Llanto Ñe

Piedra Pómez es asombroso. Hace unas semanas descubrí que había inventado un ingenioso sistema para comunicarse conmigo, el bebélfico. Y ahora asisto atónito a otra muestra de poderío mental digna de elogio. Me pasó exactamente lo mismo que cuando Lucarius trataba de hablarme. Pensaba que se trataba de meros ruiditos que emitía sin ningún tipo de criterio. […]

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MomVader

He estado enfermo. Sí. Por ese motivo no he podido escribir nada en el blog y el tema ha sido bastante serio. No, tranquilos, no os asustéis. Luché contra el Balrog en el hospital durante cinco días, caí por el negro abismo gastrointestinal de Moria y resurgí como DadVader el Blanco, con nuevas energías, para […]

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Blas era un dragón.

Blas era un dragón. Pero no os penséis que era un dragón pequeñito, de esos que se enganchan a las paredes en Verano, no, no; Se podía decir que Blas era un dragón gigante. A pesar de su terrible y fiero aspecto, era el dragón más noble y bueno que jamás había existido, pero prefería evitar problemas con los demás viviendo alejado del resto del mundo. Su día a día transcurría en las cumbres de las montañas. Vivía en soledad y esto le había agriado el carácter hasta el punto de no querer ver a nadie. Sin darse cuenta se había convertido en un dragón uraño. Habían pasado ya tres años de la última vez que habló con alguien. Hace tres inviernos conoció a Pandora, un águila que pasó una temporada con él después de tener un pequeño accidente en la puerta de la cueva. Pandora era un poco corta de vista y de vez en cuando tenía algún problemilla de aterrizaje. Pasaron juntos un par de semanas. Una vez estuvo recuperada, antes de marcharse, le dijo a Blas:

– Por favor, guárdame esta caja hasta que pueda venir a recogerla- Y levantó el vuelo desapareciendo entre las nubes.
La cueva de nuestro dragón no era muy grande pero supo hacer un hueco para aquella caja sin problemas. Se olvidó de ella hasta que un día de verano, pintando y arreglando las paredes, sin darse cuenta la golpeó con la cola y la tiró. Al caer al suelo la tapa se abrió, Blas no pudo contener la curiosidad y poquito a poco fue asomando la nariz a su interior. La misteriosa caja que había dejado Pandora estaba llena hasta arriba de libros y cuentos. En el pasado había escuchado hablar acerca de esos “libros” de los humanos, pero Blas no sabía leer, ni tan siquiera había visto un libro antes. Cogió uno al azar. En la portada aparecía el dibujo de una ballena blanca y un barco. Léeme, parecía que susurraba Moby Dick desde el Océano. Lo abrió, pero no entendía nada de nada, únicamente veía símbolos negros sobre páginas blancas. Lo que le gustaban de verdad eran las imágenes de las portadas de los libros y las ilustraciones de los cuentos. Durante mucho tiempo se dedicó a clasificarlos según si eran animales, flores, plantas, juegos o colores. Pero Blas quería saber que significaban esos símbolos. Dia tras dia se concentraba sobre los textos esperando alguna respuesta a su curiosidad, pero nunca llegaba. Pasado un tiempo la frustración y el aburrimiento hicieron desistir de su empeño a nuestro gigante amigo verde. Pero la llama de la curiosidad sobre aquellos libros de los humanos que se acumulaban en su cueva ya no se apagaría nunca jamás. 
Un buen día, Blas se levantó como de costumbre y después de asearse, salió al exterior a respirar aire fresco y a buscar algunas frutas para almorzar (Blas no comía ni princesas ni nada parecido, era una costumbre horrible de algunos dragones que no podía soportar). Se encontraba recogiendo fresas y bayas silvestres cuando de repente, escuchó a lo lejos un rumor de voces de niños y niñas. No se lo podía creer!!! Un grupo de escolares del pueblo estaban de excursión y subían montaña arriba.
– Oh, Oh!- Pensó nuestro amigo verde.

Blas, el Dragón.

Los humanos siempre le habían causado problemas. Se escondió entre la maleza tratando de pasar inadvertido, pero su tremendo volumen era muy difícil de camuflar entre la escasa vegetación de la alta montaña. Aún así, su escondite le permitió, sin ser visto, escuchar la conversación de los niños y su profesora:

