Problemas de conducta en escolares:resultados del estudio EPOCA

Estos días estoy teniendo la oportunidad de presentar en distintas ciudades españolas los resultados del estudio EPOCA. El estudio EPOCA ha valorado el impacto de los problemas de conducta en niños menores de 12 años y sus familias.
En el estudio participaron más de 200 pediatras de todo el estado que incluyeron un total de casi 1000 niños que acudieron a la consulta por problemas de conducta. Fueron excluidos del estudio aquellos niños diagnosticados de algún trastorno mental tipificado (trastorno del espectro autista, déficit de atención, etc…). La población del estudio fue comparada con los datos de la población infantil de la Encuesta Nacional de Salud del año 2011. También se compararon los resultados basales con los obtenidos 3 meses después de seguir las medidas recomendadas por el pediatra.
Del estudio, destacamos los siguientes resultados
-Desde el punto de vista antropométrico, los niños del estudio presentaban un menor peso, talla e IMC (Índice de Masa Corporal) que la población general. A su vez, manifestaban una menor ingesta de pescado y tenían tendencia a comer alimentos menos saludables.
-Casi el 70% de los niños con problemas de conducta presentaban probables problemas de salud mental según los resultados del cuestionario de dificultades y capacidades (SDQ)
-Los niños del estudio mostraban en general un peor estado de salud que los de la encuesta de salud
-Los pacientes del estudio presentaban una peor calidad de vida que la población general (cuestionario Kidscreen-10)
-Los niños con problemas de conducta presentaban un menor descanso nocturno que la población general
-A través de la escala WHO-QoL-Bref, se observó que los padres de estos niños presentaban también una peor calidad de vida que los padres o tutores de niños sin problemas de conducta
*

-Tras la intervención del pediatra mediante la recomendación de medidas no farmacológicas (cambio de hábitos, complemento alimenticio, consulta con psicología y/o logopedia) se observó una mejoría estadísticamente significativa en la salud general y mental de los niños, un mayor descanso nocturno y una mejoría de su calidad de vida y la de sus padres.

-La asociación de más de una medida se mostró más efectiva que la recomendación de medidas aisladas.

El estudio EPOCA ha sido publicado en el número del mes de octubre de la revista Acta Pediátrica Española

Nota:el estudio EPOCA ha sido impulsado y financiado por Laboratorios Ordesa

*Imagen extraída de la página web del CEIP Nuestra Señora de los Ángeles (Canarias)


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Problemas de conducta en escolares:resultados del estudio EPOCA

Estos días estoy teniendo la oportunidad de presentar en distintas ciudades españolas los resultados del estudio EPOCA. El estudio EPOCA ha valorado el impacto de los problemas de conducta en niños menores de 12 años y sus familias.
En el estudio participaron más de 200 pediatras de todo el estado que incluyeron un total de casi 1000 niños que acudieron a la consulta por problemas de conducta. Fueron excluidos del estudio aquellos niños diagnosticados de algún trastorno mental tipificado (trastorno del espectro autista, déficit de atención, etc…). La población del estudio fue comparada con los datos de la población infantil de la Encuesta Nacional de Salud del año 2011. También se compararon los resultados basales con los obtenidos 3 meses después de seguir las medidas recomendadas por el pediatra.
Del estudio, destacamos los siguientes resultados
-Desde el punto de vista antropométrico, los niños del estudio presentaban un menor peso, talla e IMC (Índice de Masa Corporal) que la población general. A su vez, manifestaban una menor ingesta de pescado y tenían tendencia a comer alimentos menos saludables.
-Casi el 70% de los niños con problemas de conducta presentaban probables problemas de salud mental según los resultados del cuestionario de dificultades y capacidades (SDQ)
-Los niños del estudio mostraban en general un peor estado de salud que los de la encuesta de salud
-Los pacientes del estudio presentaban una peor calidad de vida que la población general (cuestionario Kidscreen-10)
-Los niños con problemas de conducta presentaban un menor descanso nocturno que la población general
-A través de la escala WHO-QoL-Bref, se observó que los padres de estos niños presentaban también una peor calidad de vida que los padres o tutores de niños sin problemas de conducta
*

-Tras la intervención del pediatra mediante la recomendación de medidas no farmacológicas (cambio de hábitos, complemento alimenticio, consulta con psicología y/o logopedia) se observó una mejoría estadísticamente significativa en la salud general y mental de los niños, un mayor descanso nocturno y una mejoría de su calidad de vida y la de sus padres.

-La asociación de más de una medida se mostró más efectiva que la recomendación de medidas aisladas.

El estudio EPOCA ha sido publicado en el número del mes de octubre de la revista Acta Pediátrica Española

Nota:el estudio EPOCA ha sido impulsado y financiado por Laboratorios Ordesa

*Imagen extraída de la página web del CEIP Nuestra Señora de los Ángeles (Canarias)


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Ropa de bebé y nuevo plan B

Bueno, pues ya está A. de baja. Es el primer embarazo en el que coge baja antes de dar a luz. Ya se sabe, a la séptima va la vencida. Hasta ahora, siempre había aguantado como una jabata hasta el último momento y así poder ‘disfrutar’ de esas 16 semanas de baja por maternidad. Esta vez, sin embargo, en el trabajo le han dicho que se cuide y que coja la baja. Todo un detalle, la verdad.

Aunque lo intentará, la baja no creo que sea una balsa de aceite. Hay que preparar cosas y, entre esas cosas, está la de conseguir espacio para la niña. El otro día nos fuimos a Ikea (¡dónde si no!) y compramos un armario que monté por la tarde y lo colocamos dentro de nuestro cuarto de baño, al lado de su mueble cambiador. No ha quedado del todo mal … y más teniendo en cuenta que tendrá parte de su ropa en un cuarto de baño.

