Neveharas y volví a estar como al principio. Como no pude atravesar el paso de CongeladoRohan, la única alternativa que me quedaba era ir por la ruta más larga y peligrosa, el Pasillo de Moria.

Tras deshacer del todo el camino y emprenderlo de nuevo hacia el Pasillo de Moría, alcancé la Puerta Oeste situada delante del Lagovajilla. Estaba cerrada bajo el influjo de magia paternélfica. Para poder abrirla debía pronunciar las palabras mágicas paternélficas adecuadas. Como mi paternélfico no es muy bueno estuve probando diferentes combinaciones de “Aaaah”, “Babababa”, “Ma…Ma… Ma”, pero de repente del Lagovajilla surgió el Guardián del agua, un monstruo compuesto por tres brazos que me atacó. Mientras combatía sus extremidades compuestas por platos, copas y cubiertos, seguía chillando palabras en paternélfico, hasta que al fin acerté con la palabra mágica, «Maaalon«, que hizo que (Dory) abriera la puerta.

Entré rápidamente en el Pasillo de Moría poniéndome a salvo del Monstruo del Lagovajilla. Era un túnel lúgubre y tenebroso. Con tanta oscuridad no tenía recuerdo de ese lugar, por lo que invoqué la magia del interruptor para arrojar algo de luz. Entonces fue cuando me di cuenta de que estaba en la Cámara de Mazapaterobul. Aquí descansaban los restos de algún enano muerto, porque literalmente olía a enano muerto. No había salida, así que tuve que desmontar la pared de zapatos en busca de la continuación del Pasillo de Moria. Cuando se desmoronó del todo la pared, el estrépito alertó a la orca de Penny

Salí corriendo por el Pasillo de Moria hasta que me topé con el Perchero de Khazad-Dûras situado justo delante de la salida. Cuidadosamente empecé a cruzarlo para alcanzar la salida, pero justo a la mitad, de las entrañas del Perchero de Khazad-Dûras surgió el Mamá-Balrog. Ésts se plantó en medio del paso e impedía que alcanzara mi meta. Me vi atrapado entre el Mamá-Balrog  y la orca de Penny. No podía retroceder, así que busqué como enfrentarme a Mamá-Balrog. De repente encontré un paraguas mágico. Lo agarré con las dos manos y piqué contra el suelo indicando al Mamá-Balrog: ¡No puedes pasar!. Pero me atacó. En ese momento de pánico lo único que se me ocurrió fue atacarle yo también con el paraguas mágico. ¡Funcionó! Mamá-Balrog se defendió y me quitó el paraguas mágico. Aproveché ese momento de incertidumbre para colarme entre sus piernas y seguir hacia adelante. 

Estaba delante de la salida de Pasillo de Moría y como tenía a Papá-Balrog entretenido con el paraguas mágico, sólo podía hacer una cosa, así que me dije a mi mismo: “¡Corre insensato!”.

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One day in Penny’s Life

Hola, soy Penny, la hija del Sr. Lobo. Evito problemas.

¿Tu problema es que convives con un “hermano mayor” que te hace la vida imposible? Aquí tienes mis técnicas para evitarlo y sobrevivir.


Hola, me llamo Penny y soy la pequeña. En MI casa vivo con una extensión de mi ser llamada Mamá. Mamá es mi central lechera particular que me surte a mi antojo. Además de dar teta, también me ofrece otros servicios como cambio de pañales o ponerme conjuntitos. Según con quien haya quedado, se ve obligada a vestirme de rosa, no sin antes renegar y decir palabras que creo todavía no me corresponde saber.

Con Mamá vive un señor peludo y con mucha barba que viene a vernos por las tardes. Cuando me ve, se pone a hacer falsetes tipo cantante de The Darkness durante 5 minutos hasta que yo le sonrío y se va. ¡Y menos mal! porque me pone la cabeza como un bombo con tanto Ajoajoajoajo(que debe ser de ahí lo de “Repetirse más que el ajo”). Dicen que este señor es mi papá. En el fondo parece hasta buena persona y todo.

Mi vida hasta aquí sería maravillosa y de color de rosa (aunque le pese a mamá). Pero nací con una maldición: Soy la pequeña. Por casa corre otro ser un poco mayor que yo, conocido como Le Petit TETErrorist. Él es el motivo por el que vivo en constante tensión. A mi edad (3 meses) ya estoy sufriendo estrés y contracturas por su culpa.

Mi día a día es bastante rutinario. Duermo muy agustito hasta que vienen a despertarme. Puede suceder que me despierte mamá haciéndolo con caricias y besitos o puede que se le adelante Teterrorist y me despierte a base de sus “besos”. 

Me sirvo un poco de desayuno de la central lechera y después mamá nos viste y nos vamos a un sitio llamado Guardherejía donde retienen a Teterrorist todo el día. Cuando salimos suspiro de tranquilidad, y creo que mamá también, ya que, una vez en la calle dice cosas como: “Anda y que te aguante tu profesora un rato, que hoy estás… Estás…”.
Entonces nos vamos a pasear, a tomar algo, a ver unas amigas, a comprar, a hacer unos recados… ¡A no parar! No sé qué le pasa a mamá, pero se ve que durante de día deben clausurar MI casa o algo por el estilo porque no estamos nunca. Mamá dice que “le da por saco” ir con el cochecito arriba y cochecito abajo, así que me lleva en algo que se llama Boba (mi Papá dice el que el que le puso el nombre o tenía mala leche o era Forrest Gump). Como nos pasamos todo el día fuera y me lleva desnucada en la mochila, Papá dice que rumaneamos.
Durante nuestros paseos con tanto ejercicio, me va dando sed y hambre, así que la central lechera que es muy diestra en esto se saca la teta en cualquier lado y me la enchufa. A veces es un poco complicado chupar cuando va andando por la calle sin sacarme de la Boba pero le voy pillando el truquillo.

Cuando no paramos por casa, mamá suele comer por ahí.  Lo sé, no porque lo vea desde la mochila, sinó porque me caen hojas de lechuga, migas de pan, macarrones y otros manjares en la cabeza. Y entonces las horas pasan muy rápidas, cuando solo llevamos hechos un par de recados de nada, ya es hora de ir a buscar a Teterrorist
¡Qué poco duran las treguas de paz…!

De vuelta a casa de la Guardherejía, solemos parar en un sitio que Papá llama el Parkelarredonde dice que se dan reuniones clandestinas para adorar a los hijos de Lucifer, o also así. Ya os lo explicará él. Aquí es donde Papá viene a buscarnos para ir, por fin, a casa.

Cuando llegamos es cuando empieza mi pesadilla. Si Papá me lleva apoyada en el brazo todo va bien, pero no para de quejarse de sentirse como El Langi y tener que hacerlo todo con una sola mano, así que me acaba Aparcando. Y me dejan ahí, en esa hamaca, sola, sin protección, ni alambre de espinas ni una valla electrificada ni nada. ¿Qué no ven que estoy al alcance de Teterrorist? Y aunque lleve todo el día durmiendo en la Boba, yo me hago la dormida a ver si paso desapercibida. Papá lo llama hacer la Zarigüeya.

Teterrorist no es de fiar. A veces viene y me da besos, que más que besos son lametones de vaca que me dejan la cara empapada. Si sólo fuese eso, no me molestaría. Pero es que por cada dos besos, me da siete sopapos y por eso Papá lo llama Tete-Quizás: Kiss-Kiss-Zas-Zas.  Además Teterrorist no controla lo de dar besos, y da besos con dientes que llaman Bocabits.

Otras veces me reconoce como su hermana y me trae cosas para jugar, pero como yo todavía estoy aprendiendo a controlar esas cosas to’buenas que me meto en la boca y que Mamá llama manos, al no cogerlas, me las tira a la cabeza. Yo aguanto dos o tres envestidas, pero no más. Entonces reclamo que alguien me proteja. Así que como de pie no estoy al al alcance de Teterrorist, no dejo que se sienten. Me da miedo…

Finalmente, viene al rescate Papá para llevarme a bañar. Cuando estamos en el cambiador (a mi parecer, un eufeminismo -o algo así- ya que es una mesa de despacho con una toalla) y me desnuda para el baño, cojo un poco de frío. Entonces hago una cosa que de mayor es casi imposible de hacer. Papá lo llama el Papapedo de la Flatulencia Mágica: consiste en tirarse un pedo, estornudar y toser, todo a la vez.


Después, bañan a Teterrorist. Nos dan de cenar a los dos, y mi amenaza, por fin, se va a dormir. Aquí llega mi momento. Como llevo todo el día durmiendo (ya que hacer ejercicio es muy cansado) o haciendo la Zarigüeya, no tengo sueño, por lo que me pongo a cantar y mis padres bailan a mi son.

