Partos Distintos

Hace unos días visitando a una amiga que se acaba de convertir en mamá hace unos meses atrás, pudimos sentarnos a conversar e intercambiar experiencias con ella y con una tercera mamá que también había coincidido con nosotros. Todo se resume en una frase, todos los partos son distintos, las experiencias de cada mamá, desde el momento en que entra a la clínica o hospital a traer al mundo a su hijo(a), es diferente, nunca jamás vamos a encontrar dos experiencias idénticas. Lo único en común en este caso es que las tres tuvieron hijas mujeres y las tres fueron cesareadas.

Las diferentes aventuras de las tres mamás que habían coincidido aquella noche fue un intercambio de diferentes experiencias, tips, aventuras, desventuras y demás temas, temas que ahora forman parte del bagaje de conversaciones en las que termino involucrado, de una u otra forma, porque yo también meto mi cuchara, opino, comento, recomiendo, escucho y hago chacota. Usualmente los hombres se mantienen al margen en estos temas, aun no sé porque, algunos si conversan, otros no, pero en fin.

Nunca he escrito sobre lo que significo aquella noche del 22 de Setiembre de 2013, cuando tuve que llevar a Mary de emergencia a la clínica cerca de las 10pm, peor aun cuando nuestra cesárea estaba programada para el siguiente lunes, y todo fue por la culpa de un antojo que llego demasiado tarde a nuestras vidas. Mary nunca me pidió nada extraño durante su embarazo, con las justas un pescado frito y en horario regular, pero nada complejo, hasta ese día que me dijo que quería pollo del KFC, no había forma de que le comprara eso y menos si faltaban 48 horas para que la tuvieran que operar, así que un palito de anticucho cumplió con cubrir esa necesidad de alimentos a esa hora de la noche y la situación cambió radicalmente de color, había que volar, literalmente a la clínica.

Las experiencias contadas fueron diferentes, no todos pasan por la misma vivencia, algunas mamás llegan caminando, otras en taxi, otras en ambulancia, la mía llego en mi auto, que se transformó en el Max 5 y yo en el Meteoro Gordo de Lima. Mis amigas llegaron caminando a sus respectivas clínicas, porque pudieron entrar en el momento en el que las habían programado, las tres fueron cesáreas por diversas razones, pero fueron cesáreas necesarias. Mary entro al quirófano sola, yo me quede afuera porque era una emergencia, la pareja de mi amiga, a quien habíamos ido a visitar entro al quirófano tranquila y relajada pero luego de unos minutos empezó a cambiar de estado de ánimo llegando al punto de la histeria, tuvo que ser dormida para que pudieran operarla, su pareja se quedó también afuera porque la llegada de su hija se complicó, no tanto por la bebe sino más por la mamá. La tercera participante estuvo tranquila y relajada en todo momento, pero no dilató lo necesario y el dolor era cada vez más intenso, fuerte y continuo, por eso fue la cesárea.

Mary estuvo sola, pero pudo ver a nuestra hija un ratito ni bien llego al mundo, yo la vi afuera, cuando pasaba en una incubadora hacia otra de las salas del 5to piso de la clínica, eran como la 1:30am y mi familia y yo seguíamos esperando, solo pude verla 5 minutos porque me dejaron entrar a la zona de bebes, ella se quedó en incubadora hasta el día siguiente. Mary no salió y no la vi hasta el domingo a las 8am, se complicó la operación, se demoraron en cerrar el corte y la llevaron a la UCI, el doctor salió y me dijo que volviera al día siguiente. La pareja de mi amiga sufrió casi lo mismo, se quedó afuera, vestido y listo, no le decían nada, cuando salió su hija con las auxiliares corriendo, tampoco le dijeron nada, la incertidumbre fue lo peor, recién a los minutos le comentaron que hubo una complicación y que su pareja iba a estar en la UCI, él pudo ver a su hija en esos momentos, su mamá la conoció casi al tercer día y a través de una ventana.

De nuestra tercera amiga, la figura fue mucho más tranquila, el entro con ella, vivió en carne propia la llegada de su hija, estuvo con ella todo el tiempo que se pudo, conocieron a su hija juntos y tienen fotos para demostrarlo, ni yo ni la pareja de mi otra amiga pudimos vivir eso, disfrutarlo y tener un recuerdo para demostrar la sensación tan fantástica que es recibir a un bebé, solo tenemos el recuerdo de una mala noche o mala mañana, esperando y esperando, cruzando los dedos, con fe y con la esperanza de que todo iba a terminar rápido y bien.

Ahora las tres familias estamos más que contentas, felices y locos, cada uno de nosotros vive el presente, recuerda el pasado, y espera el futuro, un paso a la vez con paciencia y buen humor.
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Partos Distintos

Hace unos días visitando a una amiga que se acaba de convertir en mamá hace unos meses atrás, pudimos sentarnos a conversar e intercambiar experiencias con ella y con una tercera mamá que también había coincidido con nosotros. Todo se resume en una frase, todos los partos son distintos, las experiencias de cada mamá, desde el momento en que entra a la clínica o hospital a traer al mundo a su hijo(a), es diferente, nunca jamás vamos a encontrar dos experiencias idénticas. Lo único en común en este caso es que las tres tuvieron hijas mujeres y las tres fueron cesareadas.

Las diferentes aventuras de las tres mamás que habían coincidido aquella noche fue un intercambio de diferentes experiencias, tips, aventuras, desventuras y demás temas, temas que ahora forman parte del bagaje de conversaciones en las que termino involucrado, de una u otra forma, porque yo también meto mi cuchara, opino, comento, recomiendo, escucho y hago chacota. Usualmente los hombres se mantienen al margen en estos temas, aun no sé porque, algunos si conversan, otros no, pero en fin.

Nunca he escrito sobre lo que significo aquella noche del 22 de Setiembre de 2013, cuando tuve que llevar a Mary de emergencia a la clínica cerca de las 10pm, peor aun cuando nuestra cesárea estaba programada para el siguiente lunes, y todo fue por la culpa de un antojo que llego demasiado tarde a nuestras vidas. Mary nunca me pidió nada extraño durante su embarazo, con las justas un pescado frito y en horario regular, pero nada complejo, hasta ese día que me dijo que quería pollo del KFC, no había forma de que le comprara eso y menos si faltaban 48 horas para que la tuvieran que operar, así que un palito de anticucho cumplió con cubrir esa necesidad de alimentos a esa hora de la noche y la situación cambió radicalmente de color, había que volar, literalmente a la clínica.

Las experiencias contadas fueron diferentes, no todos pasan por la misma vivencia, algunas mamás llegan caminando, otras en taxi, otras en ambulancia, la mía llego en mi auto, que se transformó en el Max 5 y yo en el Meteoro Gordo de Lima. Mis amigas llegaron caminando a sus respectivas clínicas, porque pudieron entrar en el momento en el que las habían programado, las tres fueron cesáreas por diversas razones, pero fueron cesáreas necesarias. Mary entro al quirófano sola, yo me quede afuera porque era una emergencia, la pareja de mi amiga, a quien habíamos ido a visitar entro al quirófano tranquila y relajada pero luego de unos minutos empezó a cambiar de estado de ánimo llegando al punto de la histeria, tuvo que ser dormida para que pudieran operarla, su pareja se quedó también afuera porque la llegada de su hija se complicó, no tanto por la bebe sino más por la mamá. La tercera participante estuvo tranquila y relajada en todo momento, pero no dilató lo necesario y el dolor era cada vez más intenso, fuerte y continuo, por eso fue la cesárea.

