Topa: "Hay que poner límites"

Una imperdible entrevista con Diego Topa, el protagonista de Junior Express y estrella infantil seguida por todos los niños de Latinoamérica, en donde habla de su niñez, el papel de los medios frente a los niños y cómo espera ser cuando se convierta en papá. Seguir leyendo

Nota completa publicada en BabyCenter enseptiembre de 2015: http://espanol.babycenter.com/blog/mamas/los-medios-acompanan-en-el-crecimiento-pero-hay-que-poner-limites/

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Las Urgencias médicas

Sí, ya sé que tocaba una entrada sobre la visita que este verano hicimos a una granja de conejos, pero es que si no escribo sobre esto, exploto.

Mi madre vuelve a estar ingresada (bueno, está en un box de Urgencias) como viene siendo habitual en los últimos tiempos. Los hermanos que vivimos cerca nos vamos turnando como podemos para hacerle compañía y ocuparnos de nuestro padre (el Alzheimer va a un ritmo rapidísimo) mientras ella no está. Lo cierto es que esos ratos que paso en Urgencias me hacen ser un privilegiado espectador de lo que allí se vive y, lo siento, debo ser muy cortito, soy incapaz de entender. Ruego encarecidamente que si entre mis lectores/as hay algún médico, auxiliar sanitario o -da lo mismo la categoría- conocedor del mundo de las Urgencias, no se ofenda por lo que pueda leer, me lo haga saber y me saque de dudas.

Vaya por delante que suelo ser de los moderados en mi estancia (como acompañante) en Urgencias. Vamos, soy de la opinión de que si eres muy exigente, serás el blanco de todas las iras de los que allí trabajan y, sobre todo, no te harán ni caso (y por ende, al paciente). una vez puestos en antecedentes, explicaré mi visión sobre este mundo:

– Historial: No nos ha ocurrido una vez, ni dos, ni tres, sino varias que, a pesar de que tienen a la vista su historial, confunden medicación (dependiendo de la dolencia que tengas, un error en la medicación puede tener consecuencias fatales) e intentan darle una pastilla totalmente contraindicada con otra de las que toma (ya sabéis, el famoso Sintrom). Gracias a Dios, la mayoría de las veces estamos alguno allí (o mi madre se da cuenta) y les advertimos. Las preguntas son ¿se miran el historial?, ¿cuando hay cambios de guardia, no miran las anotaciones que han hecho los del anterior turno?

– Si no te quejas, pasan de ti. Si lo haces, pasan más. ¿Qué actitud es la correcta? Como ya os he adelantado, acostumbro a ser muy educado y (quizá excesivamente) prudente, lo que me lleva a dudar de que sea ésta la actitud adecuada, atendiendo a los resultados. Con un ejemplo se entenderá mejor. Ayer tarde mi madre pidió una cuña (como, entre otras cosas, está deshidratada y debe beber agua y tiene puesta una vía con suero, es normal que tenga ganas a menudo). Llegó un enfermero a y se la trajo. Cuando volvió a recogerla le dijo, con educación, pero con un evidente tono de fastidio, que debía aguantar más, que no le llamara para hacer tan poca cantidad. La siguiente vez que la pidió aguantó bastante más (o eso me dijo, que todo puede ser) y esta vez vino una enfermera. Se la puso y, al irse, nos dijo, cuando acabe, me avisáis. Y así lo hicimos. Como sonaba el timbre y no venía nadie, la vi saliendo de otro box mientras decía «¡¿Que no hay nadie más, que tengo que encargarme yo de tod ..?!» Y se calló al verme fuera del box. Entró donde estaba mi madre, apagó el timbre y dijo que ahora volvía. Pasó bastante rato y no venía. Mi madre se quejaba de que estaba muy incómoda y apretó el timbre mientras yo estaba fuera buscándola. Apareció como de la nada y gritándome me dijo «Ya os he dicho que ahora pasaba» y, de mala leche, entró y se la quitó.

Entiendo el estrés que pasan en su trabajo (tampoco es para tanto) y soy consciente de los recortes sufridos en la Sanidad (aunque abusen de este manido argumento, que sirve para justificar absolutamente todo), pero …

– Poca información. El médico -que sé que tiene a varios pacientes a su cargo- pasa muy de vez en cuando a informar y, en general todos los profesionales que allí trabajan dan poca información. Cuando se te ocurre preguntar (de verdad, con exquisita educación), notas en su cara el fastidio que les provoca tener que informar. No sé, ayer mismo, se me ocurrió preguntar si le darían algo de cenar (no comía desde el día anterior) y tuvo que ir a buscar la pauta para poder contestarme.

– Creen (los profesionales que allí trabajan) que están solos. El volumen de voz empleado es alto … y más teniendo en cuenta que se trata de un lugar en el que la gente no está muy fina. Con esos prolongadísimos silencios que se dan ahí, te acabas enterando de la vida y milagros de las enfermeras. Mención aparte merece esas entradas sorpresivas en el box a las tantas de la madrugada al grito de «Hola, guapa, venimos a pincharte» que si no has ingresado por un infarto, provoca que cambies de unidad porque ya te lo han inducido.

– Esas llamadas a la enfermera que no acude mientras escuchas risas que provienen  de una sala en la que en la puerta dice «Prohibido el paso». Soy consciente de que tienen derecho a algo de descanso y a cierta intimidad, pero de ahí a ignorar esos timbres a base de risotadas, no lo entiendo.

– Ese trato a las personas mayores que podría resumirse en:

a) Hablarles a gritos. Ser mayor no significa ser sordo. Este axioma les cuesta entenderlo.
b) Intentar corroborar todo lo que les dice el paciente con miradas y gestos cómplices al acompañante.
c) Uno que se da especialmente en Cataluña. Dirigirse en catalán al paciente y cuando éste contesta en castellano (y es mayor, insisto), tratarlo como si no tuviera estudios.

Espero no haber sido muy duro con este colectivo e, insisto, agradecería cualquier explicación al respecto

PS He olvidado mencionar otro punto importantísimo: Distinguir a un médico de entre todos los empleados que pululan por allí. ¿Tan difícil es poner una placa o coser en el bolsillo, su nombre o simplemente la palabra ‘médico’? Todos van de blanco (¿tan difícil es que los médicos vayan de verde o al revés?) y ya no los distingues ni siquiera por ser el que más bolis lleva en el bolsillo.
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Las Urgencias médicas

Sí, ya sé que tocaba una entrada sobre la visita que este verano hicimos a una granja de conejos, pero es que si no escribo sobre esto, exploto.

Mi madre vuelve a estar ingresada (bueno, está en un box de Urgencias) como viene siendo habitual en los últimos tiempos. Los hermanos que vivimos cerca nos vamos turnando como podemos para hacerle compañía y ocuparnos de nuestro padre (el Alzheimer va a un ritmo rapidísimo) mientras ella no está. Lo cierto es que esos ratos que paso en Urgencias me hacen ser un privilegiado espectador de lo que allí se vive y, lo siento, debo ser muy cortito, soy incapaz de entender. Ruego encarecidamente que si entre mis lectores/as hay algún médico, auxiliar sanitario o -da lo mismo la categoría- conocedor del mundo de las Urgencias, no se ofenda por lo que pueda leer, me lo haga saber y me saque de dudas.

Vaya por delante que suelo ser de los moderados en mi estancia (como acompañante) en Urgencias. Vamos, soy de la opinión de que si eres muy exigente, serás el blanco de todas las iras de los que allí trabajan y, sobre todo, no te harán ni caso (y por ende, al paciente). una vez puestos en antecedentes, explicaré mi visión sobre este mundo:

– Historial: No nos ha ocurrido una vez, ni dos, ni tres, sino varias que, a pesar de que tienen a la vista su historial, confunden medicación (dependiendo de la dolencia que tengas, un error en la medicación puede tener consecuencias fatales) e intentan darle una pastilla totalmente contraindicada con otra de las que toma (ya sabéis, el famoso Sintrom). Gracias a Dios, la mayoría de las veces estamos alguno allí (o mi madre se da cuenta) y les advertimos. Las preguntas son ¿se miran el historial?, ¿cuando hay cambios de guardia, no miran las anotaciones que han hecho los del anterior turno?

– Si no te quejas, pasan de ti. Si lo haces, pasan más. ¿Qué actitud es la correcta? Como ya os he adelantado, acostumbro a ser muy educado y (quizá excesivamente) prudente, lo que me lleva a dudar de que sea ésta la actitud adecuada, atendiendo a los resultados. Con un ejemplo se entenderá mejor. Ayer tarde mi madre pidió una cuña (como, entre otras cosas, está deshidratada y debe beber agua y tiene puesta una vía con suero, es normal que tenga ganas a menudo). Llegó un enfermero a y se la trajo. Cuando volvió a recogerla le dijo, con educación, pero con un evidente tono de fastidio, que debía aguantar más, que no le llamara para hacer tan poca cantidad. La siguiente vez que la pidió aguantó bastante más (o eso me dijo, que todo puede ser) y esta vez vino una enfermera. Se la puso y, al irse, nos dijo, cuando acabe, me avisáis. Y así lo hicimos. Como sonaba el timbre y no venía nadie, la vi saliendo de otro box mientras decía «¡¿Que no hay nadie más, que tengo que encargarme yo de tod ..?!» Y se calló al verme fuera del box. Entró donde estaba mi madre, apagó el timbre y dijo que ahora volvía. Pasó bastante rato y no venía. Mi madre se quejaba de que estaba muy incómoda y apretó el timbre mientras yo estaba fuera buscándola. Apareció como de la nada y gritándome me dijo «Ya os he dicho que ahora pasaba» y, de mala leche, entró y se la quitó.

Entiendo el estrés que pasan en su trabajo (tampoco es para tanto) y soy consciente de los recortes sufridos en la Sanidad (aunque abusen de este manido argumento, que sirve para justificar absolutamente todo), pero …

– Poca información. El médico -que sé que tiene a varios pacientes a su cargo- pasa muy de vez en cuando a informar y, en general todos los profesionales que allí trabajan dan poca información. Cuando se te ocurre preguntar (de verdad, con exquisita educación), notas en su cara el fastidio que les provoca tener que informar. No sé, ayer mismo, se me ocurrió preguntar si le darían algo de cenar (no comía desde el día anterior) y tuvo que ir a buscar la pauta para poder contestarme.

– Creen (los profesionales que allí trabajan) que están solos. El volumen de voz empleado es alto … y más teniendo en cuenta que se trata de un lugar en el que la gente no está muy fina. Con esos prolongadísimos silencios que se dan ahí, te acabas enterando de la vida y milagros de las enfermeras. Mención aparte merece esas entradas sorpresivas en el box a las tantas de la madrugada al grito de «Hola, guapa, venimos a pincharte» que si no has ingresado por un infarto, provoca que cambies de unidad porque ya te lo han inducido.

