La familia crece

Por fin llegó el día. Ana Isabel me despertaba de madrugada con la sugerente frase: “ha llegado la hora” Y así fue, nos preparamos rápidamente, avisé a los abuelos y cogí a Sara para meterla en el coche – Papá, ¿es de noche? – preguntaba la pequeña – sí, cariño, duerme un poquito más. Ya en el coche, Sara nos volvía a preguntar – ¿dónde vamos? – y entonces entonamos la cantinela que habíamos practicado los meses anteriores: ¡Que vieeene Cristina! ¡Que vieeene Cristina! Todo fue muy rápido: parto natural, sin epidural y a las 3:45 de la noche llegó Cristina, chiquitita, con 2.660 kg, apenas 2 horas después de haberme despertado.


La familia crece, la familia cambia. Empezamos una nueva etapa, una nueva familia de cuatro, nuevos proyectos y nuevas ilusiones; también nuevos miedos, nuevas dudas: ¿cogerá bien el pecho? ¿engordará y crecerá rápido? ¿le prestaremos la misma atención que tuvo Sara? ¿y el mismo cariño? ¿tendrá Sara celos del bebé?


Cristina nació el 4 de mayo. Han pasado ya más de dos meses y crece sana y feliz; dos meses también que llevamos sin escribir en el blog, pero volvemos de nuevo para contar nuestros cambios, nuestras alegrías y todo lo que vamos aprendiendo de los niños con nuestra nueva maestra.

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Aprender con el ejemplo

Una frase que utilizamos mucho los padres que tenemos niños pequeños es decir de ellos que “son esponjas”, porque se empapan de todo lo que tienen a su alcance. Aunque lo sepamos y lo veamos, día a día nos sorprendemos de su capacidad de aprendizaje e imitación, y de vernos reflejados en sus gestos, sus expresiones y su manera de comportarse.


Así que ante la pregunta “¿cómo puedo enseñar a mi hij@ a …?” la mayoría de las veces se puede responder como “Hazlo tú, hazlo delante de él y hazlo con él”, lo cuál no quiere decir que sea sencillo. El ejemplo que podemos dar a nuestros hijos es básico en el aprendizaje de valores (honradez, sinceridad, coherencia …) y en el aprendizaje de conductas (ser amable, educado, cariñoso …).


Para mi, darme cuenta de ello me ha llevado a tener más cuidado en mis comportamientos, actitudes y con el lenguaje, ayudándome a crecer y a ser mejor persona; y me siento orgulloso cuando veo como Sara incorpora de manera natural pequeños gestos que me parecen valiosos: tirar las cosas a la basura, ayudar a poner la mesa, compartir, dar un beso al que llora, dar las gracias…


Por supuesto, creo que también hay que prestar atención a lo contrario, es decir, que es difícil que NO aprendan algo que nosotros hacemos mal (con el lenguaje y con los gritos, por ejemplo), o enseñarles a hacer algo que nosotros no hacemos (algo que nos pasa mucho con las comidas).


Estos dos videos cuentan de manera muy gráfica lo que he intentado transmitir: el primero de ellos, que es un poco duro, desde la cara negativa; el segundo, con un enfoque mucho más positivo, para ilusionar a los padres en esta experiencia tan maravillosa.

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Aprender con el ejemplo

Una frase que utilizamos mucho los padres que tenemos niños pequeños es decir de ellos que “son esponjas”, porque se empapan de todo lo que tienen a su alcance. Aunque lo sepamos y lo veamos, día a día nos sorprendemos de su capacidad de aprendizaje e imitación, y de vernos reflejados en sus gestos, sus expresiones y su manera de comportarse.


Así que ante la pregunta “¿cómo puedo enseñar a mi hij@ a …?” la mayoría de las veces se puede responder como “Hazlo tú, hazlo delante de él y hazlo con él”, lo cuál no quiere decir que sea sencillo. El ejemplo que podemos dar a nuestros hijos es básico en el aprendizaje de valores (honradez, sinceridad, coherencia …) y en el aprendizaje de conductas (ser amable, educado, cariñoso …).


