Yo pensaba que había probado todos los iogolinos

Recientemente gracias a Madresfera y su sello de calidad de IOGOLINO SUAVE Y CREMOSO de Nestle, nos ha llegado un paquete: Que al abrirlo nos encontramos con esta sorpresa 😀 : Estaba llena la caja de iogolinos!!! Nos pusimos a ordenar todo lo que contenía el paquete y traía: – 2 IOGOLINO Natural (Cada pack 4x100g) – … Sigue leyendo Yo pensaba que había probado todos los iogolinos

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Iogolino suave y cremoso de Nestlé

Estoy muy contento por haber sido seleccionado de nuevo por Nestlé para que mi hija pruebe los nuevos sabores en esta nueva promoción por medio de Madresfera. La semana pasada me llegó un paquete con productos de Nestlé para mi pequeña y tras probarlos durante unos días  estoy en disposición de emitir una opinión. Por […]

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Hay clase el día 31 de octubre de 2016 en Sevilla?

Tenemos novedades en #papanoara !

Hay clase el día 31 de octubre de 2016 en Sevilla? (continuando para nota)   A la gente que está llegando a la página con esta pregunta: Queridxs   NO, no hay clase este día.     Como siempre te sugiero que visites esta dirección con el calendario escolar provincial completo… faltan por incluir en este los 2 días locales que escoge cada municipio…   Así que quienes trabajeis… a conciliar… uy perdón… a buscaros la vida… y los que no… puesssssssssss yo que se que deciros majetes.   Oferta de actividades muy interesantes disponibles y a bajo coste.  …

#dalegas

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polishedman polishedjuaki

Tenemos novedades en #papanoara !

Quiero sumarme a la campaña internacional polishedman a la que llego vía @papasblogueros e invitarte también a participar. Según el Consejo Europeo, una de cada cinco criaturas es o será víctima de abusos tanto físicos como sexuales en algún momento de su vida antes de llegar a los 18 años. Una de cada cinco. ¿Cuánta gente son en la clase de tus peques? ¿Y si fuera una de las criaturas con las que te cruzas en tu día a día? ¿Y si está más cerca de lo que crees, de lo que quieres aceptar?   Polishedman: Aquí me tienes.  …

#dalegas

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Viernes dando la nota #173: Contra la pared

Blues Pills – Ain’t no change / High class woman

Cortito y al pie. Nada cambia. Todo está congelado, foto fija. ¿Nuevo gobierno? No me jodas… Todo el mundo quiere cambiar, pero para eso tienen que ponerse de pie, y hacer frente al destino. No hay manera de salvarlo todo, y menos cuando estamos de espaldas contra la pared. No importa, ya es demasiado tarde… Los mares están muriendo, la gente está llorando. El estado nos espía, por si acaso miramos, y vemos. O por si despertamos. No importa. No hay ningún cambio.

Pájaros azules, volando muy alto, alejados de la tierra, de todo. Ancianos lejos de casa, soñando sin parar, hijos de veranos pasados. Ahora el miedo les da escalofríos en los huesos, y se recuestan esperando a morir. No despertamos. No hay ningún cambio, somos ancianos. Sigue gente de otra clase, con otras vidas. Gente que vive y engorda por encima de nuestras posibilidades. Gente con poder en vuestras manos, ojalá se acerque el día en el que os llegue la condena.

La sueca Elin Larsson, vocalista de los Blues Pills, es un torbellino, una bomba. Toda la banda es la bomba. Otra cosa que sigue fija. Va por vosotros, Eva, Alfonso y Matilda. Seguís siendo lo más importante de la galaxia. Relax, oxitocina y dogpower. Lo dicho, todo sigue siendo muy raro. Espero que la semana que viene, más. Sed libres.

¡Feliz #VDLN! ¡Y que la Fuerza os acompañe!
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Hospedado en WORDPRESS.COM:

Gracias a todos por participar. ¡Y a dar la nota!

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¿La practica deportiva de nuestro hijo condicionará nuestra vida familiar?

Mucha gente cuando les explico que Pau juega a fútbol, que entrena 3 tardes a la semana y que sábado o domingo tenemos que llevarlo al partido, se tira de los pelos. “Eso del fútbol os hipoteca la vida” comentan muchas veces. 

Es cierto que apuntar a tu hijo a un deporte implica un cierto sacrificio a la familia. Veréis que hablo de deporte y no de fútbol en concreto, ya que la mayoría de las disciplinas deportivas implican horas de entrenamiento, con mayor o menor número de fechas donde se disputa competición. 

¿Vale la pena tanto esfuerzo? Yo no tengo ninguna duda. Cuando una pareja decide tener un hijo debe ser consciente que el pequeño va a cambiar las prioridades de la familia. Y quién me diga que eso no es cierto, es que no ha sido padre. Tus horarios y hábitos diarios se deben acoplar a los de tu hijo/a. A medida que van creciendo, dejan de ser tan dependientes, pero la figura del padre/madre deben estar siempre presente para apoyarles en su evolución y formación.