La lavadora ha aumentado su ya habitual ritmo frenético de funcionamiento con coladas extra de ropa de bebé. Es como lavar ropa de muñecas. Lo bueno es que, poco a poco, van desapareciendo esas bolsas de ropa que invadían nuestra habitación y cuarto de baño. Sin embargo, la felicidad es efímera, porque cuando conseguimos recuperar un pequeño espacio de nuestro hogar, enseguida vuelve a ser ocupado. Ayer, sin ir más lejos, vino A. con un cochecito que le han regalado. Sí, sí, es muy chulo y hay que agradecer este gesto, pero cuando vi lo que ocupaba … De momento, lo ha llevado a casa de una hermana suya que tiene mucho espacio, pero sabemos que volverá. Como vendrá también una cuna,que habrá que montar y buscarle un espacio. Sí, ya sé, irá a los pies de la cama, así que ese banco que tenemos ahí tendrá que ir en otro sitio.

Mientras tanto yo no desfallezco en mi plan B, aquél que os contaba en la entrada anterior y que consistía en ‘facilitar’ que los hijos se vayan de casa. Este fin de semana próximo nos iremos con nuestros amigos D. y J. y Je. y M. a una casa rural. Es un plan que teníamos previsto desde hace mucho tiempo y que entre una cosa y otra no habíamos podido hacer. Pues bien, unos amigos nuestros se han ofrecido para quedarse con los dos pequeños, JP y S desde el sábado por la tarde hasta el domingo. Se me ha ocurrido que el domingo podríamos llamarles y decirles que nos va muy mal pasar a buscarlos, que si no les importa llevarlos al cole (sus hijos van al mismo cole que los nuestros) y ya, si eso, los recogemos allí. Como no creo que sepan que A. está de baja, el lunes por la tarde, poco antes de la recogida de los niños, podemos volver a llamarlos diciendo que nos resulta imposible recogerlos, que si no les importa los tengan esa semana con ellos y el fin de semana volvemos a hablar. Como son buena gente, no creo que pongan pegas. El fin de semana, como quien no quiere la cosa, no llamamos. Ellos, no se atreverán a llamar porque les dijimos que lo haríamos nosotros. Ya hemos ganado una semana más. Estoy seguro que así, a lo tonto a lo tonto, pueden pasar unos años y cuando por fin los vayamos a recoger, es muy posible que ya estén en la universidad, alguno de los mayores ya se haya ido de casa y volvamos a tener espacio para ello. Por si no os habíais dado cuenta, esta genialidad comporta además un considerable ahorro: imagino que ya que los tienen les darán de comer y los vestirán (¡qué menos!), mientras nosotros nos seguimos ocupando de los colegios. Creo que se lo voy a proponer a A.

Ah, y sigo pensando otros planes para el improbable caso de que éste falle.
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Ropa de bebé y nuevo plan B

Bueno, pues ya está A. de baja. Es el primer embarazo en el que coge baja antes de dar a luz. Ya se sabe, a la séptima va la vencida. Hasta ahora, siempre había aguantado como una jabata hasta el último momento y así poder ‘disfrutar’ de esas 16 semanas de baja por maternidad. Esta vez, sin embargo, en el trabajo le han dicho que se cuide y que coja la baja. Todo un detalle, la verdad.

Aunque lo intentará, la baja no creo que sea una balsa de aceite. Hay que preparar cosas y, entre esas cosas, está la de conseguir espacio para la niña. El otro día nos fuimos a Ikea (¡dónde si no!) y compramos un armario que monté por la tarde y lo colocamos dentro de nuestro cuarto de baño, al lado de su mueble cambiador. No ha quedado del todo mal … y más teniendo en cuenta que tendrá parte de su ropa en un cuarto de baño.

La lavadora ha aumentado su ya habitual ritmo frenético de funcionamiento con coladas extra de ropa de bebé. Es como lavar ropa de muñecas. Lo bueno es que, poco a poco, van desapareciendo esas bolsas de ropa que invadían nuestra habitación y cuarto de baño. Sin embargo, la felicidad es efímera, porque cuando conseguimos recuperar un pequeño espacio de nuestro hogar, enseguida vuelve a ser ocupado. Ayer, sin ir más lejos, vino A. con un cochecito que le han regalado. Sí, sí, es muy chulo y hay que agradecer este gesto, pero cuando vi lo que ocupaba … De momento, lo ha llevado a casa de una hermana suya que tiene mucho espacio, pero sabemos que volverá. Como vendrá también una cuna,que habrá que montar y buscarle un espacio. Sí, ya sé, irá a los pies de la cama, así que ese banco que tenemos ahí tendrá que ir en otro sitio.

Mientras tanto yo no desfallezco en mi plan B, aquél que os contaba en la entrada anterior y que consistía en ‘facilitar’ que los hijos se vayan de casa. Este fin de semana próximo nos iremos con nuestros amigos D. y J. y Je. y M. a una casa rural. Es un plan que teníamos previsto desde hace mucho tiempo y que entre una cosa y otra no habíamos podido hacer. Pues bien, unos amigos nuestros se han ofrecido para quedarse con los dos pequeños, JP y S desde el sábado por la tarde hasta el domingo. Se me ha ocurrido que el domingo podríamos llamarles y decirles que nos va muy mal pasar a buscarlos, que si no les importa llevarlos al cole (sus hijos van al mismo cole que los nuestros) y ya, si eso, los recogemos allí. Como no creo que sepan que A. está de baja, el lunes por la tarde, poco antes de la recogida de los niños, podemos volver a llamarlos diciendo que nos resulta imposible recogerlos, que si no les importa los tengan esa semana con ellos y el fin de semana volvemos a hablar. Como son buena gente, no creo que pongan pegas. El fin de semana, como quien no quiere la cosa, no llamamos. Ellos, no se atreverán a llamar porque les dijimos que lo haríamos nosotros. Ya hemos ganado una semana más. Estoy seguro que así, a lo tonto a lo tonto, pueden pasar unos años y cuando por fin los vayamos a recoger, es muy posible que ya estén en la universidad, alguno de los mayores ya se haya ido de casa y volvamos a tener espacio para ello. Por si no os habíais dado cuenta, esta genialidad comporta además un considerable ahorro: imagino que ya que los tienen les darán de comer y los vestirán (¡qué menos!), mientras nosotros nos seguimos ocupando de los colegios. Creo que se lo voy a proponer a A.