Mary estuvo sola, pero pudo ver a nuestra hija un ratito ni bien llego al mundo, yo la vi afuera, cuando pasaba en una incubadora hacia otra de las salas del 5to piso de la clínica, eran como la 1:30am y mi familia y yo seguíamos esperando, solo pude verla 5 minutos porque me dejaron entrar a la zona de bebes, ella se quedó en incubadora hasta el día siguiente. Mary no salió y no la vi hasta el domingo a las 8am, se complicó la operación, se demoraron en cerrar el corte y la llevaron a la UCI, el doctor salió y me dijo que volviera al día siguiente. La pareja de mi amiga sufrió casi lo mismo, se quedó afuera, vestido y listo, no le decían nada, cuando salió su hija con las auxiliares corriendo, tampoco le dijeron nada, la incertidumbre fue lo peor, recién a los minutos le comentaron que hubo una complicación y que su pareja iba a estar en la UCI, él pudo ver a su hija en esos momentos, su mamá la conoció casi al tercer día y a través de una ventana.

De nuestra tercera amiga, la figura fue mucho más tranquila, el entro con ella, vivió en carne propia la llegada de su hija, estuvo con ella todo el tiempo que se pudo, conocieron a su hija juntos y tienen fotos para demostrarlo, ni yo ni la pareja de mi otra amiga pudimos vivir eso, disfrutarlo y tener un recuerdo para demostrar la sensación tan fantástica que es recibir a un bebé, solo tenemos el recuerdo de una mala noche o mala mañana, esperando y esperando, cruzando los dedos, con fe y con la esperanza de que todo iba a terminar rápido y bien.

Ahora las tres familias estamos más que contentas, felices y locos, cada uno de nosotros vive el presente, recuerda el pasado, y espera el futuro, un paso a la vez con paciencia y buen humor.
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¿Cómo os lo explico, hijos míos?

Mis hijos se empiezan a hacer mayores. Pronto llegará el momento en el que habrá que mantener con ellos esas ineludibles conversaciones en las que un padre trata de inculcar en sus vástagos aquellos valores que considera imprescindibles en la vida. 
La educación conlleva estas cosas, casi desde el primer momento, y acarrea la pesada responsabilidad de intentar que nuestros hijos sean mejores personas, que puedan caminar por la vida con la cabeza alta y con una mochila bien cargada de principios morales y éticos. 
Me gustaría que mis hijos fueran personas respetuosas, humildes, sencillas, que tiendan la mano al de al lado cuando lo necesite, que sonrían todo lo que puedan. Quiero que mis hijos sean competitivos pero sin pisar al prójimo, que sean ambiciosos sin tener que abrirse camino a codazos. Que aprendan a ser constantes y a esforzarse en aquello que decidan emprender, pero que lo hagan desde el respeto al compañero e incluso al adversario. Quiero que mis hijos, en definitiva, sean buenas personas. 
Pero ¿cómo se lo explico? ¿Cómo les explico que deben ser humildes cuando encienden la televisión y ven a Cristiano Ronaldo triunfar? ¿Cómo les cuento que en esta vida hay que ser honrados cuando ven a Messi defraudar? ¿Cómo coño me puedo atrever a intentar que mis hijos sean buenas personas cuando en esta puta vida solo triunfan los sinvergüenzas y los cínicos? Simplemente no puedo. 
No puedo sentarme delante de mis hijos con la responsabilidad que la paternidad me asigna y condenarles a una vida de sufrimiento y de padecimiento personal y profesional a cambio de intentar hacerles mejores seres humanos en una sociedad cada vez más deshumanizada. ¿Cómo voy a hacerles eso? ¿Cómo puedo yo, simple mortal sometido desde tiempos inmemoriales al yugo de estos ‘triunfadores’, explicarles a mis hijos que deben seguir mi triste ejemplo? No puedo, pero aun así, lo haré. 
Porque yo no quiero que mis hijos sean cristianos ni messis, que derramen lágrimas sólo cuando su ego se sienta dañado sin importarles un carajo lo que tienen alrededor. ¿Cómo os explico esto, hijos míos?

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¿Cómo os lo explico, hijos míos?

Mis hijos se empiezan a hacer mayores. Pronto llegará el momento en el que habrá que mantener con ellos esas ineludibles conversaciones en las que un padre trata de inculcar en sus vástagos aquellos valores que considera imprescindibles en la vida. 
La educación conlleva estas cosas, casi desde el primer momento, y acarrea la pesada responsabilidad de intentar que nuestros hijos sean mejores personas, que puedan caminar por la vida con la cabeza alta y con una mochila bien cargada de principios morales y éticos. 
Me gustaría que mis hijos fueran personas respetuosas, humildes, sencillas, que tiendan la mano al de al lado cuando lo necesite, que sonrían todo lo que puedan. Quiero que mis hijos sean competitivos pero sin pisar al prójimo, que sean ambiciosos sin tener que abrirse camino a codazos. Que aprendan a ser constantes y a esforzarse en aquello que decidan emprender, pero que lo hagan desde el respeto al compañero e incluso al adversario. Quiero que mis hijos, en definitiva, sean buenas personas. 
Pero ¿cómo se lo explico? ¿Cómo les explico que deben ser humildes cuando encienden la televisión y ven a Cristiano Ronaldo triunfar? ¿Cómo les cuento que en esta vida hay que ser honrados cuando ven a Messi defraudar? ¿Cómo coño me puedo atrever a intentar que mis hijos sean buenas personas cuando en esta puta vida solo triunfan los sinvergüenzas y los cínicos? Simplemente no puedo. 
No puedo sentarme delante de mis hijos con la responsabilidad que la paternidad me asigna y condenarles a una vida de sufrimiento y de padecimiento personal y profesional a cambio de intentar hacerles mejores seres humanos en una sociedad cada vez más deshumanizada. ¿Cómo voy a hacerles eso? ¿Cómo puedo yo, simple mortal sometido desde tiempos inmemoriales al yugo de estos ‘triunfadores’, explicarles a mis hijos que deben seguir mi triste ejemplo? No puedo, pero aun así, lo haré. 
Porque yo no quiero que mis hijos sean cristianos ni messis, que derramen lágrimas sólo cuando su ego se sienta dañado sin importarles un carajo lo que tienen alrededor. ¿Cómo os explico esto, hijos míos?