La escuela es algo in-negociable, obligatorio. Nadie se plantea que llevar a sus hijos a la escuela es un problema para la vida familiar. ¿Y el deporte? Creo que es algo muy importante para la formación personal del chico/a. Además de intentar tener unos buenos hábitos físicos, el deporte enseña valores muy importantes en la vida, cómo el sacrificio, el esfuerzo, el compañerismo, el superarse el día a día, el saber ganar y perder y un largo etcétera. Yo quiero que mi hijo sepa matemáticas, idiomas y demás asignaturas escolares, pero también quiero que aprenda valores. Algunos los aprende en casa, otros en la escuela, pero muchos otros jugando al fútbol.

Sé que muchos pensaréis que apuntar a un niño a un deporte que precisa de la implicación familiar puede ser un problema para el disfrute del tiempo libre de la familia. Tal vez sí, pero yo personalmente no lo concibo como un problema, sino como algo positivo. Ver disfrutar a un hijo realizando un deporte, ver como se ríe con los compañeros, como sufren juntos cuando las cosas no salen tan bien, todo eso me llena. Y si además disfruto como espectador del deporte, ya no me cabe ninguna duda. 

Pau tiene una hermana pequeña que se ha decantado por la equitación. Este deporte a mi personalmente no me acaba de entusiasmar, pero no me importa que la pequeña lo practique. Lo que me importa es ver su sonrisa encima del caballo, su concentración para hacerlo todo bien. Y si un sábado por la mañana no puedo ir a otro sitio porque ella tiene equitación, no me importa. ¿Porqué os explico esto? Simplemente porque muchos acusan de que no me importa llevar a Pau al fútbol porque me encanta este deporte. Cierto que me gusta, pero si practicara ping-pong, baloncesto, tenis o cualquier otra disciplina, no me importaría hacer el mismo “esfuerzo”.

En resumen, tener un hijo/a practicando un deporte implica que parte del tiempo libre de la familia esté dedicado a ello. Y ese tiempo, bajo mi punto de vista, NUNCA es tiempo perdido. Por que eso es ser padre/madre, dar a tus hijos sin necesidad de recibir, aunque quieran o no ellos nos acaban dando mucho más.
Así que mi respuesta al titular del artículo es clara: La practica deportiva de nuestro hijo/s , sea la que sea, condicionan la vida familiar, sí,  pero siempre de forma positiva. 
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¿La practica deportiva de nuestro hijo condicionará nuestra vida familiar?

Mucha gente cuando les explico que Pau juega a fútbol, que entrena 3 tardes a la semana y que sábado o domingo tenemos que llevarlo al partido, se tira de los pelos. “Eso del fútbol os hipoteca la vida” comentan muchas veces. 

Es cierto que apuntar a tu hijo a un deporte implica un cierto sacrificio a la familia. Veréis que hablo de deporte y no de fútbol en concreto, ya que la mayoría de las disciplinas deportivas implican horas de entrenamiento, con mayor o menor número de fechas donde se disputa competición. 

¿Vale la pena tanto esfuerzo? Yo no tengo ninguna duda. Cuando una pareja decide tener un hijo debe ser consciente que el pequeño va a cambiar las prioridades de la familia. Y quién me diga que eso no es cierto, es que no ha sido padre. Tus horarios y hábitos diarios se deben acoplar a los de tu hijo/a. A medida que van creciendo, dejan de ser tan dependientes, pero la figura del padre/madre deben estar siempre presente para apoyarles en su evolución y formación.

La escuela es algo in-negociable, obligatorio. Nadie se plantea que llevar a sus hijos a la escuela es un problema para la vida familiar. ¿Y el deporte? Creo que es algo muy importante para la formación personal del chico/a. Además de intentar tener unos buenos hábitos físicos, el deporte enseña valores muy importantes en la vida, cómo el sacrificio, el esfuerzo, el compañerismo, el superarse el día a día, el saber ganar y perder y un largo etcétera. Yo quiero que mi hijo sepa matemáticas, idiomas y demás asignaturas escolares, pero también quiero que aprenda valores. Algunos los aprende en casa, otros en la escuela, pero muchos otros jugando al fútbol.

Sé que muchos pensaréis que apuntar a un niño a un deporte que precisa de la implicación familiar puede ser un problema para el disfrute del tiempo libre de la familia. Tal vez sí, pero yo personalmente no lo concibo como un problema, sino como algo positivo. Ver disfrutar a un hijo realizando un deporte, ver como se ríe con los compañeros, como sufren juntos cuando las cosas no salen tan bien, todo eso me llena. Y si además disfruto como espectador del deporte, ya no me cabe ninguna duda. 

