Un día volveré

Pero bueno, olvidémonos del ministro Wert y centrémonos en la basura estrictamente dicha: en la basura depositada en el Punt Verd, la desechería urbana en la que los barceloneses depositan sus trastos reutilizables y en la que, como ya expliqué hace unos meses, me proveo de todo tipo de libros que, por si fuera poco, después leo. Acudir al Punt Verd me evita tener que pasar por las librerías al uso y bla bla bla. No me repetiré, todo eso ya está explicado en otro post.

El caso es que mi última adquisición en el Punt Verd, ayer mismo, es una edición de Un día volveré, de Juan Marsé, autor que suele satisfacerme (no siempre, pero eso ni Messi) y que, sorprendentemente, aparece con frecuencia entre los libros de la desechería. ¿Por qué? Tengo varias teorías: una, es un autor de cierto prestigio que se regala mucho a gente que no lee y que con él tiempo se libra de ese molesto obsequio. Dos, es un autor que ya lleva muchos años vendiéndose bien y, por ley de vida, ya tiene seguidores que empiezan a morirse, con lo que sus herederos aprovechan para liquidar sus bibliotecas. Tres, es un autor que se vende bien pero se lee poco, con lo que sus libros, con el tiempo, acaban molestando en casa. No sé, es posible que la explicación sea otra, o una mezcla de mis tres teorías.

Lo cierto es que ayer, al llegar feliz a casa con mi amarillenta edición de Un día volveré y empezar a hojearlo, tuve que decir ¡coño! varias veces al descubrir que acababa de conseguir un libro firmado por el propio Marsé en persona. En la primera página, como se acostumbra a firmar los libros: “Para Montse con afecto de su amigo, Juan Marsé. 1982”. Nunca sabré quién es o quién fue Montse (la oscura historia de la prima Montse, pensé enseguida, por supuesto) y por qué triste circunstancia su libro acabó en el Punt Verd. Supongo, en realidad, que la firma de Marsé es una de las miles que el autor habrá tenido que hacer en sus actos promocionales a lo largo de los años. Y, en realidad, tampoco me hace más feliz tener un libro firmado por él: soy bastante mitómano, pero no de esa calaña. Que yo recuerde, sólo he pedido tres o cuatro autógrafos y de eso hace una eternidad: a un par de viejas glorias del Barça y al doctor Cabeza, que fue presidente del Atlético de Madrid hace unas décadas y que se hizo célebre por su extravagante comportamiento. Le pedí la firma en un barco, en el anvés de un prospecto de Primperán -lo único que tenía a mano- y ambos, creo, estábamos como mínimo alegres.

Ahora me pongo a leer Un día volveré, pero me despido con una rica anécdota que leí no recuerdo dónde y que no sé si ya conté en este mismo blog. Asegura la leyenda que se hallaba Juan Marsé en unos grandes almacenes presentando su último libro. Le habían sentado ante una mesa, casi oculto por una pila de ediciones del libro en cuestión, para que se los firmara a sus incondicionales. Pero el caso es que pasaban los minutos y apenas se había acercado nadie. Al final, una señora se plantó ante Marsé y le preguntó:

-¿Cuánto vale?

-¿El libro? –dijo Marsé- No lo sé exactamente, ahora se lo pregunto y se lo digo.

-No, el libro no. La mesa -cortó la señora.

Read more

Un día volveré

Pero bueno, olvidémonos del ministro Wert y centrémonos en la basura estrictamente dicha: en la basura depositada en el Punt Verd, la desechería urbana en la que los barceloneses depositan sus trastos reutilizables y en la que, como ya expliqué hace unos meses, me proveo de todo tipo de libros que, por si fuera poco, después leo. Acudir al Punt Verd me evita tener que pasar por las librerías al uso y bla bla bla. No me repetiré, todo eso ya está explicado en otro post.

El caso es que mi última adquisición en el Punt Verd, ayer mismo, es una edición de Un día volveré, de Juan Marsé, autor que suele satisfacerme (no siempre, pero eso ni Messi) y que, sorprendentemente, aparece con frecuencia entre los libros de la desechería. ¿Por qué? Tengo varias teorías: una, es un autor de cierto prestigio que se regala mucho a gente que no lee y que con él tiempo se libra de ese molesto obsequio. Dos, es un autor que ya lleva muchos años vendiéndose bien y, por ley de vida, ya tiene seguidores que empiezan a morirse, con lo que sus herederos aprovechan para liquidar sus bibliotecas. Tres, es un autor que se vende bien pero se lee poco, con lo que sus libros, con el tiempo, acaban molestando en casa. No sé, es posible que la explicación sea otra, o una mezcla de mis tres teorías.

Lo cierto es que ayer, al llegar feliz a casa con mi amarillenta edición de Un día volveré y empezar a hojearlo, tuve que decir ¡coño! varias veces al descubrir que acababa de conseguir un libro firmado por el propio Marsé en persona. En la primera página, como se acostumbra a firmar los libros: “Para Montse con afecto de su amigo, Juan Marsé. 1982”. Nunca sabré quién es o quién fue Montse (la oscura historia de la prima Montse, pensé enseguida, por supuesto) y por qué triste circunstancia su libro acabó en el Punt Verd. Supongo, en realidad, que la firma de Marsé es una de las miles que el autor habrá tenido que hacer en sus actos promocionales a lo largo de los años. Y, en realidad, tampoco me hace más feliz tener un libro firmado por él: soy bastante mitómano, pero no de esa calaña. Que yo recuerde, sólo he pedido tres o cuatro autógrafos y de eso hace una eternidad: a un par de viejas glorias del Barça y al doctor Cabeza, que fue presidente del Atlético de Madrid hace unas décadas y que se hizo célebre por su extravagante comportamiento. Le pedí la firma en un barco, en el anvés de un prospecto de Primperán -lo único que tenía a mano- y ambos, creo, estábamos como mínimo alegres.

Ahora me pongo a leer Un día volveré, pero me despido con una rica anécdota que leí no recuerdo dónde y que no sé si ya conté en este mismo blog. Asegura la leyenda que se hallaba Juan Marsé en unos grandes almacenes presentando su último libro. Le habían sentado ante una mesa, casi oculto por una pila de ediciones del libro en cuestión, para que se los firmara a sus incondicionales. Pero el caso es que pasaban los minutos y apenas se había acercado nadie. Al final, una señora se plantó ante Marsé y le preguntó:

-¿Cuánto vale?

-¿El libro? –dijo Marsé- No lo sé exactamente, ahora se lo pregunto y se lo digo.

-No, el libro no. La mesa -cortó la señora.

Read more

Comidas – ¡Que coman de todo!

Al cabo de tres años de ser papás, mi esposa y Yo hemos logrado (creo) que nuestra hija como casi de todo pero este esfuerzo empezó desde sus primeros alimentos. Con la ayuda y consejos de amigos y familiares así como con la asesoría de su pediatra empezamos dándole poco a poco sus primeros alimento cosas muy elementales como el zapallo, manzana, plátano, etc… y después fuimos introduciendo las verduras. Por supuesto todo cocido tal como: arverjitas, zanahoria, vainitas, brócoli, poro (en las sopas), espinaca y huevo… y finalmente las carnes como de pollo, de res, de pavo y algo de cuy y pescado; pero también hígado que es importantísimo para su crecimiento.
Digamos que empezamos con los básicos y luego fuimos mezclando todo y al empezar de aquella manera ella fue asimilando todo de buena gana. No sé si necesariamente todo se debe a la nutrición pero nuestra hija no baja del percentil 95 desde que nació y a sus casi 3 años ya pasó el metro, tiene un coeficiente intelectual de 140 y la mentalidad de una niña de 4.3 años.
Más allá de los beneficios de una buena alimentación evitando las soluciones fáciles pero nada saludables como las papitas fritas (ya sean en bolsa o de restaurantes de comida rápida), golosinas en exceso, mucho pan, chocolate, etc… siempre hemos tratado que pruebe de todo con moderación y, cuando ya tuvo edad, que empezara a comer lo mismo que nosotros pedíamos. Por ejemplo, durante el verano pasado varias veces nos pidió que le invitáramos nuestra Leche de Tigre (la que pedimos sin ají por supuesto) asimismo también disfruta de las alitas a la parrilla en salsa oriental o algunos rolls.
En particular Yo, me preocupe que desarrolle cierto gusto por el queso (que a mi también me encanta) ya ahora no puede comer sus fideos al pesto sin su queso parmesano.
Lo cierto es (creo) que como, tanto mi mujer como yo, disfrutamos de la comida, ella se contagió de esa sensación haciendo a este momento algo especial y divertido, no una experiencia aburrida o traumática. Creo que por ahí va la cosa.
Sin embargo, no creo que lo anterior funcione si es que nosotros como Papás no hacemos el esfuerzo de comer aquellos alimentos que sabemos son beneficiosos para nuestros hijos… aunque no nos gusten del todo a nosotros mismos. 
El brócoli (que nos encanta) es un claro ejemplo de aquello y es la pesadilla para muchos papás; sin embargo es una de las verduras favoritas de mi hija e incluso la lleva a nido como merienda junto con vainitas sancochadas, atun con cebollita, limón y galletitas de soda o huevos de codorniz, manzana rayada o mandarina. Mientras que nuestra pequeña comparte el salón con otros niños que llevan papitas, quequitos, galletas dulces y jugo envasado, ella a sabido mantener sus hábitos alimenticios ya que desde casa se los inculcamos y ella lo disfruta también.
Otro consejo: agua mucha agua siempre.
Soufleé de atun con brócoli, espinaca y vainitas. Uno de los favoritos de mi enana
Read more

Comidas – ¡Que coman de todo!