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Como seria “Jesús” como CEO y su liderazgo

En el libro “Jesus, CEO: Using Ancient Wisdom for Visionary Leadership” de Laurie Beth, se hace una curiosa previsión sobre como seria Jesus como CEO, y que características tiene su liderazgo. En nuestro blog nos ha parecido interesante este análisis y queríamos compartir con vosotros esta visión sobre el liderazgo.  Existen muchos tipos de liderazgo, […]

La entrada Como seria “Jesús” como CEO y su liderazgo aparece primero en Palabra de Pau.

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Comienzan los preparativos

Como comprenderéis estamos que parecemos pollos sin cabeza. Se nos han juntado muchísimas cosas: situaciones familiares, papeleos con una burocracia “tortuguil”, preparativos en la casa, obras…, y claro estamos con cien cosas a la vez.
En estos primeros días han pasado varias cosas:
* Agradecer a todos aquellos que nos han felicitado por el gran acontecimiento. Habéis sido muchos (blog, mail, teléfono, en persona…). Muchos de vosotros no habíais dado señales de vida nunca, y habéis aparecido en este momento tan especial. Muchísimas gracias a todos.
* María José, del blog “Papás por adopcion” nos ha enviado un regalito muy especial: uno de sus ejemplares dedicado. ¡Gracias María José!, ha sido todo un detallazo por tu parte, y además has debido poner las pilas al personal de correos porque ha llegado en un tiempo record (jeje).
* En el proceso de adopción en Hungría, cuando se recibe la asignación, una de las cosas que hay que preparar es una caja en la que se debe incluir una carta para los niños en la que te presentas y de das a conocer; fotos en diferentes situaciones, y unos regalitos para los peques. Es una excelente forma de que los niños vayan asociando ideas, imágenes y se vayan haciendo a la idea de los nuevos acontecimientos. Ahh! Por su puesto que la carta que les escribimos la tradujimos al húngaro con ayuda de la ECAI.
Aunque la idea de enviar una/s cajas parece tarea fácil no lo es del todo. Yo hubiera metido hasta un elefante, pero claro… ¿dónde meto la piscina para que el elefante se bañe dentro de la caja? (jejeje). Hay que hacer una selección y tener en cuenta la edad de los peques. No vale cualquier regalo, tiene que ser algo acorde con su edad y con la normativa de la UE.
¿Qué hago primero, comprar los juguetes o la caja? Nosotros compramos primero la caja, y decidimos amoldarnos a esas dimensiones. Esto tiene ventajas e inconvenientes. Primero, el diseño de la caja es importante porque es lo primero que ven los niños y les tiene que llamar la atención. Por otro lado no puedes meter todo lo que tu quieras. ¿Qué pusimos? Un poco de todo: peluches, pelotas, pistola de agua, pinturas, cuadernos para colorear y de pegatinas, coches, gominolas…
Una vez que ya está todo listo,  pusimos una etiqueta en cada una de las dos cajas con el nombre de cada uno de los niños, las envolvimos con papel continuo y lo llevamos a correos.

La caja, bueno en este caso las cajas (2) pesaban bastante y en correos había mucha gente, de manera que tuvimos que esperar en la fila hasta que llegara el turno. Me daba “cosa” dejar las cajas en el suelo a pesar de que pesaban, por si se manchaban. Luego uno piensa y se da cuenta que el personal de correos no va a colocar esas cajas sobre paños. Os lo cuento porque fijaros cuál era mi preocupación (que no se mancharan las cajas, jeje)

Cuando nos llegó el turno, una empleada con cara triste, cansada y con ciertos aires de repollo (probablemente estaría agotada de tanto trabajo) nos preguntó si habíamos rellenado el certificado de envío. No había ninguno en el mostrador así que le dijimos que no. Nos proporcionó uno y seguidamente nos preguntó cuál era el contenido de los paquetes. Al decirle que eran juguetes nos miró cual extraterrestre y le comentamos por encima la situación. Amigos, en qué hora se lo dijimos. Le cambió la cara, una fuerza sobrenatural se apoderó de ella y lo que era tristeza y cansancio con cara “repollil”, se convirtió en amabilidad, rapidez y una sonrisa ocupó su rostro. Nos quitó el certificado que teníamos que rellenar y dijo que lo rellenaría ella informáticamente y que se alegraba mucho de nuestra situación.
Nos hizo todo el papeleo en un santiamén. No sé si nuestra situación la relacionó con alguna experiencia suya, pero el caso es que se convirtió en otra persona. 
Desde aquí, agradezco a esta persona su labor y ayuda. Significó mucho para mí.
Esperamos que las dos cajas que rellenamos con tanto sentimiento y amor les gusten a nuestros peques. 
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Comienzan los preparativos

Como comprenderéis estamos que parecemos pollos sin cabeza. Se nos han juntado muchísimas cosas: situaciones familiares, papeleos con una burocracia “tortuguil”, preparativos en la casa, obras…, y claro estamos con cien cosas a la vez.
En estos primeros días han pasado varias cosas:
* Agradecer a todos aquellos que nos han felicitado por el gran acontecimiento. Habéis sido muchos (blog, mail, teléfono, en persona…). Muchos de vosotros no habíais dado señales de vida nunca, y habéis aparecido en este momento tan especial. Muchísimas gracias a todos.
* María José, del blog “Papás por adopcion” nos ha enviado un regalito muy especial: uno de sus ejemplares dedicado. ¡Gracias María José!, ha sido todo un detallazo por tu parte, y además has debido poner las pilas al personal de correos porque ha llegado en un tiempo record (jeje).
* En el proceso de adopción en Hungría, cuando se recibe la asignación, una de las cosas que hay que preparar es una caja en la que se debe incluir una carta para los niños en la que te presentas y de das a conocer; fotos en diferentes situaciones, y unos regalitos para los peques. Es una excelente forma de que los niños vayan asociando ideas, imágenes y se vayan haciendo a la idea de los nuevos acontecimientos. Ahh! Por su puesto que la carta que les escribimos la tradujimos al húngaro con ayuda de la ECAI.
Aunque la idea de enviar una/s cajas parece tarea fácil no lo es del todo. Yo hubiera metido hasta un elefante, pero claro… ¿dónde meto la piscina para que el elefante se bañe dentro de la caja? (jejeje). Hay que hacer una selección y tener en cuenta la edad de los peques. No vale cualquier regalo, tiene que ser algo acorde con su edad y con la normativa de la UE.
¿Qué hago primero, comprar los juguetes o la caja? Nosotros compramos primero la caja, y decidimos amoldarnos a esas dimensiones. Esto tiene ventajas e inconvenientes. Primero, el diseño de la caja es importante porque es lo primero que ven los niños y les tiene que llamar la atención. Por otro lado no puedes meter todo lo que tu quieras. ¿Qué pusimos? Un poco de todo: peluches, pelotas, pistola de agua, pinturas, cuadernos para colorear y de pegatinas, coches, gominolas…
Una vez que ya está todo listo,  pusimos una etiqueta en cada una de las dos cajas con el nombre de cada uno de los niños, las envolvimos con papel continuo y lo llevamos a correos.