Pau tiene una hermana pequeña que se ha decantado por la equitación. Este deporte a mi personalmente no me acaba de entusiasmar, pero no me importa que la pequeña lo practique. Lo que me importa es ver su sonrisa encima del caballo, su concentración para hacerlo todo bien. Y si un sábado por la mañana no puedo ir a otro sitio porque ella tiene equitación, no me importa. ¿Porqué os explico esto? Simplemente porque muchos acusan de que no me importa llevar a Pau al fútbol porque me encanta este deporte. Cierto que me gusta, pero si practicara ping-pong, baloncesto, tenis o cualquier otra disciplina, no me importaría hacer el mismo “esfuerzo”.

En resumen, tener un hijo/a practicando un deporte implica que parte del tiempo libre de la familia esté dedicado a ello. Y ese tiempo, bajo mi punto de vista, NUNCA es tiempo perdido. Por que eso es ser padre/madre, dar a tus hijos sin necesidad de recibir, aunque quieran o no ellos nos acaban dando mucho más.
Así que mi respuesta al titular del artículo es clara: La practica deportiva de nuestro hijo/s , sea la que sea, condicionan la vida familiar, sí,  pero siempre de forma positiva. 
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Ya (casi) no me enfado

En nuestra sociedad la mayoría de la gente somos de enfadarnos. A unos les dura más, a otros menos. A unos les da por gritar, a otros por no hablar; a unos les dura 5 minutos, a otros les puede durar horas (o días).
Yo nunca he sido una persona a la que los enfados les duraran mucho rato, aunque si que era habitual que me enfadara a menudo.
Desde que soy padre, momento de inflexión en tu vida y en la que te replanteas muchas formas de actuar, una de ellas fue la utilidad del enfado. ¿Y sabéis qué? Llegué a la conclusión que no sirve para nada. ¿Qué beneficio se saca de un enfado? ¿Qué gana alguien poniéndose a gritar como un poseso? ¿Arreglas algo estando varias horas sin hablar con la persona con la que te has enfadado?
Con los niños también pasa. Cuando están rebeldes y no nos hacen ‘caso’ nos enfadamos porque no hacen lo que nosotros queremos. Cuando no conseguimos que se vistan o que vayan a la ducha cuando deben hacerlo muchas veces acabaremos dando gritos o pillando un cabreo de dimensiones importantes… y lo cierto es que pocas veces se soluciona nada con ello. Al menos, no como se debería.
Se oyen muchas veces comentarios del estilo a “Es que no hay manera de que me haga caso”, “me saca de mis casillas”, “no puedo con él/ella”… La mayoría de estos comentarios seguramente hayan acabado en un enfado. Y vuelvo a lo de antes, ¿Solucionamos algo? En el mejor de los casos conseguiremos que hagan lo que les pedimos, aunque no porque vieran la necesidad de hacerlo, sino por miedo o temor. En la vida en general, y con los peques aún más si cabe funcionan mejor otras tácticas como pueden ser el diálogo, la explicación de las situaciones y/o motivos, la empatía… Siempre hay alternativas a acabar enfadado; lo único que hay que hacer es tomar conciencia de ello y, cuando estemos a punto de llegar a estarlo, parar, respirar hondo y tomar otro camino.
¿Quiere decir eso que nunca me enfado? Por supuesto que no, pero cuando me acabo enfadando nunca me dura más de 5 minutos y, a la que me doy cuenta en la situación en la que me encuentro, intento derivarla a una actitud positiva que me permita salir airoso de la situación conflictiva (y no siempre es fácil).
Y vosotros, ¿cómo lleváis el tema de los enfados?
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Ya (casi) no me enfado

En nuestra sociedad la mayoría de la gente somos de enfadarnos. A unos les dura más, a otros menos. A unos les da por gritar, a otros por no hablar; a unos les dura 5 minutos, a otros les puede durar horas (o días).
Yo nunca he sido una persona a la que los enfados les duraran mucho rato, aunque si que era habitual que me enfadara a menudo.
Desde que soy padre, momento de inflexión en tu vida y en la que te replanteas muchas formas de actuar, una de ellas fue la utilidad del enfado. ¿Y sabéis qué? Llegué a la conclusión que no sirve para nada. ¿Qué beneficio se saca de un enfado? ¿Qué gana alguien poniéndose a gritar como un poseso? ¿Arreglas algo estando varias horas sin hablar con la persona con la que te has enfadado?
Con los niños también pasa. Cuando están rebeldes y no nos hacen ‘caso’ nos enfadamos porque no hacen lo que nosotros queremos. Cuando no conseguimos que se vistan o que vayan a la ducha cuando deben hacerlo muchas veces acabaremos dando gritos o pillando un cabreo de dimensiones importantes… y lo cierto es que pocas veces se soluciona nada con ello. Al menos, no como se debería.
Se oyen muchas veces comentarios del estilo a “Es que no hay manera de que me haga caso”, “me saca de mis casillas”, “no puedo con él/ella”… La mayoría de estos comentarios seguramente hayan acabado en un enfado. Y vuelvo a lo de antes, ¿Solucionamos algo? En el mejor de los casos conseguiremos que hagan lo que les pedimos, aunque no porque vieran la necesidad de hacerlo, sino por miedo o temor. En la vida en general, y con los peques aún más si cabe funcionan mejor otras tácticas como pueden ser el diálogo, la explicación de las situaciones y/o motivos, la empatía… Siempre hay alternativas a acabar enfadado; lo único que hay que hacer es tomar conciencia de ello y, cuando estemos a punto de llegar a estarlo, parar, respirar hondo y tomar otro camino.
¿Quiere decir eso que nunca me enfado? Por supuesto que no, pero cuando me acabo enfadando nunca me dura más de 5 minutos y, a la que me doy cuenta en la situación en la que me encuentro, intento derivarla a una actitud positiva que me permita salir airoso de la situación conflictiva (y no siempre es fácil).
Y vosotros, ¿cómo lleváis el tema de los enfados?
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¿Buscas trabajo? Un Nethunter va a analizar tu vida social