Pero llega un momento que como ya es de noche, he tenido un día muy duro y mis padres parecen un poco desesperados, me voy a dormir. No sin antes aprovechar que Mamá por casa siempre va con una teta al aire para tomar un poquito de leche. Y entonces en el silencio de la noche oigo a Mamá haciendo ese ruido: Pop, pop, pop.

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One day in Penny’s Life

Hola, soy Penny, la hija del Sr. Lobo. Evito problemas.

¿Tu problema es que convives con un “hermano mayor” que te hace la vida imposible? Aquí tienes mis técnicas para evitarlo y sobrevivir.


Hola, me llamo Penny y soy la pequeña. En MI casa vivo con una extensión de mi ser llamada Mamá. Mamá es mi central lechera particular que me surte a mi antojo. Además de dar teta, también me ofrece otros servicios como cambio de pañales o ponerme conjuntitos. Según con quien haya quedado, se ve obligada a vestirme de rosa, no sin antes renegar y decir palabras que creo todavía no me corresponde saber.

Con Mamá vive un señor peludo y con mucha barba que viene a vernos por las tardes. Cuando me ve, se pone a hacer falsetes tipo cantante de The Darkness durante 5 minutos hasta que yo le sonrío y se va. ¡Y menos mal! porque me pone la cabeza como un bombo con tanto Ajoajoajoajo(que debe ser de ahí lo de “Repetirse más que el ajo”). Dicen que este señor es mi papá. En el fondo parece hasta buena persona y todo.

Mi vida hasta aquí sería maravillosa y de color de rosa (aunque le pese a mamá). Pero nací con una maldición: Soy la pequeña. Por casa corre otro ser un poco mayor que yo, conocido como Le Petit TETErrorist. Él es el motivo por el que vivo en constante tensión. A mi edad (3 meses) ya estoy sufriendo estrés y contracturas por su culpa.

Mi día a día es bastante rutinario. Duermo muy agustito hasta que vienen a despertarme. Puede suceder que me despierte mamá haciéndolo con caricias y besitos o puede que se le adelante Teterrorist y me despierte a base de sus “besos”. 

Me sirvo un poco de desayuno de la central lechera y después mamá nos viste y nos vamos a un sitio llamado Guardherejía donde retienen a Teterrorist todo el día. Cuando salimos suspiro de tranquilidad, y creo que mamá también, ya que, una vez en la calle dice cosas como: “Anda y que te aguante tu profesora un rato, que hoy estás… Estás…”.
Entonces nos vamos a pasear, a tomar algo, a ver unas amigas, a comprar, a hacer unos recados… ¡A no parar! No sé qué le pasa a mamá, pero se ve que durante de día deben clausurar MI casa o algo por el estilo porque no estamos nunca. Mamá dice que “le da por saco” ir con el cochecito arriba y cochecito abajo, así que me lleva en algo que se llama Boba (mi Papá dice el que el que le puso el nombre o tenía mala leche o era Forrest Gump). Como nos pasamos todo el día fuera y me lleva desnucada en la mochila, Papá dice que rumaneamos.
Durante nuestros paseos con tanto ejercicio, me va dando sed y hambre, así que la central lechera que es muy diestra en esto se saca la teta en cualquier lado y me la enchufa. A veces es un poco complicado chupar cuando va andando por la calle sin sacarme de la Boba pero le voy pillando el truquillo.

Cuando no paramos por casa, mamá suele comer por ahí.  Lo sé, no porque lo vea desde la mochila, sinó porque me caen hojas de lechuga, migas de pan, macarrones y otros manjares en la cabeza. Y entonces las horas pasan muy rápidas, cuando solo llevamos hechos un par de recados de nada, ya es hora de ir a buscar a Teterrorist
¡Qué poco duran las treguas de paz…!

De vuelta a casa de la Guardherejía, solemos parar en un sitio que Papá llama el Parkelarredonde dice que se dan reuniones clandestinas para adorar a los hijos de Lucifer, o also así. Ya os lo explicará él. Aquí es donde Papá viene a buscarnos para ir, por fin, a casa.

Cuando llegamos es cuando empieza mi pesadilla. Si Papá me lleva apoyada en el brazo todo va bien, pero no para de quejarse de sentirse como El Langi y tener que hacerlo todo con una sola mano, así que me acaba Aparcando. Y me dejan ahí, en esa hamaca, sola, sin protección, ni alambre de espinas ni una valla electrificada ni nada. ¿Qué no ven que estoy al alcance de Teterrorist? Y aunque lleve todo el día durmiendo en la Boba, yo me hago la dormida a ver si paso desapercibida. Papá lo llama hacer la Zarigüeya.

Teterrorist no es de fiar. A veces viene y me da besos, que más que besos son lametones de vaca que me dejan la cara empapada. Si sólo fuese eso, no me molestaría. Pero es que por cada dos besos, me da siete sopapos y por eso Papá lo llama Tete-Quizás: Kiss-Kiss-Zas-Zas.  Además Teterrorist no controla lo de dar besos, y da besos con dientes que llaman Bocabits.

Otras veces me reconoce como su hermana y me trae cosas para jugar, pero como yo todavía estoy aprendiendo a controlar esas cosas to’buenas que me meto en la boca y que Mamá llama manos, al no cogerlas, me las tira a la cabeza. Yo aguanto dos o tres envestidas, pero no más. Entonces reclamo que alguien me proteja. Así que como de pie no estoy al al alcance de Teterrorist, no dejo que se sienten. Me da miedo…

Finalmente, viene al rescate Papá para llevarme a bañar. Cuando estamos en el cambiador (a mi parecer, un eufeminismo -o algo así- ya que es una mesa de despacho con una toalla) y me desnuda para el baño, cojo un poco de frío. Entonces hago una cosa que de mayor es casi imposible de hacer. Papá lo llama el Papapedo de la Flatulencia Mágica: consiste en tirarse un pedo, estornudar y toser, todo a la vez.


Después, bañan a Teterrorist. Nos dan de cenar a los dos, y mi amenaza, por fin, se va a dormir. Aquí llega mi momento. Como llevo todo el día durmiendo (ya que hacer ejercicio es muy cansado) o haciendo la Zarigüeya, no tengo sueño, por lo que me pongo a cantar y mis padres bailan a mi son.

Pero llega un momento que como ya es de noche, he tenido un día muy duro y mis padres parecen un poco desesperados, me voy a dormir. No sin antes aprovechar que Mamá por casa siempre va con una teta al aire para tomar un poquito de leche. Y entonces en el silencio de la noche oigo a Mamá haciendo ese ruido: Pop, pop, pop.

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One day in Penny’s Life

Hola, soy Penny, la hija del Sr. Lobo. Evito problemas.

¿Tu problema es que convives con un “hermano mayor” que te hace la vida imposible? Aquí tienes mis técnicas para evitarlo y sobrevivir.


Hola, me llamo Penny y soy la pequeña. En MI casa vivo con una extensión de mi ser llamada Mamá. Mamá es mi central lechera particular que me surte a mi antojo. Además de dar teta, también me ofrece otros servicios como cambio de pañales o ponerme conjuntitos. Según con quien haya quedado, se ve obligada a vestirme de rosa, no sin antes renegar y decir palabras que creo todavía no me corresponde saber.

Con Mamá vive un señor peludo y con mucha barba que viene a vernos por las tardes. Cuando me ve, se pone a hacer falsetes tipo cantante de The Darkness durante 5 minutos hasta que yo le sonrío y se va. ¡Y menos mal! porque me pone la cabeza como un bombo con tanto Ajoajoajoajo(que debe ser de ahí lo de “Repetirse más que el ajo”). Dicen que este señor es mi papá. En el fondo parece hasta buena persona y todo.

Mi vida hasta aquí sería maravillosa y de color de rosa (aunque le pese a mamá). Pero nací con una maldición: Soy la pequeña. Por casa corre otro ser un poco mayor que yo, conocido como Le Petit TETErrorist. Él es el motivo por el que vivo en constante tensión. A mi edad (3 meses) ya estoy sufriendo estrés y contracturas por su culpa.

Mi día a día es bastante rutinario. Duermo muy agustito hasta que vienen a despertarme. Puede suceder que me despierte mamá haciéndolo con caricias y besitos o puede que se le adelante Teterrorist y me despierte a base de sus “besos”. 