Ah, y sigo pensando otros planes para el improbable caso de que éste falle.
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Kriptonita para Superpapá

Hace una semana cogí una de esas amigdalitis intentísimas que te dejan en cama baldado, dolorido, con la garganta tan hinchada que ni puedes hablar ni casi comer (más allá de líquidos). Casi un guiñapo humano y quejumbroso, vamos.
Hablaba hace un tiempo sobre cómonos preocupamos los padres cuando nuestros hijos se ponen enfermos, pero hay otro tema por el que, demasiado a menudo, se pasa por encima: cómo reaccionan ellos cuando somos nosotros los que sufrimos algún tipo de malestar físico. Su visión de nosotros sigue siendo tan idealizada, tan pluscuamperfecta (nosotros seguimos siendo sus proveedoresprincipales), que en el momento en el que ven en nosotros una debilidad inesperada, se quedan desconcertados.
Me ha pasado otras veces en las que he caído presa de algún virus o similar: M. ni quiere acercarse a verme, ni a darme un beso. Y si lo hace, es con apresión, con incomodidad. Sin ganas.
Un padre (en general, una personal adulta y emocionalmente madura) no debería sentirse mal por una reacción semejante, por más que, en esa situación, sintamos una punzada de pena. Hay que ser conscientes que, para un niño, todo lo que sea una brecha en sus rutinas y, sobre todo, en todo lo que le hace sentirse seguro, le transmite desprotección.
Por eso a M. no le gusta ver derrotado a su Superpapá, ése que, cuando está en plena forma, nunca para, siempre está en movimiento, buscando fuerzas de donde sea para llevarle al fin del mundo… De hecho, cuando vio que no podía hablar, y que apenas me salía un hilo de voz a lo Vito Corleone, M. corrió a contárselo a su madre. Tanto le impresionó que me observaba atentamente cada vez que intentaba hablar, como intentando reconocer mi voz detrás de aquella especie de murmullo lastimero.
Día a día, me fui sintiendo mejor. Mi voz volvió. Y no nos podéis imaginar la sonrisa, la mirada de alivio, que dejó escapar M. cuando me escuchó hablar otra vez, más o menos, como una persona normal. Que pudiera leerle algunas páginas de uno de sus cuentos de antes de dormir, aunque fuera carraspeando sin parar, con una voz que iba menguando a medida que hablaba, le hizo increíblemente feliz. Como si hiciera una eternidad que no me veía.

Básicamente, porque su Superpapá había vuelto.

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Kriptonita para Superpapá

Hace una semana cogí una de esas amigdalitis intentísimas que te dejan en cama baldado, dolorido, con la garganta tan hinchada que ni puedes hablar ni casi comer (más allá de líquidos). Casi un guiñapo humano y quejumbroso, vamos.
Hablaba hace un tiempo sobre cómonos preocupamos los padres cuando nuestros hijos se ponen enfermos, pero hay otro tema por el que, demasiado a menudo, se pasa por encima: cómo reaccionan ellos cuando somos nosotros los que sufrimos algún tipo de malestar físico. Su visión de nosotros sigue siendo tan idealizada, tan pluscuamperfecta (nosotros seguimos siendo sus proveedoresprincipales), que en el momento en el que ven en nosotros una debilidad inesperada, se quedan desconcertados.
Me ha pasado otras veces en las que he caído presa de algún virus o similar: M. ni quiere acercarse a verme, ni a darme un beso. Y si lo hace, es con apresión, con incomodidad. Sin ganas.
Un padre (en general, una personal adulta y emocionalmente madura) no debería sentirse mal por una reacción semejante, por más que, en esa situación, sintamos una punzada de pena. Hay que ser conscientes que, para un niño, todo lo que sea una brecha en sus rutinas y, sobre todo, en todo lo que le hace sentirse seguro, le transmite desprotección.
Por eso a M. no le gusta ver derrotado a su Superpapá, ése que, cuando está en plena forma, nunca para, siempre está en movimiento, buscando fuerzas de donde sea para llevarle al fin del mundo… De hecho, cuando vio que no podía hablar, y que apenas me salía un hilo de voz a lo Vito Corleone, M. corrió a contárselo a su madre. Tanto le impresionó que me observaba atentamente cada vez que intentaba hablar, como intentando reconocer mi voz detrás de aquella especie de murmullo lastimero.
Día a día, me fui sintiendo mejor. Mi voz volvió. Y no nos podéis imaginar la sonrisa, la mirada de alivio, que dejó escapar M. cuando me escuchó hablar otra vez, más o menos, como una persona normal. Que pudiera leerle algunas páginas de uno de sus cuentos de antes de dormir, aunque fuera carraspeando sin parar, con una voz que iba menguando a medida que hablaba, le hizo increíblemente feliz. Como si hiciera una eternidad que no me veía.

Básicamente, porque su Superpapá había vuelto.

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Going to Disney World with babies: Advantages, disadvantages and tips

(Nota: Respetando la creatividad y la propia voz de David, sus post serán publicados en el mismo idioma que el los escribe. Puedes encontrar su traducción al final de su post. Gracias por su apoyo.) Hello again!!! So last time I wrote about our “second wedding”. Well, what goes after the wedding? The honeymoon right, … Sigue leyendo Going to Disney World with babies: Advantages, disadvantages and tips

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El forastero

Por estos días, una distancia kilométrica separa la relación que tengo con mi hija de la que ella tiene con su madre. Tan kilométrica que apenas llego a casa debo aceptarme como lo que soy: un forastero. No reniego porque en verdad lo sé y la frase es trillada pero cierta: no hay relación más […]

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Cumpleaños de A. y Plan B

Ya que seguimos con los cumpleaños, hoy toca el de A. Creo que ya ha alcanzado esa edad en la que a las mujeres no les hace gracia que se sepa, pero si sois un poco espabilados, buscando por este blog, encontraréis alguna entrada que os facilitará adivinar su edad. Sí, ya sé, que la mayoría ni se molestará en buscarlo porque -para qué nos vamos a engañar- no es tan importante conocer su edad, pero lo pongo para aquellos que su curiosidad es de clase mundial.