Para mi, darme cuenta de ello me ha llevado a tener más cuidado en mis comportamientos, actitudes y con el lenguaje, ayudándome a crecer y a ser mejor persona; y me siento orgulloso cuando veo como Sara incorpora de manera natural pequeños gestos que me parecen valiosos: tirar las cosas a la basura, ayudar a poner la mesa, compartir, dar un beso al que llora, dar las gracias…


Por supuesto, creo que también hay que prestar atención a lo contrario, es decir, que es difícil que NO aprendan algo que nosotros hacemos mal (con el lenguaje y con los gritos, por ejemplo), o enseñarles a hacer algo que nosotros no hacemos (algo que nos pasa mucho con las comidas).


Estos dos videos cuentan de manera muy gráfica lo que he intentado transmitir: el primero de ellos, que es un poco duro, desde la cara negativa; el segundo, con un enfoque mucho más positivo, para ilusionar a los padres en esta experiencia tan maravillosa.

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¿Más límites o más cariño?

Recientemente estuvimos con un grupo de amigos que también tenían niños pequeños, entre 2 y 4 años, y nos dio tiempo para hablar de muchas cosas. Por supuesto, salieron temas sobre la educación de los hijos e incluso el tema se desvió hacia adolescentes: uno de ellos nos contaba sobre un familiar que de pequeño había sido “un trasto”, y que llegada la adolescencia fue a peor y acabó en un reformatorio; en ese momento respondía otro con un “si es que hay que saber poner los límites a tiempo”; y yo pensaba en voz alta, sin reflexionarlo mucho: “¿hay que poner más límites o más cariño?”. Se quedaron sorprendidos, y seguido comenté que en muchos de los casos con problemas importantes de conducta (como los hijos que pegan a sus padres que vemos en “Hermano mayor”) se debe a que los chicos se han criado en un ambiente con escasez de afecto: padres separados, familias con problemas, maltrato en la pareja o hacia los hijos…


Es cierto que los niños necesitan límites para conocer el ámbito en que pueden moverse y que les da seguridad, pero también es muy importante establecer una relación de afecto, de apego, entre padres e hijos, y no sé si esto se da por supuesto o simplemente se obvia. Por eso, después de haberle dado alguna vuelta más al tema, me pregunto y os pregunto: ¿es más importante marcar unos límites claros que establecer una adecuada relación de apego?, ¿cuándo pueden surgir más problemas, cuando no se establecen los límites o cuando no se expresa suficientemente el cariño?


Mi opinión es que cuando se establece una relación muy cercana de cariño, poner límites es algo natural, no problemático; cuando la relación no es de apego seguro (ya sea que los padres no le han dado importancia o que no lo han conseguido, por causas propias o ajenas) establecer límites adecuados será una tarea compleja. Volviendo al principio, ante un problema de conducta en un chico adolescente o más mayor yo me preguntaría: ¿recibió el cariño suficiente? Entendiendo el cariño en un concepto amplio de recibir cuidados, atención, pasar tiempo juntos, disfrutar en familia, ser cariñosos con el lenguaje y también expresarlo con el contacto físico.

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¿Más límites o más cariño?

Recientemente estuvimos con un grupo de amigos que también tenían niños pequeños, entre 2 y 4 años, y nos dio tiempo para hablar de muchas cosas. Por supuesto, salieron temas sobre la educación de los hijos e incluso el tema se desvió hacia adolescentes: uno de ellos nos contaba sobre un familiar que de pequeño había sido “un trasto”, y que llegada la adolescencia fue a peor y acabó en un reformatorio; en ese momento respondía otro con un “si es que hay que saber poner los límites a tiempo”; y yo pensaba en voz alta, sin reflexionarlo mucho: “¿hay que poner más límites o más cariño?”. Se quedaron sorprendidos, y seguido comenté que en muchos de los casos con problemas importantes de conducta (como los hijos que pegan a sus padres que vemos en “Hermano mayor”) se debe a que los chicos se han criado en un ambiente con escasez de afecto: padres separados, familias con problemas, maltrato en la pareja o hacia los hijos…