– Elena, Elena!- Llamaban los niños a su tutora. Pero la profesora hacía caso omiso a sus voces y continuaba subiendo la pendiente.
– Hasta que no lleguemos al campamento no podemos descansar- Contestó pasado un rato, cuando alcanzó un pequeño llano que hacía de balcón al inmenso paisaje que se divisaba desde aquella altura.
– Nos hemos perdido- Se escuchó entre el grupo de escolares.
– Esto nos pasa por no traernos el móvil!- Vociferó con fuerza Lidia, que lo estaba pasando realmente mal sin su más preciado tesoro.
Pasado un buen rato, cuando todo el grupo se hubo reunido, la profesora no tuvo más remedio que aceptarlo. Se habían perdido.
Entre tanto nuestro gigante amigo, que había sido testigo de toda la escena, continuaba oculto tras la maleza y las rocas. El Sol ya hacía rato que se había escondido y la temperatura comenzaba a bajar a toda velocidad.
– Deberíamos hacer un fuego, comienza a hacer mucho frío – Sugirió uno de los muchachos. Exactamente lo mismo pensó Blas, comenzaba a hacer frío de verdad y no había cogido la chaqueta antes de salir de casa. Sin darse cuenta, acostumbrado a la soledad, un tremendo estornudo de fuego salió de su nariz mientras atónitos, el grupo de niños y niñas contemplaban como se encendía la hoguera delante suyo.
– Hola, Buenas Noches- Carraspeó el dragón.
Al mismo tiempo todos los niños y niñas se levantaron del suelo dónde estaban sentados alrededor de las llamas y comenzaron a gritar y correr de un lado para otro como la pelotita del Pou rebotando contra las paredes.
Blas observó durante un par de minutos hasta que instintivamente lanzó un rugido acompañado de una tremenda llamarada.
– ¿Queréis hacer el favor de parar de correr y gritar un momento?- Les dijo al grupo de escolares que se quedaron quietos como estatuas al escuchar la voz del dragón. 
De repente, el único sonido que se escuchaba era el viento silbando entre las rocas cuando de la mochila de uno de los pequeños se resbaló un libro. El ruido seco que produjo al chocar contra el suelo, llamó la atención de Blas. El dragón recogió el libro y se lo acercó a los ojos. En la portada aparecía la figura de dos serpientes formando un circulo sobre un fondo dorado.
– ¿Te gusta? Te lo puedes quedar. Yo ya me lo he leído- Susurró tímidamente Pedro, dueño de aquella añeja copia de «La Historia Interminable«.
– Muchas gracias.-Y entonces, a Blas, se le encendió una bombilla. – Lo que me gustaría de verdad, es aprender a leer.
– Podemos enseñarte- Contestaron algunas de las niñas más atrevidas del grupo.
– Puedes venir al colegio con nosotros cada día y aprender.- Apuntó la profesora que continuaba escondida detrás de un improvisado camuflaje de ramas y hojas.
– Me gustaría muchísimo- La sonrisa de Blas se extendió rápidamente de oreja a oreja en su gran cara.. Por fín podría leer todos los libros y cuentos de Pandora que tenía en casa bien ordenaditos.
– Pero antes, ¿Nos puedes ayudar a volver al pueblo?- Le preguntó uno de los niños al dragón.
– Eso está hecho!- Contestó muy contento el gigantón.
Sin decir más, Blas extendió sus alas hacía el suelo y los niños y niñas comenzaron a subir a su lomo. En menos de lo que se tarda en decir: “cacahuete”, Blas dejó a los niños delante de la puerta de la escuela. Se despidió hasta el día siguiente y volvió volando a su cueva para preparar la mochila de la que iba a ser su primera clase. A partir de ese día, hubo un alumno más en la escuela del pueblo: Blas, el Dragón. Un dragón que ya nunca dejó de leer. 

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Blas era un dragón.

Blas era un dragón. Pero no os penséis que era un dragón pequeñito, de esos que se enganchan a las paredes en Verano, no, no; Se podía decir que Blas era un dragón gigante. A pesar de su terrible y fiero aspecto, era el dragón más noble y bueno que jamás había existido, pero prefería evitar problemas con los demás viviendo alejado del resto del mundo. Su día a día transcurría en las cumbres de las montañas. Vivía en soledad y esto le había agriado el carácter hasta el punto de no querer ver a nadie. Sin darse cuenta se había convertido en un dragón uraño. Habían pasado ya tres años de la última vez que habló con alguien. Hace tres inviernos conoció a Pandora, un águila que pasó una temporada con él después de tener un pequeño accidente en la puerta de la cueva. Pandora era un poco corta de vista y de vez en cuando tenía algún problemilla de aterrizaje. Pasaron juntos un par de semanas. Una vez estuvo recuperada, antes de marcharse, le dijo a Blas:

– Por favor, guárdame esta caja hasta que pueda venir a recogerla- Y levantó el vuelo desapareciendo entre las nubes.
La cueva de nuestro dragón no era muy grande pero supo hacer un hueco para aquella caja sin problemas. Se olvidó de ella hasta que un día de verano, pintando y arreglando las paredes, sin darse cuenta la golpeó con la cola y la tiró. Al caer al suelo la tapa se abrió, Blas no pudo contener la curiosidad y poquito a poco fue asomando la nariz a su interior. La misteriosa caja que había dejado Pandora estaba llena hasta arriba de libros y cuentos. En el pasado había escuchado hablar acerca de esos “libros” de los humanos, pero Blas no sabía leer, ni tan siquiera había visto un libro antes. Cogió uno al azar. En la portada aparecía el dibujo de una ballena blanca y un barco. Léeme, parecía que susurraba Moby Dick desde el Océano. Lo abrió, pero no entendía nada de nada, únicamente veía símbolos negros sobre páginas blancas. Lo que le gustaban de verdad eran las imágenes de las portadas de los libros y las ilustraciones de los cuentos. Durante mucho tiempo se dedicó a clasificarlos según si eran animales, flores, plantas, juegos o colores. Pero Blas quería saber que significaban esos símbolos. Dia tras dia se concentraba sobre los textos esperando alguna respuesta a su curiosidad, pero nunca llegaba. Pasado un tiempo la frustración y el aburrimiento hicieron desistir de su empeño a nuestro gigante amigo verde. Pero la llama de la curiosidad sobre aquellos libros de los humanos que se acumulaban en su cueva ya no se apagaría nunca jamás. 
Un buen día, Blas se levantó como de costumbre y después de asearse, salió al exterior a respirar aire fresco y a buscar algunas frutas para almorzar (Blas no comía ni princesas ni nada parecido, era una costumbre horrible de algunos dragones que no podía soportar). Se encontraba recogiendo fresas y bayas silvestres cuando de repente, escuchó a lo lejos un rumor de voces de niños y niñas. No se lo podía creer!!! Un grupo de escolares del pueblo estaban de excursión y subían montaña arriba.
– Oh, Oh!- Pensó nuestro amigo verde.

Blas, el Dragón.

Los humanos siempre le habían causado problemas. Se escondió entre la maleza tratando de pasar inadvertido, pero su tremendo volumen era muy difícil de camuflar entre la escasa vegetación de la alta montaña. Aún así, su escondite le permitió, sin ser visto, escuchar la conversación de los niños y su profesora:

