Viernes dando la nota #182: Estrellas que amé

John Williams – Star Wars Suite. Princess Leia’s Theme
David Bowie – Rebel Rebel

El 2016 no da para mucho más. Y menos mal, porque el muy bastardo está terminando tal como empezó. El cabrón nos ha dado más de un disgusto, aunque no seas de llorar por desconocidos. El caso es que arrancamos el año despidiéndonos de una estrella a la que amaba, Ziggy Stardust, alias David Bowie –este #VDLN salió justo dos días antes de su muerte–, y lo mandamos al carajo llorando a otra, Carrie Fisher. No os voy a recordar cuántas bajas más hay en el debe de este año, porque salimos perdiendo de todas todas. Mucho. Pero precisamente estas dos son de las que más me encogen la garganta.

Carrie Fisher fue la actriz que encarnó –en todo el sentido de la palabra– a uno de los personajes que más amo. Pero más allá de la heroína en una galaxia muy, muy lejana y ese estúpido e icónico bikini metálico que tanto odiaba, fue escritora, guionista, y una de las mejores script doctor de Hollywood. Sobre su carácter, su fuerza, su personalidad, su inteligencia y sentido del humor, y su luz, ya hay cientos de notas, tuits, memorias en las redes. Es duro encontrar que en la Wikipedia y otras fuentes ya hablan de ella en pasado. En mi caso, lo único que acierto a decir es que para mí fue mucho más que un personaje. Como la música que amas, o aquel libro que le marca a uno de por vida, las historias, personajes de Star Wars forman parte de lo que soy, de mis gustos, mis recuerdos, mi familia –que comparto con el tito Kiko, tan fanático como yo–, mi infancia y adolescencia. Son una de mis constantes. Como lo era otro de mis amores, Bowie.

Más allá de las pérdidas personales de cada uno –también las he tenido–, este año pasó una factura dura de asimilar. Desde Gene Wilder hasta Vera Rubin, o la mismísima Debbie Reynolds. Más que raro, el mundo es un poco más oscuro, le faltan estrellas. El año que viene, más. Sed libres.

¡Feliz #VDLN! ¡Y que la Fuerza os acompañe!
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#ViernesDandoLaNota con AWOLNATION

Ya estamos otra vez a viernes, y esta semana se me ha pasado volando, casi no he actualizado el blog, es lo que tienen las fiestas, pero por eso mismo hay que ponerle un poco de música.

Además este es el último #VDLN de 2016, por lo que lo voy a despedir con un grupo que me gusta mucho. Son relativamente nuevos, empezaron en 2009 pero han subido como la espuma, y no me extraña. 
Se califican como rock electrónico, da igual, me encantan y ojala pueda verlos en directo,
Para despedir 2016 y los #VDLN os dejo dos de sus canciones, pero no os preocupéis en redes pondré más.
Aprovecho para desearos un buen comienzo de año y un 2017 lleno de salud y amor para vosotros vuestras familias.

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El legado de navidad

Los días previos a la navidad suelen ser días complicados por muchas razones, el tiempo queda corto con mil reuniones de oficina, juegos del amigo secreto, e intercambios de regalos, además está el blog que aunque no parezca toma mucho tiempo, la nostalgia que se le da por agarrarme duro y por supuesto no puedo dejar de mencionar los gastos que en mi caso particular se dividen en tres: navideños, vacaciones útiles y matrículas del colegio, que como buena broma del día de los inocentes fue el

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Puedes ser mujer… pero lo justito para no ofender.

Carrie se nos ha ido. Y esta entrada iba a versar sobre Wonder Woman y un sexismo en el que se ha visto envuelta ultimamente qué creo que ha pasado desapercibido. Un sexismo que deberíamos haber superado hace muchos años, pero aquí seguimos. Como en 1977 o peor aún. Cuando las mujeres existían y eran tan primordiales como cualquier otro ser humano para la sociedad. Pero debían estar en la

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Puedes ser mujer… pero lo justito para no ofender.