Es cierto que los niños necesitan límites para conocer el ámbito en que pueden moverse y que les da seguridad, pero también es muy importante establecer una relación de afecto, de apego, entre padres e hijos, y no sé si esto se da por supuesto o simplemente se obvia. Por eso, después de haberle dado alguna vuelta más al tema, me pregunto y os pregunto: ¿es más importante marcar unos límites claros que establecer una adecuada relación de apego?, ¿cuándo pueden surgir más problemas, cuando no se establecen los límites o cuando no se expresa suficientemente el cariño?


Mi opinión es que cuando se establece una relación muy cercana de cariño, poner límites es algo natural, no problemático; cuando la relación no es de apego seguro (ya sea que los padres no le han dado importancia o que no lo han conseguido, por causas propias o ajenas) establecer límites adecuados será una tarea compleja. Volviendo al principio, ante un problema de conducta en un chico adolescente o más mayor yo me preguntaría: ¿recibió el cariño suficiente? Entendiendo el cariño en un concepto amplio de recibir cuidados, atención, pasar tiempo juntos, disfrutar en familia, ser cariñosos con el lenguaje y también expresarlo con el contacto físico.

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Nuestro primer cumpleblog

Hoy queremos celebrar con todos que hace ya un año que comenzamos con este blog, así que he vuelto a leer nuestra presentación de entonces y puedo decir que suscribo todo lo que decíamos: también este segundo año de Sara lo hemos disfrutado mucho y hemos seguido creciendo juntos.


Entre el primer y el segundo año de un niño se producen importantes cambios, entre los que podemos destacar dos logros: aprender a andar, lo que les da libertad de movimientos, y aprender a hablar, lo que les permite comunicarse. Y junto al desarrollo de Sara, pensamos que también nosotros hemos seguido aprendiendo con ella.


Por eso tenemos muchas ganas de compartir los sentimientos, a veces tan extremos, que se experimentan con la paternidad: ilusión, cariño, dudas, miedo, sorpresa, expectación, paciencia…


También queremos sumarnos a la revolución, romper tópicos, buscar nuestros instintos, escuchar nuestros sentimientos y vivir, compartir y dar a conocer otra forma de crianza a la “formalmente establecida”, a la que vemos en la televisión: ¡otra crianza es posible!

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Nuestro primer cumpleblog

Hoy queremos celebrar con todos que hace ya un año que comenzamos con este blog, así que he vuelto a leer nuestra presentación de entonces y puedo decir que suscribo todo lo que decíamos: también este segundo año de Sara lo hemos disfrutado mucho y hemos seguido creciendo juntos.


Entre el primer y el segundo año de un niño se producen importantes cambios, entre los que podemos destacar dos logros: aprender a andar, lo que les da libertad de movimientos, y aprender a hablar, lo que les permite comunicarse. Y junto al desarrollo de Sara, pensamos que también nosotros hemos seguido aprendiendo con ella.


Por eso tenemos muchas ganas de compartir los sentimientos, a veces tan extremos, que se experimentan con la paternidad: ilusión, cariño, dudas, miedo, sorpresa, expectación, paciencia…


También queremos sumarnos a la revolución, romper tópicos, buscar nuestros instintos, escuchar nuestros sentimientos y vivir, compartir y dar a conocer otra forma de crianza a la “formalmente establecida”, a la que vemos en la televisión: ¡otra crianza es posible!

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10 cosas que hemos aprendido de nuestra hija

«10 cosas que he aprendido de mi hijo es un carnaval de blogs cuyo propósito es hacernos reflexionar, compartir, reír, emocionarnos y facilitarnos una mirada en retrospectiva acerca de cuánto hemos aprendido desde que emprendimos el camino de la maternidad/paternidad.»