La caja, bueno en este caso las cajas (2) pesaban bastante y en correos había mucha gente, de manera que tuvimos que esperar en la fila hasta que llegara el turno. Me daba “cosa” dejar las cajas en el suelo a pesar de que pesaban, por si se manchaban. Luego uno piensa y se da cuenta que el personal de correos no va a colocar esas cajas sobre paños. Os lo cuento porque fijaros cuál era mi preocupación (que no se mancharan las cajas, jeje)

Cuando nos llegó el turno, una empleada con cara triste, cansada y con ciertos aires de repollo (probablemente estaría agotada de tanto trabajo) nos preguntó si habíamos rellenado el certificado de envío. No había ninguno en el mostrador así que le dijimos que no. Nos proporcionó uno y seguidamente nos preguntó cuál era el contenido de los paquetes. Al decirle que eran juguetes nos miró cual extraterrestre y le comentamos por encima la situación. Amigos, en qué hora se lo dijimos. Le cambió la cara, una fuerza sobrenatural se apoderó de ella y lo que era tristeza y cansancio con cara “repollil”, se convirtió en amabilidad, rapidez y una sonrisa ocupó su rostro. Nos quitó el certificado que teníamos que rellenar y dijo que lo rellenaría ella informáticamente y que se alegraba mucho de nuestra situación.
Nos hizo todo el papeleo en un santiamén. No sé si nuestra situación la relacionó con alguna experiencia suya, pero el caso es que se convirtió en otra persona. 
Desde aquí, agradezco a esta persona su labor y ayuda. Significó mucho para mí.
Esperamos que las dos cajas que rellenamos con tanto sentimiento y amor les gusten a nuestros peques. 
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Unsupported adapter

(En español más abajo)
 
CanadaI was at the office yesterday when I noticed that my phone’s battery was very low, so I went to my bag to grab a USB cable to charge it. I put my hand in the pocket, without looking, and the first thing I pulled out of it looked a little strange to me.
 
Argentina
Estaba en la oficina ayer, cuando noté que mi teléfono se estaba quedando sin baterías, por lo que tomé mi valija para buscar un cable USB que me permitiera cargarlo. Metí mi mano en el bolsillo casi sin mirar, y lo primero que saqué me pareció un poco raro.
 
20160707_095318
What kind of an adapter is that? It’s definitely not USB, but it doesn’t look like HDMI either…
Qué clase de adaptador es ése? Definitivamente no es USB, pero tampoco parece ser HDMI…
 
20160707_095323
Oh, now I see… I had a practice last night! Smile
Ah, ya veo… Cierto que anoche tuve práctica! Smile
 

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Papa al día 2016-07-08 14:06:00

¿Como preparas el parto de tu pareja? Aquí algunos (des) consejos. Más que consejos son las situaciones que viví en los 3 embarazos.

MIs redes sociales:

Twitter: https://twitter.com/Papaaldia
Facebook: https://www.facebook.com/PapaAlDia/
Instagram: https://www.instagram.com/papaaldia/

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Papa al día 2016-07-08 14:06:00

¿Como preparas el parto de tu pareja? Aquí algunos (des) consejos. Más que consejos son las situaciones que viví en los 3 embarazos.

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Cuando el cartero trae buenas noticias: OBLUMI TAPP

Hola a todos! muy desaparecido del blog por la acumulación de trabajo, el buen tiempo y otras obligaciones pero no he podido pasar por alto escribir para comentar lo que me he encontrado en el correo!!! Los compañeros de Oblumi han enviado un Tapp para hacer una revisión del producto!!!!!!!!! es una maravilla, ha venido […]

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¿Qué valoramos cuando buscamos los alojamientos?

Ahora que vamos en familia, cuando buscamos alojamiento para nuestros viajes lo hacemos basándonos en unos criterios que nos permitan asegurar unos mínimos. Entre ellos, los más importantes son los siguientes:
Buena valoración por familias: ya sea utilizando Booking, TripAdvisor, Airbnb o la web que sea, revisamos las opiniones de los que lo han visitado antes basándonos principalmente en lo que dicen las familias; al final, los requisitos que puede tener una pareja o un grupo de amigos no son los mismos que alguien que viaja con niños pequeños. Tenemos muy en cuenta conceptos como la limpieza o la amabilidad de los propietarios/trabajadores así como un espacio cómodo para todos.


Relación calidad-precio: Intentamos ser coherentes con los lugares en los que nos alojamos teniendo en cuenta el precio medio de los alojamientos en esa zona. Nuestra intención es siempre ir al alojamiento más económico y mejor valorado con los criterios del punto anterior.
Bien situado: Relacionado con los dos puntos anteriores, si el lugar es fantástico pero está muy lejos y/o no hay buenas combinaciones para visitar o conocer la zona tampoco nos sirve de mucho. Hay que valorar muy bien qué cuesta desplazarse del alojamiento hasta el lugar a conocer, cuántas veces se va a hacer, cuánto se tarda y todo ello ponerlo en la balanza con lo que puede costar alojarse en algún lugar más cercano (y seguramente más caro).
Disponibilidad de wifi: Cuando viajas al extranjero, la wifi puede dar algunos ratos de tranquilidad permitiendo que, con la tablet, el móvil o el portátil, los más pequeños puedan disfrutar de dibujos animados tal y como lo hacen en casa; por mucho que vean cualquier cosa, ver unos dibujos en Croata, Checo o francés no tendrá el mismos interés para ellos…
Cocina / Habitaciones separadas: Una pequeña zona de cocina puede dar un respiro en la, a veces, cansada búsqueda de lugares para comer/cenar durante muchos días. Asimismo, tener la zona de dormir separada de la de estar permitirá a los adultos no tener que irse a dormir a la misma hora que los pequeños y disfrutar de un rato de tranquilidad y desconexión.
Baño privado: El hecho de compartir baño disminuye mucho el coste de un alojamiento pero viajando con niños pequeños, el no disponer de él es algo engorroso, así que preferimos pagar un poco más por él. 

Y estas son nuestras prioridades en la búsqueda de un alojamiento. ¿Son las mejores? No, son las nuestras 😉
Vosotros, ¿qué cosas tenéis en cuenta cuando viajais con vuestros hijos?
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S.O.S. profesor o socorrista

Aunque meteorológica y astronómicamente el verano comenzó hace ya unas semanas, para mí ha comenzado hoy. Justo hace unas horas, me he despedido de mis compañeros deseándoles un feliz verano. Para los que nos dedicamos a la maravillosa tarea de educar, el Colegio acaba, oficialmente, un par de semanas después de que las aulas queden huérfanas de alumnos con destino a la playa o a la piscina.


Tras esa despedida (que debe ser un “hasta septiembre”), se abre camino un verano que para casi todos es sinónimo de descanso y acopio de fuerzas, mientras que para otros, los profesores sustitutos, el periodo estival se convierte en algo parecido a un extenso desierto que, para colmo, no sabes si acabará en el oasis que representa la posibilidad de volver a desarrollar aquello que más te gusta hacer una vez llegue septiembre. Y es que para mí, con el verano, se abren incertidumbres, decenas de días con los Colegios cerrados a los que no puedes ni siquiera enviar tus credenciales, ni ofrecer tu entusiasmo y tus ilusiones; semanas desérticas en lo emocional, en las que debes librar una incandescente batalla contigo mismo para no desistir, tratando de bucear en ideas que te aporten esperanzas de cara al nuevo curso. En definitiva, miles de horas en las que rebobinar recuerdos e hilar nuevos proyectos con los que sostenerte mientras va pasando el estío. 