Carrie se nos ha ido. Y esta entrada iba a versar sobre Wonder Woman y un sexismo en el que se ha visto envuelta ultimamente qué creo que ha pasado desapercibido. Un sexismo que deberíamos haber superado hace muchos años, pero aquí seguimos. Como en 1977 o peor aún. Cuando las mujeres existían y eran tan primordiales como cualquier otro ser humano para la sociedad. Pero debían estar en la

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Los 7 peores juguetes de la historia

Estamos en plena época de regalar juguetes, a medio camino entre Papá Noel y los Reyes Magos. Seguramente, nuestros hijos están recibiendo juguetes, cuentos… bastante bonicos todos ellos. ¿Dices que alguno de los juguetes que han recibido tus peques es feo o no te gusta? Eso es porque no has visto… ¡los peores juguetes de …continúa leyendo Los 7 peores juguetes de la historia

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HOMBRES HERIDOS

“A los dos les asaltaban las dudas, pero estaban esforzándose al máximo; los dos dudarían de sí mismos, harían avances y retrocesos, pero seguirían intentándolo, porque confiaban el uno en el otro y porque Jude era la única persona del mundo que merecía que él experimentara todos los contratiempos, las dificultades, las inseguridades y la sensación de vulnerabilidad.”
Hay libros que te dejan indiferente y los olvidas al día siguiente de haberlos terminado, si es lograr llegar a su última página. Hay otros que te provocan un placer instantáneo pero que difícilmente calan más allá de tu piel. Los mejores, sin duda, son aquellos que te dejan herido, como si cada página fuera una navaja afilada que recorre tu piel y se mete dentro, muy adentro de ti, dispuesta ya a quedarse para siempre. En esa ceremonia de dolor y gozo, el lector siente como su cuerpo se hace cómplice de las letras que expresan emociones y, por tanto, se estremece, pasa frío, se acalora o tiembla.  Como si se tratara de un orgasmo en el que fuera complicado distinguir cuánto hay de dolor y cuánto de placer. Como ese sobresalto que adivinamos en el rostro del hombre que aparece en la bellísima y desgarradora portada de Tan poca vida.
Tan poca vida es uno de esos libros. Cuando aun me duele el alma, y el cuerpo, después de haber llegado a su última página, siento que es una de las lecturas que más me han conmocionado en los últimos tiempos. Esta historia de cuatro amigos de Nueva York, que se desarrolla a lo largo de varias décadas, y muy especialmente la historia del antihéroe que la autora subraya como protagonista, ha abierto en canal mi pecho de hombre en gerundio y me ha reconciliado con la literatura que es capaz de ser como ese espejo que se pone a los moribundos frente a la boca para comprobar si aún respiran.
La novela de Hanya Yanagihara, una joven autora norteamericana desconocida para mí y supongo que para la mayoría,  cayó en mis manos gracias a la recomendación de una amiga librera que me advirtió de lo mucho que me gustaría y de lo mucho que tenía que ver con las cuestiones que me ocupan y me preocupan. Nunca podré agradecerle lo suficiente a mi querida Ana Rivas, la maga que reina en la cordobesa República de las letras, que me pusiera sobre la pista de un libro que, entre otras muchas cosas, nos sitúa frente lo que los hombres solemos callar, frente a nuestros miedos e incapacidades, frente a los dolores que asumimos con tal de responder a las expectativas de género. En este sentido, Tan poca vida es un bellísimo tratado sobre la impotencia masculina, sobre las vulnerabilidades que con tanta frecuencia no reconocemos, sobre la necesidad que finalmente tenemos de los demás para sobrevivir en cuanto seres tan imperfectos que somos.