Al cabo de tres años de ser papás, mi esposa y Yo hemos logrado (creo) que nuestra hija como casi de todo pero este esfuerzo empezó desde sus primeros alimentos. Con la ayuda y consejos de amigos y familiares así como con la asesoría de su pediatra empezamos dándole poco a poco sus primeros alimento cosas muy elementales como el zapallo, manzana, plátano, etc… y después fuimos introduciendo las verduras. Por supuesto todo cocido tal como: arverjitas, zanahoria, vainitas, brócoli, poro (en las sopas), espinaca y huevo… y finalmente las carnes como de pollo, de res, de pavo y algo de cuy y pescado; pero también hígado que es importantísimo para su crecimiento.
Digamos que empezamos con los básicos y luego fuimos mezclando todo y al empezar de aquella manera ella fue asimilando todo de buena gana. No sé si necesariamente todo se debe a la nutrición pero nuestra hija no baja del percentil 95 desde que nació y a sus casi 3 años ya pasó el metro, tiene un coeficiente intelectual de 140 y la mentalidad de una niña de 4.3 años.
Más allá de los beneficios de una buena alimentación evitando las soluciones fáciles pero nada saludables como las papitas fritas (ya sean en bolsa o de restaurantes de comida rápida), golosinas en exceso, mucho pan, chocolate, etc… siempre hemos tratado que pruebe de todo con moderación y, cuando ya tuvo edad, que empezara a comer lo mismo que nosotros pedíamos. Por ejemplo, durante el verano pasado varias veces nos pidió que le invitáramos nuestra Leche de Tigre (la que pedimos sin ají por supuesto) asimismo también disfruta de las alitas a la parrilla en salsa oriental o algunos rolls.
En particular Yo, me preocupe que desarrolle cierto gusto por el queso (que a mi también me encanta) ya ahora no puede comer sus fideos al pesto sin su queso parmesano.
Lo cierto es (creo) que como, tanto mi mujer como yo, disfrutamos de la comida, ella se contagió de esa sensación haciendo a este momento algo especial y divertido, no una experiencia aburrida o traumática. Creo que por ahí va la cosa.
Sin embargo, no creo que lo anterior funcione si es que nosotros como Papás no hacemos el esfuerzo de comer aquellos alimentos que sabemos son beneficiosos para nuestros hijos… aunque no nos gusten del todo a nosotros mismos. 
El brócoli (que nos encanta) es un claro ejemplo de aquello y es la pesadilla para muchos papás; sin embargo es una de las verduras favoritas de mi hija e incluso la lleva a nido como merienda junto con vainitas sancochadas, atun con cebollita, limón y galletitas de soda o huevos de codorniz, manzana rayada o mandarina. Mientras que nuestra pequeña comparte el salón con otros niños que llevan papitas, quequitos, galletas dulces y jugo envasado, ella a sabido mantener sus hábitos alimenticios ya que desde casa se los inculcamos y ella lo disfruta también.
Otro consejo: agua mucha agua siempre.
Soufleé de atun con brócoli, espinaca y vainitas. Uno de los favoritos de mi enana
Read more

Adiós Uci, Adiós

El martes fuimos a la UCI a nuestro aspirado de Médula. La verdad es que un poco tarde, a eso de las 7. Se nos había olvidado lo que agota ese lugar. Es como si absorbiera la energía que llevas dentro y te empaparas de pesadumbre de algo que no ves en el entorno. La sensación es rara,  cuando llevas allí 30 minutos parece que en tu cuerpo han pasado 3 horas recibiendo golpes.
Es extraño, siempre nos ha pasado, se nos había olvidado y volvimos a darnos cuenta de lo que habíamos ganado al no tener que ir cada semana o cada més. Cuando paramos a pensar nos dimos cuenta de que llevábamos 6 meses sin visitarla.

Así que, a lo Michael Jackson, a Guzmán le pusieron propofol de anestesia general, punción para arriba y para abajo y costó despertar. Este pretendía ya empalmar la noche.

3 horas después de entrar salíamos por la puerta. Y a pesar del agotamiento de que parecía que habíamos estado 3 noches sin dormir en lugar de 3 horas ahí… ¡que sensación salir por la puerta!

Parece que fue ayer cuando íbamos todas las semanas.

Y el martes, después de tan poco tiempo y de tanto a la vez dijimos por fin adiós uci, adiós.

Lo grande llegó ayer cuando recibí este gran mensaje por teléfono. Que palabras tan escuetas, cuanto significado en ellas. Cuantas emociones dentro. Cuanto vivido. Cuanto crecido. Cuanto perdido. Y cuanto ganado.

Gracias a todos los que habéis estado ahí, esto sin vosotros, estoy convencido que no se habría conseguido. Gracias por los viernes de Encarna, gracias por vuestros rezos, vuestras lágrimas, vuestra ilusión, vuestros comentarios, vuestras visualizaciones de rizos rubios corriendo y vuestra energía positiva.
Hoy me acuerdo mucho de los que no lo han conseguido. Han estado y siguen estando muy presentes en nuestra vida. Muy especialmente de Huguito. Tu sonrisa nos acompañará toda la vida.
Estoy completamente seguro que viviremos el día que la investigación consiga que ningún niño se quede por este tortuoso camino.

Read more

Adiós Uci, Adiós

El martes fuimos a la UCI a nuestro aspirado de Médula. La verdad es que un poco tarde, a eso de las 7. Se nos había olvidado lo que agota ese lugar. Es como si absorbiera la energía que llevas dentro y te empaparas de pesadumbre de algo que no ves en el entorno. La sensación es rara,  cuando llevas allí 30 minutos parece que en tu cuerpo han pasado 3 horas recibiendo golpes.
Es extraño, siempre nos ha pasado, se nos había olvidado y volvimos a darnos cuenta de lo que habíamos ganado al no tener que ir cada semana o cada més. Cuando paramos a pensar nos dimos cuenta de que llevábamos 6 meses sin visitarla.

Así que, a lo Michael Jackson, a Guzmán le pusieron propofol de anestesia general, punción para arriba y para abajo y costó despertar. Este pretendía ya empalmar la noche.

3 horas después de entrar salíamos por la puerta. Y a pesar del agotamiento de que parecía que habíamos estado 3 noches sin dormir en lugar de 3 horas ahí… ¡que sensación salir por la puerta!

Parece que fue ayer cuando íbamos todas las semanas.

Y el martes, después de tan poco tiempo y de tanto a la vez dijimos por fin adiós uci, adiós.

Lo grande llegó ayer cuando recibí este gran mensaje por teléfono. Que palabras tan escuetas, cuanto significado en ellas. Cuantas emociones dentro. Cuanto vivido. Cuanto crecido. Cuanto perdido. Y cuanto ganado.

Gracias a todos los que habéis estado ahí, esto sin vosotros, estoy convencido que no se habría conseguido. Gracias por los viernes de Encarna, gracias por vuestros rezos, vuestras lágrimas, vuestra ilusión, vuestros comentarios, vuestras visualizaciones de rizos rubios corriendo y vuestra energía positiva.
Hoy me acuerdo mucho de los que no lo han conseguido. Han estado y siguen estando muy presentes en nuestra vida. Muy especialmente de Huguito. Tu sonrisa nos acompañará toda la vida.
Estoy completamente seguro que viviremos el día que la investigación consiga que ningún niño se quede por este tortuoso camino.

Read more

¡Qué edad más bonita!

Llevábamos unos meses sin escribir en el blog, pero no por falta de ganas ni de experiencias que compartir, sino porque tenemos tantas ocupaciones que no conseguimos parar un rato para dedicarle tiempo. Y una de estas ocupaciones, mejor dicho, dos de estas ocupaciones son nuestras hijas.

Niños realizando una importante investigación
Sara empezó ya el cole “de mayores”, y las dudas y miedos iniciales se van convirtiendo en ilusiones nuevas, muchos amigos y ganas de aprender y descubrir. Su emoción por aprender los números y contar, y también por conocer las letras, contarlas y ordenarlas nos recuerda que la capacidad de aprender que tiene ahora no la volverá a tener cuando vaya creciendo. Aunque a veces resulta cansado es muy divertido buscar respuesta para las preguntas que nos lanza sin parar, y no todas sencillas, por cierto.