– Elena, Elena!- Llamaban los niños a su tutora. Pero la profesora hacía caso omiso a sus voces y continuaba subiendo la pendiente.
– Hasta que no lleguemos al campamento no podemos descansar- Contestó pasado un rato, cuando alcanzó un pequeño llano que hacía de balcón al inmenso paisaje que se divisaba desde aquella altura.
– Nos hemos perdido- Se escuchó entre el grupo de escolares.
– Esto nos pasa por no traernos el móvil!- Vociferó con fuerza Lidia, que lo estaba pasando realmente mal sin su más preciado tesoro.
Pasado un buen rato, cuando todo el grupo se hubo reunido, la profesora no tuvo más remedio que aceptarlo. Se habían perdido.
Entre tanto nuestro gigante amigo, que había sido testigo de toda la escena, continuaba oculto tras la maleza y las rocas. El Sol ya hacía rato que se había escondido y la temperatura comenzaba a bajar a toda velocidad.
– Deberíamos hacer un fuego, comienza a hacer mucho frío – Sugirió uno de los muchachos. Exactamente lo mismo pensó Blas, comenzaba a hacer frío de verdad y no había cogido la chaqueta antes de salir de casa. Sin darse cuenta, acostumbrado a la soledad, un tremendo estornudo de fuego salió de su nariz mientras atónitos, el grupo de niños y niñas contemplaban como se encendía la hoguera delante suyo.
– Hola, Buenas Noches- Carraspeó el dragón.
Al mismo tiempo todos los niños y niñas se levantaron del suelo dónde estaban sentados alrededor de las llamas y comenzaron a gritar y correr de un lado para otro como la pelotita del Pou rebotando contra las paredes.
Blas observó durante un par de minutos hasta que instintivamente lanzó un rugido acompañado de una tremenda llamarada.
– ¿Queréis hacer el favor de parar de correr y gritar un momento?- Les dijo al grupo de escolares que se quedaron quietos como estatuas al escuchar la voz del dragón. 
De repente, el único sonido que se escuchaba era el viento silbando entre las rocas cuando de la mochila de uno de los pequeños se resbaló un libro. El ruido seco que produjo al chocar contra el suelo, llamó la atención de Blas. El dragón recogió el libro y se lo acercó a los ojos. En la portada aparecía la figura de dos serpientes formando un circulo sobre un fondo dorado.
– ¿Te gusta? Te lo puedes quedar. Yo ya me lo he leído- Susurró tímidamente Pedro, dueño de aquella añeja copia de «La Historia Interminable«.
– Muchas gracias.-Y entonces, a Blas, se le encendió una bombilla. – Lo que me gustaría de verdad, es aprender a leer.
– Podemos enseñarte- Contestaron algunas de las niñas más atrevidas del grupo.
– Puedes venir al colegio con nosotros cada día y aprender.- Apuntó la profesora que continuaba escondida detrás de un improvisado camuflaje de ramas y hojas.
– Me gustaría muchísimo- La sonrisa de Blas se extendió rápidamente de oreja a oreja en su gran cara.. Por fín podría leer todos los libros y cuentos de Pandora que tenía en casa bien ordenaditos.
– Pero antes, ¿Nos puedes ayudar a volver al pueblo?- Le preguntó uno de los niños al dragón.
– Eso está hecho!- Contestó muy contento el gigantón.
Sin decir más, Blas extendió sus alas hacía el suelo y los niños y niñas comenzaron a subir a su lomo. En menos de lo que se tarda en decir: “cacahuete”, Blas dejó a los niños delante de la puerta de la escuela. Se despidió hasta el día siguiente y volvió volando a su cueva para preparar la mochila de la que iba a ser su primera clase. A partir de ese día, hubo un alumno más en la escuela del pueblo: Blas, el Dragón. Un dragón que ya nunca dejó de leer. 

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¡Yo quiero tener un varón!

Lo primero que hacen los hombres cuando se enteran de que van a ser padres es comprarle al bebé una camiseta de su equipo favorito. No les importa no saber todavía el sexo, porque, a pesar de lo que digan, anhelan un varón. Pero, ¿por qué esa diferencia con las mujeres? ¿por qué se enloquecen tanto con un niño? La respuesta es simple: EGO. Seguir leyendo


Nota publicada originalmente en BabyCenter en diciembre de 2015: http://espanol.babycenter.com/blog/mamas/el-imaginario-del-hijo-varon/
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¡Yo quiero tener un varón!

Lo primero que hacen los hombres cuando se enteran de que van a ser padres es comprarle al bebé una camiseta de su equipo favorito. No les importa no saber todavía el sexo, porque, a pesar de lo que digan, anhelan un varón. Pero, ¿por qué esa diferencia con las mujeres? ¿por qué se enloquecen tanto con un niño? La respuesta es simple: EGO. Seguir leyendo


Nota publicada originalmente en BabyCenter en diciembre de 2015: http://espanol.babycenter.com/blog/mamas/el-imaginario-del-hijo-varon/
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Excepto por las náuseas, todo sigue igual.

Ya va  pasando la
sorpresa aunque seguramente aun no lo podés creer. No hay por qué ahuevarse,
falta mucho tiempo para que sea creíble, en mi caso aún me pasa que de vez en
cuando veo a mi hija y no me la creo, siento que es hija sólo de mi esposa o
que es una sobrina, es normal, no sos un mal padre por sentirte así.

Sólo para contarte, quién sabe por qué a los doctores miden
el embarazo en semanas y por supuesto a las señoras les encanta hablar así,
para este punto ya debieron pasar más o menos cinco semanas desde la última
menstruación de tu pareja (Sip, ese es el punto de partida de la cuenta y vas a
tener que aprenderte esa fecha), y tu hijo en este momento es un embrión en
pleno desarrollo y es del tamaño de una semilla de ajonjolí, más o menos.

Ahora tu esposa se ve diferente, igual pero diferente, aun
no se le nota la panza pero puede que esté padeciendo de algún tipo de
malestar, generalmente son vómitos que seguro te van a recordar a vos o a tus
cuates en tus tiempos de fiesta, la diferencia es que estos vómitos no huelen a
cerveza y alitas y no se quitan con una mineral o un café… Espero que hayás
entrenado bastante con tus borracheras. Además puede que se queje de dolor en
los pechos y fatiga, los cambios hormonales son obligatorios y puede que se
convierta en un ángel en un segundo y el otro sea un demonio. Vos tranquilo, lo
único que tenés que hacer es, con mucha paciencia decir que sí a todo y saldrás
bien librado.

Si tenés oportunidad de motivarla para que haga ejercicio,
hacélo, puede que ella te ignore pero le va a hacer bien y le va a servir para
el momento del parto, esto no quiere decir que vos tengás que hacer, así que
tranquilo, agarrá una de esas cervezas que ella ya no podrá tomar y sentate a
verla mientras te cuenta su día.