Me sirvo un poco de desayuno de la central lechera y después mamá nos viste y nos vamos a un sitio llamado Guardherejía donde retienen a Teterrorist todo el día. Cuando salimos suspiro de tranquilidad, y creo que mamá también, ya que, una vez en la calle dice cosas como: “Anda y que te aguante tu profesora un rato, que hoy estás… Estás…”.
Entonces nos vamos a pasear, a tomar algo, a ver unas amigas, a comprar, a hacer unos recados… ¡A no parar! No sé qué le pasa a mamá, pero se ve que durante de día deben clausurar MI casa o algo por el estilo porque no estamos nunca. Mamá dice que “le da por saco” ir con el cochecito arriba y cochecito abajo, así que me lleva en algo que se llama Boba (mi Papá dice el que el que le puso el nombre o tenía mala leche o era Forrest Gump). Como nos pasamos todo el día fuera y me lleva desnucada en la mochila, Papá dice que rumaneamos.
Durante nuestros paseos con tanto ejercicio, me va dando sed y hambre, así que la central lechera que es muy diestra en esto se saca la teta en cualquier lado y me la enchufa. A veces es un poco complicado chupar cuando va andando por la calle sin sacarme de la Boba pero le voy pillando el truquillo.

Cuando no paramos por casa, mamá suele comer por ahí.  Lo sé, no porque lo vea desde la mochila, sinó porque me caen hojas de lechuga, migas de pan, macarrones y otros manjares en la cabeza. Y entonces las horas pasan muy rápidas, cuando solo llevamos hechos un par de recados de nada, ya es hora de ir a buscar a Teterrorist
¡Qué poco duran las treguas de paz…!

De vuelta a casa de la Guardherejía, solemos parar en un sitio que Papá llama el Parkelarredonde dice que se dan reuniones clandestinas para adorar a los hijos de Lucifer, o also así. Ya os lo explicará él. Aquí es donde Papá viene a buscarnos para ir, por fin, a casa.

Cuando llegamos es cuando empieza mi pesadilla. Si Papá me lleva apoyada en el brazo todo va bien, pero no para de quejarse de sentirse como El Langi y tener que hacerlo todo con una sola mano, así que me acaba Aparcando. Y me dejan ahí, en esa hamaca, sola, sin protección, ni alambre de espinas ni una valla electrificada ni nada. ¿Qué no ven que estoy al alcance de Teterrorist? Y aunque lleve todo el día durmiendo en la Boba, yo me hago la dormida a ver si paso desapercibida. Papá lo llama hacer la Zarigüeya.

Teterrorist no es de fiar. A veces viene y me da besos, que más que besos son lametones de vaca que me dejan la cara empapada. Si sólo fuese eso, no me molestaría. Pero es que por cada dos besos, me da siete sopapos y por eso Papá lo llama Tete-Quizás: Kiss-Kiss-Zas-Zas.  Además Teterrorist no controla lo de dar besos, y da besos con dientes que llaman Bocabits.

Otras veces me reconoce como su hermana y me trae cosas para jugar, pero como yo todavía estoy aprendiendo a controlar esas cosas to’buenas que me meto en la boca y que Mamá llama manos, al no cogerlas, me las tira a la cabeza. Yo aguanto dos o tres envestidas, pero no más. Entonces reclamo que alguien me proteja. Así que como de pie no estoy al al alcance de Teterrorist, no dejo que se sienten. Me da miedo…

Finalmente, viene al rescate Papá para llevarme a bañar. Cuando estamos en el cambiador (a mi parecer, un eufeminismo -o algo así- ya que es una mesa de despacho con una toalla) y me desnuda para el baño, cojo un poco de frío. Entonces hago una cosa que de mayor es casi imposible de hacer. Papá lo llama el Papapedo de la Flatulencia Mágica: consiste en tirarse un pedo, estornudar y toser, todo a la vez.


Después, bañan a Teterrorist. Nos dan de cenar a los dos, y mi amenaza, por fin, se va a dormir. Aquí llega mi momento. Como llevo todo el día durmiendo (ya que hacer ejercicio es muy cansado) o haciendo la Zarigüeya, no tengo sueño, por lo que me pongo a cantar y mis padres bailan a mi son.

Pero llega un momento que como ya es de noche, he tenido un día muy duro y mis padres parecen un poco desesperados, me voy a dormir. No sin antes aprovechar que Mamá por casa siempre va con una teta al aire para tomar un poquito de leche. Y entonces en el silencio de la noche oigo a Mamá haciendo ese ruido: Pop, pop, pop.

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Los Guardianes de la Entropía de la Galaxia

Hola, soy el Señor Lobo. Soluciono problemas.
¿Tu problema es que tienes la nevera vacía y tienes que hacer la compra? Pues prepárate para entrar en combate: «He visto horrores… horrores que usted ha visto».  

Dejadme que me ponga un poco científico. En Termodinámica existe una magnitud física que se llama Entropía que, de forma general, se podría resumir en que «El Universo tiende al Caos«. Pues la función en esta vida de Le Petit Terrorist es ser un Guardián de la Entropía de la Galaxia.

Sábado por la mañana (muy por la mañana), me levanto/levantan y preparo el desayuno de todos. Mientras, Dory va haciendo la ronda de cambio de Repositorios de Datos de Penny y Le Petit Terrorist. Le dejo la Biberinha de Le Petit Terrorist y  continuo preparando nuestro desayuno. Cuando vuelvo al comedor, veo a Dory dándole la Biberinha matutina a Le Petit Terrorist y le pregunto:

Dory, ¿todo bien?
– Sí, aquí dándole el desayuno…
– Ya… ¿has popiteado mucho esta noche?
– No. Hoy bastante bien, cada tres horas ¿Por?
– ¡Porque llevas a Le Petit Terrorist en plan comando (con los cojones colgando)!
– ¡Hostias, que no le he puesto el pañal!

Dory deja de llorar del ataque de risa y superando el momento Superpop, decidimos jugárnosla  e ir al Centro Comercial para hacer la compra.

Antes de salir de casa hacemos la falsa reflexión de: «¿Cuánto rato vamos a estar fuera?» En función del número de horas decidimos el kit que nos llevamos:

1-3 horas – Kit A pelo: Una botellita de agua y un repositorio de datos para Penny. Semó unos valientes.
3-4 horas – Kit Básico: 3-5 Repositorios para Penny, 2-3 para Le Petit Terrorist, toallitas húmedas, arrullo para Penny, palitos de pan para sobornar a Le Petit Terrorist y agua.
5-8 horas – Kit Full Equip: Básico + recambios de ropa.

Todos tenemos la teoría clara y todos sabemos que ES ESTADÍSTICAMENTE IMPOSIBLE acertar con el kit. Si te llevas el kit Full Equip vuelves a casa sin haberlo tocado. Y si te vas a comprar 2 cochinas horas con el kit A pelo te vuelven cagados, llorando de desnutrición y empapados en agua.

Como vamos a comprar al súper nos la jugamos y nos decantamos por el kit A pelo bajo la reflexión: «Total, es ir y venir«. Así que realizamos el embarque-desembarque de Normandía y llegamos al centro comercial.

Aquí empieza el terror de la guerra: Después de haber tenido retenido en la sillita del coche a Le Petit Terrorist durante 17 interminables minutos, está más ansioso que Willy por su Libertad (Willy la orca, aunque si supiese hablar seguro que hacía un William Wallace al grito de ¡¡¡LIBERTAAAAAAAAAD!!!). Me armo de valor y con un palo largo presiono el botón de cierre del arnés. Es recomendable tomar medidas de seguridad oportunas cuando ejercitas la maniobra Release the Kraken. Acto seguido, aunque odie a los Runners, me calzo las deportivas, activo el Dadstatics y empiezo a ejercer de Padre Coyote persiguiendo a Le Petit Terrorist en modo Speedybebélez.


La primera parada de la compra-carrera es el supermercado. Allí, en un alarde de padre-enrollado meto a Le Petit Terrorist de pie dentro del carro de la compra (el que diseñó el sistema desplegable para sentar a Lö-Båby, le tocó la lotería y tuvo un modelo que sabía tener el culo quieto). Poner a Le Petit Terrorist en el carro implica diferentes fases:

Fase Titanic: Le Petit Terrorist se agarra al frontal del carro con los brazos extendidos dejando sus cuatro pelillos al viento del aire acondicionado. Es la fase bucólica de ir a comprar.
Fase QA (Quality Assurance): Conforme voy dejando productos de la compra en el carro, Le Petit Terrorist comprueba su calidad sometiéndolos a controles de presión manual o bien poniéndose de pie encima de ellos. En esta fase, las bolsas de lechuga que no superan el control de QA, como no las he pagado, son furtivamente sustituidas.
Fase Feedback: del inglés retroalimentación, consistente en que yo meto alimentos que en teoría quería comprar en el carro, pero Le Petit Terrorist decide que no los quiere y los va tirando por los pasillos. 
Fase Asno: Cuando empieza a chillar y a tener espamos, aunque no habla, su lenguaje corporal me da a entender que está diciendo «Me abuuuurroooo«. Por lo que lo saco del carro…


Entonces Le Petit Terrorist, como buen Guardián de la Entropía de la Galaxia, se arranca a dar vueltas como el Demonio de Tasmania y cual huracán Katrina empieza a arrasar con todo lo que hay (afortunadamente) en la primera y segunda estantería. A mi sólo me queda la opción de hacer como Bill Paxton en Twister y perseguir al tornado. Eso sí, recolocando todo lo que tira de las estanterías. Como hay un par de frascos de cristal que no sobreviven, cuando paso persiguiendo el ciclón por delante de las cajeras les aviso de que se han roto poniendo mi cara lastimera de «siñora, siñora, tenga usted piedad que mire lo que me ha tocado criar«. 