Ayer por la tarde nos fuimos ella y yo en busca de sus regalos (hasta ahora siempre me había espabilado yo solito) porque si tenemos en cuenta su avanzado estado de gestación y que su deseo era ropa, la cosa era algo más que complicada, rozaba la proeza acertar, no solo con la talla, sino con el modelo. Al final, no resultó tan complicado porque la moda parece que se presenta algo más ancha y no paré de ver jerseys amplios, ponchos (o similares) y blusas muy largas. Perfecto. Volviendo a casa, paramos en una panadería-pastelería y compramos dos cajas de pastas variadas que servirían para el desayuno de hoy para que A. llevara unas cuantas a sus compañeras de trabajo. Al final compramos 3 kilos … es lo que tiene ser tantos en casa.

Esta mañana nos hemos levantado (casi)todos a la misma hora y hemos «celebrado» su cumple. Le he entregado los regalos (su ropa y un perfume) y los niños la han cubierto de besos y sobre todo abrazos cuando han visto el desayuno que tenían hoy.

Nuestra hija Ma. se lo ha currado y se ha ido a una floristería, le ha comprado un ramo de flores, se ha cogido el tren y se ha presentado en el colegio donde trabaja A. y le ha regalado el ramo. Aquí tenéis un documento gráfico de la efeméride


Después, se han presentado en su despacho todos los niños y niñas de una clase de P-algo para felicitarla. Estaba emocionadísima.

Mientras tanto, va acercándose la fecha del nacimiento de la niña y ya no sé qué hay que hacer para buscarle un hueco. A. tiene muchas amigas que le están dejando cosas (pensad por un momento que lo que teníamos de bebé ya lo habíamos colocado), por lo que os podéis imaginar cómo está la casa de bolsas con ropa y otros accesorios de bebé. Como eso de cambiarse de casa y buscar una más grande va a ser que no, empecé a pensar en un plan B: Incentivar que los niños se vayan de casa. Hace poco pensé que había encontrado la solución para que S. se fuera de casa, pero fracasé. Este año S. hace la Primera Comunión y, entre otras cosas, el colegio organiza con las familias de los niños una especie de romería a un Santuario de la Virgen para hacer el ofrecimiento de los niños a la Virgen. Se me dibujó una sonrisa en la cara y para allá que nos fuimos. La ceremonia muy bonita y yo cada vez más nervioso porque se acercaba el momento culmen. Cuando por fin llegó, los padres acompañábamos a nuestros hijos al altar y cuando ya bajaba las escaleras unos toquecitos en la parte posterior del hombro hicieron que me detuviera y girara la cabeza. Un señor, me advertía de que «me había dejado el niño«. «¿Cómo que dejado?, ¿no era esto un ofrecimiento de los niños?. Pues, hala, ahí lo ofrezco» No coló. Nos volvimos con el niño «ofrecido» pero esto no queda así, todavía me quedan dos meses para encontrar alguna solución a la falta de espacio.
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Cumpleaños de A. y Plan B

Ya que seguimos con los cumpleaños, hoy toca el de A. Creo que ya ha alcanzado esa edad en la que a las mujeres no les hace gracia que se sepa, pero si sois un poco espabilados, buscando por este blog, encontraréis alguna entrada que os facilitará adivinar su edad. Sí, ya sé, que la mayoría ni se molestará en buscarlo porque -para qué nos vamos a engañar- no es tan importante conocer su edad, pero lo pongo para aquellos que su curiosidad es de clase mundial.

Ayer por la tarde nos fuimos ella y yo en busca de sus regalos (hasta ahora siempre me había espabilado yo solito) porque si tenemos en cuenta su avanzado estado de gestación y que su deseo era ropa, la cosa era algo más que complicada, rozaba la proeza acertar, no solo con la talla, sino con el modelo. Al final, no resultó tan complicado porque la moda parece que se presenta algo más ancha y no paré de ver jerseys amplios, ponchos (o similares) y blusas muy largas. Perfecto. Volviendo a casa, paramos en una panadería-pastelería y compramos dos cajas de pastas variadas que servirían para el desayuno de hoy para que A. llevara unas cuantas a sus compañeras de trabajo. Al final compramos 3 kilos … es lo que tiene ser tantos en casa.

Esta mañana nos hemos levantado (casi)todos a la misma hora y hemos «celebrado» su cumple. Le he entregado los regalos (su ropa y un perfume) y los niños la han cubierto de besos y sobre todo abrazos cuando han visto el desayuno que tenían hoy.

Nuestra hija Ma. se lo ha currado y se ha ido a una floristería, le ha comprado un ramo de flores, se ha cogido el tren y se ha presentado en el colegio donde trabaja A. y le ha regalado el ramo. Aquí tenéis un documento gráfico de la efeméride


Después, se han presentado en su despacho todos los niños y niñas de una clase de P-algo para felicitarla. Estaba emocionadísima.

Mientras tanto, va acercándose la fecha del nacimiento de la niña y ya no sé qué hay que hacer para buscarle un hueco. A. tiene muchas amigas que le están dejando cosas (pensad por un momento que lo que teníamos de bebé ya lo habíamos colocado), por lo que os podéis imaginar cómo está la casa de bolsas con ropa y otros accesorios de bebé. Como eso de cambiarse de casa y buscar una más grande va a ser que no, empecé a pensar en un plan B: Incentivar que los niños se vayan de casa. Hace poco pensé que había encontrado la solución para que S. se fuera de casa, pero fracasé. Este año S. hace la Primera Comunión y, entre otras cosas, el colegio organiza con las familias de los niños una especie de romería a un Santuario de la Virgen para hacer el ofrecimiento de los niños a la Virgen. Se me dibujó una sonrisa en la cara y para allá que nos fuimos. La ceremonia muy bonita y yo cada vez más nervioso porque se acercaba el momento culmen. Cuando por fin llegó, los padres acompañábamos a nuestros hijos al altar y cuando ya bajaba las escaleras unos toquecitos en la parte posterior del hombro hicieron que me detuviera y girara la cabeza. Un señor, me advertía de que «me había dejado el niño«. «¿Cómo que dejado?, ¿no era esto un ofrecimiento de los niños?. Pues, hala, ahí lo ofrezco» No coló. Nos volvimos con el niño «ofrecido» pero esto no queda así, todavía me quedan dos meses para encontrar alguna solución a la falta de espacio.
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Nos estamos haciendo viejos