Y cuando la vemos como canta y baila, por la calle y en casa, y lo contenta y sonriente que va siempre nos decimos por lo bajo: ¡Qué edad más bonita!

Luego viene Cristina, que con 18 meses repite todo lo que le oye a su hermana, con ese lenguaje tan divertido que tienen los pequeños. Apenas hace 3 meses que se soltó a andar, pero ya le gusta saltar en la cama (sa-tá, en su idioma), trepar el sofá para apagarnos la luz (su-bí), hacer volteretas en la cuna (lo aprendió imitando a la hermana) y subirse a la sillita para ver como cocinamos (a-í-ba). Va dejando atrás su etapa de bebé, y empieza a marcar su personalidad y a ocupar un lugar muy claro en la familia.

Y cuando la vemos echarse encima de su hermana, reír a carcajadas, o la escuchamos cantar el cumpleaños feliz y otras canciones caseras, nos decimos por lo bajo: ¡Qué edad más bonita!

Es cierto, cada edad es tan distinta y crecen tan rápido, que parece que si parpadeas te vas a perder los avances, así que intentamos disfrutar de cada día, acompañarlas y crecer con ellas, y ser conscientes del momento tan especial que supone cada etapa de la infancia.
Read more

¡Qué edad más bonita!

Llevábamos unos meses sin escribir en el blog, pero no por falta de ganas ni de experiencias que compartir, sino porque tenemos tantas ocupaciones que no conseguimos parar un rato para dedicarle tiempo. Y una de estas ocupaciones, mejor dicho, dos de estas ocupaciones son nuestras hijas.

Niños realizando una importante investigación
Sara empezó ya el cole “de mayores”, y las dudas y miedos iniciales se van convirtiendo en ilusiones nuevas, muchos amigos y ganas de aprender y descubrir. Su emoción por aprender los números y contar, y también por conocer las letras, contarlas y ordenarlas nos recuerda que la capacidad de aprender que tiene ahora no la volverá a tener cuando vaya creciendo. Aunque a veces resulta cansado es muy divertido buscar respuesta para las preguntas que nos lanza sin parar, y no todas sencillas, por cierto.

Y cuando la vemos como canta y baila, por la calle y en casa, y lo contenta y sonriente que va siempre nos decimos por lo bajo: ¡Qué edad más bonita!

Luego viene Cristina, que con 18 meses repite todo lo que le oye a su hermana, con ese lenguaje tan divertido que tienen los pequeños. Apenas hace 3 meses que se soltó a andar, pero ya le gusta saltar en la cama (sa-tá, en su idioma), trepar el sofá para apagarnos la luz (su-bí), hacer volteretas en la cuna (lo aprendió imitando a la hermana) y subirse a la sillita para ver como cocinamos (a-í-ba). Va dejando atrás su etapa de bebé, y empieza a marcar su personalidad y a ocupar un lugar muy claro en la familia.

Y cuando la vemos echarse encima de su hermana, reír a carcajadas, o la escuchamos cantar el cumpleaños feliz y otras canciones caseras, nos decimos por lo bajo: ¡Qué edad más bonita!

Es cierto, cada edad es tan distinta y crecen tan rápido, que parece que si parpadeas te vas a perder los avances, así que intentamos disfrutar de cada día, acompañarlas y crecer con ellas, y ser conscientes del momento tan especial que supone cada etapa de la infancia.
Read more

Albert Camus Motherfucker

Según la cotraportada del libro editado por La Felguera titulado “Motherfuckers! (del verano del amor al amor armado)” (¡¡reedición YA!!) se puede leer que este grupo (que firmaba con varios nombres, entre ellos, Up Against The Wall Motherfuckers!, lo que la policía gritaba a las personas a las que paraban en mitad de la calle) era una banda callejera politizada, una tribu y un clan revolucionario, un oscuro grupo de afinidad convertido en una verdadera familia cuyo discurso giraba en torno a una constelación de ideas que incluían a Dadá, la anarquía y la autodefensa armada.


En el #1 de su revista “Black Mask” (nov. 1966), se reproducía una entrevista de Albert Camus para la publicación “Demain” (con fecha de 30 de octubre de 1957). En ella, Camus dice lo siguiente, digno de ser leído y releído:

Y la verdad, al menos yo la veo así, es que el artista se mueve a tientas en la oscuridad, como el hombre de la calle, incapaz de separarse de las desgracias del mundo y añorando febrilmente la soledad y el silencio; soñando con la justicia y siendo a la vez fuente de injusticia; arrastrado por un carro más grande que él y creyendo que lo conduce. En esta aventura fatigosa, el artista solo puede obtener ayuda de los otros y, al igual que los demás, encontrar apoyo en el placer, en el olvido, en la amistad y la admiración. Y también, al igual que los demás, encontrar apoyo en la esperanza. En mi caso siempre he encontrado la esperanza en la idea de la fecundidad. Como muchas otras personas, estoy cansado de la crítica, de la maledicencias, del rencor y, en resumen, del nihilismo. Es esencial condenar lo que debe condenarse, pero con rapidez y firmeza. Por otra parte también se debería elogiar lo que merece ser elogiado. Después de todo, por eso soy artista, porque incluso la obra que niega afirma algo y rinde homenaje a esta miserable y magnífica vida que es la nuestra.


(Pero Dadá vino a este mundo para acabar con todo, así que no se puede usar su nombre en vano. Un tiempo después, en el #8 de “Black Mask” (oct-nov 1967), los Motherfuckers incluyeron un artículo titulado “Cultura y Revolución” en el que se podía leer esto: No, Sartre, no te salvarás por sentarte en el estrado juzgando a Occidente mientras tú mismo, como filósofo/novelista, eres Occidente. Hasta ahí, vale, Sartre se lo merecía. Pero el artículo sigue: Camus, nos das asco: tu muerte nos ha robado el placer de matarte nosotros mismos.


Junto al artículo pendiente sobre la Internacional Letrista, ya hay otro dedicado a los Motherfuckers! Cualquier día de estos… o no.)

Read more

Y llegó mañana…

Después de 6 días con la misma rutina, sin cambiarme de ropa, que no quiere decir sin ducharme, porque a Dios gracias había una ducha detrás de admisión para los familiares, llegó el domingo.
Bajamos a la ecografía de rigor, y poco antes de que le trajeran la comida nos dicen que no coma ni beba nada, que habían decidido “sacarlo” esa tarde… que quedaba sólo una incubadora libre.
Momentos de angustia, incertidumbre, miedo por no decir pánico.
Y como las corridas de toros, a las 5 de la tarde, con la venía del presidente, y si el tiempo no lo impide, se lidiarán…
No recuerdo cuanto fumé durante aquel tiempo interminable de la cesárea, si, fumar en un hospital (eran otros tiempos y en los pasillos estaba permitido), pero seguro que fueron unos cuantos…
De repente se abrió la puerta del quirófano y apareció una incubadora de transporte con una pequeña criatura en su interior, poco mas grande que mi mano, de piel tersa y rojiza, diría que casi transparente, con unos ojos tristes pero rebosantes de vida, y flanqueado por dos pediatras (Félix y Nacho). No recuerdo exactamente lo que me dijeron, pero fue algo así como que estaba bien. Pregunté por el Apgar, que creo que fue 7/9 aunque luego en el informe ponía 5/7. La verdad es que me daba igual, creo que lo pregunté por deformación profesional…
Para los profanos el test de Apgar (acrónimo de Apariencia, Pulso, Gesto, Actividad y Respiración) es la valoración clínica del recién nacido por parte del pediatra o la comadrona, para valorar la tolerancia de este al proceso del nacimiento y su adaptabilidad al medio ambiente. Se mide al minuto y a los 5 minutos de vida, y se valora el color de la piel, la frecuencia cardiaca, el tono muscular, los reflejos e irritabilidad y la respiración. Si está en buenas condiciones obtendrá una puntuación entre 8 y 10.
A el se lo llevaron a la Unidad de Cuidados Intensivos para recién nacidos (UCI neonatal), y yo me quedé esperando a que terminara la cesárea. Al entrar en “despertar” la encontré con un “Drum” (vía central de acceso periférico); algo había pasado… y de hecho algo pasó pero no logré aclararlo.
En lo que ella despertaba y no, fui a la UCI neonatal, recogí los papeles e hice el ingreso. Nombre, me preguntaron… Los que yo quería no le gustaban a ella, y los que ella quería no me gustaban a mi… Al final como su padre, que gran nombre para tan poca cosa (lo veías de arriba a abajo antes de acabar de decir el nombre)…