– Esas llamadas a la enfermera que no acude mientras escuchas risas que provienen  de una sala en la que en la puerta dice «Prohibido el paso». Soy consciente de que tienen derecho a algo de descanso y a cierta intimidad, pero de ahí a ignorar esos timbres a base de risotadas, no lo entiendo.

– Ese trato a las personas mayores que podría resumirse en:

a) Hablarles a gritos. Ser mayor no significa ser sordo. Este axioma les cuesta entenderlo.
b) Intentar corroborar todo lo que les dice el paciente con miradas y gestos cómplices al acompañante.
c) Uno que se da especialmente en Cataluña. Dirigirse en catalán al paciente y cuando éste contesta en castellano (y es mayor, insisto), tratarlo como si no tuviera estudios.

Espero no haber sido muy duro con este colectivo e, insisto, agradecería cualquier explicación al respecto

PS He olvidado mencionar otro punto importantísimo: Distinguir a un médico de entre todos los empleados que pululan por allí. ¿Tan difícil es poner una placa o coser en el bolsillo, su nombre o simplemente la palabra ‘médico’? Todos van de blanco (¿tan difícil es que los médicos vayan de verde o al revés?) y ya no los distingues ni siquiera por ser el que más bolis lleva en el bolsillo.
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El león duerme cuando le dejan

Hace dos semanas en un momento de no saber cómo distraer al niño de uno de sus momentos de ‘no quiero que me cambies de ropa’, terminé en uno de esos callejones sin salida que no tienes previstos hasta que no eres padre. Desde entonces han ocurrido dos cosas: una, que tenemos un arma nueva […]

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¡Música Maestro!

Como parte de lo que mi esposa encontró en sus constantes búsquedas en internet, está el tema de la música. El exponer a los bebes desde temprano a ella, ha demostrado tener efectos positivos durante su desarrollo.  Al parecer, desde […]

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En defensa de la maternidad

No fui una de esas niñas que juegan con bebés y se van entrenando. 
Nunca me pronuncié sobre el número de hijos que iba a tener ni cuáles serían sus nombres.  Eso era algo que se me antojaba extremadamente lejano y también ajeno. A mi me interesaban mis amigas y más tarde mis novios, y millones de causas sociales, y la literatura … siempre hice de la independencia mi hoja de ruta.

Viví en cada momento lo que me apeteció, dentro los límites que la vida impone. Llevé mi carrera hasta donde quise, me licencié, hice un par de masters del universo, viví sola, viví en piso compartido y también en pareja.  Leí, viajé, mucho y muy intensamente.

Mi deseo de ser madre vino de la mano del deseo de ese padre y así me entregué a ella, sin reservas, sin referentes, sin ideas preconcebidas , para descubrir una dimensión de la realidad inundada de sensaciones, emociones y aprendizajes que de ninguna otra manera hubiera descubierto.

Me hastían y hasta cabrean las féminas intelectualoides  que no dudan en asociar maternidad con simpleza, con estancamiento y hasta con embrutecimiento. No las culpo, la sociedad entera comparte el estereotipo y nos relega a lo menos productivo, a lo más básico de todo lo que puede llegar a conseguir una mujer.

Y les doy parte de la razón: LO MÁS BÁSICO, entendiendo básico como imprescindible, esencial , neurálgico, original, sustancial, vital, que es como lo define el diccionario, ergo, como base desde la cual todo se construye, como enorme útero de lo personal y lo social donde se gesta lo mejor y lo peor de un ser humano.
Quien no sabe, quien no conoce, tira por atajos cognitivos. Los estereotipos no son otra cosa, ahorros mentales que nos hacen creer que llegamos a una verdad verdadera con dos o tres elementos.

Señoras, soy una mujer inteligente, sin falsa modestia por reconocerlo, con una trayectoria vital compleja, repleta de experiencias de todo tipo que me hace confesar, como Neruda, que he vivido. 
La maternidad me ha supuesto un trampolín intelectual, un nutritivo alimento para crecer, unas gafas para ver un mundo mil veces más coloreado y extenso, una lucidez exquisita para distinguir entre lo accesorio y lo esencial, un mayor y más profundo conocimiento de la condición humana, me ha vuelto más empática, más solidaria, más generosa, más sabia, mejor persona mil veces. 
Me ha hecho conocer y sentir una dimensión desconocida del amor, al alcance sólo de quienes somos madres y me ha aportado un imprescindible sentido de vida, donde no cabe el vacío ni el aburrimiento existencial. Me importa un bledo de dónde venimos y a dónde vamos, siempre que mis hijos formen parte del viaje y yo sea esa espectadora vip de sus vidas.

Háganme un favor, no hablen de lo que no conocen. No caigan en esa lamentable demostración de ignorancia. La maternidad no embrutece ni relega, no es sacrificio ni dolor, no nos condena a dejar de ser mujeres, ni limita nuestra proyección social. La maternidad nos agranda en nuestra condición de mujeres, nos expande, nos enriquece, nos conecta con la vida como dadoras de ella que somos y nos convierte en alguien esencial y para siempre en la vida de otro. Incluso para aquellas que denigran la maternidad como si de algo castrante se tratara, la huella de sus madres vive en ellas y seguramente ahí encontrarían la respuesta a esa manera tan simplista de abrazar un estereotipo.

Olga Carmona

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En defensa de la maternidad

No fui una de esas niñas que juegan con bebés y se van entrenando. 
Nunca me pronuncié sobre el número de hijos que iba a tener ni cuáles serían sus nombres.  Eso era algo que se me antojaba extremadamente lejano y también ajeno. A mi me interesaban mis amigas y más tarde mis novios, y millones de causas sociales, y la literatura … siempre hice de la independencia mi hoja de ruta.

Viví en cada momento lo que me apeteció, dentro los límites que la vida impone. Llevé mi carrera hasta donde quise, me licencié, hice un par de masters del universo, viví sola, viví en piso compartido y también en pareja.  Leí, viajé, mucho y muy intensamente.

Mi deseo de ser madre vino de la mano del deseo de ese padre y así me entregué a ella, sin reservas, sin referentes, sin ideas preconcebidas , para descubrir una dimensión de la realidad inundada de sensaciones, emociones y aprendizajes que de ninguna otra manera hubiera descubierto.

Me hastían y hasta cabrean las féminas intelectualoides  que no dudan en asociar maternidad con simpleza, con estancamiento y hasta con embrutecimiento. No las culpo, la sociedad entera comparte el estereotipo y nos relega a lo menos productivo, a lo más básico de todo lo que puede llegar a conseguir una mujer.

Y les doy parte de la razón: LO MÁS BÁSICO, entendiendo básico como imprescindible, esencial , neurálgico, original, sustancial, vital, que es como lo define el diccionario, ergo, como base desde la cual todo se construye, como enorme útero de lo personal y lo social donde se gesta lo mejor y lo peor de un ser humano.
Quien no sabe, quien no conoce, tira por atajos cognitivos. Los estereotipos no son otra cosa, ahorros mentales que nos hacen creer que llegamos a una verdad verdadera con dos o tres elementos.

Señoras, soy una mujer inteligente, sin falsa modestia por reconocerlo, con una trayectoria vital compleja, repleta de experiencias de todo tipo que me hace confesar, como Neruda, que he vivido. 
La maternidad me ha supuesto un trampolín intelectual, un nutritivo alimento para crecer, unas gafas para ver un mundo mil veces más coloreado y extenso, una lucidez exquisita para distinguir entre lo accesorio y lo esencial, un mayor y más profundo conocimiento de la condición humana, me ha vuelto más empática, más solidaria, más generosa, más sabia, mejor persona mil veces. 
Me ha hecho conocer y sentir una dimensión desconocida del amor, al alcance sólo de quienes somos madres y me ha aportado un imprescindible sentido de vida, donde no cabe el vacío ni el aburrimiento existencial. Me importa un bledo de dónde venimos y a dónde vamos, siempre que mis hijos formen parte del viaje y yo sea esa espectadora vip de sus vidas.

Háganme un favor, no hablen de lo que no conocen. No caigan en esa lamentable demostración de ignorancia. La maternidad no embrutece ni relega, no es sacrificio ni dolor, no nos condena a dejar de ser mujeres, ni limita nuestra proyección social. La maternidad nos agranda en nuestra condición de mujeres, nos expande, nos enriquece, nos conecta con la vida como dadoras de ella que somos y nos convierte en alguien esencial y para siempre en la vida de otro. Incluso para aquellas que denigran la maternidad como si de algo castrante se tratara, la huella de sus madres vive en ellas y seguramente ahí encontrarían la respuesta a esa manera tan simplista de abrazar un estereotipo.

Olga Carmona

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Maravillosamente normal

Imagen de rigahouse

Hace algo más de siete meses que nos embarcamos en la aventura de ser padres. Y durante este tiempo, cada vez he ido siendo más consciente de lo devaluada que está la palabra «normal» cuando hablamos de niños.

Quizás sea porque somos padres primerizos, pero cada cosa que empieza a hacer la niña nos emociona. Cuando nos empezó a seguir con la mirada, a sonreír, a coger cosas, … TODO es un acontecimiento para nosotros. Y motivados por ese entusiasmo muchas veces lo queremos compartir. Es ahí cuando empiezas a verlo: «Pero eso es normal que lo haga ya», «Uy claro, fulanito lo hacía desde los X meses», … Que algo sea normal no hace que deje de ser maravilloso, no tiene ningún sentido que se le quite la importancia que tiene sólo por ser normal.

Pero ahí no queda la cosa. Si lo «normal» no tiene importancia, necesitamos que destaque. Nos gusta que nuestros niños sean más grandes, hablen más pronto, caminen antes, … Y por eso empiezan las odiosas comparaciones.

No es habitual escuchar frases como «mi hijo/sobrino/nieto/… va feliz al colegio porque le encanta aprender». Lo que nos gusta decir es «ha sacado un diez en lengua», «es el más listo de la clase», … Incluso, a ciertas edades, «es el más travieso» nos puede valer… mientras sea «el más» en algo…

Y eso es lo que vende. He perdido la cuenta de cuántos artículos del tipo «los niños que se crían con lactancia materna serán más inteligentes»… y los que estudian música, juegan al ajedrez, tienen una madre con caderas anchas (sí… eso también influye por lo visto), etc… A veces creo que si mi hija hiciera todo esto, acabaría con una indigestión de inteligencia.

Afortunadamente, he comprobado que no es sólo una impresión mía. En esta entrada de Facebook vi un cartel con una frase simplemente genial: Los niños necesitan ser felices, no «ser los mejores». Poco más hay que decir… Porque aunque se me dibuje una sonrisa al escuchar que la niña está grande, no quiero perder el rumbo… y esta frase es un buen faro.

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Maravillosamente normal

Imagen de rigahouse

Hace algo más de siete meses que nos embarcamos en la aventura de ser padres. Y durante este tiempo, cada vez he ido siendo más consciente de lo devaluada que está la palabra «normal» cuando hablamos de niños.