Para cerrar la nota de hoy te aconsejo que te ofrezcás como
voluntario para masajear sus adoloridos pechos y si una cosa lleva a otra
mantené en mente que ya estando embarazada no puede quedar embarazada otra vez
y ¡hay luz verde para todo!

En la próxima entrada: “¿Son antojos reales o se están
aprovechando de tu nobleza?”.

EscritorDeEscritorio

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Excepto por las náuseas, todo sigue igual.

Ya va  pasando la
sorpresa aunque seguramente aun no lo podés creer. No hay por qué ahuevarse,
falta mucho tiempo para que sea creíble, en mi caso aún me pasa que de vez en
cuando veo a mi hija y no me la creo, siento que es hija sólo de mi esposa o
que es una sobrina, es normal, no sos un mal padre por sentirte así.

Sólo para contarte, quién sabe por qué a los doctores miden
el embarazo en semanas y por supuesto a las señoras les encanta hablar así,
para este punto ya debieron pasar más o menos cinco semanas desde la última
menstruación de tu pareja (Sip, ese es el punto de partida de la cuenta y vas a
tener que aprenderte esa fecha), y tu hijo en este momento es un embrión en
pleno desarrollo y es del tamaño de una semilla de ajonjolí, más o menos.

Ahora tu esposa se ve diferente, igual pero diferente, aun
no se le nota la panza pero puede que esté padeciendo de algún tipo de
malestar, generalmente son vómitos que seguro te van a recordar a vos o a tus
cuates en tus tiempos de fiesta, la diferencia es que estos vómitos no huelen a
cerveza y alitas y no se quitan con una mineral o un café… Espero que hayás
entrenado bastante con tus borracheras. Además puede que se queje de dolor en
los pechos y fatiga, los cambios hormonales son obligatorios y puede que se
convierta en un ángel en un segundo y el otro sea un demonio. Vos tranquilo, lo
único que tenés que hacer es, con mucha paciencia decir que sí a todo y saldrás
bien librado.

Si tenés oportunidad de motivarla para que haga ejercicio,
hacélo, puede que ella te ignore pero le va a hacer bien y le va a servir para
el momento del parto, esto no quiere decir que vos tengás que hacer, así que
tranquilo, agarrá una de esas cervezas que ella ya no podrá tomar y sentate a
verla mientras te cuenta su día.

Para cerrar la nota de hoy te aconsejo que te ofrezcás como
voluntario para masajear sus adoloridos pechos y si una cosa lleva a otra
mantené en mente que ya estando embarazada no puede quedar embarazada otra vez
y ¡hay luz verde para todo!

En la próxima entrada: “¿Son antojos reales o se están
aprovechando de tu nobleza?”.

EscritorDeEscritorio

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Errores típicos de papás primerizos

Los papás primerizos son una especie de mecánico improvisado que pretende fingir frente al mundo que sabe lo que hace, pero que si no tiene cuidado puede causar un accidente grave. Somos miedosos, impulsivos, atolondrados, caprichosos y, a veces, sobreprotectores. Seguir leyendo


Nota publicada originalmente en BabyCenter en diciembre de 2015: http://espanol.babycenter.com/blog/mamas/15-errores-de-papas-primerizos/
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Errores típicos de papás primerizos

Los papás primerizos son una especie de mecánico improvisado que pretende fingir frente al mundo que sabe lo que hace, pero que si no tiene cuidado puede causar un accidente grave. Somos miedosos, impulsivos, atolondrados, caprichosos y, a veces, sobreprotectores. Seguir leyendo


Nota publicada originalmente en BabyCenter en diciembre de 2015: http://espanol.babycenter.com/blog/mamas/15-errores-de-papas-primerizos/
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La sort acompaya els audaços. I les llúdrigues? (I)

lludriga_observacio_ialtresanimalsBen mirat, del fet de ser al lloc adequat, al moment adequat…. se’n pot dir audàcia? No ho sé. Vam tenir poca mandra i força paciència, això sí. I la sort ens va acompanyar, i molt.

I l’audàcia? Potser la idea sui-generis de construir-nos unes siluetes de martinet blanc amb un retall de cartró, un pal i un parell de brides, pintar-les a corre-cuita de blanc i clavar-les vora el riu, va ajudar una mica. El propòsit era “crear ambientillo” i provar d’atreure els ocells –ànecs, bernats, agrons, algun martinet… Com molt bé va copsar i resumir la meva filla, als seus set anyets:

martinet_ialtresanimalPer a un ocell, una cosa és arribar a un racó de riu ben buit, i pensar: “pot ser que sigui un lloc segur, pot ser que no…”. Però si arriba i veu dos martinets blancs, pensarà: “ah, mira, si aquests dos estan aquí tan tranquils, vol dir que no he de patir, m’hi quedo!”.

Jo no ho hauria explicat millor.

 

 

Així que, amb els martinets de cartró a lloc, al nostre racó arran del Fluvià, el sol ja de baixa i la lluna plena alçant-se, ens vam asseure a les cadires de fusta –com qui va a veure l’espectacle de titelles del poble-, i amagats dins un aguait de tela, ens vam disposar a esperar.

Veure avançar un capvespre és un espectacle slow-mo que, amb dos nens de set i nou anys, no deixa de ser un repte –per a petits i grans. I més enllà dels nostres dos tristos martinets, hi havia poques senyals de vida. Un tudó sobrevolant-nos, una merla fent cridòria a l’altra riba, un pit-roig rere nostre… i així mitja hora, amenitzada amb galetes i una mica de conversa per fer passar l’estona. Fins que arriba el moment que tots en el fons esperàvem, però que ningú havia gosat esmentar…

Veig unes onadetes!

lluna riu_ialtresanimal

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La niñera de mis hijos.

Este blog ha decepcionado recientemente a su visitante número 50.000, una hazaña impresionante teniendo en cuenta que el público es algo nuevo y de que no he dicho nada que valga la pena desde que…

[[ This is a content summary only. Visit my website for full links, other content, and more! ]]

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La niñera de mis hijos.