Read more

Y llegó mañana…

Después de 6 días con la misma rutina, sin cambiarme de ropa, que no quiere decir sin ducharme, porque a Dios gracias había una ducha detrás de admisión para los familiares, llegó el domingo.
Bajamos a la ecografía de rigor, y poco antes de que le trajeran la comida nos dicen que no coma ni beba nada, que habían decidido “sacarlo” esa tarde… que quedaba sólo una incubadora libre.
Momentos de angustia, incertidumbre, miedo por no decir pánico.
Y como las corridas de toros, a las 5 de la tarde, con la venía del presidente, y si el tiempo no lo impide, se lidiarán…
No recuerdo cuanto fumé durante aquel tiempo interminable de la cesárea, si, fumar en un hospital (eran otros tiempos y en los pasillos estaba permitido), pero seguro que fueron unos cuantos…
De repente se abrió la puerta del quirófano y apareció una incubadora de transporte con una pequeña criatura en su interior, poco mas grande que mi mano, de piel tersa y rojiza, diría que casi transparente, con unos ojos tristes pero rebosantes de vida, y flanqueado por dos pediatras (Félix y Nacho). No recuerdo exactamente lo que me dijeron, pero fue algo así como que estaba bien. Pregunté por el Apgar, que creo que fue 7/9 aunque luego en el informe ponía 5/7. La verdad es que me daba igual, creo que lo pregunté por deformación profesional…
Para los profanos el test de Apgar (acrónimo de Apariencia, Pulso, Gesto, Actividad y Respiración) es la valoración clínica del recién nacido por parte del pediatra o la comadrona, para valorar la tolerancia de este al proceso del nacimiento y su adaptabilidad al medio ambiente. Se mide al minuto y a los 5 minutos de vida, y se valora el color de la piel, la frecuencia cardiaca, el tono muscular, los reflejos e irritabilidad y la respiración. Si está en buenas condiciones obtendrá una puntuación entre 8 y 10.
A el se lo llevaron a la Unidad de Cuidados Intensivos para recién nacidos (UCI neonatal), y yo me quedé esperando a que terminara la cesárea. Al entrar en “despertar” la encontré con un “Drum” (vía central de acceso periférico); algo había pasado… y de hecho algo pasó pero no logré aclararlo.
En lo que ella despertaba y no, fui a la UCI neonatal, recogí los papeles e hice el ingreso. Nombre, me preguntaron… Los que yo quería no le gustaban a ella, y los que ella quería no me gustaban a mi… Al final como su padre, que gran nombre para tan poca cosa (lo veías de arriba a abajo antes de acabar de decir el nombre)…

Read more

Urgencias

Definitivamente, padres y madres no somos iguales. De hecho, si así fuera, este blog no tendría ningún sentido. Muestra inequívoca de ello es la distinta capacidad que unos y otras tenemos para afrontar los momentos complicados que se suceden en el día a día. No digo que ellas sean mejores, ojo, digo que son distintas. Qué coño, son mejores.

Entremos en situación. Padre de naturaleza resolutiva (no tiene porqué ser mi caso) y decidido, que encara con determinación los problemas del trabajo y de la vida, que tiene una capacidad innata para desenvolverse con naturalidad y firmeza en momentos peliagudos, pero que se convierte en Pepe Viyuela cuando tiene que llevar a su pequeña hija de dos años a urgencias.

La cosa se complica desde el momento en el que la niña empieza a dar muestras inequívocas de tener fiebre. El primer paso suele ser que el padre aproveche el momento preciso en el que la pequeña va a vomitar para intentar llevarla desde la cama hasta el baño, separados por una considerable distancia que se hace mayor en estos casos (os la tengo jurada, arquitectos de pacotilla). Bien, entre ambas estancias suelen situarse obstáculos tales como cómodas o alfombras, muy susceptibles de resultar considerablemente impregnadas en el caso de que intentes transportar en volandas cogida por las axilas a una niña de dos años vomitando a cascoporro.
La situación no mejora en el coche. La pobre criatura, vestida para la ocasión (en situaciones de emergencia sanitaria el papá opta, siempre, por ponerle la primera ropa que encuentre, y esto incluye normalmente ponerle el gorro del revés) realiza el viaje de ida al hospital al filo de la navaja, con ojillos de circunstancias debido a la fiebre y flipando ante el caos organizativo del padre. Éste, por su parte, conduce a toda leche con un ojo en la carretera y el otro en el retrovisor, implorándole al cielo que la próxima bocanada se demore al menos hasta llegar al destino. La tensión es máxima, se masca la tragedia.

Si finalmente las alfombrillas salen indemnes, es hora de llegar al mostrador de Urgencias y balbucear ante la atónita mirada de la administrativa. En estos momentos no se sabe bien quién de los dos, padre o hija, es el enfermo. Tampoco queda claro quién de los dos es el que está aprendiendo a hablar. Tras una ingente lucha dialéctica, finalmente al padre le queda claro que debe ir hacia las puertas blancas de su derecha y girar a la izquierda, hacia donde pone “urgencias pediátricas”.

Tras esperar un buen rato en un pasillo, el nervioso padre decide echar un vistazo (los hombres no preguntamos, ya sabéis) y localiza una sala de espera donde, por lo visto, debe sentarse a esperar. 
Cuando el pediatra nombra a la pequeña, el progenitor sale a la carrera, pisando al resto de pacientes, tropezándose con la puerta, y consigue finalmente llegar a la consulta. El galeno le ordena que desvista a la pequeña, otra ardua tarea (dónde están las madres cuando se las necesita) y procede a examinar a la enferma. El padre, mientras, se pasea por la habitación preguntando “¿está bien?”, “¿qué le pasa?” o “¿es grave doctor?” a lo que el pediatra responde con un angustioso silencio.

Finalmente, tras el diagnóstico y la emisión de recetas, toca desandar el camino, visitar la farmacia, colgar en la nevera las indicaciones del médico para no olvidarlas y rezar para que mamá vuelva pronto.

La niña está bien, gracias.

Read more

Urgencias

Definitivamente, padres y madres no somos iguales. De hecho, si así fuera, este blog no tendría ningún sentido. Muestra inequívoca de ello es la distinta capacidad que unos y otras tenemos para afrontar los momentos complicados que se suceden en el día a día. No digo que ellas sean mejores, ojo, digo que son distintas. Qué coño, son mejores.

Entremos en situación. Padre de naturaleza resolutiva (no tiene porqué ser mi caso) y decidido, que encara con determinación los problemas del trabajo y de la vida, que tiene una capacidad innata para desenvolverse con naturalidad y firmeza en momentos peliagudos, pero que se convierte en Pepe Viyuela cuando tiene que llevar a su pequeña hija de dos años a urgencias.

La cosa se complica desde el momento en el que la niña empieza a dar muestras inequívocas de tener fiebre. El primer paso suele ser que el padre aproveche el momento preciso en el que la pequeña va a vomitar para intentar llevarla desde la cama hasta el baño, separados por una considerable distancia que se hace mayor en estos casos (os la tengo jurada, arquitectos de pacotilla). Bien, entre ambas estancias suelen situarse obstáculos tales como cómodas o alfombras, muy susceptibles de resultar considerablemente impregnadas en el caso de que intentes transportar en volandas cogida por las axilas a una niña de dos años vomitando a cascoporro.
La situación no mejora en el coche. La pobre criatura, vestida para la ocasión (en situaciones de emergencia sanitaria el papá opta, siempre, por ponerle la primera ropa que encuentre, y esto incluye normalmente ponerle el gorro del revés) realiza el viaje de ida al hospital al filo de la navaja, con ojillos de circunstancias debido a la fiebre y flipando ante el caos organizativo del padre. Éste, por su parte, conduce a toda leche con un ojo en la carretera y el otro en el retrovisor, implorándole al cielo que la próxima bocanada se demore al menos hasta llegar al destino. La tensión es máxima, se masca la tragedia.

Si finalmente las alfombrillas salen indemnes, es hora de llegar al mostrador de Urgencias y balbucear ante la atónita mirada de la administrativa. En estos momentos no se sabe bien quién de los dos, padre o hija, es el enfermo. Tampoco queda claro quién de los dos es el que está aprendiendo a hablar. Tras una ingente lucha dialéctica, finalmente al padre le queda claro que debe ir hacia las puertas blancas de su derecha y girar a la izquierda, hacia donde pone “urgencias pediátricas”.

Tras esperar un buen rato en un pasillo, el nervioso padre decide echar un vistazo (los hombres no preguntamos, ya sabéis) y localiza una sala de espera donde, por lo visto, debe sentarse a esperar. 
Cuando el pediatra nombra a la pequeña, el progenitor sale a la carrera, pisando al resto de pacientes, tropezándose con la puerta, y consigue finalmente llegar a la consulta. El galeno le ordena que desvista a la pequeña, otra ardua tarea (dónde están las madres cuando se las necesita) y procede a examinar a la enferma. El padre, mientras, se pasea por la habitación preguntando “¿está bien?”, “¿qué le pasa?” o “¿es grave doctor?” a lo que el pediatra responde con un angustioso silencio.