La autora, y creo que en este caso no es casualidad que sea una mujer, nos presenta unos personajes masculinos que poco tienen que ver con los héroes que siguen poblando los relatos patriarcales y androcéntricos que nos dominan. Aun siendo en la mayoría de los casos hombres con éxito, en el sentido que marca el sistema, los descubrimos cargados de contradicciones, inseguros y perdidos a veces, tremendamente frágiles  en la mayoría de las ocasiones.  Necesitados siempre de una mano cercana, de la leal complicidad de un amigo, de la palabra justa o de un abrazo. Hombres solos que necesitan aprender el sentido de la pérdida, que parecen no encontrar la brújula y que, pese a los triunfos, acaban en muchos casos prisioneros en su jaula. Tan poca vida es una novela sobre los miedos que con frecuencia no reconocemos, sobre el dolor que implica madurar, sobre lo absurdo de trazar fronteras cuando hablamos de emociones y afectos.  En este sentido es también un libro sobre la reconstrucción del concepto de familia, entendida ésta ahora como una red de afectos y cuidados, así como sobre la necesidad de abrir el concepto del amor a una pluralidad que va más allá de las orientaciones o identidades, y que tiene que ver con una idea que explicaba muy bien la autora (http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/07/actualidad/1475864726_787795.html) : “El problema con las relaciones estos días es que esperamos que una relación nos dé todo: satisfacción sexual, amor, amistad, estímulo intelectual, y lo que dice el libro es que un buen matrimonio, una buena relación te puede dar dos o tres cosas de estas, pero las otras hay que buscarlas fuera. Y este libro señala que a veces podemos encontrar sexo y a veces no en la persona que queremos o nos interesa, pero a veces no, y eso está bien. Tienes que pensar qué quieres de un amigo y a veces lo que quieres de un amigo y lo que te brinda no es definible, es simplemente alguien que te va a escuchar, que va a venir a ti, que no son cualidades muy excitantes pero sí sostienen una relación”.
Tan poca vida podría resumirse como la suma de varias historias de amor,  narradas con la fuerza dramática de las novelas clásicas pero también con el aliento de lo que supone vivir una relación de pareja en el siglo XXI. Es la historia de amor de los cuatro amigos, pero también la que como padre e hijo viven Harold y Jude y, sobre todo, la que une a éste con su amigo Willem. Todas ellas, pero sobre todo la última, contempladas desde la celebración que supone, o debería suponer, necesitar a alguien, tal y como se expresa casi al final de la novela: “Y él llora, llora por todo lo que ha sido, por lo que podría haber sido, por todas las viejas heridas, por las viejas dichas, llora por la vergüenza y la alegría de acabar siendo un niño, con todos los caprichos, las necesidades y las inseguridades de un niño, por el privilegio de portarse tan mal y ser perdonado, por el lujo de recibir ternura, de recibir afecto, de que le sirvan una comida y le obliguen a comérsela, por ser capaz, ¡por fin!, de creer en las palabras de consuelo de un padre, de creer que es especial para alguien, pese a todos sus errores y su odio, por culpa de todos sus errores y su odio.” Y, como podemos adivinar por este fragmento, Tan poca vida también es un relato sobre el sentimiento de culpa, sobre cómo el pasado nos aprisiona y sobre la dificultad de que cicatricen las heridas que un día nos dejaron en mitad del bosque como seres totalmente indefensos.
Y eso es justo lo que es Jude, uno de esos personajes literarios que estoy seguro no voy a olvidar en mi vida, un hombre herido, un animal vapuleado por la vida, enjaulado en el hedor de su infancia, víctima de tantas masculinidades tóxicas que en su día controlaron su alma y su cuerpo. Las masculinidades sagradas que usaron sobre él el látigo del dominio erotizado, de la violencia hecha carne y de la omnipotencia que hace de la virilidad un pretexto que justifica la sangre derramada. Es imposible no sufrir con Jude, no emocionarse con él, no llorar con él, no amarlo y hasta odiarlo, no sentir que su piel quebradiza es al mismo tiempo la de uno mismo. Como tampoco es posible no entender el amor de Willem, la entrega absoluta, el heroísmo que implica no caer en la trampa del amor romántico y asumir que cuando se quiere a alguien hay que jugar permanentemente al equilibrio inestable que supone conciliar autonomía y dependencia. “A los dos les asaltaban las dudas, pero estaban esforzándose al máximo; los dos dudarían de sí mismos, harían avances y retrocesos, pero seguirían intentándolo, porque confiaban el uno en el otro y porque Jude era la única persona del mundo que merecía que él experimentara todos los contratiempos, las dificultades, las inseguridades y la sensación de vulnerabilidad.”