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Un embarazo que termina en parto prematuro

Un embarazo que termina en parto prematuro es llorar a la vez por sentimientos opuestos, alegría y tristeza, cuando ves a tu hijo por primera vez, y por segunda, y así hasta que de tanto usar el recurso del llanto para desahogarte acabas adquiriendo una paciencia y resignación tales que agradeces su compañía durante el tiempo que necesitan las heridas para curarse.

La entrada Un embarazo que termina en parto prematuro aparece primero en GranPetit.

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Mi cameo en AR

La verdad es que llamarlo colaboración, o incluso aparición, sería un poco generoso respecto a la aportación que hago este mes a la revista AR. Dentro del reportaje “Los nuevos padres” que firma María Orriols (es toda una alegría que se publique un texto así en una revista de este perfil), aparezco junto a otros compañeros de Papás Blogueros con una recomendación, en mi caso, literaria, pensada para el Día del Padre.

En mi caso he optado por hablar de Patrimonio: Una historia verdadera. Su autor, Philip Roth, es uno de mis escritores predilectos (además de uno de los mejores de su generación) y, siendo ya un autor que tiende a entremezclar lo ficcional y lo autobiográfico, este libro en cuestión me llamó la atención porque en él, directamente, habla de su relación con su padre. Y si bien  lo hace con su habitual agudeza y sentido del humor (nadie como él para sacarle punta a las diferencias generacionales), también le añade una gran dosis de calidez. La que esboza no es una relación ideal, ni mucho menos envidiable, pero es humana, y es fácil reconocerse en esa necesidad que desprende Roth de reconciliarse con la figura de su progenitor.
Aquí abajo tenéis un extracto del artículo en el que podréis leer mi contribución…

Nota: Tengo que darle las gracias a Usúe Madinaveitia por hablarle de mí a María Orriols, y a esta última por contar conmigo para el reportaje.

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Mi cameo en AR

La verdad es que llamarlo colaboración, o incluso aparición, sería un poco generoso respecto a la aportación que hago este mes a la revista AR. Dentro del reportaje “Los nuevos padres” que firma María Orriols (es toda una alegría que se publique un texto así en una revista de este perfil), aparezco junto a otros compañeros de Papás Blogueros con una recomendación, en mi caso, literaria, pensada para el Día del Padre.

En mi caso he optado por hablar de Patrimonio: Una historia verdadera. Su autor, Philip Roth, es uno de mis escritores predilectos (además de uno de los mejores de su generación) y, siendo ya un autor que tiende a entremezclar lo ficcional y lo autobiográfico, este libro en cuestión me llamó la atención porque en él, directamente, habla de su relación con su padre. Y si bien  lo hace con su habitual agudeza y sentido del humor (nadie como él para sacarle punta a las diferencias generacionales), también le añade una gran dosis de calidez. La que esboza no es una relación ideal, ni mucho menos envidiable, pero es humana, y es fácil reconocerse en esa necesidad que desprende Roth de reconciliarse con la figura de su progenitor.
Aquí abajo tenéis un extracto del artículo en el que podréis leer mi contribución…

Nota: Tengo que darle las gracias a Usúe Madinaveitia por hablarle de mí a María Orriols, y a esta última por contar conmigo para el reportaje.

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La importància d’una dieta equilibrada per a la salut mental

 

«Au, vinga, fill meu, menja la verdura i el peix!»

Quantes vegades hem sentit, hem dit o ens han dit alguna cosa semblant a aquesta? Sabem que l’alimentació és crucial per mantenir un bon estat de salut. Però no només de salut física, sinó també, com estan demostrant una sèrie d’interessantíssims treballs recents, per mantenir una bona salut cerebral i mental. Ras i curt: l’alimentació influeix directament en la construcció i en la reconstrucció del cervell, en la plasticitat neural, la qual influencia directament la nostra vida mental. Això inclou tant l’alimentació materna, que repercuteix en els nutrients que arriben a l’embrió i el fetus durant el seu desenvolupament, com també la dels primers anys de vida, durant la infantesa i l’adolescència i, fins i tot, quan ja som adults.

 

Tanmateix, que ningú s’angoixi per aquest tema. Pel que fa a l’alimentació, i llevat de casos molt puntuals en què cal eliminar algun aliment de la dieta o enriquir-la en algun nutrient essencial per prescripció mèdica (repeteixo, «prescripció mèdica»; cal anar molt alerta amb les dietes miraculoses perquè els miracles no existeixen), la millor garantia per a bon desenvolupament cerebral és mantenir una alimentació equilibrada, sense excessos i sense mancances. De fet, dit això, podria acabar el post aquí, perquè aquest és el resum de tot plegat. Però penso que val la pena explicar-ho una mica més. Penso que no n’hi ha prou amb saber les coses; per eixamplar el pensament cal saber-ne el per què.

Els dèficits alimentaris incideixen en el desenvolupament i la plasticitat neural –però sobretot, no ens hem d’obsessionar

Segons un treball publicat el 2015, que recull i resumeix els resultats d’una trentena llarga d’estudis anteriors –és el que en terminologia científica s’anomana una meta-anàlisi–, per aconseguir un funcionament òptim del cervell es necessita una ingesta adequada de nutrients clau com els àcids grassos poliinsaturats omega-3, vitamines dels grups B i D i minerals com zinc, magnesi i ferro, entre d’altres. Sense oblidar, per descomptat, les proteïnes i els glícids (els sucres per entendre’ns, però els d’absorció lenta, no els dolços i sucres refinats).

Val a dir, però, que no és en absolut necessari obsessionar-se amb l’alimentació. Una dieta equilibrada, no només constituïda per verdures i peix, com potser podria suggerir la primera frase d’aquest post, sinó que també inclogui cereals, fruita fresca i fruits secs, racions moderades de carn, productes lactis, llegums, molt pocs dolços, etcètera, com ho és la mediterrània entre d’altres, ja proporciona per si mateixa tots els nutrients essencials que necessiten els infants i els joves per desenvolupar-se correctament. I, torno a repetir, sense obsessionar-nos, perquè especialment en els adolescents, l’obsessió per l’alimentació pot conduir a l’anorèxia i a la bulímia (i fins a cert punt també a la vigorèxia), uns trastorns alimentaris que malauradament afecten entre un 1% i un 5% dels joves entre 15 i 19 anys als països desenvolupats. En el proper post en parlaré explícitament.