Entonces Le Petit Terrorist llega a la panadería y hace una Estatua de Colón: se queda petrificado señalando con el dedo. Obviamente, veo la oportunidad de sobornarlo un rato y conseguir que se siente «Lo que duran dos palitos de pan en un Lö-Båby on the car-rocks«. Como logro retenerlo sentado, tengo la oportunidad de buscar a Dory. La reconozco por las fotos del comedor y porque portea a Penny. Tras preguntarle qué falta, ya que yo he perdido la noción del tiempo y de la compra persiguiendo al Demonio de Tasmania, me dice que faltan los yogures. Así que después de encebollar a Penny con dos jerseys y un arrullo nos dirigimos al Polo Norte. Tal cual giramos y encaramos la sección de Yogures, Le Petit Terrorist suelta el palito que se está comiendo y como un mono en celo histérico empieza a chillar «Uh-uh-uh-aaah-aaaah«. Y es que Le Petit Terrorist es un yonki de los yogures, y como no le queremos dar ninguno (porque somos unos malos padres que no llevan cucharas encima y nos amparamos bajo la Quinta Enmienda paternal de «Luego no comerás«) monta en cólera. Después de que las tres viejas de turno, que no sé cómo pero SIEMPRE ESTÁN AHÍ, nos miren perdonándonos la vida y con una caída de ojos de «¡Menudo numerito, que vergüenza!«, tengo que retener a Dory porque ya se ha armado con cuchillos y está dispuesta a iniciar la Matanza del Carrefour, optamos por darle un yogur bebible para apaciguar la rebelión del Griego. Pero claro, como Le Petit Terrorist tiene casi 18 meses (en castellano solteril, año y medio), está en la época de «¡Déjameeeeeee que quiero hacerlo yooooo!» y, por supuesto, blanco y en botella (nunca mejor dicho) el yogur se reparte en: 

– 30% de acierto en la boca, 
– 10% sobre el resto de la compra, 
– 35% encima de la camiseta que lleva puesta, 
– 5% en el pelo, 
– 7% en los fluorescentes del pasillo y
– el restante 13% distribuido sobre Dory, Penny, la cajera y servidor.


Llegado el momento de pagar, como Penny no ha tenido su dosis de protagonismo, decide que también tiene hambre, por lo que DoryAfrodita-Pechos fuera se la enchufa a la teta mientras va sacando la tarjeta para pagar (se ve que es algo muy común en países del Este tipo Rumanía). Pero claro, toda máquina que tenga luces y botones debe ser comprobada por Le Petit Terrorist. Así que después de introducir dos veces mal el PIN (mira que se lo hemos enseñado y no lo aprende…) y ante la perspectiva de tener que llamar al banco para desbloquear la tarjeta, Dory arranca el datáfono de manos de Le Petit Terrorist, bajo su correspondiente pataleta, y paga. 


Como somos muy chulos y no hemos tenido bastante, decidimos ir a comprar un par de camisetas para Le Petit Terrorist, porque se ve que en la Guardherejía practican para la pasarela Cibeles y necesitan siete u ocho modelitos diarios. Por lo que tras dejar la compra en el coche, vamos a una tienda de ropa infantil. Donde se ve, que aún siendo infantil y teniendo la clientela que tienen, les gusta provocar poniendo ropita bien dobladita en estanterías a ras de suelo. Y claro, un Guardián de la Entropía de la Galaxia JAMÁS puede consentir estar en presencia de tanto orden. Así que Le Petit Terrorist decide sacar al escaparatista que lleva dentro y redistribuye toda la ropa de la tienda. Como Padre Coyote, reponer los productos en las estanterías del súper es asumible, pero tener que perseguir y doblar la ropa de nuevo para ponerla en su sitio, es una tarea digna de Hércules. A menos que vayas a comprar ropa a granel al Primark que, en ese caso, Le Petit Terrorist, como Guardián de la Entropía de la Galaxia, cortocircuita y se pone a doblar la ropa porque le supera el caos.

De mientras, Dory ha elegido un par de camisetas, dos pantalones  y un jersey, porque claro, no le conjunta con nada de los siete armarios de ropa que Le Petit TerroristLomana tiene en casa. Así que me pide que la ayude a probárselo allí en medio. Probar ropa a un Speedybebélez es como intentar ponerle medias a un pulpo vivo. Pero como yo hice Judo de pequeño, le logro inmovilizar con una llave y le ponemos un conjunto para comprobar la talla. Tras ver que SÓLO le cuelgan15 cm de las mangas y 23 cm de las piernas del pantalón, Dory dice «Así está bien, que si no crece y se le queda pequeño«, cosa que nunca entenderé. ¡Esa pobre ropa no sobrevivirá para cuando sea de su talla! Se ve que las Feminas Lactantis cuando visten a sus Lö-Båby con ropas de su talla los deben ver pequeños, escuálidos, malnutridos o enfermos y no lo soportan. 

Con los nuevos modelitos para Le Petit Terrorist y los conjuntos rosas para Penny (que Dory dijo que «Por encima de su cadáver» compraría rosa) pagamos en la caja mientras entretengo a Le Petit Terrorist. Como vemos que es la una del mediodía, significa que en Europa y en horario paternal CMT 0 debes dar de comer a los Mogwais o mutarán a Gremlins. Decidimos parar para comer algo en algún restaurante, que por suerte en un centro comercial suelen ser familiares y te dejan entrar con niños sin bozal. 

Pero esto ya es otra aventura que necesitará un post especifico, lo que sí puedo avisar es que la distribución de la comida siguió el mismo patrón que la del yogur.


Así que, amigos solteros, que los sábados por la mañana salís a correr, jugar a tenis/padel, ir al gimnasio, etc. ¿Os pensáis que estáis en forma? Ya me gustaría veros haciendo una Iron Parent-Man de centro comercial: Súper-Ropa-Restaurante ¡3,7Kg perdí el último sábado!




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Los Guardianes de la Entropía de la Galaxia

Hola, soy el Señor Lobo. Soluciono problemas.
¿Tu problema es que tienes la nevera vacía y tienes que hacer la compra? Pues prepárate para entrar en combate: «He visto horrores… horrores que usted ha visto».  

Dejadme que me ponga un poco científico. En Termodinámica existe una magnitud física que se llama Entropía que, de forma general, se podría resumir en que «El Universo tiende al Caos«. Pues la función en esta vida de Le Petit Terrorist es ser un Guardián de la Entropía de la Galaxia.

Sábado por la mañana (muy por la mañana), me levanto/levantan y preparo el desayuno de todos. Mientras, Dory va haciendo la ronda de cambio de Repositorios de Datos de Penny y Le Petit Terrorist. Le dejo la Biberinha de Le Petit Terrorist y  continuo preparando nuestro desayuno. Cuando vuelvo al comedor, veo a Dory dándole la Biberinha matutina a Le Petit Terrorist y le pregunto:

Dory, ¿todo bien?
– Sí, aquí dándole el desayuno…
– Ya… ¿has popiteado mucho esta noche?
– No. Hoy bastante bien, cada tres horas ¿Por?
– ¡Porque llevas a Le Petit Terrorist en plan comando (con los cojones colgando)!
– ¡Hostias, que no le he puesto el pañal!

Dory deja de llorar del ataque de risa y superando el momento Superpop, decidimos jugárnosla  e ir al Centro Comercial para hacer la compra.

Antes de salir de casa hacemos la falsa reflexión de: «¿Cuánto rato vamos a estar fuera?» En función del número de horas decidimos el kit que nos llevamos:

1-3 horas – Kit A pelo: Una botellita de agua y un repositorio de datos para Penny. Semó unos valientes.
3-4 horas – Kit Básico: 3-5 Repositorios para Penny, 2-3 para Le Petit Terrorist, toallitas húmedas, arrullo para Penny, palitos de pan para sobornar a Le Petit Terrorist y agua.
5-8 horas – Kit Full Equip: Básico + recambios de ropa.