Hoy, en mi despedida, mi enésima despedida, tenía presente lo que iba a ser mi verano mientras deseaba felices vacaciones a aquellos que, en el último mes y medio, han sido mis compañeros. Y lo he hecho tratando de sentirlos como compañeros míos de toda la vida y a los que volveré a ver pronto. Hoy, he tratado de olvidar que también me despedí de compañeros de otros muchos Colegios deseándoles felices vacaciones en Navidad, Semana Santa o verano y con los que después no he vuelto, desafortunadamente, a compartir clases. 

Ser profesor sustituto, o errante según se mire, te exige llegar a ser un experto en aquello que, seguramente, se le da mal a la inmensa mayoría de las personas: subirse a un autobús en marcha (que es el ritmo de tu grupo-clase) y ponerte a su velocidad de crucero sin que el autobús frene (a veces incluso acelera) y sin que se note que hace unos segundos estabas sentado en la parada; adaptarte (y en ocasiones desencriptar) el trabajo que venía haciendo otro compañero usando su particular librillo, que además sigue llevando su nombre y no el tuyo; establecer vínculos emocionales con los que te rodean -alumnado, familias, compañeros, personal de administración y servicios- queriendo sentirte uno más de ellos; identificarte con el ideario de la comunidad educativa a la que de repente perteneces, hacer tuyos sus valores y su idiosincrasia no simplemente como un acto mimético, sino con el afán de incorporarlo a tu crecimiento personal y profesional…

Cuando eres profesor sustituto eres un profesor atípico, te vuelves alérgico a las vacaciones. Tu cuerpo segrega histaminas cada vez que se aproximan los periodos vacacionales y más si son estivales, por su mayor duración e inactividad docente. Y es que en verano son las playas y las piscinas, en lugar de las aulas, las que están abarrotadas de jóvenes. Por decirlo de una manera gráfica, son ahora los socorristas los que cogen el testigo, aquellos que por su profesión, flotador en mano, alcanzo a entender serán alérgicos a los largos inviernos.

Precisamente ayer tuve la fortuna, mientras participaba en un curso magistralmente impartido por Juan Manuel Alarcón Fernández, de darme cuenta que el profesor y el socorrista son más parecidos que antagónicos. El profesor Alarcón hizo una estupenda analogía entre estas dos profesiones que, en no pocas ocasiones, suelen despertar ciertas envidias por sus supuestos privilegios laborales. Es fácil tener la tentación de pensar, ¡socorrista, qué buen trabajo!. Todo el día en bañador al solecito, roneando con tus gafas de sol, trabajando al aire libre, rodeado de gente guapa y que a veces te hacen sentir centro de sus miradas, ganando un buen sueldecito… Sin embargo, el socorrista -como el docente vocacional- no es aquel que se enorgullece de su profesión simplemente por las envidias que despierta su trabajo supuestamente cómodo y privilegiado, sino que, por el contrario, se siente atraído por la idea de salvar vidas cuando ello sea preciso, de rescatar a personas que tienen el agua al cuello, por tener la oportunidad de mojarse para evitar que alguien arruine su vida por una imprudencia o por negligencia. Análogamente, el docente -como el socorrista vocacional- no es aquel que va a su puesto de trabajo con la idea de no encontrarse problemas y sentarse cómodamente en su silla mientras simplemente transcurren las horas de la jornada de la forma más liviana posible. Todo lo contrario, la vocación de unos y de otros les obliga a estar vigilantes de aquellos que se adentran inconscientemente en aguas revueltas, dispuestos a mojarse y dejarse el aliento para que ninguno de los que están bajo su responsabilidad cercenen sus vidas y sus proyectos futuros.


Es por ello, por lo que siento la necesidad de que en este verano me surjan oportunidades para volver a coger mi flotador en forma de carpeta y salir al rescate de jóvenes con el agua al cuello de cara al nuevo curso escolar.

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S.O.S. profesor o socorrista

Aunque meteorológica y astronómicamente el verano comenzó hace ya unas semanas, para mí ha comenzado hoy. Justo hace unas horas, me he despedido de mis compañeros deseándoles un feliz verano. Para los que nos dedicamos a la maravillosa tarea de educar, el Colegio acaba, oficialmente, un par de semanas después de que las aulas queden huérfanas de alumnos con destino a la playa o a la piscina.


Tras esa despedida (que debe ser un “hasta septiembre”), se abre camino un verano que para casi todos es sinónimo de descanso y acopio de fuerzas, mientras que para otros, los profesores sustitutos, el periodo estival se convierte en algo parecido a un extenso desierto que, para colmo, no sabes si acabará en el oasis que representa la posibilidad de volver a desarrollar aquello que más te gusta hacer una vez llegue septiembre. Y es que para mí, con el verano, se abren incertidumbres, decenas de días con los Colegios cerrados a los que no puedes ni siquiera enviar tus credenciales, ni ofrecer tu entusiasmo y tus ilusiones; semanas desérticas en lo emocional, en las que debes librar una incandescente batalla contigo mismo para no desistir, tratando de bucear en ideas que te aporten esperanzas de cara al nuevo curso. En definitiva, miles de horas en las que rebobinar recuerdos e hilar nuevos proyectos con los que sostenerte mientras va pasando el estío. 

Hoy, en mi despedida, mi enésima despedida, tenía presente lo que iba a ser mi verano mientras deseaba felices vacaciones a aquellos que, en el último mes y medio, han sido mis compañeros. Y lo he hecho tratando de sentirlos como compañeros míos de toda la vida y a los que volveré a ver pronto. Hoy, he tratado de olvidar que también me despedí de compañeros de otros muchos Colegios deseándoles felices vacaciones en Navidad, Semana Santa o verano y con los que después no he vuelto, desafortunadamente, a compartir clases. 

Ser profesor sustituto, o errante según se mire, te exige llegar a ser un experto en aquello que, seguramente, se le da mal a la inmensa mayoría de las personas: subirse a un autobús en marcha (que es el ritmo de tu grupo-clase) y ponerte a su velocidad de crucero sin que el autobús frene (a veces incluso acelera) y sin que se note que hace unos segundos estabas sentado en la parada; adaptarte (y en ocasiones desencriptar) el trabajo que venía haciendo otro compañero usando su particular librillo, que además sigue llevando su nombre y no el tuyo; establecer vínculos emocionales con los que te rodean -alumnado, familias, compañeros, personal de administración y servicios- queriendo sentirte uno más de ellos; identificarte con el ideario de la comunidad educativa a la que de repente perteneces, hacer tuyos sus valores y su idiosincrasia no simplemente como un acto mimético, sino con el afán de incorporarlo a tu crecimiento personal y profesional…

Cuando eres profesor sustituto eres un profesor atípico, te vuelves alérgico a las vacaciones. Tu cuerpo segrega histaminas cada vez que se aproximan los periodos vacacionales y más si son estivales, por su mayor duración e inactividad docente. Y es que en verano son las playas y las piscinas, en lugar de las aulas, las que están abarrotadas de jóvenes. Por decirlo de una manera gráfica, son ahora los socorristas los que cogen el testigo, aquellos que por su profesión, flotador en mano, alcanzo a entender serán alérgicos a los largos inviernos.