Finalmente, tras el diagnóstico y la emisión de recetas, toca desandar el camino, visitar la farmacia, colgar en la nevera las indicaciones del médico para no olvidarlas y rezar para que mamá vuelva pronto.

La niña está bien, gracias.

Read more

Agradecidos

Esta semana ha sido muy bonica, básicamente por todas las personas que habéis compartido en facebook, twitter, correos y etcétera el enlace para descargarse la novela “Mal nacidos”. Me gustaría daros las gracias, así, en bloque, pero de forma pública y notoria. 

También me gustaría decir algo sobre la gratuidad, a raíz de algunos debates que han surgido sobre este asunto. Está claro que, en lo que se refiere a “Mal nacidos”, la gratuidad formaba parte de, digamos, un rollo promocional. Es gratis cinco días, la gente llega a ella, se conoce, se pone en marcha el boca a oreja, empieza a vender miles de ejemplares y podemos, por fin, financiar la revolución. Esa era la idea, y no otra. Esto no quita para que a mí me guste lo gratis. Nunca pude pillar una camiseta que se hizo hace unos años que ponía “Dinero gratis” pero me gustaba el lema. Quiero creer que tengo cierto control sobre lo que soy y sobre lo que hago y que puedo tomar decisiones, y hacer cosas, que no tengan motivación económica, o no sólo. Es cierto que me gustaría ganarme la vida escribiendo, claro que sí, pero más cierto todavía es que me gustaría que la vida no hubiera que ganarla, que bastara con vivirla. No es una frase naïf, es un órdago a la grande.

Pero esto era un post de agardecimiento. El plural del título se debe a que me atrevo a hablar en mi nombre y en el de la novela. Estoy convencido de que después de pasarse seis años en el disco duro y hacer la peregrinación del desierto por concursos y editoriales está loca de alegría de descarga en descarga. Siempre he creído que la literatura es lasciva, quiere ser tocada, acariciada, leída, olida, restregarse de lector en lectora.

Si, después de todo esto, la novela os gusta, ya sería el colmo.

Read more

Llegará un día.

Llegará un día en que por las ventanas sólo entre aire fresco.

En el que nuestras sonrisas aplasten a nuestros fantasmas. 
Llegará un día en el que el amor inunde nuestros corazones. En el que la luz encenderá las sombras. 
Llegará un día en el que escucharemos nuestra respiración… tranquila. 

En el que los miedos quedarán dilapidados bajo las piedras.
Llegará un día en que cuando miremos a Guzmán solo veamos a un niño sano y feliz.

Llegará un día en el que la vida será lo único presente en el cuerpo de nuestro hijo.
En el que nos descubriremos disfrutando del aquí y del ahora sin tener el resquicio en la cabeza de que lo hacemos por temer al mañana. 

Llegará un día en el que hablaremos en pasado “mi hijo tuvo leucemia”, y en el que ganaremos en presente “lo hemos superado”.
Llegará un día en el que dejaremos de visitar el hospital cada semana.
En el que no nos agobiaremos por no darle la quimio diaria. En el que la única medicina de todos los días serán los besos que nos demos los cuatro.

Llegará un día en que miremos a Martina, a Guzmán y a nosotros mismos y nos sintamos normales, y excepcionales por serlo de nuevo.
En el que hablaremos de que no hay metas imposibles.

En el que no tendremos que deconstruir los días malos en posts buenos.

Llegará un día en el que miraremos atrás y veremos a todo nuestro ejército apoyándonos, gritando y llorando de alegría por haber derrotado al enemigo que parecía no caer nunca.

Llegará un día en el que no tendremos nada malo a lo que mandar a la porra.
Llegará un día en el que miraremos a la leucemia de Guzmán y le diremos “te lo dije”.

Y ese día llegó… Exactamente ayer.

Se acabó el tratamiento. Se acabó la quimio. Llegamos. Y Eva y yo caímos al suelo de rodillas, nos hicimos un ovillo, exhalamos el último aire de esta (in)terminable carrera y nos empezamos a sentir rodeados, ahí, en el suelo, de vuestro abrazo continuo e incondicional.

Gracias. Gracias. Gracias. Cien mil veces Gracias.

(La semana que viene nos hacen el aspirado de médula para confirmar lo que ya sabemos: que está limpia)

Read more

Llegará un día.

Llegará un día en que por las ventanas sólo entre aire fresco.

En el que nuestras sonrisas aplasten a nuestros fantasmas. 
Llegará un día en el que el amor inunde nuestros corazones. En el que la luz encenderá las sombras. 
Llegará un día en el que escucharemos nuestra respiración… tranquila. 

En el que los miedos quedarán dilapidados bajo las piedras.
Llegará un día en que cuando miremos a Guzmán solo veamos a un niño sano y feliz.

Llegará un día en el que la vida será lo único presente en el cuerpo de nuestro hijo.
En el que nos descubriremos disfrutando del aquí y del ahora sin tener el resquicio en la cabeza de que lo hacemos por temer al mañana. 

Llegará un día en el que hablaremos en pasado “mi hijo tuvo leucemia”, y en el que ganaremos en presente “lo hemos superado”.
Llegará un día en el que dejaremos de visitar el hospital cada semana.
En el que no nos agobiaremos por no darle la quimio diaria. En el que la única medicina de todos los días serán los besos que nos demos los cuatro.

Llegará un día en que miremos a Martina, a Guzmán y a nosotros mismos y nos sintamos normales, y excepcionales por serlo de nuevo.
En el que hablaremos de que no hay metas imposibles.

En el que no tendremos que deconstruir los días malos en posts buenos.

Llegará un día en el que miraremos atrás y veremos a todo nuestro ejército apoyándonos, gritando y llorando de alegría por haber derrotado al enemigo que parecía no caer nunca.

Llegará un día en el que no tendremos nada malo a lo que mandar a la porra.
Llegará un día en el que miraremos a la leucemia de Guzmán y le diremos “te lo dije”.

Y ese día llegó… Exactamente ayer.

Se acabó el tratamiento. Se acabó la quimio. Llegamos. Y Eva y yo caímos al suelo de rodillas, nos hicimos un ovillo, exhalamos el último aire de esta (in)terminable carrera y nos empezamos a sentir rodeados, ahí, en el suelo, de vuestro abrazo continuo e incondicional.

Gracias. Gracias. Gracias. Cien mil veces Gracias.

(La semana que viene nos hacen el aspirado de médula para confirmar lo que ya sabemos: que está limpia)

Read more

Mal nacidos

Imbuido como estoy del espíritu Punk o DADÁ, según se quiera, solo me salen lemas promocionales del tipo: Después de fracasar meticulosamente en papel, publico en Amazon para fracasar también en digital. Al menos, tiene su gracia.

Autopromocionarse no mola, incluso sin el prefijo. Oscar Wilde dijo algo así como que es malo de robar pero más malo es de promocionarse. Al mismo tiempo, el rollo ese del escritor que escribe para uno mismo y que pide a su muerte que quemen sus escritos (deseando que no lo hagan) es pura pose. ¿De qué vale escribir si no te leen? 

Dicho todo lo cual, voy al asunto. Mi novela “Mal nacidos” está en Amazon y se puede conseguir gratis, ahí es nada, hasta el viernes de esta semana. Es verdad que podéis esperar a que pase la promoción y pagar el curioso precio de 2,97 pero lo gratis mola más. Eso es así.



El enlace para que os la pilléis, aquí.

“Mal nacidos”, cronológicamente hablando, va antes de “Cuentos Pop” y “Diario de un amargado” y después de “El ataúd paciente” y “El amor agitado” (ensayo sobre el amor romántico permanentemente gratis en Scribd). Y, como es de rigor, ha hecho su recorrido de concursos y editoriales sin conseguir respuesta alguna. Tened en cuenta que no hay novela que se precie de la que no se cuenten cuántos editores la rechazaron. Como me da mucha pereza seguir con ese rollo, y en mi idilio con Morsa las novelas no tienen lugar, pues la puse en Amazon, así, sin mucha convicción, la verdad.

El argumento de la novela sale de un rumor que circula por algunos barrios excluidos. Este rumor dice que es habitual que algunos niños pequeños, guapos y sanos sean “retirados” de sus familias biológicas (alegando malos tratos, abandono, o lo que se tercie) para ser entregados en adopción a familias ricas que no pueden tener hijos. El rumor existe y lo escuché mucho trabajando de educador social. La primera versión incluía recortes de periódicos, documentos oficiales y alguna entrevista que reforzaban esa sospecha. Lo que pasa es que al publicarla de esta manera y no controlar el tema de los derechos, lo quité, dejando la narración tal cual.