Todos tenemos la teoría clara y todos sabemos que ES ESTADÍSTICAMENTE IMPOSIBLE acertar con el kit. Si te llevas el kit Full Equip vuelves a casa sin haberlo tocado. Y si te vas a comprar 2 cochinas horas con el kit A pelo te vuelven cagados, llorando de desnutrición y empapados en agua.

Como vamos a comprar al súper nos la jugamos y nos decantamos por el kit A pelo bajo la reflexión: «Total, es ir y venir«. Así que realizamos el embarque-desembarque de Normandía y llegamos al centro comercial.

Aquí empieza el terror de la guerra: Después de haber tenido retenido en la sillita del coche a Le Petit Terrorist durante 17 interminables minutos, está más ansioso que Willy por su Libertad (Willy la orca, aunque si supiese hablar seguro que hacía un William Wallace al grito de ¡¡¡LIBERTAAAAAAAAAD!!!). Me armo de valor y con un palo largo presiono el botón de cierre del arnés. Es recomendable tomar medidas de seguridad oportunas cuando ejercitas la maniobra Release the Kraken. Acto seguido, aunque odie a los Runners, me calzo las deportivas, activo el Dadstatics y empiezo a ejercer de Padre Coyote persiguiendo a Le Petit Terrorist en modo Speedybebélez.


La primera parada de la compra-carrera es el supermercado. Allí, en un alarde de padre-enrollado meto a Le Petit Terrorist de pie dentro del carro de la compra (el que diseñó el sistema desplegable para sentar a Lö-Båby, le tocó la lotería y tuvo un modelo que sabía tener el culo quieto). Poner a Le Petit Terrorist en el carro implica diferentes fases:

Fase Titanic: Le Petit Terrorist se agarra al frontal del carro con los brazos extendidos dejando sus cuatro pelillos al viento del aire acondicionado. Es la fase bucólica de ir a comprar.
Fase QA (Quality Assurance): Conforme voy dejando productos de la compra en el carro, Le Petit Terrorist comprueba su calidad sometiéndolos a controles de presión manual o bien poniéndose de pie encima de ellos. En esta fase, las bolsas de lechuga que no superan el control de QA, como no las he pagado, son furtivamente sustituidas.
Fase Feedback: del inglés retroalimentación, consistente en que yo meto alimentos que en teoría quería comprar en el carro, pero Le Petit Terrorist decide que no los quiere y los va tirando por los pasillos. 
Fase Asno: Cuando empieza a chillar y a tener espamos, aunque no habla, su lenguaje corporal me da a entender que está diciendo «Me abuuuurroooo«. Por lo que lo saco del carro…


Entonces Le Petit Terrorist, como buen Guardián de la Entropía de la Galaxia, se arranca a dar vueltas como el Demonio de Tasmania y cual huracán Katrina empieza a arrasar con todo lo que hay (afortunadamente) en la primera y segunda estantería. A mi sólo me queda la opción de hacer como Bill Paxton en Twister y perseguir al tornado. Eso sí, recolocando todo lo que tira de las estanterías. Como hay un par de frascos de cristal que no sobreviven, cuando paso persiguiendo el ciclón por delante de las cajeras les aviso de que se han roto poniendo mi cara lastimera de «siñora, siñora, tenga usted piedad que mire lo que me ha tocado criar«. 


Entonces Le Petit Terrorist llega a la panadería y hace una Estatua de Colón: se queda petrificado señalando con el dedo. Obviamente, veo la oportunidad de sobornarlo un rato y conseguir que se siente «Lo que duran dos palitos de pan en un Lö-Båby on the car-rocks«. Como logro retenerlo sentado, tengo la oportunidad de buscar a Dory. La reconozco por las fotos del comedor y porque portea a Penny. Tras preguntarle qué falta, ya que yo he perdido la noción del tiempo y de la compra persiguiendo al Demonio de Tasmania, me dice que faltan los yogures. Así que después de encebollar a Penny con dos jerseys y un arrullo nos dirigimos al Polo Norte. Tal cual giramos y encaramos la sección de Yogures, Le Petit Terrorist suelta el palito que se está comiendo y como un mono en celo histérico empieza a chillar «Uh-uh-uh-aaah-aaaah«. Y es que Le Petit Terrorist es un yonki de los yogures, y como no le queremos dar ninguno (porque somos unos malos padres que no llevan cucharas encima y nos amparamos bajo la Quinta Enmienda paternal de «Luego no comerás«) monta en cólera. Después de que las tres viejas de turno, que no sé cómo pero SIEMPRE ESTÁN AHÍ, nos miren perdonándonos la vida y con una caída de ojos de «¡Menudo numerito, que vergüenza!«, tengo que retener a Dory porque ya se ha armado con cuchillos y está dispuesta a iniciar la Matanza del Carrefour, optamos por darle un yogur bebible para apaciguar la rebelión del Griego. Pero claro, como Le Petit Terrorist tiene casi 18 meses (en castellano solteril, año y medio), está en la época de «¡Déjameeeeeee que quiero hacerlo yooooo!» y, por supuesto, blanco y en botella (nunca mejor dicho) el yogur se reparte en: 

– 30% de acierto en la boca, 
– 10% sobre el resto de la compra, 
– 35% encima de la camiseta que lleva puesta, 
– 5% en el pelo, 
– 7% en los fluorescentes del pasillo y
– el restante 13% distribuido sobre Dory, Penny, la cajera y servidor.


Llegado el momento de pagar, como Penny no ha tenido su dosis de protagonismo, decide que también tiene hambre, por lo que DoryAfrodita-Pechos fuera se la enchufa a la teta mientras va sacando la tarjeta para pagar (se ve que es algo muy común en países del Este tipo Rumanía). Pero claro, toda máquina que tenga luces y botones debe ser comprobada por Le Petit Terrorist. Así que después de introducir dos veces mal el PIN (mira que se lo hemos enseñado y no lo aprende…) y ante la perspectiva de tener que llamar al banco para desbloquear la tarjeta, Dory arranca el datáfono de manos de Le Petit Terrorist, bajo su correspondiente pataleta, y paga. 


Como somos muy chulos y no hemos tenido bastante, decidimos ir a comprar un par de camisetas para Le Petit Terrorist, porque se ve que en la Guardherejía practican para la pasarela Cibeles y necesitan siete u ocho modelitos diarios. Por lo que tras dejar la compra en el coche, vamos a una tienda de ropa infantil. Donde se ve, que aún siendo infantil y teniendo la clientela que tienen, les gusta provocar poniendo ropita bien dobladita en estanterías a ras de suelo. Y claro, un Guardián de la Entropía de la Galaxia JAMÁS puede consentir estar en presencia de tanto orden. Así que Le Petit Terrorist decide sacar al escaparatista que lleva dentro y redistribuye toda la ropa de la tienda. Como Padre Coyote, reponer los productos en las estanterías del súper es asumible, pero tener que perseguir y doblar la ropa de nuevo para ponerla en su sitio, es una tarea digna de Hércules. A menos que vayas a comprar ropa a granel al Primark que, en ese caso, Le Petit Terrorist, como Guardián de la Entropía de la Galaxia, cortocircuita y se pone a doblar la ropa porque le supera el caos.

De mientras, Dory ha elegido un par de camisetas, dos pantalones  y un jersey, porque claro, no le conjunta con nada de los siete armarios de ropa que Le Petit TerroristLomana tiene en casa. Así que me pide que la ayude a probárselo allí en medio. Probar ropa a un Speedybebélez es como intentar ponerle medias a un pulpo vivo. Pero como yo hice Judo de pequeño, le logro inmovilizar con una llave y le ponemos un conjunto para comprobar la talla. Tras ver que SÓLO le cuelgan15 cm de las mangas y 23 cm de las piernas del pantalón, Dory dice «Así está bien, que si no crece y se le queda pequeño«, cosa que nunca entenderé. ¡Esa pobre ropa no sobrevivirá para cuando sea de su talla! Se ve que las Feminas Lactantis cuando visten a sus Lö-Båby con ropas de su talla los deben ver pequeños, escuálidos, malnutridos o enfermos y no lo soportan. 

Con los nuevos modelitos para Le Petit Terrorist y los conjuntos rosas para Penny (que Dory dijo que «Por encima de su cadáver» compraría rosa) pagamos en la caja mientras entretengo a Le Petit Terrorist. Como vemos que es la una del mediodía, significa que en Europa y en horario paternal CMT 0 debes dar de comer a los Mogwais o mutarán a Gremlins. Decidimos parar para comer algo en algún restaurante, que por suerte en un centro comercial suelen ser familiares y te dejan entrar con niños sin bozal. 