10 cosas que he aprendido de mi hijo

Con 2 años que tiene ya Sara, son muchos los cambios que hemos visto en nuestra vida y en nosotros, y ha sido muy intenso el aprendizaje. Ya que mi mujer y yo compartimos el blog, hemos querido también pensar la lista entre los dos, y este es el resultado. Hemos aprendido:


  1. A valorar más a nuestros padres y a quererlos más. Ahora entendemos mejor todo el tiempo, trabajo y cariño que se dedica a un hijo, y nos hace más dichosos y agradecidos de lo que hicieron nuestros padres por nosotros.

  2. A confiar más en nuestras posibilidades, habilidades e instintos. Hemos descubierto que somos capaces de hacer muchas cosas que antes nos parecían muy difíciles, casi inalcanzables. Ahora nos sentimos más válidos, y nos atrevemos a hacer lo que sentimos, aunque no sea lo que haga la mayoría.

  3. Que la vida comienza mucho antes del nacimiento, y que a los niños se les quiere y se les cuida desde el momento de su concepción.

  4. A entregarnos en cuerpo y alma sin esperar nada a cambio. Aunque el amor de pareja también conlleva la entrega, la relación de dependencia con un hijo le da un sentido distinto.

  5. Que los bebés son mucho más fuertes de lo que nos creemos y el instinto de supervivencia es muy grande desde el primer momento.

  6. A expresar lo bien que lo hacen los demás con más frecuencia. A decir te quiero más veces.

  7. A querer más a mi pareja por el regalo que me ha hecho de ser padres juntos.

  8. A tener más cuidado con el lenguaje: hablando en positivo, expresando los sentimientos, profundizando con lo que decimos…

  9. A entender mejor a los niños, a conocer sus sentimientos, a comprender sus necesidades y sus quejas. A darles afecto y mostrarlo con el contacto.

  10. A dejarla crecer, acompañarla en su desarrollo, en sus descubrimientos, en sus pequeños logros y, con todo esto, a crecer en familia y como familia.

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10 cosas que hemos aprendido de nuestra hija

«10 cosas que he aprendido de mi hijo es un carnaval de blogs cuyo propósito es hacernos reflexionar, compartir, reír, emocionarnos y facilitarnos una mirada en retrospectiva acerca de cuánto hemos aprendido desde que emprendimos el camino de la maternidad/paternidad.»


10 cosas que he aprendido de mi hijo

Con 2 años que tiene ya Sara, son muchos los cambios que hemos visto en nuestra vida y en nosotros, y ha sido muy intenso el aprendizaje. Ya que mi mujer y yo compartimos el blog, hemos querido también pensar la lista entre los dos, y este es el resultado. Hemos aprendido:


  1. A valorar más a nuestros padres y a quererlos más. Ahora entendemos mejor todo el tiempo, trabajo y cariño que se dedica a un hijo, y nos hace más dichosos y agradecidos de lo que hicieron nuestros padres por nosotros.

  2. A confiar más en nuestras posibilidades, habilidades e instintos. Hemos descubierto que somos capaces de hacer muchas cosas que antes nos parecían muy difíciles, casi inalcanzables. Ahora nos sentimos más válidos, y nos atrevemos a hacer lo que sentimos, aunque no sea lo que haga la mayoría.

  3. Que la vida comienza mucho antes del nacimiento, y que a los niños se les quiere y se les cuida desde el momento de su concepción.

  4. A entregarnos en cuerpo y alma sin esperar nada a cambio. Aunque el amor de pareja también conlleva la entrega, la relación de dependencia con un hijo le da un sentido distinto.

  5. Que los bebés son mucho más fuertes de lo que nos creemos y el instinto de supervivencia es muy grande desde el primer momento.