Ayer me desperté para leer la devastadora noticia de que los malditos esos la OMS ha clasificado la carne mi amado tocino como cancerígena. Más allá de todo el dolor que eso me causa el hecho y haber perdido las ganas de vivir lo que eso significa realmente, me hizo

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La respuesta a todo

Frank Underwood charla en Freddy´s con el excéntrico millonario Raymond Tusk. La lucha dialéctica entre estos dos animales políticos es atrapante. Cada segundo se saborea tanto como el helado que acompaña este sábado a la noche de grandes placeres. Todo es perfecto. De repente, el silencio estratégico de Frank es interrumpido por un llanto compungido. No hay bebés en House of […]

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La granja de conejos

Tenía pendiente desde hace un tiempo una entrada dedicada a la visita que hicimos este verano a una granja de conejos. No vayáis a pensar que es una actividad que teníamos previsto realizar por algún motivo en concreto, sino que salió así, de forma totalmente improvisada.

Como os decía en esta entrada, Matteo estuvo trabajando un tiempo en una granja de conejos, propiedad de MJ que, no os lo vais a creer, es seguidora de este blog. Al parecer, estaban un día hablando Matteo y MJ cuando ésta le comentó que seguía un blog de un tipo que tenía unos cuantos hijos, que explicaba cosas de su familia y … Matteo empezó a atar cabos y le dijo que lo conocía. ¡El mundo es un pañuelo!

A los pequeños les hacía mucha gracia visitar esa granja en la que trabajaba Matteo y, tras comentarlo con MJ, fijamos un día. Al llegar a la granja, unas naves industriales alejadas de cualquier núcleo urbano, la buena de MJ nos tenía preparado un desayuno que hizo que los niños estuvieran encantados. Ahí charlamos un rato y comentamos la casualidad de que conociera este blog. Como se dice por estos lares, nos desvirtualizamos.

Entramos en la primera de las naves y comprobamos que estaba llena de jaulas con un conejo cada una de ellas. Eran las jaulas de las madres. Cada ‘x’ tiempo venían de una empresa para inseminarlas. No, no era una empresa de conejos macho, sino que un veterinario, jeringuilla en mano, se dedicaba a visitarlas una a una. Una trabajera, vamos.

Jaulas en una de las naves

Al cabo de un mes aproximadamente -y todas a la vez- se ponían a parir como conejas y si tenemos en cuenta que cada coneja pare entre 3 y 12 gazapos, podéis imaginaros la que se monta allí. Para los que seáis tan o más de piso que yo, os pongo una foto de conejos con 1 día de vida para que sepáis diferenciarlos de un osito de gominola.


Conejos reciuén nacidos

Después siguen creciendo y ya se juntan a varios de los conejos jóvenes en una jaula. Cuando tienen una edad determinada (no recuerdo cuál) ya están listos para ser vendidos. Imagino que no hace falta explicar el destino de estos animales. Os daré una pista: no suelen verse en las tiendas de mascotas, sino más bien en expositores de supermercados con un aspecto muy diferente a éste:
Conejos jóvenes

Lo que más me llamó la atención y por desgracia soy incapaz de recordar, eran los datos relativos a los kilos de pienso que cada mes se jalaban estos conejos, o el gasto de refrigeración de las naves, o el precio que le pagan a MJ por cada conejo. Lo que sí recuerdo es que me quedé con la sensación de que es un trabajo muy duro y poco recompensado … sí, es verdad, como la gran mayoría. Los pequeños disfrutaron mucho con la visita y nosotros estamos muy agradecidos a MJ por el trato que nos dispensó y la atención que nos prestó a pesar del mucho trabajo que tenía. Muchas gracias por todo.
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La granja de conejos

Tenía pendiente desde hace un tiempo una entrada dedicada a la visita que hicimos este verano a una granja de conejos. No vayáis a pensar que es una actividad que teníamos previsto realizar por algún motivo en concreto, sino que salió así, de forma totalmente improvisada.

Como os decía en esta entrada, Matteo estuvo trabajando un tiempo en una granja de conejos, propiedad de MJ que, no os lo vais a creer, es seguidora de este blog. Al parecer, estaban un día hablando Matteo y MJ cuando ésta le comentó que seguía un blog de un tipo que tenía unos cuantos hijos, que explicaba cosas de su familia y … Matteo empezó a atar cabos y le dijo que lo conocía. ¡El mundo es un pañuelo!

A los pequeños les hacía mucha gracia visitar esa granja en la que trabajaba Matteo y, tras comentarlo con MJ, fijamos un día. Al llegar a la granja, unas naves industriales alejadas de cualquier núcleo urbano, la buena de MJ nos tenía preparado un desayuno que hizo que los niños estuvieran encantados. Ahí charlamos un rato y comentamos la casualidad de que conociera este blog. Como se dice por estos lares, nos desvirtualizamos.

Entramos en la primera de las naves y comprobamos que estaba llena de jaulas con un conejo cada una de ellas. Eran las jaulas de las madres. Cada ‘x’ tiempo venían de una empresa para inseminarlas. No, no era una empresa de conejos macho, sino que un veterinario, jeringuilla en mano, se dedicaba a visitarlas una a una. Una trabajera, vamos.

Jaulas en una de las naves

Al cabo de un mes aproximadamente -y todas a la vez- se ponían a parir como conejas y si tenemos en cuenta que cada coneja pare entre 3 y 12 gazapos, podéis imaginaros la que se monta allí. Para los que seáis tan o más de piso que yo, os pongo una foto de conejos con 1 día de vida para que sepáis diferenciarlos de un osito de gominola.