Quizás sea porque somos padres primerizos, pero cada cosa que empieza a hacer la niña nos emociona. Cuando nos empezó a seguir con la mirada, a sonreír, a coger cosas, … TODO es un acontecimiento para nosotros. Y motivados por ese entusiasmo muchas veces lo queremos compartir. Es ahí cuando empiezas a verlo: «Pero eso es normal que lo haga ya», «Uy claro, fulanito lo hacía desde los X meses», … Que algo sea normal no hace que deje de ser maravilloso, no tiene ningún sentido que se le quite la importancia que tiene sólo por ser normal.

Pero ahí no queda la cosa. Si lo «normal» no tiene importancia, necesitamos que destaque. Nos gusta que nuestros niños sean más grandes, hablen más pronto, caminen antes, … Y por eso empiezan las odiosas comparaciones.

No es habitual escuchar frases como «mi hijo/sobrino/nieto/… va feliz al colegio porque le encanta aprender». Lo que nos gusta decir es «ha sacado un diez en lengua», «es el más listo de la clase», … Incluso, a ciertas edades, «es el más travieso» nos puede valer… mientras sea «el más» en algo…

Y eso es lo que vende. He perdido la cuenta de cuántos artículos del tipo «los niños que se crían con lactancia materna serán más inteligentes»… y los que estudian música, juegan al ajedrez, tienen una madre con caderas anchas (sí… eso también influye por lo visto), etc… A veces creo que si mi hija hiciera todo esto, acabaría con una indigestión de inteligencia.

Afortunadamente, he comprobado que no es sólo una impresión mía. En esta entrada de Facebook vi un cartel con una frase simplemente genial: Los niños necesitan ser felices, no «ser los mejores». Poco más hay que decir… Porque aunque se me dibuje una sonrisa al escuchar que la niña está grande, no quiero perder el rumbo… y esta frase es un buen faro.

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Las presentaciones pertinentes

¡Buenas! Al final me he animado y he terminado abriendo un blog.

¿Pero quién soy? Pues soy el papá de una maravillosa niña de siete meses llamada Abril. Mi misión, por supuesto, es criarla y educarla para que crezca feliz y sea una adulta madura y responsable. Y ya que estamos, disfrutar y divertirme en el proceso. Reconozco que nunca he sido muy activo o constante en la blogosfera pero, para ser sinceros, nunca había tenido entre manos un proyecto tan importante, tan grande y del que sentirme tan orgulloso como es el criar a mi hija (añado: y tan aterrador). Así que creo que este se me dará un poquito mejor.

¿Y por qué escribir este blog? Hace no mucho me crucé con un artículo donde se hablaba de que son muchos los casos en los que las madres son las que cargan con todo el peso de la crianza y con la responsabilidad de que el niño esté bien atendido. Que se encargan de tomar todas las decisiones, y los padres, de forma consciente o inconsciente, simplemente van a la zaga, «ayudando», hasta el punto en que su papel lo podría desempeñar cualquier otra persona (un abuelo, un primo, o un amigo). Ante algo así ya no podemos hablar de criar al niño entre dos, sino que lo hace uno solo.
Leyendo ese artículo me di cuenta de que yo me encontraba en una situación similar, y era algo que quería cambiar. Porque quiero criar a mi hija y porque la situación es totalmente injusta para mi mujer. Pero reconozco que no tenía ni idea de por dónde empezar. Así que abrí un navegador y empecé a buscar información. Entonces constaté dos cosas:
1) El 99.9% de los blogs, revistas y artículos sobre crianza están orientados hacia la mujer. Como si ella fuese la única que tuviese que hacerse cargo de ello.
2) Son ellas las que, de forma mayoritaria, hablan, debaten, participan y comparten experiencias sobre la maternidad. El número de padres que hacen lo mismo es infinitamente menor.
Por suerte, me encontré con un par de blogs de paternidad y a través de ellos he dado con un pequeño grupo de papás que participan activamente en la crianza de sus hijos y que quieren hablar y compartir sus experiencias. Y de ahí que yo haya empezado esto. Quiero, escribiendo en este blog, poner a disposición de otros padres mi experiencia personal a la hora de criar a mi hija y, sobre todo, quiero aprender de las experiencias de otros para poder ser un padre mejor.

¿Qué formato de posts y periodicidad esperar? La periodicidad es una cuestión delicada. Ahora mismo estoy pasando por una temporada… interesante, y de aquí a finales de año no será mucho el tiempo del que disponga para dedicarle a esto de escribir. Pero me gustaría sacar tiempo para actualizar, por lo menos, una vez por semana. No tengo claro qué publicaré, o cómo lo haré, pero sí que me gustaría ser capaz de tener posts nuevos de forma regular. Por suerte, estoy convencido de que de la interacción con otros padres saldrán uno y mil temas apasionantes de los que hablar.

Dicho lo cual… ¿empezamos?

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Las presentaciones pertinentes

¡Buenas! Al final me he animado y he terminado abriendo un blog.

¿Pero quién soy? Pues soy el papá de una maravillosa niña de siete meses llamada Abril. Mi misión, por supuesto, es criarla y educarla para que crezca feliz y sea una adulta madura y responsable. Y ya que estamos, disfrutar y divertirme en el proceso. Reconozco que nunca he sido muy activo o constante en la blogosfera pero, para ser sinceros, nunca había tenido entre manos un proyecto tan importante, tan grande y del que sentirme tan orgulloso como es el criar a mi hija (añado: y tan aterrador). Así que creo que este se me dará un poquito mejor.

¿Y por qué escribir este blog? Hace no mucho me crucé con un artículo donde se hablaba de que son muchos los casos en los que las madres son las que cargan con todo el peso de la crianza y con la responsabilidad de que el niño esté bien atendido. Que se encargan de tomar todas las decisiones, y los padres, de forma consciente o inconsciente, simplemente van a la zaga, «ayudando», hasta el punto en que su papel lo podría desempeñar cualquier otra persona (un abuelo, un primo, o un amigo). Ante algo así ya no podemos hablar de criar al niño entre dos, sino que lo hace uno solo.
Leyendo ese artículo me di cuenta de que yo me encontraba en una situación similar, y era algo que quería cambiar. Porque quiero criar a mi hija y porque la situación es totalmente injusta para mi mujer. Pero reconozco que no tenía ni idea de por dónde empezar. Así que abrí un navegador y empecé a buscar información. Entonces constaté dos cosas:
1) El 99.9% de los blogs, revistas y artículos sobre crianza están orientados hacia la mujer. Como si ella fuese la única que tuviese que hacerse cargo de ello.
2) Son ellas las que, de forma mayoritaria, hablan, debaten, participan y comparten experiencias sobre la maternidad. El número de padres que hacen lo mismo es infinitamente menor.
Por suerte, me encontré con un par de blogs de paternidad y a través de ellos he dado con un pequeño grupo de papás que participan activamente en la crianza de sus hijos y que quieren hablar y compartir sus experiencias. Y de ahí que yo haya empezado esto. Quiero, escribiendo en este blog, poner a disposición de otros padres mi experiencia personal a la hora de criar a mi hija y, sobre todo, quiero aprender de las experiencias de otros para poder ser un padre mejor.

¿Qué formato de posts y periodicidad esperar? La periodicidad es una cuestión delicada. Ahora mismo estoy pasando por una temporada… interesante, y de aquí a finales de año no será mucho el tiempo del que disponga para dedicarle a esto de escribir. Pero me gustaría sacar tiempo para actualizar, por lo menos, una vez por semana. No tengo claro qué publicaré, o cómo lo haré, pero sí que me gustaría ser capaz de tener posts nuevos de forma regular. Por suerte, estoy convencido de que de la interacción con otros padres saldrán uno y mil temas apasionantes de los que hablar.

Dicho lo cual… ¿empezamos?

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Quiero ser

Quiero ser siempre el papá que ayuda a M. a disfrazarse y luego se pone también una careta.

El que canta “La puerta hacia el amor” a voz en grito en el coche.
El que le hace volar por toda la casa como si fuera un avión, aterrizaje forzoso incluido.
El que improvisa cuentos a partir de los personajes y objetos que él sugiere.
El que le dibuja a Pocoyó, a Doraemon, a Peppa Pig o a quien haga falta en cada momento.
El que se sube a los toboganes y a las barras y a los balancines y a los caballitos.
El que sabe exactamente dónde hay que tocarle para que se retuerza de las cosquillas.
El que le enseña trucos de magia sin dejar jamás de disfrutar de ellos.

El que le coge de la mano al cruzar los semáforos y luego le suelta para que se sienta libre.
El que sabe cuáles son sus helados preferidos de cada marca.
El que le pone la mano en la frente como barrera para que el agua de la ducha no le llegue a los ojos.
El que le sopla la comida para que no esté caliente (incluso cuando no lo está).
El que deja la mochila del colegio preparada cada mañana.
El que le abraza cuando tiene pesadillas o un ataque de tos nocturno.
El que tocándole la frente y el cogote a la vez sabe si tiene algo de fiebre o no.
El que lo saca dormido del coche y lo lleva en brazos, a peso, hasta casa.
El que, cuando tiene una rabieta, le abraza y le susurra que entiende sus sentimientos.
El que siente una punzada de tristeza cada vez que lo deja en la puerta de su clase.
El que no puede dejar de pensar en él ni un instante cuando está enfermo.
No quiero ser el papá que llega agotado a casa y tiene que esforzarse por atenderlo.
Ni el que se enfada cuando no le hace caso, o hace justo lo contrario de lo que le he pedido.
Ni mucho menos el que se aísla de todo porque tiene ganas de estar solo.
Quiero ser mi mejor yo, básicamente, para que él también acabe siendo su mejor versión.
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Quiero ser

Quiero ser siempre el papá que ayuda a M. a disfrazarse y luego se pone también una careta.

El que canta “La puerta hacia el amor” a voz en grito en el coche.
El que le hace volar por toda la casa como si fuera un avión, aterrizaje forzoso incluido.
El que improvisa cuentos a partir de los personajes y objetos que él sugiere.
El que le dibuja a Pocoyó, a Doraemon, a Peppa Pig o a quien haga falta en cada momento.
El que se sube a los toboganes y a las barras y a los balancines y a los caballitos.
El que sabe exactamente dónde hay que tocarle para que se retuerza de las cosquillas.
El que le enseña trucos de magia sin dejar jamás de disfrutar de ellos.