Continuem parlant de l’efecte de la dieta sobre el cervell. S’ha vist que una dieta deficitària repercuteix directament en la salut mental dels infants i dels adolescents, atès que afecta negativament la plasticitat neural (recordem que l’aprenentatge i de fet qualsevol altre aspecte de la nostra vida mental rau directament o indirectament en la capacitat de les neurones de fer i refer noves connexions). Per exemple, s’ha relacionat la manca d’omega-3, vitamines dels grups B i D i minerals com zinc, magnesi i ferro amb un increment de l’ansietat, i també amb una major predisposició a patir depressió. Així, s’ha vist que els àcids grassos omega-3 contribueixen a modular l’efecte d’alguns neurotransmissors, com la dopamina, la noradrenalina i la serotonina, implicats en diversos aspectes de la nostra vida mental com la motivació, l’optimisme, el benestar i l’aprenentatge, entre altres. Aquests àcids grassos també augmenten la capacitat de fer noves neurones i noves connexions neurals mitjançant un factor neural anomenat BDNF (de l’anglès, factor neurotròfic derivat del cervell, o brain-derived neurotrofic factor)

Per esmentar un altre exemple, s’ha vist que el zinc també contribueix a la neurogènesi, és a dir, a la formació de noves neurones, especialment en l’hipocamp, la zona gestora de la memòria, i que el seu dèficit pot afavorir estats de depressió, especialment en situacions d’estrès. També les vitamines dels grups B i D, quan escassegen en la dieta dels més joves, incrementen el risc de patir determinades malalties cerebrals quan s’arriba a l’edat adulta, incloses algunes de pronòstic greu com l’esquizofrènia i la depressió major, a causa d’una mala connectivitat entre determinades àrees del cervell.

Els excessos alimentaris també incideixen en el desenvolupament i la plasticitat neural –però hem de continuar sense obsessionar-nos

No només la falta d’algun nutrient essencial afecta el desenvolupament del cervell. També ho fa el consum excessiu de greixos, un aspecte que adquireix una especial rellevància en entorns on l’obesitat infantil va en augment. En aquest cas, diversos treballs publicats entre els anys 2002 i 2015 han demostrat que un excés de greix d’origen animal en la dieta disminueix la plasticitat neural. Aquest greix interfereix amb l’anomenat receptor de glutamat, un receptor neuronal al qual s’uneix un neurotransmissor anomenat, precisament, glutamat. El glutamat és el neurotransmissor excitador més abundant del cervell, i els seus receptors es troben concentrats en les zones de les neurones on s’estableixen les connexions neuronals, les sinapsis. A més, té un paper crucial en la plasticitat neural, que com ja he dit dit en diverses ocasions en aquest i en altres posts és la base de l’aprenentatge i la memòria.

El consum excessiu de greixos d’origen animal fa que aquests receptors perdin sensibilitat, per la qual cosa davant d’un mateix estímul la seva resposta és inferior. En conseqüència, la plasticitat sinàptica de les neurones disminueix. Aquest efecte, a més, també es produeix quan una mare gestant consumeix massa greixos d’origen animal sobre la formació del cervell del seu fill, que d’aquesta manera no acaba de manifestar tot el seu potencial de desenvolupament.

La capacitat de mantenir una bona plasticitat neural, la qual de retruc influeix en tota la nostra vida mental d’infants, adolescents, joves i adults, s’inicia ja amb l’alimentació de la mare i prossegueix amb la dels fills. I s’ha de mantenir durant tota la vida. L’alimentació contribueix, junt amb molts altres aspectes, a tenir un cervell sa amb una ment sana, la qual cosa implica una responsabilitat envers els nostres fills ja des d’abans del naixement.

El proper post: L’anorèxia i la bulímia

 

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¡Sos papá! ¿Quién diría?

Bueno, para este momento ya pasó el primer susto. Tu novia, esposa o amiga te confirmó su embarazo y resulta que vos sos el papá. Seguramente en algún momento de la vida dijiste que eso nunca iba a pasar, luego pensaste “¿Por qué no?” y ahora resulta que es en nueve meses conocerás a tu retoño. 

Estás en todo tu derecho de “freakear”, tenés todos los motivos para ahuevarte y para emocionarte y tener esos sentimientos encontrados que dicen que son para mujeres, pues vos también vas a sufrir un gran cambio en tu vida y estás autorizado a colapsar emocionalmente… Eso sí, tenés que mantenerte entero, (o al menos aparentarlo), por fuera porque la mamá de tu hijo va a ver en vos un faro o una roca que la ayude a pasar esta tempestad que ella está sintiendo. Llegó la hora de abrazarla y volcar todo tu interés y atención en ella. Te va a llevar tiempo asimilarlo, tomate todo el que sea necesario, seguro llorarás, llorá todo lo que sea necesario pero no olvidés que ella es la que más va a dar en esta relación que ahora es de tres.

Esta será tu primer noche de insomnio de muchas que vendrán y será la primera vez que acaricies su panza con más ternura que lujuria, este es el primer día de tu nueva vida, de hoy en adelante tu nuevo título será “papá” y vas a ver la vida como nunca creíste que la verías, van a venir muchísimas dudas y nadie tiene una respuesta correcta, no te frustrés, recordá que muchos hombres lo han hecho y han salido adelante.

Si estás leyendo esto y querés compartir y aportar algo para un nuevo papá, tomate el tiempo y el espacio, gracias, aquí nos hacemos ganas.

EscritorDeEscritorio

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¡Sos papá! ¿Quién diría?

Bueno, para este momento ya pasó el primer susto. Tu novia, esposa o amiga te confirmó su embarazo y resulta que vos sos el papá. Seguramente en algún momento de la vida dijiste que eso nunca iba a pasar, luego pensaste “¿Por qué no?” y ahora resulta que es en nueve meses conocerás a tu retoño. 