Conejos reciuén nacidos

Después siguen creciendo y ya se juntan a varios de los conejos jóvenes en una jaula. Cuando tienen una edad determinada (no recuerdo cuál) ya están listos para ser vendidos. Imagino que no hace falta explicar el destino de estos animales. Os daré una pista: no suelen verse en las tiendas de mascotas, sino más bien en expositores de supermercados con un aspecto muy diferente a éste:
Conejos jóvenes

Lo que más me llamó la atención y por desgracia soy incapaz de recordar, eran los datos relativos a los kilos de pienso que cada mes se jalaban estos conejos, o el gasto de refrigeración de las naves, o el precio que le pagan a MJ por cada conejo. Lo que sí recuerdo es que me quedé con la sensación de que es un trabajo muy duro y poco recompensado … sí, es verdad, como la gran mayoría. Los pequeños disfrutaron mucho con la visita y nosotros estamos muy agradecidos a MJ por el trato que nos dispensó y la atención que nos prestó a pesar del mucho trabajo que tenía. Muchas gracias por todo.
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Boolino Book (1): Cuentos con beso para las buenas noches

Desde que M. era muy pequeño, mi mujer y yo siempre hemos incentivado su relación con los libros. Hemos pasado muchas tardes con él en la biblioteca, rebuscando entre las lecturas más adecuadas para su edad, pero también hemos intentado que, en épocas de regalos, recibiera algún libro.
Y lo cierto es que siempre ha respondido muy bien a ello. Más allá del momento de intimidad que se crea cuando nos sentamos junto a él para contarle un cuento, a M. siempre le han fascinado las historias (en cualquier formato). De hecho, a medida que se ido haciendo mayor, hemos visto cómo intenta reconstruir los cuentos que ya conoce a partir de las ilustraciones, e incluso cómo empieza a elaborar historias en las que (de forma puramente instintiva, claro) utiliza estructuras de cuento.
Así que, cuando, a través de Madresfera, llegó a mis oídos la oferta de Boolino de reseñar algunos de sus libros infantiles, no dudé ni un momento en abrazar la oportunidad de abrir nueva sección en este blog con ese fin. Y la cara de felicidad de M. cuando llegó mi primera elección, Cuentos con beso paralas buenas noches, me hizo ver de inmediato que había sido una buena decisión.
La edición del libro, hay que reconocérselo a Alfaguara, es preciosa. El formato cuadrado (220 x 220 mm) es manejable y cómodo para llevar a la cama; el encuadernado parece sólido; y las (preciosas) ilustraciones de Almudena Aparicio llenan de color todas las páginas, haciéndolo muy atractivo para los niños.
Hay un total de 16 cuentos, de extensión y de estilo muy variado. Los textos se caracterizan por la imaginación y el sentido del humor de su autora, Vanesa Pérez-Sauquillo, lo que se complementa a la perfección con un cuidadísimo trabajo de maquetación, en el que, en cada página, destaca alguna frase en un tipo de letra y color mucho más llamativo: así se rompe la monotonía visual y se añaden agradecidas notas de color. En esa misma línea funcionan los dibujos de Aparicio, de trazo sencillo y agradable, muy expresivos y coloridos, que complementan con mucha eficacia la narración de las historias.

Pero, más allá de su capacidad de entretener, los cuentos de Pérez-Sauquillo también intentan, de forma sutil, divertida, romper los estereotipos (sobre todo los de género), impulsando a los niños a mirar de forma crítica los comportamientos y las actitudes que, socialmente, suelen considerarse “correctas”. La autora incita a sus pequeños lectores, en otras palabras, a sentirse libres, a despojarse de corsés y a ser espontáneos.
Uno de los detalles que, personalmente, me parecen más interesantes de Cuentos con beso paras las buenas noches es que, aunque puede leerse como una recopilación convencional de relatos para niños, también tiene un aspecto digamos “interactivo”: en cada historia hay un beso más o menos camuflado, y se puede jugar con el pequeño lector a que sea capaz de reconocerlo/encontrarlo. Es una manera muy inteligente de incentivar la relectura y sacarle un mayor rendimiento al libro.
Eso sí, en el caso de M. (que tiene cuatro años y medio), el lenguaje de una parte de los cuentos le resulta todavía algo complicado. Algunos le han gustado mucho, pero otros no acaba de captarlos del todo, así que yo lo recomendaría para niños un pelín más mayores, que entenderán mucho mejor los textos (y los disfrutarán más).
En todo caso, se trata de una lectura muy recomendable, sobre todo para los niños que, como M., se han acostumbrado a escuchar un cuento (o varios) antes de irse a la cama.

Autoras: Vanesa Pérez-Sauquillo (textos), Almudena Aparicio (ilustraciones)
Editorial: Alfaguara
Formato: Tapa dura
Páginas: 104
Edad: +4
Precio: 12,95 € (eBook 3,99 €)

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Boolino Book (1): Cuentos con beso para las buenas noches

Desde que M. era muy pequeño, mi mujer y yo siempre hemos incentivado su relación con los libros. Hemos pasado muchas tardes con él en la biblioteca, rebuscando entre las lecturas más adecuadas para su edad, pero también hemos intentado que, en épocas de regalos, recibiera algún libro.
Y lo cierto es que siempre ha respondido muy bien a ello. Más allá del momento de intimidad que se crea cuando nos sentamos junto a él para contarle un cuento, a M. siempre le han fascinado las historias (en cualquier formato). De hecho, a medida que se ido haciendo mayor, hemos visto cómo intenta reconstruir los cuentos que ya conoce a partir de las ilustraciones, e incluso cómo empieza a elaborar historias en las que (de forma puramente instintiva, claro) utiliza estructuras de cuento.
Así que, cuando, a través de Madresfera, llegó a mis oídos la oferta de Boolino de reseñar algunos de sus libros infantiles, no dudé ni un momento en abrazar la oportunidad de abrir nueva sección en este blog con ese fin. Y la cara de felicidad de M. cuando llegó mi primera elección, Cuentos con beso paralas buenas noches, me hizo ver de inmediato que había sido una buena decisión.
La edición del libro, hay que reconocérselo a Alfaguara, es preciosa. El formato cuadrado (220 x 220 mm) es manejable y cómodo para llevar a la cama; el encuadernado parece sólido; y las (preciosas) ilustraciones de Almudena Aparicio llenan de color todas las páginas, haciéndolo muy atractivo para los niños.
Hay un total de 16 cuentos, de extensión y de estilo muy variado. Los textos se caracterizan por la imaginación y el sentido del humor de su autora, Vanesa Pérez-Sauquillo, lo que se complementa a la perfección con un cuidadísimo trabajo de maquetación, en el que, en cada página, destaca alguna frase en un tipo de letra y color mucho más llamativo: así se rompe la monotonía visual y se añaden agradecidas notas de color. En esa misma línea funcionan los dibujos de Aparicio, de trazo sencillo y agradable, muy expresivos y coloridos, que complementan con mucha eficacia la narración de las historias.