¿Qué es un Nethunter? ¿Cómo selecciona a un candidato para un puesto de trabajo? ¿En qué se fija? Desgranamos el interesante vídeo de Eva Collado acerca de los Nethunters. Qué es un Nethunter Un Nethunter es un “caza talentos” (antiguo Headhunter) que utiliza al máximo las redes sociales para buscar candidatos (activos o pasivos) a un puesto […]

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Entendiendo a un hijo con Altas Capacidades

Últimamente se habla cada vez más de niños con Altas Capacidades, parece que la sociedad, los centros educativos y las familias, empiezan a tener  más conciencia de la existencia de estos niños y aunque estamos lejos, muy lejos de reconocer y aceptar  a ese mínimo porcentaje de la población infantil cuya inteligencia se sale de la normalidad, se van abriendo lentamente caminos que abogan por la detección temprana y exigen una respuesta a la demanda educativa que necesitan, tanto como el aire que respiran.

Ahora bien, cuando una familia recibe la noticia de que su hijo es Alta Capacidad se hace la siguiente pregunta “¿Y ahora qué ?

Si tenemos suerte, mucha suerte, el  Centro Educativo atenderá parcialmente las necesidades académicas, lo cual es necesario, pero no suficiente.  Queda por cubrir la parte más esencial de la vida de un niño con alta capacidad que es la psicoafectiva. Un superdotado que no es gestionado adecuadamente desde lo emocional está abocado a fracasar en lo cognitivo. El riesgo es sensiblemente más alto que en la población normal, porque son más vulnerables emocionalmente.

Un hijo con alta capacidad puede ser muy desestabilizador en el sistema familiar porque tiene necesidades afectivas y emocionales que la mayoría de los padres no entienden. Existe la creencia de que un superdotado es alguien que va sobrado de inteligencia y que no tiene que tener ningún tipo de problema ni académico ni psicológico. Esta es una creencia falsa que hace mucho daño en las familias que lo sufren y en la sociedad en general porque nada más lejos de la realidad.  Los superdotados piensan y sienten de forma distinta a los demás, su cerebro funciona de otra manera y no hay respuesta para esas familias que tienen que lidiar día a día con una situación confusa y muchas veces frustrante y dolorosa.

Vemos a los padres en consulta hacerse eco del vacío en el que se encuentran tras recibir el diagnostico, se preguntan y nos preguntan  ¿por qué lo cuestiona todo? ¿por qué reacciona de forma tan intensa? ¿por qué le cuesta tanto hacer las cosas cotidianas? ¿por qué a veces parece sordo o desobediente? ¿ por qué parece molestarle la ropa o los zapatos? ¿ por qué nunca parece cansado? ¿por qué suele estar solo en el recreo?… Es el reflejo de la confusión, el desconcierto y la impotencia de los padres que tienen que educar emocionalmente a un niño diferente y cuyo comportamiento puede llegar a resultar tan incomprensible como difícil de gestionar.

Es por ello que la adecuada  gestión emocional de un niño con Alta Capacidad es la piedra angular del bienestar del propio niño y de su entorno, de su éxito académico y vital, de su adaptación sin sometimiento a un mundo hecho  a la medida del percentil cincuenta,  en definitiva, de su felicidad. Y no podemos esperar que sea el colegio quien se ocupe de eso porque ni es su responsabilidad ni tienen la capacidad para hacerlo.

Lo primero que solemos sugerir a los padres cuando reciben un diagnóstico de Alta Capacidad es que se informen y que rompan con los estereotipos y prejuicios que hay en torno a ello,que son muchos y variados. Informarse es imprescindible para poder acercarnos a la realidad del hijo y desde ese lugar de entendimiento, poder apoyarle. 

Lo segundo que recomendamos es que revisen tanto sus expectativas como sus miedos, que traten de ver a su hijo tal y como es y que la vivencia de un niño superdotado debe ser de regalo y de desafío, no de dificultad o maldición. Esto se llama aceptación. Aceptar a mi hijo tal y como es, no como a mí me gustaría que fuera, es esencial para poder empatizar con él y darle aquello que  emocionalmente necesita.