Pero esto ya es otra aventura que necesitará un post especifico, lo que sí puedo avisar es que la distribución de la comida siguió el mismo patrón que la del yogur.


Así que, amigos solteros, que los sábados por la mañana salís a correr, jugar a tenis/padel, ir al gimnasio, etc. ¿Os pensáis que estáis en forma? Ya me gustaría veros haciendo una Iron Parent-Man de centro comercial: Súper-Ropa-Restaurante ¡3,7Kg perdí el último sábado!




Sigue leyendo ->

Los Guardianes de la Entropía de la Galaxia

Hola, soy el Señor Lobo. Soluciono problemas.
¿Tu problema es que tienes la nevera vacía y tienes que hacer la compra? Pues prepárate para entrar en combate: «He visto horrores… horrores que usted ha visto».  

Dejadme que me ponga un poco científico. En Termodinámica existe una magnitud física que se llama Entropía que, de forma general, se podría resumir en que «El Universo tiende al Caos«. Pues la función en esta vida de Le Petit Terrorist es ser un Guardián de la Entropía de la Galaxia.

Sábado por la mañana (muy por la mañana), me levanto/levantan y preparo el desayuno de todos. Mientras, Dory va haciendo la ronda de cambio de Repositorios de Datos de Penny y Le Petit Terrorist. Le dejo la Biberinha de Le Petit Terrorist y  continuo preparando nuestro desayuno. Cuando vuelvo al comedor, veo a Dory dándole la Biberinha matutina a Le Petit Terrorist y le pregunto:

Dory, ¿todo bien?
– Sí, aquí dándole el desayuno…
– Ya… ¿has popiteado mucho esta noche?
– No. Hoy bastante bien, cada tres horas ¿Por?
– ¡Porque llevas a Le Petit Terrorist en plan comando (con los cojones colgando)!
– ¡Hostias, que no le he puesto el pañal!

Dory deja de llorar del ataque de risa y superando el momento Superpop, decidimos jugárnosla  e ir al Centro Comercial para hacer la compra.

Antes de salir de casa hacemos la falsa reflexión de: «¿Cuánto rato vamos a estar fuera?» En función del número de horas decidimos el kit que nos llevamos:

1-3 horas – Kit A pelo: Una botellita de agua y un repositorio de datos para Penny. Semó unos valientes.
3-4 horas – Kit Básico: 3-5 Repositorios para Penny, 2-3 para Le Petit Terrorist, toallitas húmedas, arrullo para Penny, palitos de pan para sobornar a Le Petit Terrorist y agua.
5-8 horas – Kit Full Equip: Básico + recambios de ropa.

Todos tenemos la teoría clara y todos sabemos que ES ESTADÍSTICAMENTE IMPOSIBLE acertar con el kit. Si te llevas el kit Full Equip vuelves a casa sin haberlo tocado. Y si te vas a comprar 2 cochinas horas con el kit A pelo te vuelven cagados, llorando de desnutrición y empapados en agua.

Como vamos a comprar al súper nos la jugamos y nos decantamos por el kit A pelo bajo la reflexión: «Total, es ir y venir«. Así que realizamos el embarque-desembarque de Normandía y llegamos al centro comercial.

Aquí empieza el terror de la guerra: Después de haber tenido retenido en la sillita del coche a Le Petit Terrorist durante 17 interminables minutos, está más ansioso que Willy por su Libertad (Willy la orca, aunque si supiese hablar seguro que hacía un William Wallace al grito de ¡¡¡LIBERTAAAAAAAAAD!!!). Me armo de valor y con un palo largo presiono el botón de cierre del arnés. Es recomendable tomar medidas de seguridad oportunas cuando ejercitas la maniobra Release the Kraken. Acto seguido, aunque odie a los Runners, me calzo las deportivas, activo el Dadstatics y empiezo a ejercer de Padre Coyote persiguiendo a Le Petit Terrorist en modo Speedybebélez.


La primera parada de la compra-carrera es el supermercado. Allí, en un alarde de padre-enrollado meto a Le Petit Terrorist de pie dentro del carro de la compra (el que diseñó el sistema desplegable para sentar a Lö-Båby, le tocó la lotería y tuvo un modelo que sabía tener el culo quieto). Poner a Le Petit Terrorist en el carro implica diferentes fases:

Fase Titanic: Le Petit Terrorist se agarra al frontal del carro con los brazos extendidos dejando sus cuatro pelillos al viento del aire acondicionado. Es la fase bucólica de ir a comprar.
Fase QA (Quality Assurance): Conforme voy dejando productos de la compra en el carro, Le Petit Terrorist comprueba su calidad sometiéndolos a controles de presión manual o bien poniéndose de pie encima de ellos. En esta fase, las bolsas de lechuga que no superan el control de QA, como no las he pagado, son furtivamente sustituidas.
Fase Feedback: del inglés retroalimentación, consistente en que yo meto alimentos que en teoría quería comprar en el carro, pero Le Petit Terrorist decide que no los quiere y los va tirando por los pasillos. 
Fase Asno: Cuando empieza a chillar y a tener espamos, aunque no habla, su lenguaje corporal me da a entender que está diciendo «Me abuuuurroooo«. Por lo que lo saco del carro…


Entonces Le Petit Terrorist, como buen Guardián de la Entropía de la Galaxia, se arranca a dar vueltas como el Demonio de Tasmania y cual huracán Katrina empieza a arrasar con todo lo que hay (afortunadamente) en la primera y segunda estantería. A mi sólo me queda la opción de hacer como Bill Paxton en Twister y perseguir al tornado. Eso sí, recolocando todo lo que tira de las estanterías. Como hay un par de frascos de cristal que no sobreviven, cuando paso persiguiendo el ciclón por delante de las cajeras les aviso de que se han roto poniendo mi cara lastimera de «siñora, siñora, tenga usted piedad que mire lo que me ha tocado criar«. 


Entonces Le Petit Terrorist llega a la panadería y hace una Estatua de Colón: se queda petrificado señalando con el dedo. Obviamente, veo la oportunidad de sobornarlo un rato y conseguir que se siente «Lo que duran dos palitos de pan en un Lö-Båby on the car-rocks«. Como logro retenerlo sentado, tengo la oportunidad de buscar a Dory. La reconozco por las fotos del comedor y porque portea a Penny. Tras preguntarle qué falta, ya que yo he perdido la noción del tiempo y de la compra persiguiendo al Demonio de Tasmania, me dice que faltan los yogures. Así que después de encebollar a Penny con dos jerseys y un arrullo nos dirigimos al Polo Norte. Tal cual giramos y encaramos la sección de Yogures, Le Petit Terrorist suelta el palito que se está comiendo y como un mono en celo histérico empieza a chillar «Uh-uh-uh-aaah-aaaah«. Y es que Le Petit Terrorist es un yonki de los yogures, y como no le queremos dar ninguno (porque somos unos malos padres que no llevan cucharas encima y nos amparamos bajo la Quinta Enmienda paternal de «Luego no comerás«) monta en cólera. Después de que las tres viejas de turno, que no sé cómo pero SIEMPRE ESTÁN AHÍ, nos miren perdonándonos la vida y con una caída de ojos de «¡Menudo numerito, que vergüenza!«, tengo que retener a Dory porque ya se ha armado con cuchillos y está dispuesta a iniciar la Matanza del Carrefour, optamos por darle un yogur bebible para apaciguar la rebelión del Griego. Pero claro, como Le Petit Terrorist tiene casi 18 meses (en castellano solteril, año y medio), está en la época de «¡Déjameeeeeee que quiero hacerlo yooooo!» y, por supuesto, blanco y en botella (nunca mejor dicho) el yogur se reparte en: 

– 30% de acierto en la boca, 
– 10% sobre el resto de la compra, 
– 35% encima de la camiseta que lleva puesta, 
– 5% en el pelo, 
– 7% en los fluorescentes del pasillo y
– el restante 13% distribuido sobre Dory, Penny, la cajera y servidor.


Llegado el momento de pagar, como Penny no ha tenido su dosis de protagonismo, decide que también tiene hambre, por lo que DoryAfrodita-Pechos fuera se la enchufa a la teta mientras va sacando la tarjeta para pagar (se ve que es algo muy común en países del Este tipo Rumanía). Pero claro, toda máquina que tenga luces y botones debe ser comprobada por Le Petit Terrorist. Así que después de introducir dos veces mal el PIN (mira que se lo hemos enseñado y no lo aprende…) y ante la perspectiva de tener que llamar al banco para desbloquear la tarjeta, Dory arranca el datáfono de manos de Le Petit Terrorist, bajo su correspondiente pataleta, y paga. 