Pero, más allá de su capacidad de entretener, los cuentos de Pérez-Sauquillo también intentan, de forma sutil, divertida, romper los estereotipos (sobre todo los de género), impulsando a los niños a mirar de forma crítica los comportamientos y las actitudes que, socialmente, suelen considerarse “correctas”. La autora incita a sus pequeños lectores, en otras palabras, a sentirse libres, a despojarse de corsés y a ser espontáneos.
Uno de los detalles que, personalmente, me parecen más interesantes de Cuentos con beso paras las buenas noches es que, aunque puede leerse como una recopilación convencional de relatos para niños, también tiene un aspecto digamos “interactivo”: en cada historia hay un beso más o menos camuflado, y se puede jugar con el pequeño lector a que sea capaz de reconocerlo/encontrarlo. Es una manera muy inteligente de incentivar la relectura y sacarle un mayor rendimiento al libro.
Eso sí, en el caso de M. (que tiene cuatro años y medio), el lenguaje de una parte de los cuentos le resulta todavía algo complicado. Algunos le han gustado mucho, pero otros no acaba de captarlos del todo, así que yo lo recomendaría para niños un pelín más mayores, que entenderán mucho mejor los textos (y los disfrutarán más).
En todo caso, se trata de una lectura muy recomendable, sobre todo para los niños que, como M., se han acostumbrado a escuchar un cuento (o varios) antes de irse a la cama.

Autoras: Vanesa Pérez-Sauquillo (textos), Almudena Aparicio (ilustraciones)
Editorial: Alfaguara
Formato: Tapa dura
Páginas: 104
Edad: +4
Precio: 12,95 € (eBook 3,99 €)

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Humo

Volvimos ayer de una semanita por España visitando a familia y amigos. Por supuesto, llevamos a la peque para que sus tíos y los bisabuelos pudiesen disfrutar un poco con ella. Y por supuesto, como todas las otras veces que hemos ido, ha habido bronca por el humo.
A la hora de ver a la peque solo tenemos dos normas que pedimos cumplir a rajatabla:
  1. Si hay demasiada gente montando bulla y la peque se pone nerviosa, nos la llevamos a otro sitio hasta que se calme.
  2. Si alguien ha fumado recientemente y huele a tabaco, no puede coger al bebé.

Creo que son dos reglas muy sencillas y bastante de sentido común. La primera estaba pensada, sobre todo, para cuando era especialmente pequeña. Ahora ya con ocho meses disfruta mucho de que la gente le diga monerías. Pero la segunda… La segunda siempre nos provoca peleas. Cada vez que hemos ido a España hemos tenido por lo menos a dos familiares apestando a humazo de tabaco e insistiendo en querer coger en brazos al bebé. A lo cual nos hemos opuesto diametralmente.

«Hay que ver cómo sois, si no es para tanto.»

Esa es la frase que me he hinchado a escuchar una y otra vez. Resulta que el malo de la película soy yo por no dejarles coger a la niña. No ellos, por venir apestando a tabaco (probablemente se habrán fumado el último en el portal de casa antes de subir) e insistir. No ellos por darle más importancia a su cigarro que a mi hija. No ellos por no pensar en la salud de la peque antes que en su vicio. No, el malo soy yo por no querer que mi hija acabe con el olor del tabaco impregnado por todo el cuerpo, o por querer protegerla de un elemento cancerígeno tanto como esté en mi mano.

Pues lo siento mucho, pero en ese campo me niego a ceder. Así que sí, hay que ver cómo soy. Soy un padre preocupado por la salud de su hija, y con tolerancia cero al tabaco cuando ella está por medio. Y si a alguien eso le parece mal, la solución es fácil. Que no vengan a verla y se queden en su casa, fumándose sus queridos cigarros.

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Humo

Volvimos ayer de una semanita por España visitando a familia y amigos. Por supuesto, llevamos a la peque para que sus tíos y los bisabuelos pudiesen disfrutar un poco con ella. Y por supuesto, como todas las otras veces que hemos ido, ha habido bronca por el humo.
A la hora de ver a la peque solo tenemos dos normas que pedimos cumplir a rajatabla:
  1. Si hay demasiada gente montando bulla y la peque se pone nerviosa, nos la llevamos a otro sitio hasta que se calme.
  2. Si alguien ha fumado recientemente y huele a tabaco, no puede coger al bebé.

Creo que son dos reglas muy sencillas y bastante de sentido común. La primera estaba pensada, sobre todo, para cuando era especialmente pequeña. Ahora ya con ocho meses disfruta mucho de que la gente le diga monerías. Pero la segunda… La segunda siempre nos provoca peleas. Cada vez que hemos ido a España hemos tenido por lo menos a dos familiares apestando a humazo de tabaco e insistiendo en querer coger en brazos al bebé. A lo cual nos hemos opuesto diametralmente.

«Hay que ver cómo sois, si no es para tanto.»

Esa es la frase que me he hinchado a escuchar una y otra vez. Resulta que el malo de la película soy yo por no dejarles coger a la niña. No ellos, por venir apestando a tabaco (probablemente se habrán fumado el último en el portal de casa antes de subir) e insistir. No ellos por darle más importancia a su cigarro que a mi hija. No ellos por no pensar en la salud de la peque antes que en su vicio. No, el malo soy yo por no querer que mi hija acabe con el olor del tabaco impregnado por todo el cuerpo, o por querer protegerla de un elemento cancerígeno tanto como esté en mi mano.