Como padre o madre, mi actitud y mi forma de afrontar las dificultades del día a día , cambia radicalmente cuando entiendo y acepto porqué se comporta de determinada manera. Si cuando le hablo no me hace caso y yo sé que está absorto en una actividad determinada y que no me escucha porque no puede, no me enfado ni pienso que es un desobediente. Trataré de habilitar estrategias para llegar a él y ser escuchado.  

Saber cómo nuestro hijo piensa y siente al mundo trae de la mano la capacidad de empatizar con sus emociones y esto es, en sí mismo, una de las mayores fuentes de apoyo y autoestima que podemos ofrecerle. Pero también está la paciencia, la autoridad y sobre todo, la negociación.  La paciencia para no exigir ni esperar las reacciones , tiempos y respuestas que nos daría un niño normal. Paciencia para respetar que le moleste el pantalón y sólo quiera el chandal aunque vayamos a un cumpleaños, paciencia para esperar a que termine una actividad en la está inmerso aunque se enfríe la comida, paciencia para manejar el caos de su mochila y sus tareas escolares, paciencia para que una instrucción nuestra sea atendida y entendida. Y paciencia no significa dejar de pedirle que haga lo que es necesario hacer. Hablo de entender que su diferencia le dificulta sobremanera hacer todas estas cosas tan habituales para los niños normotípicos, pero no para un niño superdotado donde su hemisferio cerebral derecho dirige de forma dominante su comportamiento. Es muy fácil asumir y entender esto cuando hablamos de niños con déficits, rápidamente empatizamos y somos pacientes, pero parece que cuesta mucho verlo con los presuntamente “sobrados” de capacidad.

Un niño superdotado cuestiona la autoridad por definición. Sólo la reconocerá si ésta es explicada y tiene sentido para él.  Del binomio Autoritas vs Potestas,  sólo aceptarán la primera, es decir, el liderazgo construido desde la honestidad (conmigo mismo, con él y con los demás), la coherencia (cumplo lo que digo), y la integridad (lo que hago, digo y siento están alineados).  Nada más ofensivo para un niño superdotado que recibir un “porque yo lo digo” , esto será vivido como una agresión incomprensible de la que muy probablemente se defenderá mediante  una  actitud desafiante.  
Lo eficaz es la negociación y la explicación real del porqué pido lo que pido, porque su inteligencia se convierte entonces en aliada y dado que son capaces de comprender conceptos y razones que los niños normales de su edad no entenderían, es más que probable que acepten de buen grado lo que se les está pidiendo. 
Ayudarles a que verbalicen lo que sienten sin hacer juicios sobre lo adecuado de su intensidad; 
Apoyarles  a vivir su diferencia como algo positivo con ventajas y también con dificultades;  
No caer en la sobreprotección  empujados por su hipersensibilidad y su enorme frustración, pero tampoco dejarlos naufragar sin herramientas en un mundo donde les cuesta encajar;

Y alejarnos del paradigma premio – castigo para abogar por un modelo de crianza y educación basado en las emociones, el respeto, la comunicación, la confianza  y el amor incondicional, son las bases para dar a estos niños un referente de contención que les permita construir una autoestima sólida y desplegar así su inmenso potencial en beneficio propio y posiblemente de toda la sociedad. 

Olga Carmona
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Entendiendo a un hijo con Altas Capacidades

Últimamente se habla cada vez más de niños con Altas Capacidades, parece que la sociedad, los centros educativos y las familias, empiezan a tener  más conciencia de la existencia de estos niños y aunque estamos lejos, muy lejos de reconocer y aceptar  a ese mínimo porcentaje de la población infantil cuya inteligencia se sale de la normalidad, se van abriendo lentamente caminos que abogan por la detección temprana y exigen una respuesta a la demanda educativa que necesitan, tanto como el aire que respiran.

Ahora bien, cuando una familia recibe la noticia de que su hijo es Alta Capacidad se hace la siguiente pregunta “¿Y ahora qué ?

Si tenemos suerte, mucha suerte, el  Centro Educativo atenderá parcialmente las necesidades académicas, lo cual es necesario, pero no suficiente.  Queda por cubrir la parte más esencial de la vida de un niño con alta capacidad que es la psicoafectiva. Un superdotado que no es gestionado adecuadamente desde lo emocional está abocado a fracasar en lo cognitivo. El riesgo es sensiblemente más alto que en la población normal, porque son más vulnerables emocionalmente.

Un hijo con alta capacidad puede ser muy desestabilizador en el sistema familiar porque tiene necesidades afectivas y emocionales que la mayoría de los padres no entienden. Existe la creencia de que un superdotado es alguien que va sobrado de inteligencia y que no tiene que tener ningún tipo de problema ni académico ni psicológico. Esta es una creencia falsa que hace mucho daño en las familias que lo sufren y en la sociedad en general porque nada más lejos de la realidad.  Los superdotados piensan y sienten de forma distinta a los demás, su cerebro funciona de otra manera y no hay respuesta para esas familias que tienen que lidiar día a día con una situación confusa y muchas veces frustrante y dolorosa.