Precisamente ayer tuve la fortuna, mientras participaba en un curso magistralmente impartido por Juan Manuel Alarcón Fernández, de darme cuenta que el profesor y el socorrista son más parecidos que antagónicos. El profesor Alarcón hizo una estupenda analogía entre estas dos profesiones que, en no pocas ocasiones, suelen despertar ciertas envidias por sus supuestos privilegios laborales. Es fácil tener la tentación de pensar, ¡socorrista, qué buen trabajo!. Todo el día en bañador al solecito, roneando con tus gafas de sol, trabajando al aire libre, rodeado de gente guapa y que a veces te hacen sentir centro de sus miradas, ganando un buen sueldecito… Sin embargo, el socorrista -como el docente vocacional- no es aquel que se enorgullece de su profesión simplemente por las envidias que despierta su trabajo supuestamente cómodo y privilegiado, sino que, por el contrario, se siente atraído por la idea de salvar vidas cuando ello sea preciso, de rescatar a personas que tienen el agua al cuello, por tener la oportunidad de mojarse para evitar que alguien arruine su vida por una imprudencia o por negligencia. Análogamente, el docente -como el socorrista vocacional- no es aquel que va a su puesto de trabajo con la idea de no encontrarse problemas y sentarse cómodamente en su silla mientras simplemente transcurren las horas de la jornada de la forma más liviana posible. Todo lo contrario, la vocación de unos y de otros les obliga a estar vigilantes de aquellos que se adentran inconscientemente en aguas revueltas, dispuestos a mojarse y dejarse el aliento para que ninguno de los que están bajo su responsabilidad cercenen sus vidas y sus proyectos futuros.


Es por ello, por lo que siento la necesidad de que en este verano me surjan oportunidades para volver a coger mi flotador en forma de carpeta y salir al rescate de jóvenes con el agua al cuello de cara al nuevo curso escolar.

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Castigos ¿Sí o no?

¿El castigo como recurso para educar es adecuado? 
En casa no somos de aplicar castigos prácticamente nunca, aunque eso no significa que vivamos sin normas y que algunos actos no tengan sus consecuencias. 
¿Qué diferencia hay entre castigo y consecuencia?
Es una línea fina, no nos vamos a engañar; al final, lo normal es que los castigos sean también consecuencia de algunos actos o situaciones; no obstante, un castigo normalmente es un ataque a la moral o a los sentimientos de la persona que lo sufre (y la mayoría de las veces también supone un sentimiento de culpa al que lo impone) y es algo muy tajante. Muchas veces, además, no tiene relación con el hecho que ha provocado ese castigo. Las consecuencias, en cambio, son actos que se derivan de acciones concretas y conocidas, normalmente a partir de unas nombras establecidas (ya sabes que si no recoges no podrás mirar la tele). Además, las consecuencias nunca van a ser tan duras o agresivas como un castigo; como no se ha cumplido una parte del trato establecido, no se puede tener algo.
Muchas veces los castigos van de la mano de las amenazas, de las que ya os hablé hace algunas semanas; las consecuencias, en cambio, vendrán precedidas por avisos que informen del incumplimiento de las normas.
Hemos visto en algunos casos que hay gente que abusa del castigo: te quedas sin merienda, no puedes jugar, te vas a una habitación solo a pensar en lo que has hecho (¿?). Si ya de normal pensamos que son poco efectivos, si se producen de forma continuada aún lo serán menos… total, al final van a acabar castigados hagan lo que hagan. Creemos que esto hace que los niños tengan menos respeto a las normas.
Los castigos no nos parecen una herramienta adecuada, pero eso no quiere decir que nunca los hayamos usado; las contadísimas situaciones en las que hemos puesto en práctica algo del estilo ha sido tan traumático para nuestra hija que no hemos sido capaces de llevarlo hasta al final. Simplemente con tenerla sentada en algún sitio 5 minutos es ya una humillación tan grande que lo pasa fatal. No vemos necesidad en que pase por esas situaciones para que aprenda la lección.
Acostumbrémonos a hablar, a explicar las cosas; no olvidemos que muchas veces estamos tratando con pequeños seres humanos que pueden no estar entendiendo todo lo que les estamos pidiendo; tengamos paciencia y aplaquemos los nervios como podamos. Y, si no podemos, dejemos que gestione la situación otra persona o desahoguémonos 2 minutos en el lavabo encerrados, pero intentemos que la ira que puede desatarse en algunos momentos no nos haga hacer cosas de las que nos podemos arrepentir.
Ojo! Aquí únicamente he estado hablando de los castigos verbales… si ya me parecen crueles poco adecuados éstos, imaginaos qué pienso de los físicos: Una atrocidad.
Y vosotros, conseguís usar las consecuencias? O acabáis castigando?
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Por mi hijo dejé de fumar

Mi abuela siempre fue una fumadora empedernida, tal vez esa referencia fue mi acercamiento más íntimo al tabaco a temprana edad, ahora entiendo que esos ejemplos marcan tendencias más adelante en la vida de uno. Fumé por cerca de una década, no lo puedo negar, me gustaba el cigarrillo y lo consideraba un compañero de vida.

Siempre fui de los que decía que moriría fumando, me disgustaba el olor que producía el cigarrillo, aún así, lo consumía a dirario, ese tipo de molestias no eran relevantes. 
Cuando supe que sería padre, empezó en mí a germinar una vaga idea, la misma que luego fue un deseo y terminó por convertirse en un proyecto personal, dejar de fumar era la bandera que ocupaba mi mente y a la vez la intranquilizaba.
No lo negaré, pospuse de manera cobarde la decisión definitiva, sólo fue hasta la noche antes del día del parto que mi conciencia se aferró a la fortaleza y dijo ¡no más!
Siempre escuché historias de gente que fracasaba al intentar dejar el cigarrillo, se frustraban o argumentaban no tener una razón poderosa para dejarlo. No puedo asegurar que un hijo sea motivo suficiente para todo el mundo, para mí lo fue.
Un viernes, pasadas las 20 horas, dejé de fumar; hoy la ansiedad es nula, hoy no imagino tener a mi hijo en brazos y estar oliendo a tabaco. No reprocho a los fumadores, pero desde que soy padre los evito, he llegado a adquirir cierta repulsión al humo del cigarrillo.
Al final me gustó mi nueva faceta de no fumador, sin contar con todos los beneficios que esto conlleva; recuperar el olfato, el gusto, oler bien, etc. Lo que pensé en un principio que hacía por mi hijo, lo hacía realmente por mí.
Para finalizar, déjame decirte que no hay excusa alguna para tener un bebé en casa y seguir fumando. Los daños que se pueden presentar en esta nueva y frágil vida son incalculables, así que ¡ánimo!, dejar de fumar es más fácil que pensarlo.
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Por mi hijo dejé de fumar

Mi abuela siempre fue una fumadora empedernida, tal vez esa referencia fue mi acercamiento más íntimo al tabaco a temprana edad, ahora entiendo que esos ejemplos marcan tendencias más adelante en la vida de uno. Fumé por cerca de una década, no lo puedo negar, me gustaba el cigarrillo y lo consideraba un compañero de vida.