No se imagina dejando que nadie más tenga acceso a su cuerpo y a sus miedos”, escribe Hanya Yanagihara en una de las páginas de la novela refiriéndose a Jude. Esa frase resume perfectamente uno de los ejes centrales de la historia, el cual tiene mucho que ver, es evidente, con las patologías de una masculinidad hegemónica que produce tantos monstruos. En Tan poca vida, sin embargo, y frente al horror de lo que Jude ha vivido, nos encontramos afortunadamente con hombres que lloran, que se abrazan, que se dicen lo que se quieren y lo que se necesitan: “En los últimos años ha pasado de darle vergüenza llorar a llorar constantemente a solas primero, a llorar delante de Willem después, y ahora, en una última pérdida de dignidad, a llorar delante de cualquiera, en cualquier momento y por cualquier cosa. Se apoya en el pecho de Richard y solloza sobre su camisa. Richard es otra persona cuya amistad incondicional y sin límites, y cuya compasión, siempre lo han dejado perplejo. Sabe que los sentimientos de Richard hacia él se entremezclan con sus sentimientos hacia Willem, y lo comprende; le hizo a Willem una promesa y se toma en serio sus obligaciones. Pero, aparte de su estatura, su volumen, hay algo en la seriedad de Richard, en su formalidad, que le invita a pensar en él como en una especie de árbol-dios, un roble con forma de ser humano, sólido, antiguo e indestructible. No son muy habladores, pero Richard se ha convertido en su amigo de la vida adulta, no solo un amigo sino en cierto modo un padre, aunque solo tiene cuatro años más que él. O un hermano, tal vez, cuya fidelidad y honradez son inquebrantables.” Hombres para los que también es importante expresar lo que sienten: “Te quiero —concluyó Willem y, antes de que él tuviera que responder, colgó. Jude nunca sabía qué contestar cuando Willem le decía eso, pero le gustaba oírlo.”
La lealtad, la honradez, la empatía, la necesidad del otro, las emociones como fundamento de unos vínculos entre varones que nada o poco tienen que ver con los que reclaman las fratrías viriles.  El cuidado como complemento de la justicia y como eje desde el que construir una nueva manera de relacionarnos. Esa es la propuesta que nos lanza la autora con una novela que, como ella misma ha confesado, se nutre de clásicos como Dickens pero sin renunciar a la mirada que supone vivir en un siglo tan líquido como el presente. Y junto a esa propuesta revolucionaria, el amor, siempre el amor como ese hogar al que uno siempre quiere volver:
“Y, por descontado, la persona a cuyo lado regresas: su cara, su cuerpo, su voz, su olor y su tacto, cómo espera a que acabes de hablar, por mucho que te extiendas, antes de responder; su sonrisa, que te recuerda a la salida de la luna; ver cómo te ha echado de menos y lo feliz que está de que hayas vuelto. Luego, si eres tan afortunado como Willem, están las cosas que esa persona ha hecho por él mientras estaba fuera: en la despensa, el congelador y la nevera habrá la comida que más le gusta y el whisky que prefiere. El jersey que creía haber perdido estará limpio y doblado en un estante del armario, y los botones de la camisa, cosidos con firmeza. Encontrará la correspondencia amontonada a un lado del escritorio, junto con el contrato de la campaña de publicidad de una cerveza austríaca que hará en Alemania, con notas en los márgenes para comentarlos con el abogado. Y él no lo mencionará, pero Willem sabrá que ha hecho todo eso con auténtico placer, y que si le gusta este piso y esta relación es en parte porque Jude lo convierte en un hogar para él, y cuando se lo diga, lejos de ofenderse Jude se quedará encantado, y Willem se alegrará. Y en esos momentos, casi una semana después de su regreso, se preguntará por qué se va tan a menudo, y si cuando terminen los compromisos del año siguiente no debería quedarse una temporada ahí, el lugar al que pertenece.”
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Navidad y más