Vemos a los padres en consulta hacerse eco del vacío en el que se encuentran tras recibir el diagnostico, se preguntan y nos preguntan  ¿por qué lo cuestiona todo? ¿por qué reacciona de forma tan intensa? ¿por qué le cuesta tanto hacer las cosas cotidianas? ¿por qué a veces parece sordo o desobediente? ¿ por qué parece molestarle la ropa o los zapatos? ¿ por qué nunca parece cansado? ¿por qué suele estar solo en el recreo?… Es el reflejo de la confusión, el desconcierto y la impotencia de los padres que tienen que educar emocionalmente a un niño diferente y cuyo comportamiento puede llegar a resultar tan incomprensible como difícil de gestionar.

Es por ello que la adecuada  gestión emocional de un niño con Alta Capacidad es la piedra angular del bienestar del propio niño y de su entorno, de su éxito académico y vital, de su adaptación sin sometimiento a un mundo hecho  a la medida del percentil cincuenta,  en definitiva, de su felicidad. Y no podemos esperar que sea el colegio quien se ocupe de eso porque ni es su responsabilidad ni tienen la capacidad para hacerlo.

Lo primero que solemos sugerir a los padres cuando reciben un diagnóstico de Alta Capacidad es que se informen y que rompan con los estereotipos y prejuicios que hay en torno a ello,que son muchos y variados. Informarse es imprescindible para poder acercarnos a la realidad del hijo y desde ese lugar de entendimiento, poder apoyarle. 

Lo segundo que recomendamos es que revisen tanto sus expectativas como sus miedos, que traten de ver a su hijo tal y como es y que la vivencia de un niño superdotado debe ser de regalo y de desafío, no de dificultad o maldición. Esto se llama aceptación. Aceptar a mi hijo tal y como es, no como a mí me gustaría que fuera, es esencial para poder empatizar con él y darle aquello que  emocionalmente necesita.


Como padre o madre, mi actitud y mi forma de afrontar las dificultades del día a día , cambia radicalmente cuando entiendo y acepto porqué se comporta de determinada manera. Si cuando le hablo no me hace caso y yo sé que está absorto en una actividad determinada y que no me escucha porque no puede, no me enfado ni pienso que es un desobediente. Trataré de habilitar estrategias para llegar a él y ser escuchado.  

Saber cómo nuestro hijo piensa y siente al mundo trae de la mano la capacidad de empatizar con sus emociones y esto es, en sí mismo, una de las mayores fuentes de apoyo y autoestima que podemos ofrecerle. Pero también está la paciencia, la autoridad y sobre todo, la negociación.  La paciencia para no exigir ni esperar las reacciones , tiempos y respuestas que nos daría un niño normal. Paciencia para respetar que le moleste el pantalón y sólo quiera el chandal aunque vayamos a un cumpleaños, paciencia para esperar a que termine una actividad en la está inmerso aunque se enfríe la comida, paciencia para manejar el caos de su mochila y sus tareas escolares, paciencia para que una instrucción nuestra sea atendida y entendida. Y paciencia no significa dejar de pedirle que haga lo que es necesario hacer. Hablo de entender que su diferencia le dificulta sobremanera hacer todas estas cosas tan habituales para los niños normotípicos, pero no para un niño superdotado donde su hemisferio cerebral derecho dirige de forma dominante su comportamiento. Es muy fácil asumir y entender esto cuando hablamos de niños con déficits, rápidamente empatizamos y somos pacientes, pero parece que cuesta mucho verlo con los presuntamente “sobrados” de capacidad.

Un niño superdotado cuestiona la autoridad por definición. Sólo la reconocerá si ésta es explicada y tiene sentido para él.  Del binomio Autoritas vs Potestas,  sólo aceptarán la primera, es decir, el liderazgo construido desde la honestidad (conmigo mismo, con él y con los demás), la coherencia (cumplo lo que digo), y la integridad (lo que hago, digo y siento están alineados).  Nada más ofensivo para un niño superdotado que recibir un “porque yo lo digo” , esto será vivido como una agresión incomprensible de la que muy probablemente se defenderá mediante  una  actitud desafiante.  
Lo eficaz es la negociación y la explicación real del porqué pido lo que pido, porque su inteligencia se convierte entonces en aliada y dado que son capaces de comprender conceptos y razones que los niños normales de su edad no entenderían, es más que probable que acepten de buen grado lo que se les está pidiendo. 
Ayudarles a que verbalicen lo que sienten sin hacer juicios sobre lo adecuado de su intensidad; 
Apoyarles  a vivir su diferencia como algo positivo con ventajas y también con dificultades;  
No caer en la sobreprotección  empujados por su hipersensibilidad y su enorme frustración, pero tampoco dejarlos naufragar sin herramientas en un mundo donde les cuesta encajar;

Y alejarnos del paradigma premio – castigo para abogar por un modelo de crianza y educación basado en las emociones, el respeto, la comunicación, la confianza  y el amor incondicional, son las bases para dar a estos niños un referente de contención que les permita construir una autoestima sólida y desplegar así su inmenso potencial en beneficio propio y posiblemente de toda la sociedad. 