Siempre fui de los que decía que moriría fumando, me disgustaba el olor que producía el cigarrillo, aún así, lo consumía a dirario, ese tipo de molestias no eran relevantes. 
Cuando supe que sería padre, empezó en mí a germinar una vaga idea, la misma que luego fue un deseo y terminó por convertirse en un proyecto personal, dejar de fumar era la bandera que ocupaba mi mente y a la vez la intranquilizaba.
No lo negaré, pospuse de manera cobarde la decisión definitiva, sólo fue hasta la noche antes del día del parto que mi conciencia se aferró a la fortaleza y dijo ¡no más!
Siempre escuché historias de gente que fracasaba al intentar dejar el cigarrillo, se frustraban o argumentaban no tener una razón poderosa para dejarlo. No puedo asegurar que un hijo sea motivo suficiente para todo el mundo, para mí lo fue.
Un viernes, pasadas las 20 horas, dejé de fumar; hoy la ansiedad es nula, hoy no imagino tener a mi hijo en brazos y estar oliendo a tabaco. No reprocho a los fumadores, pero desde que soy padre los evito, he llegado a adquirir cierta repulsión al humo del cigarrillo.
Al final me gustó mi nueva faceta de no fumador, sin contar con todos los beneficios que esto conlleva; recuperar el olfato, el gusto, oler bien, etc. Lo que pensé en un principio que hacía por mi hijo, lo hacía realmente por mí.
Para finalizar, déjame decirte que no hay excusa alguna para tener un bebé en casa y seguir fumando. Los daños que se pueden presentar en esta nueva y frágil vida son incalculables, así que ¡ánimo!, dejar de fumar es más fácil que pensarlo.
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Empecemos a cambiar una masculinidad mal entendida

¿Qué tipo de masculinidad quiero transmitir a mi hijo? Es una pregunta que no me he hecho con mucha frecuencia pero si es algo que me he planteado en alguna ocasión. Esta inquietud tomó fuerza cuando hace unos días descubrí el documental ‘The Mask you live in’ que trata de cómo se transmite la masculinidad […]

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Las vacunas de los dos meses

Al nacer, nuestros hijos reciben unas dosis de vacunas que los mantendrán inmunes a ciertos riesgos hasta los dos meses, es por esto que nuestros cuidados en los primeros meses de vida deben ser extremos. Descansamos cuando llega el día 60 de vida de nuestro bebé, y lo hacemos porque es tiempo de vacunas, es tiempo de inmunidad. 
En Uno Más Uno Tres preparamos una serie de ‘tips’ para que la jornada de vacunación sea satisfactoria para los padres y poco traumática para el bebé.


1. Dar Acetaminofén antes de aplicar las vacunas.

En países como Colombia se maneja el acetaminofén para niños con el nombre de “Dolex Niños”, no olvides consultar en tu país o región cuál es el adecuado para bebés de dos meses, así como la dosis a suministrar, esta muchas veces dependerá del peso.

2. Calmarse. 

Suena básico pero es algo que todos los padres debemos tener en cuenta. Es inevitable que nuestros bebés sientan dolor en esta experiencia, pero no debemos olvidar que es algo que les hará bien, es un camino que tienen que transitar, no les hará mal conocer que el dolor físico también hace parte del la vida.

3. Aliméntalo después.

A la hora de vacunar nuestro bebé debe tener el estómago vacío, esto con el fin de que ellos reciban la dosis oral sin complicaciones. Además brindarle su alimento después ayudará a calmarlo.

4. Cuidado con las alarmas.

La enfermera o personal encargado de vacunar al bebé debe dar una breve charla a los padres indicando todas las reacciones que puede ocasionar las vacunas en el cuerpo de nuestro pequeño/a. Así que presta mucha atención y sigue estos cuidados en casa durante los 10 días posteriores a la vacunación.
Fiebre: Si tu bebé tiene temperatura mayor a 38°C y ésta no desciende con la dosis adecuada de acetaminofén o con un baño refrescante se debe acudir al médico.
Diarrea: La deposición del bebé será más líquida de lo habitual, si ves sangrado el bebé requerirá atención médica. 
Llanto prolongado: Es normal que el bebé esté más consentido de lo habitual, pero su llanto se convierte en alarma cuando supera las 3 horas de manera consecutiva.

5. Calma su dolor.

Coloca compresas de agua fría cada hora para disminuir la hinchazón.

6. Doble dosis de amor.

Tu bebé necesitará todos los cuidados y el amor de sus padres, trata de que tu dosis de cariño sea más grande que el dolor.

¿Y tú cómo manejas el tema de la vacunación con tus bebés?

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Las vacunas de los dos meses

Al nacer, nuestros hijos reciben unas dosis de vacunas que los mantendrán inmunes a ciertos riesgos hasta los dos meses, es por esto que nuestros cuidados en los primeros meses de vida deben ser extremos. Descansamos cuando llega el día 60 de vida de nuestro bebé, y lo hacemos porque es tiempo de vacunas, es tiempo de inmunidad. 
En Uno Más Uno Tres preparamos una serie de ‘tips’ para que la jornada de vacunación sea satisfactoria para los padres y poco traumática para el bebé.


1. Dar Acetaminofén antes de aplicar las vacunas.

En países como Colombia se maneja el acetaminofén para niños con el nombre de “Dolex Niños”, no olvides consultar en tu país o región cuál es el adecuado para bebés de dos meses, así como la dosis a suministrar, esta muchas veces dependerá del peso.

2. Calmarse. 

Suena básico pero es algo que todos los padres debemos tener en cuenta. Es inevitable que nuestros bebés sientan dolor en esta experiencia, pero no debemos olvidar que es algo que les hará bien, es un camino que tienen que transitar, no les hará mal conocer que el dolor físico también hace parte del la vida.

3. Aliméntalo después.

A la hora de vacunar nuestro bebé debe tener el estómago vacío, esto con el fin de que ellos reciban la dosis oral sin complicaciones. Además brindarle su alimento después ayudará a calmarlo.

4. Cuidado con las alarmas.

La enfermera o personal encargado de vacunar al bebé debe dar una breve charla a los padres indicando todas las reacciones que puede ocasionar las vacunas en el cuerpo de nuestro pequeño/a. Así que presta mucha atención y sigue estos cuidados en casa durante los 10 días posteriores a la vacunación.
Fiebre: Si tu bebé tiene temperatura mayor a 38°C y ésta no desciende con la dosis adecuada de acetaminofén o con un baño refrescante se debe acudir al médico.
Diarrea: La deposición del bebé será más líquida de lo habitual, si ves sangrado el bebé requerirá atención médica. 
Llanto prolongado: Es normal que el bebé esté más consentido de lo habitual, pero su llanto se convierte en alarma cuando supera las 3 horas de manera consecutiva.