Resumir mis novelas me resulta muy difícil. En la descripción que había que poner en Amazon escribí lo siguiente:

Archipiélago, un barrio en el que todas las calles tienen nombres de islas, podría estar en cualquier ciudad. Construido con la idea de ser una zona en la que las clases medias descansaran felizmente tras una larga jornada de trabajo, es ahora un rincón de exclusión en el que encontrar a personajes como Manuel, asesino a sueldo yonqui y nihilista, o Mercedes, una educadora social en plena crisis de confianza. 

Las cosas ya marchan bastante mal cuando Carmen es arrestada y un viejo rumor vuelve a recorrer el barrio. Los niños guapos y sanos de algunas familias pobres son retirados por los servicios sociales para entregárselos a familias ricas que no pueden tener hijos. Eso es lo que quieren hacer con los hijos de Carmen. Pero Mercedes no está por la labor de consentirlo, con o sin la ayuda de Manuel.


Y para acabar, voy a darme un gusto de autor. En las presentaciones de “Diario de un amargado” me cansé de decir que todo era mentira y que yo no era el protagonista. Ahora voy a decir una cosa que ya dijo Ray Bradbury: yo soy todos los personajes.

PD: ¿Os acordáis de una de esas manifestaciones por la familia en las que participaba el PP cuando era oposición en la que Rajoy dijo eso de “Volved a vuestras casas y contad lo que habéis visto aquí”? Pues eso, id a vuestros facebooks y twitters y contad lo que habéis leído aquí. Sed mis virus promocionales, ¿qué os cuesta?

PD: La ilustración es de José María Casanovas, que ya ilustró “Cuentos pop” y que en la gloriosa época de la revista 2000AD dibujó algunas historietas del Juez Dredd.

Read more

Los dos caminos (dedicado a Carlos Gorairis)

«Era mediodía y estábamos marchándonos a casa cuando de repente nos acorralaron en la calle Bando de la Huerta. Éramos una veintena de personas y empezaron a empujarnos y a impedir que nos uniéramos al resto del grupo que se encontraba frente a El Corte Inglés. Nadie lanzó ninguna piedra, en todo caso algún insulto a modo de reproche por su actitud violenta. De repente vinieron a por nosotros. Yo salí corriendo y en la carrera ya noté como me golpeaban por la espalda. Al llegar al final de esa calle sentí una mano que me empujaba y caí sobre una moto. Una vez en el suelo solo sé que me cayeron golpes por todos sitios, tantos que pensaba que me estaban pegando varias personas. Perdí el conocimiento y lo siguiente que recuerdo es a dos compañeras junto a mi, llorando y pidiendo una ambulancia».

La degradación comienza en el preciso momento en que una persona decide convertirse en policía. Hasta entonces, era alguien con sus virtudes, sus defectos, su cara descubierta, un nombre, unos impulsos no dirigidos por sus superiores. Una vez que se ha posicionado del lado de la Dominación en esta guerra que nos oprime desde hace siglos, queda reducido a simple cascarón. Forrado de músculos, estimulado por drogas excitantes, blindado por carísimo material de protección pero cascarón al fin y al cabo. Y si bien su comportamiento es odioso, no se puede odiar a un cascarón. A lo sumo se le puede despreciar.

Los cascarones pseudohumanos se quitan el número de placa porque se lo ordenan. Se tapan la cara con cascos. Ocultan toda su piel bajo escudos artificiales. Mantienen la mirada perdida o la fijan desafiantes como perros de presa. Desperdician horas y horas de su vida en conseguir unos músculos hipertrofiados. La ceremonia de la deshumanización es total. Después, se entregan a la orgía de golpes que la Dominación exige que se ejecute cada poco tiempo. (A veces, la Dominación es cosa de misteriosos hombres detrás de la cortina, otras son presidente de naciones poderosos, otras son simples fascistas colocados como delegados del gobierno, tal cual Joaquín Bascuñana).

No hay excusa. No hay razones. El Sistema funciona así. La obediencia debida es una basura, una farsa, un vómito. Algunos apelan, estúpidamente, a su condición de trabajadores. La respuesta está en el viejo lema de la autonomía obrera: Los maderos no son obreros. No. No lo son. No son pueblo. Son marionetas brutales. La necesidad de trabajar no les quita ni un ápice de la responsabilidad que tienen en cada golpe que dan. Hannah Arendt cuenta lo siguiente en “Culpa organizada y responsabilidad universal”. Un miembro de la SS es reconocido por un antiguo compañero judío del instituto cuando éste es liberado de un campo de concentración. El judío se queda mirando a su antiguo amigo y el de la SS dice: Debes comprenderme, he estado cinco años en el paro. Pueden hacer lo que quieran conmigo.

No siempre hay que obedecer. No siempre hay que trabajar.

Frente a los que deciden cambiar la humanidad por una porra y unas botas con las que patear las cabezas de los que una vez fueron sus hermanos, están los que deciden sumergirse de lleno en su condición de personas. Los que entienden que no están solos en este mundo y que cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier lugar del mundo es cometida también contra nosotros. Son los que deciden oponerse a la Dominación, los que también toman partido en esta guerra que nos oprime desde hace siglos pero se alinean en el lado correcto. Son los que asumen riesgos por ellos y por todos sus compañeros. Los que no ocultan su cara ni su nombre. Son los que sienten miedo delante de las máquinas de opresión del Poder porque no han sido entrenados para borrar sus sensaciones. Son los que combaten el miedo con esperanza y la solidaridad. Son Carlos Gorairis declarando en rueda de prensa, con la nariz rota y el pómulo hundido, que los golpes no le cambiarán las ideas.
Read more

Objetivo: mañana…

Mi último recuerdo de mi hospital fue el de la ginecóloga quitándole los pendientes a mi mujer y la jefa del sección de neonatología diciéndome que rezaría mucho pidiendo por nosotros, ¡todo ayuda! pensé yo…
Del camino sólo tengo recuerdos vagos, lo describiría como un viaje maniaco-depresivo, ideaciones malas alternadas con buenas, fases de euforia alternadas con otras de tristeza, del llanto a la sonrisa, incluso llegué  a tener una “experiencia religiosa”, o sea, recordé una oración ( y mira que hacía años…).
Por una vez tuve suerte y encontré aparcamiento al lado del hospital, ¡y no era zona azul!.
Entré por urgencias y ya me encaminaron hacia la habitación. Allí estaba ella con el equipo de ginecología de guardia. Historia, exploración y mas pruebas complementarias (analítica, monitor, ecografía), la misma historia que en el hospital emisor.
Pasamos esa primera noche con la espada de Damócles, mas bien el bisturí, sobre su abdomen.
A la mañana siguiente pasó todo el equipo. No nos dieron una pauta, todo iría sobre la marcha. Y así fue como empezó el peregrinar diario. Por la mañana ecografía; alrededor de una hora midiendo todos los flujos que podían reconocer… (primer estudio en el que participó incluso antes de nacer). Por la tarde otra ecografía rápida y después monitor (o sea correas). Analítica diaria, controles de glucemia (no lo había comentado pero también apareció diabetes gestacional que se trató con insulina, por si no teníamos bastante), y control de las entradas y salidas de líquidos (o sea, ver cuanto orinaba y cuanto bebía). 
Cada día se objetivaba una pérdida de alrededor de medio kilo de peso… y entonces, ¿de donde salía…?. Básicamente de los edemas que tenía, pero lo que se te pasaba por la cabeza era, ¿y el feto en que va a quedar…?.
Yo sólo le decía que un día mas dentro era un día ganado, que nuestro objetivo era llegar a mañana, y mañana a pasado, pero con el horizonte puesto en que mañana podía ser el último día…  




Read more

Objetivo: mañana…

Mi último recuerdo de mi hospital fue el de la ginecóloga quitándole los pendientes a mi mujer y la jefa del sección de neonatología diciéndome que rezaría mucho pidiendo por nosotros, ¡todo ayuda! pensé yo…
Del camino sólo tengo recuerdos vagos, lo describiría como un viaje maniaco-depresivo, ideaciones malas alternadas con buenas, fases de euforia alternadas con otras de tristeza, del llanto a la sonrisa, incluso llegué  a tener una “experiencia religiosa”, o sea, recordé una oración ( y mira que hacía años…).
Por una vez tuve suerte y encontré aparcamiento al lado del hospital, ¡y no era zona azul!.
Entré por urgencias y ya me encaminaron hacia la habitación. Allí estaba ella con el equipo de ginecología de guardia. Historia, exploración y mas pruebas complementarias (analítica, monitor, ecografía), la misma historia que en el hospital emisor.
Pasamos esa primera noche con la espada de Damócles, mas bien el bisturí, sobre su abdomen.
A la mañana siguiente pasó todo el equipo. No nos dieron una pauta, todo iría sobre la marcha. Y así fue como empezó el peregrinar diario. Por la mañana ecografía; alrededor de una hora midiendo todos los flujos que podían reconocer… (primer estudio en el que participó incluso antes de nacer). Por la tarde otra ecografía rápida y después monitor (o sea correas). Analítica diaria, controles de glucemia (no lo había comentado pero también apareció diabetes gestacional que se trató con insulina, por si no teníamos bastante), y control de las entradas y salidas de líquidos (o sea, ver cuanto orinaba y cuanto bebía). 
Cada día se objetivaba una pérdida de alrededor de medio kilo de peso… y entonces, ¿de donde salía…?. Básicamente de los edemas que tenía, pero lo que se te pasaba por la cabeza era, ¿y el feto en que va a quedar…?.
Yo sólo le decía que un día mas dentro era un día ganado, que nuestro objetivo era llegar a mañana, y mañana a pasado, pero con el horizonte puesto en que mañana podía ser el último día…  