Como somos muy chulos y no hemos tenido bastante, decidimos ir a comprar un par de camisetas para Le Petit Terrorist, porque se ve que en la Guardherejía practican para la pasarela Cibeles y necesitan siete u ocho modelitos diarios. Por lo que tras dejar la compra en el coche, vamos a una tienda de ropa infantil. Donde se ve, que aún siendo infantil y teniendo la clientela que tienen, les gusta provocar poniendo ropita bien dobladita en estanterías a ras de suelo. Y claro, un Guardián de la Entropía de la Galaxia JAMÁS puede consentir estar en presencia de tanto orden. Así que Le Petit Terrorist decide sacar al escaparatista que lleva dentro y redistribuye toda la ropa de la tienda. Como Padre Coyote, reponer los productos en las estanterías del súper es asumible, pero tener que perseguir y doblar la ropa de nuevo para ponerla en su sitio, es una tarea digna de Hércules. A menos que vayas a comprar ropa a granel al Primark que, en ese caso, Le Petit Terrorist, como Guardián de la Entropía de la Galaxia, cortocircuita y se pone a doblar la ropa porque le supera el caos.

De mientras, Dory ha elegido un par de camisetas, dos pantalones  y un jersey, porque claro, no le conjunta con nada de los siete armarios de ropa que Le Petit TerroristLomana tiene en casa. Así que me pide que la ayude a probárselo allí en medio. Probar ropa a un Speedybebélez es como intentar ponerle medias a un pulpo vivo. Pero como yo hice Judo de pequeño, le logro inmovilizar con una llave y le ponemos un conjunto para comprobar la talla. Tras ver que SÓLO le cuelgan15 cm de las mangas y 23 cm de las piernas del pantalón, Dory dice «Así está bien, que si no crece y se le queda pequeño«, cosa que nunca entenderé. ¡Esa pobre ropa no sobrevivirá para cuando sea de su talla! Se ve que las Feminas Lactantis cuando visten a sus Lö-Båby con ropas de su talla los deben ver pequeños, escuálidos, malnutridos o enfermos y no lo soportan. 

Con los nuevos modelitos para Le Petit Terrorist y los conjuntos rosas para Penny (que Dory dijo que «Por encima de su cadáver» compraría rosa) pagamos en la caja mientras entretengo a Le Petit Terrorist. Como vemos que es la una del mediodía, significa que en Europa y en horario paternal CMT 0 debes dar de comer a los Mogwais o mutarán a Gremlins. Decidimos parar para comer algo en algún restaurante, que por suerte en un centro comercial suelen ser familiares y te dejan entrar con niños sin bozal. 

Pero esto ya es otra aventura que necesitará un post especifico, lo que sí puedo avisar es que la distribución de la comida siguió el mismo patrón que la del yogur.


Así que, amigos solteros, que los sábados por la mañana salís a correr, jugar a tenis/padel, ir al gimnasio, etc. ¿Os pensáis que estáis en forma? Ya me gustaría veros haciendo una Iron Parent-Man de centro comercial: Súper-Ropa-Restaurante ¡3,7Kg perdí el último sábado!




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Susurros en la Oscuridad

Hola, soy el Señor Lobo. Soluciono problemas.

¿Oyes cacofonías en medio de la noche? Tu casa está poseída. Poseída por una horda de juguetes (con músicas) infernales.

Te acabas de quedar dormido y de repente suena el despertador a las 00:00. «Alguien» ha estado toquiteándolo y no sabes muy bien cómo pero ha tenido la capacidad de reprogramarlo. Cuando consigues bajar de 200 a 70 pulsaciones/minuto, te relajas y te vuelves a quedar dormido.
Pasa un rato y a altas horas de la madrugada oyes una voces en el baño. Tu primera reacción es taparte con la sábana blindada anti-asesinos, pero recuerdas que eres padre y debes sacrificarte por el bien de tu descendencia. Así que, armado de valor y linterna de iphone en mano, vas al baño y te encuentras a la Ballena de juguete cantando y expulsando burbujas. Repasas mentalmente si tu casa ha sido construída sobre un cementerio indio, y como no te suena demasiado, descartas a priori un efecto Poltergeist. Entonces intentas apagar a la Ballena y como si del mismísimo Chucky se tratara no consigues desconectarla. Así que con la media neurona que tienes operativa no encuentras el destornillador para sacar las pilas. De repente miras a los ojos a la Ballena y ésta te dice algo que te eriza la piel: «Tralaralarí, tralaralarito, nos vamos a dar un bañito» (Lo sé, lo sé. La métrica de este bellísimo ballenísimo verso alejandrino pone los pelillos de punta). Entonces valoras la opción de reventarla contra la pared del baño, pero ante la perspectiva del escándalo que puedes armar y que tampoco te apetece que después venga a hacerte Voodoo para poseer tu cuerpo al haberte explicado su secreto, optas por taparla con una toalla. No son horas de que la Ballena te esté contando su vida.
De vuelta a la cama, como sabes y eres consciente que el caminar de noche por tu casa es como cruzar un campo de minas, has memorizado todos los objetos dispersos por el pasillo. Pero por la noche los juguetes poseídos se mueven, es como la versión satánica de Toy Story, sólo que tú, en lugar de llevar escrito Andy en la suela del zapato, llevas incrustado hasta tocar hueso el (puto) camión rojo de bomberos. ¡No vaya a ser que pises un peluche suave y blandito!

Por si no fuera poco, se activa la musiquita del (puto) camión rojo de bomberos. Y para los que no lo sepáis, los juguetes infantiles en un 99,999999% llevan música. La cual suelen venir con dos opciones de volumen: el volumen bajo o Boeing 747 despegando y el volumen alto o las trompetas del apocalipsis (esto sospecho que es porque GAES debe tener acciones de Vtech). ¿Y cuál se activa? Cual va a ser, la discreta melodía de: «Fuego, fuego!» a 596 decibelios. 
Así que tras volver a casa al ser desalojados porque el vecino del tercero ha llamado al 112 (esta vez a los bomberos de verdad) consigues volver a tu cama y planificar mentalmente la actividad del día siguiente: Quitar TODAS las pilas a TODOS los juguetes.

Y es que no sólo es la Ballena (que es un anacronismo de Anabell-e) o el coche de bomberos, es el pulpo, el oso, el cochecito, la vaca… Todos los (putos) juguetes que entran en tu casa vienen programados con el Modo Infarto para que cuando estés por la noche tranquilamente viendo la tele, leyendo, escribiendo un post o simplemente durmiendo, se activen los mensajes satánicos de «¿Quieres jugar conmigo?». ¡Mi casa de noche da más miedo que una Maratón del Festival de Sitges!

Pero el plan Despilinización Total tiene varios problemas:

1) Y si… ¿Y si aún habiéndole quitado las pilas se activan de noche? Para eso no hay suficiente Fortasec en el mundo que pare la CAQUITA que te vas a hacer encima.

2) Que para evitar TU trauma, TRAUMATICES a tu Lö-Båby por dejarle sin juguetes musicales. Por lo que optas por la versión cobarde de esperar a que se acaben las pilas y decir: «Ooooh cariño, no funciona«. ¡¡PERO TE EQUIVOCAS!! La duración de las pilas es inversamente proporcional a los decibelios del juguete. Por lo que se concluye que los juguetes en modo Trompetas del apocalipsis vienen cargados con pequeños reactores nucleares que hacen que duren eternamente.

3) A menos que tengas un desatornillador de esos molones que usan en Bricomanía, vas a acabar con más ampollas en las manos que cuando eras soltero (es decir single pero en los 90).

Por lo que no te queda más remedio que ser valiente y aprender a no chillar cuando oigas versos satánicos en la noche. Esto también te servirá para tener autocontrol para cuando estés viendo American Horror Story o The Walking Dead y aparezca tu Lö-Båby andando por el pasillo arrastrando un peluche. Gritar como una colegiala histérica ante la presencia de tu Lö-Båby, te digo por experiencia, que no les relaja para volver a meterlos en su cama.