Estás en todo tu derecho de “freakear”, tenés todos los motivos para ahuevarte y para emocionarte y tener esos sentimientos encontrados que dicen que son para mujeres, pues vos también vas a sufrir un gran cambio en tu vida y estás autorizado a colapsar emocionalmente… Eso sí, tenés que mantenerte entero, (o al menos aparentarlo), por fuera porque la mamá de tu hijo va a ver en vos un faro o una roca que la ayude a pasar esta tempestad que ella está sintiendo. Llegó la hora de abrazarla y volcar todo tu interés y atención en ella. Te va a llevar tiempo asimilarlo, tomate todo el que sea necesario, seguro llorarás, llorá todo lo que sea necesario pero no olvidés que ella es la que más va a dar en esta relación que ahora es de tres.

Esta será tu primer noche de insomnio de muchas que vendrán y será la primera vez que acaricies su panza con más ternura que lujuria, este es el primer día de tu nueva vida, de hoy en adelante tu nuevo título será “papá” y vas a ver la vida como nunca creíste que la verías, van a venir muchísimas dudas y nadie tiene una respuesta correcta, no te frustrés, recordá que muchos hombres lo han hecho y han salido adelante.

Si estás leyendo esto y querés compartir y aportar algo para un nuevo papá, tomate el tiempo y el espacio, gracias, aquí nos hacemos ganas.

EscritorDeEscritorio

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Toca escoger el cole Vol 1.

Hola hijos, hoy os voy a hablar de cómo conocí a vuestra madre… y también cómo era eso de escoger colegio cuando teníais 3 años de edad.

A vuestra madre la conocí en Segovia, y fue de manera presencial, ahí a lo loco, sin facebook, ni tinder, ni whatsap. Fuimos una generación adicta al riesgo, sin miedo a contagios y con cierta tendencia al uso de las cuerdas vocales para entablecer contacto con otros seres humanos. La verdad es que esto de cómo conocí a vuestra madre sólo lo he puesto en el primer párrafo porque quedaba bien, de lo que realmente quiero hablar es del proceso de elección del cole asi me pongo al lío, que me despistáis con cualquier cosa…

Allá por el año 2013 en los colegios públicos entraban los niños que más puntos tenían siguiendo los criterios de baremación que marcaba la consejería de educación: si eres antiguo alumno, si hay más hermanos en el centro, cercanía al colegio y si pertenecías a un colectivo desfavorecido. Hay un rumor en mi barrio que habla de un matrimonio que decidió separarse para tener más puntuación en la elección del cole, de hecho la madre se casó en segundas nupcias con la frutera lesbiana del barrio, que había estado en la cárcel por tráfico de drogas y que ya tenía dos hijos en esa escuela: 63 puntos obtuvo el niño que al final resultó ser tonto y dejó los estudios en tercero de primaria.

Claro que también se puede elegir un colegio concertado: que se trata de una escuela privada pero con «descuento», como diría la abuela (que siempre ha sido de fijarse más en las ofertas que en el producto que compraba). En el barrio había dos concertados: uno estaba donde Cristo perdió el mechero y el otro acojonaba sólo con verlo desde fuera. Dicen que de ese cole salen los chavales hablando en lenguas extrañas… que luego resultó ser que aprendían francés, y ¿para qué sirve el francés? Pues para nada, eso ya te lo digo yo desde aqui.

Y por último estaban los colegios privados. Aquí no hay problema para entrar, solo hace falta que les des una clave secreta de diez números: los de la cuenta corriente. En nuestro barrio no hay de esos, eso si, todas las mañanas hay aparcado en nuestra calle un minibús-trampa por si algún niño se confunde de ruta y entra: les sirven buffet libre en el trayecto, no tienen tele porque el mismísimo Bob Esponja es quien se encarga de atenderles y, en el espacio reservado al cenicero, hay un dispensador de caramelos. Al llegar al cole les ponen un uniforme de tul con un escudo rococó y le dan a elegir entre 3 peinados en la sala de esteticién que hay en la entrada, las asignaturas la imparten profesores molones que cantan gospel y los niños comen entrecottes de buey asados a la piedra. Si alguna vez tu hijo sube al autobús del Charity Royal Business School Academy date por jodido, dile al día siguiente que coja el 156 para ir al cole, que se ponga en chándal con pelotillas que lleva poniéndose todos los días del curso o que coja la mochilita donde le espera un triste sándwich de jamón york y queso… enhorabuena, has perdido a tu hijo para siempre.

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Toca escoger el cole Vol 1.

Hola hijos, hoy os voy a hablar de cómo conocí a vuestra madre… y también cómo era eso de escoger colegio cuando teníais 3 años de edad.

A vuestra madre la conocí en Segovia, y fue de manera presencial, ahí a lo loco, sin facebook, ni tinder, ni whatsap. Fuimos una generación adicta al riesgo, sin miedo a contagios y con cierta tendencia al uso de las cuerdas vocales para entablecer contacto con otros seres humanos. La verdad es que esto de cómo conocí a vuestra madre sólo lo he puesto en el primer párrafo porque quedaba bien, de lo que realmente quiero hablar es del proceso de elección del cole asi me pongo al lío, que me despistáis con cualquier cosa…

Allá por el año 2013 en los colegios públicos entraban los niños que más puntos tenían siguiendo los criterios de baremación que marcaba la consejería de educación: si eres antiguo alumno, si hay más hermanos en el centro, cercanía al colegio y si pertenecías a un colectivo desfavorecido. Hay un rumor en mi barrio que habla de un matrimonio que decidió separarse para tener más puntuación en la elección del cole, de hecho la madre se casó en segundas nupcias con la frutera lesbiana del barrio, que había estado en la cárcel por tráfico de drogas y que ya tenía dos hijos en esa escuela: 63 puntos obtuvo el niño que al final resultó ser tonto y dejó los estudios en tercero de primaria.

Claro que también se puede elegir un colegio concertado: que se trata de una escuela privada pero con «descuento», como diría la abuela (que siempre ha sido de fijarse más en las ofertas que en el producto que compraba). En el barrio había dos concertados: uno estaba donde Cristo perdió el mechero y el otro acojonaba sólo con verlo desde fuera. Dicen que de ese cole salen los chavales hablando en lenguas extrañas… que luego resultó ser que aprendían francés, y ¿para qué sirve el francés? Pues para nada, eso ya te lo digo yo desde aqui.