Este año fue la segunda Navidad que pasamos con Giulia. Como ya está más grande, pudimoshacer más planes que los del año anterior. Sí, fue igual o más cansado que el año pasado y alcaer domingo, hoy miércoles sigo cansado y seguro seguiré así hasta el próximo año.Sería la primera vez que Giulia dormiría en casa de los abuelos, para eso con muchaanticipación compré una cama inflable para no incomodar a mis papás. Debo admitir que estacama pasará a la lista de “cosas inútiles que le compré a

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Viaje a Noruega: Conociendo Stavanger

Llegando a Stavanger
Tras nuestra llegada al aeropuerto de Bergen, lo primero que hicimos al recoger el coche fue tomar camino hasta la ciudad de Stavanger. Es un recorrido habitual si se hace una ruta circular y el punto de inicio es una de estas dos ciudades; además, por el paisaje bien merece dedicar las cuatro horas y pico de trayecto en él. El trayecto incluye dos ferries (el primero de 40 minutos de duración, entre Halhjem y Sandvikvag, y el segundo de 25, entre Arsvagen Mortavika) y uno de los túneles submarinos más profundos del mundo, el de Rennfast, que llega a estar 223 metros bajo el mar y tiene una longitud de más de 5 kilómetros.

Como era de esperar, llegamos tarde a nuestro hotel (el único hotel que visitamos durante nuestro viaje) y nos fuimos a descansar para empezar el día siguiente a conocer la ciudad; teníamos previsto dedicarle un día completo.

El puerto de Stavanger

Conociendo la ciudad

Stavanger es la cuarta ciudad de Noruega con aproximadamente 130.000 habitantes y es la capital de la provincia de Rogaland. Esta ciudad portuaria es conocida como la capital noruega del petróleo y de ahí que tenga un museo dedicado a ello: El Museo noruego del petróleo (Norsk Oljemuseum), del que os hablé aquí.

El casco antiguo es idílico
Para conocer Stavanger lo mejor es perderse por ella… Nosotros, tras nuestro habitual paso por la oficina de turismo para recoger el mapa de rigor y recibir algunas indicaciones, nos dirigimos hacia el casco antiguo, una de las zonas más bellas de la ciudad.

Callejuelas peatonales adoquinadas con sus casas de madera adornadas con flores invitan a pasear sin rumbo fijo disfrutando de los detalles. Es fácil olvidar que se está en una ciudad relativamente grande teniendo en cuenta la tranquilidad que se respira en estas calles.

Tras un paseo algo pasado por agua (dichosa lluvia!) nos bajamos a la zona del puerto, donde los peques alucinaban con los cruceros allí atracados. Tranquilamente fuimos paseando hacia la zona del Museo del Petróleo, del que ya os hablé aquí, pasando por las fantásticas casas de colores del centro de la ciudad; a diferencia del casco antiguo, que es meramente residencial, aquí abundan las cafeterías y las tiendas con un ambiente animado y agradable. Antes de visitar el museo acabamos comiendo justo delante del Geopark en un restaurante chino. 
Nuestro paseo por el centro acabó después de visitar el museo. Continuamos callejeando hasta que llegamos a la Catedral de Stavanger y el fantástico lago que hay detrás. Finalmente, nos dirigimos hacia el hotel, parando a comprar algo de cenar en un kebab a medio camino.
La Catedral de Stavanger
Un fantástico lago en el centro
Nuestro paso por la ciudad fue tranquilo y agradable; conocimos su esencia y visitamos los lugares más importantes de ella. Al día siguiente íbamos a visitar el que hacía que muchos la visitaran (incluidos los cruceros): Preikestolen (El Púlpito).
Fue, sin duda, un buen comienzo del viaje.

Puedes consultar más información de nuestro viaje:

Diario de viaje a Noruega: Inicio

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Viaje a Noruega: Conociendo Stavanger

Llegando a Stavanger
Tras nuestra llegada al aeropuerto de Bergen, lo primero que hicimos al recoger el coche fue tomar camino hasta la ciudad de Stavanger. Es un recorrido habitual si se hace una ruta circular y el punto de inicio es una de estas dos ciudades; además, por el paisaje bien merece dedicar las cuatro horas y pico de trayecto en él. El trayecto incluye dos ferries (el primero de 40 minutos de duración, entre Halhjem y Sandvikvag, y el segundo de 25, entre Arsvagen Mortavika) y uno de los túneles submarinos más profundos del mundo, el de Rennfast, que llega a estar 223 metros bajo el mar y tiene una longitud de más de 5 kilómetros.