Pues lo siento mucho, pero en ese campo me niego a ceder. Así que sí, hay que ver cómo soy. Soy un padre preocupado por la salud de su hija, y con tolerancia cero al tabaco cuando ella está por medio. Y si a alguien eso le parece mal, la solución es fácil. Que no vengan a verla y se queden en su casa, fumándose sus queridos cigarros.

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6 Formas de Participar en el Embarazo como Padres

Hasta hace no mucho tiempo, el rol del padre durante el embarazo era completamente secundario por razones que parecían evidentes: la madre es quien lleva el bebé en su interior, quien sufre los dolores y síntomas del embarazo, quien da a luz, quien amamanta al bebé luego de nacer, entre muchas más cosas.Recientemente, esta visión ha cambiado mucho de lo que era hace unos años y los hombres nos preguntamos ¿cuál es mi rol como padre […]

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Larga vida a la enfermería

Siempre recordaré una de mis primeras guardias como residente. Eran las 4 de la madrugada y el teléfono de la habitación de guardia sonó para advertirme que había llegado un paciente. Con los nervios y la incertidumbre del «pediatra en prácticas», me dirigí al servicio de urgencias. A medida que me iba acercando al lugar de los hechos, un extraño sonido ,entre lo humano y lo animal, se iba haciendo más patente. Al entrar en el servicio, Rosi, una de las enfermeras más experimentadas me dijo con cariño «Es la típica laringitis estridulosa. Ya le he puesto la nebulización de budesonida. ¿Quieres que haga alguna cosa más?» Lo cierto es que solo me faltó decirle «Sí, abrazarme fuerte y decirme que está todo controlado». Bromas a parte, lo cierto es que aquella noche supe que el colectivo de enfermería iba a ser un pilar importante para mi formación como pediatra. Y así fue. Durante los años como médico residente aprendí muchísimo de mis compañeras de enfermería, tanto en el aspecto asistencial como en la parte humana. Una vez terminada la residencia, enfermeras y enfermeros han sido parte fundamental en mi desarrollo y consolidación profesional hasta el punto de confiar en ellos, en sus conocimientos, en su intuición, más que en algún que otro facultativo endiosado y poseedor de la verdad absoluta. 
*
Estos días están siendo difíciles para el colectivo enfermero. Un Real Decreto recién salido del horno limita la prescripción de enfermería dificultando así la labor de nuestras compañeras en el proceso asistencial, proceso del cual son el hilo conductor (profesional y humano) desde que el paciente entra por la puerta del hospital o centro de salud hasta que es dado de alta. Por otro lado, este fin de semana y después de años de incertidumbre,la enfermería pediátrica ha opositado al título de especialista. Un examen convocado tarde y mal ha hecho que centenares de excelentes profesionales se jueguen el título de enfermera/o pediátrica/o en un todo o nada sin sentido. Además, parece que el contenido de la prueba no solo no se adecuaba al contenido de la especialidad si no que parecía elaborado por hobbits o personajes de Crónicas de Narnia (Jordi dixit). Sirvan estos hechos para constatar, o al menos sospechar, el poco peso que,a pesar del esfuerzo el colectivo enfermero tiene dentro de la sanidad del país. Craso error. A quien corresponda, que rectifique.

*Imagen extraída del blog http://www.enfermeriaymascosas.com

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Larga vida a la enfermería

Siempre recordaré una de mis primeras guardias como residente. Eran las 4 de la madrugada y el teléfono de la habitación de guardia sonó para advertirme que había llegado un paciente. Con los nervios y la incertidumbre del «pediatra en prácticas», me dirigí al servicio de urgencias. A medida que me iba acercando al lugar de los hechos, un extraño sonido ,entre lo humano y lo animal, se iba haciendo más patente. Al entrar en el servicio, Rosi, una de las enfermeras más experimentadas me dijo con cariño «Es la típica laringitis estridulosa. Ya le he puesto la nebulización de budesonida. ¿Quieres que haga alguna cosa más?» Lo cierto es que solo me faltó decirle «Sí, abrazarme fuerte y decirme que está todo controlado». Bromas a parte, lo cierto es que aquella noche supe que el colectivo de enfermería iba a ser un pilar importante para mi formación como pediatra. Y así fue. Durante los años como médico residente aprendí muchísimo de mis compañeras de enfermería, tanto en el aspecto asistencial como en la parte humana. Una vez terminada la residencia, enfermeras y enfermeros han sido parte fundamental en mi desarrollo y consolidación profesional hasta el punto de confiar en ellos, en sus conocimientos, en su intuición, más que en algún que otro facultativo endiosado y poseedor de la verdad absoluta. 
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Estos días están siendo difíciles para el colectivo enfermero. Un Real Decreto recién salido del horno limita la prescripción de enfermería dificultando así la labor de nuestras compañeras en el proceso asistencial, proceso del cual son el hilo conductor (profesional y humano) desde que el paciente entra por la puerta del hospital o centro de salud hasta que es dado de alta. Por otro lado, este fin de semana y después de años de incertidumbre,la enfermería pediátrica ha opositado al título de especialista. Un examen convocado tarde y mal ha hecho que centenares de excelentes profesionales se jueguen el título de enfermera/o pediátrica/o en un todo o nada sin sentido. Además, parece que el contenido de la prueba no solo no se adecuaba al contenido de la especialidad si no que parecía elaborado por hobbits o personajes de Crónicas de Narnia (Jordi dixit). Sirvan estos hechos para constatar, o al menos sospechar, el poco peso que,a pesar del esfuerzo el colectivo enfermero tiene dentro de la sanidad del país. Craso error. A quien corresponda, que rectifique.

*Imagen extraída del blog http://www.enfermeriaymascosas.com

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5 Consejos Para La Estimulación Temprana De La Inteligencia De Tus Hijos

Si te estás uniendo a la aventura de la paternidad, probablemente te hayas preguntado cómo puedes ayudar a tus hijos a estimular su inteligencia y sus capacidades. Hay que admitirlo, todos los padres queremos que nuestros hijos sean exitosos y alcancen sus metas personales, bien sea tener una familia, obtener el trabajo de sus sueños, ser estrellas de la música o simplemente conseguir el amor en sus vidas. Para ello, tienen que ser curiosos, […]

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