Y por último estaban los colegios privados. Aquí no hay problema para entrar, solo hace falta que les des una clave secreta de diez números: los de la cuenta corriente. En nuestro barrio no hay de esos, eso si, todas las mañanas hay aparcado en nuestra calle un minibús-trampa por si algún niño se confunde de ruta y entra: les sirven buffet libre en el trayecto, no tienen tele porque el mismísimo Bob Esponja es quien se encarga de atenderles y, en el espacio reservado al cenicero, hay un dispensador de caramelos. Al llegar al cole les ponen un uniforme de tul con un escudo rococó y le dan a elegir entre 3 peinados en la sala de esteticién que hay en la entrada, las asignaturas la imparten profesores molones que cantan gospel y los niños comen entrecottes de buey asados a la piedra. Si alguna vez tu hijo sube al autobús del Charity Royal Business School Academy date por jodido, dile al día siguiente que coja el 156 para ir al cole, que se ponga en chándal con pelotillas que lleva poniéndose todos los días del curso o que coja la mochilita donde le espera un triste sándwich de jamón york y queso… enhorabuena, has perdido a tu hijo para siempre.

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Son solo eso


Ey, Gretzky al aparato. El Sr. Alcolea se ha dignado a abrir de nuevo su ventana al mundo y tengo que aprovechar esta oportunidad antes de que la pereza gane la batalla a la creatividad.

Los últimos tiempos por casa han sido relativamente placenteros, los días transcurren sin mayor sobresalto que alguna diarrea de las que colecciona Dani, algún intento indolente de Ana por adelantar la preadolescencia y algún episodio transitorio en forma de cólera que sufre el papá con las criaturas. 

Y es que «el Muy» se queja por todo.

Los reyes magos trajeron a los chicos un circo de tela de esos que venden en una tienda de decoración sueca y observé, con incredulidad, que los niños no le estaban sacando todo el partido. Aproveché una de las veces que estaban los niños en su interior para entrar y tener con ellos una charla:

Hola chicos, ¿cómo va la cosa? – dije yo.
Hola Gret – dijo Ana, – aqui jugando a escondernos de papá y mamá
Holaaaaa, lleeeeta – dijo Dani.

Dani es un tipo espontaneo, me gusta, sólo habla cuando tiene necesidad pero desde un discurso educado y formal: primero saluda y luego va al grano: galletas (su vida sólo depende de tener cerca y a su disposición algo que llevarse a la boca).

Vereis, el circo tiene propiedades flexibles por lo que mantenerlo estático es perder una jugabilidad del 90%. Os recomiendo que, con el peso de vuestro cuerpo, manos y pies, jugueis a desplazarlo desde dentro por toda la casa, así vuestros padres verán que el circo se mueve como por arte de magia. No desdeñeis la diversión extra de chocar contra enseres domésticos sin control – Dani me miraba ojiplático porque no había entendido un carajo, pero Ana se puso manos a la obra. ¡Eureka! el circo empezó a moverse y Dani cogió la mecánica de forma natural.

La cosa funcionaba, comenzábamos a sacar rentabilidad a la inversión… pero claro ahí estaba «el Muy» para aguar la fiesta. Teníais que ver qué rebote se cogió: que si vais a romperos la cabeza, que si se va a caer la tele, que si desde dentro no veis hacia donde os dirigís, que si un circo de metro y medio de altura rodando sin control por la casa no es de una familia normal...

Luego recapacita y se siente mal por haber levantado la voz a sus hijos.

Al levantar la cabeza fijo su mirada en mi rostro y me dijo: – al fin y al cabo son solo niños -.

¿Te parece poco? – dije.

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Son solo eso


Ey, Gretzky al aparato. El Sr. Alcolea se ha dignado a abrir de nuevo su ventana al mundo y tengo que aprovechar esta oportunidad antes de que la pereza gane la batalla a la creatividad.

Los últimos tiempos por casa han sido relativamente placenteros, los días transcurren sin mayor sobresalto que alguna diarrea de las que colecciona Dani, algún intento indolente de Ana por adelantar la preadolescencia y algún episodio transitorio en forma de cólera que sufre el papá con las criaturas. 

Y es que «el Muy» se queja por todo.

Los reyes magos trajeron a los chicos un circo de tela de esos que venden en una tienda de decoración sueca y observé, con incredulidad, que los niños no le estaban sacando todo el partido. Aproveché una de las veces que estaban los niños en su interior para entrar y tener con ellos una charla:

Hola chicos, ¿cómo va la cosa? – dije yo.
Hola Gret – dijo Ana, – aqui jugando a escondernos de papá y mamá
Holaaaaa, lleeeeta – dijo Dani.

Dani es un tipo espontaneo, me gusta, sólo habla cuando tiene necesidad pero desde un discurso educado y formal: primero saluda y luego va al grano: galletas (su vida sólo depende de tener cerca y a su disposición algo que llevarse a la boca).

Vereis, el circo tiene propiedades flexibles por lo que mantenerlo estático es perder una jugabilidad del 90%. Os recomiendo que, con el peso de vuestro cuerpo, manos y pies, jugueis a desplazarlo desde dentro por toda la casa, así vuestros padres verán que el circo se mueve como por arte de magia. No desdeñeis la diversión extra de chocar contra enseres domésticos sin control – Dani me miraba ojiplático porque no había entendido un carajo, pero Ana se puso manos a la obra. ¡Eureka! el circo empezó a moverse y Dani cogió la mecánica de forma natural.

La cosa funcionaba, comenzábamos a sacar rentabilidad a la inversión… pero claro ahí estaba «el Muy» para aguar la fiesta. Teníais que ver qué rebote se cogió: que si vais a romperos la cabeza, que si se va a caer la tele, que si desde dentro no veis hacia donde os dirigís, que si un circo de metro y medio de altura rodando sin control por la casa no es de una familia normal...

Luego recapacita y se siente mal por haber levantado la voz a sus hijos.

Al levantar la cabeza fijo su mirada en mi rostro y me dijo: – al fin y al cabo son solo niños -.

¿Te parece poco? – dije.

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