Como era de esperar, llegamos tarde a nuestro hotel (el único hotel que visitamos durante nuestro viaje) y nos fuimos a descansar para empezar el día siguiente a conocer la ciudad; teníamos previsto dedicarle un día completo.

El puerto de Stavanger

Conociendo la ciudad

Stavanger es la cuarta ciudad de Noruega con aproximadamente 130.000 habitantes y es la capital de la provincia de Rogaland. Esta ciudad portuaria es conocida como la capital noruega del petróleo y de ahí que tenga un museo dedicado a ello: El Museo noruego del petróleo (Norsk Oljemuseum), del que os hablé aquí.

El casco antiguo es idílico
Para conocer Stavanger lo mejor es perderse por ella… Nosotros, tras nuestro habitual paso por la oficina de turismo para recoger el mapa de rigor y recibir algunas indicaciones, nos dirigimos hacia el casco antiguo, una de las zonas más bellas de la ciudad.

Callejuelas peatonales adoquinadas con sus casas de madera adornadas con flores invitan a pasear sin rumbo fijo disfrutando de los detalles. Es fácil olvidar que se está en una ciudad relativamente grande teniendo en cuenta la tranquilidad que se respira en estas calles.

Tras un paseo algo pasado por agua (dichosa lluvia!) nos bajamos a la zona del puerto, donde los peques alucinaban con los cruceros allí atracados. Tranquilamente fuimos paseando hacia la zona del Museo del Petróleo, del que ya os hablé aquí, pasando por las fantásticas casas de colores del centro de la ciudad; a diferencia del casco antiguo, que es meramente residencial, aquí abundan las cafeterías y las tiendas con un ambiente animado y agradable. Antes de visitar el museo acabamos comiendo justo delante del Geopark en un restaurante chino. 
Nuestro paseo por el centro acabó después de visitar el museo. Continuamos callejeando hasta que llegamos a la Catedral de Stavanger y el fantástico lago que hay detrás. Finalmente, nos dirigimos hacia el hotel, parando a comprar algo de cenar en un kebab a medio camino.
La Catedral de Stavanger
Un fantástico lago en el centro
Nuestro paso por la ciudad fue tranquilo y agradable; conocimos su esencia y visitamos los lugares más importantes de ella. Al día siguiente íbamos a visitar el que hacía que muchos la visitaran (incluidos los cruceros): Preikestolen (El Púlpito).
Fue, sin duda, un buen comienzo del viaje.

Puedes consultar más información de nuestro viaje:

Diario de viaje a Noruega: Inicio

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Viejas fábulas, coches clasicos y libros nuevos

Si bien hace tiempo que no leo ni las rutas de los camiones que me llevan de la casa al trabajo, (he llegado casi sin ver a la oficina, inmerso en pensamientos e ideas de “¿Y ahora qué hago?”) puedo decir que me encanta leer, no hablo necesariamente de lecturas educativas o de conocimiento general, me gusta leer historias, artículos, novelas y cosillas así que para los buenos lectores bien podrían ser pérdida de tiempo, pero qué más da si es o era una de mis actividades favoritas.

Por su puesto que aunque estoy un poco en contra de hacer de nuestros hijos lo que nosotros quisimos ser, también estoy a favor de mostrarles aquellas cosas que nos encantan, de forma que quizá puedan interesarse en ellas, tomarlas y hacerlas suyas, por ejemplo: estoy en contra de tratar de hacer de tu hijo un jugador profesional estrella de futbol, pero a favor de darle su primer balón, y mostrarte emocionado cuando hay un partido cargado de goles, digo, que tal si el niño se emociona con esto, le agarra cariño al deporte y ¡pum! el siguiente (inserte aquí su jugador favorito ¿Cristiano? ¿Messi? ¿Quién crees que es mejor?)