5. Calma su dolor.

Coloca compresas de agua fría cada hora para disminuir la hinchazón.

6. Doble dosis de amor.

Tu bebé necesitará todos los cuidados y el amor de sus padres, trata de que tu dosis de cariño sea más grande que el dolor.

¿Y tú cómo manejas el tema de la vacunación con tus bebés?

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AMISTATS

[Puedes leerlo en castellano aquí] Resulta que avui he volgut revisar quan fa de la meva última entrada, i fa tres mesos que no passava per aquí… Durant aquests tres mesos he intentat escriure alguna entrada, però quan m’asseia a fer-ho, no em venia cap tema. També és veritat que he intentat treballar més una…
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¿Qué hubiera pasado si?

Que hubiera pasado si las cosas fueran distintas, que sería de mí si mis decisiones pasadas me hubieran hecho tomar rutas distintas, de repente no estaría escribiendo estas líneas, tal vez no estuviera casado con la mujer que comparte mi vida desde hace poco mas de 6 años y de repente no tendría una hija de casi 3 años.

Que hubiera pasado si hubiese decidido volver a postular a la universidad allá por el año 92, que sería de mí si hubiera aceptado irme a vivir a Canadá allá por el año 95, que influencias hubiera tenido si mi papá hubiera decidido compartir su vida conmigo y con mi madre. Donde estaría yo si me hubiese quedado trabajando en el puesto “A” de la empresa “X” en lugar de cambiarlo por el puesto “B” de la empresa “Y”, tal vez estaría en un puesto gerencial o trabajando en el extrajero.

Que tantos ahorros tendría si no hubiera reventado mis tarjetas de crédito, más por la emoción de poder comprar de todo y sin medir las consecuencias, que hubiera pasado si hubiese decidido ingresar a la universidad antes del 2004 para culminar mi carrera de ingeniería. De repente tendría otra familia diferente si me hubiera atrevido a decirle a la chica del colegio que me gustaba, en lugar de quedarme callado y guardarme mis sentimientos. Quizas hubiera destrozado el auto si hubiera sacado brevete a los 18 en lugar de hacerlo a los 25. Realmente son tantas preguntas en base a tantos supuestos que podrían volverlo loco a cualquiera.

Si me hubiera casado mucho antes, ¿tendría otra familia?, ¿tendría mas hijos?, no se si sería el mismo papá que soh ahora si en lugar de tener 1 hija tuviera 3, tendría más probabilidades de conocer a mis nietos, por un tema de edad, o tal vez a mis bisnietos, disfrutaría de ellos mientras veo la televisión tomando un café con leche, no lo sé y creo que no lo sabré todavía, queda mucho por recorrer.

¿Y a que va esta catarsis de preguntas elaboradas que no vienen al caso ahorita? Sé que no van a cambiar mi pasado ni mi presente y menos mi futuro, ya lo que tenía que pasar pasó y no puedo volver atrás, tengo una hija hermosa, una excelente esposa, una familia increíble, unos amigos que no cambiaría por nada en el mundo. Todos ellos llegaron en el momento que correspondía, yo no decidí por ellos y ellos no decidieron por su cuenta, las cosas pasaron y punto. 

No me arrepiento de lo que tengo, de lo que he logrado y de lo que voy a lograr a futuro, en un año o en cinco, sé que he fallado en muchas cosas, pero de eso se trata la vida, de aprender de las metidas de pata y de salir airoso nuevamente.

Hoy vivo por mi familia y más por mi hija, por eso te digo que aceptes lo que tienes, disfrútalo, gózalo y no te sientas menos por lo que tienes y por lo que eres, no a todos nos llegan las cosas a la misma vez y a la misma velocidad. Eres un grandioso padre, una grandiosa madre y tienes un grandioso futuro por delante.

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¿Qué hubiera pasado si?

Que hubiera pasado si las cosas fueran distintas, que sería de mí si mis decisiones pasadas me hubieran hecho tomar rutas distintas, de repente no estaría escribiendo estas líneas, tal vez no estuviera casado con la mujer que comparte mi vida desde hace poco mas de 6 años y de repente no tendría una hija de casi 3 años.

Que hubiera pasado si hubiese decidido volver a postular a la universidad allá por el año 92, que sería de mí si hubiera aceptado irme a vivir a Canadá allá por el año 95, que influencias hubiera tenido si mi papá hubiera decidido compartir su vida conmigo y con mi madre. Donde estaría yo si me hubiese quedado trabajando en el puesto “A” de la empresa “X” en lugar de cambiarlo por el puesto “B” de la empresa “Y”, tal vez estaría en un puesto gerencial o trabajando en el extrajero.

Que tantos ahorros tendría si no hubiera reventado mis tarjetas de crédito, más por la emoción de poder comprar de todo y sin medir las consecuencias, que hubiera pasado si hubiese decidido ingresar a la universidad antes del 2004 para culminar mi carrera de ingeniería. De repente tendría otra familia diferente si me hubiera atrevido a decirle a la chica del colegio que me gustaba, en lugar de quedarme callado y guardarme mis sentimientos. Quizas hubiera destrozado el auto si hubiera sacado brevete a los 18 en lugar de hacerlo a los 25. Realmente son tantas preguntas en base a tantos supuestos que podrían volverlo loco a cualquiera.

Si me hubiera casado mucho antes, ¿tendría otra familia?, ¿tendría mas hijos?, no se si sería el mismo papá que soh ahora si en lugar de tener 1 hija tuviera 3, tendría más probabilidades de conocer a mis nietos, por un tema de edad, o tal vez a mis bisnietos, disfrutaría de ellos mientras veo la televisión tomando un café con leche, no lo sé y creo que no lo sabré todavía, queda mucho por recorrer.

¿Y a que va esta catarsis de preguntas elaboradas que no vienen al caso ahorita? Sé que no van a cambiar mi pasado ni mi presente y menos mi futuro, ya lo que tenía que pasar pasó y no puedo volver atrás, tengo una hija hermosa, una excelente esposa, una familia increíble, unos amigos que no cambiaría por nada en el mundo. Todos ellos llegaron en el momento que correspondía, yo no decidí por ellos y ellos no decidieron por su cuenta, las cosas pasaron y punto. 

No me arrepiento de lo que tengo, de lo que he logrado y de lo que voy a lograr a futuro, en un año o en cinco, sé que he fallado en muchas cosas, pero de eso se trata la vida, de aprender de las metidas de pata y de salir airoso nuevamente.

Hoy vivo por mi familia y más por mi hija, por eso te digo que aceptes lo que tienes, disfrútalo, gózalo y no te sientas menos por lo que tienes y por lo que eres, no a todos nos llegan las cosas a la misma vez y a la misma velocidad. Eres un grandioso padre, una grandiosa madre y tienes un grandioso futuro por delante.

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