El que le coge de la mano al cruzar los semáforos y luego le suelta para que se sienta libre.
El que sabe cuáles son sus helados preferidos de cada marca.
El que le pone la mano en la frente como barrera para que el agua de la ducha no le llegue a los ojos.
El que le sopla la comida para que no esté caliente (incluso cuando no lo está).
El que deja la mochila del colegio preparada cada mañana.
El que le abraza cuando tiene pesadillas o un ataque de tos nocturno.
El que tocándole la frente y el cogote a la vez sabe si tiene algo de fiebre o no.
El que lo saca dormido del coche y lo lleva en brazos, a peso, hasta casa.
El que, cuando tiene una rabieta, le abraza y le susurra que entiende sus sentimientos.
El que siente una punzada de tristeza cada vez que lo deja en la puerta de su clase.
El que no puede dejar de pensar en él ni un instante cuando está enfermo.
No quiero ser el papá que llega agotado a casa y tiene que esforzarse por atenderlo.
Ni el que se enfada cuando no le hace caso, o hace justo lo contrario de lo que le he pedido.
Ni mucho menos el que se aísla de todo porque tiene ganas de estar solo.
Quiero ser mi mejor yo, básicamente, para que él también acabe siendo su mejor versión.
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Con el método Lobaughan hablarás Lö-Båbiense

Hola, soy el Señor Lobo. Soluciono problemas.
¿Tu problema es que vives con un Lö-Båby que está aprendiendo a hablar? Con el método Lobaughan hablarás Lö-Båbiense.

Si tienes un Lö-Båby alrededor de 2 años que está desbloqueando el logro «Hablar» sabrás lo que es vivir con una pequeña Cotorra que desayuna, come, merienda y cena lengua.


Los Lö-Båby modelo Tertuliano de Sálvame se caracterizan porque no callan ni debajo del agua, lo hacen interrumpiendo, chillando y no se entiende el 95% de lo que dicen.


Es habitual ver padres atendiendo monólogos en Berebere de esas diminutas personas de 90cm. Y lo más incomprensible es que a veces parece que les contestan y todo, ¡manteniendo un diálogo! Pero en realidad lo que está sucediendo es algo así como:

– Paaapaa: Vull «Tilitos»
– Vols anar als «Caballitos»? 

Paaapaa: Quiero «Tilitos»
– ¿Quieres ir a los «Caballitos»?

Aquí es cuando tú, como padre, identificas los rasgos de la madre en tu hijo cuando te mira con esa cara que tanto te pone tu mujer: Torciendo el gesto y levantando una ceja en señal de que está pensando: «¿Qué coño dices?¡No te enteras de nada!» 

– ¡Nnnnnooooo! ¡Tilitos! Le Petit Terrorist vol Tilitos.
– Vols… «Palitos»?

¡Pilitos! Le Petit Terrorist quiere Tilitos. 
¿Quieres… «Palitos»?

En el siguiente paso del diálogo podemos ver dos nuevos conceptos para el análisis sintáctico de la oración:
– El Yo Mayestático. Muy recurrente entre Tronistas, Granhermanos y demás fauna y flora de Telecirco. Así como en pequeños Lö-Båby.
Paranomasia o Inicio del festival oclusivo. Repitiendo la misma palabra pero variando un fonema en búsqueda de la combinación correcta de la palabra.

– ¡¡¡Nnnnnnoooooooo!!!! ¡¡¡Le Petit Terrorist vol Vilitos!!! 
– Fill, no sé que vols…
– ¡¡¡Viliiitoooossss!!! ¡¡¡Vull Vilitooooooos!!!!! ¡¡¡Vilito ve!!!
– ¡Ah! ¡Un Calippo verd!
– ¡¡Chiiii!! ¡Dilito ve!  

¡¡¡Nnnnnnoooooooo!!!! ¡¡¡Le Petit Terrorist quiere Vilitos!!!
– Hijo, no sé que quieres… 
– ¡¡¡Viliiitoooossss!!! ¡¡¡Quiero Vilitooooooos!!!!! ¡¡¡Vilito ve!!!– ¡Ah! ¡Un Calippo verde! – ¡¡Chiiii!! ¡Dilito ve!

Así que no es oro todo lo que reluce. Los padres tenemos la capacidad de adivinar/intuir lo que nos dicen. Que difiere bastante de lo que es entender la mayoría de veces. 

Por lo que TODOS los padres tenemos nuestro diccionario Babyreference.com. En el diccionario hay palabras universales, que curiosamente, todos los Lö-Båbies utilizan, por ejemplo: Minni/Mumi (Dormir). Pero principalmente el diccionario es personificado para cada Lö-Båby

En el caso de Le Petit Terrorist hemos conseguido averiguar unos cuantos recursos lingüísticos basados en juegos de palabras, con los que él compone su idioma: 

Trilero: Consiste en coger las sílabas de una palabra y empezar a mezclarlas al ritmo de 

«¿Dónde está la pelotita?, 
¿Dónde está la lopetita?, 
¿Dónde está la lotipeta?» 

Y acabas hablando de lotipetas.

Aunque también está la variante Trilero Falsefriend, donde te las dan con queso cambiándote las palabras. Por ejemplo, ante la sentencia: «Papa, he PIXAT això» (Papa, he meado esto) yo salgo corriendo mocho en mano hasta que identifico que quería decir: «Papa, he TREPITJAT això» (Papa, he pisado esto).

La parte por el todo: Este es un juego de nivel pro tipo Saber y ganar. Le Petit Terrorist nos ofrece unos sonidos de los cuales nosotros tenemos que adivinar de que se trata. Está semana por ejemplo estamos resolviendo qué es «Laloc». Cada vez que subimos al coche dice: «Mama, Laloc«. A lo que Dory le pregunta: ¿Qué es laloc?. Y la respuesta obviamente es: «Laloc, mami. ¡Laloc!» Y se pone a llorar… Esos «»»maravillosos»»» (2) años…

El último que resolvimos era «Pala» que quiere decir Tapa. Averiguamos la equivalencia cuando un día le dijimos: «Tapa la botella, tápala». Tápala=Pala [Nivel 2 de psicología infantil]. 

La ruleta de la fortunaConsiste en omitir alguna letra la cual tienes que averiguar y pedirla. Por ejemplo: Vemei, Macaons. En este caso hay que pedir la R (Vermell/Rojo)(Macarrons/Macarrones). 

Por fortuna, el tema de vocales va sobrado y no me he visto en la tesitura de tener que comprarlas.

– El juego del ahorcado: Similar al juego anterior pero omitiendo sílabas enteras al azar. Por ejemplo: Pal·lons, Chup, Vió o Melada.  La pista sería:

Pa_ _ _lo 
_ _ _Chup
_ vió
Me_ _ _ lada

Y las respuestas: Pantalons/PantalonesKetchup, Avió/Avión y Mermelada. 

A veces cuando, si no se puede sacar por el contexto la representación gráfica puede ayudar a sacar la palabra. Por ejemplo, el otro día hablaba de Pinino.¿Pinino…? ¿Pinino…? Ni idea. Pero cuando después de ir a mear se fue corriendo Tita en mano al grito de «Pinino, pinino» por el pasillo con los pantalones (también conocidos como pal·lo) a la altura de los tobillos, averigüe que Pin_ _ ino era Pingüino. 

[Nota mental: Tengo que esperarme unos añitos para seguir contando chistes verdes a mi hijo]

Póker: Juego que consiste en aguantar tu Pokerface ante lo que ha dicho tu Lö-Båby. El objetivo es que no te vea reír mientras averiguas el significado de la palabra, ya que de lo contrario se crecerá y empezará a repetirla. Quizá quede un poco encriptado, así que procederé con algunos ejemplo ilustrativos de Pokerface:

Ejemplo #1
[Escenario: 17:30 de la tarde, jugando en el Parkelarre lleno de madres con otros Lö-Båbies]

– Papa, vull polles
– … [Pokerface, Pokerface]… Que vols qué?– Polles, vull fer polles. 

– Papa, quiero pollas– … [Pokerface, Pokerface]… ¿Que quieres qué?
– Pollas, quiero hacer pollas.

Polles (del lat. pullus)
1. f. malson. pene.
2. coloq Le Petit Terrorist. Bombolles/Burbujas

Ejemplo #2 
[Escenario: 11:30 de la mañana, paseando por una concurrida plaza con mucha gente]

Mama, capulla.
– … [Pokerface, Pokerface]… Que?
– Mama, la font capulla. 

– Mama, capulla.
– … [Pokerface, Pokerface]… ¿Que?
– Mama, la fuente capulla.

Capulla (Quizá de capillo, cucullus, capucho)
1. adj.coloq. Idiota.
2. loc. adj. coloq Le Petit Terrorist. Que em mulla/ Que me moja

Ejemplo #3
[Escenario: 9 de la mañana, dejándolo a la Líder de la Secta en la Guardherejía]

– Adéu carinyo. Em fas un petonet [Muac]
– Adéu… Puta.
– … [Pokerface, Pokerface]… Que?
– ¡La Puta, la puta!

– Adiós cariño. Me das un besito? [Muac]
– Adiós… Puta.
– … [Pokerface, Pokerface]… ¿Que?
– ¡La Puta, la puta!

Puta (De or. inc.).
1. adj. U. como calificación denigratoria.
2. loc. adj. coloq Le Petit Terrorist. Porta/Puerta

Por lo que mientras empiezo a prepararme para el diccionario de Penny, de momento tiene una entrada comodín «Mammma» todo lo mira, señala y dice: «Mammma«, excepto el agua y Toodles de La casa de Mickey Mouse (un honor para mi que diga Toodles antes que Papa…). Pero como es la pequeña y niña, apunta maneras y en breve dejará de copiar sonidos para hablar mejor que su hermano, que el pobre ha heredado mi material genético en su ácido desoxirribonucléico. Pero creo que las conversaciones que incluyan ácido desoxirribonucléico (y los chistes verdes) los dejaré para más adelante…

Sigue leyendo ->

Con el método Lobaughan hablarás Lö-Båbiense

Hola, soy el Señor Lobo. Soluciono problemas.
¿Tu problema es que vives con un Lö-Båby que está aprendiendo a hablar? Con el método Lobaughan hablarás Lö-Båbiense.

Si tienes un Lö-Båby alrededor de 2 años que está desbloqueando el logro «Hablar» sabrás lo que es vivir con una pequeña Cotorra que desayuna, come, merienda y cena lengua.


Los Lö-Båby modelo Tertuliano de Sálvame se caracterizan porque no callan ni debajo del agua, lo hacen interrumpiendo, chillando y no se entiende el 95% de lo que dicen.


Es habitual ver padres atendiendo monólogos en Berebere de esas diminutas personas de 90cm. Y lo más incomprensible es que a veces parece que les contestan y todo, ¡manteniendo un diálogo! Pero en realidad lo que está sucediendo es algo así como:

– Paaapaa: Vull «Tilitos»
– Vols anar als «Caballitos»? 

Paaapaa: Quiero «Tilitos»
– ¿Quieres ir a los «Caballitos»?

Aquí es cuando tú, como padre, identificas los rasgos de la madre en tu hijo cuando te mira con esa cara que tanto te pone tu mujer: Torciendo el gesto y levantando una ceja en señal de que está pensando: «¿Qué coño dices?¡No te enteras de nada!» 

– ¡Nnnnnooooo! ¡Tilitos! Le Petit Terrorist vol Tilitos.
– Vols… «Palitos»?

¡Pilitos! Le Petit Terrorist quiere Tilitos. 
¿Quieres… «Palitos»?