Así pues el fin de semana le compre a Matías un libro (Ya había hecho lo del balón de futbol desde el primer día que llego a casa) resulta que es un libro de fábulas de animales que estaba seguro que sería de lo más divertido y de paso cada historia dejaría una historia de aprendizaje… ERROR

¿Qué les pasa chingaos?, ¡Que alguien me explique cómo es posible que aquellas fabulas de nuestra infancia que jamás pudimos entender siguen publicándose sin ediciones actualmente! Editores, Confíe en que estaba siendo exagerado, le di el voto de confianza y le dije a Mi Matt que le leería un poco de esto, “El camello y el dromedario” vamos, sé que pueden ser mejor que eso; “la tortuga y la liebre” pasado de moda; “Pedro y el lobo” ¿Acaso aun vivimos en la taiga, o en las praderas, acaso voy a leerle un cuento a mi hijo en el que un lobo iba a llegar devorarse sanguinariamente a unas cuantas pequeñas ovejas que para empezar son el sustento de su familia?

Llámennos exagerados y hasta ridículos pero Matías dos renglones después de “el borrico y la flauta” decidió bajarse y dedicarse a otra cosa, y yo, bueno, yo en verdad no pretendía seguir leyendo las mismas historias de mi infancia, que por cierto jamás entendí. En verdad me gustaría que a mi hijo le guste mucho leer, que su imaginación pueda desarrollarse con los libros, que deje de necesitar la televisión para distraerse.

Me puse a pensar que les cuesta a los editores o a los creativos un pequeñita modificación a sus escritos, no sé, que tal agregarle un poquito de motor a cada fábula, que tal una engrasadita a los engranes de cada historia, en verdad que no les vendría mal. Matt ama los coches, si, ya lo había dicho muchas veces, estaba pensando… que tal si en lugar de “la tortuga y la liebre” hacen una carrera un VW del 68 vs un Challenger 2017” bueno, ya se nos ocurrirá un amanera de hacer que el vochito gane, no sé,  al Challenger se le quemó el aceite debido a una falla en el sistema de ventilación del Carter, PCV (Gracias Yahoo Respuestas por el dato) o algo así, que tal si en lugar de pedro y el lobo un “Papá y el Aston Martin 1963” ya nos inventaremos porque Matt engañaba a papá diciendo que venía el Aston en una exhibición de coches hasta que cuando realmente pasó frente a papá no pudo verlo porque esta vez no le creyó.

Pienso que es importante hacer que los niños lean, y leerles cosas que realmente les interesen y que puedan dejar una enseñanza en ellos, pienso que es difícil saber que les pueda gustar, sobre todo cuando no estamos del todo presentes por el momento pero es posible crear historias que llamen bastante su atención, tal vez creare este par de historias a ver si puedo llamar su atención automovilística y hacer de la hora de la lectura un momento entretenido con un poquito de enseñanza en cada texto, ¡aaarrancan!

PapáDe1ra
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Viejas fábulas, coches clasicos y libros nuevos

Si bien hace tiempo que no leo ni las rutas de los camiones que me llevan de la casa al trabajo, (he llegado casi sin ver a la oficina, inmerso en pensamientos e ideas de “¿Y ahora qué hago?”) puedo decir que me encanta leer, no hablo necesariamente de lecturas educativas o de conocimiento general, me gusta leer historias, artículos, novelas y cosillas así que para los buenos lectores bien podrían ser pérdida de tiempo, pero qué más da si es o era una de mis actividades favoritas.

Por su puesto que aunque estoy un poco en contra de hacer de nuestros hijos lo que nosotros quisimos ser, también estoy a favor de mostrarles aquellas cosas que nos encantan, de forma que quizá puedan interesarse en ellas, tomarlas y hacerlas suyas, por ejemplo: estoy en contra de tratar de hacer de tu hijo un jugador profesional estrella de futbol, pero a favor de darle su primer balón, y mostrarte emocionado cuando hay un partido cargado de goles, digo, que tal si el niño se emociona con esto, le agarra cariño al deporte y ¡pum! el siguiente (inserte aquí su jugador favorito ¿Cristiano? ¿Messi? ¿Quién crees que es mejor?)