  6. A expresar lo bien que lo hacen los demás con más frecuencia. A decir te quiero más veces.

  7. A querer más a mi pareja por el regalo que me ha hecho de ser padres juntos.

  8. A tener más cuidado con el lenguaje: hablando en positivo, expresando los sentimientos, profundizando con lo que decimos…

  9. A entender mejor a los niños, a conocer sus sentimientos, a comprender sus necesidades y sus quejas. A darles afecto y mostrarlo con el contacto.

  10. A dejarla crecer, acompañarla en su desarrollo, en sus descubrimientos, en sus pequeños logros y, con todo esto, a crecer en familia y como familia.

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Para la primavera

Hoy queremos compartir públicamente una noticia que los que nos conocéis seguro ya sabéis: ¡ESTAMOS EMBARAZADOS! Vale, ya sé que no es novedad, porque nos quedan sólo un par de meses, pero es que ahora lo vemos muy cercano y nos apetecía ponerlo en el blog. Estamos encantados esperando a la que “parece” una hermanita para Sara, aunque también un poco asustados, porque ya conocemos lo que nos espera en los próximos meses.


Con la noticia, me venía a la memoria el comentario que me hizo mi tío, que ha vivido en el campo y ha criado caballos y otros animales, cuando les anunciábamos que esperábamos en bebé para mayo: “¡qué bien, para la primavera, como los animales!” Y como me quedé un poco perplejo y le pregunté algo más, me explicaba que es el tiempo más favorable para la supervivencia, y que muchos animales parían en esa estación.

Después lo estuve pensando, es verdad que es un tiempo favorable, pero actualmente las parejas planifican (o lo intentan) el periodo o el mes de nacimiento de sus hijos, así que no sabemos si pasaría lo mismo con la especie humana.


Y esta reflexión la quería traer aquí, por una parte porque veo que efectivamente los bebés que nacen en invierno lo tienen más difícil para salir a la calle (menos vitamina D) y pasan peor la temporada de mocos, pero tampoco veo fácil elegir el mes (o la estación) de nacimiento de nuestros hijos, ni tengo claro si “lo natural” sería de verdad que nacieran la mayoría en primavera.


¿Qué os parece? ¿Se está exagerando con la “elección” de las fechas de los nacimientos? ¿Hay factores sociales que presionan para que esto se produzca? ¿Y se acierta? ¿Es ir contra la naturaleza o es parte de nuestra naturaleza?


Nosotros conocemos ahora varios casos de parejas que están teniendo problemas para embarazarse, una vez que han tomado una opción clara, así que opino que la opción de retrasar o programar los nacimientos hay que tenerla también muy clara. Esto nos debe servir para ser conscientes de que tener hijos es un gran motivo de alegría, y como tal lo vivimos nosotros.

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Para la primavera

Hoy queremos compartir públicamente una noticia que los que nos conocéis seguro ya sabéis: ¡ESTAMOS EMBARAZADOS! Vale, ya sé que no es novedad, porque nos quedan sólo un par de meses, pero es que ahora lo vemos muy cercano y nos apetecía ponerlo en el blog. Estamos encantados esperando a la que “parece” una hermanita para Sara, aunque también un poco asustados, porque ya conocemos lo que nos espera en los próximos meses.


Con la noticia, me venía a la memoria el comentario que me hizo mi tío, que ha vivido en el campo y ha criado caballos y otros animales, cuando les anunciábamos que esperábamos en bebé para mayo: “¡qué bien, para la primavera, como los animales!” Y como me quedé un poco perplejo y le pregunté algo más, me explicaba que es el tiempo más favorable para la supervivencia, y que muchos animales parían en esa estación.

Después lo estuve pensando, es verdad que es un tiempo favorable, pero actualmente las parejas planifican (o lo intentan) el periodo o el mes de nacimiento de sus hijos, así que no sabemos si pasaría lo mismo con la especie humana.


Y esta reflexión la quería traer aquí, por una parte porque veo que efectivamente los bebés que nacen en invierno lo tienen más difícil para salir a la calle (menos vitamina D) y pasan peor la temporada de mocos, pero tampoco veo fácil elegir el mes (o la estación) de nacimiento de nuestros hijos, ni tengo claro si “lo natural” sería de verdad que nacieran la mayoría en primavera.