Read more

Física

En mis tiempos escolares fui un patán en esa disciplina, pero ahora con los niños charlamos a menudo de Física. A Umbrello y a Fratello les sorprenden, por ejemplo, las diferentes velocidades a las que pueden circulan coches y motos, el choque de las piedrecitas en el agua del mar, la gigantesca potencia de las cuerdas vocales de la Nueva, su madre o, sin ir más lejos, la capacidad de Spiderman de lanzar telarañas a grandes distancias con ese artilugio que Peter Parker ha adosado a sus muñecas. Suelen comentar conmigo estos y otros temas y yo, pobre inútil, hago lo que puedo. Un ejemplo:  al ver por enésima vez al hombre-araña disparando sus telarañas, Fratello muestra su admiración:

-Uooooohhh  -grita.

-¡Qué lejos! –digo yo en el inconsciente papel de papá participativo.

-¡Hacia el infinito! –cree observar Umbrello.  

-¡Má lejo! –exclama Fratello.

-Bueno, eso es imposible –corrijo yo.

Umbrello y Fratello me miran en silencio unos segundos. Luego, Umbrello, más reflexivo que su hermano menor, pregunta:

-¿Más lejos que el infinito no puede ser?

-No –digo.

-Mmm –dicen ambos al unísono.

Tras una nueva reflexión –y una breve e inaudible consulta con su hermano- Umbrello  pregunta:

-¿Postulas, papá, por un infinito finito?

-Bueeno… –digo yo, consciente ya de dónde me he metido.

-¿Potulas tí papá? ¿Tí? ¿Potulas finito? –repite Fratello.

-Hijos míos, es que así se infiere de los últimos trabajos de los reputados físicos alemanes Grabowski y Beckenbauer –improviso yo, seguro de que los conocimientos futbolísticos de Umbrello no pueden ir aún más allá de Messi y Víctor Valdés.

Mi respuesta satisface a los niños, que se van jugar con sus trenecitos de madera. Umbrello hace salir a su tren de la estación azul y Fratello el suyo desde la verde y en los siguientes minutos querrán descubrir a qué hora y exactamente dónde chocarán ambos vehículos. Los rudimentos de la física, vaya, secretos que yo jamás llegué a dominar. Luego, por la noche, oiré la vocecita de Umbrello pedir desde su camita:

-Papá, cuéntame cosas del doctor Beckenbauer.

Read more

Física

En mis tiempos escolares fui un patán en esa disciplina, pero ahora con los niños charlamos a menudo de Física. A Umbrello y a Fratello les sorprenden, por ejemplo, las diferentes velocidades a las que pueden circulan coches y motos, el choque de las piedrecitas en el agua del mar, la gigantesca potencia de las cuerdas vocales de la Nueva, su madre o, sin ir más lejos, la capacidad de Spiderman de lanzar telarañas a grandes distancias con ese artilugio que Peter Parker ha adosado a sus muñecas. Suelen comentar conmigo estos y otros temas y yo, pobre inútil, hago lo que puedo. Un ejemplo:  al ver por enésima vez al hombre-araña disparando sus telarañas, Fratello muestra su admiración:

-Uooooohhh  -grita.

-¡Qué lejos! –digo yo en el inconsciente papel de papá participativo.

-¡Hacia el infinito! –cree observar Umbrello.  

-¡Má lejo! –exclama Fratello.

-Bueno, eso es imposible –corrijo yo.

Umbrello y Fratello me miran en silencio unos segundos. Luego, Umbrello, más reflexivo que su hermano menor, pregunta:

-¿Más lejos que el infinito no puede ser?

-No –digo.

-Mmm –dicen ambos al unísono.

Tras una nueva reflexión –y una breve e inaudible consulta con su hermano- Umbrello  pregunta:

-¿Postulas, papá, por un infinito finito?

-Bueeno… –digo yo, consciente ya de dónde me he metido.

-¿Potulas tí papá? ¿Tí? ¿Potulas finito? –repite Fratello.

-Hijos míos, es que así se infiere de los últimos trabajos de los reputados físicos alemanes Grabowski y Beckenbauer –improviso yo, seguro de que los conocimientos futbolísticos de Umbrello no pueden ir aún más allá de Messi y Víctor Valdés.

Mi respuesta satisface a los niños, que se van jugar con sus trenecitos de madera. Umbrello hace salir a su tren de la estación azul y Fratello el suyo desde la verde y en los siguientes minutos querrán descubrir a qué hora y exactamente dónde chocarán ambos vehículos. Los rudimentos de la física, vaya, secretos que yo jamás llegué a dominar. Luego, por la noche, oiré la vocecita de Umbrello pedir desde su camita:

-Papá, cuéntame cosas del doctor Beckenbauer.

Read more

Perdiendo también se gana

¿Quién no ha perdido alguna vez mientras intenta alcanzar una meta? Todos, es la respuesta. Si para nosotros los adultos es frustrante, para un niño lo es más.
Les cuento que mi hija se inscribió en un equipo de fútbol desde el pasado mes de agosto y era la primera vez en su vida que pateaba un balón. Pero eso no era impedimento. Tampoco lo era para los demás miembros del equipo. Ninguno había jugado al fútbol alguna vez.
El equipo se inscribió en la Liga Metropolitana y se enfrentó a equipos formados hace años, con chicos y chicas que juegan desde muy pequeñitos, así que ya se imaginan, comenzaron el torneo perdiendo todos los partidos.
Cada vez se les veía más decepcionados, frustrados.
Un día, al finalizar el partido ─sí, volvieron a perder─ la Chiqui se sentó en el campo y se echó a llorar. De inmediato salí corriendo, me acerqué y le pregunté:

©2012-Carlos Torres
─¿Qué te pasa mi amor?─
─No es justo─ contestó.
─¿Qué no es justo?─ le pregunté.
─Que siempre perdemos. Ya estoy cansada de perder. Quiero ganar aunque sea un juego.─
─Lo sé. No es fácil. Pero tienes que ver que ustedes son un equipo nuevo, que nunca habían jugado este deporte y que están jugando con chicos y chicas que los aventajan en experiencia y en edad. Tu equipo está compuesto por niños y niñas que en su mayoría tienen nueve años, cuando la categoría es de once.─

─Somos unos loosers─ me dijo con sentimiento.
Hasta ahí llegamos. No iba a permitir que usara esas palabras y mucho menos que se las creyera. Así que de inmediato me vino a la mente unas palabras que alguna vez leí en el libro Actitud de vencedor, de John Maxwell y se las repetí.
─Mira Chiqui, el fracaso no significa que eres una fracasada; significa que todavía no has triunfado. Hay que seguir intentando.
El fracaso no significa que no has logrado nada; significa que has aprendido algo.
El fracaso no significa que eres inferior; significa que no eres perfecta.
El fracaso no siginifica que has perdido el tiempo; significa que tienes una excusa para comenzar otra vez y todas las veces que sea necesario.
El fracaso no significa que debes darte por vencida; significa que debes tratar con más fuerzas.
Y por último, el fracaso no siginifica que nunca lo lograrás; significa que debes tener paciencia─
Acto seguido, levantó la vista y con sus ojitos aún mojados por las lágrimas, me regaló una bella sonrisa.
─¿Cómo te sientes ahora?─ le pregunté.
─Mucho mejor. Me siento como una ganadora.─
©2012-Carlos Torres
Actitud de ganadora
─Essso esss. Dame cinco─ mientras chocamos las palmas.
El milagro ocurrió en el juego siguiente. Al parecer la Chiqui inyectó a sus compañeros con una dosis de positivismo y rompieron la mala racha. Al final del torneo se alzaron con la victoria en tres ocasiones. Para mí, son unos campeones.
¿Qué aprendí de esto?
Hay que estar siempre para los hijos. Son en los momentos difíciles cuando más nos necesitan y debemos estar allí para abrazarlos, apoyarlos y levantarles el ánimo. En fín, que todos los que alguna vez lograron algo, primero tuvieron una cadena de fracasos. Que nada nos haga retroceder.
Read more