Así pues el fin de semana le compre a Matías un libro (Ya había hecho lo del balón de futbol desde el primer día que llego a casa) resulta que es un libro de fábulas de animales que estaba seguro que sería de lo más divertido y de paso cada historia dejaría una historia de aprendizaje… ERROR

¿Qué les pasa chingaos?, ¡Que alguien me explique cómo es posible que aquellas fabulas de nuestra infancia que jamás pudimos entender siguen publicándose sin ediciones actualmente! Editores, Confíe en que estaba siendo exagerado, le di el voto de confianza y le dije a Mi Matt que le leería un poco de esto, “El camello y el dromedario” vamos, sé que pueden ser mejor que eso; “la tortuga y la liebre” pasado de moda; “Pedro y el lobo” ¿Acaso aun vivimos en la taiga, o en las praderas, acaso voy a leerle un cuento a mi hijo en el que un lobo iba a llegar devorarse sanguinariamente a unas cuantas pequeñas ovejas que para empezar son el sustento de su familia?

Llámennos exagerados y hasta ridículos pero Matías dos renglones después de “el borrico y la flauta” decidió bajarse y dedicarse a otra cosa, y yo, bueno, yo en verdad no pretendía seguir leyendo las mismas historias de mi infancia, que por cierto jamás entendí. En verdad me gustaría que a mi hijo le guste mucho leer, que su imaginación pueda desarrollarse con los libros, que deje de necesitar la televisión para distraerse.

Me puse a pensar que les cuesta a los editores o a los creativos un pequeñita modificación a sus escritos, no sé, que tal agregarle un poquito de motor a cada fábula, que tal una engrasadita a los engranes de cada historia, en verdad que no les vendría mal. Matt ama los coches, si, ya lo había dicho muchas veces, estaba pensando… que tal si en lugar de “la tortuga y la liebre” hacen una carrera un VW del 68 vs un Challenger 2017” bueno, ya se nos ocurrirá un amanera de hacer que el vochito gane, no sé,  al Challenger se le quemó el aceite debido a una falla en el sistema de ventilación del Carter, PCV (Gracias Yahoo Respuestas por el dato) o algo así, que tal si en lugar de pedro y el lobo un “Papá y el Aston Martin 1963” ya nos inventaremos porque Matt engañaba a papá diciendo que venía el Aston en una exhibición de coches hasta que cuando realmente pasó frente a papá no pudo verlo porque esta vez no le creyó.

Pienso que es importante hacer que los niños lean, y leerles cosas que realmente les interesen y que puedan dejar una enseñanza en ellos, pienso que es difícil saber que les pueda gustar, sobre todo cuando no estamos del todo presentes por el momento pero es posible crear historias que llamen bastante su atención, tal vez creare este par de historias a ver si puedo llamar su atención automovilística y hacer de la hora de la lectura un momento entretenido con un poquito de enseñanza en cada texto, ¡aaarrancan!

PapáDe1ra
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Los Reyes Magos SÍ existen

Soy un mentiroso. Y mamá también lo es. Hemos mentido, mentimos, y mentiremos a nuestra hija. Y mentiremos también a los mellizos. Y, además, llegará el momento en el que le pidamos a su hermana mayor que nos ayude a que la mentira cuele. Mintiendo ella también, por supuesto.  Así que todos mentirosos. Familia de…

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Educar para internet, formación continua en el uso de las redes sociales. Portal para padres

La red social Facebook ha creado un nuevo portal para padres. Son recomendaciones generales que podemos aplicar a cualquier red social, tanto para aquellos cuyos hijos empiezan a iniciarse en las redes sociales, como para aquellos otros cuyos hijos están completamente enganchados a su Instagram o a su Snapchat. Siempre es conveniente hacer un esfuerzo […]

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El Tema de la Semana #36: ¿Qué quiero que sean de mayores?

El Tema de la Semana ha nacido como propuesta para compartir: experiencias, curiosidades, ideas,… poder conocer, comprender y poder aprender. Para conocernos mejor y para que os conozcamos mejor. Esta es la idea que hay detrás de este ejercicio semanal: #ElTemaDeLaSemana. Tomando como base el sistema por el que se comparten y difunden otras accionesLeer más sobre El Tema de la Semana #36: ¿Qué quiero que sean de mayores?[…]

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