En el siguiente paso del diálogo podemos ver dos nuevos conceptos para el análisis sintáctico de la oración:
– El Yo Mayestático. Muy recurrente entre Tronistas, Granhermanos y demás fauna y flora de Telecirco. Así como en pequeños Lö-Båby.
Paranomasia o Inicio del festival oclusivo. Repitiendo la misma palabra pero variando un fonema en búsqueda de la combinación correcta de la palabra.

– ¡¡¡Nnnnnnoooooooo!!!! ¡¡¡Le Petit Terrorist vol Vilitos!!! 
– Fill, no sé que vols…
– ¡¡¡Viliiitoooossss!!! ¡¡¡Vull Vilitooooooos!!!!! ¡¡¡Vilito ve!!!
– ¡Ah! ¡Un Calippo verd!
– ¡¡Chiiii!! ¡Dilito ve!  

¡¡¡Nnnnnnoooooooo!!!! ¡¡¡Le Petit Terrorist quiere Vilitos!!!
– Hijo, no sé que quieres… 
– ¡¡¡Viliiitoooossss!!! ¡¡¡Quiero Vilitooooooos!!!!! ¡¡¡Vilito ve!!!– ¡Ah! ¡Un Calippo verde! – ¡¡Chiiii!! ¡Dilito ve!

Así que no es oro todo lo que reluce. Los padres tenemos la capacidad de adivinar/intuir lo que nos dicen. Que difiere bastante de lo que es entender la mayoría de veces. 

Por lo que TODOS los padres tenemos nuestro diccionario Babyreference.com. En el diccionario hay palabras universales, que curiosamente, todos los Lö-Båbies utilizan, por ejemplo: Minni/Mumi (Dormir). Pero principalmente el diccionario es personificado para cada Lö-Båby

En el caso de Le Petit Terrorist hemos conseguido averiguar unos cuantos recursos lingüísticos basados en juegos de palabras, con los que él compone su idioma: 

Trilero: Consiste en coger las sílabas de una palabra y empezar a mezclarlas al ritmo de 

«¿Dónde está la pelotita?, 
¿Dónde está la lopetita?, 
¿Dónde está la lotipeta?» 

Y acabas hablando de lotipetas.

Aunque también está la variante Trilero Falsefriend, donde te las dan con queso cambiándote las palabras. Por ejemplo, ante la sentencia: «Papa, he PIXAT això» (Papa, he meado esto) yo salgo corriendo mocho en mano hasta que identifico que quería decir: «Papa, he TREPITJAT això» (Papa, he pisado esto).

La parte por el todo: Este es un juego de nivel pro tipo Saber y ganar. Le Petit Terrorist nos ofrece unos sonidos de los cuales nosotros tenemos que adivinar de que se trata. Está semana por ejemplo estamos resolviendo qué es «Laloc». Cada vez que subimos al coche dice: «Mama, Laloc«. A lo que Dory le pregunta: ¿Qué es laloc?. Y la respuesta obviamente es: «Laloc, mami. ¡Laloc!» Y se pone a llorar… Esos «»»maravillosos»»» (2) años…

El último que resolvimos era «Pala» que quiere decir Tapa. Averiguamos la equivalencia cuando un día le dijimos: «Tapa la botella, tápala». Tápala=Pala [Nivel 2 de psicología infantil]. 

La ruleta de la fortunaConsiste en omitir alguna letra la cual tienes que averiguar y pedirla. Por ejemplo: Vemei, Macaons. En este caso hay que pedir la R (Vermell/Rojo)(Macarrons/Macarrones). 

Por fortuna, el tema de vocales va sobrado y no me he visto en la tesitura de tener que comprarlas.

– El juego del ahorcado: Similar al juego anterior pero omitiendo sílabas enteras al azar. Por ejemplo: Pal·lons, Chup, Vió o Melada.  La pista sería:

Pa_ _ _lo 
_ _ _Chup
_ vió
Me_ _ _ lada

Y las respuestas: Pantalons/PantalonesKetchup, Avió/Avión y Mermelada. 

A veces cuando, si no se puede sacar por el contexto la representación gráfica puede ayudar a sacar la palabra. Por ejemplo, el otro día hablaba de Pinino.¿Pinino…? ¿Pinino…? Ni idea. Pero cuando después de ir a mear se fue corriendo Tita en mano al grito de «Pinino, pinino» por el pasillo con los pantalones (también conocidos como pal·lo) a la altura de los tobillos, averigüe que Pin_ _ ino era Pingüino. 

[Nota mental: Tengo que esperarme unos añitos para seguir contando chistes verdes a mi hijo]

Póker: Juego que consiste en aguantar tu Pokerface ante lo que ha dicho tu Lö-Båby. El objetivo es que no te vea reír mientras averiguas el significado de la palabra, ya que de lo contrario se crecerá y empezará a repetirla. Quizá quede un poco encriptado, así que procederé con algunos ejemplo ilustrativos de Pokerface:

Ejemplo #1
[Escenario: 17:30 de la tarde, jugando en el Parkelarre lleno de madres con otros Lö-Båbies]

– Papa, vull polles
– … [Pokerface, Pokerface]… Que vols qué?– Polles, vull fer polles. 

– Papa, quiero pollas– … [Pokerface, Pokerface]… ¿Que quieres qué?
– Pollas, quiero hacer pollas.

Polles (del lat. pullus)
1. f. malson. pene.
2. coloq Le Petit Terrorist. Bombolles/Burbujas

Ejemplo #2 
[Escenario: 11:30 de la mañana, paseando por una concurrida plaza con mucha gente]

Mama, capulla.
– … [Pokerface, Pokerface]… Que?
– Mama, la font capulla. 

– Mama, capulla.
– … [Pokerface, Pokerface]… ¿Que?
– Mama, la fuente capulla.

Capulla (Quizá de capillo, cucullus, capucho)
1. adj.coloq. Idiota.
2. loc. adj. coloq Le Petit Terrorist. Que em mulla/ Que me moja

Ejemplo #3
[Escenario: 9 de la mañana, dejándolo a la Líder de la Secta en la Guardherejía]

– Adéu carinyo. Em fas un petonet [Muac]
– Adéu… Puta.
– … [Pokerface, Pokerface]… Que?
– ¡La Puta, la puta!

– Adiós cariño. Me das un besito? [Muac]
– Adiós… Puta.
– … [Pokerface, Pokerface]… ¿Que?
– ¡La Puta, la puta!

Puta (De or. inc.).
1. adj. U. como calificación denigratoria.
2. loc. adj. coloq Le Petit Terrorist. Porta/Puerta

Por lo que mientras empiezo a prepararme para el diccionario de Penny, de momento tiene una entrada comodín «Mammma» todo lo mira, señala y dice: «Mammma«, excepto el agua y Toodles de La casa de Mickey Mouse (un honor para mi que diga Toodles antes que Papa…). Pero como es la pequeña y niña, apunta maneras y en breve dejará de copiar sonidos para hablar mejor que su hermano, que el pobre ha heredado mi material genético en su ácido desoxirribonucléico. Pero creo que las conversaciones que incluyan ácido desoxirribonucléico (y los chistes verdes) los dejaré para más adelante…

Sigue leyendo ->

Con el método Lobaughan hablarás Lö-Båbiense

Hola, soy el Señor Lobo. Soluciono problemas.
¿Tu problema es que vives con un Lö-Båby que está aprendiendo a hablar? Con el método Lobaughan hablarás Lö-Båbiense.

Si tienes un Lö-Båby alrededor de 2 años que está desbloqueando el logro «Hablar» sabrás lo que es vivir con una pequeña Cotorra que desayuna, come, merienda y cena lengua.


Los Lö-Båby modelo Tertuliano de Sálvame se caracterizan porque no callan ni debajo del agua, lo hacen interrumpiendo, chillando y no se entiende el 95% de lo que dicen.


Es habitual ver padres atendiendo monólogos en Berebere de esas diminutas personas de 90cm. Y lo más incomprensible es que a veces parece que les contestan y todo, ¡manteniendo un diálogo! Pero en realidad lo que está sucediendo es algo así como:

– Paaapaa: Vull «Tilitos»
– Vols anar als «Caballitos»? 

Paaapaa: Quiero «Tilitos»
– ¿Quieres ir a los «Caballitos»?

Aquí es cuando tú, como padre, identificas los rasgos de la madre en tu hijo cuando te mira con esa cara que tanto te pone tu mujer: Torciendo el gesto y levantando una ceja en señal de que está pensando: «¿Qué coño dices?¡No te enteras de nada!» 

– ¡Nnnnnooooo! ¡Tilitos! Le Petit Terrorist vol Tilitos.
– Vols… «Palitos»?

¡Pilitos! Le Petit Terrorist quiere Tilitos. 
¿Quieres… «Palitos»?

En el siguiente paso del diálogo podemos ver dos nuevos conceptos para el análisis sintáctico de la oración:
– El Yo Mayestático. Muy recurrente entre Tronistas, Granhermanos y demás fauna y flora de Telecirco. Así como en pequeños Lö-Båby.
Paranomasia o Inicio del festival oclusivo. Repitiendo la misma palabra pero variando un fonema en búsqueda de la combinación correcta de la palabra.

– ¡¡¡Nnnnnnoooooooo!!!! ¡¡¡Le Petit Terrorist vol Vilitos!!! 
– Fill, no sé que vols…
– ¡¡¡Viliiitoooossss!!! ¡¡¡Vull Vilitooooooos!!!!! ¡¡¡Vilito ve!!!
– ¡Ah! ¡Un Calippo verd!
– ¡¡Chiiii!! ¡Dilito ve!  

¡¡¡Nnnnnnoooooooo!!!! ¡¡¡Le Petit Terrorist quiere Vilitos!!!
– Hijo, no sé que quieres… 
– ¡¡¡Viliiitoooossss!!! ¡¡¡Quiero Vilitooooooos!!!!! ¡¡¡Vilito ve!!!– ¡Ah! ¡Un Calippo verde! – ¡¡Chiiii!! ¡Dilito ve!

Así que no es oro todo lo que reluce. Los padres tenemos la capacidad de adivinar/intuir lo que nos dicen. Que difiere bastante de lo que es entender la mayoría de veces. 

Por lo que TODOS los padres tenemos nuestro diccionario Babyreference.com. En el diccionario hay palabras universales, que curiosamente, todos los Lö-Båbies utilizan, por ejemplo: Minni/Mumi (Dormir). Pero principalmente el diccionario es personificado para cada Lö-Båby

En el caso de Le Petit Terrorist hemos conseguido averiguar unos cuantos recursos lingüísticos basados en juegos de palabras, con los que él compone su idioma: 

Trilero: Consiste en coger las sílabas de una palabra y empezar a mezclarlas al ritmo de 

«¿Dónde está la pelotita?, 
¿Dónde está la lopetita?, 
¿Dónde está la lotipeta?» 

Y acabas hablando de lotipetas.

Aunque también está la variante Trilero Falsefriend, donde te las dan con queso cambiándote las palabras. Por ejemplo, ante la sentencia: «Papa, he PIXAT això» (Papa, he meado esto) yo salgo corriendo mocho en mano hasta que identifico que quería decir: «Papa, he TREPITJAT això» (Papa, he pisado esto).