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Pasa un rato y a altas horas de la madrugada oyes una voces en el baño. Tu primera reacción es taparte con la sábana blindada anti-asesinos, pero recuerdas que eres padre y debes sacrificarte por el bien de tu descendencia. Así que, armado de valor y linterna de iphone en mano, vas al baño y te encuentras a la Ballena de juguete cantando y expulsando burbujas. Repasas mentalmente si tu casa ha sido construída sobre un cementerio indio, y como no te suena demasiado, descartas a priori un efecto Poltergeist. Entonces intentas apagar a la Ballena y como si del mismísimo Chucky se tratara no consigues desconectarla. Así que con la media neurona que tienes operativa no encuentras el destornillador para sacar las pilas. De repente miras a los ojos a la Ballena y ésta te dice algo que te eriza la piel: «Tralaralarí, tralaralarito, nos vamos a dar un bañito» (Lo sé, lo sé. La métrica de este bellísimo ballenísimo verso alejandrino pone los pelillos de punta). Entonces valoras la opción de reventarla contra la pared del baño, pero ante la perspectiva del escándalo que puedes armar y que tampoco te apetece que después venga a hacerte Voodoo para poseer tu cuerpo al haberte explicado su secreto, optas por taparla con una toalla. No son horas de que la Ballena te esté contando su vida.
De vuelta a la cama, como sabes y eres consciente que el caminar de noche por tu casa es como cruzar un campo de minas, has memorizado todos los objetos dispersos por el pasillo. Pero por la noche los juguetes poseídos se mueven, es como la versión satánica de Toy Story, sólo que tú, en lugar de llevar escrito Andy en la suela del zapato, llevas incrustado hasta tocar hueso el (puto) camión rojo de bomberos. ¡No vaya a ser que pises un peluche suave y blandito!

Por si no fuera poco, se activa la musiquita del (puto) camión rojo de bomberos. Y para los que no lo sepáis, los juguetes infantiles en un 99,999999% llevan música. La cual suelen venir con dos opciones de volumen: el volumen bajo o Boeing 747 despegando y el volumen alto o las trompetas del apocalipsis (esto sospecho que es porque GAES debe tener acciones de Vtech). ¿Y cuál se activa? Cual va a ser, la discreta melodía de: «Fuego, fuego!» a 596 decibelios. 
Así que tras volver a casa al ser desalojados porque el vecino del tercero ha llamado al 112 (esta vez a los bomberos de verdad) consigues volver a tu cama y planificar mentalmente la actividad del día siguiente: Quitar TODAS las pilas a TODOS los juguetes.

Y es que no sólo es la Ballena (que es un anacronismo de Anabell-e) o el coche de bomberos, es el pulpo, el oso, el cochecito, la vaca… Todos los (putos) juguetes que entran en tu casa vienen programados con el Modo Infarto para que cuando estés por la noche tranquilamente viendo la tele, leyendo, escribiendo un post o simplemente durmiendo, se activen los mensajes satánicos de «¿Quieres jugar conmigo?». ¡Mi casa de noche da más miedo que una Maratón del Festival de Sitges!

Pero el plan Despilinización Total tiene varios problemas:

1) Y si… ¿Y si aún habiéndole quitado las pilas se activan de noche? Para eso no hay suficiente Fortasec en el mundo que pare la CAQUITA que te vas a hacer encima.

2) Que para evitar TU trauma, TRAUMATICES a tu Lö-Båby por dejarle sin juguetes musicales. Por lo que optas por la versión cobarde de esperar a que se acaben las pilas y decir: «Ooooh cariño, no funciona«. ¡¡PERO TE EQUIVOCAS!! La duración de las pilas es inversamente proporcional a los decibelios del juguete. Por lo que se concluye que los juguetes en modo Trompetas del apocalipsis vienen cargados con pequeños reactores nucleares que hacen que duren eternamente.

3) A menos que tengas un desatornillador de esos molones que usan en Bricomanía, vas a acabar con más ampollas en las manos que cuando eras soltero (es decir single pero en los 90).

Por lo que no te queda más remedio que ser valiente y aprender a no chillar cuando oigas versos satánicos en la noche. Esto también te servirá para tener autocontrol para cuando estés viendo American Horror Story o The Walking Dead y aparezca tu Lö-Båby andando por el pasillo arrastrando un peluche. Gritar como una colegiala histérica ante la presencia de tu Lö-Båby, te digo por experiencia, que no les relaja para volver a meterlos en su cama.


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Hola, soy el Señor Lobo. Soluciono problemas.

¿Oyes cacofonías en medio de la noche? Tu casa está poseída. Poseída por una horda de juguetes (con músicas) infernales.

Te acabas de quedar dormido y de repente suena el despertador a las 00:00. «Alguien» ha estado toquiteándolo y no sabes muy bien cómo pero ha tenido la capacidad de reprogramarlo. Cuando consigues bajar de 200 a 70 pulsaciones/minuto, te relajas y te vuelves a quedar dormido.
Pasa un rato y a altas horas de la madrugada oyes una voces en el baño. Tu primera reacción es taparte con la sábana blindada anti-asesinos, pero recuerdas que eres padre y debes sacrificarte por el bien de tu descendencia. Así que, armado de valor y linterna de iphone en mano, vas al baño y te encuentras a la Ballena de juguete cantando y expulsando burbujas. Repasas mentalmente si tu casa ha sido construída sobre un cementerio indio, y como no te suena demasiado, descartas a priori un efecto Poltergeist. Entonces intentas apagar a la Ballena y como si del mismísimo Chucky se tratara no consigues desconectarla. Así que con la media neurona que tienes operativa no encuentras el destornillador para sacar las pilas. De repente miras a los ojos a la Ballena y ésta te dice algo que te eriza la piel: «Tralaralarí, tralaralarito, nos vamos a dar un bañito» (Lo sé, lo sé. La métrica de este bellísimo ballenísimo verso alejandrino pone los pelillos de punta). Entonces valoras la opción de reventarla contra la pared del baño, pero ante la perspectiva del escándalo que puedes armar y que tampoco te apetece que después venga a hacerte Voodoo para poseer tu cuerpo al haberte explicado su secreto, optas por taparla con una toalla. No son horas de que la Ballena te esté contando su vida.
De vuelta a la cama, como sabes y eres consciente que el caminar de noche por tu casa es como cruzar un campo de minas, has memorizado todos los objetos dispersos por el pasillo. Pero por la noche los juguetes poseídos se mueven, es como la versión satánica de Toy Story, sólo que tú, en lugar de llevar escrito Andy en la suela del zapato, llevas incrustado hasta tocar hueso el (puto) camión rojo de bomberos. ¡No vaya a ser que pises un peluche suave y blandito!

Por si no fuera poco, se activa la musiquita del (puto) camión rojo de bomberos. Y para los que no lo sepáis, los juguetes infantiles en un 99,999999% llevan música. La cual suelen venir con dos opciones de volumen: el volumen bajo o Boeing 747 despegando y el volumen alto o las trompetas del apocalipsis (esto sospecho que es porque GAES debe tener acciones de Vtech). ¿Y cuál se activa? Cual va a ser, la discreta melodía de: «Fuego, fuego!» a 596 decibelios. 
Así que tras volver a casa al ser desalojados porque el vecino del tercero ha llamado al 112 (esta vez a los bomberos de verdad) consigues volver a tu cama y planificar mentalmente la actividad del día siguiente: Quitar TODAS las pilas a TODOS los juguetes.

Y es que no sólo es la Ballena (que es un anacronismo de Anabell-e) o el coche de bomberos, es el pulpo, el oso, el cochecito, la vaca… Todos los (putos) juguetes que entran en tu casa vienen programados con el Modo Infarto para que cuando estés por la noche tranquilamente viendo la tele, leyendo, escribiendo un post o simplemente durmiendo, se activen los mensajes satánicos de «¿Quieres jugar conmigo?». ¡Mi casa de noche da más miedo que una Maratón del Festival de Sitges!

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1) Y si… ¿Y si aún habiéndole quitado las pilas se activan de noche? Para eso no hay suficiente Fortasec en el mundo que pare la CAQUITA que te vas a hacer encima.

2) Que para evitar TU trauma, TRAUMATICES a tu Lö-Båby por dejarle sin juguetes musicales. Por lo que optas por la versión cobarde de esperar a que se acaben las pilas y decir: «Ooooh cariño, no funciona«. ¡¡PERO TE EQUIVOCAS!! La duración de las pilas es inversamente proporcional a los decibelios del juguete. Por lo que se concluye que los juguetes en modo Trompetas del apocalipsis vienen cargados con pequeños reactores nucleares que hacen que duren eternamente.

3) A menos que tengas un desatornillador de esos molones que usan en Bricomanía, vas a acabar con más ampollas en las manos que cuando eras soltero (es decir single pero en los 90).

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Otras mujeres

Una escena de la novela Bearn o la sala de les nines, de Llorenç Villalonga: el protagonista, que dedica los últimos años a escribir sus memorias, le cuenta a su paciente esposa, a la que durante décadas ha sido infiel sin recato, que “escribo sobre ti”. “¿Sólo hablas de mí?”, pregunta ella. “Hablo también de otras mujeres», admite él, «pero todas se reducen a ti. Nunca te he engañado”. La mujer muestra su escepticismo. “Quiero decir” –explica el marido- “que no te he engañado con nadie que no se pareciera a ti”.

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