Olga Carmona
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Nunca Jamás

Luke no quiere crecer. No sé si con casi cinco años se puede hablar de síndrome de Peter Pan, o es exclusivo de personas como yo. Lo de volver a revivir la infancia a través de los ojos, las sonrisas, los llantos y las experiencias de tus criaturas es como visitar Nunca Jamás cada vez que la vida te da un respiro. Pero hay situaciones en las que, por muy adulto que se sea, uno no sabe cómo reaccionar.

Hace unas semanas vimos Up, la película de Pixar. No causó tanta sensación como Cars, Inside Out, los Minions o Frozen. Pero al cabo de unos días, sin previo aviso, el pequeño Luke recordó la peli, y preguntó: –“¿Por qué se hace viejo el niño del principio. Me costó seguirle el hilo, pero charlando un rato, acabó por contarme que él no quiere hacerse viejo. No quiere crecer, ni hacerse mayor. Y ya de paso, quería que existiera Nunca Jamás, y que nos fuéramos todos a vivir allí. Todos Peter Pan.

La charla no nos dejó tranquilo a ninguno de los dos. Aparte de la ternura que me generan los razonamientos de mi padawan, sentía que había algo más. Algo con pinta de miedo. El miedo lleva a la ira, luego al odio, el sufrimiento, y así hasta llegar al Lado Oscuro. Al final conseguí que me contara sus razones para no querer hacerse mayor. Si él crece, significa que la Maestra-Jedi y yo nos haremos viejos, y finalmente nos moriremos. Así que elige no hacerse mayor.

Y ahora, ¿qué hago yo? ¿Me hago mayor junto a ellos y sigo envejeciendo, o nos mudamos a Nunca Jamás?

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Los maravillosamente terribles dos años

El tiempo pasa, el tiempo vuela y no hay nada que podamos hacer para detenerlo o disminuir su velocidad arrolladora, ese avance es continuo, no hay viajes en el tiempo, no hay pausas mágicas, todo sigue en constante movimiento, paso a paso por el largo camino de la vida. Es increíble que ya han pasado tres largos años desde la llegada de nuestra hija a nuestras vidas, a llenar ese espacio vacío que faltaba en nuestro mundo, de nuestra existencia. Nadie nos había preparado para su llegada, teníamos miles de dudas, no llevamos ningún curso de preparación previa, no existen capacitaciones perfectas ni diplomados o maestrías que cubran todo lo que significa ser padre, para que engañarme, aun no tengo todas las respuestas.


Dicen que cuando un hijo llega a cumplir los dos años, es desde ese momento que el día a día en la familia se convierten en los más terribles en la vida de un niño y de sus padres, y yo creo que esa afirmación es incorrecta, obviamente que desde mi punto de vista.


No hemos sufrido de ataques de histeria ni de pataletas incontrolables, todo ha estado dentro de los parámetros normales, asumiendo que los nuestros son correctos, habremos tenido suerte o lo peor aún no ha llegado a tocar nuestras puertas, no lo sé. Yo creo que desde que un bebe empieza a descubrir su entorno, sus alrededores, a gatear o caminar es cuando empiezan a ser terribles y temibles y todo esto es gracias a algo grandioso, a un término llamado “curiosidad“, conocerlo todo, hacer de todo, agarrar de todo, comer de todo. La combinación de palabras “curiosidad+todo” han generado un nuevo significado para nosotros, los bebés están en todas, listos para aprender e imitar, ávidos de conocimiento y es ahí cuando debemos estar más que atentos a sus movimientos, es verdad que hay que darles un poco más de espacio e independencia, pero igual siempre hay que estar monitoreando, muchas veces los peores accidentes ocurren durante esos segundos que no estamos cerca.


Es obvio que cuando son más pequeños son más dependientes de nosotros, siempre bajo nuestra observación, atentos a todo, al principio no podíamos dejarla sola ni un segundo, a no ser que estuviera dormida, pero aun así debíamos tener siempre un ojo sobre ella. Ahora que ya es más grande tiene un poco más de espacio para actuar, la dejamos jugar sola mientras estamos haciendo otras cosas en la casa, pero siempre con el sensor de movimiento activado y el oído en su máxima capacidad de captación. Los tiempos cambian y los niños empiezan a querer hacer más cosas, están mas despiertos y te tienen de un lado a otro, siempre quieren jugar, salir a caminar, pasear en el auto, ver televisión y demás actividades. Yo por mi parte no disfruto mucho de todas estas actividades como me gustaría hacerlo, mi horario de trabajo es un poco extenso a veces y cuando llego a casa solo puedo disfrutar de la compañía de mi hija pocos minutos porque el sueño llama.