La parte por el todo: Este es un juego de nivel pro tipo Saber y ganar. Le Petit Terrorist nos ofrece unos sonidos de los cuales nosotros tenemos que adivinar de que se trata. Está semana por ejemplo estamos resolviendo qué es «Laloc». Cada vez que subimos al coche dice: «Mama, Laloc«. A lo que Dory le pregunta: ¿Qué es laloc?. Y la respuesta obviamente es: «Laloc, mami. ¡Laloc!» Y se pone a llorar… Esos «»»maravillosos»»» (2) años…

El último que resolvimos era «Pala» que quiere decir Tapa. Averiguamos la equivalencia cuando un día le dijimos: «Tapa la botella, tápala». Tápala=Pala [Nivel 2 de psicología infantil]. 

La ruleta de la fortunaConsiste en omitir alguna letra la cual tienes que averiguar y pedirla. Por ejemplo: Vemei, Macaons. En este caso hay que pedir la R (Vermell/Rojo)(Macarrons/Macarrones). 

Por fortuna, el tema de vocales va sobrado y no me he visto en la tesitura de tener que comprarlas.

– El juego del ahorcado: Similar al juego anterior pero omitiendo sílabas enteras al azar. Por ejemplo: Pal·lons, Chup, Vió o Melada.  La pista sería:

Pa_ _ _lo 
_ _ _Chup
_ vió
Me_ _ _ lada

Y las respuestas: Pantalons/PantalonesKetchup, Avió/Avión y Mermelada. 

A veces cuando, si no se puede sacar por el contexto la representación gráfica puede ayudar a sacar la palabra. Por ejemplo, el otro día hablaba de Pinino.¿Pinino…? ¿Pinino…? Ni idea. Pero cuando después de ir a mear se fue corriendo Tita en mano al grito de «Pinino, pinino» por el pasillo con los pantalones (también conocidos como pal·lo) a la altura de los tobillos, averigüe que Pin_ _ ino era Pingüino. 

[Nota mental: Tengo que esperarme unos añitos para seguir contando chistes verdes a mi hijo]

Póker: Juego que consiste en aguantar tu Pokerface ante lo que ha dicho tu Lö-Båby. El objetivo es que no te vea reír mientras averiguas el significado de la palabra, ya que de lo contrario se crecerá y empezará a repetirla. Quizá quede un poco encriptado, así que procederé con algunos ejemplo ilustrativos de Pokerface:

Ejemplo #1
[Escenario: 17:30 de la tarde, jugando en el Parkelarre lleno de madres con otros Lö-Båbies]

– Papa, vull polles
– … [Pokerface, Pokerface]… Que vols qué?– Polles, vull fer polles. 

– Papa, quiero pollas– … [Pokerface, Pokerface]… ¿Que quieres qué?
– Pollas, quiero hacer pollas.

Polles (del lat. pullus)
1. f. malson. pene.
2. coloq Le Petit Terrorist. Bombolles/Burbujas

Ejemplo #2 
[Escenario: 11:30 de la mañana, paseando por una concurrida plaza con mucha gente]

Mama, capulla.
– … [Pokerface, Pokerface]… Que?
– Mama, la font capulla. 

– Mama, capulla.
– … [Pokerface, Pokerface]… ¿Que?
– Mama, la fuente capulla.

Capulla (Quizá de capillo, cucullus, capucho)
1. adj.coloq. Idiota.
2. loc. adj. coloq Le Petit Terrorist. Que em mulla/ Que me moja

Ejemplo #3
[Escenario: 9 de la mañana, dejándolo a la Líder de la Secta en la Guardherejía]

– Adéu carinyo. Em fas un petonet [Muac]
– Adéu… Puta.
– … [Pokerface, Pokerface]… Que?
– ¡La Puta, la puta!

– Adiós cariño. Me das un besito? [Muac]
– Adiós… Puta.
– … [Pokerface, Pokerface]… ¿Que?
– ¡La Puta, la puta!

Puta (De or. inc.).
1. adj. U. como calificación denigratoria.
2. loc. adj. coloq Le Petit Terrorist. Porta/Puerta

Por lo que mientras empiezo a prepararme para el diccionario de Penny, de momento tiene una entrada comodín «Mammma» todo lo mira, señala y dice: «Mammma«, excepto el agua y Toodles de La casa de Mickey Mouse (un honor para mi que diga Toodles antes que Papa…). Pero como es la pequeña y niña, apunta maneras y en breve dejará de copiar sonidos para hablar mejor que su hermano, que el pobre ha heredado mi material genético en su ácido desoxirribonucléico. Pero creo que las conversaciones que incluyan ácido desoxirribonucléico (y los chistes verdes) los dejaré para más adelante…

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Orgulloso

Hace mucho que no me paso, y que no os lo digo, y que no os cuento, pero estoy orgulloso de Niña Bonita. La llevo a la guardería y se queda tan feliz, jugando y no llora como los otros niños. Las mamás me miran con envidia, sobre todo cuando voy a recogerla y me […]

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Review de tener un hijo tras 7 años de uso

Hoy hace 7 años del «unboxing» de Alonso.

¿Vas a tener un hijo? Aquí no te voy a contar el unboxing que 7 años después ya no es momento. Para eso hay otros blogs …y yo mismo ya he publicado mis artículos en septiembre de 2008.

De lo que se trata es de contarte mi experiencia durante los primeros años de uso de ese ‘producto’ que es la paternidad.

Si la paternidad fuese una mercancía sería sin duda la más valiosa del mundo… y lo mejor es que no es una mercancía que se pueda comprar. Es un DIY (Do It Yourself)… vamos, que te lo fabricas tu mismo. Tu… y tu pareja claro.

Este es el análisis de mi experiencia de la paternidad durante los 7 primeros años de uso continuado.

La preparación y las expectativas

He realizado un montón de compras e inversiones importantes en toda mi vida, he preparado exámenes y pruebas vitales para mi carrera, he planeado fiestas, viajes,… pero ni de lejos me había preparado tanto para algo como para ser padre.

..y total, ahora me pregunto ¿para qué?

 Bueno, la verdad es que no me arrepiento nada de haberlo planeado y preparado todo tanto. Lo cierto es que me lo he pasado genial y he disfrutado ese camino a pesar de los miedos y las incertidumbres.

Pero lo cierto es que ser padre te sorprende por mucho que lo hayas preparado.

Las expectativas son muchas y eso podría hacernos esperar un fracaso o una insatisfacción. Yo siempre digo que la fórmula de la satisfacción es:

Satisfacción = Resultado – Expectativas

Sin embargo, y contra todo pronóstico, no conozco a ningún padre que se haya sentido decepcionado con su hijo. (A lo mejor lo hay, pero no los conozco y seguro que son una muestra insignificante).

El «Unboxing»

Si, efectivamente, me estoy refiriendo al parto.

Cuando hablamos del parto lo evidente es una mujer dando a luz a un bebé… pero no nos equivoquemos: detrás de toda gran madre hay siempre un gran padre (o debería)

De acuerdo que en el acto físico del parto no es «imprescindible» la presencia del padre, pero cualquiera que haya podido estar «al pie del cañón» sabe que la figura del padre juega un papel importante nivel anímico y asistencial.

Además, para un padre, la primera mirada de su hijo es algo que NUNCA se olvida y marca ese Momento en el cual sabes que nunca volverás a ser el mismo.

Los comienzos siempre son duros… ¿o no?

Lo siento, me ha salido el acento gallego con este título, pero creo que representa muy bien lo que quiero decir.

Recuerdo que los meses anteriores y justo después de nacer Alonso todo el mundo me decía cosas como:

«Se te acabaron las noches tranquilas»
«A partir de ahora tu no importas»
«La que se te viene encima»

…y otras afirmaciones exageradas (por no decir «falsas» directamente)

Lo cierto es que todo cambió con el nacimiento de mi hijo, pero nunca he dormido tan feliz como desde que cada noche le doy un beso y un abrazo a mi hijo después de acostarlo en la cama.

Lo de que no soy importante me parece radicalmente equivocado. Desde el mismo momento de convertirte en padre te vuelves la persona más importante del mundo, pues de ti depende el futuro de lo que más quieres: tu hijo.

En fin,.. que todos esos mensajes catastróficos y malos augurios no sirven para más que para que después pienses: «¡Qué suerte tengo! Soy tan feliz y además no me ha pasado nada de eso»

La paternidad mejora con el tiempo

Otra mentira que te cuentan es eso de «aprovecha ahora que luego crecen y…»

…y ¿qué?

Luego crece y me sorprende cada día convirtiendo poco a poco a aquel bebé recién nacido en una persona cada vez más inteligente, autónoma y cariñosa. Veo que mi hijo es la mejor persona que podría haber deseado y que poco a poco va forjando su propia personalidad.

Es cierto, hemos pasado por momentos duros y otros muy duros, pero al final los buenos y buenísimos son infinitamente superiores en número y en intensidad… hasta tal punto que te cuesta recordar los malos momentos.

Mi experiencia como consumidor de «La Paternidad»

Así que si tengo que dar una valoración como consumidor de ese producto llamado «paternidad» no lo dudo y le doy un 5 de 5.

La paternidad no solo no ha perdido su valor como producto en estos 7 años sino que cada vez es mejor. Ha cumplido y está cumpliendo las expectativas con creces.

Si te estás planteando la paternidad ya tienes mi valoración: ¡Compra! 🙂

Con la paternidad todo ha cambiado: ahora es mejor.

Primera sonrisa de Alonso

Aún recuerdo su primera sonrisa, la dibujó la misma noche que nació y desde entonces he pasado cada minuto tratando de que no deje de sonreír.

Felicidades por tus 7 años Alonso… y gracias por estar ahí.

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Review de tener un hijo tras 7 años de uso

Hoy hace 7 años del «unboxing» de Alonso.

¿Vas a tener un hijo? Aquí no te voy a contar el unboxing que 7 años después ya no es momento. Para eso hay otros blogs …y yo mismo ya he publicado mis artículos en septiembre de 2008.

De lo que se trata es de contarte mi experiencia durante los primeros años de uso de ese ‘producto’ que es la paternidad.

Si la paternidad fuese una mercancía sería sin duda la más valiosa del mundo… y lo mejor es que no es una mercancía que se pueda comprar. Es un DIY (Do It Yourself)… vamos, que te lo fabricas tu mismo. Tu… y tu pareja claro.

Este es el análisis de mi experiencia de la paternidad durante los 7 primeros años de uso continuado.

La preparación y las expectativas

He realizado un montón de compras e inversiones importantes en toda mi vida, he preparado exámenes y pruebas vitales para mi carrera, he planeado fiestas, viajes,… pero ni de lejos me había preparado tanto para algo como para ser padre.

..y total, ahora me pregunto ¿para qué?