Perdiendo también se gana

¿Quién no ha perdido alguna vez mientras intenta alcanzar una meta? Todos, es la respuesta. Si para nosotros los adultos es frustrante, para un niño lo es más.
Les cuento que mi hija se inscribió en un equipo de fútbol desde el pasado mes de agosto y era la primera vez en su vida que pateaba un balón. Pero eso no era impedimento. Tampoco lo era para los demás miembros del equipo. Ninguno había jugado al fútbol alguna vez.
El equipo se inscribió en la Liga Metropolitana y se enfrentó a equipos formados hace años, con chicos y chicas que juegan desde muy pequeñitos, así que ya se imaginan, comenzaron el torneo perdiendo todos los partidos.
Cada vez se les veía más decepcionados, frustrados.
Un día, al finalizar el partido ─sí, volvieron a perder─ la Chiqui se sentó en el campo y se echó a llorar. De inmediato salí corriendo, me acerqué y le pregunté:

©2012-Carlos Torres
─¿Qué te pasa mi amor?─
─No es justo─ contestó.
─¿Qué no es justo?─ le pregunté.
─Que siempre perdemos. Ya estoy cansada de perder. Quiero ganar aunque sea un juego.─
─Lo sé. No es fácil. Pero tienes que ver que ustedes son un equipo nuevo, que nunca habían jugado este deporte y que están jugando con chicos y chicas que los aventajan en experiencia y en edad. Tu equipo está compuesto por niños y niñas que en su mayoría tienen nueve años, cuando la categoría es de once.─

─Somos unos loosers─ me dijo con sentimiento.
Hasta ahí llegamos. No iba a permitir que usara esas palabras y mucho menos que se las creyera. Así que de inmediato me vino a la mente unas palabras que alguna vez leí en el libro Actitud de vencedor, de John Maxwell y se las repetí.
─Mira Chiqui, el fracaso no significa que eres una fracasada; significa que todavía no has triunfado. Hay que seguir intentando.
El fracaso no significa que no has logrado nada; significa que has aprendido algo.
El fracaso no significa que eres inferior; significa que no eres perfecta.
El fracaso no siginifica que has perdido el tiempo; significa que tienes una excusa para comenzar otra vez y todas las veces que sea necesario.
El fracaso no significa que debes darte por vencida; significa que debes tratar con más fuerzas.
Y por último, el fracaso no siginifica que nunca lo lograrás; significa que debes tener paciencia─
Acto seguido, levantó la vista y con sus ojitos aún mojados por las lágrimas, me regaló una bella sonrisa.
─¿Cómo te sientes ahora?─ le pregunté.
─Mucho mejor. Me siento como una ganadora.─
©2012-Carlos Torres
Actitud de ganadora
─Essso esss. Dame cinco─ mientras chocamos las palmas.
El milagro ocurrió en el juego siguiente. Al parecer la Chiqui inyectó a sus compañeros con una dosis de positivismo y rompieron la mala racha. Al final del torneo se alzaron con la victoria en tres ocasiones. Para mí, son unos campeones.
¿Qué aprendí de esto?
Hay que estar siempre para los hijos. Son en los momentos difíciles cuando más nos necesitan y debemos estar allí para abrazarlos, apoyarlos y levantarles el ánimo. En fín, que todos los que alguna vez lograron algo, primero tuvieron una cadena de fracasos. Que nada nos haga retroceder.
Read more

Votad que es de gratis!

Hola a todos/as

En mi inmensa modestia, he decidido participar en los Premios 20Blogs que organiza 20 Minutos.

Como soy torpe de cojones, no soy capaz de poner el código html para que podáis votar  que me quede bonito, así que os pongo aquí un enlace por si tal.

Conste que no lo hago por el premio de 5.000 euros, porque el dinero me sobra y no es lo que me motiva en esta vida. Pero vamos, que una cenita cae si gano eh?

Las votaciones empiezan el 14 de diciembre, así que os quiero ver a todos con el dedito listo para darle al botón de votar sin compasión.

Vamos que nos vamos, dale aquí!!!

Besos!!

PD: La foto que pongo de Adriana es para daros pena, sí.

Read more

Votad que es de gratis!

Hola a todos/as

En mi inmensa modestia, he decidido participar en los Premios 20Blogs que organiza 20 Minutos.

Como soy torpe de cojones, no soy capaz de poner el código html para que podáis votar  que me quede bonito, así que os pongo aquí un enlace por si tal.

Conste que no lo hago por el premio de 5.000 euros, porque el dinero me sobra y no es lo que me motiva en esta vida. Pero vamos, que una cenita cae si gano eh?

Las votaciones empiezan el 14 de diciembre, así que os quiero ver a todos con el dedito listo para darle al botón de votar sin compasión.

Vamos que nos vamos, dale aquí!!!

Besos!!

PD: La foto que pongo de Adriana es para daros pena, sí.

Read more

ECEMC: una historia al servicio de los defectos congénitos

Hoy dejamos de lado la historia que hilvana este blog para ceder la pantalla a Javier González de Dios. Un tributo al trabajo de tantos personas, el Estudio Colaborativo Español de Malformaciones Congénitas.

Este vídeo que pretende mostrar la enorme labor científica y social que desarrolla este grupo colaborativo creado en 1976 por la Dra Mª Luisa Martínez-Fría, el primer registro de defectos congénitos de España, de características únicas y uno de los más importantes del mundo.


El vídeo se presenta en tres clásica partes, con tres canciones diferenciadores para acompañar a la imagen y al mensaje:

-En la primera parte (introducción) contestamos al qué, quién y cómo del ECEMC. Un Grupo Coordinador multidisciplinar ubicado en el Instituto de Salud Carlos III y un Grupo Periférico con más de 155 hospitales y más de 400 médicos. Ya casi 3 millones de recién nacidos controlados en España, con 41.000 niños con defectos congénitos (y similar número de controles sanos).

-En la segunda parte (núcleo) hablamos del reto de la prevención de los defectos congénitos, con un buen diagnóstico y tratamiento, con una adecuado pronóstico y asesoramiento genético. La epidemiología, la biología, la farmacología y la genética al servicio de los niños con defectos congénitos.

-En la tercer parte (colofón) se aborda la ciencia, conciencia y corazón alrededor de las Reuniones del ECEMC.
Read more

ECEMC: una historia al servicio de los defectos congénitos

Hoy dejamos de lado la historia que hilvana este blog para ceder la pantalla a Javier González de Dios. Un tributo al trabajo de tantos personas, el Estudio Colaborativo Español de Malformaciones Congénitas.

Este vídeo que pretende mostrar la enorme labor científica y social que desarrolla este grupo colaborativo creado en 1976 por la Dra Mª Luisa Martínez-Fría, el primer registro de defectos congénitos de España, de características únicas y uno de los más importantes del mundo.


El vídeo se presenta en tres clásica partes, con tres canciones diferenciadores para acompañar a la imagen y al mensaje:

-En la primera parte (introducción) contestamos al qué, quién y cómo del ECEMC. Un Grupo Coordinador multidisciplinar ubicado en el Instituto de Salud Carlos III y un Grupo Periférico con más de 155 hospitales y más de 400 médicos. Ya casi 3 millones de recién nacidos controlados en España, con 41.000 niños con defectos congénitos (y similar número de controles sanos).

-En la segunda parte (núcleo) hablamos del reto de la prevención de los defectos congénitos, con un buen diagnóstico y tratamiento, con una adecuado pronóstico y asesoramiento genético. La epidemiología, la biología, la farmacología y la genética al servicio de los niños con defectos congénitos.

-En la tercer parte (colofón) se aborda la ciencia, conciencia y corazón alrededor de las Reuniones del ECEMC.
Read more

ECEMC: una historia al servicio de los defectos congénitos

Hoy dejamos de lado la historia que hilvana este blog para ceder la pantalla a Javier González de Dios. Un tributo al trabajo de tantos personas, el Estudio Colaborativo Español de Malformaciones Congénitas.

Este vídeo que pretende mostrar la enorme labor científica y social que desarrolla este grupo colaborativo creado en 1976 por la Dra Mª Luisa Martínez-Fría, el primer registro de defectos congénitos de España, de características únicas y uno de los más importantes del mundo.


El vídeo se presenta en tres clásica partes, con tres canciones diferenciadores para acompañar a la imagen y al mensaje:

-En la primera parte (introducción) contestamos al qué, quién y cómo del ECEMC. Un Grupo Coordinador multidisciplinar ubicado en el Instituto de Salud Carlos III y un Grupo Periférico con más de 155 hospitales y más de 400 médicos. Ya casi 3 millones de recién nacidos controlados en España, con 41.000 niños con defectos congénitos (y similar número de controles sanos).

-En la segunda parte (núcleo) hablamos del reto de la prevención de los defectos congénitos, con un buen diagnóstico y tratamiento, con una adecuado pronóstico y asesoramiento genético. La epidemiología, la biología, la farmacología y la genética al servicio de los niños con defectos congénitos.

-En la tercer parte (colofón) se aborda la ciencia, conciencia y corazón alrededor de las Reuniones del ECEMC.
Read more