Lo bueno es que mi esposa disfruta de todas las actividades con mi hija, salvo cuando está en el nido-guardería pero el resto de las horas están de un lado para otro, me envía fotos y me cuenta cada cosa que hace nuestra hija, es emocionante ver cómo va descubriendo poco a poco todas las cosas que la vida le puede brindar, la música, el baile, la pintura, la plastilina, los libros, la tecnología, son tantas cosas tan divertidas que la verdad parece que falta tiempo para verlas todas, sé que está descubriendo el mundo y lo está haciendo bastante bien, lo único que debemos hacer es estar al tanto, siempre es mejor prevenir que lamentar.


¿Y tú ya llegaste a los terribles dos años de tu hijo?
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Los maravillosamente terribles dos años

El tiempo pasa, el tiempo vuela y no hay nada que podamos hacer para detenerlo o disminuir su velocidad arrolladora, ese avance es continuo, no hay viajes en el tiempo, no hay pausas mágicas, todo sigue en constante movimiento, paso a paso por el largo camino de la vida. Es increíble que ya han pasado tres largos años desde la llegada de nuestra hija a nuestras vidas, a llenar ese espacio vacío que faltaba en nuestro mundo, de nuestra existencia. Nadie nos había preparado para su llegada, teníamos miles de dudas, no llevamos ningún curso de preparación previa, no existen capacitaciones perfectas ni diplomados o maestrías que cubran todo lo que significa ser padre, para que engañarme, aun no tengo todas las respuestas.


Dicen que cuando un hijo llega a cumplir los dos años, es desde ese momento que el día a día en la familia se convierten en los más terribles en la vida de un niño y de sus padres, y yo creo que esa afirmación es incorrecta, obviamente que desde mi punto de vista.


No hemos sufrido de ataques de histeria ni de pataletas incontrolables, todo ha estado dentro de los parámetros normales, asumiendo que los nuestros son correctos, habremos tenido suerte o lo peor aún no ha llegado a tocar nuestras puertas, no lo sé. Yo creo que desde que un bebe empieza a descubrir su entorno, sus alrededores, a gatear o caminar es cuando empiezan a ser terribles y temibles y todo esto es gracias a algo grandioso, a un término llamado “curiosidad“, conocerlo todo, hacer de todo, agarrar de todo, comer de todo. La combinación de palabras “curiosidad+todo” han generado un nuevo significado para nosotros, los bebés están en todas, listos para aprender e imitar, ávidos de conocimiento y es ahí cuando debemos estar más que atentos a sus movimientos, es verdad que hay que darles un poco más de espacio e independencia, pero igual siempre hay que estar monitoreando, muchas veces los peores accidentes ocurren durante esos segundos que no estamos cerca.


Es obvio que cuando son más pequeños son más dependientes de nosotros, siempre bajo nuestra observación, atentos a todo, al principio no podíamos dejarla sola ni un segundo, a no ser que estuviera dormida, pero aun así debíamos tener siempre un ojo sobre ella. Ahora que ya es más grande tiene un poco más de espacio para actuar, la dejamos jugar sola mientras estamos haciendo otras cosas en la casa, pero siempre con el sensor de movimiento activado y el oído en su máxima capacidad de captación. Los tiempos cambian y los niños empiezan a querer hacer más cosas, están mas despiertos y te tienen de un lado a otro, siempre quieren jugar, salir a caminar, pasear en el auto, ver televisión y demás actividades. Yo por mi parte no disfruto mucho de todas estas actividades como me gustaría hacerlo, mi horario de trabajo es un poco extenso a veces y cuando llego a casa solo puedo disfrutar de la compañía de mi hija pocos minutos porque el sueño llama.


Lo bueno es que mi esposa disfruta de todas las actividades con mi hija, salvo cuando está en el nido-guardería pero el resto de las horas están de un lado para otro, me envía fotos y me cuenta cada cosa que hace nuestra hija, es emocionante ver cómo va descubriendo poco a poco todas las cosas que la vida le puede brindar, la música, el baile, la pintura, la plastilina, los libros, la tecnología, son tantas cosas tan divertidas que la verdad parece que falta tiempo para verlas todas, sé que está descubriendo el mundo y lo está haciendo bastante bien, lo único que debemos hacer es estar al tanto, siempre es mejor prevenir que lamentar.


¿Y tú ya llegaste a los terribles dos años de tu hijo?
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OVACE y BLW. El comienzo.

Esto que ven aquí es un algoritmo
para la OVACE pediátrica (Obstrucción de Vía Aérea por Cuerpo Extraño).

Ni más ni menos que una forma
simple que tienen los sanitarios para tomar decisiones rápidas en base a las
diferentes circunstancias que pueden darse.

Por sí mismo ya es útil. Pero en
mi opinión, es mucho más útil si se integra en la cabeza de todo padre que lo
lea qué no hay que

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OVACE y BLW. El comienzo.

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Ni más ni menos que una forma
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