 Bueno, la verdad es que no me arrepiento nada de haberlo planeado y preparado todo tanto. Lo cierto es que me lo he pasado genial y he disfrutado ese camino a pesar de los miedos y las incertidumbres.

Pero lo cierto es que ser padre te sorprende por mucho que lo hayas preparado.

Las expectativas son muchas y eso podría hacernos esperar un fracaso o una insatisfacción. Yo siempre digo que la fórmula de la satisfacción es:

Satisfacción = Resultado – Expectativas

Sin embargo, y contra todo pronóstico, no conozco a ningún padre que se haya sentido decepcionado con su hijo. (A lo mejor lo hay, pero no los conozco y seguro que son una muestra insignificante).

El «Unboxing»

Si, efectivamente, me estoy refiriendo al parto.

Cuando hablamos del parto lo evidente es una mujer dando a luz a un bebé… pero no nos equivoquemos: detrás de toda gran madre hay siempre un gran padre (o debería)

De acuerdo que en el acto físico del parto no es «imprescindible» la presencia del padre, pero cualquiera que haya podido estar «al pie del cañón» sabe que la figura del padre juega un papel importante nivel anímico y asistencial.

Además, para un padre, la primera mirada de su hijo es algo que NUNCA se olvida y marca ese Momento en el cual sabes que nunca volverás a ser el mismo.

Los comienzos siempre son duros… ¿o no?

Lo siento, me ha salido el acento gallego con este título, pero creo que representa muy bien lo que quiero decir.

Recuerdo que los meses anteriores y justo después de nacer Alonso todo el mundo me decía cosas como:

«Se te acabaron las noches tranquilas»
«A partir de ahora tu no importas»
«La que se te viene encima»

…y otras afirmaciones exageradas (por no decir «falsas» directamente)

Lo cierto es que todo cambió con el nacimiento de mi hijo, pero nunca he dormido tan feliz como desde que cada noche le doy un beso y un abrazo a mi hijo después de acostarlo en la cama.

Lo de que no soy importante me parece radicalmente equivocado. Desde el mismo momento de convertirte en padre te vuelves la persona más importante del mundo, pues de ti depende el futuro de lo que más quieres: tu hijo.

En fin,.. que todos esos mensajes catastróficos y malos augurios no sirven para más que para que después pienses: «¡Qué suerte tengo! Soy tan feliz y además no me ha pasado nada de eso»

La paternidad mejora con el tiempo

Otra mentira que te cuentan es eso de «aprovecha ahora que luego crecen y…»

…y ¿qué?

Luego crece y me sorprende cada día convirtiendo poco a poco a aquel bebé recién nacido en una persona cada vez más inteligente, autónoma y cariñosa. Veo que mi hijo es la mejor persona que podría haber deseado y que poco a poco va forjando su propia personalidad.

Es cierto, hemos pasado por momentos duros y otros muy duros, pero al final los buenos y buenísimos son infinitamente superiores en número y en intensidad… hasta tal punto que te cuesta recordar los malos momentos.

Mi experiencia como consumidor de «La Paternidad»

Así que si tengo que dar una valoración como consumidor de ese producto llamado «paternidad» no lo dudo y le doy un 5 de 5.

La paternidad no solo no ha perdido su valor como producto en estos 7 años sino que cada vez es mejor. Ha cumplido y está cumpliendo las expectativas con creces.

Si te estás planteando la paternidad ya tienes mi valoración: ¡Compra! 🙂

Con la paternidad todo ha cambiado: ahora es mejor.

Primera sonrisa de Alonso

Aún recuerdo su primera sonrisa, la dibujó la misma noche que nació y desde entonces he pasado cada minuto tratando de que no deje de sonreír.

Felicidades por tus 7 años Alonso… y gracias por estar ahí.

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No son carrerasCuando nos enteramos de que estábamos esperando…

No son carreras

Cuando nos enteramos de que estábamos esperando una beba (nuestra primera) hace 3 años, nunca nos imaginamos todo lo que necesitaríamos aprender para dominar el complicado arte de la crianza.

Creo que nunca nos pasó por la cabeza y aunque estuvimos leyendo un excelente libro (El Cuidado de su Hijo Pequeño: Desde que nace hasta que tiene 5 años) que nos permitió darnos una idea y supuestamente sentirnos listos, nunca se compararía con lo que habríamos de enfrentar durante los siguientes meses… años… y como estamos viendo la cosa, también décadas.

La motivación de esta entrada en el blog llegó a mí después de darme cuenta de que cada vez que nuestra hija madura y crece, llegan nuevos retos y preocupaciones. A su vez, cuando salimos a la calle o convivimos con otras personas nunca ha faltado quien nos de un consejo o nos haga una observación con respecto a la crianza e hijos.

Desde el clásico: ‘¿No tendrá frío?‘ hasta el atrevido ‘Ya deberían destetarla‘. Así, nos ha tocado de todo.

Y es que pareciera que todos tienen prisa por que sus propios hijos (y los de otros) estén listos para enfrentar este mundo cruel con todo el conocimiento, madurez y experiencia para no quedar últimos en la repartición de vidas exitosas.

Sin embargo, me he dado cuenta que en muchos de los casos en los que uno comienza a asustarse y teme que su hijo no llegue a desarrollarse a tiempo como el ‘primito‘ o ‘el vecino’ que ya habla, camina o sabe sumar; o que tal vez parece que nuestro hijo podría estar comenzando a mostrar síntomas de un problema psicológico, genético o de aprendizaje; termina siendo que sólo se trataba de un hito que alcanzaría tarde o temprano, de la forma más natural posible y a su propio ritmo.

Por ello, me vi en la tarea de pensar y recopilar algunos de los errores o ‘barbarosidades’ que hemos cometido con nuestros hijos temiendo que fueran débiles o estuvieran presentando alguna desventaja o retraso en comparación con los demás bebés de su edad:


Presionarlos para… ¿nacer?

Este es el primero en el que caemos sin darnos cuenta. Tememos que nuestro bebé no sea capaz de abrirse camino a este mundo y creemos en todo lo que los doctores nos dicen (no digo que desconfiemos de ellos pero podemos cuestionarlos ya que no existen preguntas tontas y al final son nuestro bebé y esposa los que están en sus manos). Que si dicen que no se desarrolló bien el bebé, que tiene el cordón umbilical enredado, que exceso o falta de líquido amniótico, que si viene en posición podálica, que esto que lo otro… y de inmediato accedemos y nos vemos en la necesidad de decir: ‘Sí, sí, haga lo que tenga que hacer’ y entonces se desata el caos y se dejan venir la anestesia, inducción y pitocina en lugar de nuestra amiga la oxitocina, también la cesárea y un sin fin de cosas que ni siquiera sabíamos si todas eran necesarias. Todo ante el miedo de que exista peligro. Sin embargo, tanto el bebé como la madre están capacitados para nacer y dar a luz, pero hemos crecido creyendo que la mujer está enferma y debe ‘aliviarse’ en lugar de darnos cuenta que hay vida en ella y tiene la fuerza para traerla a este mundo.


Desesperarse porque no toman teta y recurrir rápidamente a la fórmula

Este también es muy común. Comenzamos pensando que a los bebés se les debe enseñar cómo prenderse de la teta y de alguna forma es cierto; sin embargo, después de ver a mi hijo recién nacido ‘escalar’ desde el vientre de su madre aún unido a ella por medio del cordón umbilical, acercarse hasta su pecho, pasarse de largo hasta el cuello de ella, repentinamente levantar la cabeza y girar todo su cuerpo de una hasta caer precisamente sobre el pezón, estoy convencido de que los bebés saben muchas cosas y vienen más preparados de lo que creemos. Por ejemplo, algo bien interesante es el oscurecimiento de los pezones y la aparición de la “linea nigra” durante el embarazo. Los bebés no ven muy bien al nacer y estos dos elementos aparecen misteriosamente sobre la piel de la madre para servir al bebé de señalamientos en alto contraste que podrá seguir al momento del nacimiento para escalar el cuerpo de mamá hasta sus pechos. Así, vemos que se trata de informarse, investigar y llamar a un consultor de lactancia (por ejemplo de la Liga de la Leche), intentar, intentar e intentar (de forma inteligente ya que podría terminar en una mamá con pezones muy lastimados) sin importar que hasta algunos de los ‘expertos’ digan que la mamá no produce suficiente leche (claro que no la tiene en muchos casos, necesita estimulación y ésta estimulación la obtiene solamente y cada vez que el bebé intenta prenderse y mamar). Algunas veces también se dice que el bebé no quiere tomar teta (ya que en ocasiones cuando se llevan al bebé a bañar después de la labor de parto en el hospital, le ofrecen leche en fórmula en grandes cantidades para alimentarlo y calmarlo durante las horas que está solo y le practican exámenes; cuando regresa con su mamá, ya ha probado la dulce fórmula y prefiere ésta sobre la de la madre). Es por eso que hay que recurrir a consultores, pediatras y familiares que sepan sobre el tema y hayan pasado ya por esta situación. Formarse una base de conocimientos y experiencias sólida y variada.

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Obligarlos a dormir solos

Este también es popular. Nada más necesitamos platicar algo a algún familiar o vecino y nos lloverán recomendaciones y críticas. Siendo padres primerizos y sabiendo que nuestros padres y abuelos ya pasaron por eso, claro que no dudaremos en tomar sus consejos. ¿Pero qué tan buenos son?  Este es el momento donde debemos comenzar a cuestionar, investigar y decidir nuestra forma de crianza. Pero sobre todo, de forma unida como pareja seguir nuestro instinto.

Para el caso de la hora de dormir, el método convencional es que comiencen a dormir de inmediato en su cuna para volverlos “independientes” desde pequeños y darles la privacidad y el espacio que todos necesitamos. Aquí surge y se expresa nuevamente el temor de que nuestros hijos crezcan débiles y con desviaciones, por ello se les aparta lo más rápido posible. Sin embargo, como vimos en una publicación anterior en este mismo blog sobre el colecho, es muy importante que los hijos compartan y sientan la cercanía de sus padres durante los primeros años de vida para justamente alcanzar la fortaleza e independencia que irónicamente no llegan a obtener al apartarlos desde nacidos. Al final, los niños buscarán su propia independencia, sentirán necesidad de un cambio y comenzarán a pedir su propia cama y cuarto.