¿Qué os parece? ¿Se está exagerando con la “elección” de las fechas de los nacimientos? ¿Hay factores sociales que presionan para que esto se produzca? ¿Y se acierta? ¿Es ir contra la naturaleza o es parte de nuestra naturaleza?


Nosotros conocemos ahora varios casos de parejas que están teniendo problemas para embarazarse, una vez que han tomado una opción clara, así que opino que la opción de retrasar o programar los nacimientos hay que tenerla también muy clara. Esto nos debe servir para ser conscientes de que tener hijos es un gran motivo de alegría, y como tal lo vivimos nosotros.

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Propuestas de juegos de mesa para niños pequeños

(continuación de Listas de juegos de mesa)

Por último, quería proponer y comentar juegos apropiados para cada edad, algunos por haber jugado y otros simplemente de oídas. Entre paréntesis indico la posición que ocupa actualmente en el ranking de la categoría “Juegos de niños”, más como curiosidad que por el valor que quiera darle:

A partir de 2 años: Memory (347)
Número de jugadores: 2-6
Tiempo de partida: 30 minutos

Es el clásico juego de encontrar las parejas entre las fichas que están boca acabo, muy interesante para el desarrollo de la atención y la memoria. Quizás alguien piense que es un poco pronto para jugar en serio a este juego, pero creo que los 2 años es un buen momento para ir descubriéndolo y familiarizándose con él, sin llegar a competir. De momento a Sara, con 23 meses, le gusta reconocer las figuras de las fichas, le gusta el tacto de madera y el ruido al chocarlas, y empieza a entender la mecánica con una pequeña variación: le coloco 4 parejas vueltas hacia arriba y les voy dando la vuelta una a una mostrándole donde están; cuando todas quedan cubiertas, le pregunto dónde están los … y ella intenta recordarlos y va volviendo las fichas hasta encontrar la pareja. Cuando sólo queda una pareja, le pregunto cuál es la que falta, y muchas veces la acierta.

A partir de 3 años: Cocoricó-cocorocó (Chicken Cha Cha Cha) (14)
Número de jugadores: 2-4
Tiempo de partida: 20 minutos

A este no he tenido el gusto de jugar, pero por lo que cuentan es una evolución del juego anterior. En realidad, sigue siendo una edad en la que los juegos les tienen que entrar por los ojos, y este parece suficientemente atractivo para ir desarrollando la afición por estos.

A partir de 4 años: Viva topo! (8)
Número de jugadores: 2-4
Tiempo de partida: 20 minutos

Para jugar con niños de 4 años, e incluso más pequeños, podemos encontrar ya juegos muy interesantes. De nuevo este juego llama la atención por su colorido y sus cuidadas figuras; además, este juego introduce la estrategia dentro de su dinámica (los ratones, huyendo del gato, tienen que decidir si conformarse con un queso pequeño o arriesgar por conseguir uno más grande). Mi sobrino de 5 años y medio nos ganó una de las dos partidas que jugamos recientemente, y os aseguro que no me dejé, sino que me confié después de haberle ganado la primera.

A partir de 4 años y medio: Monza (49)
Número de jugadores: 2-6
Tiempo de partida: 10 minutos

He querido incluir este juego tras haber leído buenas reseñas sobre él. Es un juego de carreras cuya sencilla mecánica son los dados y la estrategia elegida para el movimiento; además, es una versión para niños del conocido juego Formula Dé. Dicen que por la temática es más atractivo para los chicos (y sus padres :-D).