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Presionarlos para comer

Con la lactancia suspendida o eliminada tras la insistencia y sugerencias de familiares, amigos y médicos, vemos a nuestros bebés ahora “listos” para una comida completa y “consistente”, comenzamos a temer que no crezcan ni altos ni fuertes y ahí es donde introducimos un sinfín de alimentos sólidos y cantidades enormes que primero su estómago aún no está capacitado para digerir y segundo, cuyo tamaño tampoco tiene para almacenar, pues el tamaño del estómago de un recién nacido es el de una aceituna. Más tarde, los niños ya de mayor edad son presionados a comer también grandes cantidades y con cubiertos. Cuando no logran comer como nosotros los adultos en la misma cantidad y con la misma etiqueta, llega ese temor de que siempre comerán como “cavernicolitas” y desnutridos. Existe algo que se llama Baby-Led Weaning o ablactación guiada por el bebé que consiste en dejar de lado papillas y purés permitiendo que los bebés se alimenten solos tomando con sus propias manos alimentos acordes a su edad como zanahorias completas o brócoli y que experimenten texturas y diferentes sensaciones a sus anchas sin presiones y sin comer más o menos de lo necesario. También es importante tranquilizarse si nuestros hijos no quieren dejar la teta y la prefieren por encima de los alimentos sólidos. Llegará el momento en el que comiencen a sentir ganas de alimentos variados y de otro tipo y paulatinamente dejarán la teta. Cabe destacar que no hay peligro de que desarrollen algún problema de salud o problema sexual de ser que la teta continúe más de lo pensado o lo recomendado por la Academia Americana de Pediatría, la cual recomienda leche materna durante el primer año de vida y la inserción complementaria de alimentos a los 6 meses de nacido.
Si quieres informarte más sobre este tema te recomiendo que leas el libro “Mi niño no me come” del pediatra Carlos González.

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Forzarlos a caminar (Gatear/Sentarse solos y otros hitos psicomotrices)

Uno de los hitos más importantes y que tendemos más a comparar entre los hijos de Perenganita y Fulanito y los nuestros, es el de caminar. Parece como si este midiera que tan rápido nuestro hijo alcanzará a graduarse, obtener un trabajo y hacerse millonario. Recurrimos a la clásica andadera y al columpio (ese que parece bungie) para que caminen lo más pronto posible ignorando que en realidad no necesitan estos dispositivos y que al utilizarlos estamos dañando sus articulaciones y negándoles la oportunidad de descubrir este mundo a su ritmo y con sus propios recursos y que es justamente ahí donde encuentran motivación para alcanzar dos hitos previos: sentarse solos y gatear.

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Presionarlos para hablar

Este hito es bastante interesante. Nosotros los adultos, usualmente medimos la inteligencia y consciencia de otros seres basándonos en la capacidad que tienen para expresarse y comunicarse. Aquí es donde caemos en un error común con nuestros hijos cuando creemos que no entienden muchas de las cosas que les decimos o pedimos; simplemente porque no responden de la forma que esperamos o no nos obedecen. Entonces comenzamos a presionarlos a que aprendan a hablar, y hablar correctamente. Sin embargo y de nuevo, ellos aprenden a su propio ritmo de acuerdo a qué tan buenos maestros tienen: Nosotros. Y es que de acuerdo a qué tanto platiquemos con ellos, de qué manera y con qué reciprocidad, será el tamaño de su vocabulario y la confianza que les dará la voluntad para hablar. Muchas veces pensamos que sus pláticas son poco interesantes, de poca utilidad o con poco sentido común y no los incluimos dentro de las conversaciones diarias de la familia. No les permitimos convertirse en un miembro activo y cuya opinión es valiosa para la familia. Eso les hace sentir que lo que pudieran decir no es importante y comienzan a reservarse sus opiniones y por lo tanto a disminuir tanto la iniciativa para entablar una conversación como la diversidad en su vocabulario. Leer cuentos y cantar canciones siempre serán de gran utilidad en esta etapa, pero si las cosas no salen como esperamos, tenemos que calmarnos y tener paciencia. El momento en que hablen como pericos llegará. 

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Regañarlos y presionarlos para aprender a ir al baño

Este punto es bastante difícil ya que involucra mucha incomodidad entre los padres. El hecho de que nuestro hijo siga utilizando pañal a sus “increíbles” tres años es inconcebible; al mismo tiempo que en muchas guarderías en México no aceptan a niños que aún no sepan ir al baño solos. Sin embargo, manejar este proceso de forma adecuada es crucial para que los niños sepan manejar sus errores de una forma positiva cuando sean mayores. ¿Por qué? Simplemente imaginemos que un niño está comenzando a llegar a ese punto en que parece que va a dejar el pañal porque está avisando que quiere ir o porque le ha llamado la atención cuando nos ve ir al baño. Entonces comenzamos a dejar que ande sin pañal. De repente, ¡pum! se orina o hace caca y ¿cómo reaccionamos? ¿Lo regañamos? Regañarlo por algo que aún no controla o está aprendiendo a controlar y que es muy natural ya que forma parte de su fisiología, puede confundirlo y ocasionar que se sienta humillado y exhibido cuando nos ven exagerando la gravedad de la situación con ira o enojo y provocando que asocie sus futuras fallas con ansiedad y preocupación. Provocando que en lugar de enfocarse en una solución, se obsesione con el hecho de haber cometido un error. Es comparable con la situación en la que los niños se caen, se pegan y voltean a vernos para ver de qué forma reaccionamos ante lo que acaba de ocurrir. Si reaccionamos asustados y gritando, aunque se trate de un pequeño raspón reaccionarán asustados pensando: “Si mi súper mamá adulta está asustada, entonces yo niño debería reaccionar aterrado y llorar”. Por el contrario, si reaccionamos tranquilos y los consolamos explicándoles que se han caído, preguntando si hay dolor y que hay una solución como sobarlos o una curita, entonces sabrán apreciar y enfrentar de una forma más real y racional cualquier situación. Así, lo mismo pasa con los accidentes felices de chis o caca. Usualmente hacerse chis les resultará incómodo porque terminarán mojados y dependerá de nosotros la forma en que ellos se sentirán con esta situación: humillados y sin solución enfocados en su falla o en medio de un accidente que a todos nos pasa y que fácilmente puede ser resuelto.

Cuando a mi hija le comenzó a suceder, noté que en ella una mirada expectante mientras se acercaba a decirme lo que le había pasado. Las primeras veces me sentí molesto y le preguntaba por qué razón no me había avisado. Reaccionaba confundida y sin saber qué decir. Me recordó a mí mismo de niño. Sin saber qué responder cuando se me preguntaba por qué razón había hecho x o y cosa. Entonces entendí que no era la manera. Posteriormente, mi esposa le comenzó a decir a nuestra hija “No pasa nada, no te preocupes, te cambiamos y ya”. Entonces cada vez que pasaba, nuestra hija reaccionaba tranquila y diciendo: “No pasa nada papi… sólo me limpias y ya”. Así, me di cuenta de que esa es la manera en que me gustaría reaccionar ante mis problemas ahora como adulto: No precupándome y en cambio buscando una solución. También esto mismo me hizo recordar que mi madre me cambiaba cuando me pasaba lo mismo. Me subía al lavamanos sin regañarme y me lavaba las nalgas aún cuando yo ya tenía 5 años. Hoy, tengo 32 y ya no me hago en los calzones.

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Presionarlos para saludar, despedirse, dar besos y convivir con terceros.

Socializar. Cuando se habla de socializar somos muy poco empáticos. Y es que nos sentimos más presionados por lo que otros padres, los abuelitos, la vecina o la señora de la tienda van a pensar de nuestro “grosero” hijo que no saluda, no dice gracias y no da beso al saludar o despedirse. Basamos los valores inculcados a un niño en la hipócrita etiqueta que nosotros los adultos utilizamos en nuestras relaciones. Sin embargo, nunca nos ponemos a pensar en que los niños también pueden decidir cuándo hablar, a quién saludar y aún más a quién dar un beso o a quién negárselo. Basta con pensar en la situación siguiente:
Estas acompañando a un amigo a la tienda de la esquina. Cuando llegan, la señora o el señor que atiende saluda a tu amigo y tu amigo te presenta con el o ella. Ella te saluda y te dice que le des un besito mientras se te acerca. ¿Qué haces? Te alejas y la señora te dice: Ay que feo te ves enojado. ¿Y qué piensas? Uuuuy, ahora resulta que soy guapo o feo por lo dadivoso que soy con mis besos. Bueno, pues eso lo viven los niños a diario y varias veces al día. Son forzados a hacer cosas que no quieren por la buena etiqueta. Les metemos en la cabeza que debemos acceder a hacer cosas que no queremos para ser aceptados por otros o para ser considerados agradables. Irónicamente, más adelante comenzamos a pedirles que no hablen con extraños. Nos extrañamos cuando leemos en las noticias que el 70% de los abusos sexuales en México son cometidos por familiares. Los regañamos cuando en su adolescencia intentan encajar accediendo a hacer cosas que no quieren como beber o fumar, o simplemente seguir a la bola. Todo el tiempo están recibiendo mensajes contrarios y confusos y tienen que lidiar con decisiones que no son tan fáciles de tomar con todas las enseñanzas y herramientas que les hemos dado.

Tal vez exagero en las consecuencias, pero si en algún momento te has preguntado por qué tienes x o y problema, complejo, ansiedad, obsesión, reacción o forma de ser, es fácil darse cuenta de que hemos sido forjados durante décadas basándonos en un marco de pensamientos que han quedado bien incrustados en nuestro ser.

Por suerte, nuestros hijos, a ratos y repentinamente, se convierten en espejos que reflejan nuestro interior, los miedos, las memorias, los éxitos, las emociones y todas las experiencias. Y de pronto, entendemos el porqué de tantas cosas y todo cobra sentido.

Hay un libro muy interesante que encontré y que creo es la mejor técnica de crianza responsable que he visto hasta ahora. El título en inglés es CTFD o Calm The F*ck Down escrito por David Vienna y que es español se llamaría algo así como SCUC. Por lo que si todo falla y las cosas no salen como quieres, sólo aplica la técnica SCUC:

-Que el compañerito de la escuela ya se sabe el alfabeto y el tuyo no… ¡Serénate Con Una Ch*ngada!

-¿Preocupado porque tu hijo se comporta en público de una forma que te resulta vergonzosa?… ¡Serénate Con Una Ch*ngada!

-Que tu hijo odia los vegetales… ¡Serénate Con Una Ch*ngada!

-Que a tu hijo le gustan los juguetes de niñas… ¡Serénate Con Una Ch*ngada!

Para aplicar la técnica SCUC, sólo sigue los siguientes pasos:

Paso 1: ¡Serénate Con Una Ch*ngada!

Paso 2: No hay paso 2.

En conclusión y como alguien me recomendara que debía agregar a esta entrada: Sigue tu instinto como padre y no dejes que las comparaciones y juicios de otros afecten la paz, satisfacción, felicidad y plenitud que tú y tu hijo han alcanzado.

Imágenes tomadas del blog: Naranjas y Zapatos

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Las sobras son para papá

Después de convertirme en papá no hay nada que me de mi hijo que podría darme asco. No sé cuándo sucedió este cambio, pero sin duda fue algo gradual. Primero lavarle un poco la baba o quitarle la tierra del piso, después una mordidita, y para cuando me di cuenta ya me estaba comiendo cualquier porquería que me metía en la boca. Seguir leyendo

Imagen: Child messy eating| Vector by Vector Open Stock
Nota publicada originalmente en BabyCenter en Agosto de 2015: http://espanol.babycenter.com/blog/mamas/las-sobras-son-para-papa-o-mama/

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