A partir de 5 años: Caballeros del castillo (Castle Knights) (22)
Número de jugadores: 2-4
Tiempo de partida: 10 minutos

Me llamó mucho la atención cuando conocido este particular juego. Es un juego cooperativo de destreza que requiere que los jugadores del mismo equipo hagan por entenderse, dado que utilizarán una goma que se estira con 4 correas, manejadas por 2, 3 ó 4 jugadores. Lejos de ser el clásico juego para echar la tarde, es más bien un juego pensado para tiempos cortos.
Y vosotros, ¿a qué jugáis con vuestros hijos? ¿tenéis algún juego interesante que queráis comentar?
Pues nada más, ¡a jugaaaaaaaaar!
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Propuestas de juegos de mesa para niños pequeños

(continuación de Listas de juegos de mesa)

Por último, quería proponer y comentar juegos apropiados para cada edad, algunos por haber jugado y otros simplemente de oídas. Entre paréntesis indico la posición que ocupa actualmente en el ranking de la categoría “Juegos de niños”, más como curiosidad que por el valor que quiera darle:

A partir de 2 años: Memory (347)
Número de jugadores: 2-6
Tiempo de partida: 30 minutos

Es el clásico juego de encontrar las parejas entre las fichas que están boca acabo, muy interesante para el desarrollo de la atención y la memoria. Quizás alguien piense que es un poco pronto para jugar en serio a este juego, pero creo que los 2 años es un buen momento para ir descubriéndolo y familiarizándose con él, sin llegar a competir. De momento a Sara, con 23 meses, le gusta reconocer las figuras de las fichas, le gusta el tacto de madera y el ruido al chocarlas, y empieza a entender la mecánica con una pequeña variación: le coloco 4 parejas vueltas hacia arriba y les voy dando la vuelta una a una mostrándole donde están; cuando todas quedan cubiertas, le pregunto dónde están los … y ella intenta recordarlos y va volviendo las fichas hasta encontrar la pareja. Cuando sólo queda una pareja, le pregunto cuál es la que falta, y muchas veces la acierta.

A partir de 3 años: Cocoricó-cocorocó (Chicken Cha Cha Cha) (14)
Número de jugadores: 2-4
Tiempo de partida: 20 minutos

A este no he tenido el gusto de jugar, pero por lo que cuentan es una evolución del juego anterior. En realidad, sigue siendo una edad en la que los juegos les tienen que entrar por los ojos, y este parece suficientemente atractivo para ir desarrollando la afición por estos.

A partir de 4 años: Viva topo! (8)
Número de jugadores: 2-4
Tiempo de partida: 20 minutos

Para jugar con niños de 4 años, e incluso más pequeños, podemos encontrar ya juegos muy interesantes. De nuevo este juego llama la atención por su colorido y sus cuidadas figuras; además, este juego introduce la estrategia dentro de su dinámica (los ratones, huyendo del gato, tienen que decidir si conformarse con un queso pequeño o arriesgar por conseguir uno más grande). Mi sobrino de 5 años y medio nos ganó una de las dos partidas que jugamos recientemente, y os aseguro que no me dejé, sino que me confié después de haberle ganado la primera.

A partir de 4 años y medio: Monza (49)
Número de jugadores: 2-6
Tiempo de partida: 10 minutos

He querido incluir este juego tras haber leído buenas reseñas sobre él. Es un juego de carreras cuya sencilla mecánica son los dados y la estrategia elegida para el movimiento; además, es una versión para niños del conocido juego Formula Dé. Dicen que por la temática es más atractivo para los chicos (y sus padres :-D).

A partir de 5 años: Caballeros del castillo (Castle Knights) (22)
Número de jugadores: 2-4
Tiempo de partida: 10 minutos

Me llamó mucho la atención cuando conocido este particular juego. Es un juego cooperativo de destreza que requiere que los jugadores del mismo equipo hagan por entenderse, dado que utilizarán una goma que se estira con 4 correas, manejadas por 2, 3 ó 4 jugadores. Lejos de ser el clásico juego para echar la tarde, es más bien un juego pensado para tiempos cortos.
Y vosotros, ¿a qué jugáis con vuestros hijos? ¿tenéis algún juego interesante que queráis comentar?
Pues nada más, ¡a jugaaaaaaaaar!
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